El Efecto Luz De Gas: Detectar Y Sobrevivir A La Manipulación Invisible De Quienes Intentan Controlar Tu Vida — Dra Robin Stern / The Gaslight Effect: How to Spot and Survive the Hidden Manipulation Others Use to Control Your Life by Robin Stern

Este libro fue muy perspicaz para mí. Nunca antes había oído hablar del concepto del «efecto de luz de gas», y encontré que la opinión de este autor es muy útil y aplicable en algunas áreas de mi propia vida. Siempre es bueno, cuando atraviesas momentos difíciles, saber que hay otros que han pasado por lo mismo que tú. Este libro no presenta al «gaslightee» como una «víctima» ni lo culpa por las situaciones que está experimentando. Es muy explicativo sin ser confuso y técnico. Definitivamente una lectura obligada para cualquier persona que (como dice la portada) sienta que otros «se meten en sus cabezas, les dicen qué pensar, les quitan el juicio, sabotean su autoestima o les hacen cuestionar su control de la realidad». Eso si no solo son maltratadores los hombres y se nos olvidan las mujeres.
El libro está interesante desde el momento que describe un fenómeno que se da en muchas relaciones de todo tipo, laborales, personales, de amistad, familiares y cómo no, en pareja.
Es necesario conocerlo para saber detectarlo y hasta aquí el libro hace su trabajo aunque a veces parece que todo es luz de gas.
En cuanto al aspecto negativo del libro, la autora intenta sugerir de pasada que éste es un fenómeno bidireccional que se puede dar tanto de hombres para mujeres como al revés. Sin embargo una vez hecho esta aclaración, entra a saco diciendo que lo va a plantear exclusivamente como si sólo los hombres fuesen maltratadores (lo dice tal cual) y la mujer siempre víctima.

El maltrato emocional es un tema que por fin está recibiendo la atención que merece. En los últimos tiempos se ha escrito mucho sobre este problema. Hoy en día la gente parece considerarlo como lo que realmente es, a diferencia de lo que sucedía en la generación anterior. En esa época ese tipo de relaciones eran más aceptadas socialmente, en especial con respecto a la crianza de los niños, y se justificaban como «amor severo» o «formación del carácter». No obstante, el tipo particular de maltrato emocional que la doctora Stern identifica y analiza en Efecto luz de gas, un maltrato más encubierto y caracterizado por el control, hasta el momento no había sido abordado con la empatía y el conocimiento adquirido a lo largo de todos los años dedicados a la práctica clínica y, en particular, con su singular interés por el bienestar emocional de las mujeres jóvenes.
La expresión era prácticamente desconocida aunque el fenómeno en sí mismo ya estaba bastante difundido. En aquel momento escribí que utilizamos la expresión «hacer luz de gas» para referirnos a una manipulación emocional en la que el maltratador intenta convencerte de que no recuerdas, no comprendes o malinterpretas tus propias conductas o motivaciones, sembrando así dudas en tu mente y dejándote vulnerable y confundido. Este tipo de maltratadores pueden ser hombres o mujeres, cónyuges o amantes, jefes o compañeros de trabajo, padres o hermanos, pero todos tienen en común la habilidad de hacerte cuestionar tus propias percepciones de la realidad. La luz de gas es en todos los casos una situación creada por dos personas, un manipulador que siembra duda y confusión, y una víctima que está «deseando» dudar de sus propias percepciones con el fin de que la relación perdure.
A mi modo de ver esa responsabilidad compartida constituía la esencia de lo que se conocía como luz de gas. No se trataba únicamente de abuso emocional, sino de una relación creada por las dos partes implicadas. Y la denominé «tango luz de gas» porque requiere la participación activa de dos personas. Como es evidente, el maltratador induce a su víctima a dudar de sus propias percepciones, pero ella está igualmente interesada en que el manipulador la vea como desea ser vista.

