El Problema De La Culpa — Karl Jaspers / The Question Of The German Guilt (Die Schuldfrage) by Karl Jaspers

Karl Jaspers examina la cuestión de la culpa alemana asociada con el auge del nazismo. Distingue 4 tipos de ‘culpa’ – criminal, moral, metafísica y política. Este es uno de los intentos más honestos que he leído tratando con este importante problema.
Jaspers intenta abonar qué tipo de culpa puede adjuntar a personas y pueblos, y cuáles son las respuestas apropiadas, utilizando la experiencia de los alemán durante el régimen nazi como su ejemplo.
Hay un elemento de «Yo soy el profesor, estoy en el frente de la habitación, tengo un edificio teórico, escuchaste y lo escribes todo bien» sobre todo esto. Jaspers realmente no argumenta su posición tanto como lo declara, dejándolo permanecer o caer sobre cuánto coincide con su propia intuición.
Aprecio su intento de separar categorías de culpabilidad, ya que ninguna categoría genérica parece capaz de llevar todo el peso que suele ser el concepto, esto en sí mismo es suficiente para bóvemo a un nuevo y más interesante nivel de confusión sobre el tema. Y me gusta especialmente la forma en que vincula el trabajo interior de asumir la responsabilidad y el autoajuste con el trabajo externo de luchar por la libertad en la esfera política.

La conexión recíproca entre filosofía y política sería constitutiva y esencial:
Considero que es falsa la separación del pensamiento filosófico, como un pensamiento especulativo, fantasioso, utópico (con un, quizás, encanto propio), del pensamiento de la realidad, que aquel no tendría nada que ver con ella. […] El estadista actúa y piensa qué es lo necesario en el momento actual y tiene responsabilidad por las consecuencias prácticas. El filósofo piensa no solo en lo actual y no actúa. Analiza las posibilidades y tiene responsabilidad por la seriedad del camino que conduce a la verdad. Su opinión no tiene ningún peso con respecto al actuar cotidiano, pero tanto mayor es su responsabilidad por el mundo de concepciones que trae consigo, por las consecuencias en la forma de pensar políticamente, por los objetivos en su conjunto.
Repito: La tesis de la conexión entre filosofía y política es tan esencial que se puede decir que si la una falta la otra tampoco está.
La vinculación entre filosofía y política resultaría no solo del hecho de que ambas afectan la existencia humana en su totalidad sino también de la necesidad de su complementación recíproca: una política desprendida de una filosofía de la razón sería «ciega» y una filosofía que pretendiera prescindir de la política para la orientación de la persona en el mundo sería «vacía».
Una de las ideas centrales de la filosofía de Jaspers: la de una auténtica comunicación entre iguales. Esta comunicación, si es que ha de estar guiada por la razón y no por un mero entendimiento instrumental, tiene que estar imbuida de un espíritu crítico, es decir, antiautoritario. Ello requiere un proceso de toma de conciencia de los peligros de toda dictadura para el desenvolvimiento cabal de la personalidad. La situación límite del nacionalsocialismo habría impuesto la necesidad de reflexionar seriamente sobre la enajenación de la dignidad humana que trae consigo un régimen dictatorial.
Quien esté familiarizado con la problemática política de las identidades nacionales, de los límites de la soberanía estatal y de los requisitos de racionalidad razonable que el ideal de la democracia presupone en todo ciudadano, no podrá negar que las reflexiones filosófico-políticas de Jaspers tienen una vigencia o, al menos, un poder de incitación a la propia reflexión, que supera lo esperable de una consideración puramente circunstancial de lo político.

La ética de la responsabilidad y la de la convicción resultan así complementarias. En el fondo no se trata de dos éticas distintas sino de versiones específicas de una misma ética.
Jaspers tiene razón: una separación tajante entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción requeriría la aceptación de premisas tales como el carácter absoluto, es decir, incondicionado, de la ética de la convicción, algo que manifiestamente puede conducir a situaciones moralmente aberrantes. Y lo mismo sucede con la ética de la responsabilidad. Las acciones políticas tienen como destinatarios seres individuales; el reconocimiento de su individualidad prohíbe moralmente tratarlos como meros instrumentos para la obtención de bienes equivalentes de otros individuos o escudarse detrás del desempeño de una función pública, que permitiría desligarse de la responsabilidad por los propios actos realizados en su ejercicio.
Justamente porque la ética de la política no exime de la responsabilidad personal. Dentro de la concepción de Jaspers, los derechos humanos son, pues, una manifestación de la razón en la vida del hombre en sociedad. Su violación es entonces no solo la lesión de disposiciones jurídicas positivas sino que implica la puesta en peligro de los fundamentos mismos de una política que pretenda asegurar la comunicación de individuos libres e iguales.

