El Circo De Los Pueblos: Cómo Dictadores, Narcos, Políticos Y Empresarios Consiguieron Poder A Través Del Fútbol — José Ignacio Lladós / Panem Et Circenses: How Dictators, Narcos, Politicians And Entrepreneurs Got Power Through Football by José Ignacio Lladós (spanish book edition)

Una interesante lectura sobre el lado más oscuro del negocio.
En 1969, el Santos de Pelé se trasladó a África para disputar unos amistosos, dos de los cuales debían jugarse en Nigeria, que estaba en guerra civil. A pesar del riesgo de viajar a un país en conflicto, el equipo brasileño aterrizó en suelo nigeriano e, inmediatamente, la batalla que había explotado un año y medio antes, cuando un grupo opositor al Gobierno reclamó la independencia de la región de Biafra, entró en un alto el fuego, porque todos prefirieron ver a Pelé. El fútbol tiene el poder para convertirse en una herramienta de paz.
También en 1969, Honduras y El Salvador entraron en guerra, justo unos días después de que debieran dirimir en una cancha cuál de los dos se clasificaría para el Mundial de México 70. A ese enfrentamiento bélico se lo llamó “la guerra del fútbol”, porque muchos interpretaron que aquellos partidos exacerbaron tanto los ánimos que se convirtieron en detonantes de la batalla. En 1990, un equipo croata (Dinamo) y otro serbio (Estrella Roja) debían jugar un encuentro decisivo por la liga yugoslava. El partido no empezó porque las hinchadas se pelearon y los jugadores croatas intervinieron y se trenzaron a los golpes con la policía. Para muchos croatas, ese es el punto inicial de la lucha por la emancipación de Croacia y de la disolución de Yugoslavia. Ambos casos demuestran que, como inmenso amplificador de emociones que es, el fútbol puede potenciar el nacionalismo.
En Cataluña, cuando el dictador Francisco Franco prohibió los símbolos regionalistas y las lenguas que no fueran el castellano, los partidos que el Barcelona disputó como local fueron un espacio para que los catalanes hablaran y cantaran en su idioma, para que desplegaran la senyera (la bandera de Cataluña) e incluso para que se animaran a gritar y cantar en contra del poder central. El Barça, un equipo, un club, o más que eso, fue entonces y es ahora la bandera de una región que se consideró oprimida. El fútbol también suele convertirse en una seña de identidad.
El fútbol es el entretenimiento más grande del planeta y, como tal, desde la primera mitad del siglo XX el poder buscó utilizarlo. Del fútbol buscaron aprovecharse Mussolini, Hitler, la dictadura argentina con el Mundial 78, los jeques árabes, Pablo Escobar, la Camorra napolitana. También expuso las diferencias en la ex-Yugoslavia, en el distanciamiento entre Arabia Saudita e Irán, en la tensión entre Honduras y El Salvador. Del fútbol se valieron Pelé, Weah, Berlusconi, Macri, Piñera. Y, de alguna manera, del fútbol fue víctima Maradona, el jugador más utilizado de la historia.
A pesar de todo esto, el fútbol no siempre fue una herramienta de los poderosos. Hubo una transformación, que acompañó en paralelo el crecimiento de la actividad y los continuos cambios políticos del mundo.

Se atribuye a los romanos la creación de la política populista del “pan y circo”. Panem et circenses, lo describió el poeta romano Juvenal más de 100 años antes del nacimiento de Jesucristo. Por “circenses” (se pronuncia quirquenses, en latín) se entiende “juegos del circo”, y tiene que ver con que, frente al creciente malestar de la población por la falta de condiciones de vida satisfactorias, el Gobierno del Imperio desarrolló una política para contentar a las clases más desfavorecidas con algo de comida (generalmente, trigo) barata o gratuita y juegos lúdicos, que lograron mantener a la gente distraída y desenfocada de sus carencias cotidianas. No se sabe si efectivamente el populismo nació más de un siglo antes de Cristo en Roma, pero al menos son las primeras referencias de lo que luego sería la industria del entretenimiento utilizada por el poder para su beneficio.
Aquel circo romano es el fútbol de los siglos XX y XXI. Al fútbol, en verdad, muchas veces se lo define como “el opio del pueblo”, la misma descripción que utilizó Karl Marx en 1844 para referirse a la religión, a la que acusó de generar una “felicidad ilusoria” en los creyentes. “Opio” y “circo”, en este caso, podrían actuar casi como sinónimos, aunque vale una diferenciación: el opio atonta y el circo distrae.
El opio seda y quita reflejos, y la metáfora suele utilizarse para sugerir que el poder de turno aprovecha dicho estado para permear su ideología. El circo, en cambio, quita el foco de las cosas importantes, sin que ello implique adoctrinamiento.
El fútbol entretiene y distrae, y el poder fáctico ha sabido valerse de ello, como mínimo, desde que el deporte se convirtió en un fenómeno de masas o en un símbolo de unión (nacional, regional o local).
Como el fútbol tuvo en el último siglo una fuerza inusitada, el poder buscó aprovecharse de él.