En su forma más leve, la luz de gas genera inquietud y ansiedad en las mujeres y las lleva a pensar por qué siempre eligen lo que no les conviene, o por qué no son felices con su compañero, que aparentemente es «un buen chico». En su manifestación más grave, la luz de gas produce una profunda depresión y mujeres que antes eran fuertes y dinámicas quedan reducidas a la miseria más absoluta, hasta el punto de llegar a aborrecerse a sí mismas. En cualquiera de los dos casos siempre me ha sorprendido, no solo como terapeuta sino también en mi vida personal, el grado de falta de confianza y parálisis que puede inducir la luz de gas.
Ese narcisismo es una defensa para no tomar seriamente a otras personas ni preocuparse por la visión que tengan del mundo. Un narcisista puede enfadarse cuando los demás no comparten sus ideas, y muchos maltratadores que hacen luz de gas reaccionan del mismo modo. Pero su rabia no se debe a que duden de su propia rectitud esencial, sino a que no pueden soportar el hecho de no controlarlo todo. En otras palabras, no es posible hacer luz de gas a un maltratador que la practica; o lo que es lo mismo: si alguien se dedica a hacer luz de gas a otra persona, es muy difícil conseguir que él mismo la padezca.
El problema es que la luz de gas es insidiosa. Juega con nuestros peores miedos, nuestros pensamientos de mayor ansiedad, nuestros deseos más profundos de ser comprendidos, valorados y amados. Cuando una persona que amamos, respetamos y en la que confiamos habla con una certeza rotunda –
especialmente si hay un ápice de verdad en sus palabras o si acierta de pleno en un asunto que nos genera inquietud–, puede ser muy difícil no creerle. Y cuando idealizamos al maltratador que nos hace luz de gas, cuando lo vemos como el gran amor de nuestra vida, un jefe admirable o un padre maravilloso, tenemos todavía más dificultades para atenernos a nuestro propio sentido de realidad. Nuestro maltratador necesita tener razón, nosotros necesitamos ganar su aprobación… y la luz de gas se perpetúa.

1. Te cuestionas constantemente a ti misma.
2. Te preguntas: «¿soy demasiado sensible?» una docena de veces al día.
3. A menudo te sientes confundida e incluso alterada en el trabajo.
4. Te disculpas constantemente con tu madre, padre, novio o jefe.
5. Te preguntas con frecuencia si eres una novia/esposa/empleada/amiga/hija lo «suficientemente buena».
6. No puedes comprender por qué no eres feliz teniendo tantas cosas buenas en tu vida.
7. Adquieres ropa, muebles para tu apartamento o cualquier otro objeto de índole personal teniendo en cuenta a tu pareja y pensando en lo que le gustaría a él en lugar de pensar en lo que te haría feliz a ti.
8. A menudo te disculpas ante tus amigos y familiares por el comportamiento de tu pareja.
9. Te abstienes de contar ciertas cosas a tus amigos y familiares para no tener que dar explicaciones ni pedir disculpas.
10. Sabes que algo va mal, pero no puedes aceptarlo ni siquiera ante ti misma.
11. Empiezas a mentir para no sufrir humillaciones y evitar que distorsionen tu realidad.

El efecto luz de gas suele desarrollarse por fases. Al principio, puede representar un problema relativamente insignificante; de hecho, quizás ni siquiera lo adviertas. Cuando tu novio te acusa de pretender deliberadamente hacerlo quedar mal frente a sus compañeros de trabajo llegando tarde a la fiesta de su oficina, tú lo atribuyes a que está nervioso o piensas que no ha tenido realmente la intención de decir eso. Tal vez incluso llegas a considerar la posibilidad de que esa haya sido tu verdadera intención, pero más tarde te olvidas de ello.
Pero el efecto va progresando hasta que finalmente se convierte en un problema importante en tu vida y comienza a generar pensamientos negativos y emociones agobiantes. El resultado es que caes en una depresión, consumida por la desesperanza y la tristeza, y ni siquiera eres capaz de recordar a la persona que fuiste alguna vez, con tus propios puntos de vista y tu confianza en ti misma.
– La primera fase se caracteriza por la desconfianza. Tu maltratador te dice algo ofensivo, como por ejemplo: «Ese tío que te preguntó por una dirección en la calle en realidad estaba intentando llevarte a la cama». Tú no das crédito a lo que estás escuchando; piensas que has malinterpretado sus palabras o incluso que él estaba bromeando.
– La segunda fase está marcada por la necesidad de defenderte.
Tú buscas pruebas para demostrarle al maltratador que está equivocado y discutes obsesivamente con él, a menudo en diálogos internos, en un intento desesperado por ganar su aprobación.
– La tercera fase es la más difícil de todas: la depresión. Cuando llegas a este punto, tu intención es demostrar a toda costa que tu maltratador tiene razón. De este modo podrías hacer las cosas a su manera y conseguir finalmente su aprobación. Esta fase es extenuante y a menudo te sientes demasiado agotada como para discutir.

