Recuerdos Y Desinformación — Jim Carrey, Dana Vachon / Memoirs and Misinformation by Jim Carrey, Dana Vachon

En otra vida había protagonizado un taquillazo veraniego que llegó a recaudar doscientos veinte millones de dólares en todo el mundo sin ningún esfuerzo, de los cuales el treinta y cinco por ciento se destinó a Carrey en persona y afluyó hasta sus reservas económicas desde los territorios de distribución, que se extendían, como se dice, «desde Tuscaloo hasta Tombuctú». Que la película no estuviese, incluso según él, entre las mejores que había hecho endulzaba todavía más el éxito; cuanto mayor era la impunidad, más se acercaba a Dios.
Se alimentó del amor de las multitudes durante la exitosa trayectoria de la película, con los estrenos en Londres, Moscú y Berlín. Llegó a Roma como un césar del slapstick…

Una lectura rápida que comenzó bastante interesante. Estaba cautivado hasta la mitad de la mitad de la mitad de cuando se convirtió en una experiencia de sudar tinta de casi incoherentes que se encuentran con el fin del mundo de un hombre muy rico atrapado en una crisis existencial y espiritual muy profunda.
Jim ha estado en la disminución de mi psique, por algún tiempo, sus extrañas opciones de participar en las películas, su rareza completa en el café y los autos de Seinfields, su increíblemente descendente presencia en la mesa redonda de los actores, y ahora este libro …
Sé que se ha convertido en una tropo popular afirmar que los comediantes son a menudo los pueblos más oscuros, pero tengo poca simpatía / empatía por un chico en su propia autocompasión de una acogedora casa de playa Malibu de 10 millones de dólares.
Este libro no tiene sentido … y, lo que es más importante, no tiene ningún propósito que no sea indirectamente iluminar indirectamente por qué los actores típicamente no escriben las historias en las que estallan. No puedo evitar sentir que esta es una broma de Kaufmanesca sobre la broma de Kaufman. Resultados de atracón viendo un grupo de canales de Historia de la noche de mierda de la noche espectáculos sobre civilizaciones antiguas y alienígenas.
Lo conseguimos Jim … no hay Jim. ¿Ahora quieres que te tomemos en serio o simplemente estás jodiendo en Hollywood y Nueva York con demasiado tiempo libre y dinero?
Las porciones de biografía eran interesantes y bien escritas, pero las cosas de ciencia fidelidad eran en serio más que malas … ni Jim ni su fantasma Dana tienen ninguna experiencia en este campo y realmente lo demuestran.
Estaba muy emocionado cuando escuché sobre sus nuevas Memorias, y esperaba obtener una comprensión más profunda de este genio creativo aprendiendo sobre sus experiencias de vida. Sin embargo, solo un par de capítulos fue suficiente para decirme que este libro no era nada que esperara que fuera. Puedo decir que está tratando de ser simbólicos, pero los símbolos son confusos y el contenido se mezcla de una manera que lo hace sin sentido. Fue follando raro, por decir lo menos. Decidí renunciar a unos pocos capítulos porque no quiero perder más tiempo leyéndolo cuando tengo tantos otros libros en mi lista de lectura. Estaba completamente decepcionado y desearía que Jim Carrey le hubiera brindado a sus fanáticos una memoria honesta y seria en lugar de escribir tonterías que parecían significativas solo para él. Pero, de nuevo, ¡es Jim Carrey! ¡Él puede hacer lo que quiera que quiera! Pero este libro era terrible.

Llámalo «locura», o «desastre», como quieras. Carrey lo llamaba «amor».
Contactó a Georgie mediante su agente y le propuso que pasaran una noche de autodescubrimiento guiados por Natchez Gushue, un gurú conocido por aquel entonces en el círculo de personas interesadas en la espiritualidad. En los años noventa, Gushue había transformado un AutoZone de Tucson en un imperio inmobiliario y, en su momento de gloria, se pavoneaba por la ciudad con un sombrero Stetson y una chaqueta de flecos, presumiendo de su sangre real de cheroqui y reivindicando un mandato espiritual para recuperar las tierras de sus ancestros…
La prensa captó el momento desde veinte ángulos diferentes. En todos se veía a Carrey fulminando con la mirada de forma inapropiada a su enemigo vencido y a Georgie extasiada tras recibir un regalo cuyo valor superaba toda la riqueza de su familia acumulando la de varias generaciones. Hicieron el amor contra la ventana de la suite del hotel y ambos miraron a través de ella mientras todas las ventanas de la cuidad les devolvían la mirada. Déjales que nos vean, pensaron tanto Jim como Georgie, compartamos este momento, que miren cómo nos corremos, déjales que sientan la emoción fusionada de la unión espiritual y de la victoria en una subasta. Ambos creían que las fervorosas promesas del otro —«te quiero», «siempre te querré», «eres la única persona a la que he amado»— eran reales, o al menos que no se pronunciaban como un engaño. Era como un sueño. Y eso hizo que Georgie se enamorase de tal manera de Jim…
Sus primeras actuaciones en Las Vegas habían minado para siempre el alma de Carrey. Temía acabar haciéndose viejo allí, muriendo en ese lugar. Solía tener pesadillas en las que veía su propia cara envejecida por el desierto, una imagen que ahora volvía: con papada, los dientes blanqueados e implantes capilares, prostituyéndose ante las multitudes que jugaban al bingo.

