El Ecologista Escéptico — Bjørn Lomborg / The Skeptical Environmentalist: Measuring the Real State of the World by Bjørn Lomborg

Mi propuesta ha sido rebatir la idea generalizada de que los ecosistemas están en peligro, simplemente porque esa concepción no coincide con la realidad. Por lo tanto, debemos evitar que nuestros actos estén dirigidos por el miedo y establecer prioridades para nuestros recursos que se basen en las mejores estadísticas disponibles. Mi intención no es predicar en favor de una política medioambiental de no-intervención o de cualquier otro tipo. Yo me limito a afirmar que el dinero que gastamos en mejorar el mundo debería dirigirse a aquellas acciones que mejores resultados produzcan, no a las que nos hagan sentirnos mejor. Todas las decisiones políticas importantes deberían someterse a un debate y cumplir unas prioridades basadas en hechos —entre ellas, las decisiones políticas sobre el medio ambiente—. Según mi humilde entendimiento, las funciones democráticas serán mejores si hay más gente que dispone de la mejor información posible. A la sociedad no puede interesarle que este tipo de debates se basen más en los mitos que en la realidad.
No debemos dejar que sean las organizaciones ecologistas, los grupos de presión política o los medios de comunicación los que dicten esas prioridades. En lugar de eso, deberíamos luchar para conseguir una comprobación democrática del debate medioambiental, por medio del conocimiento del estado real del mundo —incluyendo una clara idea de los hechos y conexiones más importantes en las principales áreas de nuestro mundo—.

Las causas dignas, ya sean religiosas, políticas o morales, tienden a verse a sí mismas como por encima del deber de proporcionar pruebas para fundamentar sus reclamaciones sobre la realidad y la idoneidad de sus medidas propuestas para mejorar dicha realidad. A sus creyentes, el estado del mundo es obvio (generalmente malo), y están realmente asombrados a descubrir que la mayoría de las personas no están preocupadas por los temas graves que los llevan. Su reacción natural es volverse aún más febril de sus causas respectivas y para intensificar los esfuerzos para proselecer y convertir a las masas benizadas.
Bjorn Lomborg comenzó a trabajar en los problemas que eventualmente conformarían el contenido de su libro al llevar a algunos de sus estudiantes de estadísticas para desacreditar algunas reclamaciones hechas por el profesor de la Universidad de Maryland, Julian Simon. Julian Simon había afirmado que las cosas estaban mejorando en lugar de peor, y que la mayoría de los indicadores ambientales negativos estaban relacionados con la pobreza, la violencia y el mal gobierno en lugar de el consumo o la riqueza. Para su sorpresa (porque inicialmente tomó las afirmaciones de Simon como evidencia de la arrogancia típica estadounidense), Lomborg y sus estudiantes descubrieron que Simon estaba a poco. Fue cierto que las cosas estaban mejorando, y que muchas de las reclamaciones provenientes de los defensores ambientales fueron contradictorios (por ejemplo, ambos temían enfriamiento global en la década de 1970 y el calentamiento global en la década de 1990, como absolutamente negativos, aunque claramente ambos tienen beneficios en comparación con cada uno. Otro, y tampoco es malo), o tendencioso (por ejemplo, los defensores de las causas particulares a menudo eligen años extremos particulares para mostrar una tendencia negativa en una variable, mientras que ignora la tendencia a largo plazo), o simplemente shoddy (como usar un informe en una pequeña parcela de tierra inclinada en Bélgica para extrapolar el impacto global de la erosión en la fertilidad de la tierra). Lomborg publicó algunos artículos que discutían sus hallazgos en un periódico inclinado a la izquierda en Dinamarca, que más verde de los países, y se asombró ante la reacción pública. Decidió asumirse a sí mismo un proyecto Gargantuan, uno que (creo) posiblemente no podría haber pensado antes de embarcarse, o predigo que no lo hubiera hecho. Decidió revisar el estado del mundo desde muchos, muchos ángulos, incluida la humanidad, todo tipo de recursos, animales y plantas, así como sus interacciones. La cantidad de trabajo requerido para cubrir a todos estos temas, y encontrar datos para respaldar sus conclusiones, debe haber sido asombrosa. A veces he hecho este tipo de trabajo, y estoy asombrado en el logro de Lomborg. Es verdaderamente un tour de fuerza.
Si bien no reclamo que todo lo que Lomborg dice tiene perfecto sentido, o que todos sus datos son correctos (seguramente no negará a sus lectores el derecho de aplicar el escepticismo a sus propias afirmaciones, y es bastante fácil usar la red para revisar los argumentos de sus oponentes), este es un libro raro que intenta considerar seriamente todos los hechos de una variedad de ángulos, lo que intenta responder a las objeciones o calificaciones de los oponentes, y que conecta cuidadosamente todas las variables en una imagen global, incorporando la dimensión temporal tanto pasada y futura. Lomborg es verdaderamente escéptico, en el sentido de no haber dado nada por sentarse y acercarse a todos los temas desapasionados. Estos son, como nos dijo Descartes en su discurso sobre el método, algunas de las condiciones para el verdadero conocimiento. Leyendo Lomborg uno a veces se siente como si la luz se ha encendido o las mistas se han aclarado en muchos temas. Se sorprende a uno encontrar muchos vendedores ambulatorios (como el Dr. Erlich, que no tiene un descenso del obvio, el fracaso de sus predicciones para la década de 1980 de la hambruna generalizada y los recursos escasos debido al crecimiento de la población) aún se encuentran alrededor y está haciendo bastante bien. Al menos Lomborg los lleva a la tarea, y los encuentra queriendo en lógica y veracidad.
Predigo (y no se necesita a Nostradamus para resolver esto) que este libro será comprado por muchas personas que normalmente no pensarían en leer incluso un artículo de periódico sobre preocupaciones ambientales. Muchos de estos probablemente no lo lograrán a través de todo el libro. A pesar de los grandes de Lomborg, considera sobre sus debates con Worldwatch y con ministros del gobierno danés y su alegría en demoler otro sofismo, a veces es un punto, y hay un punto que aún se encontraba otro cuadro que muestra que el precio de algún metal no ha subido pero bajando. En los últimos cien años es una demasiada. Pero no olvidemos su llamamiento (es un estadístico, aunque uno inusualmente animado), y no le preguntemos de más de lo que le ofrece (que es una mirada racional y desapasionada al discurso ambientalista). Su capítulo sobre el calentamiento global es exhaustivo y agotador. También predigo que el Sr. Lomborg se convertirá en un querido de los Think Tanks libertarios en los Estados Unidos y en otros lugares, y un villano a los ojos de las organizaciones ambientales y sus partidarios. Ambas actitudes están equivocadas. La única manera de despedir al Sr. Lomborg es demostrando que sus datos o sus inferencias de ellos están equivocados. Y, aunque aproximadamente con ellos en la mayoría de los problemas, el Sr. Lomborg es probablemente no de la perspectiva de los libertarios (debe tener miedo si el Sr. Lomborg decide escribir un libro que prueba muchas de las afirmaciones de los libertarios, como la teoría del goteo del desarrollo económico). Todo lo demás solo está tomando cosas por la fe, algo que el Sr. Lomborg no ha hecho. Tiene derecho al mismo tratamiento.

