Manifiesto En Contra De La Autoayuda: En Defensa De La Autodestrucción — Marian Donner / Manifesto Against Self-Help: In Defense of Self-Destruction by Marian Donner (spanish book edition)

Tal y como dicen los anuncios: todo es inspiración, motivación, empoderamiento. Tal y como dicen los anuncios, el problema siempre es tuyo. Think Different, Dream Crazy, Impossible is Nothing: lo único que te detiene eres tú mismo. Olvídate de los productos, olvídate de cómo están hechos, olvídate del mundo a tu alrededor y de las estructuras políticas y socioeconómicas que lo rigen. En vez de eso, trágate el sueño neoliberal en el que todo recae sobre ti. Sí, solo sobre ti. Mantente siempre en la cima, aunque te caigas. «Cree en algo, incluso si eso significa sacrificarlo todo».
Lo político ahora es personal, los problemas se han privatizado y las protestas han sido apropiadas. Y acabas pensando que tú eres el problema. Es culpa tuya que no seas feliz, que no tengas éxito y que poco a poco estés más cerca del desgaste profesional. Hemos aterrizado en una forma fácil de pensar.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la frecuencia de trastornos como la depresión o la ansiedad ha subido en más de un 40 por ciento en los últimos treinta años. Ahora mismo, la depresión es la enfermedad endémica número uno y el uso de medicamentos no hace más que incrementarse. Las personas se toman pastil as para el estrés, para suprimir la ansiedad y el pánico, para poder estar quietas, para poder estar activas, para adormecer el dolor. Pero lo que necesitamos no son pastil as, yoga o diarios de gratitud, sino darnos cuenta de que nosotros no somos el problema. Si sientes que no encajas en el mundo, decía Virginia Woolf, quizá no deberías preguntarte qué problema tienes tú, sino qué problema tiene el mundo.
En tiempos de Virginia Woolf, hace unos cien años, todavía estaba prohibido que una mujer fuese sola a la biblioteca. Dicho de otro modo, Virginia Woolf necesitaba la presencia de un hombre para poder hojear los libros que el a misma había escrito.
Si el mundo no para de decirte que no eres lo suficientemente bueno, sano, elegante, productivo, positivo, zen, o que no estás en forma, ya va siendo hora de que te preguntes qué es lo que ha fallado en el mundo.

Interesante breve libro para empezar a abrir los ojos a la realidad de tu vida y a desprenderse de los diversos condicionamientos sociales y culturales. A fin de cuentas la autora habla de ella misma y dejémonos de las normas mercadotécnicas que nos gobiernan.

Este es un mundo creado por el capitalismo neoliberal. Aquí lo último que debes hacer es preguntarte cómo puedes mejorar. Debes preguntarte cómo puedes menoscabar al máximo un sistema que nos derriba a todos.
Cómo menoscabar el anhelo por la perfección corporal que rige este sistema:
APESTA.
Cómo menoscabar su insistencia por la productividad:
BEBE.
Cómo menoscabar su llamamiento por el autocuidado:
SANGRA.
Cómo menoscabar su llamamiento por el amor propio:
ARDE.
Y, finalmente, cómo menoscabar la franqueza de la tecnología:
BAILA.

