El Caso Alaska Sanders — Jöel Dicker / L’Affaire Alaska Sanders (Marcus Goldman #3) by Joël Dicker

Alaska Sanders, que apareció muerta el 3 de abril de 1999 en Mount Pleasant, New Hampshire, y antes de explicaros cómo acabé metido en una investigación criminal que duraba ya once años, tengo que retrotraerme brevemente al contexto personal en el que me hallaba en ese instante y, más concretamente, a la trayectoria de mi joven carrera como escritor.
Había arrancado de forma fulminante en 2006 con una primera novela de la que se vendieron millones de ejemplares. Con apenas veintiséis años entraba en el reservadísimo club de los escritores ricos y famosos, y me veía propulsado al cénit de las letras estadounidenses.
Pero no había tardado en descubrir que la gloria no carecía de consecuencias; quienes siguen mi trayectoria desde los comienzos saben hasta qué punto el éxito inmenso de mi primera novela iba a desestabilizarme. Atenazado por la celebridad, me veía incapaz de escribir. Escritor averiado, inspiración averiada, crisis de la página en blanco. La caída.

Me gusta Joël Dicker, me gusta su personaje, los vínculos con Gahalowood y Harry que están creciendo. Me gusta Marcus que se busca a sí mismo y la investigación de Alaska fue nuevamente parte del rompecabezas que reconstruimos. También me gusta el ambiente de los lugares.
Por otro lado, la enrevesada superación es interminable. Los muertos nunca mueren a la vez, todos tienen un secreto, todos han sido horribles, han experimentado chantajes, terminé esperando este final y como ya todo estaba patas arriba, solo quería terminar de una vez.
Este culpable llega lejos. Alaska estaba montando una puesta en escena cómplice para ocultar el asesinato, estaba organizando la detención de un inocente, por lo que no había riesgo de que denunciara dada su implicación muy culpable. Se suponía que el amor era asombroso.
Demasiados giros y vueltas, demasiados anuncios de demasiado suspense y un culpable tambaleante terminaron por aburrirme en la última parte del libro. Hay longitudes útiles, aquí cada interrogación se le dice a la siguiente interrogación, que se discute con la siguiente interacción. Esta historia adolece demasiado para mi gusto.
A pesar de esto, estoy encantado con una oportunidad para Marcus y su futura reparación, con la esperanza de que la próxima investigación sea menos descabellada.
Marcus Goldman es la personificación del humilde fanfarrón. ¿Cuántas veces uno puede poner los ojos en blanco al escuchar las alabanzas que se derraman sobre esta persona “hecha de oro”, que no hace nada malo (aunque lo haga), amigo y amado de todos? Con cada recordatorio de lo increíble que es Marcus, menos interesado estaba en la historia real.
Las novelas de Dicker siempre serpentean, pero esta se sintió como un paso gastado a través de una Nueva Inglaterra de Potemkin, un elenco de cortadores de galletas (con cada mujer pulcramente envuelta en una mirada masculina retro), unas buenas 200 páginas de más, y escritura perezosa y edición (en un intercambio de diálogo extraño, dos personajes discuten si pueden «tutorearse» entre sí. Dos personajes estadounidenses. En los EE. UU. ¿Cómo no se logró este intercambio?).
Un libro con harta intriga y fácilmente escrito, pero no me acaba de covencer por lo siguiente:
Los personajes. A Marcus y a Gahalowood ya los conocemos bien y nos agradan, pero siento que no cambian ni un solo poco. A los dos siempre les resulta todo, se echan tallas entre ellos, ven lo que nadie más ve. El Sargento tiene un acontecimiento en la novela de esos que marcan en la vida, pero cuesta ver como marca la suya, salvo un par de frases en las que te dicen que esta así. Los casos y lo que han vivido por ellos, me da la impresión, no repercuten en los personajes.
En fin, una fórmula sencilla que, como siempre, resulta y entretiene.

