La Dictadura Infinita: La Evolución Autoritaria De Un Occidente Cobarde Y Cansado De Sí Mismo — Luis Del Pino / The Infinite Dictatorship: The Authoritarian Evolution of a Cowardly West Tired of Itself by Luis Del Pino (spanish book edition)

Ha sido una lectura agridulce donde para los que no han leído sobre estos temas es un primer paso para seguir leyendo.
El libro se estructura en tres partes. En la primera, nos hace un paralelismo entre el auge y el declive de los Estados Unidos de América como potencia mundial con el auge y el declive que, en su momento, experimentó el Imperio Romano como potencia en el área del Mediterráneo. En la segunda parte relaciona ese paralelismo con las ideas de Oswald Spengler sobre las fases en el desarrollo y declive de las culturas y con las de Arnold J. Toynbee sobre el ciclo vital de las civilizaciones. A partir de las ideas de estos dos autores y de la situación actual (declive de los Estados Unidos y auge de China) llegamos a la tercera parte del libro, en la que Luis del Pino se aventura a pronosticar el sombrío futuro que nos espera, que no es otro que el de una hegemonía mundial de China, lo que implica un triunfo a escala global de un modelo de sociedad no democrática que será muy difícil de cambiar, de ahí que haya titulado el libro como “La dictadura infinita”.
En fin, una lectura que, pese a su pesimismo, resulta amena e interesante.
¿Cómo es posible que un «investigador» no haya sido capaz de ver más allá de la «versión oficial» del virus y las «vacunas» y que se haya quedado hipnotizado en el dogma de «Putin es un tirano loco que quiere conquistar el mundo?…

Las sociedades humanas son enormemente diversas, es verdad. Pero lo que no lo es tanto es la naturaleza humana: seguimos siendo iguales, en lo fundamental, a quienes vivieron en otros tiempos y en otras latitudes. Las mismas ambiciones, las mismas miserias, las mismas luchas por el poder y el dinero, las mismas pulsiones destructivas…
Las palabras de Mitrídates, recogidas por el historiador romano Salustio hace veinte siglos, están hoy más vigentes que nunca: «No es verdad que los hombres y los pueblos anhelen libertad; la mayoría se conforma con tener un amo benévolo». Pero los amos benévolos son la excepción, no la norma. Hoy, como ayer, quien tiene dinero desea poder. Quien tiene poder, anhela el dinero. Y quien tiene las dos cosas, se complace en demostrar que su voluntad está por encima de las leyes y de los demás seres humanos. Nada ha cambiado, a ese respecto, desde que los sumerios construyeron la primera civilización de la historia, hace 5.500 años.
Los seres humanos, tanto amos como esclavos, siguen siendo iguales a sí mismos. La democracia en Occidente está condenada a desaparecer en un plazo de tiempo no muy largo. Y lo está porque, como veremos, sus propias élites experimentan hoy la misma evolución autoritaria que hace dos mil años condujera al colapso de la República romana. Y porque Occidente carece ya de las ganas y de la fuerza para imponerse a los totalitarismos resurgentes. Unas élites que no creen de verdad en la democracia, que la contemplan más como un obstáculo que como un marco deseable de juego, ya no pueden ver en los totalitarismos externos a Occidente ninguna amenaza, sino un modelo a imitar.

La Unión Soviética que había aplastado a sangre y fuego las revueltas de Alemania del Este en 1953, la revolución húngara en 1956 y las protestas en la propia Polonia también en 1956… esa misma Unión Soviética que invadió Checoslovaquia en 1968 para poner fin a la Primavera de Praga optó en esta ocasión por no intervenir. Los tiempos habían cambiado. Había que aceptar la derrota.
Y el gobierno polaco, no atreviéndose a aplastar la revuelta por su cuenta mediante la represión, se avino a negociar con Solidaridad la convocatoria de unas elecciones parcialmente libres: los polacos fueron convocados a votar el 4 de junio de 1989, para elegir los cien miembros del Senado y 161 de los 460 miembros del Congreso (el 65 por ciento de los escaños del Congreso quedaba reservado para el Partido Comunista y sus dos partidos satélites, con el fin de asegurarse el control).
Pero el resultado de aquellas elecciones solo parcialmente libres fue tan demoledor que acabó de un plumazo con el gobierno comunista: Solidaridad (convertido en plataforma política) consiguió 99 de los 100 escaños del Senado y todos los escaños en disputa del Congreso, los 161. Tan abrumador fue el resultado, tan deslegitimado quedó el gobierno comunista, que el presidente polaco Jaruzelski se vio forzado el 16 de agosto a nombrar como primer ministro a Tadeusz Mazowiecki, el candidato de Solidaridad. El régimen comunista había muerto en Polonia. Solo faltaba enterrarlo.
Mientras tanto, en el resto del Bloque del Este, la descomposición del Pacto de Varsovia había ido haciéndose cada vez más visible a lo largo de aquel año de 1989.
Hungría había comenzado en junio a desmantelar su sección del Telón de Acero, y el 19 de agosto tuvo lugar (a iniciativa de políticos austriacos y del propio primer ministro húngaro) el denominado Picnic Paneuropeo, en el que se convocó a la gente a celebrar un picnic en la frontera con Austria y se procedió a abrir el paso fronterizo, con el fin de testar la reacción de Gorbachov. No hubo reacción alguna, con lo que se lanzó el mensaje de que ya era posible salir libremente de la Europa del Este.
De esa forma caía el Muro de Berlín, poniendo término a la Guerra Fría después de veintisiete años, dos meses y veintisiete días. La gente se lanzó en masa a derribar físicamente aquel Muro odioso.
La descomposición del Pacto de Varsovia era ya un hecho consumado.