En ocasiones también sucede que una relación funciona bien durante varios meses, o incluso años, antes de que se inicie el efecto luz de gas. Es posible que este tipo de maltrato se produzca en momentos puntuales, o que incluso haya algunos altibajos a lo largo del camino, pero básicamente la relación puede considerarse saludable. No obstante, llega un día en que tu marido pierde su trabajo, tu amiga se divorcia o tu madre se siente frustrada por las vicisitudes del envejecimiento, y el efecto comienza a manifestarse seriamente porque en ese preciso momento el maltratador empieza a sentirse amenazado y recurre a la manipulación en un intento de fortalecerse. O tal vez la que se siente amenazada eres tú, por lo que repentinamente necesitas la aprobación de tu manipulador con más vehemencia. Tu desesperación hace que él se sienta fuerte y que reafirme su poder tratando de convencerte de que él tiene razón y la equivocada eres tú. Y así comienza el proceso.

*El maltratador glamuroso: cuando crea un mundo especial para ti Supongamos que tu novio no te ha llamado durante dos semanas. Le has enviado varios mensajes pero no has recibido ninguna respuesta.
*El maltratador que parece un buen tipo: cuando no puedes entender qué es lo que va mal.
*El intimidador: cuando te acosa, te enreda con la culpa y te retiene A menudo resulta difícil identificar a los manipuladores que recurren a la luz de gas, sea un maltratador glamuroso o el que parece un buen tipo, porque en otras circunstancias su forma de actuar podría ser algo muy deseado. No obstante, hay algunas conductas enmarcadas en la dinámica del efecto luz de gas que son más conflictivas a simple vista y por tanto más fáciles de identificar: gritar, ofender, denigrar, generar culpa y recurrir a otro tipo de castigos o intimidaciones. Puedes tener todo tipo de razones para aceptar esta conducta desagradable.

El individualismo descontrolado y el aislamiento que lo acompaña Las sociedades tradicionales tal vez no ofrecían demasiado espacio para el desarrollo individual, pero fueron muy efectivas en crear una red fiable y segura de relaciones para la mayor parte de las personas. No pretendo decir que las mujeres nunca hayan estado aisladas en sus matrimonios, pero solían tener acceso a una amplia red de relaciones familiares y a una serie de rituales sociales que les permitían pertenecer a un mayor grupo social.
Otra versión de la trampa de la explicación, especialmente común entre las mujeres que se relacionan con manipuladores que parecen buenos tipos, es la trampa de la negociación. Al igual que las mujeres que están atrapadas en la trampa de la explicación, las que caemos en la trampa de la negociación tendemos a centrarnos en el éxito obtenido al negociar con nuestra pareja, en lugar de preguntarnos si estamos satisfechas con la dinámica de la relación.
No es difícil imaginar que el maltratador actúa impulsado por sus propios motivos. Nos comunica una opinión negativa que refleja nuestros peores miedos en relación con nosotras mismas. Sin embargo, es posible que realmente no se percate de lo hirientes que pueden ser sus palabras. Si ha crecido en un hogar en el que los miembros de la familia no se hablaban con respeto, puede considerar que esta es la forma normal de relacionarse, o tal vez crea que nadie lo escuchará si utiliza un lenguaje menos agresivo. De manera que debes defender tus convicciones sin insultarlo.

1. Identificar el problema
2. Ser compasiva contigo misma
3. Concederte permiso para hacer un sacrificio
4. Conectarte con tus sentimientos
5. Empoderarte
6. Dar un solo paso para mejorar tu vida, y luego dar el siguiente Es sorprendente observar el poder que tiene pasar a la acción.