Walter Carrey se huele que Alaska lo engaña. Le manda esos mensajes para que le entre el pánico. Cuando ella lo deja, no consigue aceptarlo. Queda con ella en Grey Beach y la mata. Lo tiene todo previsto. Ha aparcado en el camino forestal para que no lo vean. Tras cometer el crimen se deshace del jersey cubierto de sangre, vuelve a subirse a su coche para huir, pero, con las prisas, choca contra un árbol.
Es que era una perfeccionista y los perfeccionistas lo convierten todo en un drama. Alaska
siempre estuvo al pie del cañón para ayudarme. Cuando Samantha, la chica que trabajaba aquí los domingos, lo dejó hace dos meses, no escatimó horas para echarme una mano. Cierto es que de vez en cuando se colaba un poco con algún pedido o en la caja, entonces me llamaba por teléfono y le fastidiaba molestarme: «Se supone que tengo que ayudarlo, pero no hago más que tonterías». Ya ve lo estupenda que era.
Iba tan a menudo a Salem, a casa de su amigo Eric Donovan. Tenía la esperanza de conocer a una chica que no estuviera al tanto de su pasado. Cuando trajo a esa rubia tan guapa, Alaska, todos nos preguntamos por qué esa pobre chica había venido a un lugar tan apartado. En el fondo, siento no haber puesto una denuncia en su momento. Tendría que haberlo hecho, no por mí sino por las demás. Quizá podría haber evitado que pasara.
—Evitar ¿qué?
—Que matase a Alaska.

Resulta que Alaska Sanders había estado recibiendo notas amenazantes; una de ellas apareció en su cadáver. En esas notas había un fallo de impresión, lo que permitió a los expertos de la policía identificar sin lugar a dudas la impresora de mi hermano como la que se había utilizado para escribir las amenazas.
—¿Cómo se defendió tu hermano?
—Mi hermano vivía en casa de mis padres. Acababa de volver a Mount Pleasant después de vivir varios años en Salem. Cualquiera habría podido entrar en casa de mis padres y en el cuarto de mi hermano y usar su impresora. Pero lo más importante es que, poco tiempo antes del asesinato de Alaska, Walter había ido a usar la impresora de Eric porque la suya estaba estropeada.
—¿Walter pudo haber matado a Alaska y haberle tendido una trampa a tu hermano?
Lauren torció el gesto.
—Esa es la teoría que sostiene la abogada de Eric…

El bufete de abogados Cooper & Asociados estaba en un palacete de ladrillo rojo, justo detrás del Capitolio de Massachusetts. Estábamos en pleno barrio de Beacon Hill, donde vivía Emma Matthews cuando ella y yo salíamos juntos.
Cooper & Asociados era un bufete penalista, conocido por llevar casos difíciles con personalidades implicadas, pero también porque defendía sin costes causas justas. Hacía poco que habían conseguido que saliera en libertad un hombre, declarado inocente después de pasar treinta y dos años de cárcel.
—¿Qué los impulsó a defender a Eric Donovan? —pregunté—. Tiene un expediente bastante abrumador. Cuesta encontrar un error judicial a simple vista.
—Eso es lo que usted opina. Yo conocía personalmente a Eric. Cuando lo conoces, sabes que no pudo matar a esa joven.
—¿Cómo lo conoció?
—En Salem. Por entonces íbamos a los mismos locales y nos hicimos amigos. Era un chico adorable, siempre de buen humor. Cuando mi relación de pareja empezó a ir mal y yo necesitaba pensar en otra cosa, me iba de bares con él. Luego se volvió a vivir a Mount Pleasant. Cuando lo detuvieron, recurrió a mí. Desde el primer momento, tuve la íntima convicción de que era inocente.
—¿Cómo explica ese puñado de pruebas inculpatorias?
—Cayó en una trampa…

