42 Días: Análisis Forense De La Crucifixión Y La Resurrección De Jesucristo — Miguel Lorente Acosta / 42 Days: Forensic Analysis Of The Crucifixion And Resurrection Of Jesus Christ by Miguel Lorente Acosta (spanish book edition)

Posiblemente Jesús no murió en la cruz ni posteriormente resucitó, aunque los acontecimientos llevaron a percibir los hechos sobre esa realidad, algo que no modifica la esencia de una religión de este mundo, cuyos valores más profundos y esenciales se basan en la sencillez, en la humildad y en la naturalidad de los sucesos y las personas, y sus interrelaciones vitales.

No apto para personas susceptibles… la descripción de crueldad es demasiado explícita, es cansado leer tanto dolor infligido a una persona… puede levantar ampollas a las personas fervientes de una única doctrina y es interesante por ello.

La llegada de Jesús a Jerusalén era como una isla de felicidad cerca de un mar Muerto que de alguna manera venía a representar el destino final de unas vidas que habían brotado años atrás para cambiar de manera definitiva el destino de la humanidad. Y no podía ser real, porque no parecían haberlo sido las dificultades vividas antes de ese domingo de Pascua ni los acontecimientos que acabarían con el ajusticiamiento de quien ahora era aclamado como hijo de Dios.
Pero lo que estaba ocurriendo era cierto, no estaban soñando, ni tampoco lo estaban oyendo de boca de nadie: lo estaban viviendo, y, en cierto modo, todo lo que habían pasado juntos en esos últimos cuatro años les parecía cobrar sentido esa mañana de domingo. Jesús se presentó a comienzos del mes de abril del año 30 en Jerusalén, después de haber estado enseñando las semanas anteriores en Galilea.
La religión judía no podía permitir lo que fue considerado como un ataque y una blasfemia, y el mismo pueblo que aclamaba a Jesús a la entrada de Jerusalén el domingo de Pascua días más tarde pedía su crucifixión. Desde el origen del pueblo judío las tradiciones han presentado a su religión como un elemento estrechamente vinculado a la organización social y a las relaciones entre sus gentes. La esencia de la cultura del pueblo judío era cumplir el mandato de Dios. Fue el dios Yahvé quien dio la orden a Abraham de asentarse en la tierra de Canaán, partiendo desde Mesopotania hasta Judea. Después tuvieron que emigrar hasta la zona de Egipto situada alrededor del delta del Nilo, donde los israelitas vivieron como esclavos hasta que fueron liberados por Moisés y conducidos de nuevo a la tierra prometida de Canaán, una historia repleta de mitos, pero que recoge muy bien la estrecha vinculación del sentido que para los judíos tiene la vida a través de la religión, y el monoteísmo como característica fundamental de ésta, hasta el punto de fundamentarse en la alianza o pacto entre Dios y el pueblo judío sellada en el monte Sinaí por Moisés, que establece que Israel es el pueblo elegido como mediador entre Dios y la Humanidad, y salvador de esta última.
La alianza entre el pueblo de Israel y Dios lleva a interpretar que existe una relación de causalidad entre el comportamiento humano y su destino. Por lo tanto, el padecimiento que sufría el pueblo judío era interpretado como consecuencia de sus malas acciones, que de alguna manera se imponían sobre las buenas obras realizadas por una parte del pueblo. Esta situación requería una respuesta por parte de Dios, que era interpretada como una impartición de justicia que se desarrollaría tras la muerte y que permitiría castigar a los alejados de los mandatos de Dios y recompensar la virtud y la obediencia de quienes sí habían seguido sus dictados.
No tiene sentido que no se hubiera producido algún tipo de manifestación a favor de Jesús y de su mensaje por parte de quienes días antes lo habían recibido entre aclamaciones a favor de su reinado y en contra de los romanos. Todo apunta a que debieron de tomarse algunas medidas para controlar estos movimientos y evitar cualquier revuelta. Por otra parte, en lugar de utilizar un procedimiento jurídico en consonancia con las acusaciones que se vertían y con la pena solicitada, se recurrió a uno simplificado, la extraordinaria cognitio, mucho más breve y sencillo, que facilitó la resolución del proceso y la aplicación de la pena en pocas horas; tampoco tiene mucho sentido que la pena de muerte fuese en la cruz, una forma cruel y humillante reservada a los peores criminales para degradar y humillar al máximo hasta el punto de acabar con su vida y de eliminarlos moralmente para que su existencia quedara definitivamente borrada. Por ello habitualmente la crucifixión era reservada para los esclavos, soldados presos de otros ejércitos y condenados por crímenes de especial gravedad, pero difícilmente se aplicaba sobre los ciudadanos judíos y menos aún por acusaciones relacionadas con la religión.