—————————–

This book was very insightful to me. I had never heard of the concept of the «gaslight effect» before, and found this author’s view to be very helpful and applicable in some areas of my own life. It is always nice, when going through tough times, to know that there are others out there that have gone through the same things as you. This book neither plays the «gaslightee» up as a «victim» nor blames them for the situations they are experiencing. It is very explanatory without being confusing and technical. Definitely a must-read for anyone who (as the cover states) feels as though others are «getting into their heads, telling them what to think, shaking their judgment, sabotaging their self-esteem, or making them question their grip on reality». That is, if not only men are abusers and we forget about women.
The book is interesting from the moment it describes a phenomenon that occurs in many relationships of all kinds, work, personal, friendship, family and of course, as a couple.
It is necessary to know it to know how to detect it and up to this point the book does its job although sometimes it seems that everything is gaslight.
As for the negative aspect of the book, the author tries to suggest in passing that this is a bidirectional phenomenon that can occur both from men to women and vice versa. However, once this clarification has been made, she goes into the bag saying that she is going to present it exclusively as if only men were abusers (she says it as is) and women are always victims.

Emotional abuse is a topic that is finally getting the attention it deserves. In recent times much has been written about this problem. Today people seem to regard it for what it really is, unlike the previous generation. At that time such relationships were more socially accepted, especially with regard to child rearing, and were justified as «tough love» or «character building.» However, the particular type of emotional abuse that Dr. Stern identifies and analyzes in Gaslight Effect, a more covert abuse characterized by control, until now had not been approached with empathy and the knowledge acquired throughout every year dedicated to clinical practice and, in particular, with her singular interest in the emotional well-being of young women.
The expression was practically unknown although the phenomenon itself was already quite widespread. I wrote at the time that we use the term «gaslighting» to refer to emotional manipulation in which the abuser attempts to convince you that you don’t remember, understand, or misunderstand your own behaviors or motivations, thus planting doubt in your mind and leaving you vulnerable and confused. These types of abusers can be men or women, spouses or lovers, bosses or co-workers, parents or siblings, but they all have in common the ability to make you question your own perceptions of reality. Gaslighting is in all cases a situation created by two people, a manipulator sowing doubt and confusion, and a victim who is «willing» to doubt her own perceptions of her in order for the relationship to endure.
In my view, that shared responsibility was the essence of what was known as gaslighting. It was not just about emotional abuse, but about a relationship created by the two parties involved. And I called it «gaslight tango» because it requires the active participation of two people. As is evident, the abuser induces his victim to doubt her own perceptions of her, but she is equally interested in the manipulator seeing her as she wants to be seen.

In its mildest form, gaslighting creates restlessness and anxiety in women, leading them to wonder why they always choose the wrong thing, or why they are not happy with their partner, who is apparently «a nice guy.» . In its most severe manifestation, gaslighting produces deep depression and women who were once strong and dynamic are reduced to abject misery, to the point of loathing themselves. In either case I have always been amazed, not only as a therapist but also in my personal life, by the degree of lack of confidence and paralysis that gaslighting can induce.
That narcissism is a defense against taking other people seriously or caring about their worldview. A narcissist can get angry when others don’t share their ideas, and many gaslighters react the same way. But their anger is not because they doubt their own essential rightness, but because they can’t stand the fact that they don’t control everything. In other words, it is not possible to gaslight an abuser who practices it; or what is the same: if someone dedicates himself to gaslighting another person, it is very difficult to get him to suffer from it.
The problem is that gaslighting is insidious. Play on our worst fears, our most anxious thoughts, our deepest desires to be understood, valued, and loved. When a person we love, respect and trust speaks with resounding certainty –
especially if there is a grain of truth in his words or if he is completely right on an issue that causes us concern – it can be very difficult not to believe him. And when we idealize the abuser who gaslights us, when we see him as the great love of our life, an admirable boss, or a wonderful father, we have even more difficulty holding on to our own sense of reality. Our abuser needs to be right, we need to win his approval…and the gaslighting is perpetuated.