El cuerpo que apareció en el pozo era, efectivamente, el de Eleanor Lowell. No se había suicidado como todo el mundo había creído todos estos años. Había muerto por un traumatismo craneal producido por un fuerte golpe con un objeto contundente. Como Alaska.
En cuanto a Benjamin Bradburd, había aparecido muerto en el trastero de una casa de Vinalhaven. Se había suicidado con lo que había encontrado a mano: una bolsa de plástico en la que había metido la cabeza y que se había atado al cuello con cinta adhesiva. Murió asfixiado. Gahalowood me dijo que era un método relativamente habitual: «Lo sorprendería, escritor, pero es eficaz: una vez que ya está en marcha, no se puede uno arrepentir. Imposible quitar la cinta adhesiva para sacarse la bolsa y, con el pánico, a la gente pocas veces se le ocurre hacerle un agujero al plástico».
—A Eleanor y a Alaska las mató la misma arma —explicó Gahalowood en el despacho de Lansdane—. Eleanor recibió un golpe en el parietal, donde el forense ha encontrado una esquirla metálica procedente de la porra que se usó para matar a Alaska.
…Le sugerí que le devolviera el dinero a Eric, pero se negó. Quería apechugar. Así era Alaska: un corazón de oro y terca como una mula. Yo me volqué aún más con ella y tenía toda clase de detalles para compensar mi ausencia. La inundaba de regalos, entre ellos esos botines que compré en Salem y que le llamaron la atención a Walter. Alaska tenía que aguantar el tirón hasta el 2 de abril. Yo había previsto que nos fuéramos a pasar unas largas vacaciones. Si ganaba el juicio en marzo, propulsaría mi carrera de abogada. Quería tomarme unos meses de vacaciones con Alaska, recorrer Sudamérica, para tener tiempo de reencontrarnos y, sobre todo, vigilar desde lejos lo que hacía Walter. ¿De verdad iba a avisar a la policía? Si yo veía que se avecinaban problemas en Salem, no teníamos por qué volver allí, podíamos establecernos en algún país sin acuerdo de extradición con Estados Unidos. Lo único que me importaba era estar con Alaska. Y, si Walter era lo bastante listo para mantener la boca cerrada, Alaska y yo volveríamos al país después del verano y nos mudaríamos a Nueva York. Yo me colegiaría allí para ejercer como abogada. Ella por fin cumpliría su sueño de ser actriz. El 2 de abril iba a ser el principio de una nueva vida para nosotras. Pero, por desgracia, diez días antes de marcharnos, todo dio un vuelco.

Mi novela El caso Alaska Sanders se publicó en septiembre de 2011. Ese libro marcaba una etapa de mi vida. Un cambio de rumbo. Concluía el trecho comprendido entre 2006 y 2010, que, como os decía, fueron unos años cruciales y difíciles.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/02/23/la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebert-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/27/los-ultimos-dias-de-nuestros-padres-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2016/07/13/el-libro-de-los-baltimore-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2017/11/09/el-tigre-edicion-ilustrada-joel-dicker-the-tiger-illustrated-edition-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/08/la-desaparicion-de-stephanie-mailer-joel-dicker-the-disappearance-of-stephanie-mailer-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/06/el-enigma-de-la-habitacion-622-joel-dicker-lenigme-de-la-chambre-622-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/02/el-caso-alaska-sanders-joel-dicker-laffaire-alaska-sanders-marcus-goldman-3-by-joel-dicker/

——————————–

Alaska Sanders, who was found dead on April 3, 1999 in Mount Pleasant, New Hampshire, and before I explain to you how I ended up in an eleven-year criminal investigation, I have to briefly go back to the personal context in which I found myself at that moment and, more specifically, to the trajectory of my young career as a writer.
He had started with a bang in 2006 with a first novel that sold millions of copies. Barely twenty-six, he was joining the highly secretive club of the rich and famous writers, propelling me to the zenith of American letters.
But it hadn’t taken her long to discover that glory was not without consequence; Those who have followed my career from the beginning know to what extent the immense success of my first novel was going to destabilize me. Gripped by celebrity, I found myself unable to write. Broken writer, broken inspiration, blank page crisis. The fall.