A los franceses les costaba cohesionar procedencias, religiones y culturas disímiles. Hasta que el seleccionado nacional, el representante simbólico de esa dispersión social, ganó el Mundial de fútbol. Aquel equipo estuvo integrado por descendientes de argelinos (Zinedine Zidane), de armenios (Youri Djorkaeff y Alain Boghossian), de antillanos (Thierry Henry, cuyo padre nació en Guadalupe y su madre, en Martinica) y de argentinos (David Trezeguet); nativos de las colonias francesas (Christian Karembeu, de Nueva Caledonia, y Lilian Thuram, de Guadalupe), africanos (Marcel Desailly, nacido en Ghana, y Patrick Vieira, en Senegal) y solo una minoría “pura”, como se llamó en aquel momento a los franceses de origen y larga ascendencia continental. Los “puros” eran ocho sobre 22 jugadores.
El conflicto que vivía Francia y la utilización del seleccionado campeón del mundo a partir de 1998 fue descripto por la revista Foreign Affair: “Como producto de su historia, ubicación geográfica y pasado colonial, Francia es un país diverso y multiétnico. Desafortunadamente, este rico tejido humano ha sido causante de un clima de tensión política y de división dentro de la sociedad francesa. Las diferencias raciales y socioeconómicas produjeron marginación y exclusión social. La integración de los migrantes y especialmente de sus hijos jóvenes ha sido muy difícil, y es un tema apremiante en Francia. La victoria en el Mundial de 1998 fue la de un equipo llamado ‘arcoíris’, por su carácter multirracial y multicultural. Ese éxito fue la culminación del modelo de movilidad social de la generación Black, Blanc, Beur (Negro, Blanco, Árabe) y se mostró al mundo una Francia tolerante, inclusiva y racialmente diversa”.

Francia, Weah y Berlusconi son tres ejemplos del fútbol utilizado como herramienta para otros fines. El Gobierno francés, para generar una ilusión en la sociedad. Weah y Berlusconi, para llegar a la primera magistratura nacional. Weah, desde adentro de una cancha; Berlusconi, desde afuera. Y como el dirigente italiano, el fútbol también fue el trampolín de dirigentes y empresarios sudamericanos: Mauricio Macri pasó de presidente de Boca a presidente de la Argentina; Sebastián Piñera fue dueño de Colo-Colo antes de convertirse en el presidente de Chile; Horacio Cartes saltó de Libertad a la presidencia de Paraguay.
¿Qué tiene el fútbol? ¿Por qué en los últimos 100 años se convirtió en un elemento fácilmente manipulado por el poder de turno? En principio, conviene recordar que el fútbol como deporte no nació por intervención ni interés de un Estado, ni de ningún otro poder. El fútbol nació en los colegios y universidades de Gran Bretaña como una actividad recreativa. En sus comienzos, incluso, fue violento y en varias instituciones se jugó con las manos. Los padres de los jóvenes que lo practicaban veían “virtudes formadoras” en la violencia con la que se disputaba la pelota.
Ya en la década de los treinta, por ejemplo, Iósif Stalin y los jerarcas de la Unión Soviética entendieron que el fútbol podía ser un elemento para propagar la ideología comunista. O, como mínimo, consideraron que la potencia que tenía cualquier mensaje pronunciado por un futbolista suponía tanto un riesgo como una oportunidad. Así, según reveló Mikhail Butusov, exjugador de Dinamo Leningrado durante 1931 y 1936 y capitán del seleccionado nacional en el primer partido oficial de la Unión Soviética (fue en 1924, superó por 3 a 0 a Turquía y Butusov marcó dos de los goles), todo el plantel del Dinamo fue obligado a leer la biografía del líder Stalin y a estudiar la historia del Partido Bolchevique y la teoría del marxismo-leninismo. La posibilidad de que algún futbolista hiciera declaraciones por fuera de las necesidades de la política preocupaba al estalinismo. En todo caso, vale para entender que en esa época el fútbol empezaba a tomar otra dimensión y que los jugadores comenzaban a convertirse en actores relevantes de la cotidianidad local.
Durante el régimen soviético, varios de los clubes más importantes se gestionaron desde diversos organismos oficiales, muchas veces enfrentados entre sí, de modo que las aspiraciones y las contrataciones de cada equipo dependieron de la voluntad o necesidad política de su administrador. Veamos algunos casos:
.La policía secreta gestionó el Dinamo, entidad que fundó en Moscú, en 1923, con el fin de desarrollar el entrenamiento físico militar. Luego, las actividades se extendieron y se creó un equipo de fútbol, en paralelo con la organización de otros clubes Dinamo en el resto de la Unión Soviética. Así es como nacieron los Dinamo de Uzbekistán, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Ucrania, etc. Todos, originalmente, fueron controlados por la policía secreta del régimen comunista.
.El Ejército manejó el CSKA, cuyo primer título nacional fue conseguido en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial. A aquel equipo campeón se lo llamó “el equipo de los tenientes”. En verdad, el CSKA fue fundado en 1911 por un grupo de entusiastas del esquí, que lo llamaron Sociedad Amateur de Deportes de Esquí (OLLS, por su sigla en ruso), pero el Ejército Rojo tomó el control del club.
.El Lokomotiv fue creado por los trabajadores ferroviarios de Moscú. Y vale contextualizar: el tren resultó fundamental en la Unión Soviética para unir la enorme extensión del país más grande del mundo, a tal punto que los distintos Gobiernos soviéticos mantuvieron en la capital rusa un Ministerio de Ferrocarriles (tras la caída del comunismo y la disolución de la URSS, ahora Rusia tiene un Ministerio de Transporte). Los sindicatos ferroviarios fueron para el Kremlin organizaciones muy importantes.
Durante décadas, las distintas ramas del poder comunista condujeron los clubes más importantes del fútbol soviético, salvo en el caso del Spartak, algo así como un “desclasado”, sin soporte político. Es un caso raro dentro del panorama soviético, donde las internas por el poder también se dirimían en una cancha de fútbol.

