Diccionario Apasionado De La Novela Negra — Pierre Lemaitre / Dictionnaire Amoureux Du Polar by Pierre Lemaitre

Libro muy interesante, aunque algo partidista con lo francés, me faltan autores como John Connolly, es un desfile por orden alfabético, de toda la literatura negra escrita y relevante de todos los tiempos, en la mirada critica de un maestro de la novela negra francesa y que yo recomiendo.
Pierre Lemaitre elabora un sustancial diccionario apasionado de sus pasiones y el libro es precisamente el título original de la obra que podría tener como subtítulo «Consideraciones de un adicto al crimen» como el elegido por Wystan Hugh Auden para su ensayo sobre genero policiaco «La parroquia del crimen».
A través de las numerosas páginas, y las múltiples voces, Lemaitre despliega una topografía del género amarillo siguiendo sus amores, sus simpatías y su idiosincrasia.
Inmediatamente entiende qué lado del amarillo prefiere, el negro veteado típico del noir francés y el duro hervido americano.
Hablando de Tobie, Nathan cita una de sus frases que comparte íntegramente, convencido de que el amarillo «retrata la vida real de nuestros conciudadanos, de nuestros semejantes, a diferencia de la «alta literatura» que cada vez se confunde más con los «buenos barrios». El relato policiaco ha ocupado el lugar de las novelas realistas de posguerra, las de Mauriac, Sartre y Camus”.
Lemaitre tiene un verdadero enamoramiento por Jean-Patrick Manchette del que recuerda algunas fórmulas célebres «Un buen noir es una novela social, de crítica social» y «El amarillo es la gran literatura moral de nuestra época» y le considera el inventor de la “nuevo francés amarillo” donde “el Mal brota de la organización social, que llevará un género a un trasfondo realista para hacer frente a nuevas angustias (el ambiente laboral, la inseguridad)”.
Siguiendo este camino, Pierre Lemaitre presenta a muchos autores de noir y tendencias afines prefiriendo aquellos que han optado por una caracterización política como Didier Daeninckx y Serge Quadruppani.
Paralelamente a sus autores de culto, el escritor francés muestra sus numerosas antipatías aplastando sin piedad géneros y tendencias como las del género nórdico…
Por supuesto, cada publicación de este tipo también provoca el juego de quién está y quién no, para tener también una confirmación del interés por la producción italiana y en el ensayo hay muy pocos. Massimo Carlotto, Giancarlo De Cataldo, Marcello Fois, Fruttero & Lucentini, Carlo Lucarelli, Loriano Macchiavelli, Umberto Eco y Giorgio Scerbanenco aparecen en orden de aparición.
En consecuencia, las preferencias de Lemaitre también carecen de autores de novelas inglesas deductivas que cita solo para reiterar su disgusto por el género…
En definitiva es un interesante recorrido por un género muy popular pero que a lo largo del tiempo ha tenido muchas desviaciones tomando caminos y propósitos muy divergentes y Pierre Lemaitre nos lleva de la mano a conocer muchas novelas y muchos escritores nuevos pero sobre todo nos convence de ampliar mucho la lista de libros a comprar.

CARR, CALEB
La reconstrucción histórica («Casi se oyen los cascos de los caballos en el viejo Broadway», escribía admirado el crítico de The New York Times); el equipo de choque; un toque a lo Conan Doyle aderezado con Jack el Destripador; el relato enteramente sometido a un punto de vista (científico, en este caso); el anticonformismo de los investigadores, que tendrán que luchar contra los clichés de su época y la adversidad, puesto que toparán con la indiferencia y la corrupción de los políticos y las autoridades religiosas…
El alienista es, efectivamente, todo eso, pero también mucho más porque el autor se las arregla para provocar en nosotros la ilusionante sensación de formar parte del equipo.
Y porque Caleb Carr amplía el foco para señalar el racismo, la hipocresía, la corruptibilidad y el puritanismo latentes en ese joven país que constituían los Estados Unidos de América. Laszlo Kreizler, el alienista, lleva a cabo un análisis psicológico del crimen: está convencido de que los actos de un psicópata vienen determinados por su infancia y de que hay que buscar de forma prioritaria las causas sociales y mentales en el origen de un asesinato. Al lanzarse en busca del criminal, sin embargo, nuestro alienista descubre que, en definitiva, su personalidad refleja las neuropatías estadounidenses, empezando por el puritanismo.
Si el tema de la infancia destrozada ocupa un lugar central en la novela, es porque la de Carr también fue turbulenta. Su padre, Lucien Carr, periodista y figura destacada de la Beat Generation, era un hombre atormentado que, en 1944, mató a un tal David Kammerer, quien lo acosaba desde hacía años. He leído en algún sitio que lo hizo con la ayuda de su amigo Jack Kerouac, lo que no es del todo imposible. El caso es que Caleb acabará siendo víctima del alcoholismo y la brutalidad de su progenitor, y esta temprana confrontación con la violencia familiar dará forma a su obra.
Caleb Carr volverá a reunir a su equipo en El ángel de la oscuridad para realizar una segunda investigación, esta vez relacionada con el secuestro de la hija de corta edad de un diplomático español destinado en Nueva York.

BLYTON, ENID
Cuando comprobé que sólo había veintiún libros de Los Cinco, me quedé de piedra: yo habría jurado que había leído trescientos. La novela de aventuras y de investigación me enganchó desde la cuna. A los ocho o nueve años, mi corazón palpitaba durante horas y días con Jorge (la jefa), Julián (que me parecía bastante penoso), Dick (éste, en cambio, me caía muy bien), Ana (mi favorita) y Timoteo, el perro.
A Enid Blyton se la ha tratado con mucha dureza, y no sin razón: sus historias son simplonas, los desenlaces están cogidos con alfileres y los personajes parecen haber leído el guión, porque se comportan de la manera más práctica para la autora. En cuanto al fondo, no es mucho mejor: si las lecturas modelaran a los lectores, yo debería ser racista, sexista, xenófobo, simplista, moralizador e hiperactivo.
Dicho esto, los primeros investigadores con los que me identifiqué fueron ellos, y no me importa reconocerlo. La literatura no sólo fabrica ingratos.

