Hasta Aquí Hemos Llegado — Antonio Fontana / So Far We Have Come by Antonio Fontana (spanish book edition)

Anoche fue otra noche de terror: la Aparición se resistía a morir. Quizá era alérgica a entrar en el Más Allá y por eso lo hizo a rastras, a empujones, plantando cara. Qué tenacidad.
Nunca me cayó bien, la Aparición. A pesar de ello, pobre mujer: un final así no se lo deseo a nadie. Ni siquiera a mi peor enemiga.
Mientras la oía forcejear, intenté tranquilizarme: «Al menos hoy tampoco me toca a mí», «No es mi hora», «No todavía». Porque ganas de morirme no tengo.

Este ha sido un libro de contradicciones al leerlo, estupenda prosa al servicio de personajes peculiares y entrañables. Divertida, irónica en ocasiones, con cucharadita de tristeza y una buena ración de incómoda realidad.
«Por mucho que hoy las ciencias adelanten que es una barbaridad, lo que han conseguido alargarnos es la vejez, no la vida».
«—Cría cuervos y tendrás muchos, me cago en la puta».
El libro reune las voces de varias mujeres que viven en el ancianato Peña Hincada. Cada relato, narrado en primera persona, va rememorando varias cosas de su vida: el marido que nunca las quiso y fue engañado, los hijos ingratos, la incredulidad del personal médico frente al dolor y achaques de la vejez, la pérdida de cosas (o tal vez que a uno le roban cosas cuando viejo).
En resumen; bien escrito, con un estilo ágil y un particular uso de los diálogos (y de los monólogos). Atrapa su lectura, resulta divertido pero no va más allá del entretenimiento (que no es poca cosa tampoco). Esta obra fue la ganadora del Premio de Novela Café Gijón 2020.

La sangre gorda. El problema de mi marido es que tenía la sangre gorda. Menos mal que la muerte nos separó, porque las desilusiones me ahogaban; también el aburrimiento, la decepción. Los años. Hasta que cumplí ochenta y ocho y lo único que me regaló fue un ventilador. Una miniatura plasticosa que, todo lo más, hacía girar las aspas, vibraba, y ya está. Para remover el terral y cambiarlo de sitio, sin embargo, no servía.
Ya que no la vida, mis cosas son lo único que me queda. Lástima que me las roben cada vez que abandono la residencia rumbo al hospital para someterme a una nueva intervención quirúrgica.
Biopsia. Cirugía de los dedos del pie derecho. Amputación del pie derecho. Amputación de la pierna derecha. Que así es como voy desprendiéndome de partes de mi cuerpo: poco a poco. Minuciosamente.
Vivo más en el quirófano…

La hora del demonio, así llamo yo a la hora de visita. Porque, aunque confundamos a las sombras con las visitas, nadie sube hasta aquí nunca. Nadie. Salvo el diablo, que, desterrado de un infierno que ahora dicen que no existe, debe de aburrirse como una ostra y viene a hacernos compañía; y, de paso, a ver qué cae. Un alma, dos. Ay, los viejos hábitos, siempre difíciles de abandonar.

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Last night was another night of terror: the appearance resisted dying. Maybe she was allergic to enter the furthest and that’s why she did it off, by pushing, planting face. What tenacity?
I never fell well, the appearance. In spite of this, poor woman: a final so I do not want anyone. Not even my worst enemy.
While I heard it forceje, I tried to reassure me: «At least it is not going to me today,» it’s not my time, «not yet». Because you want to die I do not have.

This has been a book of contradictions when reading it, great prose at the service of peculiar and endearing characters. Fun, ironic sometimes, with teaspoon of sadness and a good ration of uncomfortable reality.
«As much as today the sciences forward that it is a barbarity, what they have managed to extend ourselves is old age, not life».
«-I kissed crows and you’ll have many, I shit on the whore.»
The book brings together the voices of several women who live in the elderly Peña Hincada. Each story, narrated in the first person, is recalling several things of his life: the husband who never wanted them and was deceived, the English children, the disbelief of the medical staff against the pain and ailments of old age, the loss of things (or Maybe that one steal things when old).
In summary; well written, with an agile style and a particular use of dialogues (and monologues). It catches its reading, it is fun but does not go beyond the entertainment (which is not little either). This work was the winner of the Novel Gijón 2020 Novel Prize.

The fat blood. My husband’s problem is that he had a fat blood. Luckily death separated us, because the disappointments drowned me; Also boredom, disappointment. The years. Until I turned eighty-eight and the only thing he gave me was a fan. A plasticous miniature that, everything else, spun the blades, vibrated, and that’s it. To remove the terral and change it from site, however, it did not serve.
Since not life, my things are the only thing I have left. Too bad that I steal them every time I dropped the residence to the hospital to submit to a new surgical intervention.
Biopsy. Surgery of the right foot fingers. Amputation of the right foot. Amputation of the right leg. That’s how I’m going out of parts of my body: little by little. Minutely.
I live more in the operating room …

The time of the devil, so I call me at the time of visit. Because, although we confuse the shadows with the visits, nobody goes up here never. No one. Except the devil, who, banished with hell who now say that it does not exist, should be bored as an oyster and comes to be a company; And, in passing, to see what he falls. A soul, two. Oh, the old habits, always hard to leave.

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