Argentina 78 es el único Mundial que se disputó durante una dictadura o, al menos, el único que se realizó en medio de una gestión que llegó al poder por las armas, mediante un golpe de Estado. Esto último lo diferencia de Italia 34, gobernada entonces por Benito Mussolini, que había sido investido primer ministro por el rey Vittorio Emanuele III, tras la renuncia del jefe del Estado, Luigi Facta.
La Copa que se jugó en la Argentina estuvo tan cuestionada que, meses antes de que comenzara, hubo una movilización internacional que, encabezada por organizaciones de derechos humanos, buscó quitarle la sede.
La controversia que se generó por la coyuntura política y social argentina de aquella época, conducida por un régimen militar de mano dura, fue también un argumento que se utilizó para deslegitimar el triunfo deportivo del seleccionado local.

La historia del narcotráfico como fuente de poder del fútbol colombiano es larga y tiene muchas más aristas y anécdotas. Empezó en la década de los setenta y, tras un pico de violencia en los ochenta y los noventa, bajó luego su efervescencia.
El fútbol colombiano creció y se convirtió en una referencia continental. Sus jugadores emigraron a los mejores clubes del mundo y su seleccionado disputó varios mundiales más. El sociólogo Juan Gabriel Tokatlian analizó toda esta historia así: “El fútbol en Colombia fue un negocio más para la mafia, que se comportó en el deporte de manera semejante a como se comportó en otros ámbitos. Con presión, con amenazas, con chantajes, con sobornos, con violencia. No hay que verlo como un exabrupto o como algo extraño. Los grupos narcos se mataban por la ruta de la droga a Nueva York, por los distribuidores mayoristas de Chicago o por quién controlaba cada sección en Miami. Si se quiere, menos mercantil y más lúdica, esa competencia feroz se trasladó al fútbol. Con el tiempo, muchos de estos personajes fueron detenidos, algunos extraditados, otros asesinados, con lo que su presencia en el fútbol colombiano, como mínimo, tuvo una merma”.
La violencia de aquellos choques futbolísticos se diluyó. Se mantienen los clásicos y la pasión de los colombianos por su deporte preferido.

Jimmy Burns coincidió con el exdelantero del seleccionado argentino y del Real Madrid (Valdano): “No creo que Maradona haya sido un inocente total. A pesar de la droga y de su locura, siempre supo por lo que estaba pasando. Lo utilizaron, pero con él sabiendo por dónde venía la cosa”.
De que lo utilizaron no hay duda. Fue el futbolista más usado de todos los tiempos y por diferentes tipos de poder: un gobierno de facto (la dictadura argentina), un gobierno democrático (Menem), la mafia (la Camorra). También buscaron tomar de prestado algo de su prestigio varios líderes internacionales (Chávez, Fidel Castro, Evo Morales). Todos quisieron la foto con él, sus palabras de aliento, su arenga pública. Aun quienes chocaron con él hubieran preferido no tenerlo enfrente (Duhalde, Macri).
Maradona habló algunas veces de todo esto. Ya de grande, admitió que había sido un instrumento del poder y tuvo claro que a los demás les convino utilizarlo. En más de una oportunidad, a él también.

En 1942, la FIFA quería evitar que la utilización del fútbol como herramienta del poder y la pelea por la organización de los mundiales continuaran provocando deserciones y que, por lo tanto, entre ambas cosas se diluyera la calidad del torneo. En ese contexto Hitler reclamó su Mundial y la Argentina y Brasil evaluaron pelear por la sede.
Al final, ni argentinos ni brasileños avanzaron demasiado, porque mientras Hitler presionaba y la FIFA difería la decisión, Alemania bombardeó el oeste europeo y a la FIFA no le quedó más remedio que cancelar el Congreso de 1940 e, inmediatamente, el Mundial de 1942.
Por doce años, desde 1938 hasta 1950, no hubo más mundiales y la FIFA no solo demoró el crecimiento de su obra maestra, sino que debió tener especial cuidado de todo aquel daño que pudiera infligirle el Tercer Reich.

