En Frío: La Guía Del Ecologísta Escéptico Para El Cambio Climático — Bjørn Lomborg / Cool It: The Skeptical Environmentalist’s Guide to Global Warming by Bjørn Lomborg

No cabe ninguna duda de que esta humanidad ha sido la causante de un importante aumento en los niveles de dióxido de carbono durante los últimos siglos, contribuyendo así al calentamiento global. Lo que sí es en cambio discutible, es si la única respuesta posible consiste en gastar cantidades nunca vistas antes en programas de reducción de emisiones de CO2. Este aspecto es especialmente cuestionable en un mundo en el que millones de personas viven en la pobreza, en el que millones de individuos mueren por causa de enfermedades cuya cura es posible y en el que, dichas vidas, sociedades y medioambiente podrían salvarse por un precio bastante inferior.
El tema del calentamiento global es muy complejo. Nadie —ni Al Gore, ni los más importantes científicos del mundo, ni sobre todo yo— ha dicho disponer de todos los conocimientos, ni las soluciones. Pero debemos actuar basándonos en los mejores datos de que dispongamos, tanto en ciencias sociales como en ciencias naturales.

Cualquiera que se dedique a desmontar verdades oficiales, especialmente si lo hace con racionalidad, acaba despreciado y vituperado por la oficialidad. Hay que dar gracias a que no vivimos en la época en que se les quemaba en la hoguera: ahora solo se les vitupera mediante la falacia ad hominem, sin siquiera rebatir sus argumentos.
Con datos y cifras, Bjorn Lomborg se atreve a indicar caminos muy apartados de aquellos en que gobiernos y ONGs del mundo entero se han montado su chiringuito apoyados por tantos que se creen de izquierdas y por la ignorancia de todos los que no tienen tiempo de estudiar y pensar y tienen que fiarse de lo que dicen los que disfrutan del poder económico y los medios de comunicación.
Encuentro su tratamiento del material cuerdamente presentado y en muchas áreas que no está de acuerdo con la sabiduría convencional, o la visión políticamente correcta si lo desea, que estamos condenados en doce años si no nos registramos para gastar cientos de billones de dólares. Para ir completamente verde para salvar el planeta. El autor realiza un trabajo magistral de corregir información falsa, como los osos polares extintos más próximos, los números, en realidad, han aumentado cinco veces desde la década de 1960 o los niveles crecientes del mar debido al hielo de fusión que se predijeron para pantalonar y sumergirse. País después del país, mientras que el número de países no ha cambiado de acuerdo con la lista de las Naciones Unidas de sus miembros. Esto es además de los viajeros de jetalización privados como Al Gore que siguen comprando propiedades frente al mar, cuando, si realmente creyeron lo que están presionando, estarían comprando propiedades en las Rocosas. El autor también dice que la urgencia y el miedo con la intención de asustarnos en acción no es realmente cierto e incluso si deberíamos estar haciendo algo, la izquierda ha elegido solo los métodos más caros y menos confiables y descarta alternativas mucho más baratas y más confiables. Lenguaje muy bien escrito y fácil de seguir que presenta un análisis lógico del problema del cambio climático.
Lomborg nos hace volver a evaluar las políticas actuales que se proponen y nos muestran a través de una serie de modelos económicos y estudios científicos que nosotros, como sociedad, podemos resolver problemas como la pobreza, el aumento de los niveles del mar, aumentar los casos de enfermedades infecciosas, entre otros temas por Enfoque los fondos hacia estos problemas en lugar de verter dinero en el problema del calentamiento global. Lomborg no ignora el problema del calentamiento global y, en cambio, requiere un impuesto moderado sobre las emisiones de carbono y empuja a los que los países inviertan en estrategias de investigación y desarrollo que encuentran alternativas de energía. El libro puede ser bastante crudo en su análisis, ya que utiliza el modelado económico para seguir siendo objetivos en todo momento. En general, el libro cuestiona las políticas actuales que rodean el calentamiento global hoy y empujan el diálogo abierto en los problemas que enfrentamos en el siglo XXI. Si vamos a abordar los problemas del siglo XXI, todos debemos respirar profundamente, detener el apuntamiento del dedo y ponerse a trabajar.