Dentro de la concepción de Jaspers, los derechos humanos son, pues, una manifestación de la razón en la vida del hombre en sociedad. Su violación es entonces no solo la lesión de disposiciones jurídicas positivas sino que implica la puesta en peligro de los fundamentos mismos de una política que pretenda asegurar la comunicación de individuos libres e iguales.
La discusión acerca de la responsabilidad individual por la injusticia del mundo y la vigencia universal del principio de solidaridad ha dado lugar a una intensa discusión en la que no he de entrar ahora por haberlo hecho ya con algún detalle en otro lugar.
Pero la concepción de culpa metafísica de Jaspers es más radical que la sostenida por quienes apelan al concepto de culpa y/o responsabilidad colectivas. Tomada literalmente, podría conducir a una situación casi peor, si cabe, que la que los filósofos de la moral suelen llamar «infierno moral». En efecto, la liberación de la culpa metafísica no exige tan solo que estemos dispuestos a sacrificar un bien propio en aras de un bien equivalente de otro, sino que aceptemos sacrificar nuestra propia vida, aun sabiendo que el sacrificio es inútil. Se trataría de la realización de una especie de acto superrogatorio supremo. Según Jaspers, la situación límite provocada por el nacionalsocialismo habría puesto de manifiesto claramente la gravedad de la culpa metafísica:
Cuando nuestros amigos judíos fueron deportados, no salimos a la calle, no hemos gritado hasta que nos mataran. Preferimos seguir viviendo con el débil aunque también correcto argumento de que nuestra muerte no hubiera servido de nada. Que vivimos es nuestra culpa. Sabemos ante Dios lo que nos humilla profundamente. […] Queremos merecemos nuestra vida, que nos fue salvada.

Los alemanes tenemos que encontrar juntos el camino en lo espiritual.
Aún no disponemos de un suelo común. Intentamos alcanzarlo juntos.
Lo que les presento se ha desarrollado en el diálogo que todos nosotros, cada uno en su círculo, realizamos.
Cada cual tiene que vérselas a su modo con los pensamientos que expongo, no los tiene que aceptar sin más como válidos, sino tomarlos en consideración, pero tampoco contradecirlos sin más, más bien ponerlos a prueba, representárselos y verificarlos.
Queremos aprender a hablar unos con otros. Eso significa que queremos no solo repetir nuestra opinión, sino oír lo que el otro piensa. Queremos no solo afirmar, sino reflexionar en conjunto, oír razones, estar preparados para alcanzar una nueva concepción. Queremos colocamos interiormente y a modo de prueba en el punto de vista del otro. Sí, queremos buscar precisamente lo que nos contradice. La aprehensión de lo común en lo contradictorio es más importante que la apresurada fijación de puntos de vista excluyentes con los que la conversación se acaba por inútil.
Alemania solo puede volver en sí si los alemanes se encuentran unos a otros en la comunicación; si aprendemos a hablar de verdad unos con otros, pero solo en la conciencia de nuestra gran diversidad.
La unidad por la fuerza no vale para nada; se disipa como apariencia en la catástrofe. La unanimidad conseguida por medio del diálogo y de la comprensión mutua conduce a una comunidad que es capaz de mantenerse firme.