Un mensaje de Nic Cage.
«Acabo de comprar una espada del siglo VI en Sotheby’s en Londres. Deberías ver la precisión, el orgullo, la artesanía. Los saudíes tienen demasiado billete, hermano. Se ha resistido, la cabrona. Es la puta Excalibur, Jimmy. ¿Puedo esconderme en tu choza de Malibú por unos días?»
La antigua fe de Carrey se alzó entonces por encima de cualquier cavilación existencial precedente y sus labios empezaron a pronunciar oraciones como le habían enseñado las monjas, «Dios te salve María…»; algo dentro de él seguía creyendo que aquellas palabras podían conjurar magia de verdad, que podrían convocar a la madre virgen de cualquier hombre-dios ario para que lo protegiese y guiase. Rezó con una esperanza trágica, diciéndose a sí mismo que las Hijas de la Anomia eran avatares de ángeles y preguntándose por qué su mente estaba programada para creer en un alma. Rezó no una vez sino muchas mientras Sally Mae lo cargaba por la desoladora arena.
Vislumbraron las luces de la colonia de Malibú, entre las cuales se encontraba la de su propia casa, donde Nicolas Cage, que vigilaba desde la terraza del segundo piso, los vio a través de sus prismáticos.
—¡Continuad! —gritó, blandiendo en el aire la espada medieval que le había costado tanto conseguir—. Tenéis que dejar atrás todo aquello de lo que estuvisteis seguros. Ha llegado la hora de contactar con ellos. La hora de ver todos los lados del diamante.

Hay que comprender que Jim Carrey y todos los demás en aquella playa eran muy felices, que su final era mucho mejor que el de los miles de millones de almas que habían llegado y se habían ido antes que ellos. Mejor que morir a manos del acero español. Y para Carrey, todo se volvió mejor al escuchar una voz que le llamaba. Linda Ronstadt. Volvía a tener treinta y seis años, una princesa mexicana. «Volver, volver —cantaba, a su lado, tomándole de la mano—. Come back, come back», le susurró cuando él posó su cabeza sobre el pecho de ella. Entonces, por primera vez en décadas, se sintió totalmente tranquilo. Él era el espacio en el que se tocaban su mejilla y la piel de Ronstadt. Él era los dedos de Ronstadt en su pelo. Él era la música de las voces de ambos, cantando «Volver, volver… Come back, come back…».
Entonces sintió una garra afilada alrededor de su tobillo. Allá abajo, en el quinto intento, Nicolas Cage, Sean Penn, Willow…

Pensó en la Pietà, en Jesús en brazos de la Virgen María. Las voces de alguna catacumba dentro de él rezaron a la Virgen, le pidieron seguridad, velocidad y, si ninguna de estas dos era posible, una muerte tan bella como la de Cage.
Entonces dobló la esquina donde estaba el Café Habana, cuyo cemento lo protegía de la descarga, y todo su ser pidió a gritos poder volver al lugar y el momento en el que —apaleada, asustada, luchando por respirar— una especie se retorcía y empezaba su historia, hacía quinientos millones de años; un cuento que mezclaba géneros como la fantasía y la comedia, la acción y la aventura, el asesinato y la magia.

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In another life he had starred a summer tachland that came to raise two hundred twenty million dollars around the world without any effort, of which thirty-five percent went to Carrey in person and flushed into his economic reserves from the territories of Distribution, which stretched, as it is said, «from Tuscaloo to Tombuktú.» That the film was not, even according to him, among the best he had done sweetened the success even more; The greater the impunity, the more he approached God.
He fed from the love of the crowds during the successful trajectory of the film, with the premieres in London, Moscow and Berlin. He came to Rome as a Caesar of Slaptick …