Son incontables los políticos que han definido el calentamiento global como el asunto más importante de nuestra era. La Unión Europea lo ha descrito como «uno de los temas más amenazadores a los que nos enfrentamos en la actualidad». Tony Blair, antiguo primer ministro del Reino Unido, lo define como «la cuestión más importante». La canciller alemana, Angela Merkel, ha prometido convertir el cambio climático en la prioridad número uno tanto en el G-8 como en la Unión Europea para 2007, y el presidente italiano, Romano Prodi, considera el cambio climático como la verdadera amenaza para la paz mundial. Algunos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos…
En 2006 un biólogo del gobierno canadiense, experto en osos polares, resumía la discrepancia entre los datos reales y los publicados: «Resulta estúpido vaticinar la desaparición de los osos polares en veinticinco años basándose en un estado de histeria, alimentado por los medios de comunicación». Canadá alberga a dos terceras partes de todos los osos polares del planeta, y el calentamiento global les afectará sin duda, pero «en realidad, no hay motivo alguno para el pánico. De las trece poblaciones de osos polares que habitan en Canadá, once se mantienen estables e incluso están aumentando. No es cierto que por el momento vayan a extinguirse ni que se vean afectadas».
La historia de los osos polares nos enseña tres cosas. En primer lugar, hemos estado escuchando innumerables y exageradas quejas emocionales que no se apoyan en datos reales. Sí es probable que la desaparición del hielo dificulte de forma considerable el mantenimiento de los patrones clásicos de alimentación de los osos polares, y también es muy posible que su vida se parezca cada vez más a la de los osos pardos, de los que proceden evolutivamente. Puede que su población descienda, aunque es altamente improbable un decrecimiento drástico.
En segundo lugar, los osos polares no son el único asunto que hay que tratar. Mientras solo escuchamos hablar de las especies en peligro, la verdad es que a muchas especies les va a ir mucho mejor con el cambio climático. En general, la Evaluación del Impacto del Clima Artico (Arctic Climate Impact Assessment-ACIA) ha previsto que las regiones árticas van a experimentar un aumento en la riqueza de especies y una mayor productividad en su ecosistema. Tendrán menos desierto polar y más bosques.
El tercer asunto es que nuestras preocupaciones nos llevan a centrar los recursos en las soluciones equivocadas. Se nos está diciendo que la situación precaria de los osos polares demuestra «la necesidad de reducir de manera drástica las emisiones de gases de efecto invernadero relacionados con el calentamiento global». Aunque aceptemos la absurda idea de tomar como dato de partida la población de osos polares que retozaban en la bahía de Hudson en 1987, demostrando que perdemos 15 osos al año, ¿qué podemos hacer al respecto?.

1.El calentamiento global es real y está causado por el hombre. El impacto que dejará sobre los seres humanos y el medio ambiente será grave hacia finales de este siglo.
2.Las afirmaciones sobre consecuencias duras, siniestras e inmediatas del calentamiento global son casi siempre exageradas, lo que supone una política de actuación poco acertada.
3.Necesitamos soluciones más sencillas, directas y eficaces para el calentamiento global, en lugar de acciones excesivas y, en el mejor de los casos, bien intencionadas. Las caras reducciones masivas de emisiones de CO2 aplicadas en la actualidad tendrán un impacto mínimo, casi insignificante en un futuro a largo plazo.
4.Hay otros muchos asuntos más importantes que el calentamiento global. Debemos recuperar una perspectiva anterior. El mundo está aquejado de otros problemas como el hambre, la pobreza y la enfermedad. Si centramos nuestros esfuerzos en estos objetivos, podremos ayudar a mucha más gente, gastando menos dinero y con unas probabilidades de éxito mucho mayores que mediante políticas drásticas sobre el clima, que nos costarían miles de millones de dólares.