En 1990, la policía comenzó a acorralar a Miñanco, que se recluyó en Panamá y de a poco debió dejar de ocuparse tan fielmente de su club. En el camino, por la velocidad con las que se extendieron las versiones sobre el origen del dinero, una parte del pueblo empezó a mirar con recelo a quien se mostraba como un empresario exitoso. Todo un contrasentido para Prado/Miñanco, quien buscó desde el principio ser considerado el hijo dilecto del pueblo.
Los jugadores no sabían bien de qué sospechar, pero seguramente algo sospechaban, porque no parecía razonable pagar los montos que Miñanco pagaba en categorías de aficionados, como tampoco lo era que invirtiera en concentraciones aun cuando el Cambados actuaba como local. “En Segunda B, en Tercera y en Preferente no es normal que un equipo se concentre, pero Sito los llevaba al Parador de Cambados, un hotel de cuatro estrellas, para que se concentraran la noche previa a los partidos. Es mucho para estas divisiones. Seguramente los jugadores algo raro intuían, pero creo que suponían que el dinero venía del tabaco, no de la droga. En Cambados todos sabían que había contrabando. En todo caso lo que no se sabía era de qué era ese contrabando”.
Con el mecenas encarcelado, el Cambados perdió competitividad. Después de disputar tres años seguidos la Segunda B, descendió rápidamente dos categorías y volvió a instalarse en la quinta división española. Con el tiempo, su andar irregular le impidió mantenerse y siguió cayendo hasta que, en 2015, bajó a la Segunda Autonómica, la séptima categoría del fútbol español.
En su última temporada en la Segunda B fue el peor de los siete equipos gallegos que participaron en la categoría (As Pontes, Fabril, Lalín, Lugo, Ourense y Pontevedra, además del Juventud, obviamente). Tan mal le fue que solo pudo ganar dos de sus partidos contra sus rivales regionales cuando actuó como local y perdió los seis de visitante. El Cambados terminó penúltimo y bajó a Tercera. En tres años, la ilusión de ser el sucesor del Celta y el Deportivo desapareció.
El narco más famoso de España buscó el calor de su pueblo cuando invirtió en el equipo. Vendió una ilusión a cambio de amor popular y, por unos años, consiguió lo que quería. Fue reconocido, aclamado y querido, pero la exposición de su caso derrumbó todo lo que había construido.
La historia resume cómo el fútbol puede ser utilizado como una herramienta para obtener aceptación y en este caso es, además, un compendio del desembarco del narcotráfico en España, el crecimiento de un capo de la droga como Sito Miñanco y el derrame del poder y el dinero sucio hacia la sociedad, que tuvo su punto más exagerado en el crecimiento inusual del club de fútbol de un pueblo, el Juventud Cambados.

En África, tal vez más que en cualquier otro lado —porque sus países fueron de los últimos en independizarse—, el fútbol es hoy eso que explicó Winnie Mandela: es una herramienta fundamental para la construcción de identidades nacionales, aunque también puede ser un instrumento de los políticos para perpetuarse en el poder.

