Perder El Miedo: Un Manual Para La Vida — Sara Mesa / Lose Fear: A Manual For Life by Sara Mesa (spanish book edition)

Piense en una almendra. En el tamaño y la forma de una almendra. En esas dimensiones tan pequeñas caben nuestros miedos más grandes. Mezclados, eso sí, con otras muchas emociones humanas como la satisfacción, la ira, la tristeza, el deseo, la frustración o la alegría. Una almendrita que está ahí, alojada en el cerebro reptiliano, el más profundo, animal e inaccesible. Una almendrita que se llama amígdala y que nos maneja como quiere.
Esa almendrita, esa amígdala, ¿siempre es infalible? ¿Qué ocasiona sus fallos? ¿Puede manipularse? ¿Hay miedos aprendidos? ¿Hay miedos inducidos? ¿Cómo puede existir tanta complicación en el tamaño y la forma de una almendra?
La gama de los miedos es infinita. Algunos son tangibles y otros imaginarios. La división no es tajante: casi todos combinan un poquito de ambas cosas, es decir, se basan en una realidad que la imaginación agiganta y deforma. También hay diferentes intensidades en el miedo: del susto a la aprensión, el rechazo, el terror y, por último, el odio. No en vano, las denominaciones científicas de miedos patológicos incluyen el término fobia, como aracnofobia (miedo a las arañas), claustrofobia (a estar encerrados), agorafobia (a los espacios multitudinarios), herpetofobia (a las serpientes) o cinofobia (a los perros). Hay miedos muy comunes (a la muerte, a la soledad, al ridículo, a las alturas…) y otros de una particularidad que, en sí misma, asusta (la fogonofobia es el miedo a las personas con barbas largas y, agárrense, la consecotaleofobia es el miedo a los palillos… chinos). Hay gente que se asusta por todo y vive en un estado permanente de miedo y otra que, debido a la mutación de un cromosoma en la amígdala cerebral (enfermedad de Urbach-Wiethe), se vuelve imprudente, temeraria y hasta agresiva, pues no le tiene miedo a nada.

Está bien su lectura. El problema es que es muy corto y no profundiza en nada. Tiene unos cuantos clichés (sobre todo los relativos a los miedos de los ricos y los guapos), pero el más doloroso para mí es decir que la Edad Media es una época oscura en la que prácticamente solo había torturas e Inquisición (que, por cierto, tuvo su máximo esplendor en la Edad Moderna). Un poco hasta el nabo de esa concepción oscurantista de la Edad Media.
Tiene cosas interesantes también, como las listas finales con recomendaciones de libros, películas y obras de arte relacionados con el miedo de un modo u otro.
Es un ensayo muy fácil de leer que te hará pensar sobre la sociedad y la gente. Cómo el miedo influye en las acciones de las personas. Un gran uso de la ironía y la comedia para hablar de algo tan humano como el miedo. Te hace reflexionar…

Al crecer el miedo imaginario se va convirtiendo en un miedo real. En la adolescencia todo se hace un poco más difícil porque ya no hay sabanita que valga. El hombre del saco y la niña de El exorcista recogen su carta de despido y a cambio aparece, con todo su armamento, otro potente ejército de miedos: al ridículo, al rechazo, a los cambios del cuerpo (¡los granos!, ¡las tetas!, ¡los pelos!), a todo lo que se nos viene encima: esa extensión de vida por delante que no sabemos cómo podremos manejar.
Sin embargo, cuando alcanzamos la madurez, sucede justamente lo contrario. De pronto, ya no es el miedo a lo que viene, sino a lo que se va, todo eso que se nos escurre entre los dedos irremediablemente y que ya nunca va a volver. Bienvenidos a la crisis de los cuarenta. Hacemos visera con la mano y miramos atrás para comprobar que el tiempo ha pasado muy rápido y nuestros sueños y aspiraciones se convirtieron en humo, en polvo, en sombra, en nada… Aunque si cambiamos de dirección y miramos hacia delante, el panorama no se presenta mucho mejor. La madurez es un lugar de encrucijada en el que muchos miedos pierden del todo su irrealidad. No, no es que tengamos miedo de que nos consideren feos…, es que, definitivamente, nos hemos vuelto feos.
Y qué decir de la vejez, que hasta tiene su propio miedo etiquetado: gerontofobia, miedo a envejecer, como si acaso pudiéramos evitarlo.