Debemos comenzar pensando cómo podremos combatir, de forma económica, el cambio climático a largo plazo. El mayor problema que presenta la reducción de emisiones de carbono tal como las plantea Kyoto es que cuesta mucho dinero ahora mismo y los resultados obtenidos son mínimos, incluso en el futuro. Y esos costes asociados a la reducción de emisiones hacen que países como China o la India no puedan participar de ningún modo.
En lugar de ese sistema deberíamos concentrarnos en reducir los costes de esas reducciones de emisiones de CO2. Esta opción puede que no sea tan romántica como una «misión generacional», pero es mucho más eficaz, mucho más factible de conseguir y sí ayudará realmente a la humanidad.

Al Gore nos cuenta también que el aumento de las temperaturas en la península Antártica ha afectado drásticamente a los pingüinos emperador, protagonistas del documental de 2005, Marzo de los pingüinos. Esta colonia de pingüinos, que se encuentra a tan solo 500 metros de la estación francesa pionera en la investigación Dumont d’Urville, ha sido estudiada continuamente desde 1952. Su población permaneció estable en unas 6000 parejas reproductoras hasta la década de los setenta, cuando descendió bruscamente hasta unas 3000 parejas, permaneciendo estable de nuevo desde entonces. Puede que ese descenso tenga que ver con el cambio climático, aunque el hecho de haberse producido de forma tan concreta no parece respaldar la idea. No obstante, no es más que una colonia pequeña y aislada, una más entre las cerca de cuarenta que pueblan la Antártida. Su ubicación es la causa única de que se hayan estudiado tan de cerca.
Si nuestro objetivo es mejorar el bienestar de las personas y del medio ambiente, no solo el reducir las emisiones de carbono, debemos plantearnos seriamente cuál es la mejor forma de hacerlo. No actuar, o hacerlo mínimamente, ante el cambio climático es sin duda un gran error, pero también lo es sobreactuar. Si decidimos centrarnos en conseguir un mundo en el que los países en desarrollo vayan a ser más ricos, es muy probable que no veamos pérdidas apreciables de terreno. Solo el miedo puede hacer que nos decantemos hacia un futuro volcado en la protección medioambiental y bastante menos rico, en el que nuestras acciones —aunque sean bien intencionadas— pueden causar mucha más pérdida de tierras y generar un menor bienestar humano.

El calentamiento global significará más precipitaciones y más agua disponible para más gente. El principal reto futuro del agua no es la regulación sobre el calentamiento global, sino asegurar que 3000 millones de personas dispongan de acceso al agua potable y al saneamiento adecuado. Este pequeño cambio en la política apenas costaría 4000 mil millones de dólares al año, y podría proporcionar grandes beneficios en mejor salud y calidad de vida para la mitad de la población mundial.

Sí, el cambio climático es un problema, pero, sin duda, está lejos de ser el fin del mundo. Veamos el caso de la subida del nivel del mar. El hecho de que los niveles del mar van a subir en este siglo alrededor de 29 centímetros —como máximo lo mismo que se han elevado en los últimos ciento cincuenta años— es un problema, pero no una catástrofe.
El calentamiento global; el debate se ha centrado tanto en las reducciones de CO2 que se ha pasado por alto el que debería ser nuestro objetivo principal: mejorar la calidad de vida y el medio ambiente. En las batallas sobre si debemos reducir un 4 o un 96%, podemos haber olvidado que, a corto y medio plazo, podemos ayudar fácilmente a mucha más gente mediante políticas alternativas. Podemos reducir las enfermedades, la desnutrición y el acceso al agua potable y el saneamiento, al tiempo que mejoramos la economía con políticas más baratas que supondrán un impacto mucho mayor.
En primer lugar, si se puede aplicar una acción dura (digamos un 25% de reducciones) con garantías, ¿por qué no un 50, o un 75%? —eso significaría aún menos daño por calor—. Al final solo habría una salida —es decir, un 100%— que fuera la menos dañina de todas. No obstante, serían muy pocos los que defenderían este planteamiento, porque los costes serían demasiado altos, lo que nos lleva de nuevo a la necesidad de analizar ventajas e inconvenientes.
En segundo lugar, cuando se habla de «daños» provocados por el calentamiento se suele olvidar el hecho de que los costes en que incurramos a partir de hoy también nos producirán daños. Básicamente, gastar dinero en la reducción de emisiones significa disponer de menos dinero en el presupuesto social para colegios, hospitales y otros bienes de interés general.
Por tanto, cuando el principio de precaución se aplica con cautela, debemos afrontar los pros y contras de gastar dinero para evitar un daño futuro y los costes que supone que ese daño se produzca desde hoy mismo.