Photoshop, solo que un tipo de Photoshop que de verdad consigue cualquier cosa sin que el espectador se dé cuenta. Los efectos especiales consiguen que los actores se vean más jóvenes, más delgados y en forma. Es la «cirugía plástica del clic del ratón», tal y como la describe la revista online Vulture.
El artículo de Vulture describe lo que en la mayoría de las películas y series ya es un procedimiento estándar: eliminan las ar ugas y otras imperfecciones, estiran las mejillas y borran las ojeras, y, donde haga falta, aplican un lifting digital. Pueden aumentar el tamaño de los ojos y reducir el de las orejas y la nariz.
Y eso solo es la cara. Los actores pueden conseguir abdominales marcados, pechos y culos más redondos, o una cintura más apretada. En cualquier caso, retocan cada pixel.
Lo primordial para este ideal de belleza actual es que un cuerpo sea limpio. Libre de imperfecciones, hoyos, bultos, grasa y cualquier otra marca que muestre el paso del tiempo o el hecho de que alguien come y vive. Debe parecerse más a un robot, a una máquina. Los hombres tienen que ser musculosos, ya sean actores, modelos, artistas de hiphop o de pop…
Quizá esta sea la enfermedad nueva más reveladora: la dismorfia del selfi. No solo las imágenes que nos rodean son cada vez más lisas y estériles, también lo son las imágenes de nosotros mismos. No las retocan en estudios de alta tecnología, sino que lo hacen nuestros propios móviles. Antes tenías que aplicar filtros de bel eza manualmente, pero los móviles de última generación incluyen estos filtros en sus modos predeterminados. La cámara «ve» lo que se puede mejorar y se pone manos a la obra. Retoca imperfecciones, amplía el tamaño de los ojos, reduce el de la nariz y cubre la cara con una especie de maquil aje digital. Todos parecemos más guapos, pero cuando te miras al espejo ya ni te reconoces. Así que algunas personas recurren a la cirugía plástica para parecerse más a sus selfis, según informa The Guardian.
«Formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman.
Los científicos están intentando crear una especie de superhumano a través de la genética, la biotecnología y la informática; un humano más fuerte, inteligente, rápido e inmune ante las enfermedades. Magnates tecnológicos como Peter Thiel o Elon Musk hasta sueñan con la vida eterna; «transhumanismo», lo llaman.

Sufrir es vivir y sangrar es ganar. Todo es una inversión. Tú, humilde mortal, que atraviesas el frío helador cada mañana de camino al trabajo para una jornada laboral de doce horas, que no tienes tiempo ni para comer, puedes reconfortarte con la idea de que, en realidad, disfrutas del mismo estilo de vida que l evan los más ricos del planeta. Lo político ahora es personal, los problemas se han privatizado y las protestas han sido apropiadas. Aquí también.
Sí, el alcohol es malo para el cuerpo. Todos los años causa la muerte prematura de mil ones de personas por su consumo excesivo. Las personas consiguen que otras se hagan adictas y parece ser que el alcoholismo es de las adicciones más difíciles de dejar. Pero yo no argumento a favor del alcoholismo. Aquel que esté o necesite estar constantemente borracho es igual de extremo que la tendencia de la sociedad que aboga por la sobriedad. Se trata de encontrar un punto medio; reconocer que con la salud y productividad óptima que te lleva a la cima también se pierde algo. La locura, el entusiasmo, el descuido y finalmente, aunque no menos importante, el sentimiento de impotencia. Al dejar de beber, o haciéndolo a un nivel puritano, intentas mantenerte sano durante más tiempo, vivir más. «Si hay algo que no quiero perderme —decía una amiga mía—, es el futuro.