¿Y saben lo más gracioso de todo? Pues que todo era, en buena medida… un farol. Jamás se llegaron a gastar esos 800.000 millones de dólares que, según algunos informes, hacían falta para desarrollar la Iniciativa de Defensa Estratégica anunciada por Ronald Reagan. Al final, los desarrollos fueron mucho más modestos. Y mucho más baratos: 30.000 millones a lo largo de diez años.
¿Había fracasado aquel proyecto de desarrollo? No. Simplemente, nunca había habido intención real de llevarlo a cabo.
Como contó hace un par de años el periodista americano Seymour Hersch, haciéndose eco de lo que le dijo en su día un alto oficial del ejército americano:

Las historias publicadas acerca de nuestro programa de Guerra de las Galaxias estaban llenas de desinformación y obligaron a los rusos a exponer a sus agentes durmientes dentro del gobierno de los Estados Unidos, al ordenarles que hicieran un intento desesperado para averiguar lo que Estados Unidos estaba haciendo. (…) Nadie en el Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos se creyó nunca que se fuera a construir esa denominada Guerra de las Galaxias. Pero si conseguíamos convencer a los rusos de que Estados Unidos iba a poder sobrevivir al primer lanzamiento de misiles, teníamos ganada la partida.

Los creyentes de la democracia liberal estábamos tan equivocados como los creyentes de la utopía comunista. Porque la historia no fluye hacia «delante». De hecho, no fluye hacia ninguna parte. Y basta con mirar a Iberoamérica para comprobar el extraordinario retroceso.
Treinta y tres años después de la caída del Muro, veinte años después de que la revolución reaganiana llevara la democracia a numerosas naciones iberoamericanas, la democracia está en franca retirada.

Estamos viviendo en nuestros días una globalización parecida a la que Roma vivió en el periodo histórico equivalente, con sus ganadores y perdedores. Estamos viviendo un parecido ascenso de los populismos, que vienen a llenar el hueco de mercado electoral formado por los perdedores de esa globalización. Estamos viviendo un parecido creciente enfrentamiento, elección tras elección, entre quienes abanderan las causas populistas y quienes, desde los poderes empresariales y financieros, pretenden conservar su negocio a través del control de la política.
Vivimos una parecida degradación de los procesos electorales, con un coste creciente de las campañas que termina poniendo el resultado de las elecciones en manos de quienes aportan el dinero para financiarlas, es decir, las grandes corporaciones y los grandes millonarios. Vivimos un parecido tipo de corrupción estructural, consistente en usar los puestos públicos para remunerar, con concesiones o subvenciones, o con determinadas políticas públicas, a quienes previamente han financiado las campañas electorales.
Asistimos a un parecido proceso de generalización de las prácticas corruptas, a parecidas luchas por el control de los tribunales que deben juzgar esas corrupciones, al parecido creciente descrédito de las instituciones y del propio sistema democrático.

Tampoco es verdad que seamos los continuadores del «mundo antiguo». La sociedad occidental no es «otra etapa» de lo que se inició en Grecia y Roma: somos una sociedad distinta de la grecorromana, que murió hace mil quinientos años.
Lo esencial de las tesis de Spengler es esto:

1.La historia no sigue un patrón de progreso ilimitado y único, porque la humanidad se articula en distintas sociedades, cada una con su propia evolución.
2.No hay ninguna sociedad superior o privilegiada, sino que todas ellas siguen un patrón similar de desarrollo entre su nacimiento y su muerte.
3.Fijándonos en cómo evolucionaron las sociedades pasadas, podemos prever cómo evolucionará en el futuro cualquier otra sociedad, como por ejemplo la nuestra.
4.En cada sociedad, las naciones suelen seguir en el campo político una misma evolución, en cuatro etapas: Estado feudal, monarquía absoluta, Estado democrático representativo, cesarismo.
5.En cada sociedad, esos conceptos adoptan formas propias («democracia» hoy no se entiende igual que en la antigua Atenas; en aquel entonces el propio concepto de sufragio universal hubiera sido inimaginable y solo los considerados ciudadanos libres tenían derecho de voto, pero así era «su» democracia).
6.Mientras que en los albores de cualquier sociedad el poder y el estatus se asocian a la posesión de la tierra, a lo largo del tiempo va adquiriendo cada vez más importancia la actividad industrial y comercial. Y poco a poco va cobrando importancia la ciudad frente al campo. Y poco a poco se va creando una tercera clase que acumula cada vez más poder gracias al dinero.
7.La monarquía se apoya inicialmente en esa naciente clase burguesa para quitar poder a la clase noble, hasta que acaba implantándose una monarquía hereditaria. Surgen así los estados nación. Poco a poco, la monarquía va derivando en absoluta.
8.Llega un punto donde la tercera clase, el tercer estado, la clase burguesa, reclama participar en la toma de decisiones y en el ejercicio del poder. Se produce la revolución y el paso al sistema democrático. Se impone la democracia como forma de gobierno del dinero. Quien tiene el dinero, controla los gobiernos «democráticamente elegidos».
9.Llega un momento donde las luchas por el poder van siendo cada vez más despiadadas entre los componentes de la clase dominante. Hasta que la violencia termina sustituyendo al dinero como mecanismo para conseguir y mantener el poder. Y con ello se llega el cesarismo: la dictadura que termina transformándose en imperio.

En 1922, Chatham House comenzó a publicar su conocida revista International Affairs. El primer número incluía un artículo titulado «La autodeterminación de los pueblos», de Gilbert Murray (uno de los fundadores, posteriormente, de Oxfam), otro artículo dedicado a la cuestión de la Alta Silesia y una carta al director de Chatham House escrita por un conocido nuestro: Arnold J. Toynbee, quien sería nombrado en 1925 director de estudios de Chatham House, cargo que desempeñaría hasta su jubilación.
Los políticos, intelectuales y militares que formaban parte de Chatham House serían decisivos a la hora de definir el clima dominante en las relaciones internacionales durante el periodo de entreguerras, y muy en especial a la hora de poner en marcha la política del apaciguamiento. La idea subyacente dentro de buena parte de ese círculo era que había que redefinir la forma de las relaciones internacionales para hacer imposible cualquier futura guerra. De ahí la creación de la Sociedad de Naciones (el antecedente de la ONU), que debía ser el foro donde las diferencias entre estados se resolvieran de forma pacífica.
Toynbee no se fija tanto en esos conflictos entre clases, sino que identifica en las sociedades:

– Una primera etapa de crecimiento, durante la cual una minoría creadora es capaz de sentar las bases de esa sociedad.
– Después esa minoría pierde la fuerza creadora y se convierte en una simple minoría opresora, lo que marca el inicio del colapso de esa sociedad.
– La sociedad entra así en unos Tiempos revueltos en los que las distintas naciones componentes de una sociedad luchan entre sí por conseguir el predominio.
– Para terminar desembocando en un Estado universal, en el que una nación determinada unifica todo el ámbito geográfico de esa sociedad concreta.

Arnold J. Toynbee y la élite simbolizada por Chatham House abogaban por construir la paz mediante el diálogo entre las naciones, un diálogo que debía conducir a una especie de gobierno federal mundial, en cuyo seno se dirimieran pacíficamente todas las diferencias. Ese embrión de un gobierno federal mundial era entonces la Sociedad de Naciones, antecesora de la actual Organización de las Naciones Unidas.
El problema que tiene esa tesis es precisamente el que acabamos de ilustrar con lo sucedido después de la Noche de los Cristales Rotos.
Pensemos: ¿cómo se podría, en un mundo formado por naciones democráticas y no democráticas, llegar a un gobierno mundial que garantizara el final de todas las guerras?
El procedimiento para montar una federación mundial de naciones con el fin de acabar con todas las guerras es evidente: primero hay que crear un foro (como la Sociedad de Naciones entonces existente) donde las naciones se reúnan a discutir sus problemas de manera pacífica.
Pero si el objetivo primordial es la paz, entonces la vida y la libertad de los seres humanos pasa a ser un objetivo secundario: con tal de preservar la paz, con tal de mantener el statu quo, es preciso dejar que las naciones no democráticas hagan y deshagan dentro de sus fronteras como les plazca. Incluso aunque eso signifique dejar que masacren a los judíos o a cualquier otra minoría.