¿Cuál es el verdadero estado actual del mundo?
Los más optimistas proclaman para un futuro cercano el mejor de los mundos posibles, mientras que los pesimistas ven un mundo en declive y sitúan el día del juicio final a la vuelta de la esquina. El hecho de fijar el estado actual del mundo adquiere gran importancia, debido a que define los problemas de la humanidad y nos muestra dónde son más necesarias nuestras actuaciones. Al mismo tiempo, se trata de una evaluación a nuestra civilización: ¿hemos utilizado correctamente nuestros medios?, ¿es este el mundo que deseamos dejar como herencia a nuestros hijos?…
La repetición constante de la Letanía y las continuas exageraciones acerca del medio ambiente tienen serias consecuencias. La gente se asusta y dedica tiempo y recursos para resolver problemas ficticios, mientras los verdaderos asuntos que nos afectan (posiblemente sin relación con el medio ambiente) se dejan de lado. Este es el motivo por el que debemos conocer el estado real del mundo. Necesitamos conocer los hechos y disponer de la mejor información posible para que nuestras decisiones sean las acertadas.
En el debate medioambiental no es extraño escuchar argumentos generales basados en tendencias a muy corto plazo. Obviamente esto resulta peligroso. En un mundo altamente interconectado, los cambios estadísticos a corto plazo tienden a ocurrir también a largo plazo. Si permitimos que los argumentos medioambientales —por muy buena intención que presenten— se basen únicamente en tendencias de uno o dos años, cuidadosamente seleccionados, sin duda estaremos dando paso a cualquier tipo de argumento. Por lo tanto, si queremos evaluar desarrollos sólidos, debemos investigar períodos de tiempo más amplios. No los dos o cinco años analizados habitualmente, sino tantos años como dispongamos con datos. Como es lógico, hay que tener en cuenta que puede estar produciéndose una nueva tendencia, y que además deberemos poner especial atención en incluir y analizar los datos más recientes de que dispongamos. Pero el hecho de insistir en las tendencias a largo plazo nos protege frente a los falsos argumentos producidos por el ruido de fondo.
El mejor ejemplo que el Instituto Worldwatch puede proporcionarnos acerca de los incontrolables desastres mundiales es un cambio, de dimensiones no documentadas, en la producción de madera, que la mayoría de economistas definirían como una decisión de producción efectiva: básicamente, el gobierno chino ha descubierto que la producción de árboles en la cuenca alta del río Yangtse es del todo negativa, porque los árboles son más útiles para controlar las inundaciones. Irónicamente, el Instituto Worldwatch señala que esta prohibición es una prueba de que «los principios del ecologismo están sustituyendo a las economías básicas en la gestión de los bosques nacionales». El motivo es que, desde el punto de vista de Pekín, «resulta que los árboles en pie valen tres veces más que talados, sencillamente por la capacidad que tienen los bosques para almacenar agua y controlar las inundaciones». Como es lógico, esto solo es un simple y sencillo análisis social de costes y beneficios sobre bienes económicos, no medioambientales.
En conclusión, las destacadas y repetidas afirmaciones del Instituto Worldwatch que hemos analizado aquí parecen indicar que las previsiones de la Letanía sobre un desastre ecológico se basan en ejemplos muy frágiles o simplemente en la buena o mala fe de cada uno. También merece la pena señalar cómo estas citas demuestran el peligro de argumentar a parar de ejemplos aislados en lugar de tendencias globales.

La cantidad de afirmaciones erróneas vertidas en distintos medios es impresionante. La verdadera discusión sobre el medio ambiente puede resultar muy compleja, ya que cada uno tenemos sentimientos muy arraigados sobre el tema. Pero también es cierto que, incluso para los ecologistas, resulta imprescindible que sepamos priorizar esfuerzos en campos muy diferentes, como la salud, la educación, las infraestructuras o la defensa, además del medio ambiente.
Durante las últimas décadas hemos desarrollado una clara impresión de que la Letanía es una descripción adecuada y verdadera del estado del mundo. Sabemos que el medio ambiente no se encuentra en un estado saludable. Por este motivo, son muchos los que han propagado quejas erróneas, como las que hemos visto antes, sin necesidad de proporcionar pruebas que las autentifiquen. Esta es la razón que nos debe llevar a ser extremadamente escépticos hacia cualquiera que niegue el mal estado actual del medio ambiente.
Son los medios de comunicación quienes transmiten los resultados de las investigaciones, ayudados probablemente por las instituciones. Los medios juegan un papel central en esta conexión, ya que el mundo se ha convertido en algo tan complejo que resulta imposible confiar principalmente en nuestras propias experiencias. En lugar de eso, son los medios quienes nos suministran la mayor parte del conocimiento de la realidad.
Pero su peculiar forma de proporcionarnos las noticias influye profundamente en nuestra visión del mundo. Como es evidente, no resulta habitual que en un artículo aparezcan más dudas que hechos, o dicho de otra forma, las noticias que recibimos suelen ser ciertas. En este sentido, los medios se limitan a reflejar el mundo tal como es. Sin embargo, lo realmente interesante es el largo y sinuoso camino que separa un acontecimiento que ocurre en el mundo y su posible aparición en los medios de comunicación.
Los medios de comunicación no pueden sobrevivir sin la audiencia. Desde la aparición de los periódicos comerciales a mediados del siglo XIX, los medios de comunicación masivos han tenido que centrarse primordialmente en satisfacer los intereses de un público plural. La facilidad para cambiar de canal aumenta todavía más esta necesidad en los medios televisivos.
Esto significa que resulta imprescindible que las noticias sean interesantes. Y, a menudo, interesante significa lleno de serios acontecimientos, problemas y accidentes.