Lo nuevo es la interpretación neoliberal según la cual el mercado es sagrado. El padre filosófico del neoliberalismo es el economista austríaco Friedrich Hayek. Durante los años ochenta del siglo pasado, sacó un teorema que argumentaba que el ser humano en su esencia es un homo economicus; un ser racional y competitivo impulsado por el interés propio. En realidad, no se diferencia mucho de un animal. También para las personas la vida es la supervivencia del más fuerte y todos quieren ser el alfa. Lo único de la experiencia humana es la razón. A diferencia de cualquier animal, el ser humano puede planear y tramar para l egar a la estrategia óptima y conseguir que su interés propio se haga realidad. Según Hayek y los neoliberales que le siguieron, a este homo economicus donde mejor le iría ahora es en el mercado de la oferta y la demanda. Solo ahí podrá desarrol arse en plena libertad. Se verá impulsado por la competitividad, el deseo de ser el mejor y poseer más que el resto. Y, como consecuencia positiva, esta competitividad logrará que la sociedad en su conjunto obtenga los mejores productos y los más baratos.
Desde los años ochenta, cada vez más sociedades se modelaron a partir de estas ideas neoliberales. Privatizaron sectores que fueron tradicionalmente públicos, como los servicios sanitarios, la educación, el tráfico o la vivienda. Abrieron las fronteras para los bienes y el capital, y flexibilizaron el mercado laboral (a partir de entonces, los trabajadores se convertirían en gestores de su propio talento). El mercado nos liberaría a todos, esa era la idea. Pero el resultado fue un nuevo tipo de prisión.
La desesperación se vende como fuerza, el sufrimiento como una lección inspiradora, la autodisciplina como el bien supremo, el mindfulness como el opio del pueblo. Esa es la consecuencia de la libertad que nos prometió el neoliberalismo.
El incremento en trastornos mentales o el hecho de que la depresión sea la enfermedad endémica número uno es algo que nos afecta a todos. Es, por decirlo de algún modo, una herida infligida en toda la sociedad. Por el o, la pregunta de cómo deberíamos tratarla es una que deberíamos plantearnos todos. También aquel os que sí se salvan, aunque sea sin la ayuda del deporte, el ayuno, los baños de hielo y el mindfulness; es decir, los ganadores de la sociedad.
Porque, a fin de cuentas, probablemente no son las personas con trastornos mentales las que deban cambiar de mentalidad, sino aquellas con buena salud mental.

China es un buen ejemplo de todo lo que puede hacerse con los algoritmos. En estos mismos momentos, están manos a la obra implementando un supuesto sistema de crédito social. Para este año 2020 todo el país debe estar conectado. Entonces cada ciudadano recibirá puntos por buen comportamiento o puntos de penalización cuando se portan mal (si alguien ha visto la serie Black Mirror, lo reconocerá como lo que se ve en el primer episodio de la tercera temporada, «Caída en picado»). Por ejemplo, el buen comportamiento es: hacer voluntariados, donar sangre y comprar productos chinos. El mal comportamiento es: comprar alcohol y videojuegos, no visitar a tus padres, no llevar atado a tu perro y saltarse un semáforo.
Dentro de poco los algoritmos recabarán tanta información sobre nosotros que conocerán nuestros deseos más profundos, nuestros peores temores y todas las formas en las que mantenemos la calma. Según Harari, este será el momento en el que los humanos les entreguen voluntariamente su libertad de elección. Porque, ¿para qué decidir las cosas nosotros mismos si un algoritmo lo hace mejor? Para entonces los algoritmos sabrán qué te hace feliz. No solo qué libro quieres leer o qué música quieres escuchar, sino qué carrera encaja mejor contigo, qué trabajo es el más apropiado, qué pareja te hará mejor persona. Gracias a los algoritmos, ya no cometerás más errores, no perderás más años por decisiones equivocadas. Todo será bueno y bonito y nada dolerá. Para Harari esto supone el desastre definitivo. Porque, según él, la toma de decisiones es muestra de nuestra humanidad. Todas las grandes historias están basadas en la toma de decisiones y en sus consecuencias dramáticas.