I like Joël Dicker, I like his character, the links with Gahalowood and Harry that are growing. I like Marcus who is looking for himself and the Alaska investigation was again part of the puzzle that we pieced together. I also like the atmosphere of the places.
On the other hand, the convoluted overcoming is endless. The dead never die at the same time, everyone has a secret, everyone has been horrible, they have experienced blackmail, I ended up waiting for this ending and since everything was already turned upside down, I just wanted to finish once and for all.
This culprit goes far. Alaska was staging an accomplice staging to hide the murder, she was organizing the arrest of an innocent man, so there was no risk of her reporting given his very guilty involvement. Love was supposed to be amazing.
Too many twists and turns, too many suspenseful announcements, and a wobbly culprit ended up boring me in the latter part of the book. There are useful lengths, here each question is told to the next question, which is discussed with the next interaction. This story sucks too much for my liking.
Despite this, I am delighted with an opportunity for Marcus and his future repair, in the hope that the next investigation will be less far-fetched.
Marcus Goldman is the personification of the humble brag. How many times can one roll their eyes listening to the praises slathered all over this person ‘“made of gold,” who does no wrong (even when he does), is friend to and beloved by all? With each reminder of how awesome Marcus is, the less interested I was in the actual story.
Dicker’s novels always meander, but this one felt like a well-worn tread through a Potemkin New England, a cookie-cutter cast (with every female neatly wrapped in a retro male gaze), a good 200 pages too many, and lazy writing and editing (in a bizarre dialogue exchange, two characters discuss whether they can “tutoyer” each other. Two American characters. In the US. How did this exchange not get struck??).
A book with a lot of intrigue and easily written, but I am not convinced by the following:
Characters. We already know Marcus and Gahalowood well and like them, but I feel like they haven’t changed one bit. Everything always turns out for the two of them, they throw sizes between them, they see what no one else sees. The Sergeant has an event in the novel of those that mark life, but it is hard to see how it marks his, except for a couple of sentences in which they tell you that it is like that. The cases and what they have experienced for them, I get the impression, do not affect the characters.
In short, a simple formula that, as always, results and entertains.

Walter Carrey smells that Alaska is cheating on him. She sends him those messages to make him panic. When she leaves him, she can’t accept it. He meets her at Gray Beach and kills her. He has it all planned. He has parked on the forest road so they don’t see him. After committing the crime he gets rid of the sweater covered in blood, he gets back into her car to flee, but, in his haste, he crashes into a tree.
It’s just that she was a perfectionist and perfectionists turn everything into a drama. Alaska
she was always at the foot of the canyon to help me. When Samantha, the girl who worked here on Sundays, left two months ago, she spared no hours to help me out. It is true that from time to time she slipped in a bit with an order or at the register, then she called me on the phone and it annoyed her to bother me: «I’m supposed to help him, but I do nothing but nonsense.» She already sees how great she was.
She went to Salem so often, to his friend Eric Donovan’s house. He was hoping to meet a girl who was unaware of his past. When he brought that beautiful blonde Alaska, we all wondered why that poor girl had come to such a secluded place. Deep down, I’m sorry I didn’t file a complaint at the time of it. I should have done it, not for me but for the others. Maybe he could have prevented it from happening.
-Avoid what?
«Kill Alaska.»

Turns out Alaska Sanders had been receiving threatening notes; one of them appeared on his corpse. There was a misprint on those notes, which allowed police experts to positively identify my brother’s printer as the one used to write the threats.
«How did your brother defend himself?»
My brother lived with my parents. He had just returned to Mount Pleasant after living in Salem for several years. Anyone could have entered my parents’ house and my brother’s room and used his printer. But more importantly, shortly before Alaska’s murder, Walter had gone to use Eric’s printer because his was broken.
«Could Walter have killed Alaska and set up your brother?»
Lauren frowned.
«That’s the theory that Eric’s lawyer holds…