Algo extraño rodeó a todo el proceso seguido contra Jesús. No era una actuación contra un movimiento revolucionario o disidente, no hubo revueltas ni cómplices, tan sólo una exaltación del gentío a las puertas de la ciudad en un ambiente de fiesta, que luego fue disipándose conforme los peregrinos se dirigieron a los distintos lugares intramuros. Todo se limitaba a la obra de una sola persona acompañada por un grupo de fieles discípulos que sólo desempeñaban un papel secundario y pasivo, como acompañantes, casi como apéndices, a la espera del momento en el que su cometido se transformaría en la aplicación de todo lo que ahora veían y aprendían, un futuro que parecía no ser del todo desconocido por los principales protagonistas a cada uno de los lados de la historia.
Y muy extraño debió de ser todo ese proceso cuando un ciudadano judío como Jesús, que hablaba de paz y amor, de utilizar la mejilla como arma contra la agresión, terminó en la cruz, en el más humillante y cruel de los castigos que podían aplicarse en aquella época.
La imagen de Jesús crucificado, sin embargo, no fue utilizada como símbolo del cristianismo, al menos en lo que se refiere a Europa y Asia, hasta finales del siglo IV. Hasta la cuarta centuria los símbolos cristianos estaban más relacionados con la tradición judía; destacaba entre ellos la imagen del cordero, similar a la del cordero expiatorio del Pentateuco utilizada por los judíos en su éxodo hacia la tierra prometida de Israel.
La condena a morir crucificado pretendía humillar y denigrar tanto a la persona, que en muchas ocasiones conllevaba la prohibición de recuperar el cuerpo del reo y realizar sobre él los rituales funerarios, para de este modo continuar la humillación hacia su persona y los suyos gracias a no poder cumplir con las normas y a mostrar cómo su cadáver iba descomponiéndose por la putrefacción y por la acción de los insectos y animales a la vista de todos. En estos casos, sólo al final, eran arrojados a una especie de vertederos cercanos al lugar de la crucifixión en los que se completaba su descomposición y la acción carroñera de los animales.
Después de miles de años desde su invención como método de ejecución capital, la crucifixión alcanzó su máximo desarrollo y uso en la época del Imperio Romano. Fueron los romanos quienes más la utilizaron y quienes la perfeccionaron como uno de los más brutales suplicios para conseguir eliminar a la persona y todo el significado de su obra y acciones, hasta el punto, tal y como escribió el historiador judío Josefo, de ser considerada como «la más desgraciada de las muertes» o de «ser preferible el suicidio al destino cruel de ser puesto en la cruz», como narró Séneca en la epístola 101 a Lucilius.
El desarrollo de esta pena capital tenía un objetivo claro: ser aplicado sobre los rebeldes, insurrectos, traidores y los más viles criminales para mantener el control social y el sometimiento del pueblo dominado; sin embargo, fue ésta la pena aplicada a Jesús de Nazaret.

La procesión estaba formada por Jesús, los dos ladrones, un equipo de cinco hombres experimentados en la práctica de la crucifixión y cuatro soldados, los llamados quaternio, bajo el mando de un centurión conocido como el Exactor mortis. La comitiva partió de la fortaleza Antonia, lugar donde residía Pilato, y después de continuar por la vía Dolorosa el trayecto se hizo más difícil y empinado en un camino tortuoso y con obstáculos en forma de piedras y socavones que convertían la ruta en una superficie irregular y difícil de recorrer, que se apartaba paulatinamente del camino de Samaria hasta finalizar en el Gólgota.
El lugar donde eran ejecutados los condenados a la crucifixión estaba situado a las afueras del recinto amurallado de la ciudad, al igual que las zonas donde se excavaban las tumbas judías. Los estudios arqueológicos desarrollados tras la unificación de Jerusalén lo han situado en un lugar no muy lejano de la ciudad, en la parte noroeste; de hecho, según algunos estudios, la distancia recorrida por Jesús desde el lugar de la tortura hasta el Calvario fue de unos 600 metros.
El uso destinado a ese lugar hacía de él un emplazamiento conocido y temido, denominado popularmente como «el lugar de la calavera» (Gólgota). Esta posición cumplía los requisitos idóneos para su uso: podía ser divisada desde diferentes lugares debido a su elevada situación y se encontraba cerca de una zona ajardinada donde se habían horadado algunas tumbas aprovechando las rocas de la zona, su protección y su proximidad a la ciudad.
Jesús fue fijado a la cruz por medio del enclavamiento siguiendo el procedimiento indicado, circunstancia que le ocasionó un intenso dolor que después se vio aumentado al soportar el peso sobre las estructuras heridas y agravado por la más que probable lesión del nervio mediano al ser lesionado por los clavos situados en una zona muy próxima a su trayecto por la muñeca, afectación que a su vez era potenciada por los movimientos que de una forma u otra realizaría en la cruz, que unidos al peso del cuerpo pondrían en contacto el frío hierro del clavo con el tronco del nervio.
El estado de Jesús en la cruz empeoró y se debilitó progresivamente. El sufrimiento que se prolongaba durante más de 15 horas hacía la vida insoportable y la bebida que rechazó al principio de alguna manera se hizo necesaria después, hasta el punto de que una de las siete ocasiones que habló desde la cruz lo hizo para expresar que tenía sed, hecho que provocó de nuevo la burla de los soldados, quienes reaccionaron para ofrecerle, pinchándola en un palo para acercarla hasta su boca, una esponja empapada en posca, una especie de vino barato que solían beber los legionarios romanos, algo que tampoco era habitual en los suplicios.
Tras las interminables horas de agonía y sufrimiento todo transcurrió demasiado deprisa. El sol ya había desaparecido y amenazaba con arrastrar con él los últimos rayos de luz que había dejado su resplandor para permitir entrar a la noche, momento prohibido por la ley judía para manipular un cadáver y para que éste permaneciera sin recibir sepultura. La proximidad del sepulcro, situado a pocos metros del Calvario, facilitó que se pudieran cumplir los preceptos legales judíos, aunque todo tuvo que transcurrir con cierta precipitación y en la soledad de unas pocas personas cercanas a Jesús, ni siquiera las más íntimas y menos aún sus familiares.
Los acontecimientos excepcionales que condujeron a la crucifixión de Jesús de Nazaret continuaron con un proceso extraordinario en el que de forma extraña se sucedieron juicios, acusaciones, hechos, humillaciones contra Jesús y diferentes castigos que lo deterioraron física y emocionalmente hasta límites que nunca antes habían sido descritos. El camino hacia el Gólgota y la propia crucifixión también estuvieron marcados por pautas que se apartaban de lo habitual, circunstancia que se vio ratificada al permitir que tras una de las más graves acusaciones y la más dura de las condenas las personas cercanas a Jesús pudieran recuperar el cuerpo para darle sepultura.
Todo fue atípico y todo condujo a un proceso que extrañó a quienes lo vivieron de cerca y a quienes tuvieron noticia de él, y aún hoy, veintiún siglos después, sigue levantando sentimientos profundos y estimulando la reflexión y los estudios sobre él.