El verano europeo de 2020 estuvo a punto de marcar un hito en esto de utilizar al fútbol para obtener fines extradeportivos: PSG llegó a la final de la Champions League, en la que perdió con el Bayern Múnich, y Manchester City por unos días creyó posible arrebatarle al Barcelona a uno de los mitos deportivos del siglo XXI, Lionel Messi. Dos equipos tradicionales, como el Bayern y el Barça, impidieron al menos por un tiempo que un par de clubes con un Estado detrás tomaran el control y provocaran un cambio de mando histórico. Vale la fecha, de todas maneras, como un punto de partida para pensar que un nuevo reparto del poder futbolístico es posible.
¿Qué tienen en común el PSG y el City y por qué generaron resistencia en el mundo del fútbol? Son dos clubes cuyos dueños resultan, directa o indirectamente, países. Cuentan con un Estado que los sostiene y los potencia. Y para la tradición futbolística esto es, como mínimo, una alteración del sistema y una competencia desleal. Mientras los grandes históricos deben sobrevivir con un presupuesto conformado por el dinero que les ingresa por entradas, derechos televisivos, acuerdos comerciales y desempeño deportivo en los torneos en los que participan, París y Manchester City suman un apartado: el del subsidio de un gobierno, en estos dos casos casualmente sostenido por los negocios petroleros.
Al PSG lo compró Catar. Al City, Emiratos Árabes Unidos o, más precisamente, el emirato de Abu Dabi, donde se encuentra la capital emiratí. Hay una diferencia, de todas maneras: Catar admite que el dinero con el que compró el PSG surgió de un fondo de inversión creado por el gobierno para gestionar los ingresos que recibían por la exportación de gas y petróleo. Emiratos, en cambio, rechaza la versión de que el Estado se encuentre detrás de la adquisición del City y sostiene que es un negocio privado del jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, hijo del primer presidente del país y miembro de la familia real de Abu Dabi.
Ambos clubes mejoraron sensiblemente su rendimiento deportivo desde que fueron comprados por sus nuevos dueños. PSG ganó siete ligas francesas (hasta entonces, tenía solo dos), cinco copas de Francia, seis Copas de la Liga y ocho Supercopas de Francia (hasta febrero de 2021). El dominio en su país fue abrumador. Manchester City, que en 1999 había jugado en la tercera división inglesa y que toda la vida había vivido a la sombra del gigante Manchester United, su rival en la ciudad, obtuvo cuatro Premier Leagues, dos FA Cups, cinco Copas de la Liga y tres Community Shields (hasta febrero de 2021). De pronto se posicionó como uno de los equipos más importantes de Inglaterra.
De ser dos entidades locales se transformaron en dos íconos mundiales. Cuando Catar compró el PSG, el conjunto parisino tenía menos historia y títulos que Olympique de Marsella, Lyon, Nantes, Saint-Étienne, Girondins de Bordeaux y Mónaco. Su importancia residía en que era el equipo de la capital francesa, con todo lo que ello implica. Cuando el jeque Mansour llegó a Manchester, el City estaba muy lejos de los gigantes Manchester United, Liverpool y Arsenal en títulos, arrastre, historia y atracción, pero también se encontraba a una distancia considerable del nuevo rico Chelsea, comprado por el millonario ruso Roman Abramovich, y tenía menos ligas que Everton, Aston Villa y Leeds, entre otros. Ninguno, ni PSG, ni Manchester City, trascendía fronteras.

En 2020, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, presentó un proyecto llamado Making Football Truly Global (Haciendo un fútbol verdaderamente global), que constaba de once puntos, uno de los cuales era “influir en la sociedad gracias al poder del fútbol”. No solo se reconoce en voz baja; la capacidad de penetración del fútbol ya se imprime en informes oficiales. Es, abiertamente, el circo de los pueblos.
Lionel Messi, Neymar y Cristiano Ronaldo son figuras más globales que Maradona, Cruyff y Pelé. Y todos lo son más que Di Stéfano, Puskas, Meazza y Sindelar, cracks de épocas menos industrializadas. Esto ocurre porque el fútbol se ve potenciado por la difusión y el marketing.
Así las cosas, el mayor desafío de quienes dirigen el rumbo del deporte es encapsularlo para que no pueda ser tomado por el poder con fines personales. Es una misión muy compleja y de éxito muy improbable. Pensar en tabicarlo para mantenerlo completamente aislado resulta ilusorio. El fútbol no volverá a ser una actividad recreativa desprovista de consecuencias.

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An interesting reading on the darker side of the business.
In 1969, Saints of Pele moved to Africa to dispute friendly, two of which should be played in Nigeria, who was in civil war. Despite the risk of traveling to a country in conflict, the Brazilian team landed on Nigerian soil and, immediately, the battle that had exploited a year and a half earlier, when an opposition group to the Government claimed the independence of the Biafra region, entered In a high fire, because everyone preferred to see Pele. Soccer has the power to become a peace tool.
Also in 1969, Honduras and El Salvador entered war, just a few days after they should reside on a court which of the two would be classified for the World Cup in Mexico 70. To that warfare was called «The Football War», Because many interpreted that those parties exacerbated both the encouragement that became battlehead. In 1990, a Croatian team (Dinamo) and another Serb (Red Star) should play a decisive meeting by the Yugoslav League. The match did not start because the swollen fought and the Croatian players intervened and tied to the blows with the police. For many Croats, that is the initial point of the struggle for the emancipation of Croatia and the dissolution of Yugoslavia. Both cases show that, as immense amplifier of emotions that is, football can boost nationalism.
In Catalonia, when the dictator Francis Franco prohibited regionalist symbols and languages that were not Spanish, the parties that Barcelona disputed as a place was a space for Catalans to talk and sing in their language, to deploy Senyera (the Flag of Catalonia) and even to be encouraged to scream and sing against the central power. Barça, a team, a club, or more than that, was then and now is the flag of a region that was considered oppressed. Soccer also usually becomes a sign of identity.
Football is the largest entertainment on the planet and, as such, from the first half of the twentieth century the power sought to use it. From football they searched to take advantage of Mussolini, Hitler, the Argentine dictatorship with World Cup 78, the Arab Jekes, Pablo Escobar, the Napolitan Camorra. He also presented the differences in the ex-Yugoslavia, in the distancing between Saudi Arabia and Iran, in tension between Honduras and El Salvador. From football, we used to, weah, Berlusconi, Macri, Piñera. And, in some way, football was victim Maradona, the most widely used player in history.
In spite of all this, football was not always a tool of powerful. There was a transformation, which accompanied the growth of activity and the continuous political changes in the world.

