Héroes — Stephen Fry / Heroes: Mortals and Monsters, Quests and Adventures (Great Mythology #2) by Stephen Fry

En los primeros tiempos de los dioses y los hombres, las divinidades se paseaban por la tierra con los mortales, hacían buenas migas, los cautivaban, se acostaban con ellos, los castigaban, los atormentaban, los transformaban en flores, en árboles, en pájaros, en insectos e interactuaban, se cruzaban, se entrelazaban, se mezclaban, se interpenetraban e interferían de todas las maneras imaginables con ellos. Pero, poco a poco, con el paso del tiempo, a medida que una época sucedía a otra y la humanidad crecía y prosperaba, la intensidad de estas interrelaciones ha ido disminuyendo.
En la época en la que entramos ahora, los dioses siguen a nuestro alrededor, aprobando, desaprobando, dirigiendo y perturbando, pero el regalo de PROMETEO, el fuego, ha otorgado a la humanidad la capacidad de controlar sus asuntos y construir sus características ciudades-estado, reinos y dinastías. El fuego es real y caliente, y le ha proporcionado a la humanidad el poder de fundir, forjar, fabricar y crear, pero también se trata de un fuego interior; gracias a Prometeo, ahora contamos con la chispa divina, el fuego creativo, la conciencia que en su día solo pertenecía a los dioses.
La Edad de Oro se ha convertido en la Edad de los Héroes: hombres y mujeres que cogen las riendas de sus destinos, emplean sus cualidades humanas: valentía, astucia, ambición, velocidad y fuerza, para llevar a cabo proezas asombrosas, vencer horribles monstruos y establecer grandes culturas y linajes que cambian el mundo. El fuego divino robado al cielo por su campeón Prometeo arde en ellos. Prometeo, cuyo nombre significa «presagio», ha profetizado que ahora que el fuego está en el mundo de los hombres los dioses tienen los días contados. La ira de Zeus ante la desobediencia de su amigo viene tanto de un temor profundamente sepultado pero persistente de que el hombre supere a los dioses como de una profunda sensación de dolor al verse traicionado.
Para sobrevivir en un mundo así, los mortales se han visto en la necesidad de suplicar y someterse a los dioses, de hacerles sacrificios y halagarlos con alabanzas y plegarias. Pero algunos hombres y mujeres empiezan a confiar en su propia reserva de fortaleza y sabiduría. Se trata de hombres y mujeres que —con o sin la ayuda de los dioses— se atreverán a hacer este mundo más seguro para que la raza humana prolifere. Hablamos de los héroes.

Esta secuela tuvo el potencial de ser el mejor libro: las historias de los héroes ofrecen una consistencia más narrativa, sus mitos pueden presentarse como cronológicamente, ya que las líneas de tiempo contradictorias de la mitología griega lo permiten, y incluso son casi autocontenidas. Como tal, debería haber sido más directo y menos denso que Mythos, pero de alguna manera, todas las cosas que deberían haber trabajado en el favor del libro son de detrimento. Esta vez obtuvimos un contenido muy necesario y varias glosarios, pero cada historia se sintió separada de la siguiente, en lugar de un capítulo de un todo, que hizo que el volumen se sintiera episódico en el mejor de los casos, se inculcó en el peor de los casos; un libro para sumergir y salir de… Mientras disfrutaba de sus tangentes en el primer volumen, pensé que Fry iba por la borda con las notas al pie, a menudo rompiendo innecesariamente el flujo de lectura. Las historias sobre los titanes y los dioses contados en la precuela eran poco más que cebadores para los no iniciados, pero la superficialidad de las historias de los héroes contada aquí era mucho más evidente.
Todavía pienso que es una gran introducción a la edad de los héroes y una continente digna de la serie, pero abordó demasiadas de las grandes historias griegas en un espacio muy reducido, en última instancia, no haciendo ninguna de ellos la justicia que merecen. Se dicen las historias de Perseo, Heracles, Orfeo, Jason, Atalanta, Oedipo, y Teseo, pero a menudo apenas se rayó la superficie; Sin embargo, todavía había muchos densos, por lo que no logró lograr un buen equilibrio. Su voz narrativa conversacional y humorística a menudo no funcionó para mí en este contexto: sus ingeniosos comentarios se sintieron forzados; O bien, no llegaron muy bien, o se cayeron planos porque son menos adecuados para estas historias trágicas.
Me gusto héroes, pero no cumplió con mis expectativas después de la excelente precuela. Ojalá hubiera sido más memorable; Estaba emocionado de aprender más sobre estos héroes, pero descubro que, ¿qué era la nueva información para mí simplemente no se absorbió?. Creo que se habría mejorado mucho si Fry hubiera puesto más cuidado en la caracterización sobre la acción, pasando más tiempo humanizando a sus héroes, y haciéndolos más relatables. Sin embargo, todavía estoy esperando con ansias el próximo libro (?) En la serie, que cubrirá la guerra de Troya, una mayor épica, que debería funcionar mejor como una narrativa redondeada, y también sospecho que se prestará a su humor seco mejor que estas historias de mortales y demi-dioses.
Puede obtener un poco repetitivo en algún momento debido a la naturaleza de los mitos, que pueden superponerse y tener similitudes, pero todo es fresco y entretenido y el autor hace un gran trabajo al volver a contar. Cuentos conocidos con su propia voz.
Puedes sentir que Stephen Fry es profundamente apasionada por el tema y que hizo una investigación muy extensa. Sus intervenciones personales durante el libro brindan una visión inteligente y achispada de algunas opciones creativas que hizo y dio más campo a las historias.

