El Egipto De Los Magos — Rudyard Kipling / Egypt Of The Magicians by Rudyard Kipling

Egipto fue, desde la expedición napoleónica de 1798, una encrucijada de influencias de las potencias europeas. Con la construcción del canal de Suez (inaugurado en 1869), las presiones sobre su soberanía se acentuaron hasta tal punto que la perdió, convirtiéndose (de hecho, no de derecho) en colonia británica y francesa en 1875. Desde aquel año se multiplicaron los mecanismos del control anglofrancés de los resortes del poder político en Egipto. Y ya en 1879 se había desatado un movimiento independentista egipcio, protagonizado por el campesinado y el ejército, que no pudo ser aplastado sino en una guerra, en 1882, que los franceses dieron por perdida y en la que por unas horas, en la batalla de Kassassin, el ejército británico bordeó la derrota.
En el tiempo de la visita de Kipling, los sentimientos antibritánicos se habían avivado en Egipto tras el incidente de Denshawai, un pueblo donde unos años antes, en 1906, un pasatiempo de tiro al pichón de un grupo de oficiales británicos había derivado en disparos contra campesinos egipcios, dos de los cuales, tras un juicio inicuo, fueron ahorcados delante de sus casas, y muchos otros azotados y encarcelados, por haber increpado a sus agresores hasta hacerlos huir. La atrocidad de Denshawai, con la que el Gobierno británico había querido paralizar por el miedo el independentismo egipcio, tuvo el efecto inverso de contribuir a la gestación del movimiento que desembocó en la revolución egipcia de 1919 y en la declaración, en 1922, de una independencia que acabó de consumarse tres décadas más tarde con el derrocamiento de la monarquía títere del Gobierno británico por la revolución nacionalista y socialista de 1952.
El Sudán había sido el escenario de las peores humillaciones sufridas por Gran Bretaña en toda su historia militar. Más que un país, el Sudán era un montaje colonial que abarcaba un subcontinente tan diverso en culturas, idiomas y religiones que costaba siquiera imaginar que surgiese en él un movimiento de signo nacional, pero el sentimiento anticolonial engendró uno que se canalizó a través del movimiento ascético islámico del Mahdi (el Guía o Redentor).
No fue hasta 1898, al cabo de dos años de una segunda guerra, que un ejército británico impuso de nuevo al Sudán el sojuzgamiento colonial. La guerra se alargó hasta finales de 1899 y, dice Kipling, en los tiempos de su visita al norte del Sudán, en 1913, «en las provincias más cercanas el viejo juego excitante deb[ía] continuar todavía». Aun sin contar con los restos de lucha armada, la hostilidad sudanesa a la colonización debía ser en 1913 lo bastante seria para que Kipling profetice amargamente el día en que sonará de nuevo el grito de «el Sudán para los sudaneses». La independencia llegó por segunda vez en 1956.

La lección de las guerras norteafricanas para los imperialistas era evidente: miremos de evitar la guerra con los «nativos», no por amor a la paz sino porque podemos perderla. La «pacificación» colonial alternativa a la acción militar consistía en un feroz paternalismo policial, pero el sueño de paz del colonialista bienintencionado había de ser similar a una fantasía sadomasoquista: que los «nativos» se recreasen en su propio sojuzgamiento.
Kipling quiere creerse que en Egipto y el Sudán reina una paz estable que sería imposible sin el consentimiento «nativo» del régimen colonial.
El turismo y la literatura de Kipling sirven a los intereses imperiales británicos, pero Kipling no se vende a los intereses materiales del colonialismo.

Oriente es una tajada del mundo mucho mayor de lo que a muchos europeos les gusta admitir. Algunos dicen que empieza en el Saint Gotthard, donde los aromas de dos continentes se encuentran y luchan durante esa terrible cena en el vagón restaurante dentro del túnel.Otros han dado con él en Venecia, las mañanas caldeadas de abril. Pero Oriente está en todas partes donde uno ve la vela latina, ese aparejo en aleta de tiburón que a lo largo de cientos de años ha seguido a todos los bañistas blancos alrededor del Mediterráneo. Notas todavía en la sangre una sugerencia de amenaza, una insinuación de piratería cada vez que pasa la latina, pescando, comerciando, costeando.