La salud humana ha mejorado considerablemente en los dos últimos siglos. Ahora vivimos más del doble de lo que lo hacíamos hace cien años, y estas mejoras son aplicables tanto al mundo industrializado como al que está en vías de desarrollo. La mortalidad infantil ha descendido en todo el mundo más del 50 por 100. Por último, estamos menos enfermos que antes, no al contrario.
Esto no debe hacer que olvidemos los problemas que nos acechan —la epidemia de sida en el sur de África y las necesarias mejoras que aún se pueden aportar a los países en desarrollo—. Pero básicamente la vida y la salud han mejorado mucho en nuestro planeta.
«La batalla para alimentar al género humano ha terminado». El asunto de la comida en el Tercer Mundo representa un «problema prácticamente irresoluble». Durante décadas hemos escuchado que esto terminaría en un desastre. Que no podríamos alimentar al mundo. Pero la visión tremendista no tiene nada que ver con la realidad. Para casi todos los analistas, la humanidad está ahora mejor nutrida. La Revolución Verde ha terminado triunfando. La producción se ha triplicado en el Tercer Mundo. La ingestión de calorías per cápita se ha incrementado en un 38 por 100. La proporción de gente hambrienta ha caído desde un 35 a un 18 por 100, y hoy día hay más de dos mil millones de personas que ya no pasan hambre.
No obstante, queda mucho por hacer en el futuro. África necesita volver a producir sus propios alimentos. Pero, tal como hemos visto, la agricultura puede renacer; los problemas se centran principalmente en las políticas represoras y en las condiciones económicas. Nuestra obligación es asegurar que dichas condiciones mejoren mediante la cooperación internacional. China es un buen ejemplo de cómo puede llevarse a cabo la mejora. Gracias a la privatización y a la inversión en modernas producciones, ha pasado de ser un país pobre en los años cincuenta a conseguir un fabuloso crecimiento; de un estado de hambre y desnutrición a lograr alimentar correctamente a la quinta parte de la población mundial.
No obstante, antes de 2050 el planeta contará con más de 3.300 millones de nuevas bocas que alimentar. ¿Será posible asegurar alimentos para todos ellos?.
En términos generales, el mundo se ha convertido en un lugar mucho mejor educado. El nivel de analfabetismo ha descendido en el mundo en desarrollo, pasando de un 75 por 100 de las personas nacidas a principios de los noventa hasta menos de un 20 por 100 entre los jóvenes actuales. Sin embargo, las mujeres siguen sin tener la misma posibilidad de acceder a la educación, lo que se refleja en tasas de analfabetismo muy altas, un 21 por 100 frente al 12 por 100 de los hombres. Tanto en casa como en el colegio, las mujeres están fuertemente sujetas a una actitud tradicional de discriminación de género, según la cual los que estudian son los varones. Por ejemplo, las jóvenes en África tienen una media de acceso a la escuela de 5,5 años, frente a los 6,5 de los varones jóvenes. Por el contrario, cuando acceden al sistema educativo, las chicas tienen una mayor oportunidad y le dedican casi el triple de tiempo que los chicos.

Podemos afirmar que nuestros bosques no están amenazados. Aplicando una perspectiva histórica, comprobamos que se han perdido aproximadamente el 20 por 100 de los bosques, mientras cerca de la tercera parte de la superficie terrestre está cubierta por árboles, y desde la Segunda Guerra Mundial esta cantidad no ha variado considerablemente. Los bosques tropicales se están talando, aunque a niveles muy por debajo de los temidos, 1,5-4,6 por 100 anuales —los últimos datos de la FAO calculan una tasa anual cercana al 0,46 por 100—. En los países en desarrollo, los bosques se gestionan a veces de forma irresponsable, pero la solución a este problema pasa por incrementar el crecimiento y mejorar la economía, de forma que se aseguren planteamientos a largo plazo en los países involucrados. En términos morales, podemos aspirar a reducir la deforestación con el fin de limitar la reducción de la biodiversidad, aunque también debemos ser conscientes de que la biodiversidad se está reduciendo a un ritmo mucho menor de lo que se creía.
Por último, la demanda mundial de papel puede saciarse de forma permanente con la producción de madera de tan solo el 5 por 100 de la cubierta forestal actual. Las plantaciones no suponen un porcentaje considerable del total del área forestal, pero ayudan a disminuir la presión sobre los bosques naturales, que siguen dominando más del 95 por 100 de los bosques mundiales.

1. «Recursos conocidos» no es una entidad finita. No es que ya conozcamos todos los lugares en los que hay petróleo y solo esperemos a extraerlo. Continuamente se exploran zonas nuevas y se encuentran nuevos yacimientos. Pero la búsqueda cuesta dinero, por lo que no se iniciarán nuevas localizaciones mientras haya suficiente producción. Por lo tanto, a medida que crezca la demanda, aumentará también la explotación de nuevos yacimientos. Este es, en parte, el motivo por el que las reservas están aumentando, no disminuyendo.
2. Cada vez explotamos mejor nuestros recursos. El uso de modernos avances tecnológicos nos permite extraer más petróleo de los yacimientos ya conocidos, descubrir nuevas zonas de extracción y comenzar a extraer petróleo en yacimientos que antes resultaban demasiado caros y/o difíciles de explotar. La primera perforación que se realiza en un yacimiento suele aprovechar tan solo un 20 por 100 del petróleo que contiene. Incluso utilizando las más modernas técnicas, además de agua, vapor o inundaciones químicas, más de la mitad del contenido permanece en tierra sin ser extraído. Se calcula que los diez campos petrolíferos más grandes de Estados Unidos seguirán conteniendo el 63 por 100 de su petróleo original cuando finalice su explotación.
3. Podemos sustituir. Lo que en realidad demandamos no es el petróleo en sí, sino los servicios que nos proporciona. La energía que más solicitamos es la que nos permite calentarnos, y actualmente podemos obtenerla de otras fuentes distintas del petróleo. Por lo tanto, si encontramos otras fuentes de energía mejores y más baratas, prescindiremos del crudo.