McILVANNEY, WILLIAM
Laidlaw es un individuo lleno de paradojas, un ser a la deriva, un intelectual, «un hombre potencialmente violento al que le horroriza la violencia» y que guarda libros de Kierkegaard, Camus y Unamuno en un cajón de su escritorio «como quien esconde botellas de alcohol». El acierto de McIlvanney fue fusionar a Laidlaw con Glasgow y Escocia; al fin y al cabo «en Escocia, los bebés nacen con el remordimiento bajo el brazo».
Esta novela me acompaña desde hace treinta años, y cuando la veo siempre recuerdo una entrevista en la que François Guérif le cuenta a Macha Séry que, en una ocasión, McIlvanney estuvo en su casa acompañado por el inmenso Howard Fast (autor de Espartaco, Sylvia, etcétera, etcétera). Después de comer, bastante bebido, se levantó y se puso a cantar una vieja balada escocesa. «A todo el mundo se le salieron las lágrimas», cuenta Guérif.
Cuando coincidí con McIlvanney en un festival celebrado en Bristol, me acerqué para estrecharle la mano y también me eché a llorar. Él, un hombre delgado de ojos azules y rostro anguloso, me miró preocupado y me sugirió que me sentara. Yo debía de tener toda la pinta de un lector desequilibrado capaz de clavarle un cuchillo en el estómago, pero se sentó a mi lado y charlamos en el salón vacío del gran hotel. Se parecía tanto a Laidlaw que me fue imposible contener la emoción: en mi mente, el autor y el personaje aparecían fusionados, como me había ocurrido antaño con Proust y Swann.
McIlvanney murió en diciembre de 2015 y de nuevo me eché a llorar.

LARSSON, STIEG
El libro es útil, y lo es porque este asunto, sometido a la lupa del éxito mundial —que aumenta tanto como deforma—, produjo un diluvio de tópicos, imágenes falsas y datos manipulados. Todo merecía ser revisado. Las autoras cuentan la historia con cuidado, con fe. «Un libro de combate», se titulaba la reseña en Le Monde, y era un buen título porque la obra debe su interés a las emociones que suscita esta historia en la que la tragedia y la mediocridad se mezclan. No puedo pensar sin disgusto y enfado en los herederos de Larsson, que sacaron provecho de una ley absurda para conseguir una fortuna sin más esfuerzo que extender las manos.
Esta trilogía pasará a los anales de la historia literaria como una de las mayores leyendas editoriales. Los tres libros que la componen — Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire— han disfrutado de una difusión planetaria con traducciones a más de treinta y cinco idiomas, setenta y cinco millones de ejemplares vendidos, varias películas, una serie… El fenómeno de la saga Millennium no sólo confirmó el apogeo de la novela negra nórdica, incluso llegó a reactivar el turismo en Suecia: miles de visitantes pueden elegir entre varios Millennium tours para recorrer los lugares descritos en la saga.
Iniciada en 2002, durante unas vacaciones, la saga Millennium se escribió de una forma relativamente caótica: «Stieg creaba escenas que a menudo no tenían relación con las demás y luego las cosía», recuerda Eva Gabrielsson. La saga entera, sin embargo, está en la línea de las preocupaciones e inquietudes del autor.
El interés de esta trilogía reside en tres factores de importancia desigual.
El primero es la fuerza de su personaje. Porque Millennium es, ante todo, Lisbeth Salander, una habilidosa hacker punk y bisexual de veinte años, arquetipo de la moda gótica, con varios piercings, el pelo muy corto y un gran tatuaje en la espalda. Según su jefe: «Siempre parecía que viniera de una semana de orgía con una banda de heavy metal.»
Pero Lisbeth es también una víctima. Ha enfrentado las peores pruebas que una mujer pueda sufrir a lo largo de su vida: acoso, violaciones, reclusión en un hospital psiquiátrico hasta los quince años… Debido a ese internamiento está estigmatizada, confinada en la categoría de enferma mental. «Yo diría que sufre esquizofrenia y que siempre está al borde de la psicosis. Carece de empatía y, en muchos aspectos, se la puede describir como una sociópata», afirma Peter Teleborian, su psicoterapeuta.
Excelente síntesis de un drama personal, un carácter excepcional, un talento moderno y un comportamiento marginal, este personaje impulsivo, violento y auténtico galvaniza literalmente la trilogía.
La saga, sin duda, levanta el velo sobre la extensión de la violencia ejercida contra las mujeres.
El segundo factor del éxito de la trilogía es el marco mismo de las investigaciones que aparecen en la trama. En el primer volumen se nos informa que Millennium es el nombre de una revista de investigación, el tipo de «publicación con los números siempre en rojo, pero muy prestigiosa, en la que a los periodistas les encanta trabajar». La dirige Mikael Blomkvist, periodista reputado, adicto a la cafeína y conquistador a su pesar («había acabado comprendiendo que tenía algo que atraía a las mujeres»).
Y tercer y último factor: la aparición de la saga coincidía en el tiempo con una toma de conciencia de la cara oculta de las democracias consensuales, cuyo modelo para el conjunto de Europa había sido durante mucho tiempo Suecia. Racismo, drogas, violencia contra las mujeres, corrupción, neonazis, prevaricación… La saga Millennium revelaba una realidad social y política situada en las antípodas del «modelo sueco», cuyas costuras habían empezado a romperse en 1986 con el asesinato del primer ministro Olof Palme.