¿A qué tienen miedo las mujeres? ¿A qué tienen miedo los hombres? ¿Se tienen miedo mutuamente? Al parecer, sí: la ginefobia es el miedo irracional a las mujeres y la androfobia a los hombres, aunque también hay mujeres que sienten miedo injustificado de otras mujeres y hombres que lo sienten de otros hombres, e incluso existe una denominación específica (caliginefobia) para el miedo que algunos señores sienten en exclusiva ante las mujeres hermosas.
La exaltación de la feminidad y la virilidad ha generado mucho sufrimiento a todas las personas que, por una razón o por otra, no encajan en la casillita asignada del sistema binario (aunque encajar, encajar del todo, quizá no encaja nadie). Las nociones de género fluido, el transgénero y lo queer han hecho mucho para combatir estos miedos absurdos.

Al igual que la belleza, la riqueza reivindica sus propios miedos y penurias (los ricos también lloran, nos dicen). Sin embargo, sus miedos son tan elitistas, tan de clase alta, que el común de los mortales jamás llegaremos a imaginarlos. Miedo a que entren en sus mansiones a robarles las joyas y las obras de arte, a que las acciones bajen y ganen unos pocos millones menos de los que habían previsto, a que por un año malo tengan que prescindir de uno de sus tres yates, a que sus hijos se peleen por la sustanciosa herencia o a que… les quieran solo por su fortuna. Estas cosas, al parecer, les quitan el sueño a los ricos. El miedo puede ser profundamente clasista.

Como herramienta publicitaria, pocas cosas más útiles que el miedo. ¿Tiene usted miedo? ¡Le vendemos el producto adecuado para remediarlo! ¿Cómo? ¿Que no tiene ningún miedo? ¡No pasa nada! ¡Se lo creamos! Muchos publicistas, excelentes manipuladores de las emociones, lo utilizan como motor principal de sus campañas para extender la inquietud y sembrar la semilla de la incertidumbre.
Ellos están ahí para recordarnos todos los riesgos a los que estamos expuestos día tras día.
La publicidad del miedo, ciertamente, da miedo.
Sin miedo no hay religión que valga. En mayor o menor medida, todas las religiones se sustentan en el temor reverencial a una autoridad superior. Y aunque estas autoridades hagan un llamamiento a la calma (no temáis, confiad en Dios, protegeos bajo sus alas, etc.), lo hacen de una forma tan solemne, tan tétrica, que no consiguen más que acrecentar este temor. Qué miedo dan los dioses y su terrorífica iconografía.
No solo para la religión el miedo es muy rentable como forma subliminal de chantaje: para la política también. El mecanismo interno del poder se mueve siempre con las mismas ruedecitas en su engranaje. Alentemos el miedo, piensan los poderosos, y así podremos manipular mejor a nuestros súbditos.
La receta es muy sencilla. En primer lugar, se magnifica (o incluso se crea de la nada) el miedo a algo, véase: nos van a quitar el trabajo, nos van a quitar la pensión, nos van a quitar nuestras casas, nos van a quitar los ahorros, nos van a sacar una navaja por la calle, se van a cargar nuestra cultura, van a destrozar nuestros principios morales y a pervertir a nuestros hijos, nos van a contagiar un virus, nos van a tirar una bomba, nos van a robar lo que es nuestro. Son estructuras básicas que se repiten a lo largo de la historia, basta con escoger las que sean más útiles en cada momento.

Si hay un miedo universal por excelencia es el miedo a la muerte, o incluso peor, el miedo a morir, ese proceso a veces tan difícil, abrupto y no demasiado apetecible. Para muchas sociedades constituye un tabú con connotaciones supersticiosas y mágicas: no hay que mentar la muerte que se atrae. Hay incluso quien siente pavor solo de ver un coche fúnebre pasando cerca: presagios, avisos, señales de la propia muerte merodeando por el territorio. Si el miedo tiene tanto que ver con la pérdida, la muerte debería ser, por lógica, el mayor miedo humano. La muerte nos lo arrebata todo y nos sume en la nada. Por mucho que queramos creer en el más allá o en la posteridad, por mucho que seamos conscientes de la caducidad de la vida, no es fácil hacerse a la idea de que el mundo sigue adelante sin nosotros.