La historia ha presentado la Pasión como una escena muy apartada de la crudeza de la realidad, como algo lejano y distante, no sólo en el tiempo, sino en su materialidad, en las verdaderas consecuencias que los traumatismos recibidos por Jesús ocasionan en una persona. De hecho, la propia Iglesia católica durante muchos siglos, y aún en la actualidad, ha representado ese proceso de tortura y humillación mediante una iconografía muy alejada de la crudeza de las lesiones y de la crueldad de la Pasión de Cristo, mostrando una imagen dulcificada y elaborada sobre el verdadero significado de los acontecimientos, como una forma de representar antes del propio final la victoria sobre él.
Una de las principales polémicas sobre la historia de Jesús se centra, precisamente, en este episodio de la Pasión. Hay autores que sostienen que los condenados a muerte en la cruz no eran sometidos a ningún otro castigo, práctica manifestada gráficamente como que «no perdían energías» en alguien que iba a morir, interpretación ésta seguida por la mayoría de los especialistas, y que la pena se limitaba a la humillación y el escarnio público de la procesión hasta el Gólgota a lo largo de los lugares más concurridos de la ciudad con el patíbulo que luego lo soportaría a él cargado sobre sus hombros, y anunciando a todo aquel que se encontraba su identidad y los motivos de su condena en el titulus que portaba colgado del cuello o que llevaba el soldado que lo precedía. Otros autores defienden la aplicación de penas accesorias a la capital, y entre éstas la flagelación era habitual para intentar debilitar al reo y hacer de la ejecución, de por sí prolongada, un proceso más rápido, explicación que se basa en una cierta lógica y con posibilidades de que se aplicara en alguna ocasión, pero en apariencia alejada de uno de los principales objetivos de la crucifixión y su escenificación, algo en lo que habían insistido de manera especial los romanos y para lo que habían introducido diferentes modificaciones respecto a la técnica copiada. Este objetivo era el aleccionamiento del pueblo sobre la amenaza de una muerte cruel, lo que se conseguía con más eficacia prolongando al máximo el periodo agónico y que en ocasiones se alargaba al dejar el cadáver del crucificado expuesto hasta su descomposición.
Las condiciones de Jesús justo antes de ser crucificado suponían una importante afectación fisiopatológica por todo lo ocurrido durante la Pasión. Sin entrar en un análisis detallado de las alteraciones fisiopatológicas que pudieron ocasionar cada uno de los sucesos traumáticos vividos por Jesús durante esas últimas horas, algo que en cualquier caso resultaría demasiado imaginativo al no disponer de datos objetivos sobre su manifestación y repercusión exacta, sí se puede valorar de forma general cómo todos esos procesos repercutieron de forma negativa sobre el estado y las condiciones de Jesús.
Contamos, además, con el dato objetivo de la debilidad que presentaba al finalizar la flagelación y la burla de la coronación de espinas, al comprobar cómo la procesión hasta el lugar de la ejecución no transcurrió por los cauces habituales debido a su estado físico. La comitiva apenas avanzaba, las paradas fueron múltiples y las caídas, repetidas; todo ello en gran medida por la situación de Jesús, hasta el punto de ser los propios soldados romanos, no sus súplicas, los que provocaron que recibiera ayuda.
Los principales procesos que pudieron repercutir de forma negativa sobre el estado de Jesús tuvieron su inicio desde los primeros momentos de la Pasión. La hematidrosis sufrida en el huerto de Getsemaní, junto a la tensión emocional vivida y la profusa sudoración ayudaron a desarrollar una situación de hipovolemia que paulatinamente se vio agravada en las siguientes fases del proceso, tanto por la pérdida de sudor en cada una de las situaciones de tensión emocional vividas durante los diferentes juicios, como por las hemorragias sufridas, muy especialmente por la ocasionada por la flagelación y dirigida tanto al exterior (sangrado) como entre las estructuras anatómicas (hematomas), y aumentada por la coronación de espinas. La disminución del volumen de líquidos corporales pudo verse aún más acentuada por los posibles vómitos que se pudieron ocasionar en el transcurso de la flagelación.

La Sábana Santa presenta una coloración amarillenta-grisácea irregular con un ligero contorno de tonalidad rosa. En su superficie se perciben los efectos del paso del tiempo y las huellas de una historia que tampoco ha sido fácil para ella. Todo ello ha ocasionado un oscurecimiento generalizado, aunque dejando huella de forma diferente en distintas de zonas de la tela, hecho que destaca más por el efecto bandeado que origina la propia tela debido al proceso de manufacturación que se siguió para su fabricación.
Todo ello indica que las características del lienzo han variado a lo largo del tiempo, pero sin duda el cambio más significativo lo ocasionó no uno de los incendios ni la acción del agua durante la inundación de Edesa o al apagar los fuegos, sino la restauración dirigida por la doctora Fluir Lemberg a principios del verano de 2002.
Al finalizar este proceso la Sábana Santa había crecido aproximadamente 5 centímetros de largo y 3 centímetros de ancho como consecuencia del planchado y de la desaparición de los pliegues que la habían ido arrugando y encogiendo con el paso de los años.