Volver a establecer un diálogo sobre el clima, sensato y basado en los hechos, significará que podemos comenzar haciendo primero lo más razonable.
La lucha frente al calentamiento global durará un siglo y requerirá una voluntad política más allá de partidos, continentes y generaciones. Deberemos mantenernos unidos durante todo el proceso y encontrar una estrategia efectiva en cuanto al precio, que no se astille por culpa de ambiciones megalómanas.
Mediante impuestos, deberíamos reducir el CO2 más de lo que un debilitado Kyoto podrá conseguir, pero no más de un 5%, que llegaría hasta un 10% a finales de siglo.
Deberíamos multiplicar por diez nuestra inversión en I+D sobre energías bajas en carbono. Utilizando un 0,05% del PIB, o 25 000 millones de dólares anuales, podríamos estabilizar el clima en un nivel razonable.
Pero también debemos aceptar que lo bien o mal que lo hagamos en este siglo no depende directamente de cómo manejemos el calentamiento global.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/21/el-ecologista-esceptico-bjorn-lomborg-the-skeptical-environmentalist-measuring-the-real-state-of-the-world-by-bjorn-lomborg/

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/22/en-frio-la-guia-del-ecologista-esceptico-para-el-cambio-climatico-bjorn-lomborg-cool-it-the-skeptical-environmentalists-guide-to-global-warming-by-bjorn-lomborg/

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There is no doubt that this humanity has been the cause of a significant increase in carbon dioxide levels over the past centuries, thus contributing global warming. What is instead debatable, is whether the only possible answer is to spend never seen quantities before in CO2 emission reduction programs. This aspect is especially questionable in a world in which millions of people live in poverty, in which millions of individuals die because of diseases whose cure is possible and in which, such lives, societies and environment could be saved for a price Pretty lower.
The topic of global warming is very complex. Nobody -Nie Al Gore, nor the most important scientists in the world, nor about everything I- has said to have all knowledge, nor solutions. But we must act based on the best data that we have, both in Social Sciences and in Natural Sciences.

Anyone who is dedicated to dismantling official truths, especially if it does it with rationality, ends up despised and vituated by the officiality. We must thank that we do not live at the time when they were burned at the bonfire: now they only are only vitated by fallacy ad hominem, without even rebutting their arguments.
With data and figures, Bjorn Lomborg dares to indicate very lowered roads of those in which governments and NGOs of the whole world have ridden their chiringuito supported by so many that are believed from left and by the ignorance of all who do not have time to study And think and have to trust what they say those who enjoy economic power and the media.
I find his treatment of the material very logically presented and in many areas he disagrees with the conventional wisdom, or politically correct view if you will, that we are doomed within twelve years if we don’t sign up to spend hundreds of trillions of dollars to go completely green to save the planet. The author does a masterful job of correcting false information such as the soon-to-be extinct polar bears whos numbers have actually gone up five-fold since the 1960s or the rising sea levels because of the melting ice that were predicted to swamp and submerge country after country whereas the number of countries hasn’t changed according to the United Nations roster of its members. This is in addition to private jetting travelers like Al Gore who keep buying oceanfront properties when, if they really believed what they are pushing, they would be buying properties in the Rockies. The author also says that the urgency and fear mongering intended scare us into action isn’t really true and even if we should be doing something, the left has chosen only the most expensive and least reliable methods and rules out much cheaper and more dependable alternatives. Very well-written and easy-to-follow language that presents a logical analysis of the climate change issue.
Lomborg calls for us to re-evaluate the current policies being proposed and shows us through a series of economic models and scientific studies that we as a society can solve issues like poverty, rising sea levels, increasing cases of infectious diseases, among other issues by focusing funds towards these issues instead of pouring money into the global warming issue. Lomborg does not ignore the problem of global warming and instead calls for a moderate tax on carbon emissions and pushes for countries to invest in research and development strategies that find energy alternatives. The book can be rather crude in it’s analysis as it uses economic modeling to remain objective throughout. Overall, the book brings into question the current policies surrounding global warming today and pushes for open dialogue into the problems we face in the 21st century. If we are going to tackle the problems of the 21st century we all need to take a deep breath, stop the finger pointing, and get to work.