El carro de la luna de SELENE estaba bien alto en el cielo cuando Perseo sobrevoló el mar en busca del hogar de la gorgona. La localizó enseguida, más que una isla, una serie de afloramientos rocosos envueltos por completo en un manto de niebla. Descendió para atravesar la bruma. Los rayos de luna penetraban a duras penas allí. Se dio cuenta al flotar sobre la isla de que lo que había tomado por formaciones rocosas eran en realidad estatuas vivientes: focas, gaviotas… y hombres. Incluso algunas mujeres y niños. Qué extraordinario encontrarse un jardín de esculturas en un lugar tan remoto y lúgubre.
Vio a las gorgonas. Estaban las tres profundamente dormidas en círculo, los brazos entrelazados entre unas y otras en un tierno abrazo fraternal. No era del todo como se lo había descrito su madre. Las tres tenían colmillos de jabalí por dientes y garras de bronce, tal como dijo, pero solo una tenía serpientes vivas y culebreantes por melena. Debía de ser Medusa. Era más pequeña que el resto. A la luz de la luna su cara era suave. Las otras dos tenían una piel escamosa que formaba pliegues fláccidos. Medusa tenía los ojos cerrados, dormía, y Perseo no pudo evitar mirar aquellos párpados cerrados, consciente de que solo tenía que abrirlos un segundo para acabar con su vida. Una simple mirada y…

La historia de Belerofonte sugiere que por más atlético, valiente, cabal y atractivo que fuese, quizá estaba un poco más mimado de la cuenta por su complaciente madre y por Glauco, que —independientemente de que Poseidón fuese o no su auténtico padre— crió al muchacho como a un hijo propio y verdadero príncipe de Corinto.
Belerofonte creció consciente del cotilleo generalizado que explicaba cómo Poseidón se había colado en la cama de su madre y lo había engendrado a él, pero no le daba mucha importancia. Nunca le había atraído el mar y, por experiencia propia, parecía tremendamente falto de poderes divinos. Por otro lado, tenía un hermano, DELÍADES, ambos tan distintos en carácter y aspecto físico como era posible, cosa que ciertamente podía insinuar una paternidad diferente. Y por el otro otro lado, a Belerofonte siempre se le habían dado bien los caballos. Los caballos eran un poco el patio del recreo del dios del mar. A Belerofonte le enseñaron en el colegio que en los primeros tiempos de los dioses Poseidón creó al primer caballo como regalo para su hermana Deméter.
La historia de Belerofonte, igual que la quimera misma, empieza por un rugido glorioso y mayestático pero termina con un buen mordisco de serpiente. No es plato de gusto para mí tener que decir que su petulancia juvenil se transformó con el paso de los años en una arrogancia y una vanidad muy desagradables. Creía que su divino parentesco, su relación con Pegaso y las proezas heroicas que había llevado a cabo con aquel caballo mágico lo ponían por encima de un mero mortal.
Un día se subió a Pegaso y fue con el caballo alado hasta el monte Olimpo.
«Los dioses me darán la bienvenida. Somos de la misma sangre. Siempre he estado señalado para la grandeza», se dijo.
Semejante hibris era una blasfemia que no podía quedar sin castigo. Cuando Zeus vio a Belerofonte volando hacia la cima, mandó a un tábano para que atormentase a Pegaso. El malévolo insecto picó al caballo, que enloqueció, y se encabritó y corcoveó hasta tirar a Belerofonte de su grupa. El héroe se desplomó en el aire y se destrozó la cadera contra las rocas de más abajo. Pegaso aterrizó en lo alto del Olimpo y Zeus se lo quedó allí en calidad de glamourosa bestia de carga y le adjudicó el transporte de sus rayos.
Belerofonte se arrastró el resto de sus días despreciado por la sociedad por su sacrilegio hasta que murió de viejo, paralítico, amargado y solo.
Pocos héroes mueren en sus camas después de largas vidas repletas de felicidad. Pero menos han tenido finales tan tristes como el del antes glorioso Belerofonte.