————————

As the ads say: everything is inspiration, motivation, empowerment. As the ads say, the problem is always yours. Think Different, Dream Crazy, Impossible is Nothing – the only thing stopping you is yourself. Forget the products, forget how they are made, forget the world around you and the political and socio-economic structures that govern it. Instead, swallow the neoliberal dream that everything falls on you. Yes, only about you. Always stay on top, even if you fall. «Believe in something, even if it means sacrificing everything.»
The political is now personal, the problems have been privatized and the protests have been appropriated. And you end up thinking that you are the problem. It is your fault that you are not happy, that you are not successful and that little by little you are closer to professional burnout. We have landed on an easy way of thinking.
According to the World Health Organization (WHO), the frequency of disorders such as depression or anxiety has risen by more than 40 percent in the last thirty years. Right now, depression is the number one endemic disease and the use of medication is only increasing. People take pills for stress, to suppress anxiety and panic, to be able to be still, to be active, to numb the pain. But what we need is not pills, yoga, or gratitude journals, but the realization that we are not the problem. If you feel like you don’t fit in with the world, said Virginia Woolf, maybe you shouldn’t ask yourself what’s wrong with you, but what’s wrong with the world.
In Virginia Woolf’s time, about a hundred years ago, it was still forbidden for a woman to go to the library alone. In other words, Virginia Woolf needed the presence of a man to be able to leaf through the books that she herself had written.
If the world keeps telling you that you’re not good enough, healthy enough, stylish enough, productive enough, positive enough, zen enough, or out of shape, then it’s time to ask yourself what’s wrong with the world.

Interesting short book to begin to open your eyes to the reality of your life and to get rid of the various social and cultural conditioning. At the end of the day, the author is talking about herself and let’s get rid of the marketing rules that govern us.

This is a world created by neoliberal capitalism. Here the last thing you should do is ask yourself how you can improve. You must ask yourself how you can fully undermine a system that brings us all down.
How to undermine the desire for bodily perfection that governs this system:
STINKS.
How to undermine your insistence on productivity:
BABY.
How to undermine your call for self-care:
BLEED.
How to undermine your calling for self love:
BURN.
And finally, how to undermine the candor of technology:
DANCE.

Photoshop, just a kind of Photoshop that actually does anything without the viewer noticing. Special effects make the actors look younger, slimmer, and fitter. It’s «mouse-click plastic surgery,» as the online magazine Vulture describes it.
The Vulture article describes what is already a standard procedure in most movies and series: they remove wrinkles and other imperfections, lift the cheeks and erase dark circles, and, where necessary, apply a digital facelift. They can increase the size of the eyes and reduce the size of the ears and nose.
And that’s just the face. Actors can get ripped abs, rounder breasts and butts, or a tighter waist. In any case, they retouch every pixel.
The paramount thing for this current beauty ideal is that a body is clean. Free of blemishes, holes, bulges, grease and any other marks that show the passage of time or the fact that someone eats and lives. It should be more like a robot, like a machine. Men have to be muscular, whether they are actors, models, hip-hop or pop artists…
Perhaps this is the most revealing new disease: selfie dysmorphia. Not only are the images around us increasingly bland and sterile, so are the images of ourselves. They are not retouched in high-tech studios, but are done by our own mobiles. Before you had to apply beauty filters manually, but the latest generation mobiles include these filters in their default modes. The camera «sees» what can be improved and gets down to business. He retouches imperfections, enlarges the size of the eyes, reduces the size of the nose and covers the face with a kind of digital makeup. We all seem more handsome, but when you look in the mirror you don’t even recognize yourself. So some people are turning to plastic surgery to look more like their selfies, The Guardian reports.
“We form our tools and then they form us.
Scientists are trying to create a kind of superhuman through genetics, biotechnology, and computers; a human stronger, smarter, faster and immune to diseases. Tech moguls like Peter Thiel or Elon Musk even dream of eternal life; “transhumanism”, they call it.

To suffer is to live and to bleed is to win. Everything is an investment. You, humble mortal, who walks through the freezing cold every morning on your way to work for a twelve-hour work day, who has no time to eat, can take comfort in the fact that you actually enjoy the same lifestyle as l evan the richest on the planet. The political is now personal, the problems have been privatized and the protests have been appropriated. Here too.
Yes, alcohol is bad for the body. Every year it causes the premature death of millions of people due to its excessive consumption. People get others to become addicted and it seems that alcoholism is one of the most difficult addictions to quit. But I don’t argue for alcoholism. One who is or needs to be constantly drunk is just as extreme as society’s tendency to advocate sobriety. It is about finding a middle ground; recognize that with the optimal health and productivity that takes you to the top you also lose something. The madness, the enthusiasm, the carelessness and last but not least, the feeling of helplessness. By quitting drinking, or drinking on a puritanical level, you try to stay healthy longer, live longer. «If there’s one thing I don’t want to miss,» a friend of mine said, «it’s the future.