The politicians who have defined global warming are countless as the most important issue of our era. The European Union has described it as «one of the most threatening issues we face today.» Tony Blair, former Prime Minister of the United Kingdom, defines it as «the most important question». German Chancellor, Angela Merkel, has promised to convert climate change into number one priority both in G-8 and in the European Union for 2007, and the Italian President Roman Prodi, considers climate change as the true threat to world peace. Some aspirants to the presidency of the United States …
In 2006 a biologist of the Canadian Government, expert in Polar Bears, summarized the discrepancy between the real data and those published: «It is stupid to vaticinate the disappearance of polar bears in twenty-five years based on a state of hysteria, fueled by the media. ». Canada houses two thirds of all polar bears on the planet, and global warming will undoubtedly affect them, but «in reality, there is no reason for panic. Of the thirteen populations of polar bears that inhabit Canada, eleven stay stable and are even increasing. It is not true that at the moment they will be extinguished or that they are affected. »
The history of polar bears teaches us three things. First, we have been listening to innumerable and exaggerated emotional complaints that do not rely on real data. It is likely that the disappearance of ice difficult to make it difficult to maintain the maintenance of the classic feeding patterns of polar bears, and it is also very possible that their life seems more and more from the brown bears, of which they proceed evolutively . Its population descends, although a drastic decrease is highly improbable.
Second, polar bears are not the only matter that must be dealt with. While we only hear about the species in danger, the truth is that many species will go much better with climate change. In general, the evaluation of the impact of the Arctic climate (Arctic Climate Impact Assessment-ACIA) has foreseen that the Arctic regions will experience an increase in the richness of species and greater productivity in their ecosystem. They will have less polar desert and more forests.
The third issue is that our concerns lead us to focus resources on the wrong solutions. We are being told that the precarious situation of polar bears demonstrates «the need to drastically reduce the emissions of greenhouse gases related to global warming». Although we accept the absurd idea of making as a starting data the population of polar bears that retouched in Hudson Bay in 1987, demonstrating that we lose 15 bears a year, what can we do about it?

1. Global warming is real and is caused by man. The impact that will leave on human beings and the environment will be serious towards the end of this century.
2. The affirmations on hard, sinister and immediate consequences of global warming are almost always exaggerated, which represents an unlikely acting policy.
3. We need simpler, direct and effective solutions for global warming, instead of excessive actions and, at best, well-intentioned cases. The expensive mass reductions on CO2 emissions applied at present will have a minimum, almost insignificant impact on a long-term future.
4. There are many other matters more important than global warming. We must recover a previous perspective. The world is afflicted from other problems such as hunger, poverty and disease. If we focus our efforts on these objectives, we can help many more people, spending less money and with a much greater success probabilities than through drastic policies on climate, which would cost us billions of dollars.

We must begin thinking about how we can combat, economically, long-term climate change. The biggest problem with the reduction of carbon emissions as it raises kyoto is that it costs a lot of money right now and the results obtained are minimal, even in the future. And these costs associated with emission reduction make countries like China or India can not participate in any way.
Instead of this system we should focus on reducing the costs of these CO2 emission reductions. This option may not be as romantic as a «generational mission», but it is much more effective, much more feasible to achieve and will really help humanity.