Orfeo fue el Mozart del mundo antiguo. Más que eso. Orfeo fue el Cole Porter, el Shakespeare, el Lennon/McCartney, Adele, Prince, Luciano Pavarotti, Lady Gaga y Kendrick Lamar del mundo antiguo; el reconocido experto en aunar con dulzura música y palabras. Su fama se extendió a lo largo de su vida por todo el Mediterráneo y más allá. Se decía que su voz pura y su simpar talento para los instrumentos eran capaces de hechizar a los animales salvajes, a los peces del mar, a las aves del aire e incluso a las rocas y aguas inertes. Los ríos mismos desviaban sus cursos para escucharlo. Hermes inventó la lira, Apolo la mejoró, pero Orfeo la perfeccionó.
La cabeza de Orfeo, que no dejaba de cantar, la lanzaron al río Ebro, donde se fue flotando hasta el Egeo. Finalmente acabó en la playa de Lesbos; la recogieron los habitantes de la isla y la pusieron en una cueva. Durante muchos años, la gente acudía a la cueva de todas partes para plantearle preguntas a la cabeza de Orfeo, y esta cantaba siempre unas profecías tremendamente melódicas en respuesta.

Muchos héroes griegos fueron descendencia mestiza de humanos, deidades menores, semidioses y hasta dioses olímpicos. Algunos nacieron como resultado de maldiciones proféticas que hicieron que fueran abandonados y criados por padres adoptivos o incluso animales adoptivos. Muchos más aún consideraron su linaje divino una maldición. Su heroísmo, quizá, derivaba de su capacidad para aportar su mezcla de humanidad y divinidad contra las presiones demoledoras del destino. ¿Qué otra cosa si no? De ahí viene todo el heroísmo. Utilizo la palabra «héroe» sin marcar el género. En el mundo antiguo, Hero fue un nombre femenino bastante común, y convendremos, espero, en que una división entre héroes y heroínas sería farragosa e innecesaria.