1. You constantly question yourself.
2. You ask yourself, “am I too sensitive?” a dozen times a day.
3. You often feel confused and even upset at work.
4. You constantly apologize to your mother, father, boyfriend or boss.
5. You frequently wonder if you’re a «good enough» girlfriend/wife/employee/friend/daughter.
6. You cannot understand why you are not happy having so many good things in your life.
7. You buy clothes, furniture for your apartment or any other object of a personal nature with your partner in mind and thinking about what he would like instead of thinking about what would make you happy.
8. You often apologize to your friends and family for your partner’s behavior.
9. You refrain from telling your friends and family certain things so you don’t have to explain or apologize.
10. You know something is wrong, but you can’t accept it even to yourself.
11. You start to lie so as not to suffer humiliation and prevent them from distorting your reality.

The gaslight effect usually develops in phases. At first, it may be a relatively minor problem; in fact, you may not even notice it. When your boyfriend accuses you of deliberately trying to make him look bad in front of his co-workers by being late for his office party, you chalk it up to him being nervous or thinking he didn’t really mean to say that. Perhaps you even consider the possibility that this was your true intention, but later forget about it.
But the effect progresses until it finally becomes a major problem in your life and begins to generate negative thoughts and overwhelming emotions. The result is that you fall into a depression, consumed by hopelessness and sadness, and you are not even able to remember the person you once were, with your own views and your self-confidence.
– The first phase is characterized by mistrust. Your abuser says something offensive to you, such as, «That guy who asked you for directions on the street was actually trying to get you into bed.» You do not believe what you are hearing; you think you have misunderstood his words or even that he was joking.
– The second phase is marked by the need to defend yourself.
You look for evidence to prove the abuser wrong and obsessively argue with him, often in internal dialogue, in a desperate attempt to gain his approval.
– The third phase is the most difficult of all: depression. When you get to this point, your intention is to prove at all costs that your abuser is right. This way you could do things his way and finally get his approval. This phase is exhausting and you often feel too exhausted to argue.

Sometimes it also happens that a relationship works well for several months, or even years, before the gaslighting effect begins. This type of abuse may happen at times, or there may even be some ups and downs along the way, but basically the relationship can be considered healthy. However, there comes a day when your husband loses his job, your friend gets a divorce, or your mother is frustrated by the vicissitudes of aging, and the effect begins to manifest itself seriously because at that very moment the abuser begins to feel threatened and resorts to to manipulation in an attempt to become stronger. Or maybe you’re the one feeling threatened, so you suddenly need your handler’s approval more vehemently. Your desperation makes him feel strong and reaffirms his power by trying to convince you that he is right and you are wrong. And so the process begins.

* The glamorous abuser: when he creates a special world for you Let’s say your boyfriend hasn’t called you for two weeks. You have sent him several messages but have not received any response.
*The abuser who seems like a nice guy: when you can’t figure out what’s wrong.
*The intimidator: when he bullies you, he wraps you in guilt and holds you back It’s often hard to identify manipulators who use gaslighting, whether it’s a glamorous bully or someone who seems like a nice guy, because in other circumstances their way of acting could be something very desired. However, there are some behaviors framed in the dynamics of the gaslight effect that are more conflictive at first glance and therefore easier to identify: yelling, offending, denigrating, generating guilt and resorting to other types of punishment or intimidation. You may have all sorts of reasons for accepting this unpleasant behavior.

Uncontrolled individualism and the isolation that goes with it Traditional societies may not have offered much room for individual development, but they were very effective in creating a reliable and secure network of relationships for most people. I am not saying that women have never been isolated in their marriages, but they used to have access to a wide network of family relationships and a series of social rituals that allowed them to belong to a larger social group.
Another version of the explanation trap, especially common among women who associate with manipulators who seem like nice guys, is the negotiation trap. Like women who are caught in the explanation trap, those of us who fall into the negotiation trap tend to focus on the success of negotiating with our partner, rather than asking ourselves if we are satisfied with the dynamics of the relationship. .
It is not hard to imagine that the abuser is acting out of his own motives. He communicates a negative opinion to us that reflects our worst fears in relation to ourselves. However, she may not really realize how hurtful his words can be. If you have grown up in a home where family members did not speak to each other with respect, you may consider this to be the normal way of relating, or you may believe that no one will listen to you if you use less aggressive language. So you should defend your convictions without insulting him.

1. Identify the problem
2. Be compassionate with yourself
3. Granting you permission to make a sacrifice
4. Connect with your feelings
5. Empower yourself
6. Take a single step to improve your life, and then take the next It’s amazing to see the power of taking action.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.