Jesús debió de morir por una de las múltiples complicaciones que pueden aparecer en un cuadro de shock, sintomatología que sigue una serie de fases hasta entrar en el cuadro irreversible que sólo acaba en la muerte. Lo que en un principio viene caracterizado por el cuadro traumático principal (hipovolemia, dolor, síntomas neurogénicos…) después se continúa con toda una serie de mecanismos compensadores que intentan mantener el flujo circulatorio y garantizarlo en el cerebro y miocardio, aunque en esta fase ya comienzan algunas alteraciones metabólicas. El reflejo simpático proporciona una ayuda inmediata para la recuperación del volumen sanguíneo y da lugar a una contracción de los vasos sanguíneos y la movilización de las reservas venosas. Para ello se requiere un tiempo aproximado de entre diez minutos y una hora. En caso de que se consiga compensar la evolución negativa del shock y se produzca un reajuste del volumen sanguíneo mediante la absorción de fluidos del tracto intestinal, las alteraciones suelen mantenerse durante 48 horas; aunque dependiendo de las circunstancias puede prolongarse más días, tal y como explica Arthur C. Guyton, de la Universidad de Mississippi.
No obstante, las circunstancias de la crucifixión añaden un elemento que dificulta e interfiere con la respuesta fisiopatológica producida por el shock: la posición ortostática del reo en la cruz hace que el volumen sanguíneo quede retenido en la parte inferior del cuerpo, limitando la capacidad de los mecanismos de adaptación para mantener el riego sanguíneo en los dos órganos principales, el corazón y el cerebro, especialmente en este último dada su posición más elevada y la mayor dificultad para llegar hasta él en esas condiciones. La consecuencia más inmediata sería una pérdida de conciencia algo que, sin duda, también influyó en el estado general de Jesús puesto que, de alguna manera, el mantenimiento de la función respiratoria en las fases avanzadas de la crucifixión, después de varias horas de su inicio, exigía la participación activa del reo para que, al menos de forma ocasional y con cierta periodicidad, hiciera el esfuerzo de conseguir algunos movimientos respiratorios que lograran ventilar adecuadamente para así continuar con la lenta agonía de este suplicio.

El descendimiento de la cruz, elemento clave en este tiempo intermedio, pudo actuar como mecanismo rehabilitador sobre el cuadro fisiopatológico de Jesús, al menos para evitar su progresión y con ella la muerte.
El descenso del cuerpo de Jesús supuso su colocación en decúbito supino, es decir, tumbado boca arriba, posición que permitió la redistribución de la sangre y con ella la revascularización cerebral y la disminución de la hipoxemia; también se vieron facilitados los propios mecanismos respiratorios tras al agotamiento muscular al que había estado sometido en la cruz y con ellos la eficacia del intercambio gaseoso, que junto a la redistribución de la sangre pudieron contribuir a mejorar la situación general de Jesús. En estas nuevas condiciones, aún en un estado de muerte aparente y sin que las personas que manipulaban el cuerpo apreciaran reactividad alguna, circunstancia de nuevo favorecida por el peso del tiempo que caía sobre ellos como lo hacía el sol en el horizonte, el cuerpo debió de ser envuelto entre sábanas con cierta precipitación y trasladado con la misma prisa al cercano Jardín de Joseph, donde aguardaba el sepulcro.
La crucifixión conducía a una muerte segura de la forma más cruel y brutal; sin embargo, en algunos casos el reo sobrevivió. Una de estas situaciones, documentada en los escritos del historiador judío Flavio Josefo, fue vivida por él en primera persona. La relata así: «A mi regreso vi muchos prisioneros que habían sido crucificados, entre ellos reconocí a tres que habían sido compañeros míos. La tristeza me embargó y con lágrimas en los ojos me presenté ante Tito para explicarle la situación. Él dio la orden de que los hicieran descender y de que les aplicaran los mejores cuidados. Sin embargo, dos de ellos fallecieron mientras eran atendidos por el médico; el tercero se recuperó».
Las circunstancias tuvieron que ser muy distintas, tanto en relación a los antecedentes, en los que la Pasión aparece como un componente fundamental, como a los posteriores al descenso, con una atención prestada por un médico, hecho que suponía un mayor conocimiento y mejores medios que los disponibles en el sepulcro esa tarde-noche del viernes. Pero en cualquier caso la compatibilidad de estar en la cruz y de sobrevivir al suplicio aparece descrita de forma objetiva.
No existe contradicción entre lo establecido tradicionalmente sobre la historia de Jesús y la hipótesis que hemos introducido. Jesús de Nazaret fue resucitado desde el punto de vista biológico y se produjo una resurrección desde el planteamiento social y religioso.
Hoy, 2.000 años después, aparecen claros y diferenciados estos dos procesos, pero en aquella época y en las circunstancias en que se desarrollaron los hechos, con un cuerpo crucificado en estado de muerte aparente producido por un coma superficial aparecido como parte del cuadro de un shock traumático, no se podía pensar en supervivencia; los hechos biológicos (el estado de muerte aparente, que ellos vieron y palparon) y el significado de los mismos (ejecución por crucifixión) lo impedían. Sin embargo, las conductas desarrolladas por los discípulos, en principio de forma inconsciente con el único propósito de preparar su cuerpo para el descanso eterno, y después con plena voluntad para conseguir recuperarlo, lograron su resucitación, lo que ya había adelantado el Maestro en las palabras recogidas por Mateo («Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos…»), y lo ocurrido fue entendido como resurrección en cuanto al significado social y luego religioso de lo acontecido.