Creta es, en muchos aspectos (le dijo Egeo a Teseo una vez que les trajeron vino y se hubieron recostado en sus asientos), un enclave perfecto. Las frutas y hortalizas que crecen son más grandes, más jugosas y más sabrosas que las de cualquier otra región. El pescado de su litoral es el mejor del Mediterráneo. Son gente orgullosa, gente tenaz. Durante muchos años, el rey Minos los ha gobernado con mano dura pero justa desde su palacio de Cnosos. Han prosperado bajo su mandato. Pero el corazón de Cnosos guarda un oscuro secreto.
Durante muchos años, Minos ha tenido la suerte de contar en su corte con el dotadísimo inventor, el artesano más habilidoso aparte de las forjas olímpicas de Hefesto. Se llama Dédalo y es capaz de crear objetos semovientes a partir de metal, bronce, madera, marfil y piedras preciosas. Ha dominado el arte de ovillar láminas de acero hasta convertirlas en potentes muelles, con los que controla ruedas y cadenas para formar complejos y maravillosos mecanismos que marcan el paso de las horas con tremenda precisión o controlar los niveles del cauce de los ríos. No hay nada que no pueda elaborar en su taller este hombre astuto. Allí guarda estatuas semovientes, hombres y mujeres animados por su pericia, cajas que hacen sonar música y artefactos que lo despiertan por las mañanas. Solo con que la mitad de lo que se cuenta de Dédalo fuese verdad ya podrías decir que es el inventor, arquitecto y artesano más dotado e inteligente que ha caminado sobre la faz de la tierra.
Dicen que es descendiente de CÉCROPE, el primer rey de Ática y antepasado de todos los atenienses, Cécrope, que falló a favor de Atenea cuando Poseidón y ella pugnaban por el control de la nueva ciudad que estaba construyendo. Por eso se llama Atenas y disfruta de la sabiduría y la cordialidad de la protección de la gran diosa. Solo lo apunto porque aunque trabaje para Minos, nuestro enemigo, creo que Dédalo es de los nuestros, como ateniense.
El toro era, pues eso: un toro, así que no tenía manera de saber cómo responder a las insinuaciones de una mujer. En pleno marasmo de aquella pasión erótica suya, la enamorada Pasífae acudió a su amigo (y tal vez examante) Dédalo y le pidió si podría ayudarla a beneficiarse al toro. Sin pensárselo dos veces, Dédalo, excitado quizá por el desafío intelectual, se puso a fabricar una vaquilla artificial. La hizo de madera y hojalata, pero la forró con una piel de vaca auténtica. Pasífae se metió dentro y colocó la parte que le interesaba en la obertura practicada a tal efecto. Empujaron el artefacto sobre ruedas hasta el prado donde el toro pastaba. Lo sé, muchacho, qué asco, pero te cuento la historia como la conoce el mundo.
Aquel plan depravado funcionó, para gran asombro de todos. Pero el relato y la maldición no han acabado, porque lo que sucedió en Creta a continuación fue todavía más espantoso. Llegado el momento, Pasífae, con la semilla del toro dentro, dio a luz. Lo que emergió de ahí fue —como podría esperarse y como merecía rotundamente— una aberración monstruosa, mitad humano y mitad toro. A Minos le repugnó, pero ni él ni Pasífae tuvieron valor ni estómago para matar a aquella abominación. Lo que hizo Minos fue encargar a Dédalo la construcción de un edificio en el que pudiese vivir aquella criatura —a la que pusieron de nombre Asterión, en homenaje al padre de Minos, pero a la que todo el mundo llamó el MINOTAURO— sin posibilidad de escapar.
El edificio que diseñó Dédalo, y al que llamó «laberinto», era un anexo a su gran palacio de Cnosos, pero tan elaborado y complejo en su enrevesado diseño de pasadizos, muros sin sentido, falsas puertas, callejones sin salida y pasillos aparentemente idénticos, galerías y alcobas, que una persona podía verse perdida en su interior durante toda una vida. Cualquiera puede entrar, pero nadie es capaz de encontrar la salida. De hecho, la clave del laberinto es que su diseño lleva inevitablemente a la cámara central situada justo en el corazón. Se trata de una sala de piedra donde Asterión el minotauro lleva su monstruosa vida. En lo alto hay una rejilla que deja entrar algo de sol y permite que le echen la comida. Según fue creciendo de niño-ternero a hombre-toro (debería puntualizar que de cintura para abajo es humano y de cintura para arriba es toro, con sus astas y todo), quedó claro que su plato favorito era la carne. La carne humana, a poder ser. En Creta se condena a muerte a cierto número de ladrones, bandidos y asesinos, por norma general, y sus cadáveres acaban destinándose a saciar al minotauro, pero cada año se le proporciona un manjar especial. Y aquí, Teseo, es donde entra tu padre en el relato, para su vergüenza y deshonra eternos.

Una espléndida estatua de un Teseo desnudo se alza orgullosa hoy en la plaza central del Parlamento de Atenas, el núcleo de la ciudad, la plaza Síntagma. Hoy en día, convergen en Teseo la identidad y el orgullo atenienses. El barco que lo trajo de vuelta de sus aventuras en el laberinto de Creta sigue atracado en el muelle del Pireo, atracción turística que se remonta a los días de la Atenas antigua histórica, el tiempo de Sócrates y Aristóteles. La presencia ininterrumpida durante tanto tiempo del barco de Teseo se ha convertido en objeto de una curiosa especulación filosófica. Durante cientos de años se le han ido reemplazando la jarcia, los tablones, el casco, la cubierta, la quilla, la proa, la popa y todos los travesaños, de tal manera que no queda ni un solo átomo del original. ¿Podemos decir que es el mismo barco? ¿Soy la misma persona que era hace cincuenta años? Todas y cada una de las moléculas y células de mi cuerpo han sido reemplazadas varias veces.
Es muy pertinente que Teseo quede vinculado de esta manera a la Atenas de la lógica, la filosofía y la indagación franca, dado que fue un héroe que encarnó como ningún otro las cualidades que más apreciaban los atenienses.
Los héroes limpiaron nuestro mundo de terrores ctónicos: monstruos nacidos de la tierra que ponían en peligro a la humanidad y amenazaban con asfixiar el crecimiento de la civilización. Durante el tiempo en que dragones, gigantes, centauros y bestias mutantes infestaron el aire, la tierra y los mares no pudimos expandirnos con confianza y transformar al mundo salvaje en un lugar de seguridad para el género humano.
Con el tiempo, incluso las deidades menores benevolentes se verían arrinconadas por una floreciente raza humana provista de una confianza recién descubierta. Las ninfas, dríades, faunos, sátiros y duendecillos de las montañas, los arroyos, los prados y los océanos no fueron capaces de competir con nuestra necesidad y avidez de tierras en las que excavar, cultivar y construir. La progresión de un espíritu de investigación racional y una comprensión científica alejaron a los inmortales todavía más. El mundo se estaba reconformando como hogar adecuado solo para seres mortales. Hoy, evidentemente, algunas de las criaturas mortales más raras y vulnerables de las que han compartido el mundo con nosotros experimentan las mismas amenazas de sus territorios naturales que provocaron el fin de las ninfas y los espíritus del bosque. La destrucción de hábitats y la extinción de las especies han sucedido otras veces.
Los días de los propios dioses también estaban contados.