The creation of the populist policy of «bread and circus» is attributed to the Romans. Panem et Circens, described by the Juvenal Roman poet more than 100 years before the birth of Jesus Christ. By «Circenses» (it is pronounced by Quirquenses, in Latin), «Games del Circo» is understood, and it has to do with that, in front of the growing discomfort of the population due to the lack of satisfactory living conditions, the Government of the Empire developed a policy To content the most disadvantaged classes with some cheap or free food (generally, wheat) and playful games, which managed to keep people distracted and out of focusing their daily deficiencies. It is not known if populism was indeed, he was born more than a century before Christ in Rome, but at least they are the first references of what would then be the entertainment industry used by power for their benefit.
That Roman circus is the football of the XX and XXI centuries. Soccer, in truth, it is often defined as «the opium of the people», the same description used by Karl Marx in 1844 to refer to religion, which he accused of generating an «illusory happiness» in believers. «Opium» and «circus», in this case, could act almost as synonyms, although it is worth a differentiation: opium Atonta and the circus distracts.
The opium silk and removes reflexes, and the metaphor is usually used to suggest that the power of turn takes advantage of this state to permeate its ideology. The circus, on the other hand, removes the focus of important things, without implining indoctrination.
Soccer entertains and distracts, and the factual power has been able to use it, as a minimum, since the sport became a mass phenomenon or a symbol of union (national, regional or local).
As football had an unusual force in the last century, the power sought to take advantage of him.

The French was difficult for them to coast, religions and dissimilar cultures. Until the national selected, the symbolic representative of that social dispersion, won the World Cup. That team was integrated by descendants of Algerians (Zinedine Zidane), from Armenians (Youri Djorkaeff and Alain Boghossian), of Antilleans (Thierry Henry, whose father was born in Guadalupe and his mother, in Martinique) and from Argentines (David Trezeguet) ; natives of the French colonies (Christian Karembeu, from New Caledonia, and Lilian Thuram, from Guadalupe), African (Marcel Dauzy, born in Ghana, and Patrick Vieira, in Senegal) and only a «pure» minority, as he was called in that Moment to French origin and long continental descent. The «cigars» were eight over 22 players.
The conflict that France lived and the use of the selected world champion as of 1998 was described by the Magazine Foreign Affair: «As a product of its history, geographical and colonial past location, France is a diverse and multi-ethnic country. Unfortunately, this rich human tissue has been causing a climate of political tension and division within French society. Racial and socioeconomic differences produced marginalization and social exclusion. The integration of migrants and especially their young children has been very difficult, and is a pressing issue in France. The victory in the 1998 World Cup was that of a team called ‘rainbow’, for its multiracial and multicultural nature. This success was the culmination of the social mobility model of the generation Black, Blanc, Beur (Black, White, Arabic) and a tolerant, inclusive and racially diverse France showed the world. »

France, Weah and Berlusconi are three examples of soccer used as a tool for other purposes. The French Government, to generate an illusion in society. Weah and Berlusconi, to reach the first national magistracy. Weah, from within a court; Berlusconi, from outside. And as the Italian leader, football was also the trampoline of South American leaders and entrepreneurs: Mauricio Macri passed from Boca president of Boca to President of Argentina; Sebastián Piñera owned Colo-Colo before becoming the president of Chile; Horacio Cartes jumped from Freedom to the Presidency of Paraguay.
What does football have? Why in the last 100 years be converted into an element easily manipulated by the power of turn? In principle, it should be remembered that football as a sport was not born by intervention or interest in a State, nor any other power. Soccer was born in the colleges and universities of Great Britain as a recreational activity. In his beginnings, even, he was violent and in several institutions he played with his hands. The parents of the young people who practiced it saw «trafficking virtues» in the violence with which the ball was played.
Already in the thirties, for example, Ióssif Stalin and the Hierarchs of the Soviet Union understood that football could be an element to propagate the communist ideology. Or, at a minimum, they considered that the power that had any message pronounced by a footballer involved both a risk as an opportunity. Thus, said Mikhail Butusov, Exjugator of Dinamo Leningrad during 1931 and 1936 and captain of the National Selected in the first official party of the Soviet Union (was in 1924, he exceeded Turkey and Butusov scored two of the goals), The entire staff of the Dinamo was forced to read the Biography of the Stalin leader and to study the history of the Bolshevik Party and the theory of Marxism-Leninism. The possibility that some footballer would make statements outside the needs of politics concerned Stalinism. In any case, it is worth to understand that at that time football was beginning to take another dimension and that the players began to become relevant actors of local daily life.
During the Soviet regime, several of the most important clubs were managed from various official agencies, often faced with each other, so that the aspirations and hiring of each team depended on the will or political need of their administrator. Let’s see some cases:
.The Secret Police managed the Dinamo, entity that founded in Moscow, in 1923, in order to develop military physical training. Then, the activities were extended and a soccer team was created, in parallel with the organization of other dynamo clubs in the rest of the Soviet Union. This is how the dynamo of Uzbekistan, Azerbaijan, Belarus, Georgia, Ukraine, etc. were born. All, originally, were controlled by the secret police of the communist regime.
. The army handled the CSKA, whose first national title was achieved in 1946, after the Second World War. That champion team called it «the team of the lieutenants». Indeed, CSKA was founded in 1911 by a group of enthusiasts of skiing, they called Society Amateur Sports Ski (OLLS, for its acronym in Russian), but the Red Army took control of the club.
.The Lokomotiv was created by the railway workers of Moscow. And it contextualize: the train was instrumental in the Soviet Union to join the vast expanse of the largest country in the world, to the point that the various Soviet governments held in the Russian capital a Ministry of Railways (after the fall of communism and the dissolution of the USSR, now Russia has a Ministry of Transport). Railway unions were very important for the Kremlin organizations.
For decades, the various branches of the communist government led the biggest clubs in the Soviet football, except for Spartak, something like a «classless» without political support. It is a rare case in the Soviet panorama, where internal for power also were settled on a soccer field.