PEACE,DAVID
Red Riding Quartet [Cuarteto de Red Riding] y se sumergirán en uno de los relatos más absorbentes, más morbosos, más políticos y más asombrosos de la literatura negra de los últimos años. Considero a David Peace uno de los mejores escritores de su generación (nació en 1967), y a esta tetralogía una de las cumbres del género negro europeo.
Sospecho que no les bastará con mi palabra, así que voy a intentar convencerlos.
El telón de fondo de la tetralogía, compuesta por las novelas 1974, 1977, 1980 y 1983 y situada en la intersección de la novela negra con la literatura obrera, es la historia (real) de un psicópata cuyos asesinatos sembraron el terror en todo el norte minero de Inglaterra a finales de los años setenta y marcaron la infancia de Peace: Peter Sutcliffe, de profesión camionero (hoy internado en un psiquiátrico), asesinó a trece mujeres, en su mayoría prostitutas. Guiado por mensajes divinos, las aturdía golpeándolas en la cabeza para luego destriparlas.
Partiendo de esa historia bien conocida, Peace describe sucesivas investigaciones y aprovecha para mostrar la descomposición del tejido socioeconómico de una región asolada por la desindustrialización, la corrupción y los estragos del thatcherismo. La sociedad engendra crímenes y criminales a su imagen y semejanza.
Con GB84, David Peace confirmó su interés por los conflictos sociales entendidos como reveladores del estado de un país. En este caso, abordó la larga huelga minera que, precisamente en 1984, se produjo como respuesta al anuncio de la «reestructuración» —es decir, del desmantelamiento— de las explotaciones hulleras de Gran Bretaña. A través de mineros, sindicalistas y policías infiltrados, Peace relata el pulso que enfrentó a la Comisión Nacional del Carbón, respaldada por el gobierno Tatcher, con el sindicato minero de Arthur Scargill sobre un trasfondo de manipulaciones y golpes bajos. Esta potente novela fue galardonada con el prestigioso James Tait Black Memorial Prize.

PEARS,IAN
Con La cuarta verdad, Pears sorprendió a todo el mundo ofreciendo una soberbia novela histórica de misterio que superaba con creces a sus anteriores obras. No estoy seguro de haber comprendido bien los motivos que lo llevaron a querer distinguirse tan claramente de El nombre de la rosa y Umberto Eco, con quien lo han comparado: «Él traspuso a la Edad Media las reglas de la novela policiaca tal como Conan Doyle las estableció en el siglo XIX […]. En La cuarta verdad, yo decidí olvidarme de las técnicas modernas. Eco es un filósofo que utiliza la historia como marco de su relato; yo, un historiador que utiliza la filosofía.» Iain Pears parece dar mucha importancia a esa distinción aunque, si les soy sincero, yo no la acabo de entender.
La cuarta verdad es ante todo una novela histórica erudita. Según el escritor, refleja «la fascinante transición del mundo medieval al mundo moderno». La historia transcurre en Oxford en 1663, cuando Inglaterra está saliendo de veinte años de guerra civil. Respetando una de las señas de identidad de la novela histórica, Pears hace convivir a sus protagonistas con personajes históricos pertenecientes a los círculos del poder y la élite científica y cultural de la época. La novela desarrolla una trama policiaca que gira en torno a la muerte por envenenamiento del profesor Robert Grove. Cuatro narradores se suceden para dar su versión de los hechos: un esquema narrativo tradicional, pero magistralmente empleado, que me mantuvo en vilo hasta la revelación de la verdad.
En El retrato, Pears regresa al mundo del arte, con sus intrigas y bajezas. El narrador, Henry McAlpine, es un célebre pintor británico de principios del siglo XX que debe su prestigio a su amigo, el famoso crítico de arte William Nasmyth. Pese a ello, Henry acaba rompiendo con él y abandona Londres. Cuatro años después, los dos se reúnen en la isla de Houat, situada frente a la costa bretona, y Henry pinta el retrato de William.
En La caída de John Stone, Pears retoma la narración coral. El punto de partida es el sospechoso fallecimiento de un rico financiero muerto por defenestración. Tres relatos, separados entre sí por varias décadas, permiten esclarecer esa muerte: el primero es el de un joven periodista que, en 1909, investiga sobre un hijo oculto de John Stone; el segundo es el de Henry Cort, hombre de confianza de Stone al que seguimos hasta el París de la década de 1890 y, por último, el de la propia víctima, que nos cuenta su vida desde Venecia en 1867. Este relato, que es a la vez un thriller financiero, una novela histórica de intriga y una novela sentimental, nos sumerge en el esotérico mundo de las finanzas internacionales en los tiempos del advenimiento del capitalismo.