A quick read that started out quite interesting. I was enthralled until about halfway through when it devolved into a slog of nearly incoherent rambling about the end of the world from a very rich man caught in a very deep existential and spiritual crisis.
Jim has been on the decline in my psyche for sometime now… his odd role choices in movies, his complete weirdness on Seinfields Coffee and Cars, his incredibly downer presence on the Actors Roundtable discussion, and now this book…
I know it’s become a popular trope to claim that comedians are often the darkest people, but I have little sympathy/empathy for a guy waddling in his own self pity from a cozy 10 million dollar Malibu Beach house.
This book has no point… and more importantly it has no purpose other than to indirectly illuminate why actors don’t typically write the stories they star in. I can’t help but feel like this is a Kaufman-esque joke about the results of binge watching a bunch of crappy late night History Channel shows about ancient civilizations and aliens.
We get it Jim… there is no Jim. Now do you want us to take you seriously or are you just screwing around in Hollywood and New York with way too much free time and money?
The biography portions were interesting and well written, but the sci-fi stuff was seriously bad… neither Jim nor his ghostwriter Dana have any experience in this field and it really shows.
I was very excited when I heard about his new memoir, and looked forward to gaining a deeper understanding of this creative genius by learning about his life experiences. However, only a couple chapters was enough to tell me that this book was nothing that I expected it to be. I can tell that it’s trying to be symbolic, but the symbols are confusing and the content is jumbled in a way that makes it rather meaningless. It was fucking weird, to say the least. I decided to give up after a few chapters because I don’t want to waste any more time reading it when I have so many other books on my to-read list. I was thoroughly disappointed and wish that Jim Carrey had provided his fans with an honest and serious memoir instead of writing nonsense that seemed meaningful only to him. But then again, it’s Jim Carrey! He can do whatever the fuck he wants! But this book was terrible.

Call it «madness», or «disaster», as you want. Carrey called him «love».
He contacted Georgie through her agent and proposed him to spend a self-discovered night guided by Natchez Gusthue, a guru known at that time in the circle of people interested in spirituality. In the nineties, Gusthue had transformed a Tucson Autozone into a real estate empire and, at his time of glory, he was struttered through the city with a Stetson hat and a fringed jacket, preuming with his royal blood from Cheroqui and claiming a mandate Spiritual to recover the lands of their ancestors …
The press caught the moment from twenty different angles. In all he saw Carrey glarely at the expired enemy of him and Georgie ecstatic after receiving a gift whose value exceeded all the richness of her family accumulating that of several generations. They made love against the hotel’s suite window and both looked through it while all the city windows returned to them. Leaves that see us, thought so much Jim and Georgie, we share this moment, who look at how we run, leave us that feel the fused emotion of the spiritual union and victory in an auction. Both believed that the fervent promises of the other – «I love you», «I will always love you,» «You are the only person I’ve loved» – they were real, or at least they did not pronounce it like a deception. It was like a dream. And that made Georgie fall in love in such a way by Jim …
The first performances of her in Las Vegas had finally undermined the soul of Carrey. He feared to end becoming old there, dying in that place. He used to have nightmares in which he saw his own face aged by the desert, an image that he came back: with papada, whitening teeth and capillary implants, prostituting before the crowds played at bingo.

A message from Nic Cage.
«I just bought a sword of the sixth century in Sotheby’s in London. You should see precision, pride, craftsmanship. The Saudis have too much ticket, brother. She has resisted, the dumbass. She is the Slut Excalibur, Jimmy. Can I hide in your Malibu hut for a few days? »
The ancient faith of Carrey rose then above any preceding existential cavil and his lips began to give prayers as the nuns had taught him, «God saved you María …»; Something inside of him still believed that those words could conjure real magic, who could summon the Virgin Mother of any man-god ARIO to protect him and guide him. He prayed with a tragic hope, telling himself that the daughters of the anomy were avatars of angels and wondering why his mind was scheduled to believe in a soul. He prayed not once but many while Sally Mae loaded him down the desolate sand.
They glimpsed the lights of the Malibu colony, among which was that of his own house, where Nicolas Cage, who watched from the terrace on the second floor, saw them through his binoculars.
– Continue! He shouted, brandishing the medieval sword in the air that had cost him so much. You have to leave behind everything you were safe. The time has come to contact them. The time to see all sides of the diamond.

You have to understand that Jim Carrey and everyone else on that beach were very happy, that its end was much better than that of the billions of souls that had arrived and had gone before them. Better than dying at the hands of Spanish steel. And for Carrey, everything became better when he heard a voice he called him. Linda Ronstadt. She was thirty-six, a Mexican princess again. «Back, come back,» she caught, next to her, taking her hand. Eat Back, eat back, «he whispered when he put his head on her’s chest. Then, for the first time in decades, he felt totally calm. He was the space in which he touched her cheek and Ronstadt’s skin. He was Ronstadt’s fingers in her hair. He was the music of the voices of both, singing «Back, come back … eat back, eat back …».
Then he felt a sharp claw around his ankle. Down, in the fifth attempt, Nicolas Cage, Sean Penn, Willow …

He thought of La Pietà, in Jesus in the arms of the Virgin Mary. The voices of some catacumba inside him prayed to the Virgin, asked for security, speed and, if neither of these two was possible, a death as beautiful as that of Cage.
Then he turned the corner where Havana Coffee was, whose cement protected him from the discharge, and his whole being asked shouting to return to the place and the moment he said, scared, fighting for breathing – a species twisted and began Its history, had five hundred million years; A story that mixed genres such as fantasy and comedy, action and adventure, murder and magic.

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