El futuro no nos deparará escasez alguna de materias primas. Los precios de casi todos los recursos han descendido durante el último siglo, y a pesar del enorme incremento en la producción de muchas de las materias primas más importantes, las reservas actuales en años de consumo superan a las de cualquier época anterior.
El coste económico total de las materias primas supone el 1,1 por 100 del PIB mundial, y el 60 por 100 del presupuesto dedicado a materias primas se gasta en aquellas cuyas reservas superan los doscientos años de consumo. Un análisis de las materias primas más importantes desvela que solo han bajado las reservas de tres minerales, y este descenso solo es importante para uno de ellos, el tántalo. El coste total en tántalo es inferior a la millonésima parte del PIB mundial, y este elemento puede ser reemplazado por otros.
A menudo se ha dicho que las materias primas se agotarían. Pero el oro, la plata, el estaño y el mercurio siguen estando ahí, y con una explicación razonable.
Al igual que vimos sobre combustibles fósiles, estos hechos no impiden que los recursos no energéticos sigan siendo no renovables —si seguimos utilizando ciertos recursos sin avanzar tecnológicamente, tarde o temprano acabarán agotándose—. Pero el hecho destacable que podemos deducir es que el agotamiento de los recursos se hace casi imposible porque cada día descubrimos más, los usamos de forma más eficaz y somos capaces de reciclarlos y de sustituirlos.
El asunto del agua ha estado rodeado de no pocas exageraciones, resumidas perfectamente en el titular de un artículo académico de 1995: «Crisis global del agua: el asunto más relevante del siglo XXI, un problema creciente y explosivo». Sin embargo, los datos desmienten esta visión de un problema gigantesco. No es cierto que nuestros pozos se estén secando; tampoco estamos a las puertas de una escasez insalvable. En realidad, los retos que plantea el agua nos obligan a reconocer que debemos gestionar mejor el agua, aumentar drásticamente su precio y aceptar que no se pueden producir alimentos en las zonas áridas del planeta.
Esta es la misma conclusión a la que han llegado todos los estudios serios realizados sobre el tema.
Habitualmente escuchamos este clamor: «Crisis mundial del agua: el mayor problema del siglo XXI». Pero no deja de ser retórico e intimidante. Nada hace pensar que los pozos de todo el mundo se puedan secar. Necesitamos una mejor gestión del agua, precios más altos y un cambio de agua por importaciones. Como contrapartida, obtendremos más alimentos, menos hambre, mejor salud, más desarrollo medioambiental y una mayor riqueza.

Lo que en realidad sorprende es que se ha conseguido al mismo tiempo que crecían enormemente la economía y los potenciales contaminantes —en Estados Unidos, el número total de kilómetros recorridos en automóvil se ha duplicado en los últimos treinta años—. La economía ha aumentado también más del doble, y la población, más de un tercio. Sin embargo, durante ese mismo período, las emisiones contaminantes se han reducido a la tercera parte y las concentraciones han disminuido mucho más. Este es el motivo por el que debemos ser razonablemente optimistas sobre el reto que supone la contaminación atmosférica. No solo hemos comprobado que la contaminación atmosférica puede ser —e históricamente lo ha sido— combatida en el mundo desarrollado. Existen motivos más que razonables para creer que, si el mundo en desarrollo sigue esos mismos patrones, a largo plazo también disminuirá drásticamente su contaminación atmosférica.
Tal como señala el Banco Mundial, el crecimiento y el medio ambiente no son conceptos opuestos —más bien se complementan—. Sin la adecuada protección del medio ambiente, el crecimiento no puede desarrollarse; pero sin crecimiento no se puede conseguir la protección medioambiental. El Banco Mundial añade que «La clave no está en producir menos, sino en hacerlo de forma distinta». Esto es precisamente lo que la tecnología ha permitido conseguir en el mundo desarrollado. Y también, lo que permitirá que en los países en desarrollo hagan lo mismo.
Hemos sido testigos de un fantástico progreso en la humanidad. También hemos comprobado que si hablamos de alimentos, materias primas o energía, en ningún caso se prevé escasez alguna, y son improbables los problemas para el futuro crecimiento de la riqueza humana. Hemos comprobado que los problemas derivados de la contaminación no son motivo suficiente para creer que el crecimiento económico esté destruyendo el planeta —más bien todo lo contrario—. En relación a la mayoría de las áreas importantes que se han estudiado, la contaminación ha descendido y la calidad medioambiental ha mejorado. En este aspecto, nuestro planeta es ahora un lugar mejor donde vivir. No obstante, también hemos comprobado que ciertos problemas medioambientales requieren una atención especial.