Al Gore also tells us that the increase in temperatures in the Antarctic Peninsula has drastically affected the emperor penguins, protagonists of the 2005 documentary, March of the penguins. This colony of penguins, which is only 500 meters from the pioneer French station in the Dumont D’Urville research, has been studied continuously since 1952. Its population remained stable in some 6,000 breeding couples until the seventies, when He descended abruptly to about 3000 couples, staying stable again since then. That descent may have to do with climate change, although the fact of having occurred so concretely does not seem to support the idea. However, it is nothing more than a small and isolated colony, one more among the nearby forties who populate Antarctica. Its location is the unique cause that they have been studied so closely.
If our goal is to improve the well-being of people and the environment, not just reducing carbon emissions, we must seriously raise what is the best way to do it. Not acting, or doing it minimally, before climate change is undoubtedly a big mistake, but it is also overacting. If we decide to focus on getting a world in which developing countries are going to be richer, it is very likely that we do not see appreciable losses of land. Only fear can cause us to decante to a future dump in environmental protection and quite rich, in which our actions – even well-intentioned – can cause much more land loss and generate less human well-being.

Global warming will mean more rainfall and more water available for more people. The main future challenge of water is not regulation on global warming, but ensuring that 3 billion people have access to drinking water and adequate sanitation. This small change in politics would hardly cost 4000 billion dollars a year, and could provide great health benefits and quality of life for half of the world’s population.

Yes, climate change is a problem, but, without a doubt, it is far from being the end of the world. Let’s see the case of the sea level rise. The fact that sea levels are going to rise in this century about 29 centimeters – as the same as they have risen in the last one hundred and fifty years – is a problem, but not a catastrophe.
Global warming; The debate has focused so much on CO2 reductions that have been overlooked that our main objective should be: Improve the quality of life and the environment. In battles on whether we must reduce 4 or 96%, we may have forgotten that, in the short and medium term, we can easily help many more people through alternative policies. We can reduce diseases, malnutrition and access to drinking water and sanitation, while improving the economy with cheaper policies that will be a much higher impact.
First, if a hard action can be applied (let’s say 25% reductions) with guarantees, why not 50, or 75%? -That would mean even less heat damage. In the end there would be only one exit – that is, 100% – that was the least harmful of all. However, there would be very few who defend this approach, because the costs would be too high, which brings us back to the need to analyze advantages and disadvantages.
Second, when talking about «damage» caused by heating, the fact that the costs in which we incur from today will also produce damage will also occur. Basically, spending money on emission reduction means having less money on the social budget for colleges, hospitals and other general goods of interest.
Therefore, when the precautionary principle applies with caution, we must face the pros and cons of spending money to avoid future damage and costs that this damage occurs from today.

Re-establish a dialogue about climate, sensible and based on the facts, it will mean that we can start doing the most reasonably.
The fight against global warming will last a century and will require a political will beyond parties, continents and generations. We must stay united throughout the process and find an effective strategy regarding the price, which does not astille because of Megalomanian ambitions.
Through tax, we should reduce CO2 more than a weakened Kyoto will be able to achieve, but no more than 5%, which would reach up to 10% at the end of the century.
We should multiply our investment in R & D on low carbon energy. Using 0.05% of GDP, or 25 billion dollars per year, we could stabilize climate at a reasonable level.
But we must also accept that the good or evil that we do in this century does not depend directly on how we handle global warming.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/21/el-ecologista-esceptico-bjorn-lomborg-the-skeptical-environmentalist-measuring-the-real-state-of-the-world-by-bjorn-lomborg/

https://weedjee.wordpress.com/2022/06/22/en-frio-la-guia-del-ecologista-esceptico-para-el-cambio-climatico-bjorn-lomborg-cool-it-the-skeptical-environmentalists-guide-to-global-warming-by-bjorn-lomborg/

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