Casi el mundo entero acusa a Alemania y a los alemanes. Nuestra culpa es escudriñada con indignación, con espanto, con odio, con desprecio. Se quiere castigo y venganza. No solo los vencedores, también algunos exiliados alemanes, incluso ciudadanos de Estados neutrales, toman parte en ello. En Alemania hay personas que reconocen la culpa, incluyéndose a sí mismos; hay muchos que se consideran libres de culpa, pero declaran culpables a otros.
Es fácil de entender que se rehúya la cuestión. Vivimos en la penuria, incluso una gran parte de nuestra población vive en una penuria tan grande, tan inmediata, que parece haberse vuelto insensible para tales controversias. A ellos les interesa lo que puede remediar la penuria, lo que puede proporcionar trabajo y pan, vivienda y calefacción. El horizonte se ha estrechado. No se quiere oír hablar de culpa, del pasado, uno no se encuentra afectado por la historia universal. Se quiere dejar simplemente de sufrir, salir de la miseria, vivir, pero no reflexionar. Se trata sobre todo de un estado de ánimo tal como si después de un sufrimiento tan espantoso se tuviera que ser en cierto modo recompensado, consolado en todo caso, pero no se pudiera cargar encima con la culpa.
Hay que distinguir entre:
1. Culpa criminal: los crímenes consisten en acciones demostrables objetivamente que infringen leyes inequívocas. Instancia es el tribunal que, en un proceso formal, establece fielmente los hechos y aplica después las leyes que les corresponden.
2. Culpa política: se debe a las acciones de los estadistas y de la ciudadanía de un Estado, por mor de las cuales tengo yo que sufrir las consecuencias de las acciones de ese Estado, a cuya autoridad estoy sujeto y a través de cuyo orden determino mi existencia (responsabilidad política). Cada persona es corresponsable de cómo sea gobernada. Instancia es la fuerza y la voluntad del vencedor, tanto en la política interior como en la exterior. El éxito es decisivo. Una reducción de la arbitrariedad y de la fuerza acontece por medio de la inteligencia política, que piensa en ulteriores consecuencias, y mediante el reconocimiento de normas que se acomodan bajo las denominaciones de derecho natural y derecho internacional público.
3. Culpa moral: siempre que realizo acciones como individuo tengo, sin embargo, responsabilidad moral, la tengo por lo tanto por todas las acciones que llevo a cabo, incluidas las políticas y las militares. Nunca vale, sin más, el principio de «obediencia debida». Ya que, antes bien, los crímenes son crímenes, aunque hayan sido ordenados.
4. Culpa metafísica: hay una solidaridad entre hombres como tales que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que suceden en su presencia o con su conocimiento. Si no hago lo que puedo para impedirlos, soy también culpable. Si no arriesgo mi vida para impedir el asesinato de otros, sino que me quedo como si nada, me siento culpable de un modo que no es adecuadamente comprensible por la vía política y moral. Que yo siga viviendo una vez que han sucedido tales cosas es algo que me grava con una culpa imborrable. Cuando la suerte no nos ahorra esa situación, llegamos como hombres al límite en el que tenemos que elegir: o arriesgar la vida sin condiciones, inútilmente, puesto que no hay perspectivas de éxito o, habiendo alguna posibilidad de éxito, preferir conservar la vida.

La culpa tiene consecuencias, hacia fuera, para la existencia, tanto si lo comprende el afectado como si no y, hacia dentro, para la conciencia de sí, siempre que yo me perciba interiormente en la culpa.
1. El crimen recibe un castigo. Ello presupone el reconocimiento del culpable por parte del juez en su libre decisión y no el reconocimiento por parte del reo de que ha sido justamente castigado.
2. La culpa política conlleva responsabilidad y, como consecuencia de ello, reparación y además la pérdida o limitación del poder y de los derechos políticos. Si la culpa política se encuentra en el contexto de acontecimientos que han tenido su resolución por medio de la guerra, entonces la consecuencia para los vencidos puede ser la aniquilación, la deportación y el exterminio. O también, si el vencedor así lo quiere, las consecuencias pueden ser convertidas en una forma de derecho y con ello de moderación.
3. De la culpa moral surge la conciencia y con ello el arrepentimiento y la renovación. Se trata de un proceso interno que tiene también consecuencias reales en el mundo.
4. La culpa metafísica tiene como consecuencia una transformación de la conciencia de sí humana ante Dios. El orgullo se quiebra. Esa autotransformación por medio de la acción interna puede conducir a un nuevo origen de vida activa, pero que comporta una imborrable conciencia de culpa en la humildad que se pone a disposición de Dios y que sumerge todo hacer en una atmósfera en la que la arrogancia se torna imposible.