Vivimos en una sociedad cada vez más miedosa, marcada por la distancia social y la desconfianza, el pavor a la enfermedad y los contagios, el temor a perder el trabajo que nos explota o nos hace pasar horas diarias apiñados como ganado en el metro, la obsesión por el terrorismo y la seguridad ciudadana. En El miedo en Occidente el historiador francés Jean Delumeau expone que, frente a tiempos pasados en los que manifestar miedo era una indignidad propia de cobardes, mujeres y niños, hoy día la idea del terror es parte cotidiana de la civilización, hasta el punto de que el buen ciudadano es aquel que está informado, alerta y vigilante ante el peligro, incluso dispuesto a denunciarlo si lo percibe cerca. El modelo de vida al que aspiramos se apoya, cada vez más, en tecnologías de protección y defensa, seguridad privada, urbanizaciones fortificadas, videocámaras, pruebas médicas preventivas, higiene mental y asepsia. Le hemos perdido miedo al miedo y ahora lo manifestamos sin pudor.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/26/cara-de-pan-sara-mesa-bread-face-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/15/un-amor-sara-mesa-a-love-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/16/cuatro-por-cuatro-sara-mesa-four-by-four-by-sara-mesa/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/17/perder-el-miedo-un-manual-para-la-vida-sara-mesa-lose-fear-a-manual-for-life-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

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Think of an almond. In the size and shape of an almond. In those small dimensions our biggest fears fit. Mixed, yes, with many other human emotions such as satisfaction, anger, sadness, desire, frustration or joy. An almendrite that is there, hosted in the reptilian brain, the deepest, animal and inaccessible. An almendrite that is called amygdala and that he handles us as he wants.
That almond, that amygdala, is it always infallible? What causes your failures? Can it be manipulated? Are there friends learned? Are there induced fears? How can there be as much complication in the size and shape of an almond?
The range of fears is infinite. Some are tangible and other imaginary. The division is not sharp: almost everyone combine a little bit of both, that is, they are based on a reality that imagination aggravates and deforms. There are also different intensities in fear: from the fright to apprehension, rejection, terror and, finally, hatred. Not in vain, scientific denominations of pathological fears include the term phobia, such as arachnophobia (fear of spiders), claustrophobia (to be enclosed), agoraphobia (to multitudinarian spaces), herpetophobia (to snakes) or cynophobia (to the dogs). There are very common fears (to death, loneliness, ridicule, to the heights …) and others of a particularity that, in itself, scare (the fogonophobia is the fear of people with long beards and, agarrons, the ConsectionOffobia is the fear of chopsticks … Chinese). There are people who are scared for everything and lives in a permanent state of fear and another that, due to the mutation of a chromosome in the brain amygdala (Urbach-Wiethe disease), becomes reckless, reckless and even aggressive, because it does not He is afraid of anything.

Its reading is fine. The problem is that it is very short and does not deepen anything. It has a few clichés (especially those relating to the fears of the rich and the handsome), but the most painful for me is to say that the Middle Ages is a dark time in which practically there were only torture and inquisition (which, by the way , it had its maximum splendor in the modern age). A little until the turnip of that obscurantist conception of the Middle Ages.
It has interesting things as well as the final lists with recommendations of books, movies and works of art related to fear in one way or another.
It is a very easy rehearsal to read that will make you think about society and people. How fear influences people’s actions. A great use of irony and comedy to talk about something as human as fear. It makes you reflect …

As the imaginary fear grows, it is becoming a real fear. In adolescence everything is done a little harder because there is no longer a sabanita that is worth. The man of the sack and the girl from the exorcist collect his letter of dismissal and change appears, with all his armament, another powerful army of fears: to ridiculous, rejection, to the changes of the body (the grains, the tits !, The hairs!), To everything that comes to us above: that extension of life ahead that we do not know how we can handle.
However, when we reach maturity, it happens just the opposite. Suddenly, it is no longer the fear of what is coming, but what it goes, all that runs through the fingers irremediably and that it will never come back. Welcome to the crisis of forty. We make visor with my hand and look behind to see that time has passed very fast and our dreams and aspirations became smoke, dust, in shadow, at all … although if we change direction and look forward, the panorama does not It presents much better. Maturity is a crossroad place in which many fears lose all its unreality. No, it is not that we are afraid that they consider us ugly …, is that, definitely, we have become ugly.
And what about old age, that even has its own fear labeling: gerontophobia, fear of aging, as if we could avoid it.