La enorme pérdida de biodiversidad, apuntada por esas cuarenta mil especies al año, es una cifra tremenda, creada a partir de modelos. Dicha cifra ha sido monótonamente repetida en todas partes, hasta el punto de que hemos llegado a creérnosla. Se ha convertido en parte de nuestra Letanía medioambiental. Pero también es una cifra que difiere en gran medida de los datos observados y de los modelos más detallados.
Lógicamente, la pérdida de entre el 25 y el 100 por 100 de todas las especies sería una catástrofe en todos los sentidos. No obstante, una pérdida del 0,7 por 100 cada cincuenta años no es una catástrofe, sino un problema —uno de los muchos que la humanidad aún debe resolver—. Es importante afrontar estos hechos antes de decidir dónde debemos invertir nuestros limitados recursos.
El cambio climático, y especialmente el calentamiento global, se han convertido en el tema medioambiental más comentado desde la década de los noventa. La mayoría de las discusiones sobre el medio ambiente terminan argumentando que, a pesar de que el resto de indicadores puedan mostrar que cada vez lo estamos haciendo mejor, aún debemos modificar nuestro estilo de vida, porque, tal como nos comportamos ahora mismo, estamos modificando el clima y provocando el calentamiento global.
Según el President’s Council on Sustainable Development: «El riesgo de un cambio climático acelerado en el próximo siglo ha pasado a ser uno de los asuntos más importantes a los que debemos enfrentarnos si queremos alcanzar nuestros objetivos de desarrollo sostenible». En su edición de 2000, el Instituto Worldwatch afirma que la estabilización del clima y del crecimiento de la población son los dos «retos principales que amenazan a nuestra civilización a comienzos del nuevo siglo».
La idea es que debemos centrarnos en el hecho de que la humanidad ha sido capaz de ir haciendo frente a los problemas que se le han ido presentando a lo largo de la historia. De hecho, ya hemos experimentado un leve aumento del nivel marino en el siglo pasado, y hemos sido capaces de controlarlo. Tal como se podía leer en el resumen del IPCC, «los asentamientos humanos se establecerán en aquellas zonas donde resulte más fácil adaptarse al cambio climático, gracias a una adecuada planificación y a las correctas actuaciones técnicas, institucionales y políticas». Esto contradice la teoría expuesta en U.S. News & World Report que hablaba sobre hoteles art déco de la playa de Miami que a mediados de este siglo se verían inundados y abandonados. El cambio en el nivel del mar en el año 2050 no será mayor que el que ya hemos experimentado en los últimos cien años, y desde luego el cambio en Miami no será mayor que el ocurrido desde los años veinte y treinta. Además, con una elevación del mar muy lenta durante el siglo, las previsiones económicamente racionales asegurarán una protección adecuada, de forma que los costes no superen a los beneficios.
En resumen, no es cierto que el calentamiento global nos haya hecho o nos vaya a hacer experimentar mayores huracanes y tormentas, y de forma similar, la queja sobre un fenómeno como El Niño mucho mayor y sin precedentes resulta muy débil y teóricamente insostenible. No obstante, sí es cierto que la temperatura ha aumentado, aunque principalmente por la noche, en invierno y en las regiones más frías. Esta reducción en los fríos extremos sin aumento de las temperaturas máximas ha resultado ser beneficiosa en algunos aspectos, pero si el calentamiento continúa habrá momentos puntuales en los que las temperaturas extremas nos pasarán factura. De forma similar, aunque el aumento de precipitaciones no es necesariamente malo —y en algunos casos claramente favorable—, un aumento mantenido podría incrementar el riesgo de inundaciones. De igual forma, el aumento de las temperaturas ha provocado una elevación del nivel de las aguas cercana a 10-25 cm, y se prevé que durante el siglo alcance los 31-49 cm. Aunque no es probable que este factor aumente el riesgo de inundaciones costeras (gracias a una mayor protección), sí elevará los costes derivados de esa protección. Además, las temperaturas más altas podrían aumentar la evaporación y, por lo tanto, el riesgo de sequías.
Por consiguiente, aunque el calentamiento global no vaya a producir de forma inmediata las costosas y dañinas catástrofes que muchos aventuran, algunas tendencias climáticas son poco apetecibles y un calentamiento continuado podría incrementar el número de efectos no deseados.

Si nuestras decisiones no se toman de forma racional, sino basándolas únicamente en la Letanía, en ese sentimiento generalizado de que el mundo está empeorando, el resultado será una serie de opciones pobres y contraproducentes.
Cuando nos asustamos por el estado del medio ambiente, somos más propensos a caer en el engaño de las supuestas soluciones a corto plazo que gastan el dinero en conceptos casi triviales, evitando que dicho dinero se destine a otros asuntos mucho más importantes. Debemos ser racionales y tomar las decisiones más correctas a la hora de invertir nuestros recursos en el medio ambiente acuático, en los pesticidas y en el calentamiento global. Esto no significa que la gestión correcta del medio ambiente y las inversiones en él no sean a menudo una buena idea; solo quiere decir que debemos comparar los costes y beneficios de dichas inversiones con otras inversiones similares en áreas igualmente importantes del entorno humano.
En general estoy convencido de que un exceso de optimismo supone un riesgo y un precio, pero el exceso de pesimismo acarrea además un elevadísimo coste. Si no tenemos fe en el futuro, nos convertiremos en seres apáticos, indiferentes y aterrados —encerrados en nosotros mismos—. E incluso aunque decidamos luchar por el planeta, es muy probable que lo hagamos dentro de un ambiente creado a partir del miedo, no de los análisis razonables.
Evidentemente, no podemos limitarnos a tener fe en el futuro.
Estamos logrando dejar un mundo mejor que el que nos encontramos, y ese aspecto es importantísimo a la hora de analizar el verdadero estado del mundo: el destino de la humanidad ha mejorado increíblemente en todos los aspectos mensurables, y todo apunta a que seguirá haciéndolo. Los niños que nazcan hoy —tanto en el mundo industrializado como en los países en desarrollo— vivirán más tiempo y con mejor salud, tendrán más comida, una educación mejor, un nivel de vida más alto, más tiempo libre y muchas más posibilidades, sin que su medio ambiente global se haya destruido.
Y ese es un mundo maravilloso.

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My proposal has been to refute the widespread idea that ecosystems are in danger, simply because that conception does not coincide with reality. Therefore, we must prevent our actions from being directed by fear and establish priorities for our resources based on the best statistics available. My intention is not to preach in favor of an environmental policy of non-intervention or any other type. I limit myself to affirm that the money we spend on improving the world should be addressed to those actions that better results produce, not to those who make us feel better. All important political decisions should undergo a debate and fulfill priorities based on facts – among them, political decisions on the environment. According to my humble understanding, democratic functions will be better if there are more people who have the best possible information. Society can not interest you that this type of debates are based more on the myths than in reality.
We must not let the ecological organizations, the political pressure groups or the media that these priorities be dictated. Instead, we should fight to achieve a democratic verification of the environmental debate, through knowledge of the real state of the world -including a clear idea of the most important facts and connections in the main areas of our world.