China ha puesto en marcha un Estado policial distópico gracias a la tecnología:

Las personas musulmanas que viven en Xinjiang puede que sean la población más vigilada del mundo. El gobierno chino ha dedicado una tremenda cantidad de recursos a recopilar información increíblemente detallada sobre las vidas de este grupo (…). Según antiguos residentes en Xinjiang, el sistema de vigilancia supone un control amplio e invasivo tanto en persona como electrónico, con:

-Recogida de datos biométricos, incluido el escaneo del iris y el reconocimiento facial.
-Entrevistas invasivas realizadas por funcionarios públicos.
-Registros e interrogatorios frecuentes realizados por omnipresentes agentes de seguridad.
-Una red omnipresente de cámaras de vigilancia, incluidas cámaras de reconocimiento facial.
-Una vasta red de puestos de control de la policía conocidos como «comisarías de cercanía».
-Acceso ilimitado a los dispositivos personales de comunicación y el historial financiero de la ciudadanía.

Además de proporcionar al gobierno una enorme cantidad de información personal, esta actividad permite a las autoridades rastrear de manera exhaustiva y en tiempo real las comunicaciones, los desplazamientos, las acciones y las conductas de la población de las minorías étnicas de Xinjiang.

El Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF), más conocido como Foro de Davos, es una organización fundada en Suiza en 1971 por el ingeniero y economista alemán Klaus Schwab. La organización es conocida por la reunión anual de varios días de duración que celebra en la estación suiza de esquí de Davos.
Esas reuniones anuales atraen a un par de miles de asistentes seleccionados del campo de la política, del mundo empresarial, de ONG y movimientos sociales, del mundo académico, de los medios de comunicación e incluso simples celebridades. La cuota de asistencia a esa reunión anual es de 19.000 dólares por persona.
El Foro de Davos se financia mediante las cuotas aportadas por más de 1.000 grandes empresas, muchas de las cuales facturan más de 5.000 millones de dólares anuales. Esas empresas contribuyen con una cuota anual de 263.000 dólares para los socios normales o 527.000 para los socios estratégicos.
No hay político, ni gran empresario, ni propietario de medios de comunicación que se precie y que no haya pasado por el Foro de Davos: allí se establecen contactos de altísimo nivel y allí se conoce de primera mano qué políticas pueden defenderse y cuáles no están bien vistas entre la élite internacional político-empresarial. Por allí han desfilado, de nuestro país, Jordi Pujol, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado…
Por tanto, el Foro de Davos agrupa a la mayor parte de la oligarquía política y financiera que pinta algo en este mundo. Y se dedica a impulsar políticas que a todos nos resultan familiares en estos días: la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, la economía circular, las energías renovables, la lucha contra el cambio climático…
China no va a tensar la cuerda con su expansionismo hasta romperla, como hizo Hitler con su serie de agresiones sucesivas que culminó en la invasión de Polonia; al contrario: aunque no se priva de usar la amenaza militar, China no va a hacer nada para empujar a Occidente a una confrontación abierta.
Porque China no tiene prisa. Y sabe que puede conquistar Occidente sin disparar un solo tiro, capturando primero a sus élites políticas, económicas e intelectuales.

Greta Thunberg: no es ningún movimiento juvenil revolucionario el que trata de fomentar esa visión, consistente en culpar a Occidente de un problema (las emisiones de CO2) que en todo caso sería responsabilidad principal de China. Son nuestras propias élites políticas y empresariales las que están detrás de ese proyecto de inversión de la culpabilidad. Greta Thunberg es un mero títere de quienes la han lanzado conscientemente al estrellato.
Quien impulsa la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y usa a figuras como Greta Thunberg para convencer a la población occidental de que se deje empobrecer y acepte reducir su nivel de vida son nuestras élites político-empresariales.
Son esas élites, no Greta Thunberg, las que asistieron a ese discurso de Xi Jinping ante el Foro de Davos el 17 de enero de 2022, en el que el dictador chino no pudo dejar más claro (como lo ha dejado claro antes en infinidad de ocasiones) que su país piensa seguir aumentando las emisiones hasta 2030 y que quienes tienen que dar ejemplo reduciendo sus emisiones son… los países desarrollados.
Xi Jinping no está diciendo nada que esos movimientos supuestamente ecologistas, simbolizados por Greta Thunberg y estimulados por nuestras propias élites occidentales, no estén diciendo.
Y el problema, como en la década de 1930, es que si tú le dices a un régimen totalitario y criminal que crees que tiene razón y que le vas a dejar que neutralice la ventaja económica que le llevas, ese régimen totalitario y criminal te toma la palabra.