El Cairo moderno es un sitio desaseado. Las calles están sucias y mal construidas, los pavimentos no se barren y a menudo están rotos, los tranvías están tirados más que instalados, las cunetas descuidadas. Uno se espera algo mejor de una ciudad donde el turista gasta tanto en todas las estaciones. Dado que el turista es un perro, llega cuando menos con un hueso en la boca, y mucha gente lo roe. Debería tener una perrera mejor. La respuesta oficial es que el negocio turístico no es nada comparado con la industria del algodón. Incluso así, el suelo en la ciudad de El Cairo debe ser demasiado valioso para que lo utilicen como campo de algodón. O sea que muy bien podría estar pavimentado y barrido. Se supone que existe alguna clase de autoridad a cargo de los asuntos municipales, pero su trabajo está trabado por eso que llaman «Las Capitulaciones». Se me dijo que todo el mundo en El Cairo, excepto los ingleses, los cuales, según parece, son aquí los blancos miserables, tiene el privilegio de recurrir a su cónsul a propósito de todos los asuntos concebibles, desde obtener un cubo de basura hasta deshacerse de un cadáver.
El Cairo le produce a uno la sensación de que no está ventilado ni esterilizado, incluso cuando el sol y el viento lo desengrasan simultáneamente. El turista habla mucho, según aquí se puede comprobar, pero el residente permanente europeo no abre la boca más de lo necesario… El sonido se propaga tan aprisa sobre las aguas lisas… Además, todas las cosas, política y administrativamente, están en una posición esencialmente falsa.
He aquí un país que no es un país sino una larga franja de huertos, nominalmente bajo la custodia de un Gobierno que no es un gobierno sino una satrapía desconectada de un imperio medio muerto, y está controlado al estilo Pecksniff por una potencia que no es una potencia sino una agencia, la cual agencia está sujeta por los años, la costumbre y el chantaje a toda clase de relaciones íntimas con seis o siete potencias europeas, cada cual con sus derechos y privilegios.

Hay un valle de rocas y piedras en todas las tonalidades del rojo y el marrón, llamado el Valle de los Reyes, donde un pequeño generador a petróleo tose detrás de su mano durante todo el día mientras da electricidad para iluminar las caras de los faraones muertos a cien pies bajo tierra. En todo el valle, durante la temporada turística, hay charabanes y asnos y carros de arena, y aquí y allí parejas exhaustas que han quedado descolgadas de las procesiones chorrean de sudor y se abanican en un pedacito de sombra. A lo largo de los costados del valle, las tumbas de los reyes están pulcramente numeradas, como si fuesen túneles de entrada a minas provistos de peldaños de hormigón, y rejas de hierro para cerrarlas por la noche, y porteros del Departamento de Antigüedades que piden los billetes de entrada correspondientes. Uno entra y oye, desde las profundidades de más allá, las voces de los dragomanes enumerando atronadoramente los nombres y títulos del ilustre y tres veces poderoso muerto. Unos peldaños cortados en la roca bajan a una oscuridad calurosa y silenciosa, hay corredores que serpentean y llevan a pozos vacíos, que se dice, los prudentes constructores esperaban puerilmente que fuesen confundidos con las tumbas auténticas por los futuros ladrones.

Remontar el Nilo es como pasar por el túnel entre una doble fila de flagelantes delante de la eternidad. Hasta que uno lo ha visto, uno no puede hacerse una idea de la pasmosa estrechez de ese húmedo chorrito de vida que se desliza invicto entre las fauces de una muerte implacable. Un tiro de rifle iría más allá de los límites más anchos de los cultivos, un tiro de arco de los más estrechos. Una vez más allá de esos límites, vale más que cada cual lleve consigo su siguiente trago hasta que llegue al Cabo Blanco al oeste (desde donde podría hacer señales por si lo recogía algún barco de paso de la Union Castle) o el club Karachi al este.
En Halfa sientes el primer hálito de una frontera. Aquí el gobierno egipcio se retira detrás del telón de fondo, y ni siquiera el vapor de la Cook queda retratado en el centro exacto de la postal. En la oficina de telégrafos hay también rastros, diluidos pero perfectamente identificables, de una administración militar. Y la ciudad no huele a nada en ninguna parte, lo cual demuestra que no está cuidada al estilo popular. No hay en ella por ver nada más de lo que hay en el depósito de la chatarra de desguace C.60, donde están los restos del transporte de tropas de Su Majestad Himalaya.