El mito no es historia. Asumámoslo, todavía hoy somos incapaces de comprender o explicar muchas de las pulsiones que nos guían. El amor, por ejemplo. Decir «se ha enamorado» es describir un misterio. Podemos decir tanto «Eros le ha atravesado el corazón con su flecha» como «los gametos burbujearon, las hormonas echaron humo, se establecieron afinidades psicológicas y conexiones sexuales»… Los dioses del mito griego representan motivos humanos y pulsiones que siguen siendo imperiosas en nosotros. Podemos llamarlas dios, impulso o complejo. Personificarlos es una manera bastante astuta, no quizá de manejar esas pulsiones, sino de darles forma, dimensiones y carácter a las fuerzas incontrolables e incomprensibles que nos controlan.
En cuanto a la interpretación de los mitos, la doble determinación —la atribución de influencia interna y externa—, es más una cuestión de preferencias que otra cosa. Hay a quien le encanta ver a los dioses aparecerse, interferir y dirigir, otros prefieren seguir a los humanos mientras hacen sus cosas con el mínimo de intervención divina posible.
Las musas me susurran al oído y me dicen que basta por ahora.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/06/la-correccion-politica-hay-vida-inteligente-entre-el-insulto-gratuito-y-la-dictadura-del-buenismo-jordan-b-peterson-political-correctness-gone-mad-by-jordan-b-peterson/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/09/los-jinetes-del-apocalipsis-richard-dawkins-christopher-hitchens-daniel-c-dennett-sam-harris-stephen-fry-prologo-the-four-horsemen-the-conversation-that-sparked/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/08/mythos-los-mitos-griegos-revisitados-stephen-fry-mythos-the-greek-myths-retold-by-stephen-fry/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/29/heroes-stephen-fry-heroes-mortals-and-monsters-quests-and-adventures-great-mythology-2-by-stephen-fry/

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In the early days of the gods and men, the divinities walked down the earth with the mortals, made good friends, they captivated them, pounted with them, punished them, they tormented them, transformed them into flowers, in trees, in birds , in insects and interacted, they crossed, were intertwined, mixed, intervened and interfered with all the ways imaginable with them. But, little by little, with the passage of time, as a time was happening to another and humanity grew and prospered, the intensity of these interrelationships has been decreasing.
At the time we enter now, the gods are going around us, approved, disapproved, directing and disturbing, but the gift of Prometheus, fire, has given humanity the ability to control their affairs and build their characteristics cities- State, kingdoms and dynasties. The fire is real and hot, and has provided humanity the power to merge, forge, manufacture and create, but it is also an inner fire; Thanks to Prometheus, now we have the divine spark, creative fire, the conscience that in its day only belonged to the gods.
The golden age has become the age of heroes: men and women who take the reins of their destinations, use their human qualities: courage, cunning, ambition, speed and strength, to carry out amazing proezas, overcome horrible monsters and establish great cultures and lineages that change the world. The divine fire stolen from heaven by its champion Prometheus burns on them. Prometheus, whose name means «omen», has prophesied that now that fire is in the world of men the gods have the days counted. Zeus’s anger to the disobedience of his friend comes so much of a deeply buried but persistent fear that man would overcome the gods as a deep feeling of pain when he was betrayed.
To survive in such a world, mortals have been seen in the need to beg and undergo the gods, to make them sacrifices and flatter them with praises and prayers. But some men and women begin to trust their own reserve of strength and wisdom. These are men and women who -with or without the help of the gods-shall dare to make this world safer so that the human race proliferates. We talk about the heroes.