(Noberto Bobbio) Llamo «criptogobierno» al conjunto de los hechos o acciones realizados por fuerzas políticas subversivas que actúan en la sombra en conexión con los servicios secretos o con una parte de estos, o que por lo menos no son obstaculizados por los mismos. El primer episodio de este tipo, en la reciente historia de Italia, fue indudablemente la matanza de Piazza Fontana. Pese al largo proceso judicial, que se desarrolló en varias fases y direcciones, el misterio no ha sido desvelado, la verdad no ha sido descubierta, las tinieblas no han sido aclaradas (…). No hago conjeturas, no adelanto ninguna hipótesis. Me limito a recordar la sospecha que quedó, tras la conclusión del proceso, de que el secreto de Estado sirvió para proteger el secreto del anti-Estado. Me remonto a la matanza de Piazza Fontana (…) porque la degeneración del sistema democrático italiano empezó allí, o sea, en el momento en que un «arcanum», en el sentido más apropiado del término, entró, imprevisto e imprevisible, en la vida colectiva italiana, la trastornó, y fue seguido por episodios no menos graves y que quedaron igualmente oscuros.

Recientemente, poco antes de la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022, Estados Unidos advertía de la posibilidad de que Rusia simulara un ataque contra sus propias tropas para justificar la invasión del país vecino.
En ocasiones, esas operaciones de falsa bandera se llegan a organizar por un mero interés económico de poca monta: el 8 de mayo de 2002 un hombre detuvo su coche al lado de un autobús que estaba aparcado a las puertas del Hotel Sheraton, en la ciudad de Karachi (Pakistán), e hizo detonar el vehículo.
Vamos, en el mejor de los casos, hacia una consolidación del statu quo en el que, al final, las oligarquías dominantes en Occidente, en Rusia, en China, pueden perfectamente entenderse y coexistir. Y cogobernar el mundo, respetando las respectivas esferas de influencia e intentando no injerirse en los asuntos internos de sus rivales. En el peor de los casos, vamos hacia un Estado universal, probablemente autoritario, que gobierne todo el planeta. Si ese Estado universal será occidental o chino, está todavía por ver.
En cualquiera de esas situaciones (coexistencia de Occidente con otras potencias no democráticas o implantación de un Estado universal de carácter autoritario), los servicios de información, con su capacidad casi infinita de intoxicación de la opinión pública, dejan de ser un arma de guerra y pasan a ser un arma de gobierno. En aquellas partes del mundo donde la democracia no impere, los gobiernos respectivos tendrán carta blanca para oprimir a su pueblo. Y allí donde la democracia impere (aunque solo sea formalmente), los servicios de información se usarán de forma directa para manipular la opinión pública de la forma que se considere oportuna.

Para que las generaciones venideras sean conscientes de las torturas, de la miseria, de la opresión que ese tirano maldito impuso a la humanidad. Para que los historiadores del futuro dispongan del material suficiente para escribir la verdadera historia. Ya que no se puede derrocar al tirano, que al menos el tirano no quede pintado por los siglos futuros como un gobernante benévolo, bajo cuya dirección el pueblo prosperó y fue feliz.
Y los cronoterroristas se dedican a enterrar cápsulas del tiempo aquí y allá, dejando constancia de los hechos reales. Pero pronto surgen desavenencias entre esos disidentes, porque a una parte de ellos se le ocurre ir un paso más allá.

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It has been a bittersweet reading where for those who have not read about these topics it is a first step to continue reading.
The book is structured in three parts. In the first, he draws a parallel between the rise and decline of the United States of America as a world power with the rise and decline that, at the time, the Roman Empire experienced as a power in the Mediterranean area. In the second part, he relates this parallelism with the ideas of Oswald Spengler on the phases in the development and decline of cultures and with those of Arnold J. Toynbee on the life cycle of civilizations. From the ideas of these two authors and the current situation (the decline of the United States and the rise of China) we arrive at the third part of the book, in which Luis del Pino ventures to predict the bleak future that awaits us, which is none other than that of a world hegemony of China, which implies a triumph on a global scale of a model of non-democratic society that will be very difficult to change, hence the title of the book «The infinite dictatorship».
In short, a reading that, despite its pessimism, is enjoyable and interesting.
How is it possible that a «researcher» has not been able to see beyond the «official version» of the virus and the «vaccines» and has been mesmerized in the dogma of «Putin is a crazy tyrant who wants to conquer the world?…

Human societies are enormously diverse, it is true. But what is not so much is human nature: we continue to be the same, fundamentally, as those who lived in other times and in other latitudes. The same ambitions, the same miseries, the same struggles for power and money, the same destructive impulses…
The words of Mithridates, collected by the Roman historian Sallust twenty centuries ago, are today more valid than ever: «It is not true that men and peoples yearn for freedom; most are content with having a benevolent master.’ But benevolent masters are the exception, not the norm. Today, like yesterday, whoever has money wants power. Who has power, craves money. And whoever has both, is pleased to show that his will is above the laws and other human beings. Nothing has changed, in that respect, since the Sumerians built the first civilization in history, 5,500 years ago.
Human beings, both masters and slaves, remain equal to themselves. Democracy in the West is doomed to disappear in a not too long time. And it is because, as we shall see, its own elites today are undergoing the same authoritarian evolution that two thousand years ago led to the collapse of the Roman Republic. And because the West no longer has the desire and the strength to impose itself on resurgent totalitarianism. Some elites who do not really believe in democracy, who see it more as an obstacle than as a desirable framework for the game, can no longer see any threat in totalitarianism from outside the West, but rather a model to imitate.