RANKIN,IAN
En una entrevista que concedió en 2006 a la revista 813, Ian Rankin fingía que su éxito le resultaba molesto: «Los críticos me llaman el “padrino de la McMafia” o el “decano del noir escocés”», decía. La extraordinaria aceptación de sus libros y sus numerosos premios (dos Gold Dagger, el Chandler-Fulbright, el Gran Prix de Littérature Policière, el Cartier Diamond, el Edgar Allan Poe, etcétera) deberían servirle de consuelo. Desde luego, hay situaciones más desesperadas.
Cuando, en los años ochenta, creó el personaje de John Rebus, exploraba territorio virgen. Por aquel entonces, la novela negra no era un género muy frecuentado en Escocia, cuya tradición literaria posee, no obstante, una veta muy negra, gótica, por no decir terrorífica. Inspirándose en esa tradición nacional y en la obra de autores estadounidenses y escandinavos, Rankin supo popularizar la novela negra en su país natal. No es de extrañar que cualquier autor escocés que se estrene en el género sea considerado «el nuevo Rankin».
En 1987 se publica en Reino Unido su primer thriller, Nudos y cruces, que supone la primera aparición del inspector John Rebus: «Una noche, mientras estaba sentado en mi habitación de estudiante, me vino a la cabeza un juego de palabras: “Knots and noughts” (“nudos y nadas”). Enseguida se me ocurrió la idea de un cuento en el que un tipo le envía a otro unos cabos de cuerda anudados y unas cruces hechas con cerillas. ¿Quién y por qué? Imaginé que el destinatario podía ser un poli y el remitente un asesino en serie: sería mi propia versión del doctor Jekyll y míster Hyde.»
Rebus es el protagonista de un ciclo de veintitrés novelas (hasta la fecha…), un héroe popular con acento escocés nacido en el mismo condado que su creador, Fife. «Trabajador, sufrido, obstinado, introvertido, pesimista… Tiene también un rasgo típico de los detectives privados: se salta las reglas y no trabaja en equipo, y una cierta tendencia anarquista» (son declaraciones del propio Rankin). Moreno con ojos verdes, es un presbiteriano al que a menudo encontramos leyendo la Biblia, si no está ocupado con Dostoievski. Cuando el autor nos lo presenta en la primera entrega de la serie, ya tiene cuarenta y un años, está divorciado y es padre de una hija de ese matrimonio fallido. Cambió la escuela por el ejército a los quince años y sirvió en el Ulster durante el conflicto norirlandés, luego entró en las fuerzas especiales, las SAS, pero no soportó la experiencia. Tras una depresión, ingresó en la policía y fue destinado a una comisaría de Edimburgo. No obstante, a lo largo de sus aventuras tendrá varios destinos distintos. Misántropo y gruñón, le gusta trabajar solo…
Nos hace vivir la realidad escocesa, Rankin nos propone historias muy variadas protagonizadas por Rebus. En Nudos y cruces, el inspector persigue a un asesino en serie cuyas víctimas son niñas de la edad de su propia hija. El escondite gira en torno a un joven drogadicto hallado muerto en una casa ocupada de Edimburgo (Rebus no tarda en descubrir que no ha muerto de sobredosis). En Uñas y dientes lo vemos persiguiendo a un asesino de dientes afilados: los cuerpos de todas sus víctimas presentan marcas de mordeduras. En El jardín de las sombras, el protagonista tiene que lidiar con una guerra de bandas e investigar sobre un antiguo nazi mientras su hija, víctima de un conductor desaprensivo, permanece en coma en el hospital.
Todos los que disfruten siguiendo la trayectoria de un escritor encontrarán en Rankin una evolución tanto de su personaje principal como de su estilo: ése es uno de los grandes atractivos de su serie. La pluma de nuestro autor se afila y la ironía y el mal humor de su protagonista se hacen cada vez más mordaces. Poco a poco, Rebus deja de lado su religiosidad, pasa del jazz al rock y se transforma hasta convertirse en la «hidra personal» de su creador: «Me libero de mi cólera y de mi frustración transmitiéndoselas a él», afirma. La serie se vuelve más psicológica, se aleja del whodunit y hurga a fondo en el contexto político y social escocés. «Las novelas de Rankin cubren un periodo de progresiva transferencia de determinadas competencias políticas, de revalorización de una cultura escocesa reprimida durante mucho tiempo», ha escrito Florence Dujarric.
John Rebus ya ha alcanzado la edad de la jubilación, irrenunciable para los policías escoceses; lo lógico sería que dejara de investigar, pero sus seguidores no opinan lo mismo: «¡Uno de mis fans, que, por cierto, es miembro del Parlamento escocés, llegó a pedirle al ministro de Justicia que modificara el reglamento para que mi detective de ficción pudiera seguir trabajando!»
¿Sus proyectos inmediatos? «J. K. Rowling dice que quiere escribir novelas policiacas, así que puede que hagamos un intercambio y yo me ponga con Harry Potter.»

RANPO, EDOGAWA
Los relatos de Ranpo son una extraña síntesis de la novela policiaca occidental tal como la conocemos y la literatura japonesa que algunos tanto envidiamos. Aunque, como subraya con acierto Gérald Peloux, en sus historias «la investigación clásica tiene una importancia menor», encontramos en ellas, llevada al extremo, la fascinación por el cuerpo —mutilado, torturado, destrozado— propia del género: «Estas manchas de formas irregulares, zonas donde la piel había empezado a descomponerse, eran como un monstruoso patrón que cubría todo el cuerpo de Fuyo. Con la inexorabilidad de las manecillas del reloj, los microorganismos habían ido devorando cada vez más territorio, multiplicándose por millones, avanzando sin ser vistos» («Mushi» [Insectos]).

Spoiler proviene del verbo inglés to spoil, que quiere decir «arruinar, echar a perder». Significa destripar una trama, contar o divulgar demasiado de una historia.
El género policiaco tiene la particularidad de que, cuanto más hablas de un libro, más posibilidades hay de que reveles sus mecanismos internos.
Idealmente, la mejor novela policiaca sería aquella de la que no podríamos decir nada más allá de la segunda línea porque ésta ya contendría una sorpresa.
Estéticamente, lo ideal sería que, en el otro extremo del libro, la última palabra de la última frase también fuera una sorpresa.
Yo intento desesperadamente acercarme a ese objetivo, que considero el summum de la elegancia formal.