This sequel had the potential to be the better book: The heroes’ stories offer more narrative consistency, their myths can be presented as chronologically as the contradictory timelines of Greek mythology allows, and they are even almost self-contained. As such it should’ve been more straight-forward and less dense than Mythos, yet somehow, all the things that should’ve worked in the book’s favor are to its detriment. This time we got a much-needed contents-page and several glossaries, but each story felt separate from the next, rather than a chapter of a whole, which made the volume feel episodic at best, disjointed at worst; a book to dip in and out of. While I enjoyed his tangents in the first volume, I thought that Fry went overboard with the footnotes here, often needlessly breaking the reading flow. The stories about the Titans and Gods told in the prequel were little more than primers for the uninitiated as well, but the superficiality of the heroes’ stories told here was much more apparent.
I still think that it’s a great introduction to the Age of Heroes and a worthy continuation of the series, but he tackled too many of the Great Greek Stories in too little space, ultimately not doing any of them the justice they deserve. The stories of Perseus, Heracles, Bellerophon, Orpheus, Jason, Atalanta, Oedipus, and Theseus are told, but he often barely scratched the surface; there was still a whole lot of dense name-dropping though, so he didn’t quite manage to strike a good balance. His conversational, humorous narrative voice also often didn’t work for me in this context: His witty remarks felt forced; they either didn’t come through very well, or they fell flat because they’re less suited to these tragic stories.
I liked Heroes, but it didn’t meet my expectations after the excellent prequel. I wish it had been more memorable; I was excited to learn more about these heroes, but I’m finding that what was new information for me simply didn’t stick. I think much would’ve been improved if Fry had put more care into characterization over action, spending more time humanizing his heroes, and making them more relatable. I am still looking forward to the upcoming, final (?) book in the series though, which will cover the Trojan War—our Greatest Epic, which should work better as a rounded narrative, and I also suspect that it will lend itself to his dry humor better than these stories of mortals and demi-gods.
It may get a bit repetitive at some point if you are binge-reading it in one shot because of the nature of the myths themselves that may overlap and have similarities, but everything is fresh and entertaining and the author does a great job at retelling some well-known tales with his own voice.
You can feel that Stephen Fry is deeply passionate about the subject and that he made some very extensive research. His personal interventions during the book provide thought-provoking and clever insight of some creative choices he made and give more dept to the stories.

Selene’s moon car was very high in the sky when Perseus stepped over the sea in search of the Gorgona home. He located it immediately, more than an island, a series of rocky outcrops wrapped completely in a mantle of fog. He descended to cross the mist. The moon rays penetrated harsh penalties there. He realized by floating on the island that what he had taken by rock formations were actually living statues: seals, seagulls … and men. Even some women and children. How extraordinary a sculpture garden will be in such a remote and lugubrious place.
He saw the Gorgonas. There were the three deeply asleep in a circle, the arms entwined between some and others in a tender fraternal embrace. It was not at all as she had described her mother. The three had wild boar fangs by teeth and bronze claws, as she said, but only one had living and wrileful snakes by mane. He must have been Medusa. She was smaller than the rest. In the light of the moon her face was soft. The other two had a scaly skin that formed flaccid folds. Medusa had her eyes closed, she slept, and Perseus could not help but look at those closed eyelids, aware that he just had to open them a second to end his life. A simple look and …

The story of Belerofonte suggests that by more athletic, brave, full and attractive to be, perhaps it was a little more spoiled from the account by its complacent mother and by Glauco, who – wherepender that Poseidon was or not his authentic father – raised to the Boy like a son himself and true Prince of Corinth.
Belerofonte grew conscious from the widespread gossip that explained how Poseidon had squeezed in his mother’s bed and had engendered him, but he did not give him much importance. He had never attracted the sea and, from his own experience, he seemed tremendously lacking divine powers. On the other hand, he had a brother, give them, both as different in character and physical aspect as possible, which could certainly insinuate a different paternity. And on the other side, Bellefonte had always been good at the horses. The horses were a bit the playground of the recreation of the god of the sea. Bela Elsefonte taught him at the school that in the early days of the gods Poseidon created the first horse as a gift for his Demeter’s sister.
The story of Belerofonte, just like the chimera itself begins with a glorious and Mayestatic roar but ends with a good snake bite. It is not a dish of taste for me to have to say that the youth petulance of it became the passage of the years in a very unpleasant arrogance and vanity. He believed that the divine kinship of him, the relationship of him with Pegasus and the heroic processes he had carried out with that magic horse put him over a mere mortal.
One day he climbed to Pegasus and went with the winged horse to Mount Olympus.
«The gods will welcome me. We are from the same blood. I have always been pointed out for greatness, «he said.
Such Hibris was a blasphemy that could not be without punishment. When Zeus saw Belelerfonte flying to the top, he sent a gabled to torment Pegasus. The malevolent insect chopped on the horse, which went crazy, and reached and crosted until he pulled Bellerophon from him. The hero collapsed in the air and shattered the hip against the rocks below. Pegasus landed on top of Olympus and Zeus was there as a glamorous beast load and awarded him the transport of him.
Beerofonte crawled the rest of his days despised by society for his sacrilege until he died of old, paralytic, bitter and alone.
Few heroes die on the beds of it after long lives full of happiness. But less have had end as sad as the Bellonous glorious before.