El día 42 finalizó la vida pública de Jesús, aunque después de ese día se han referido otras apariciones o visiones de Jesús, como, por ejemplo, durante la lapidación de san Esteban ante el propio Saulo (san Pablo) (Hechos 7:55-56) y la de san Juan cuando se encontraba en la isla de Patmos (Apocalipsis 1:9-18), aunque la propia descripción de estas apariciones parece tener un carácter más místico que material, como habían sido las descritas antes de la Ascensión. Quizá la única que sí adquiere un carácter más realista, aunque acompañada de elementos místicos, fue la aparición a san Pablo, entonces Saulo, cuando se dirigía a Damasco en su persecución a los cristianos (Hechos 9:1-7, y 1 Corintios 9:1 y 15:8). Las características de estas apariciones revestidas de misticismo y el mensaje que se manda con ellas y en ellas las hacen diferentes a las anteriores, más cercanas y revestidas de realidad, tanto en la forma de presentarse, mostrando y haciéndose palpar las heridas, como en el contenido del anuncio.
La Ascensión supone el final objetivo de la persona viva de Jesús en la tierra, un final en cuanto a presencia al que sólo hace referencia san Lucas, ningún otro evangelista lo recoge, y que al igual que ha ocurrido con otros pasajes de las Sagradas Escrituras fue tomado de forma literal sin entender su verdadero significado, lo que ha generado ciertas polémicas a lo largo de la historia.
El día 42 supuso el final: Jesús desapareció del contacto directo de sus seres más queridos, ya no fue visto más por ellos, sólo Pablo, que no era de los suyos y que difícilmente podía reconocerlo, pudo verlo para convertirse en uno de ellos. Quizá esa ausencia material fue la que permitió su presencia espiritual inamovible. Las lesiones que sufrió, especialmente la lanzada en el costado, ocasionaron un hemoneumotórax que agravó de forma significativa el shock traumático que padecía por el efecto de las otras lesiones. Pudo sobrevivir a los momentos iniciales, pero en cuadros como ése las amenazas de las complicaciones siempre están presentes y pocas veces pasan de largo, entre ellas, por su gravedad, las infecciosas. Las condiciones físicas de Jesús de Nazaret tras la Pasión y la crucifixión hacían muy difícil enfrentarse a un cuadro infeccioso aparecido sobre heridas distribuidas por todo el cuerpo, e impregnadas de tierra y elementos extraños que agravaban su contaminación.
El día 42 fue el final de esa vida conocida de Jesús junto a los suyos, y pudo serlo por su retirada a un lugar donde recuperarse, por haberse marchado con alguno de los apóstoles menos conocidos en una misión evangélica o por haber fallecido por las complicaciones infecciosas aparecidas sobre el cuadro traumático inicial.

— La anchura de las manchas es mayor a un teórico reguero de sangre producido por una herida punzante ocasionada por una espina.
— El tejido de la Sábana en la zona de la mancha no está ocupado por completo, pues se aprecian algunas fibras y algunos surcos sin impregnar.
— La coloración es clara, no roja oscura como cabría esperar en una mancha de sangre antigua.
— Los bordes son relativamente regulares.
— Las manchas aparecen en ambas caras de la tela con ligeras diferencias en la coloración, el tamaño y la homogeneidad en la superficie.
Estas características, puestas en relación con los resultados obtenidos en los experimentos, nos permiten llegar a las siguientes deducciones:
— La Sábana Santa tuvo que estar impregnada de aceites o sustancias oleosas. Tal y como se observa en los diferentes experimentos, especialmente en el 3 (contacto directo), cuando el contacto se produce directamente entre la superficie con la sangre y la tela (sin aceite en ninguna de ellas), la mancha que se origina en el tejido es de tamaño similar a la sangre que presenta la superficie y se concentra en un espacio reducido de la tela, por lo que todo su grosor aparece impregnado por la sangre y compacto, sin puentes de fibras en su superficie. La coloración de la sangre en estas circunstancias es oscura y, conforme pasa el tiempo (12 horas), se oscurece más.
Cuando la tela está impregnada de aceite, por el contrario, la mancha que se produce en su superficie adquiere un tamaño mayor al difundirse mejor con el aceite, y al ocupar una mayor superficie de tejido con la misma cantidad de sangre, aparecen puentes de fibras que no llegan a impregnarse, circunstancia que contribuye también a que su color sea más claro, y que esta tonalidad se mantenga incluso con el paso del tiempo. Este hecho puede ser un factor más para explicar la claridad de las manchas de sangre de la Sábana Santa, al margen de los efectos hemolíticos del almidón o de la mayor concentración de porfirinas.
El contacto con la cara de la urdimbre, sobre todo al ver las fotos correspondientes a la cara de filtrado tras el experimento y a las 12 horas, especialmente esta última, muestra una clara incompatibilidad con las manchas de la Sábana Santa.
— La compatibilidad de estas características con las manchas de la Sábana Santa requiere además un elemento añadido, concretamente la continuidad en el aporte de sangre a la zona de contacto para hacer que toda la parte impregnada por el primer roce vaya «rellenándose» de sangre, y permitir que la zona de la mancha quede ocupada por los elementos sanguíneos hasta el punto de ocupar la mayor parte del grosor de la tela, dejando de este modo muy pocos puentes en su superficie. La continuidad de la hemorragia no haría crecer la mancha en todas direcciones, sino que la superficie del cuerpo y la Sábana compactadas por el aceite facilitarían la distribución de la sangre según este patrón.

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Possibly Jesus did not die on the cross or later rise again, although events led to perceiving the facts about that reality, something that does not modify the essence of a religion of this world, whose deepest and most essential values are based on simplicity, on the humility and in the naturalness of events and people, and their vital interrelationships.

Not suitable for susceptible people … the description of cruelty is too explicit, it is tiring to read so much pain inflicted on a person … it can raise blisters to people fervent of a single doctrine and it is interesting for it.