WINSLOW, DON
El poder del perro, de 2005, me lo confirmó de sobra. En ella, conocemos a Arthur Keller, un agente de la DEA (la Agencia para el Control de Drogas) enviado a México para luchar contra los capos de la familia Barrera, lo que permite al autor denunciar las oscuras relaciones que la CIA estableció con el narcotráfico con el objetivo de derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua.
La continuación, El cártel, retoma a los principales personajes: Keller, que se ha jubilado, está atareado con sus colmenas cuando se entera de que Adán Barrera, el nuevo capo del clan, ofrece dos millones de dólares por su cabeza…
La acción de El cártel se sitúa en un México abierto en canal por la enorme brecha que separa a los más pobres de los más ricos. Winslow lo describe de forma escalofriante: «La Polvorilla [es] el peor barrio de chabolas de Iztapalapa. Allí, el olor a agua estancada es lo de menos, lo peor es la peste a orina y mierda —de perros, de burros, de cabras, de gallinas y de humanos— que agrede al olfato. Las calles de tierra no son más que canales por los que corren la mierda y el “agua de tamarindo”, así llamada por su color marrón. La falta de canalizaciones para el agua potable supone caminatas diarias que perpetúan la pobreza de las mujeres […]. Casi todas las “casas” son cuchitriles, chozas y chabolas con paredes de contrachapado y techos de cartón…
La frontera puso el punto final a este fresco narrativo. Esta novela, todavía más dura y violenta que sus predecesoras, mete la quinta. Tras una primera misión oficiosa en Guatemala, Art Keller acepta asumir la dirección de la DEA. ¿Ingenuidad? Muy improbable, tratándose de él. ¿Idealismo? Ídem de ídem. Pero, a su manera, Keller es un hombre honrado: le pagan por ser un «guardián de la paz», y la droga es la guerra, así que le declara la guerra a la droga…
Con el personaje del presidente John Dennison, Winslow nos pinta a un Trump más real que el propio modelo, «un racista, un fascista, un gánster […] que se jacta de agredir a las mujeres, se burla de un discapacitado e intima con dictadores», y traza el retrato de unos Estados Unidos socavados por los intereses particulares, las operaciones financieras opacas, el tráfico de información privilegiada, el cohecho y el cinismo. «Los billonarios se llevan los trabajos al extranjero […] y luego te dicen: “Detengan la epidemia de la heroína.”» Y más adelante: «Todos somos inversores, todos formamos parte del cártel.» Pero el blanco de Winslow se encuentra en el más alto nivel del Estado: «Si John Dennison [Trump] gana las elecciones… el cártel habrá comprado la Casa Blanca.»
Con este tríptico, que hasta donde sé no tiene parangón, Don Winslow no sólo ha entregado una soberbia suma literaria y una obra maestra, lo que ya sería mucho: nos ha regalado una auténtica anti-gran novela americana.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/01/29/rosy-john-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/10/tres-dias-y-una-vida-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/30/irene-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/01/alex-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/01/camille-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/02/vestido-de-novia-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/02/recursos-inhumanos-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/09/nos-vemos-alla-arriba-trilogia-los-hijos-del-desastre-pierre-lemaitre-au-revoir-la-haut-prix-goncourt-2013-les-enfants-du-desastre-1-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/21/los-colores-del-incendio-pierre-lemaitre-couleurs-de-lincendie-the-colors-of-the-fire-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/12/el-espejo-de-nuestras-penas-los-hijos-del-desastre-3-pierre-lemaitre-miroir-de-nos-peines-mirror-of-our-sorrows-les-enfants-du-desastre-3-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/14/diccionario-apasionado-de-la-novela-negra-pierre-lemaitre-dictionnaire-amoureux-du-polar-by-pierre-lemaitre/

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Very interesting book, although somewhat partisan with the French, I’m missing authors like John Connolly, it is a parade in alphabetical order, of all written and relevant noir literature (whodunnit, hard boiled…) of all time, in the critical gaze of a master of the French black novel and that I recommend.
Pierre Lemaitre elaborates a substantial passionate dictionary of his passions and the book is precisely the original title of the work that could have the subtitle «Considerations of a crime addict» as the one chosen by Wystan Hugh Auden for his essay on detective genre «The Parish of the crime».
Through the numerous pages, and the multiple voices, Lemaitre unfolds a topography of the noir genre following his loves, his sympathies and his idiosyncrasies.
He immediately understands which side of whodunnit he prefers, the typical streaked black of French noir and the hard boiled American.
Speaking of Tobie, Nathan cites one of his phrases that he shares in full, convinced that gallo «portrays the real life of our fellow citizens, of our fellow men, unlike «high literature» that is increasingly confused with «good neighborhoods». The detective story has taken the place of post-war realist novels, those of Mauriac, Sartre and Camus».
Lemaitre has a real crush on Jean-Patrick Manchette, of whom he recalls some famous formulas «A good noir is a social novel, of social criticism» and «Yellow is the great moral literature of our time» and considers him the inventor of the “ new noir French” where “Evil springs from the social organization, which will take a genre to a realistic background to face new anxieties (the work environment, insecurity)”.
Following this path, Pierre Lemaitre presents many authors of noir and related tendencies, preferring those who have opted for a political characterization such as Didier Daeninckx and Serge Quadruppani.
Parallel to his cult authors, the French writer shows his numerous antipathies ruthlessly crushing genres and trends such as those of the Nordic genre…
Of course, each publication of this type also provokes the game of who is there and who is not, to also have a confirmation of the interest in Italian production and in the essay there are very few. Massimo Carlotto, Giancarlo De Cataldo, Marcello Fois, Fruttero & Lucentini, Carlo Lucarelli, Loriano Macchiavelli, Umberto Eco and Giorgio Scerbanenco appear in order of appearance.
Consequently, Lemaitre’s preferences also lack deductive English novel authors which he cites only to reiterate his distaste for the genre…
In short, it is an interesting journey through a very popular genre but that over time has had many deviations taking very divergent paths and purposes and Pierre Lemaitre takes us by the hand to discover many novels and many new writers, but above all he convinces us that greatly expand the list of books to buy.

CARR, CALEB
The historical reconstruction («You can almost hear the hooves of the horses on old Broadway,» wrote the admiring critic of The New York Times); the shock team; a touch of Conan Doyle spiced with Jack the Ripper; the story entirely subjected to a point of view (scientific, in this case); the non-conformism of the researchers, who will have to fight against the clichés of their time and adversity, since they will encounter the indifference and corruption of politicians and religious authorities…
The alienist is, indeed, all that, but also much more because the author manages to provoke in us the exciting feeling of being part of the team.
And because Caleb Carr widens the focus to point out the racism, hypocrisy, corruptibility and puritanism latent in that young country that constituted the United States of America. Laszlo Kreizler, the alienist, carries out a psychological analysis of the crime: he is convinced that the acts of a psychopath are determined by his childhood and that the social and mental causes at the origin of a murder must be sought as a priority. As he sets off in search of the criminal, however, our alienist discovers that ultimately his personality reflects American neuropathies, beginning with Puritanism.
If the theme of shattered childhood occupies a central place in the novel, it is because Carr’s was also turbulent. His father, Lucien Carr, a journalist and leading figure of the Beat Generation, was a troubled man who, in 1944, killed a certain David Kammerer, who had harassed him for years. I’ve read somewhere that he did it with the help of his friend Jack Kerouac, which is not entirely impossible. The point is that Caleb will end up being a victim of his father’s alcoholism and brutality, and this early confrontation with family violence will shape his work.
Caleb Carr will reunite his team in The Angel of Darkness to carry out a second investigation, this time related to the kidnapping of the young daughter of a Spanish diplomat stationed in New York.