78 Argentina is the only World was played under a dictatorship or, at the least, the only one that took place in the midst of a management who came to power by force of arms, by a coup. The latter is unlike Italy 34, then ruled by Benito Mussolini, who had been sworn in prime minister by King Vittorio Emanuele III, after the resignation of the head of the State, Luigi Facta.
Cup was played in Argentina was as disputed that, months before it began, there was an international mobilization led by human rights organizations, he sought to take the seat.
The controversy generated by the political and social situation Argentina at the time, led by a hardline military regime, was also an argument that was used to delegitimize the sporting triumph of the local selected.

The history of the drug trade as a source of power of Colombian football is long and has many more edges and anecdotes. It started in the seventies and after a peak of violence in the eighties and nineties, then lowered its effervescence.
Colombian football grew and became a continental reference. Players migrated to the best clubs in the world and selected played several world over. Sociologist Juan Gabriel Tokatlian analyzed this story as follows: «Football in Colombia was another business for the mafia, who behaved in a manner similar to sport behaved as elsewhere. With pressure, threats, with blackmail, bribes, violently. Not to be seen as a strange outburst or something. The narcos groups were killed by the drug route to New York, by wholesale distributors in Chicago or who controlled every section of Miami. If you want less commercial and more playful, that fierce competition moved to football. Eventually, many of these people were arrested, some extradited, others murdered, bringing its presence in the Colombian football, at least, had a decline. »
Violence of those shocks diluted football. classical and passion of Colombians are kept for their favorite sport.

Jimmy Burns coincided with the exdelantero of the Argentine national team and Real Madrid (Valdano): «I do not think Maradona has been a total innocent. Although drugs and madness of him, he always knew so was happening. They used it, but he knew where the thing was coming. »
That they used no doubt. He was the player most used of all time and for different types of power: a de facto government (the dictatorship in Argentina), a democratic government (Menem), the mafia (Camorra). They also sought to take some of the prestige lent him several international leaders (Chavez, Fidel Castro, Evo Morales). Everyone wanted a picture with him, the words of encouragement from him, public harangue him. Even those who clashed with him would rather not have it in front (Duhalde, Macri).
Maradona spoke sometimes of this. And large, he admitted that he had been an instrument of power and was clear that others agreed to use them. On more than one occasion, he also.

In 1942, FIFA wanted to avoid using football as a tool of power and fight for the organization of the world continue to cause desertions and, therefore, between the two is the quality of the tournament diluted. In this context Hitler called it the World and Argentina and Brazil evaluated fight for the seat.
In the end, neither Argentines nor Brazilians advanced too much, because while Hitler pressed and FIFA differed the decision, Germany bombed the European West and FIFA did not have more remedy than cancel the 1940 Congress and, immediately, the 1942 World Congress.
For twelve years, from 1938 to 1950, there were no more world and FIFA not only delayed the growth of his masterpiece, but had to take special care of all that damage that could inflict the third reich.