The arrival of Jesus in Jerusalem was like an island of happiness near a Dead Sea that somehow came to represent the final destiny of lives that had sprouted years ago to definitively change the destiny of humanity. And it could not be real, because the difficulties experienced before that Easter Sunday or the events that would end with the execution of the one who was now acclaimed as the son of God did not seem to have been.
But what was happening was true, they weren’t dreaming, nor were they hearing it from anyone’s mouth: they were living it, and, in a way, everything they had gone through together in the last four years seemed to make sense to them that morning of Sunday. Jesus appeared at the beginning of April 30 in Jerusalem, after having been teaching the previous weeks in Galilee.
The Jewish religion could not allow what was considered an attack and blasphemy, and the same people who acclaimed Jesus at the entrance of Jerusalem on Easter Sunday days later asked for his crucifixion. Since the origin of the Jewish people, traditions have presented their religion as an element closely linked to social organization and the relationships between its peoples. The essence of the culture of the Jewish people was to fulfill God’s command. It was the god Yahweh who gave the order to Abraham to settle in the land of Canaan, starting from Mesopotania to Judea. They then had to emigrate to the area of Egypt located around the Nile Delta, where the Israelites lived as slaves until they were freed by Moses and taken back to the promised land of Canaan, a story full of myths, but that captures very well the close connection of the meaning that for the Jews life has through religion, and monotheism as its fundamental characteristic, to the point of being based on the alliance or pact between God and the Jewish people sealed on Mount Sinai by Moses , which establishes that Israel is the chosen people as mediator between God and Humanity, and savior of the latter.
The alliance between the people of Israel and God leads to the interpretation that there is a causal relationship between human behavior and their destiny. Therefore, the suffering suffered by the Jewish people was interpreted as a consequence of their bad actions, which in some way were imposed on the good works carried out by a part of the people. This situation required a response from God, which was interpreted as an impartation of justice that would take place after death and that would allow punishing those who were far from God’s commands and rewarding the virtue and obedience of those who had followed his dictates. .
It does not make sense that there had not been some kind of demonstration in favor of Jesus and his message by those who days before had received him amid acclamations in favor of his reign and against the Romans. Everything indicates that some measures must have been taken to control these movements and prevent any revolt. On the other hand, instead of using a legal procedure in line with the accusations that were made and with the requested penalty, a simplified one was used, the extraordinary cognitio, much shorter and simpler, which facilitated the resolution of the process and the application of grief in a few hours; Nor does it make much sense that the death penalty was on the cross, a cruel and humiliating form reserved for the worst criminals to degrade and humiliate to the maximum to the point of ending their life and morally eliminating them so that their existence would be permanently erased. For this reason, crucifixion was usually reserved for slaves, soldiers imprisoned from other armies and convicted of especially serious crimes, but it was hardly applied to Jewish citizens and even less for accusations related to religion.

Something strange surrounded the whole process against Jesus. It was not a performance against a revolutionary or dissident movement, there were no revolts or accomplices, just an exaltation of the crowd at the gates of the city in a festive atmosphere, which later dissipated as the pilgrims went to the different places within the walls. Everything was limited to the work of a single person accompanied by a group of faithful disciples who only played a secondary and passive role, as companions, almost like appendages, waiting for the moment when their task would become the application of everything. what they now saw and learned, a future that seemed not to be entirely unknown to the main protagonists on each side of the story.
And that whole process must have been very strange when a Jewish citizen like Jesus, who spoke of peace and love, of using his cheek as a weapon against aggression, ended up on the cross, in the most humiliating and cruel of punishments that could be applied. at that time.
The image of Jesus crucified, however, was not used as a symbol of Christianity, at least as far as Europe and Asia are concerned, until the end of the 4th century. Until the fourth century, Christian symbols were more closely related to the Jewish tradition; Among them was the image of the lamb, similar to that of the scapegoat in the Pentateuch used by the Jews in their exodus to the promised land of Israel.
The sentence to die crucified was intended to humiliate and denigrate the person so much that on many occasions it entailed the prohibition of recovering the body of the prisoner and performing funeral rituals on him, in order to continue the humiliation towards his person and his loved ones thanks to not being able to comply with the rules and to show how his corpse was decomposing by putrefaction and by the action of insects and animals in full view of all. In these cases, only at the end, they were thrown into a kind of landfill near the place of the crucifixion in which their decomposition and the scavenging action of the animals were completed.
After thousands of years since its invention as a method of capital execution, the crucifixion reached its maximum development and use in the time of the Roman Empire. It was the Romans who used it the most and who perfected it as one of the most brutal torments to get rid of the person and all the meaning of his work and actions, to the point, as the Jewish historian Josephus wrote, of being considered as «the most wretched of deaths» or «suicide is preferable to the cruel fate of being put on the cross», as Seneca narrated in the epistle 101 to Lucilius.
The development of this capital punishment had a clear objective: to be applied on the rebels, insurgents, traitors and the most vile criminals to maintain social control and subjugation of the dominated people; however, this was the penalty applied to Jesus of Nazareth.