La reivindicación será por «una ampliación del gobierno local», «Sudán para los sudaneses», y así hasta que el ciclo entero haya de recorrerse de nuevo. Es una ley dura pero vieja (Roma murió aprendiéndola, como puede morir nuestra civilización occidental) que si das a un hombre cualquiera cualquier cosa que no se haya ganado trabajosamente por sí mismo harás de él o de sus descendientes, infaliblemente, tus enemigos más encarnizados.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/12/20/la-casa-de-los-deseos-joseph-rudyard-kipling/

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/21/cuentos-de-la-venganza-y-la-memoria-rudyard-kipling/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/24/el-egipto-de-los-magos-rudyard-kipling-egypt-of-the-magicians-by-rudyard-kipling/

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Egypt was, from the Napoleonic expedition of 1798, a crossroads of influences from European powers. With the construction of the Suez Canal (inaugurated in 1869), the pressures on their sovereignty were accentuated to such an extent that it lost it, becoming (in fact, not of law) in British and French colony in 1875. Since that year they multiplied the Mechanisms of anglofrantic control of the springs of political power in Egypt. And already in 1879 an Egyptian independence movement had been unleashed, starring the peasantry and the army, who could not be crushed but in a war, in 1882, that the French gave for a loss and in which for a few hours, in the battle From Kassassin, the British army bordered defeat.
At the time of Kipling’s visit, antibritanic feelings had been revived in Egypt after the incident of Denshawai, a town where a few years before, in 1906, a shooting pastime to the pigeon of a group of British officers had derived on shots against Egyptian peasants, two of which, after an ongoing trial, were hanged in front of their homes, and many other whipped and imprisoned, for having increasing their aggressors until making them flee. The atrocity of Denshawai, with which the British government had wanted to paralyze by fear of Egyptian independence, had the inverse effect of contributing to the gestation of the movement that led to the Egyptian Revolution of 1919 and in the Declaration, in 1922, of a Independence who finished consummate three decades later with the overthrow of the puppet monarchy of the British government by the Nationalist and Socialist Revolution of 1952.
The Sudan had been the stage of the worst humiliations suffered by Britain in all its military history. More than a country, the Sudan was a colonial assembly that encompassed a subcontinent so diverse in cultures, languages and religions that it cost even to imagine a national sign movement, but anticolonial feeling begun one that was channeled through movement Islamic Ascetic Mahdi (Guide or Redeemer).
It was not until 1898, after two years of a second war, which a British army imposed again to the Sudan the colonial subjugation. The war was lengthened until the end of 1899 and, says Kipling, in the time of him to the north of the Sudan, in 1913, «in the nearest provinces the old exciting game Deb [items] continue yet». Even without having the remains of armed struggle, Sudanese hostility to colonization should be in 1913 it would be enough for Kipling to lovely prophet the day when the cry of «Sudan for Sudanese» will sound again. Independence arrived for the second time in 1956.

The lesson of the North African wars for the imperialists was evident: we look at the war with the «natives», not for the love of peace but because we can lose it. The «colonial pacification» alternative to military action consisted of a fierce police paternalism, but the peaceful peace of peace of colonialist had to be similar to a Sadomasochist fantasy: that «natives» are recruited in their own subjugation.
Kipling wants to believe that in Egypt and Sudan reigns a stable peace that would be impossible without the «native» consent of the colonial regime.
Tourism and Literature of Kipling serve the British imperial interests, but Kipling is not sold to the material interests of colonialism.