Worthy causes, whether religious, political or moral tend to see themselves as above the duty to provide evidence to substantiate both their claims about reality and the suitability of their proposed measures to improve said reality. To their believers, the state of the world is obvious (usually bad), and they are genuinely astonished to find that most people are unconcerned about the grave issues that drive them. Their natural reaction is to become even more feverish about their respective causes and to step up efforts to proselytise and convert the benighted masses.
Bjorn Lomborg started working on the issues that would eventually make up the content of his book by leading some of his statistics students into debunking some claims made by University of Maryland’s professor Julian Simon. Julian Simon had claimed that things were actually getting better rather than worse, and that most negative environmental indicators were connected to poverty, violence and bad government rather than consumption or wealth. To their surprise (for he initially took Simon’s claims as evidence of typical American arrogance), Lomborg and his students found that Simon was roughly right. It was true that things were getting better, and that many of the claims coming from environmental advocates were contradictory (for example they both dreaded global cooling in the 1970s and global warming in the 1990s as absolutely negative, although clearly both have benefits compared to each other, and neither is all bad), or tendentious (for example, advocates for particular causes often choose particular extreme years to show a negative tendency in a variable, while ignoring the long term trend), or simply shoddy (such as using a report on a tiny plot of slanting land in Belgium to extrapolate the global impact of erosion on land fertility). Lomborg published some articles discussing his findings on a left-leaning newspaper in Denmark, that greenest of countries, and was astonished at the public reaction. He decided to take upon himself a Gargantuan project, one that (I think) he couldn’t possibly have thought through before embarking on it, or I predict he wouldn’t have done it. He decided to review the state of the world from many, many angles, including humanity, all types of resources, animals and plants, as well as their interactions. The amount of work required to cover all these subjects, and to come up with data to back up his conclusions, must have been staggering. I have sometimes done this type of work, and I am in awe at Lomborg’s achievement. It is truly a tour de force.
While I don’t claim that everything Lomborg says makes perfect sense, or that all his data are correct (surely he won’t deny his readers the right to apply skepticism to his own claims as well, and it is quite easy to use the WWW to check out his opponents’ arguments), this is a rare book that attempts seriously to consider all facts from a variety of angles, which tries to answer objections or qualifications from opponents, and which carefully connects all the variables into a global picture, incorporating the temporal dimension both past and future. Lomborg is truly skeptical, in the sense of taking nothing for granted and approaching all the issues dispassionately. These are, as Descartes told us in his Discourse on the Method, some of the conditions for true knowledge. Reading Lomborg one sometimes feels like the light has been turned on or the mists have cleared on many topics. One is surprised to find many catastrophe-peddlers (such as Stanford’s Dr. Erlich, who is unrepentant of the obvious failure of his predictions for the 1980s of widespread famine and scarce resources due to population growth) are still around and doing fairly well. At least Lomborg takes them to task, and finds them wanting in logic and veracity.
I predict (and it doesn’t take Nostradamus to figure this out) that this book will be purchased by many people who normally wouldn’t think of reading even a newspaper article on environmental concerns. Many of these probably won’t make it through the entire book. In spite of Lomborg’s great asides about his debates with WorldWatch and with Danish government ministers and his glee in demolishing yet another sophism, he is sometimes prolix, and there is a point were yet another chart showing that some metal’s price has not gone up but down in the past hundred years is one too many. But let’s not forget his calling (he is a statistician, although an unusually lively one), and let’s not ask him from more than what he offers (which is a rational, dispassionate look at the environmentalist discourse). His chapter on global warming is both exhaustive and exhausting. I predict also that Mr. Lomborg will become a darling of the libertarian think tanks in the US and elsewhere, and a villain in the eyes of environmental organizations and their supporters. Both attitudes are mistaken. The only way to dismiss Mr. Lomborg is by showing that his data or his inferences from them are wrong. And, although roughly aligned with them on most issues, Mr. Lomborg is probably not of the libertarians’ perspective (they should be scared if Mr. Lomborg decides to write a book testing many of the libertarian’s claims, such as the trickle-down theory of economic development). Everything else is just taking things on faith, something Mr. Lomborg hasn’t done. He is entitled to the same treatment.

What is the true current state of the world?
The most optimistic proclaim for the near future the best of the possible worlds, while the pessimists see a world in decline and place the day of the final judgment just around the corner. The fact of setting the current state of the world acquires great importance, because it defines the problems of humanity and shows us where our actions are most needed. At the same time, it is an evaluation to our civilization: have we properly used our means? Is this the world that we want to leave our children as an inheritance? …
The constant repetition of the litany and the continuous exaggerations about the environment have serious consequences. People are scared and spent time and resources to solve fictitious problems, while the true issues that affect us (possibly unrelated to the environment) are left aside. This is the reason why we must know the real state of the world. We need to know the facts and have the best possible information so that our decisions are the right ones.
In the environmental debate it is not strange to hear general arguments based on trends in a very short term. Obviously this is dangerous. In a highly interconnected world, short-term statistical changes tend to occur too long. If we allow environmental arguments – for a very good intention that they present only in tendencies of one or two years, carefully selected, we will definitely be giving way to any type of argument. Therefore, if we want to evaluate solid developments, we must investigate broader periods of time. Not two or five years analyzed habitually, but as many years as we have with data. As is logical, we must bear in mind that a new trend may be taking place, and that we will also have to pay special attention to include and analyzing the most recent data that we have. But the fact of insisting on long-term tendencies protects us against false arguments produced by background noise.
The best example that the Worldwatch Institute can provide us about uncontrollable world disasters is a change, of undocumented dimensions, in the production of wood, that most economists would define as an effective production decision: basically, the Chinese government has discovered That the production of trees in the high basin of the Yangtse River is entirely negative, because the trees are more useful to control the floods. Ironically, the Worldwatch Institute notes that this prohibition is proof that «the principles of environmentalism are replacing the basic economies in the management of national forests.» The reason is that, from the point of view of Beijing, «it turns out that foot trees are worth three times more than cutting, simply by the ability of forests to store water and control floods.» As is logical, this is only a simple and simple social analysis of costs and benefits on economic, non-environmental goods.
In conclusion, the outstanding and repeated affirmations of the Worldwatch Institute that we have analyzed here seem to indicate that the forecasts of the litany on an ecological disaster are based on very fragile examples or simply in the good or bad faith of each one. It is also worth noting how these appointments demonstrate the danger of arguing to stop from isolated examples instead of global tendencies.