The procession consisted of Jesus, the two thieves, a team of five men experienced in the practice of the crucifixion and four soldiers, the so-called quaternium, under the command of a centurion known as the Exactor mortis. The procession started from the Antonia fortress, where Pilato lived, and after continuing along the Via Dolorosa the journey became more difficult and steep on a winding path with obstacles in the form of stones and holes that turned the route into an irregular surface. and difficult to travel, gradually moving away from the road to Samaria until it ended at Golgotha.
The place where those condemned to crucifixion were executed was located on the outskirts of the city’s walled enclosure, as were the areas where Jewish tombs were excavated. The archaeological studies carried out after the unification of Jerusalem have located it in a place not far from the city, in the northwestern part; in fact, according to some studies, the distance traveled by Jesus from the place of torture to Calvary was about 600 meters.
The use intended for this place made it a known and feared site, popularly known as «the place of the skull» (Golgotha). This position fulfilled the ideal requirements for its use: it could be seen from different places due to its elevated location and it was near a garden area where some tombs had been drilled taking advantage of the rocks in the area, its protection and its proximity to the city.
Jesus was fixed to the cross by means of the interlocking following the indicated procedure, a circumstance that caused him intense pain that was later increased by bearing the weight on the injured structures and aggravated by the more than probable injury of the median nerve when injured by the nails located in an area very close to their path through the wrist, an affectation that in turn was enhanced by the movements that one way or another would make on the cross, which together with the weight of the body would bring the cold iron of the nail into contact with the nerve trunk.
The state of Jesus on the cross progressively worsened and weakened. The suffering that lasted for more than 15 hours made life unbearable and the drink that he rejected at first somehow became necessary later, to the point that one of the seven times he spoke from the cross he did so to express that he had thirst, a fact that again provoked the mockery of the soldiers, who reacted to offer him, prodding a stick to bring it to his mouth, a sponge soaked in posca, a kind of cheap wine that the Roman legionaries used to drink, something that was not habitual in torture.
After endless hours of agony and suffering, everything passed too quickly. The sun had already disappeared and was threatening to carry with it the last rays of light that his radiance had left to allow the night to enter, a moment forbidden by Jewish law to manipulate a corpse and for it to remain unburied. The proximity of the tomb, located a few meters from Calvary, made it easier to comply with the Jewish legal precepts, although everything had to pass with some haste and in the solitude of a few people close to Jesus, not even the most intimate and even less their families.
The exceptional events that led to the crucifixion of Jesus of Nazareth continued with an extraordinary process in which trials, accusations, facts, humiliations against Jesus and different punishments occurred in a strange way that deteriorated him physically and emotionally to limits that had never been before. described. The road to Golgotha and the crucifixion itself were also marked by guidelines that deviated from the usual, a circumstance that was ratified by allowing those close to Jesus to recover after one of the most serious accusations and the harshest of sentences. the body to be buried.
Everything was atypical and everything led to a process that surprised those who experienced it closely and those who had news of it, and even today, twenty-one centuries later, it continues to raise deep feelings and stimulate reflection and studies about it.

History has presented the Passion as a scene far removed from the harshness of reality, as something distant and distant, not only in time, but also in its materiality, in the true consequences that the traumas received by Jesus cause in a person. In fact, the Catholic Church itself for many centuries, and even today, has represented this process of torture and humiliation through an iconography far removed from the harshness of the injuries and the cruelty of the Passion of Christ, showing a softened image and elaborated on the true meaning of the events, as a way of representing the victory over him before the end itself.
One of the main controversies about the story of Jesus focuses precisely on this episode of the Passion. There are authors who argue that those sentenced to death on the cross were not subjected to any other punishment, a practice graphically manifested as «not losing energy» in someone who was going to die, an interpretation followed by most specialists, and that the The pain was limited to the humiliation and public derision of the procession to Golgotha through the busiest places of the city with the gallows that would later support him carrying him on his shoulders, and announcing to all who were his identity and the reasons for his conviction in the titulus that he carried around his neck or that was worn by the soldier who preceded him. Other authors defend the application of accessory penalties to the capital, and among these the flogging was common to try to weaken the defendant and make the execution, already prolonged, a faster process, an explanation that is based on a certain logic and with possibilities that it was applied on some occasion, but apparently far from one of the main objectives of the crucifixion and its staging, something that the Romans had insisted on in a special way and for which they had introduced different modifications regarding the copied technique . This objective was to educate the people about the threat of cruel death, which was achieved more effectively by prolonging the agonizing period to the maximum and which was sometimes lengthened by leaving the corpse of the crucified exposed until its decomposition.
The conditions of Jesus just before being crucified supposed an important pathophysiological affectation for everything that happened during the Passion. Without going into a detailed analysis of the pathophysiological alterations that could be caused by each of the traumatic events experienced by Jesus during those last hours, something that in any case would be too imaginative given that there are no objective data on their exact manifestation and impact, it is You can assess in a general way how all these processes had a negative impact on the state and conditions of Jesus.
We also have the objective data of the weakness that he presented at the end of the flagellation and the mockery of the crowning with thorns, when verifying how the procession to the place of execution did not pass through the usual channels due to his physical condition. The procession barely advanced, the stops were multiple and the falls, repeated; all this largely because of Jesus’ situation, to the point that it was the Roman soldiers themselves, not his pleas, that caused him to receive help.
The main processes that could have a negative impact on the state of Jesus had their beginning from the first moments of the Passion. The hematidrosis suffered in the Garden of Gethsemane, together with the emotional tension experienced and profuse sweating, helped to develop a hypovolemic situation that was gradually aggravated in the following phases of the process, both due to the loss of sweat in each of the situations of emotional tension experienced during the different trials, such as by the hemorrhages suffered, especially by the one caused by the flagellation and directed both to the exterior (bleeding) and between the anatomical structures (hematomas), and increased by the crowning of thorns. The decrease in the volume of body fluids could be seen even more accentuated by the possible vomiting that could be caused during the flagellation.