What is new is the neoliberal interpretation according to which the market is sacred. The philosophical father of neoliberalism is the Austrian economist Friedrich Hayek. During the eighties of the last century, he came up with a theorem that argued that the human being in his essence is a homo economicus; a rational and competitive being driven by self-interest. Actually, he is not much different from an animal. Also for people life is the survival of the fittest and everyone wants to be the alpha. The only thing in human experience is reason. Unlike any animal, the human being can plan and scheme to arrive at the optimal strategy and make his self-interest come true. According to Hayek and the neoliberals who followed him, where this homo economicus would do best now is in the market of supply and demand. Only there will he be able to develop in full freedom. He will be driven by competition, the desire to be the best and have more than the rest. And, as a positive consequence, this competitiveness will ensure that society as a whole obtains the best and cheapest products.
Since the 1980s, more and more societies have been modeled after these neoliberal ideas. They privatized sectors that were traditionally public, such as health services, education, traffic or housing. They opened the borders for goods and capital, and made the labor market more flexible (from then on, workers would become managers of their own talent). The market would free us all, that was the idea. But the result was a new type of prison.
Desperation is sold as strength, suffering as an inspiring lesson, self-discipline as the highest good, mindfulness as the opium of the people. That is the consequence of the freedom that neoliberalism promised us.
The increase in mental disorders or the fact that depression is the number one endemic disease is something that affects us all. It is, so to speak, a wound inflicted on the whole of society. For the or, the question of how we should treat it is one that we should all ask ourselves. Also those who are saved, even if it is without the help of sports, fasting, ice baths and mindfulness; that is, the winners of society.
Because, in the end, it’s probably not people with mental disorders who need to change their minds, but those with good mental health.

China is a good example of everything that can be done with algorithms. Right now, they are at work implementing a so-called social credit system. For this year 2020 the whole country must be connected. Then each citizen will receive points for good behavior or penalty points when they misbehave (if anyone has seen the series Black Mirror, they will recognize it as what is seen in the first episode of the third season, «Dive down»). For example, good behavior is: volunteering, donating blood, and buying Chinese products. Bad behavior is: buying alcohol and video games, not visiting your parents, not keeping your dog on a leash and jumping a traffic light.
Before long, algorithms will collect so much information about us that they will know our deepest desires, our worst fears, and all the ways we remain calm. According to Harari, this will be the time when humans willingly surrender their freedom of choice to them. Because, why decide things ourselves if an algorithm does it better? By then the algorithms will know what makes you happy. Not only what book do you want to read or what music do you want to listen to, but what career fits you best, what job is the most appropriate, what partner will make you a better person. Thanks to the algorithms, you won’t make any more mistakes, you won’t lose any more years due to wrong decisions. Everything will be good and pretty and nothing will hurt. For Harari this is the ultimate disaster. Because, according to him, decision-making is a sign of our humanity. All great stories are based on decision making and its dramatic consequences.

Un pensamiento en “Manifiesto En Contra De La Autoayuda: En Defensa De La Autodestrucción — Marian Donner / Manifesto Against Self-Help: In Defense of Self-Destruction by Marian Donner (spanish book edition)

  1. Pingback: UN MUNDO FELIZ Manifiesto En Contra De La Autoayuda: En Defensa De La Autodestrucción — Marian Donner / Manifesto Against Self-Help: In Defense of Self-Destruction by Marian Donner (spanish book edition) — David, earth planet , knopfler and a humble

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.