The law firm of Cooper & Associates was in a red brick mansion just behind the Massachusetts Statehouse. We were in the middle of the Beacon Hill neighborhood, where Emma Matthews lived when she and I were dating.
Cooper & Asociados was a criminal law firm, known for handling difficult cases with personalities involved, but also because it defended just causes without cost. They had recently managed to get a man released, declared innocent after spending thirty-two years in prison.
«What prompted you to defend Eric Donovan?» -I asked for-. He has quite an overwhelming record. It is difficult to find a judicial error with the naked eye.
«That’s what you think.» I personally knew Eric. When you meet him, you know he couldn’t kill that young lady.
«How did he meet you?»
“In Salem. Back then we used to go to the same places and became friends. He was a lovable boy, always in a good mood. When my relationship started to go wrong and I needed to think about something else, I went to bars with him. He then moved back to Mount Pleasant. When he was arrested, he turned to me. From the first moment, I had the intimate conviction that he was innocent.
«How do you explain that handful of incriminating evidence?»
He fell into a trap…

The body that appeared in the well was, indeed, that of Eleanor Lowell. She hadn’t killed herself like everyone had believed all these years. She had died from head trauma caused by a strong blow with a blunt object. Like Alaska.
As for Benjamin Bradburd, he had been found dead in the utility room of a house in Vinalhaven. He had committed suicide with what he had found at hand: a plastic bag in which he had put his head and which he had tied around his neck with duct tape. He suffocated to death. Gahalowood told me it was a relatively common method: ‘You’d be surprised, writer, but it’s effective: once you’re up and running, you can’t go back. Impossible to remove the tape to remove the bag and, in the panic, people rarely think to make a hole in the plastic.
«Eleanor and Alaska were killed by the same gun,» Gahalowood explained in Lansdane’s office. Eleanor was hit in the parietal, where the coroner found a metal splinter from the baton used to kill Alaska.
… I suggested that she pay Eric back, but she refused. She wanted to squeeze. That was Alaska: a heart of gold and stubborn as a mule. I was even more involved with her and had all kinds of details to compensate for my absence. She showered her with gifts, including those booties I bought in Salem that caught Walter’s eye. alaska had to hold the pull until April 2. I had anticipated that we would go on a long vacation. If I won the trial in March, it would launch my law career. I wanted to take a few months of vacation with Alaska, tour South America, to have time to meet again and, above all, to watch what Walter was doing from afar. Was he really going to notify the police? If I saw that problems were coming in Salem, we didn’t have to go back there, we could establish ourselves in a country without an extradition agreement with the United States. The only thing that mattered to me was being with Alaska. And if Walter was smart enough to keep his mouth shut, Alaska and I would go back to the country after the summer and move to New York. I would register there to practice as a lawyer. She would finally fulfill her dream of being an actress. April 2 was going to be the beginning of a new life for us. But unfortunately, ten days before we left, everything turned upside down.

My novel The Alaska Sanders Affair was published in September 2011. That book marked a stage in my life. A change of course. The stretch between 2006 and 2010 concluded, which, as I was saying, were crucial and difficult years.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/02/23/la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebert-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2016/05/27/los-ultimos-dias-de-nuestros-padres-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2016/07/13/el-libro-de-los-baltimore-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2017/11/09/el-tigre-edicion-ilustrada-joel-dicker-the-tiger-illustrated-edition-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/08/la-desaparicion-de-stephanie-mailer-joel-dicker-the-disappearance-of-stephanie-mailer-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/06/el-enigma-de-la-habitacion-622-joel-dicker-lenigme-de-la-chambre-622-by-joel-dicker/

https://weedjee.wordpress.com/2022/07/02/el-caso-alaska-sanders-joel-dicker-laffaire-alaska-sanders-marcus-goldman-3-by-joel-dicker/

4 pensamientos en “El Caso Alaska Sanders — Jöel Dicker / L’Affaire Alaska Sanders (Marcus Goldman #3) by Joël Dicker

  1. He leído dos libros de Joël Dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert y La desaparición de Stephanie Mailer y ambos me gustaron mucho. Tengo previsto leer El caso Alaska Sunders estas vacaciones para ver si me gusta tanto como los otros dos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.