La gracia es el acto que limita la repercusión del puro derecho y de la violencia aniquiladora. Un talante humanitario percibe una verdad más alta que la que reside en las consecuencias directas tanto del derecho como de la fuerza.
1. A pesar del derecho, la clemencia actúa dando paso a una justicia no limitada por las leyes. Pues toda ley humana se encuentra, en su repercusión, llena de defectos e injusticias.
2. A pesar de la posibilidad del uso de la fuerza, el vencedor ejercita la gracia, ya sea por conveniencia, puesto que los vencidos pueden servirle, o por generosidad, porque el dejar con vida al vencido le produce un elevado sentimiento de su poder y de su moderación, o porque él, en su conciencia, se encuentra colocado bajo las exigencias de un derecho natural universal, que no quita ni al vencido ni al criminal todos los derechos.

La purificación nos hace libres. El curso de las cosas no se encuentra encerrado en la mano de ningún hombre, aunque el hombre puede llegar incalculablemente lejos en la dirección de su existencia. Porque la incertidumbre persiste, así como la posibilidad de desgracias nuevas y mayores, porque la consecuencia natural de la transformación mediante la conciencia de culpa no es de ningún modo la recompensa de una nueva felicidad, por eso solo si nos purificamos podremos llegar a ser libres y a estar dispuestos para lo que vendrá.
El alma pura puede vivir verdaderamente en la tensión que produce el hundimiento completo y estar en el mundo incansablemente activa para lo posible.

Hoy no puede conseguirse de un modo inmediato la fundamentación de una paz en el mundo como la que se pretendía en Núremberg. Esa misma paz, garantizada por el derecho en virtud de la voluntad de las grandes potencias que se someten, por su parte, a ese derecho, requiere una condición previa. No puede surgir meramente de las motivaciones de la seguridad y de la liberación del miedo. Tiene que ser continuamente restablecida en una repetida empresa arriesgada a partir del esfuerzo en favor de la libertad. La continua realización de esa paz presupone una vida espiritual y moral de categoría y dignidad. Ella constituiría a la vez su razón y su sentido.

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Karl Jaspers examines the question of German guilt associated with the rise of Nazism. He distinguishes 4 types of ‘guilt’ – criminal, moral, metaphysical and political. This is one of the most honest attempts I have ever read dealing with this important issue.
Jaspers tries to pin down what sorts of guilt can attach to people and peoples, and what the appropriate responses are — using the experience of the German people during the Nazi regime as his example.
There is an element of “I am the professor, I’m in the front of the room, I have a theoretical edifice, you listen and write it all down good” about all of this. Jaspers doesn’t really argue his position so much as he declares it, leaving it to stand or fall on how much it matches your own intuition.
I appreciate his attempt to separate categories of guilt, since no generic category seems capable of carrying all of the weight that the concept typically bears — this itself is enough to vault me to a new and more interesting level of confusion on the subject. And I especially like the way he links the inward work of taking responsibility and self-judging with the outward work of fighting for liberty in the political sphere.

The reciprocal connection between philosophy and politics would be constitutive and essential:
I consider that the separation of philosophical thought is false, as a speculative, fantasy, utopian thought (with a, perhaps, own charm), of the thought of reality, that he would have nothing to do with her. […] The statesman acts and thinks what is necessary at the present time and has responsibility for the practical consequences. The philosopher thinks not only on the current and does not act. He analyzes the possibilities and has responsibility for the seriousness of the path that leads to the truth. His opinion has no weight with respect to everyday act, but the greater the responsibility of him for the world of conceptions he brings with him, for the consequences in the way of thinking politically, by the objectives as a whole.
I repeat: The thesis of the connection between philosophy and politics is so essential that it can be said that if one is missing the other is not there.
The link between philosophy and politics would be not only the fact that both affect human existence in its totality but also of the need for reciprocal complementation: a policy unwilling from a philosophy of reason would be «blind» and a philosophy that would pretend to do without Of the policy for the orientation of the person in the world would be «empty».
One of the central ideas of the philosophy of Jaspers: that of an authentic communication between equals. This communication, if it is to be guided by reason and not by a mere instrumental understanding, has to be imbued with a critical spirit, that is, anti-authoritarian. This requires a process of awareness of the dangers of all dictatorship for the full development of personality. The national settlement situation of the nationalism would have imposed the need to seriously reflect on the alienation of human dignity that a dictatorial regime brings.
Who is familiar with the political problem of national identities, of the limits of state sovereignty and the requirements of reasonable rationality that the ideal of democracy presupposes throughout citizen, can not deny that Jaspers philosophical-political reflections have a Validity or, at least, a power of incitement to the reflection, which exceeds the expected of a purely circumstantial consideration of the political.