What are women afraid? What are men are afraid? Are you afraid of each other? Apparently, yes: gynefobia is irrational fear of women and androphobia to men, although there are also women who feel unjustified fear of other women and men who feel it from other men, and there is even a specific denomination (caliginefobia) For fear that some gentlemen feel exclusively before beautiful women.
The exaltation of femininity and virility has generated a lot of suffering to all the people who, for a reason or on the other, do not fit into the assigned box of the binary system (although it fit, fit, perhaps no one fits). The notions of fluid gender, the transgender and Queer have done a lot to combat these absurd fears.

Like beauty, wealth claims its own fears and hardship (the rich also cry, they tell us). However, their fears are so elitist, so high class, that the common mortals will never imagine them. Fear that they enter their manns to steal jewelry and works of art, which actions drop and earn a few million less than those who had foreseen, to that for a bad year they have to do without one of their three yachts, To which his children fight for the substantial inheritance or that … they love them only for their fortune. These things, apparently, take away the dream to the rich. Fear can be deeply classic.

As a advertising tool, few more useful things than fear. Are you afraid? We sell you the right product to remedy it! How? That he has no fear? Nothing happens! We believe it! Many advertisers, excellent emotional manipulators, use it as a main motor of their campaigns to extend the restlessness and sow the seed of uncertainty.
They are there to remind us all the risks we are exposed day after day.
The advertising of fear, certainly, is scary.
Without fear there is no religion that is worth. To a greater or lesser extent, all religions are based on reverential fear of a higher authority. And although these authorities make a call to calm (do not be afraid, trust in God, proteise under the wings of Him, etc.), they do so so solemn, so tetric, that they do not get more to increase this fear. What fear give the gods and their terrorific iconography.
Not only for religion Fear is very profitable as a subliminal form of blackmail: for politics as well. The internal power mechanism always moves with the same rolleys in its gear. Let’s encourage fear, think the powerful, and so we can manipulate our subjects better.
The recipe is very simple. First of all, it is magnified (or even believes from nothing) the fear of something, see: we are going to take away the job, they will take away our pension, they will take away our houses, they will take away the savings, they are going to take a knife down the street, they will charge our culture, they are going to destroy our moral principles and to pervert our children, they will tell us a virus, they are going to throw us a bomb, they will steal what it is our. They are basic structures that are repeated throughout history, it is enough to choose those that are most useful at all times.

If there is a universal fear par excellence is the fear of death, or even worse, the fear of dying, that process sometimes as difficult, abrupt and not too appetizing. For many societies it is a taboo with superstitious and magical connotations: you do not have to mention the death that is attracted. There is even who feels dread just to see a funeral car passing by: ominues, announcements, signs of his own death hanging through the territory. If fear has so much to do with loss, death should be, logic, the greatest human fear. Death snatches us everything and gets us in nothing. No matter how much we want to believe in the beyond or in posterity, no matter how much we are aware of the expiration of life, it is not easy to get into the idea that the world goes on without us.

We live in an increasingly fearful society, marked by social distance and distrust, dreading sickness and contagion, fear of losing the work that exploits us or makes us spend daily hours crowded as cattle in the subway, the Obsession for terrorism and citizen security. In fear in the West the French historian Jean delumeau states that, in front of past times in which he manifest fear was an indignity of cowards, women and children, today the idea of terror is a daily part of civilization, to the point of That the good citizen is one who is informed, alert and vigilant to the danger, even willing to report it if he perceives close. The model of life that we aspire to support, increasingly, in technologies of protection and defense, private security, fortified developments, camcorders, preventive medical tests, mental hygiene and asepsis. We have lost fear of fear and now we manifest it without a modesty.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/26/cara-de-pan-sara-mesa-bread-face-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/15/un-amor-sara-mesa-a-love-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/07/16/cuatro-por-cuatro-sara-mesa-four-by-four-by-sara-mesa/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/17/perder-el-miedo-un-manual-para-la-vida-sara-mesa-lose-fear-a-manual-for-life-by-sara-mesa-spanish-book-edition/

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