The number of erroneous affirmations poured into different media is impressive. The true discussion about the environment can be very complex, since each one we have very rooted feelings on the subject. But it is also true that, even for ecologists, it is essential that we know prioritize efforts in very different fields, such as health, education, infrastructure or defense, as well as the environment.
During the last decades we have developed a clear impression that Lattany is an adequate and true description of the state of the world. We know that the environment is not in a healthy state. For this reason, there are many who have spread erroneous complaints, such as those we have seen before, without the need to provide evidence that authenticates them. This is the reason that should lead us to be extremely skeptical towards anyone who denies the current condition of the environment.
They are the media who transmit the results of the investigations, probably helped by the institutions. The media plays a central role in this connection, since the world has become something so complex that it is impossible to trust mainly in our own experiences. Instead, it is the means who supply us most of the knowledge of reality.
But its peculiar way of providing us with the news profoundly influences our vision of the world. As is evident, it is not habitual that in an article appear more doubts than facts, or in other words, the news we receive are usually true. In this sense, the media are limited to reflecting the world as it is. However, the really interesting thing is the long and winding path that separates an event that occurs in the world and its possible appearance in the media.
The media can not survive without the audience. Since the emergence of commercial newspapers in the mid-nineteenth century, mass media have had to focus primarily on satisfying the interests of a plural audience. Ease to change channel increases this need even more in television media.
This means that it is essential that the news is interesting. And, often, interesting means full of serious events, problems and accidents.

Human health has improved considerably in the last two centuries. Now we live more than twice as many years ago, and these improvements are applicable to both the industrialized world and the one in development. Infant mortality has descended around the world more than 50 percent. Finally, we are less sick than before, not on the contrary.
This should not make us forget the problems that accede to us -the epidemic of AIDS in South Africa and the necessary improvements that can still be contributed to developing countries. But basically life and health have improved a lot on our planet.
«The battle for feeding the human race is over.» The matter of food in the Third World represents a «practically irresoluble problem». For decades we have heard that this would end in a disaster. That we could not feed the world. But the tremendous vision has nothing to do with reality. For almost all analysts, humanity is now better nourished. The green revolution has finished triumphing. Production has tripled in the Third World. The intake of calories per capita has increased by 38 percent. The proportion of hungry people has fallen from 35 to 18 percent, and today there are more than two billion people who are no longer hungry.
However, much remains to be done in the future. Africa needs to return to produce its own food. But, as we have seen, agriculture can be reborn; The problems focus mainly on repressive policies and economic conditions. Our obligation is to ensure that these conditions improve through international cooperation. China is a good example of how the improvement can be carried out. Thanks to privatization and investment in modern productions, it has gone from being a poor country in the fifties to get a fabulous growth; of a state of hunger and malnutrition to properly feed a fifth of the world population.
However, before 2050 the planet will have more than 3,300 million new mouths than feeding. Is it possible to secure food for all of them?
In general terms, the world has become a much better educated place. The level of illiteracy has declined in the developing world, going from 75 percent of people born at the beginning of ninety to less than 20 percent among current young people. However, women still do not have the same possibility of accessing education, which is reflected in very high illiteracy rates, 21 per 100 compared to 12 percent of men. Both at home and at school, women are strongly subject to a traditional attitude of gender discrimination, according to which those who study are males. For example, young people in Africa have an average access to 5.5-year school, compared to 6.5 of young men. On the contrary, when they access the educational system, the girls have a greater opportunity and dedicate almost triple of time than the boys.

We can affirm that our forests are not threatened. Applying a historical perspective, we check that approximately 20 percent of the forests have been lost, while close to the third of the earth’s surface is covered by trees, and since the Second World War this amount has not varied considerably. Tropical forests are being cut out, although at levels well below the feared, 1.5-4.6 per 100 annual-latest data from FAO calculate an annual rate close to 0.46 per 100-. In developing countries, forests are sometimes managed irresponsibly, but the solution to this problem goes by increasing growth and improving the economy, so that long-term approaches are ensured in the countries involved. In moral terms, we can aspire to reduce deforestation in order to limit the reduction of biodiversity, although we must also be aware that biodiversity is being reduced at a much lower rate than it was believed.
Finally, the global demand for paper can be permanently sacked with the wood production of only 5% of the current forest cover. The plantations do not represent a considerable percentage of the total forest area, but help reduce pressure on natural forests, which continue to dominate more than 95 percent of worldwide forests.

1. «Known resources» is not a finite entity. It is not that we already know all the places where there is oil and we only hope to extract it. New zones are continually explored and new deposits are found. But the search costs money, so new locations will not start while there is enough production. Therefore, as the demand grows, it will also increase the exploitation of new deposits. This is, in part, the reason why reserves are increasing, not decreasing.
2. Each time we better explode our resources. The use of modern technological advances allows us to extract more oil from already known deposits, discover new extraction areas and start extracting oil in deposits that were previously too expensive and / or difficult to exploit. The first perforation that is carried out in a field usually takes advantage of only 20 percent of the oil it contains. Even using the most modern techniques, in addition to water, steam or chemical flooding, more than half of the content remains on land without being extracted. It is estimated that the ten largest oil fields in the United States will continue to contain 63 percent of its original oil when its exploitation ends.
3. We can replace. What we actually demand is not oil itself, but the services provided to us. The energy that we ask the most is what allows us to warm up, and we can currently obtain it from other sources other than oil. Therefore, if we find other better and cheapest energy sources, we will dispense from the crude oil.

The future will not bring any shortage of raw materials. The prices of almost all resources have descended during the last century, and despite the enormous increase in the production of many of the most important raw materials, current reserves in years of consumption exceed those of any previous era.
The total economic cost of raw materials represents 1.1 percent of global GDP, and 60% of the budget dedicated to raw materials is spent on those reserves exceeding two hundred years of consumption. An analysis of the most important raw materials reveals that only the reserves of three minerals have dropped, and this decline is only important for one of them, the tantalum. The total cost in Tantalum is less than the millionth of the world GDP, and this element can be replaced by others.
It has often been said that raw materials would be exhausted. But gold, silver, tin and mercury are still there, and with a reasonable explanation.
As we saw about fossil fuels, these facts do not prevent non-energy resources from remaining non-renewable – if we continue to use certain resources without technologically, sooner or later they will end up depleting. But the remarkable fact that we can deduce is that the exhaustion of resources becomes almost impossible because every day we discovered more, we use them more effectively and we are able to recycle them and replace them.
The issue of water has been surrounded by not a few exaggerations, perfectly summarized in the head of an academic article of 1995: «Global Crisis of Water: the most relevant issue of the 21st century, a growing and explosive problem». However, the data denies this vision of a gigantic problem. It is not true that our wells are drying; Nor are we at the doors of an insurmountable scarcity. Actually, the challenges posed by water force us to recognize that we must better manage the water, drastically increase their price and accept that food can not occur in the arid zones of the planet.
This is the same conclusion to which all serious studies have arrived on the subject.
We usually listen to this clamor: «World water crisis: the biggest problem of the 21st century». But it does not stop being rhetorical and intimidating. Nothing suggests that wells around the world can dry. We need better water management, higher prices and a change of water for imports. As a counterpart, we will obtain more food, less hunger, better health, more environmental development and greater wealth.