Orfeo was the Mozart of the ancient world. More than that. Orfeo was the cole Porter, the Shakespeare, the Lennon / McCartney, Adele, Prince, Luciano Pavarotti, Lady Gaga and Kendrick Lamar of the ancient world; The renowned expert in joining with sweet music and words. He’s fame extended throughout his life all over the Mediterranean and beyond. It was said that the pure voice of him and the simpian talent of him for the instruments were able to enroll the wild animals, the fish of the sea, the birds of the air and even the rocks and inert waters. The rivers themselves diverted their courses to listen to it. Hermes invented the lyre, Apollo improved her, but Orpheus perfected her.
Orfeo’s head, who did not stop singing, took her to the Ebro River, where he was floating until the Aegean. He finally finished on the beach of Lesbos; The inhabitants of the island picked it up and put it in a cave. For many years, people came to the cave from everywhere to raise questions at the Orpheus head, and it always sang tremendously melodic prophecies in response.

Many Greek heroes were mestizo descent of humans, minor deities, demigods and even Olympic gods. Some were born as a result of prophetic curses that caused them to be abandoned and raised by adoptive parents or even adoptive animals. Many more still considered their divine lineage a curse. His heroism, perhaps, derived from his ability to contribute his mixture of humanity and divinity against the demonstering pressures of destiny. What else else if? From there comes all the heroism. He use the word «hero» without marking gender. In the ancient world, Hero was a pretty common female name, and we will agree, I hope, that a division between heroes and heroines would be a Farragosa and unnecessary.

Crete is, in many ways (Aegean told Teseo once they brought them wine and had been recumbent in their seats), a perfect enclave. The fruits and vegetables that grow are larger, more juicy and more tasty than those of any other region. The fish of its coast is the best of the Mediterranean. They are proud people, tenacious people. For many years, King Minos has ruled them with a hard but fair hand from his Palace de Cnosos. They have prospered under the mandate. But the heart of Knosos keeps a dark secret.
For many years, Minos has been fortunate to count on the court of him with the odd inventor, the most skilled artisan apart from the Olympic forjes of Hephest. He is called Dédalo and is capable of creating mumbled objects from metal, bronze, wood, ivory and precious stones. It has dominated the art of steel sheets to turn them into powerful docks, with which it controls wheels and chains to form complex and wonderful mechanisms that mark the passage of hours with tremendous precision or control the levels of the river channel. There is nothing that can not elaborate in the workshop of him this astute man. There he keeps commissive statues, men and women animated by him expertise, boxes that sound music and artifacts that awaken him in the mornings. Only with that half of what is said of Dédalo was true, you could say that he is the most endowed and intelligent inventor, architect and craftsman who has walked on the face of the earth.
They say that he is a descendant of the cécrope, the first king of Attica and ancestor of all Athenians, cécrope, who failed in favor of Athena when Poseidon and she struggled for the control of the new city that he was building. That is why he is called Athens and enjoys the wisdom and cordiality of the protection of the great goddess. I only signaled it because although I work for Minos, our enemy, I think that Dédalo is ours, as Athenian.
The bull was, because that: a bull, so he had no way of knowing how to respond to the insinuations of a woman. In the middle of that erotic passion of his, the in love with her passed her friend of her (and maybe Impusing her) from her to give it to her and asked him if she could help her benefit the bull. Without thinking twice, Dédalo, maybe excited by the intellectual challenge of him, began to manufacture an artificial gauge. He made her with wood and tin, but he formed her with an authentic cowhide. Pasífae got inside her and placed the part that interested her in the obener practiced for this purpose. They pushed the artifact on wheels to the meadow where the bull grazed. I know, boy, what disgust, but I tell you the story as the world knows it.
That depraved plan worked, for great astonishment of all. But the story and the curse have not finished, because what happened in Crete then was even more frightening. At the time, pass, with the seed of the bull inside her, gave birth. What emerged from there was – as it could be expected and as it reflectedly deserved – a monstrous aberration, half a half and half bull. Minos disgusted him, but neither he nor passay had a courage or stomach to kill that abomination. What Mines did was to order Daedalo the construction of a building in which he could live that creature – who put assertion, in homage to the Father of Minos, but to which everyone called the minotaur – without the possibility of escape.
The building that designed Dédalo, and who called «Labyrinth,» was an annex to his great Palace of Championship, but so elaborate and complex in his convoluted design of passages, meaningless walls, false doors, dead end and apparently identical hacks , galleries and alcovers, that a person could be lost in his interior throughout a life. Anyone can enter, but nobody is able to find the output. In fact, the labyrinth key is that its design inevitably leads to the central camera located right in the heart. It is a stone room where asterion the minotaur carries the monstrous life of it. On the top there is a grid that lets in some sun and allows you to throw the food. According to him, he was growing as a child-calf to a torus (I should point out that the waist down is human and waist up is bull, with his antlers and everything), it became clear that his favorite dish was the meat. Human flesh, to be. In Crete, a certain number of thieves, bandits and murderers are condemned to death, as a general rule, and their corpses end up destining themselves to satisfy the minotaur, but each year a special delicacy is provided. And here, TESEO, is where your father enters the story, for the shame and eternal dishonor of him.

