Harvey — Emma Cline / Harvey by Emma Cline

Ya casi nunca tenía esos sueños. Pero se despertó de pronto, igualmente, parpadeando en la habitación a oscuras. Las cuatro de la mañana. Se quedó un momento quieto bajo la colcha. Tenía la camiseta pegada a la espalda: sudores nocturnos, la almohada empantanada, las sábanas húmedas. Vuelta para el otro lado. Bien estirado sobre las sábanas frescas. Sin abrir los ojos. Tan pronto los abriese, tan pronto cayese de pies y manos en el mundo de los vivos, sería entrar directo en la rueda, un pastillero preparado ya con la medicación de la mañana, una botella de agua Fiji a temperatura ambiente al lado.
El día siguiente a estas horas lo sabría todo. Bueno, no exactamente a estas horas, más bien hacia las diez, pero, en cualquier caso, estaría todo decidido. Examinó las posibilidades en un intento de calibrar las evidencias de un modo u otro. Pero ¿qué opción había?: creía, con toda sinceridad, que lo absolverían. ¿Cómo no lo iban a absolver? Estábamos en América.

La premisa de la que parte esta novela corta es muy original, nos muestra un día en la vida del productor Harvey Weinstein desde su propio punto de vista. No es una jornada cualquiera, es justo el día antes del juicio en el que acabaría siendo condenado a cárcel por agresión sexual. El retrato que hace del productor norteamericano es brutal, es tal cual uno se imagina a Weinstein: sin remordimientos, escatológico (a veces demasiado escatológico), mujeriego, manipulador y con un ego que no cabe en el globo terráqueo. Una apisonadora hecha persona a la que le da igual ocho que ochenta. Si es tan bueno el perfil que hace de su protagonista, cuál es el problema de la novela? Que no le veo nada, que sólo es una idea original que no se sustenta en un libro a la altura de esa idea. Que como su protagonista, tiene la profundidad de un plato llano.
La anécdota de Don Delillo lo mejor del libro.

Harvey estaba solo en mitad de la oscuridad. Solo en el dormitorio de la casa de otro hombre. Se le llenaron los ojos de lágrimas: ¿quién quedaba que se compadeciera de él? Estaba asustado. No recordaba un miedo como este, una especie de parálisis corporal que se asentó, Harvey inmóvil al borde de la cama. ¿Quién sabe cuánto rato estuvo sentado ahí en la habitación sombría? ¿Cuánto tiempo hasta que un ruido fuera rompió el hechizo?
Harvey se dirigió a la ventana y retiró la persiana. El ruido venía de la casa de al lado, la casa de Don DeLillo. Era su coche, el coche de Don DeLillo, que apareció avanzando por la gravilla y se detuvo frente a la casa. Las luces interiores se encendieron, lo bastante brillantes como para permitirle distinguir la silueta de Don DeLillo en el asiento del conductor. Parecía estar sentado muy quieto, muy recto. ¿Estaría esperando a que Harvey se reuniera con él? ¿Estaría esperando su encuentro a medianoche, aquí, en la tranquila campiña? ¿Una cita secreta entre sus dormidos vecinos, que estarían soñando en sus camas, ajenos a Harvey y Don DeLillo vibrando a una frecuencia más alta? ¿Por qué otro motivo…?.
No te preocupes –dijo Harvey, casi en un susurro–. No voy a montar ningún numerito, ni le voy a dar más importancia. Solo quería… que lo supieses. Es un honor conocerte.
Don DeLillo parecía perplejo.
–¿Quiere que llame a alguien? –dijo.
Don DeLillo estaba tan cerca que Harvey podría tocarlo, si lo intentase, si hiciese un esfuerzo.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/10/las-chicas-emma-cline/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/26/harvey-emma-cline-harvey-by-emma-cline/

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I almost never had those dreams. But she suddenly woke up, also, blinking in the dark room. Four in the morning. She stayed a still moment under the bedspread. She had the t-shirt attached to the back: Night sweats, the pillow, the wet sheets. Return for the other side. Well stretched over the fresh sheets. Without opening his eyes. As soon as he opened them, as soon as he fell from feet and hands in the world of the living, it would be to go straight on the wheel, a pastiller already prepared with the medication of the morning, a bottle of water Fiji at room temperature next door.
The next day at this time I would know everything. Well, not exactly at this time, rather towards ten, but, in any case, it would be all decided. He examined the possibilities in an attempt to calibrate the evidence in one way or another. But what option was he?: He believed, with all sincerity, that they would absolve him. How would not they absolve him? We were in America.

The premise of which this short novel is part is very original, shows us a day in the life of the Harvey Weinstein producer from its own point of view. It is not any day, it is just the day before the trial in which He would end up being sentenced to jail for sexual assault. The portrait that makes the American producer is brutal, is as one imagines weinstein: without remorse, eschatologic (sometimes too eschatologic), womanizer, manipulator and with an ego that does not fit into the globe. A steammeter made a person to which he does not care for eight eighty. If it is so good the profile that makes the protagonist of him, what is the problem of the novel? That I do not see anything, which is only an original idea that is not based on a book at the height of that idea. That like the protagonist of him, he has the depth of a plain dish.
The anecdote of Don Deleillo, the best of the book.

Harvey was alone in the middle of the darkness. Only in the bedroom of another man’s house. His eyes were filled with tears: Who was that he was sorry for him? He was scared. He did not remember a fear like this, a kind of bodily palsy who seated, Harvey motionless on the edge of the bed. Who knows how long he was sitting there in the grim room? How long until a noise was broke the spell?
Harvey went to the window and withdrew the blind. The noise came from the house next door, the house of Don Delillo. It was his car, Don Delillo’s car, who appeared advancing by the gravel and stopped in front of the house. The interior lights were lit, bright enough to allow you to distinguish the silhouette of Don Deleillo in the driver’s seat. He seemed to be sitting very still, very straight. Would he be waiting for Harvey to meet him? Would he be waiting for his meeting at midnight, here, in the quiet countryside? A secret appointment among the asleep neighbors of him, who would be dreaming about his beds, oblivious to Harvey and Don Delillo vibrating at a higher frequency? Why another reason …?
Do not worry, «Harvey said, almost in a whisper. I’m not going to ride any numbers, nor will I give you more importance. I just wanted … that you knew it. It is an honor to meet you.
Don Delillo seemed perplexed.
– Do you want me to call someone? -He said.
Don Delillo was so close that Harvey could touch him, if he tried, if he made an effort.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/10/las-chicas-emma-cline/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/26/harvey-emma-cline-harvey-by-emma-cline/

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