The Soviet Union that had crushed with blood and fire the riots in East Germany in 1953, the Hungarian revolution in 1956 and the protests in Poland itself also in 1956… that same Soviet Union that invaded Czechoslovakia in 1968 to put an end to the Spring of Prague chose on this occasion not to intervene. Times had changed. You had to accept defeat.
And the Polish government, not daring to crush the revolt on its own through repression, agreed to negotiate with Solidarity the calling of partially free elections: the Poles were summoned to vote on June 4, 1989, to elect the hundred members of the Senate and 161 of the 460 members of Congress (65 percent of the seats in Congress were reserved for the Communist Party and its two satellite parties, in order to ensure control).
But the result of those only partially free elections was so devastating that it ended the communist government with a stroke of the pen: Solidarity (turned into a political platform) won 99 of the 100 seats in the Senate and all the seats in dispute in Congress, all 161. So Overwhelming was the result, so delegitimized was the communist government that Polish President Jaruzelski was forced on August 16 to appoint Tadeusz Mazowiecki, Solidarity’s candidate, as prime minister. The communist regime had died in Poland. It just needed to be buried.
Meanwhile, in the rest of the Eastern Bloc, the breakdown of the Warsaw Pact had become increasingly visible throughout that year of 1989.
Hungary had begun in June to dismantle its section of the Iron Curtain, and on August 19, the so-called Pan-European Picnic took place (at the initiative of Austrian politicians and the Hungarian Prime Minister himself), in which people were called to celebrate a picnic on the border with Austria and proceeded to open the border crossing, in order to test Gorbachev’s reaction. There was no reaction, sending the message that it was now possible to leave Eastern Europe freely.
In this way the Berlin Wall fell, ending the Cold War after twenty-seven years, two months and twenty-seven days. People rushed to physically tear down that hateful Wall.
The decomposition of the Warsaw Pact was already a fait accompli.

And you know the funniest thing of all? Well, it was all, to a large extent… a bluff. The 800,000 million dollars that, according to some reports, were needed to develop the Strategic Defense Initiative announced by Ronald Reagan, were never spent. In the end, the developments were much more modest. And much cheaper: 30,000 million over ten years.
Had that development project failed? No. There had simply never been any real intention of carrying it out.
As the American journalist Seymour Hersch recounted a couple of years ago, echoing what a high-ranking American army officer told him on his day:

The published stories about our Star Wars program were full of misinformation and forced the Russians to expose their sleeper agents within the US government by ordering them to make a desperate attempt to find out what the US was doing. . (…) Nobody in the Joint Chiefs of Staff of the United States ever believed that this so-called Star Wars would be built. But if we could convince the Russians that the United States would be able to survive the first missile launch, the game was won.

The believers in liberal democracy were just as wrong as the believers in the communist utopia. Because history does not flow «forward». In fact, it doesn’t flow anywhere. And it is enough to look at Ibero-America to verify the extraordinary setback.
Thirty-three years after the fall of the Wall, twenty years after the Reagan revolution brought democracy to numerous Ibero-American nations, democracy is in clear retreat.

We are currently experiencing a globalization similar to the one that Rome experienced in the equivalent historical period, with its winners and losers. We are experiencing a similar rise in populism, which has come to fill the gap in the electoral market formed by the losers of this globalization. We are experiencing a similar growing confrontation, election after election, between those who champion populist causes and those, from business and financial powers, who seek to preserve their business through political control.
We are experiencing a similar degradation of the electoral processes, with a growing cost of the campaigns that ends up putting the results of the elections in the hands of those who contribute the money to finance them, that is, the big corporations and the big millionaires. We live a similar type of structural corruption, consisting of using public positions to pay, with concessions or subsidies, or with certain public policies, those who have previously financed electoral campaigns.
We are witnessing a similar process of generalization of corrupt practices, similar struggles for control of the courts that must judge these corruptions, the similar growing discredit of the institutions and of the democratic system itself.