A splendid statue of a naked Teseus stands proudly today in the central square of the Athens Parliament, the core of the city, the Syntagma Square. Nowadays, the identity and pride and pride and pride are converged. The boat that brought it back from the adventures of it in the labyrinth of Crete is still moored at the piero pier, tourist attraction that goes back to the days of the historic ancient Athens, the time of Socrates and Aristotle. The uninterrupted presence for so long of the Teseo ship has become an object of a curious philosophical speculation. For hundreds of years, the rigging, the planks, the helmet, the cover, the keel, the bow, the stern and the crossbars, have been replaced, in such a way that there is not a single atom of the original. Can we say that it is the same boat? Am I the same person who was fifty years ago? Each and each of the molecules and cells of my body have been replaced several times.
It is very pertinent that TESEUS is linked in this way to the Athens of Logic, philosophy and frank inquiry, since he was a hero who embodied like no other the qualities that the Athenians appreciated.
The heroes cleaned our world of cute terrors: Born Monsters of the Earth that endangered humanity and threatened to suffocate the growth of civilization. During the time in which dragons, giants, centaurs and mutant beasts infected air, land and seas we could not expand with confidence and transform the wild world into a security place for the human race.
Over time, even benevolent minor deities would be cornered by a flourishing human race provided with newly discovered confidence. Nymphs, drivers, faunuses, satyrs and pixies from the mountains, streams, meadows and oceans were not able to compete with our need and avidity of land in which to dig, cultivate and build. The progression of a rational research spirit and a scientific understanding away from the immortals even more. The world was reconforming as an adequate home only for deadly beings. Today, obviously, some of the most rare and vulnerable mortal creatures of those who have shared the world with us experience the same threats from their natural territories that provoked the end of the nymphs and the forest spirits. The destruction of habitats and the extinction of species have occurred other times.
The days of the gods themselves were also counted.

The myth is not history. Let’s assume it, still today we are unable to understand or explain many of the pulsions that guide us. Love, for example. To say «has fallen in love» is to describe a mystery. We can say so much «Eros has crossed his heart with his arrow» as «the gametes bubbled, the hormones threw smoke, psychological affinities and sexual connections were established» … The gods of Greek myth represent human motives and pulsions that are still imperative in us . We can call them God, impulse or complex. To personify them is a fairly cunning way, not perhaps to handle those pulsions, but to give them shape, dimensions and character to the uncontrollable and incomprehensible forces that control us.
As for the interpretation of myths, the double determination – the attribution of internal and external influence – is more a matter of preferences than anything else. There is anyone who loves to see the gods appear, interfere and direct, others prefer to follow humans while doing their things with the minimum of divine intervention possible.
The muses whisper to me in the ear and tell me that it is enough for now.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/06/la-correccion-politica-hay-vida-inteligente-entre-el-insulto-gratuito-y-la-dictadura-del-buenismo-jordan-b-peterson-political-correctness-gone-mad-by-jordan-b-peterson/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/09/los-jinetes-del-apocalipsis-richard-dawkins-christopher-hitchens-daniel-c-dennett-sam-harris-stephen-fry-prologo-the-four-horsemen-the-conversation-that-sparked/

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/08/mythos-los-mitos-griegos-revisitados-stephen-fry-mythos-the-greek-myths-retold-by-stephen-fry/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/29/heroes-stephen-fry-heroes-mortals-and-monsters-quests-and-adventures-great-mythology-2-by-stephen-fry/

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