What really surprises is that it has been achieved at the same time that the economy and potential pollutants – in the United States, the total number of kilometers traveled in automobile has doubled in the last thirty years. The economy has also increased more than double, and the population, more than a third. However, during the same period, polluting emissions have been reduced to the third and concentrations have declined much more. This is the reason why we must be reasonably optimistic about the challenge that atmospheric pollution supposes. We have not only proven that atmospheric pollution can be – historically has been- combated it in the developed world. There are more reasonable reasons to believe that, if the developing world follows those same patterns, in the long term it will also drastically reduce its atmospheric pollution.
As the World Bank points out, growth and the environment are not opposite concepts – more well they are complemented. Without adequate protection of the environment, growth can not be developed; But without growth, environmental protection can not be achieved. The World Bank adds that «the key is not in producing less, but in doing it differently». This is precisely what technology has allowed to achieve in the developed world. And also, which will allow that in developing countries do the same.
We have witnessed a fantastic progress in humanity. We have also checked that if we talk about food, raw materials or energy, no scarcity is expected, and problems for future growth of human wealth are unlikely. We have proven that the problems derived from pollution are not enough reason to believe that economic growth is destroying the planet – well quite the opposite. In relation to most important areas that have been studied, pollution has descended and environmental quality has improved. In this aspect, our planet is now a better place to live. However, we have also verified that certain environmental problems require special attention.

The enormous loss of biodiversity, pointed out by these forty thousand species a year, is a tremendous figure, created from models. This figure has been monotonally repeated everywhere, to the point that we have come to believe it. It has become part of our environmental litany. But it is also a figure that differs to a large extent from the observed data and the most detailed models.
Logically, the loss between 25 and 100 percent of all species would be a catastrophe in all directions. However, a loss of 0.7 per 100 each fifty years is not a catastrophe, but a problem – one of the many that humanity should still solve. It is important to face these facts before deciding where we must invest our limited resources.
Climate change, and especially global warming, have become the most commented environmental issue since the nineties. Most of the discussions about the environment end up arguing that, even though the rest of the indicators can show that every time we are doing it better, we must still modify our lifestyle, because, as we behave right now, we are modifying The climate and causing global warming.
According to the President’s Council on Sustainable Development: «The risk of an accelerated climate change in the next century has become one of the most important issues that we must face if we want to achieve our sustainable development goals.» In its 2000 edition, the Worldwatch Institute states that the stabilization of the climate and growth of the population are the two «main challenges that threaten our civilization at the beginning of the new century».
The idea is that we must focus on the fact that humanity has been able to address the problems that have been presented throughout history. In fact, we have already experienced a slight increase in the marine level in the last century, and we have been able to control it. As could be read in the IPCC summary, «human settlements will be established in those areas where it is easier to adapt to climate change, thanks to an adequate planning and the correct technical, institutional and political actions». This contradicts the theory exposed in U.S. News & AMP; World Report who spoke about Hotels Art Deco from Miami Beach that in the middle of this century would be flooded and abandoned. The change at sea level in the year 2050 will not be greater than the one we have already experienced in the last hundred years, and of course the change in Miami will not be greater than that occurred since the twenties and thirty. In addition, with a very slow sea elevation during the century, economically rational forecasts will ensure adequate protection, so that costs do not exceed benefits.
In summary, it is not true that global warming has made us or to do us to experience greater hurricanes and storms, and in a similar way, the complaint about a phenomenon as much greater and unprecedented child is very weak and theoretically unsustainable. However, it is true that the temperature has increased, although mainly at night, in winter and in the coldest regions. This reduction in cold extremes without increased temperatures has turned out to be beneficial in some aspects, but if the heating continues there will be punctual moments in which extreme temperatures will pass us invoice. Similarly, although increased rainfall is not necessarily bad – and in some cases clearly favorable – a maintained increase could increase the risk of flooding. In the same way, the increase in temperatures has caused an elevation of the level of waters near 10-25 cm, and it is expected that during the century he was worth 31-49 cm. Although this factor is not likely to increase the risk of coastal floods (thanks to greater protection), it will increase the costs derived from that protection. In addition, higher temperatures could increase evaporation and, therefore, the risk of droughts.
Therefore, although global warming is not going to immediately produce the expensive and harmful catastrophes that many adventure, some climatic tendencies are unappecible and continuous warming could increase the unwanted number of effects.

If our decisions are not taken rationally, but based solely on Lattany, in that widespread feeling that the world is getting worse, the result will be a series of poor and counterproductive options.
When we scare us through the state of the environment, we are more likely to fall into the deception of the alleged short-term solutions that spend money on almost trivial concepts, avoiding that such money is destined for other much more important issues. We must be rational and make the most correct decisions when it comes to investing our resources in the aquatic environment, pesticides and global warming. This does not mean that the correct management of the environment and investments are not often a good idea; It only means that we must compare the costs and benefits of such investments with other similar investments in equally important areas of the human environment.
In general, I am convinced that an excess of optimism is a risk and a price, but the excess pessimism also carries a very high cost. If we do not have faith in the future, we will become apathetic, indifferent and terrified beings -ncerts in ourselves. And even though we decide to fight for the planet, it is very likely that we do it within an environment created from fear, not reasonable analyzes.
Obviously, we can not limit ourselves to having faith in the future.
We are managing to leave a better world than we are, and that aspect is very important when analyzing the true state of the world: the fate of humanity has improved incredibly in all measurable aspects, and everything points to what will continue to do so. Children who are born today – both in the industrialized world as in developing countries – will live longer and with better health, they will have more food, a better education, a higher standard, more free time and many more possibilities, without That its global environment has been destroyed.
And that is a wonderful world.

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