Nor is it true that we are the continuators of the «ancient world.» Western society is not «another stage» of what began in Greece and Rome: we are a different society from the Greco-Roman, which died fifteen hundred years ago.
The gist of Spengler’s theses is this:

1.History does not follow a pattern of unlimited and unique progress, because humanity is articulated in different societies, each with its own evolution.
2. There is no superior or privileged society, but all of them follow a similar pattern of development between birth and death.
3.Looking at how past societies evolved, we can predict how any other society, such as ours, will evolve in the future.
4.In each society, nations tend to follow the same evolution in the political field, in four stages: feudal state, absolute monarchy, representative democratic state, Caesarism.
5.In each society, these concepts take on their own forms («democracy» today is not understood in the same way as in ancient Athens; back then the very concept of universal suffrage would have been unimaginable and only those considered free citizens had the right to vote, but such was «their» democracy).
6.While at the dawn of any society, power and status are associated with the possession of land, over time industrial and commercial activity have become increasingly important. And little by little the city becomes more important than the countryside. And little by little a third class is being created that accumulates more and more power thanks to money.
7. The monarchy initially relies on this nascent bourgeois class to remove power from the noble class, until a hereditary monarchy ends up being established. This is how nation states arise. Little by little, the monarchy is drifting into absolute.
8. There comes a point where the third class, the third estate, the bourgeois class, claims to participate in decision-making and in the exercise of power. The revolution and the passage to the democratic system take place. Democracy is imposed as a form of money government. Whoever has the money controls the «democratically elected» governments.
9. There comes a time when the struggles for power are becoming increasingly ruthless between the components of the ruling class. Until violence ends up replacing money as a mechanism to achieve and maintain power. And with it comes Caesarism: the dictatorship that ends up becoming an empire.

In 1922, Chatham House began publishing its well-known journal, International Affairs. The first issue included an article titled ‘Peoples’ Self-Determination’ by Gilbert Murray (later a founder of Oxfam), another article devoted to the Upper Silesian question, and a letter to the editor of Chatham House written by an acquaintance of ours: Arnold J. Toynbee, who would be appointed director of studies at Chatham House in 1925, a position he would hold until his retirement.
The politicians, intellectuals and military that were part of Chatham House would be decisive in defining the prevailing climate in international relations during the interwar period, and especially when it came to implementing the policy of appeasement. The underlying idea within much of that circle was that the form of international relations had to be redefined in order to make any future war impossible. Hence the creation of the League of Nations (the antecedent of the UN), which should be the forum where differences between states were resolved peacefully.
Toynbee does not look so much at these conflicts between classes, but rather he identifies them in societies:

– A first stage of growth, during which a creative minority is able to lay the foundations of that society.
– Later that minority loses its creative force and becomes a simple oppressive minority, which marks the beginning of the collapse of that society.
– The society thus enters into troubled times in which the different component nations of a society fight each other to achieve predominance.
– To end up leading to a universal State, in which a given nation unifies the entire geographical area of that specific society.

Arnold J. Toynbee and the elite symbolized by Chatham House advocated building peace through dialogue between nations, a dialogue that should lead to a kind of world federal government, within which all differences would be settled peacefully. That embryo of a world federal government was then the League of Nations, predecessor of the current United Nations Organization.
The problem with this thesis is precisely what we have just illustrated with what happened after the Night of Broken Glass.
Let’s think: how could, in a world made up of democratic and non-democratic nations, come to a world government that would guarantee the end of all wars?
The procedure for setting up a world federation of nations in order to put an end to all wars is obvious: first you have to create a forum (such as the then existing League of Nations) where nations meet to discuss their problems in a peaceful manner.
But if the primary objective is peace, then the life and liberty of human beings becomes a secondary objective: in order to preserve peace, in order to maintain the status quo, it is necessary to let non-democratic nations do and dispose within its borders as they please. Even if that means letting the Jews or any other minority be massacred.

China has launched a dystopian police state thanks to technology:

Muslim people living in Xinjiang may be the most closely watched population in the world. The Chinese government has devoted a tremendous amount of resources to collecting incredibly detailed information about the lives of this group (…). According to former Xinjiang residents, the surveillance system involves extensive and invasive monitoring both in person and electronically, with:

-Collection of biometric data, including iris scanning and facial recognition.
-Invasive interviews conducted by public officials.
-Frequent searches and interrogations carried out by omnipresent security agents.
-A ubiquitous network of surveillance cameras, including facial recognition cameras.
-A vast network of police checkpoints known as «community police stations.»
-Unlimited access to personal communication devices and the financial history of citizens.

In addition to providing the government with a vast amount of personal information, this activity allows authorities to comprehensively track in real time the communications, movements, actions, and behaviors of Xinjiang’s ethnic minority population.