East is a chop of the world much greater than many Europeans like to admit. Some say it starts at Saint Gotthard, where the aromas of two continents are located and fight during that terrible dinner in the restaurant car inside the tunnel. Other have given him in Venice, the cold morning mornings. But East is everywhere where one sees the Latin candle, that rigging in shark fin that over hundreds of years has followed all white bathers around the Mediterranean. Notes still in the blood A threat suggestion, an insinuation of piracy every time the Latina passes, fishing, trading, coasking.

Modern Cairo is a unseared place. The streets are dirty and poorly built, the pavements are not sweehed and are often broken, the trams are thrown more than installed, the neglected dizza. One expects something better from a city where tourist spends both in all seasons. Since the tourist is a dog, he arrives at least with a bone in his mouth, and many people roe him. I should have a better kennel. The official response is that the tourist business is nothing compared to the cotton industry. Even so, the ground in the city of Cairo must be too valuable to use it as cotton field. That is, it could very well be paved and swept. It is assumed that there is some kind of authority in charge of municipal affairs, but their work is locked by what they call «the capitulations.» I was told that everyone in Cairo, except the English, who, as it seems, are the miserable whites here, has the privilege of resorting to their consul about all conceivable matters, from obtaining a garbage cube until Get rid of a corpse.
Cairo produces one’s feeling that he is not ventilated or sterilized, even when the sun and the wind decreasing him simultaneously. Tourist talks a lot, as can be checked here, but the European Permanent Resident does not open the mouth more than necessary … The sound is propagated as quickly over the smooth waters … In addition, all things, politics and administratively, are in a position Essentially false.
Here is a country that is not a country but a long strip of orchards, nominally under the custody of a government that is not a government but a satrapy disconnected from a dead middle empire, and is controlled to pecksniff for a power that is not A power but an agency, which agency is subject for years, custom and blackmail to all kinds of intimate relationships with six or seven European powers, each with their rights and privileges.

There is a valley of rocks and stones in all the shades of red and brown, called the valley of the kings, where a small generator to oil cough behind his hand throughout the day while he gives electricity to illuminate the faces of dead pharaoons a hundred feet underground. Throughout the valley, during the tourist season, there are chats and asses and sand cars, and here and there exhausted couples who have fallen off from the processions dripped sweat and get upset on a shadow bit. Throughout the sides of the valley, the tombs of the kings are neatly numbered, as if they were tunnels of entrance to mines provided with concrete steps, and iron bars to close them at night, and goalkeepers from the Department of Antiques who ask The corresponding ticket notes. One enters and hears, from the depths of further, the voices of the Dragomans threatening the names and titles of the illustrious and three times powerful dead. A few steps cut on the rock go down to a warm and silent darkness, there are runners who meander and take empty wells, which is said, the prudent builders abeyred abolished that they were confused with the authentic tombs by future thieves.

Returning the Nile is like going through the tunnel between a double row of flagellers in front of eternity. Until one has seen it, one can not get an idea of the astonishing narrowness of that humid driver of life that slips undefeated between the jaws of an implacable death. A rifle shot would go beyond the wider limits of crops, an arc shot of the narrower. Once beyond those limits, it is worth more than each one with it with it with your next drink until it arrives at the white end to the west (wherever I could signal if I picked up a ship of passage from the Union Castle) or the Karachi club this.
In Halfa you feel the first wheel of a border. Here the Egyptian government is removed behind the backdrop, and not even the steam of the Cook is portrayed at the exact center of the postcard. In the telegraph office there are also traces, diluted but perfectly identifiable, of a military administration. And the city does not smell anything anywhere, which shows that it is not taken care of the popular style. There is no in it for seeing anything more than there is in the scrapped scrap tank C.60, where there are the remains of the transport of troops of His Majesty Himalayas.

The claim shall be due to «an extension of the local government», «Sudan for the Sudanese», and so until the whole cycle has to be traveled again. It is a hard but old law (Rome died learning her, as our Western civilization died) that if you give an any man anything that has not been worked hard for himself will make him or his descendants, infallibly, your most incarnated enemies .

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/12/20/la-casa-de-los-deseos-joseph-rudyard-kipling/

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/21/cuentos-de-la-venganza-y-la-memoria-rudyard-kipling/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/24/el-egipto-de-los-magos-rudyard-kipling-egypt-of-the-magicians-by-rudyard-kipling/

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