Al Final De La Mañana — Michael Frayn / Towards the End of the Morning by Michael Frayn

A veces me pregunto cómo esperan que siga así —dijo—. ¡Trabajo y trabajo como un esclavo para mantener a flote esta sección, me deslomo sacando adelante la labor de tres personas! ¡Voy a matarme a base de trabajar, literalmente! ¿Y con qué me encuentro? ¡Con que no obtengo ni siquiera un poco de colaboración! ¡Voy dando tumbos de acá para allá, y todo con la mitad del personal que necesito! ¡Tengo que compartir secretaria con Boyle, Mounce, Brent-Williamson y la mitad de los especialistas del periódico! ¡De verdad que estoy al borde de un ataque de nervios!…

Novela ficticia de los periodistas que trabajan en Fleet Street. Me gustó, no me malinterpretes, pero la introducción actualizada de Frayn fue más agradable que todo el libro. El primer par de capítulos estaban bien concentrados en los periodistas de Fleet Street y dieron una buena entrega de cómo trabajaron los periódicos, sin mencionar los largos almuerzos de pub, sino que el final prácticamente salió con la vida doméstica de los personajes principales. Supongo que esperaba más movimiento, más acción periodística. El diálogo y la caracterización fueron buenos. El final fue solo un poco diferente al esperado.
Una mirada humorística y conmovedora a la disminución del periodismo impreso anticuado frente al desafío de la transmisión de televisión. El lector está en contacto con la mundanidad del trabajo de John Dyson como subeditor del Departamento de Crucigramas y Notas de un periódico no especificado. En medio de una crisis de la mitad de la vida, se divide para escapar de este atuendo periodístico y establecer sus credenciales como una emisora. Frayn se burla sin piedad de diversión en Dyson y sus colegas de la oficina, las esperanzas fallidas de colegas para el avance profesional, ya que dedican horas en sus agujeros de riego favoritos que bordean la estructura de la clase del tiempo, así como la situación en la oficina. Gran diálogo y buena sátira.
Una tragicomedia interesante sobre cuán inútiles que tiene sueños y metas puede ser, pero cómo la vida satisfactoria puede ser, mientras tanto. Bien escrito pero no impulsado por la trama. Cantidad de risas.

Los Dyson habían comprado a propósito aquella casa tan vieja, tras una larga y sesuda reflexión, cuando Jannie se quedó embarazada por segunda vez. No querían vivir en una zona residencial de las afueras, en una de esas casas feas típicas de las zonas residenciales, junto a unos vecinos desagradables típicos de las zonas residenciales, a varias millas de distancia de la ciudad. Decidieron buscar una casa más o menos barata de estilo georgiano o Regencia en algún distrito decadente pero cercano al centro. Por muy humilde que fuese la zona, seguro que las clases medias no tardarían en colonizarla, al tratarse de un barrio de estilo georgiano o Regencia y ser razonablemente céntrico. De esa forma, ellos se asegurarían, a un precio que podían permitirse, una residencia atractiva y potencialmente elegante en el corazón de Londres; se ganarían el reconocimiento de sus amigos por irse a vivir entre la clase trabajadora; en breve plazo conseguirían vecinos agradables, de clase media y carácter tan aventurero e intelectual como ellos, y, entretanto, verían cómo su inversión experimentaba un satisfactorio y tranquilizador aumento de valor.

Dyson había recibido una invitación para volver a salir en televisión. Él y Bob estaban desbordados; intentaban sacar adelante durante la mañana el trabajo de toda la jornada, para así poder asistir por la tarde al funeral del pobre Eddy. Fue entonces cuando una mujer llamada Samantha Lightbody llamó desde la BBC.
Todo el mundo pensaba que Bob debería intervenir en el programa si Dyson no regresaba a tiempo. Se pasó la mañana del viernes recibiendo llamadas en la oficina de distintas personas que lo instaban a participar.
—No soy la única que opina así, Bob —le comentó Jannie—. John piensa lo mismo. Me lo ha dicho esta mañana.
En efecto, todo se reducía a una carrera entre Bob y Dyson, aunque ninguno de los dos era consciente de ello.

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Sometimes I wonder how they expect it to continue like this, «he said. I work and work as a slave to keep this section afloat, I sprinkle taking the work of three people! I’m going to kill me based on working, literally! And with what do I find? With that I do not get even a little collaboration! I’m stumbling here and there, and everything with half of the staff I need! I have to share secretary with Boyle, Mounce, Brent-Williamson and half of the newspaper specialists! I really am on the verge of a nervous attack! …

Fictional account of journalists working on Fleet Street. I liked it, don’t get me wrong but Frayn’s updated introduction was more enjoyable than the whole book. The first couple of chapters were fine concentrating on the journalists on Fleet street & gave a pretty good rendition of how newspapers worked – not to mention the long pub lunches, but the end pretty much petered out with the domestic lives of the main characters. I guess I was hoping for more action, more journalistic action. Dialogue and characterisation were good. The end was just a bit meh.
A humorous and poignant look at the decline of old-fashioned print journalism in the face of the challenge of television broadcasting. The reader is parachuted into the mundanity of John Dyson’s work as sub-editor of the crosswords and nature notes department of an unspecified newspaper. In the middle of a mid-life crisis, he is deperate to escape this journalistic backwater and establish his credentials as a broadcaster. Frayn mercilessly pokes fun at Dyson and his office colleagues’ failed hopes for professional advancement as they devote hours in their favourite watering-holes bemoaning the class structure of the time as well as the situation at the office. Great dialogue and good satire.
A comedic tragedy on how futile having dreams and goals can be but how fulfilling life can be in the meantime. Well written but not plot-driven. Amount of laugh-out-loud.

The Dyson had bought only that old house, after a long and small reflection, when Jannie became pregnant for the second time. They did not want to live in a residential area of the outskirts, in one of those ugly houses typical of residential areas, along with unpleasant neighbors typical of residential areas, several miles away from the city. They decided to look for a more or less cheap georgian house or regency in a decadent district but close to the center. Therefore, it was the area, sure that the middle classes would soon colonize it, as it is a Georgian-style neighborhood or regency and be reasonably central. In this way, they would ensure, at a price that could afford, an attractive and potentially elegant residence in the heart of London; They would gain the recognition of their friends for going to live between the working class; In a short term they would get nice neighbors, middle class and such an adventurous and intellectual character as they, and, meantime, they would see how their investment experienced a satisfactory and reassuring value increase.

Dyson had received an invitation to go back on television. He and Bob were overwhelmed; They tried to take ahead during the morning the work of the whole day, in order to be able to attend the funeral of the poor Eddy in the afternoon. It was then when a woman named Samantha Lightbody called from the BBC.
Everyone thought that Bob should intervene in the program if Dyson did not return on time. He spent on Friday morning receiving calls in the office of different people who urged him to participate.
«I’m not the only one who thinks like that, Bob,» Jannie commented. John thinks the same thing. He has told me this morning.
Indeed, everything was reduced to a race between Bob and Dyson, although neither of them was aware of it.

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