BLYTON, ENID
When I saw that there were only twenty-one books of The Five, I was stunned: I could have sworn I had read three hundred. The adventure and investigative novel hooked me from the cradle. When I was eight or nine years old, my heart beat for hours and days with Jorge (the boss), Julián (who seemed quite embarrassing to me), Dick (this one, on the other hand, I liked very much), Ana (my favorite) and Timoteo , the dog.
Enid Blyton has been treated very harshly, and not without reason: her stories are simplistic, the endings are taken with pins and the characters seem to have read the script, because they behave in the most practical way for the author. As for the substance, it is not much better: if the readings shaped the readers, I would have to be racist, sexist, xenophobic, simplistic, moralizing and hyperactive.
That said, the first researchers I identified with were them, and I don’t mind admitting it. Literature not only makes ingrates.

McILVANNEY, WILLIAM
Laidlaw is an individual full of paradoxes, a drifting being, an intellectual, «a potentially violent man who is horrified by violence» and who keeps books by Kierkegaard, Camus and Unamuno in a drawer of his desk «like someone who hides bottles of alcohol”. McIlvanney’s wise move was to merge Laidlaw with Glasgow and Scotland; after all, «in Scotland, babies are born with remorse under their arms.»
This novel has been with me for thirty years, and when I see it I always remember an interview in which François Guérif tells Macha Séry that, on one occasion, McIlvanney was at his house accompanied by the immense Howard Fast (author of Spartacus, Sylvia , etcetera etcetera). After dinner, quite drunk, he got up and began to sing an old Scottish ballad. «Everyone had tears in their eyes,» says Guérif.
When I ran into McIlvanney at a festival in Bristol, I went over to shake his hand and burst into tears too. He, a thin man with blue eyes and an angular face, looked at me worriedly and suggested that he sit down. I must have looked like an unbalanced reader capable of sticking a knife in his stomach, but he sat down next to me and we chatted in the empty room of the big hotel. He was so much like Laidlaw that I couldn’t contain my emotion: author and character were fused in my mind, as Proust and Swann had once been.
McIlvanney died in December 2015 and I was in tears again.

LARSSON, STIEG
The book is useful, and it is because this issue, subjected to the magnifying glass of world success —which increases as much as it deforms— produced a deluge of clichés, false images and manipulated data. Everything deserved to be reviewed. The authors tell the story carefully, with faith. «A book of combat» was the title of the review in Le Monde, and it was a good title because the work owes its interest to the emotions aroused by this story in which tragedy and mediocrity are mixed. I cannot think without disgust and anger of the Larsson heirs, who took advantage of an absurd law to get a fortune with no more effort than stretching out their hands.
This trilogy will go down in the annals of literary history as one of the greatest publishing legends. The three books that make it up — The Men Who Did Not Love Women, The Girl Who Dreamed of a Match and a Can of Gasoline and The Queen in the Palace of Drafts — have enjoyed worldwide distribution with translations into more thirty-five languages, seventy-five million copies sold, several films, a series… The phenomenon of the Millennium saga not only confirmed the heyday of the Nordic crime novel, it even revived tourism in Sweden: thousands of Visitors can choose from several Millennium tours to visit the places described in the saga.
Started in 2002, during a vacation, the Millennium saga was written in a relatively chaotic way: «Stieg created scenes that were often unrelated to the others and then stitched them together,» recalls Eva Gabrielsson. The entire saga, however, is in line with the author’s worries and concerns.
The interest of this trilogy lies in three factors of unequal importance.
The first is the strength of his character. Because Millennium is, first and foremost, Lisbeth Salander, a skilled 20-year-old bisexual punk hacker, an archetype of goth fashion, with several piercings, very short hair and a large tattoo on her back. According to her boss: «She always looked like she came from a week-long orgy with a heavy metal band.»
But Lisbeth is also a victim. She has faced the worst trials that a woman can suffer throughout her life: harassment, rape, confinement in a psychiatric hospital for up to fifteen years… Due to this internment she is stigmatized, confined to the category of mentally ill. “I would say that she suffers from schizophrenia and that she is always on the verge of psychosis. She lacks empathy and, in many ways, she can be described as a sociopath,» says Peter Teleborian, her psychotherapist.
An excellent synthesis of personal drama, exceptional character, modern talent and marginal behavior, this impulsive, violent and authentic character literally galvanizes the trilogy.
The saga undoubtedly lifts the veil on the extent of violence against women.
The second factor for the success of the trilogy is the very framework of the investigations that appear in the plot. In the first volume we are told that Millennium is the name of an investigative journal, the kind of «red-numbered but highly prestigious publication that journalists love to work for.» It is directed by Mikael Blomkvist, a renowned journalist, addicted to caffeine and despite himself a conqueror («I had come to understand that he had something that attracted women»).
And third and last factor: the appearance of the saga coincided in time with an awareness of the hidden face of consensual democracies, whose model for the whole of Europe had long been Sweden. Racism, drugs, violence against women, corruption, neo-Nazis, prevarication… The Millennium saga revealed a social and political reality located at the antipodes of the «Swedish model», whose seams had begun to break in 1986 with the assassination of the Prime Minister Olof Palme.