In 1990, the police began corraling Miñanco, who was reclined in Panama and a little bit he must have stopped taking care so faithfully from his club. On the way, by the speed with which the versions were extended on the origin of money, a part of the people began to look with suspicion who was like a successful businessman. All a contradiction for Prado / Miñanco, who searched from the beginning to be considered the Son Delight of the people.
The players did not know well what they suspect, but surely something suspected, because it did not seem reasonable to pay the amounts that Miñanco paid in categories of amateurs, nor was it that he invested in concentrations even when the Cambados acted as a local. «In second B, in third and preferably it is not normal for a team to concentrate, but Sito took them to the Parador de Cambados, a four-star hotel, to concentrate on the night before the parties. It is a lot for these divisions. Surely the players something weird intuited, but I think they assumed that the money came from tobacco, not from the drug. In Cambados everyone knew that there was contraband. In any case, what was not known was what that contraband was «.
With the patron imprisoned, the cambados lost competitiveness. After playing three years followed the second B, two categories descended and re-installed in the fifth Spanish division. Over time, his irregular walk prevented him from staying and continued to fall until, in 2015, he went down to the second autonomic, the seventh category of Spanish football.
In its last season in the second B was the worst of the seven Galician teams who participated in the category (as Pontes, Fabril, Lalín, Lugo, Ourense and Pontevedra, besides youth, obviously). So badly, he could only win two of his parties against his regional rivals when he acted as a local and lost the six of visitor. The Cambados finished penultimate and went down to third. In three years, the illusion of being the successor of Celtic and the Deportivo disappeared.
The most famous narco of Spain sought the heat of the people of him when he invested on the team. He sold an illusion in exchange for popular love and, for a few years, he got what he wanted. He was recognized, acclaimed and dear, but the exhibition of his case collapsed everything he had built.
History summarizes how soccer can be used as a tool to obtain acceptance and in this case it is, in addition, a compendium of the landing of drug trafficking in Spain, the growth of a drug bonnet as a miñanco and the spill of power and the Dirty money towards society, which had its most exaggerated point in the unusual growth of a village soccer club, the cobbled youth.

In Africa, perhaps more than anywhere else – because their countries were from the last to become independent – football is today that explained Winnie Mandela: it is a fundamental tool for the construction of national identities, although it can also be an instrument of politicians to perpetuate themselves in power.

The European summer of 2020 was about to mark a milestone in this to use football to obtain extraDeporative purposes: PSG came to the final of the Champions League, in which he lost with Bayern Munich, and Manchester City for a few days he thought it was possible Skip to Barcelona one of the sport myths of the 21st century, Lionel Messi. Two traditional teams, such as Bayern and Barça, prevented at least for a while that a pair of clubs with a state behind will take control and cause a historical change of command. It is worth the date, anyway, as a starting point to think that a new distribution of football power is possible.
What do PSG and City have in common and why they generated resistance in the world of football? There are two clubs whose owners turn, directly or indirectly, countries. They have a state that supports them and the power. And for the football tradition this is, at least, an alteration of the system and a disloyal competition. While the great historical should survive with a budget formed by the money that enters them by tickets, television rights, trade agreements and sports performance in the tournaments in which they participate, Paris and Manchester City add a section: the subsidy of a government, In these two cases casually sustained by oil business.
The PSG bought it. Qatar, United Arab Emirates or, more precisely, Abu Dhabi Emirate, where the Emirati capital is located. There is a difference, anyway: Tasting admits that the money with which I bought the PSG emerged from an investment fund created by the Government to manage the income they received for the export of gas and oil. Emirates, on the other hand, rejects the version that the State is behind the acquisition of the City and argues that it is a private business of the Sheikh Mansour Bin Zayed Al Nahyan, son of the first president of the country and member of the Royal Family of Abu Dhabi .
Both clubs substantially improved their sporting performance since they were purchased by their new owners. PSG won seven French leagues (until then, had only two), five glasses of France, six league glasses and eight supercopes from France (until February 2021). The domain in his country was overwhelming. Manchester City, who in 1999 had played in the Third English division and that all his life had lived in the shadow of the Giant Manchester United, his rival in the city, he obtained four Premier Leagues, two FA CUPS, five league and three glasses Community Shields (until February 2021). Suddenly it was positioned as one of the most important teams in England.
If two local entities were transformed into two world icons. When Tasting bought the PSG, the Parisian set had fewer history and titles that Olympique de Marseille, Lyon, Nantes, Saint-Étienne, Girondins of Bordeaux and Monaco. Its importance resided in that it was the team of the French capital, with everything that implies. When Sheika Mansour arrived in Manchester, the City was far away from the Giants Manchester United, Liverpool and Arsenal in titles, drag, history and attraction, but was also at a considerable distance from the new Rich Chelsea, bought by Russian millionaire Roman Abramovich, and had fewer leagues than Everton, Aston Villa and Leeds, among others. None, Ni PSG, Ni Manchester City, transcended borders.

In 2020, Gianni Infantino, President of FIFA, presented a project called Making Football Truly Global (making a truly global football), which consisted of eleven points, one of which was «influence society thanks to the power of football». He is not only recognized in a low voice; The ability to penetrate football is already printed on official reports. It is, openly, the circus of the towns.
Lionel Messi, Neymar and Cristiano Ronaldo are more global figures than Maradona, Cruyff and Pele. And all are more than Di Stéfano, Puskas, Meazza and Sindelar, cracks of less industrialized times. This happens because football is enhanced by diffusion and marketing.
Thus, the biggest challenge of those who direct the course of the sport is to encapsulate it so that it can not be taken by power for personal purposes. It is a very complex and successful mission very unlikely. Thinking about tabicarlo to keep it completely isolated is illusory. Soccer will not be a recreational activity devoid of consequences.

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