The ethics of responsibility and that of conviction are thus complementary. In the Fund, it is not two different ethics but of specific versions of the same ethics.
Jaspers is right: A sharp separation between the ethics of responsibility and the ethics of conviction would require the acceptance of premises such as the absolute character, that is, unconditioned, of the ethics of conviction, something that manifestly can lead to morally situations aberrants And the same happens with the ethics of responsibility. Political actions have individual beings addresses; The recognition of its individuality morally prohibits treating them as mere instruments for obtaining equivalent assets of other individuals or shielding behind the performance of a public function, which would be separated from responsibility for the acts carried out in its exercise.
Just because the ethics of politics do not exempt from personal responsibility. Within the conception of Jaspers, human rights are, then, a manifestation of the reason in the life of man in society. Its violation is then not only the injury of positive legal provisions but implies the implementation of the very fundamentals of a policy that intends to ensure the communication of free and equal individuals.

Within the conception of Jaspers, human rights are, then, a manifestation of the reason in the life of man in society. Its violation is then not only the injury of positive legal provisions but implies the implementation of the very fundamentals of a policy that intends to ensure the communication of free and equal individuals.
The discussion about the individual responsibility for the injustice of the world and the universal validity of the principle of solidarity has led to an intense discussion in which I have not to enter now for having done it with some detail elsewhere
But the conception of Metaphysical Guilt of Jaspers is more radical than sustained by those who appeal to the concept of guilt and / or collective responsibility. Taken literally, he could lead to an almost worse situation, if possible, that the philosophers of morality usually call «moral hell». Indeed, the liberation of metaphysical guilt does not require only that we will be willing to sacrifice an own good for the sake of another equivalent, but we accept sacrificing our own life, even knowing that sacrifice is useless. It would be the realization of a species of supreme super-argatory act. According to Jaspers, the limit situation caused by National Socialism would have clearly revealed the severity of metaphysical guilt:
When our Jewish friends were deported, we did not go out into the street, we have not shouted until they killed us. We prefer to continue living with the weak but also correct argument that our death would not have served anything. That we live is our fault. We know before God what humiliates us deeply. We want […] we deserve our life, which was saved.

The Germans have to find the path together in the spiritual.
We still do not have a common ground. We try to achieve it together.
What I present to them has developed in dialogue that all of us, each in their circle, we did.
Everyone has to deal with them as with the thoughts I expose, it does not have to accept them without more as valid, but to take them into consideration, but neither contradict them without more, rather put them to the test, represent them and verify them.
We want to learn to talk to each other. That means we want not only to repeat our opinion, but hear what the other thinks. We want not only to affirm, but reflecting together, hearing reasons, being prepared to achieve a new conception. We want to place inwardly and as a test in the other point of view. Yes, we want to seek precisely what contradicted us. The apprehension of the common in the contradictory is more important than the hastily fixing of exclusive points of view with which the conversation is overwhelmed.
Germany can only return to itself if the Germans are one another in communication; If we learn to talk about each other, but only in the conscience of our great diversity.
Unity by force is not worth anything; It dissipates as an appearance in the catastrophe. Unanimity achieved through dialogue and mutual understanding leads to a community that is capable of standing firm.