DAVID PEACE
Red Riding Quartet [Red Riding Quartet] and will be immersed in one of the most absorbing, most morbid, most political and most amazing stories of black literature in recent years. I consider David Peace one of the best writers of his generation (he was born in 1967), and this tetralogy one of the pinnacles of the European noir genre.
I suspect that my word will not suffice, so I am going to try to convince them.
The backdrop of the tetralogy, made up of the novels 1974, 1977, 1980 and 1983 and located at the intersection of crime fiction and working-class literature, is the (true) story of a psychopath whose murders sowed terror throughout the world. mining north of England at the end of the 1970s and marked Peace’s childhood: Peter Sutcliffe, a truck driver by profession (now admitted to a psychiatric hospital), murdered thirteen women, most of them prostitutes. Guided by divine messages, he stunned them by hitting them on the head and then disemboweling them.
Starting from this well-known story, Peace describes successive investigations and takes the opportunity to show the decomposition of the socioeconomic fabric of a region ravaged by deindustrialization, corruption and the ravages of Thatcherism. Society breeds crimes and criminals in its image and likeness.
With GB84, David Peace confirmed his interest in social conflicts understood as revealing the state of a country. In this case, he addressed the long miners’ strike that, precisely in 1984, occurred in response to the announcement of the «restructuring» – that is, the dismantling – of the coal mines in Great Britain. Through infiltrated miners, trade unionists and police, Peace recounts the confrontation between the National Coal Commission, backed by the Thatcher government, and Arthur Scargill’s mining union against a background of manipulation and cheap shots. This powerful novel was awarded the prestigious James Tait Black Memorial Prize.

Pears, Ian
With The Fourth Truth, Pears surprised everyone by offering a superb historical mystery novel that far surpassed his previous works. I am not sure that I have fully understood the reasons that led him to want to distinguish himself so clearly from The Name of the Rose and Umberto Eco, with whom he has been compared: «He transposed the rules of the detective novel to the Middle Ages just like Conan Doyle established them in the 19th century […]. In The Fourth Truth, I decided to forget about modern techniques. Eco is a philosopher who uses history as a framework for his story; I, a historian who uses philosophy.» Iain Pears seems to attach a lot of importance to that distinction although, to be honest, I don’t quite understand it.
The Fourth Truth is first and foremost a scholarly historical novel. According to the writer, it reflects «the fascinating transition from the medieval world to the modern world.» The story takes place in Oxford in 1663, when England is emerging from twenty years of civil war. Respecting one of the hallmarks of the historical novel, Pears makes his protagonists coexist with historical figures belonging to the circles of power and the scientific and cultural elite of the time. The novel develops a police plot that revolves around the death by poisoning of Professor Robert Grove. Four narrators follow one another to give their version of the events: a traditional narrative scheme, but masterfully employed, which kept me on edge until the truth was revealed.
In The Portrait, Pears returns to the world of art, with the intrigues and baseness of it. The narrator, Henry McAlpine, is a celebrated British painter of the early 20th century who owes his prestige to his friend, the famous art critic William Nasmyth. Despite this, Henry ends up breaking up with him and leaves London. Four years later, the two meet on the island of Houat, off the Breton coast, and Henry paints William’s portrait.
In The Fall of John Stone, Pears takes up the choral narrative. The starting point is the suspicious death of a wealthy financier killed by defenestration. Three stories, separated from each other by several decades, allow us to clarify that death: the first is that of a young journalist who, in 1909, investigates a hidden son of John Stone; the second is that of Henry Cort, Stone’s right-hand man whom we follow to Paris in the 1890s, and lastly, that of the victim herself, who tells us about her life from Venice in 1867. This story, which is At once a financial thriller, a historical novel of intrigue and a sentimental novel, it immerses us in the esoteric world of international finance in the days of the advent of capitalism.

RANKIN,IAN
In a 2006 interview with 813 magazine, Ian Rankin pretended that his success annoyed him: «Critics call me the ‘godfather of the McMafia’ or the ‘doyen of Scottish noir,'» he said. The extraordinary acceptance of his books and his numerous awards (two Gold Dagger, the Chandler-Fulbright, the Grand Prix de Littérature Policière, the Cartier Diamond, the Edgar Allan Poe, etc.) should be of some consolation to you. Of course, there are more desperate situations.
When, in the eighties, he created the character of John Rebus, he was exploring virgin territory. At that time, the crime novel was not a very popular genre in Scotland, whose literary tradition has, however, a very black, gothic, not to say terrifying streak. Drawing inspiration from that national tradition and the work of American and Scandinavian authors, Rankin was able to popularize crime novels in his native country. It’s no wonder that any Scottish author who breaks into the genre is considered ‘the new Rankin’.
In 1987, his first thriller, Knots and Crosses, was published in the UK, marking the first appearance of Inspector John Rebus: «One night, as I was sitting in my student room, a play on words came to mind: ‘Knots and noughts” (“knots and nothings”). I immediately came up with the idea of a story in which one guy sends another some knotted ends of rope and some crosses made of matches. Who and why? I imagined that the recipient could be a cop and the sender could be a serial killer: it would be my own version of Dr. Jekyll and Mr. Hyde.»
Rebus is the protagonist of a cycle of twenty-three novels (to date…), a folk hero with a Scottish accent born in the same county as his creator, Fife. «Hard worker, long-suffering, stubborn, introverted, pessimistic… he also has a typical trait of private detectives: he breaks the rules and does not work in a team, and a certain anarchist tendency» (these are Rankin’s own statements). Dark-haired with green eyes, he is a Presbyterian who is often found reading the Bible, if he is not busy with Dostoevsky. When the author introduces him to us in the first installment of the series, he is already forty-one years old, he is divorced and is the father of a daughter from that failed marriage. He left school for the army at fifteen and served in Ulster during the Northern Irish conflict, then joined the special forces, the SAS, but he couldn’t stand the experience. After a depression, he joined the police and was assigned to an Edinburgh police station. However, throughout his adventures he will have several different destinations. Misanthropic and grumpy, he likes to work alone…
It makes us live the Scottish reality, Rankin offers us very varied stories starring Rebus. In Knots and Crosses, the inspector pursues a serial killer whose victims are girls the age of his own daughter. The hideout revolves around a young drug addict found dead in a squat in Edinburgh (Rebus soon discovers that he didn’t die of an overdose). In Nails and Teeth we see him chasing a killer with sharp teeth: the bodies of all his victims bear bite marks. In The Garden of Shadows, the protagonist has to deal with a gang war and investigate a former Nazi while his daughter, the victim of an unscrupulous driver, remains in a coma in hospital.
All those who enjoy following the path of a writer will find in Rankin an evolution of both his main character and his style: that is one of the great attractions of his series. Our author’s pen is sharpened and the irony and bad humor of his protagonist become increasingly scathing. Little by little, Rebus puts aside his religiosity, goes from jazz to rock and transforms himself until he becomes the «personal hydra» of his creator: «I get rid of my anger and my frustration by transmitting them to him», it states. The series becomes more psychological, moving away from the whodunit and delving deeper into the Scottish political and social context. «Rankin’s novels cover a period of progressive transfer of certain political powers, of revaluation of a Scottish culture long repressed,» Florence Dujarric has written.
John Rebus has already reached the retirement age, inalienable for the Scottish policemen; the logical thing would be for him to stop investigating, but his followers do not think the same: «One of my fans, who, by the way, is a member of the Scottish Parliament, even asked the Minister of Justice to modify the regulations so that my detective of fiction could keep working!”
Your immediate projects of him? «J. K. Rowling says he wants to write crime novels, so maybe we’ll do a trade and I’ll go with Harry Potter.»