The World Economic Forum (WEF), better known as the Davos Forum, is an organization founded in Switzerland in 1971 by the German engineer and economist Klaus Schwab. The organization is best known for its multi-day annual meeting in the Swiss ski resort of Davos.
These annual gatherings attract a couple thousand select attendees from the political arena, the business world, NGOs and social movements, academia, the media, and even just plain celebrities. The attendance fee for that annual meeting is $19,000 per person.
The Davos Forum is financed by the fees contributed by more than 1,000 large companies, many of which invoice more than 5,000 million dollars annually. Those companies contribute an annual fee of $263,000 for regular partners or $527,000 for strategic partners.
There isn’t a self-respecting politician, big businessman, or media owner who hasn’t been to the Davos Forum: very high-level contacts are made there and there they learn first-hand which policies can be defended and which are not. well regarded among the international political-business elite. Jordi Pujol, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado…
Therefore, the Davos Forum brings together most of the political and financial oligarchy that paints something in this world. And it is dedicated to promoting policies that are familiar to all of us these days: the 2030 Agenda for sustainable development, the circular economy, renewable energies, the fight against climate change…
China is not going to tighten the rope with its expansionism until it breaks, as Hitler did with his series of successive aggressions that culminated in the invasion of Poland; on the contrary: although it does not refrain from using the military threat, China is not going to do anything to push the West into an open confrontation.
Because China is in no hurry. And she knows that she can conquer the West without firing a shot, by first capturing its political, economic and intellectual elites.

Greta Thunberg: It is not some revolutionary youth movement that is trying to promote that vision, consisting of blaming the West for a problem (CO2 emissions) that would in any case be China’s main responsibility. It is our own political and business elites that are behind this guilt reversal project. Greta Thunberg is a mere puppet of those who have consciously launched her into stardom.
Who promotes the 2030 Agenda for Sustainable Development and uses figures like Greta Thunberg to convince the Western population to allow themselves to be impoverished and accept to reduce their standard of living are our political-business elites.
It is those elites, not Greta Thunberg, who attended that speech by Xi Jinping before the Davos Forum on January 17, 2022, in which the Chinese dictator could not make it clearer (as he has made clear before in countless occasions) that your country intends to continue increasing emissions until 2030 and that those who have to set an example by reducing their emissions are… the developed countries.
Xi Jinping is not saying anything that these supposedly green movements, symbolized by Greta Thunberg and encouraged by our own Western elites, are not saying.
And the problem, as in the 1930s, is that if you tell a totalitarian and criminal regime that you think it is right and that you are going to let it neutralize the economic advantage that you have, that totalitarian and criminal regime takes you the word.

(Noberto Bobbio) I call “crypto-government” the set of facts or actions carried out by subversive political forces that act in the shadows in connection with the secret services or with a part of them, or that at least are not hindered by them. The first such episode in recent Italian history was undoubtedly the Piazza Fontana massacre. Despite the long judicial process, which took place in various phases and directions, the mystery has not been revealed, the truth has not been discovered, the darkness has not been clarified (…). I do not make conjectures, I do not advance any hypothesis. I limit myself to recalling the suspicion that remained, after the conclusion of the process, that the State secret served to protect the secret of the anti-State. I go back to the Piazza Fontana massacre (…) because the degeneration of the Italian democratic system began there, that is, at the moment when an «arcanum», in the most appropriate sense of the term, entered, unforeseen and unpredictable, in the Italian collective life, upset it, and was followed by episodes no less serious and that remained equally dark.

Recently, shortly before Russia’s invasion of Ukraine in February 2022, the United States warned of the possibility that Russia would simulate an attack on its own troops to justify the invasion of the neighboring country.
Sometimes, these false flag operations are organized for a mere small-time economic interest: on May 8, 2002, a man stopped his car next to a bus that was parked outside the Sheraton Hotel, in the city Karachi, Pakistan, and detonated the vehicle.
We are going, in the best of cases, towards a consolidation of the status quo in which, in the end, the dominant oligarchies in the West, in Russia, in China, can perfectly understand each other and coexist. And co-govern the world, respecting each other’s spheres of influence and trying not to interfere in the internal affairs of their rivals. In the worst case, we are moving towards a universal state, probably authoritarian, that governs the entire planet. Whether that universal state will be Western or Chinese remains to be seen.
In any of these situations (coexistence of the West with other non-democratic powers or establishment of a universal authoritarian State), information services, with their almost infinite capacity to intoxicate public opinion, cease to be a weapon of war and they become a weapon of government. In those parts of the world where democracy does not prevail, the respective governments will have carte blanche to oppress their people. And where democracy prevails (if only formally), information services will be used directly to manipulate public opinion in any way deemed appropriate.

So that future generations are aware of the torture, the misery, the oppression that this cursed tyrant imposed on humanity. So that the historians of the future have enough material to write the real story. Since the tyrant cannot be overthrown, let the tyrant at least not be portrayed for future centuries as a benevolent ruler, under whose leadership the people prospered and were happy.
And the chronoterrorists are dedicated to burying time capsules here and there, leaving a record of the real events. But disagreements soon arise between these dissidents, because one part of them decides to go one step further.

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