Almost the whole world accuses Germany and the Germans. Our fault is scrutinized with indignation, with horror, with hatred, with contempt. You want punishment and revenge. Not only the winners, also some German exiles, even citizens of neutral states, take part in it. In Germany there are people who recognize guilt, including themselves; There are many who are considered free of guilt, but they declare others guilty.
It is easy to understand that the question is rehy. We live in the hardship, even a large part of our population lives in such a large, so immediate hardship, that it seems to have become insensitive for such controversies. They are interested in what the hardship can remedy, which can provide work and bread, housing and heating. The horizon has been narrowed. You do not want to hear about guilt, from the past, one is not affected by universal history. You want to simply stop suffering, get out of misery, live, but not reflect. It is mostly about a state of mind as if after such an appalling suffering it had to be in a certain way rewarded, comforted in any case, but could not be loaded on top of it.
You have to distinguish between:
1. Criminal guilt: crimes consist of objectively demonstrable actions that violate unequivocal laws. Instance is the court that, in a formal process, faithfully establishes the facts and then applies the laws that correspond to them.
2. Political fault: it is due to the actions of the statesmen and the citizenship of a State, for the mor of which I have to suffer the consequences of the actions of that state, whose authority I am subject and through whose order determined My existence (political responsibility). Each person is a correspondent of how she is governed. Instance is the strength and will of the victor, both in the internal and foreign policy. Success is decisive. A reduction in arbitrariness and force occurs through political intelligence, which thinks of further consequences, and through the recognition of norms that are accommodated under the denominations of natural law and public international law.
3. moral Culpa: whenever I perform actions as an individual have, however, moral responsibility, I therefore all actions carried out, including political and military. Never better, without more, the principle of «due obedience». Since, rather, crimes are crimes, even if they have been ordered.
4. metaphysical guilt: There is a solidarity among men as such that makes everyone responsible for all grievance and injustice throughout the world, especially for crimes that happen in his presence or with the knowledge of it. If I do what I can to prevent them, I am also guilty. If I do not risk my life to prevent the killing of others, but I stay like that, I feel guilty in a way that is not properly understood by the political and moral way. I continue to live once such things have happened is something that burdens me with an indelible guilt. When luck does not save us this situation, we as men to the limit we have to choose: either to risk life without conditions, to no avail, since there is no prospect of success or having any chance of success, preferring to preserve life.

Guilt has consequences, out, for existence, whether he understands the affected or not and inward to self-consciousness, whenever I perceive inwardly at fault.
1. The crime is punished. This presupposes recognition of the guilty by the judge in the free choice of him and not the recognition by the accused that he has been justly punished.
2. Guilt policy entails responsibility and, as a result, repair and further loss or limitation of power and political rights. If the political fault is in the context of events that have had their resolution through war, then the result for the losers can be annihilation, deportation and extermination. Or, if the winner wants it, the consequences can be converted into a form of law and thus moderation.
3. moral guilt consciousness arises and thus repentance and renewal. It is an internal process that also has real consequences in the world.
4. The metaphysical guilt results in a transformation of human self-consciousness before God. Pride is broken. That self-transformation through internal action can lead to a new source of active life, but involves an indelible sense of guilt in humility that makes available to God and submerges all done in an atmosphere in which arrogance It becomes impossible.

Grace is the act that limits the impact of the law pure and annihilating violence. A humanitarian spirit perceives a higher truth than lies in the direct consequences of both the right and the force.
1. Despite the law, acts clemency giving way to a justice not limited by law. For every human law it is in its impact, full of defects and injustice.
2. Despite the possibility of the use of force, the victor exercise grace, either for convenience, since the vanquished can serve, or generosity, because leaving alive the vanquished produces a feeling elevated power and moderation, or because he, in his conscience, is placed under the demands of a universal natural law, which does not remove or vanquished or the criminal all right.

Purification makes us free. The course of things is not enclosed in the hand of any man, but man can incalculably far in the direction of the existence of it. Because uncertainty persists and the possibility of new and greater misfortunes, because the consequence natural transformation through consciousness of guilt is by no means the reward of a new happiness, that’s only if we purify ourselves we become free and be ready for what comes.
Pure soul can truly live in the tension produced by the complete collapse and be in the world tirelessly active as possible.

Today, the foundation of a peace in the world as what was intended in Nuremberg can not be immediately achieved. That same peace, guaranteed by the right by virtue of the will of the great powers submitted, on the other hand, to that right, requires a precondition. It can not rise merely from the motivations of safety and liberation of fear. It has to be continually restored in a repeated risky business from the effort in favor of freedom. The continuous realization of this peace presupposes a spiritual and moral life of category and dignity. She would constitute her reason and her meaning at the same time.

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