RANPO, EDOGAWA
Ranpo’s stories are a strange synthesis of the Western crime novel as we know it and the Japanese literature that some of us envy so much. Although, as Gérald Peloux rightly points out, in his stories «classical research is of minor importance», we find in them, taken to the extreme, the fascination with the body —mutilated, tortured, destroyed— typical of the genre: «These stains of Irregular shapes, areas where the skin had begun to decompose, were like a monstrous pattern that covered Fuyo’s entire body. With the inexorability of the hands of the clock, the microorganisms had been devouring more and more territory, multiplying by millions, advancing unseen” (“Mushi” [Insects]).

Spoiler comes from the English verb to spoil, which means «to ruin, spoil». It means gutting a plot, telling or divulging too much of a story.
The detective genre has the particularity that the more you talk about a book, the more likely you are to reveal its internal mechanisms.
Ideally, the best crime novel would be the one where we couldn’t say anything beyond the second line because that line would already contain a surprise.
Aesthetically, ideally, at the other end of the book, the last word of the last sentence would also be a surprise.
I desperately try to get closer to that goal, which I consider the height of formal elegance.

WINSLOW, DON
The Power of the Dog, from 2005, amply confirmed it for me. In it, we meet Arthur Keller, a DEA (Drug Enforcement Agency) agent sent to Mexico to fight against the Barrera family capos, which allows the author to denounce the dark relations that the CIA established with him. drug trafficking with the aim of overthrowing the Sandinista government in Nicaragua.
The sequel, El cartel, picks up the main characters: Keller, who has retired, is busy with his hives when he finds out that Adan Barrera, the clan’s new capo, is offering two million dollars for his head. ..
The action of El cartel takes place in a Mexico cut open by the huge gap that separates the poorest from the richest. Winslow describes it chillingly: “La Polvorilla [is] the worst slum in Iztapalapa. There, the smell of stagnant water is the least of it, the worst is the stink of urine and shit — from dogs, donkeys, goats, chickens and humans — that attacks the sense of smell. The dirt streets are nothing more than channels through which shit and «tamarind water» run, so called because of its brown color. The lack of pipes for drinking water means daily walks that perpetuate the poverty of women […]. Almost all the «houses» are hovels, shacks and shacks with plywood walls and cardboard roofs…
The border put the end point to this fresh narrative. This novel, even harder and more violent than its predecessors, puts the fifth. After a first unofficial mission in Guatemala, Art Keller agrees to take over the leadership of the DEA. Naivety? Very unlikely, this being him. Idealism? Ditto ditto. But, in his own way, Keller is an honest man: he’s paid to be a «peacekeeper,» and drugs are war, so he declares war on drugs…
With the character of President John Dennison, Winslow paints us a Trump more real than the model himself, «a racist, a fascist, a gangster […] who boasts about assaulting women, makes fun of a disabled man and intimates with dictators”, and draws a portrait of an America undermined by special interests, opaque financial operations, insider trading, bribery and cynicism. «Billionaires take their jobs abroad […] and then they tell you: ‘Stop the heroin epidemic.'» And later: «We are all investors, we are all part of the cartel.» But Winslow’s target is at the highest level of the state: «If John Dennison [Trump] wins the election… the cartel will have bought the White House.»
With this triptych, which as far as I know is unparalleled, Don Winslow has not only delivered a superb literary sum and a masterpiece, which would already be a lot: he has given us an authentic anti-great American novel.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/01/29/rosy-john-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/10/tres-dias-y-una-vida-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/30/irene-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/01/alex-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/01/camille-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/02/vestido-de-novia-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2017/05/02/recursos-inhumanos-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/09/nos-vemos-alla-arriba-trilogia-los-hijos-del-desastre-pierre-lemaitre-au-revoir-la-haut-prix-goncourt-2013-les-enfants-du-desastre-1-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/21/los-colores-del-incendio-pierre-lemaitre-couleurs-de-lincendie-the-colors-of-the-fire-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/12/el-espejo-de-nuestras-penas-los-hijos-del-desastre-3-pierre-lemaitre-miroir-de-nos-peines-mirror-of-our-sorrows-les-enfants-du-desastre-3-by-pierre-lemaitre/

https://weedjee.wordpress.com/2022/05/14/diccionario-apasionado-de-la-novela-negra-pierre-lemaitre-dictionnaire-amoureux-du-polar-by-pierre-lemaitre/

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