The Shroud has an irregular yellowish-gray color with a slight pinkish contour. On its surface you can see the effects of the passage of time and the traces of a history that has not been easy for her either. All this has caused a generalized darkening, although leaving a different mark in different areas of the fabric, a fact that stands out more for the banded effect that the fabric itself originates due to the manufacturing process that was followed for its manufacture.
All this indicates that the characteristics of the canvas have varied over time, but without a doubt the most significant change was caused not by the fires or the action of the water during the Edessa flood or by putting out the fires, but by the directed restoration by Dr. Fluir Lemberg in early summer 2002.
At the end of this process, the Shroud had grown approximately 5 centimeters long and 3 centimeters wide as a result of ironing and the disappearance of the folds that had creased and shrunk it over the years.

Jesus must have died from one of the many complications that can appear in a shock picture, symptoms that follow a series of phases until entering the irreversible picture that only ends in death. What at first is characterized by the main traumatic picture (hypovolemia, pain, neurogenic symptoms …) then continues with a whole series of compensatory mechanisms that try to maintain the circulatory flow and guarantee it in the brain and myocardium, although in this phase already some metabolic disturbances begin. The sympathetic reflex provides immediate assistance in the recovery of blood volume and results in a contraction of the blood vessels and the mobilization of venous reserves. This requires an approximate time of between ten minutes and an hour. If it is possible to compensate for the negative evolution of shock and a readjustment of blood volume occurs through the absorption of fluids from the intestinal tract, the alterations usually remain for 48 hours; Although depending on the circumstances, it can take more days, as explained by Arthur C. Guyton, from the University of Mississippi.
However, the circumstances of the crucifixion add an element that hinders and interferes with the pathophysiological response produced by shock: the orthostatic position of the prisoner on the cross causes the blood volume to be retained in the lower part of the body, limiting the ability to the adaptation mechanisms to maintain blood flow in the two main organs, the heart and the brain, especially in the latter given its higher position and the greater difficulty in reaching it under these conditions. The most immediate consequence would be a loss of consciousness, something that undoubtedly also influenced the general state of Jesus since, in some way, the maintenance of respiratory function in the advanced phases of the crucifixion, after several hours of his At the beginning, it demanded the active participation of the prisoner so that, at least occasionally and with certain periodicity, he made the effort to achieve some respiratory movements that would manage to ventilate adequately in order to continue the slow agony of this ordeal.

The descent from the cross, a key element in this intermediate time, could act as a rehabilitative mechanism on the pathophysiological picture of Jesus, at least to prevent his progression and death with it.
The descent of the body of Jesus meant that he was placed in a supine position, that is to say, lying on his back, a position that allowed the redistribution of blood and with it cerebral revascularization and decreased hypoxemia; The respiratory mechanisms themselves were also facilitated after the muscular exhaustion to which he had been subjected on the cross and with them the effectiveness of the gas exchange, which together with the redistribution of the blood could contribute to improve the general situation of Jesus. In these new conditions, even in a state of apparent death and without the people who manipulated the body appreciating any reactivity, a circumstance again favored by the weight of time that fell on them as the sun did on the horizon, the body must have of being wrapped in sheets with some haste and transferred with the same haste to the nearby Garden of Joseph, where the tomb awaited.
The crucifixion led to certain death in the most cruel and brutal way; however, in some cases the inmate survived. One of these situations, documented in the writings of the Jewish historian Flavius Josephus, was experienced by him in the first person. He relates it like this: «On my return I saw many prisoners who had been crucified, among them I recognized three who had been my companions. Sadness overwhelmed me and with tears in my eyes I went to Tito to explain the situation. He gave the order that they be brought down and that the best care be applied to them. However, two of them died while being treated by the doctor; the third recovered.
The circumstances had to be very different, both in relation to the antecedents, in which the Passion appears as a fundamental component, and to those after the descent, with care provided by a doctor, a fact that implied greater knowledge and better means than those available at the grave that Friday evening. But in any case the compatibility of being on the cross and surviving the torture is objectively described.
There is no contradiction between what is traditionally established about the story of Jesus and the hypothesis that we have introduced. Jesus of Nazareth was resurrected from the biological point of view and there was a resurrection from the social and religious point of view.
Today, 2,000 years later, these two processes appear clear and differentiated, but at that time and in the circumstances in which the events unfolded, with a crucified body in a state of apparent death produced by a superficial coma that appeared as part of the picture of a traumatic shock, you couldn’t think of survival; the biological facts (the state of apparent death, which they saw and felt) and their meaning (execution by crucifixion) prevented it. However, the behaviors developed by the disciples, initially unconsciously with the sole purpose of preparing their body for eternal rest, and later with full will to recover it, achieved their resuscitation, which the Master had already advanced in the past. words collected by Matthew («Heal the sick, cleanse the lepers, raise the dead …»), and what happened was understood as a resurrection in terms of the social and then religious meaning of what happened.

On the 42nd day the public life of Jesus ended, although after that day other appearances or visions of Jesus have been reported, such as, for example, during the stoning of Saint Stephen before Saul (Saint Paul) himself (Acts 7: 55- 56) and that of Saint John when he was on the island of Patmos (Revelation 1: 9-18), although the very description of these appearances seems to have a more mystical than material character, as had been those described before the Ascension. Perhaps the only one that does acquire a more realistic character, although accompanied by mystical elements, was the appearance to Saint Paul, then Saul, when he was going to Damascus in his persecution of Christians (Acts 9: 1-7, and 1 Corinthians 9 : 1 and 15: 8). The characteristics of these apparitions covered in mysticism and the message that is sent with them and in them make them different from the previous ones, closer and covered with reality, both in the way of presenting themselves, showing and making the wounds palpable, as in the ad content.
The Ascension supposes the objective end of the living person of Jesus on earth, an end in terms of presence to which only Saint Luke refers, no other evangelist collects it, and which, as has happened with other passages of Sacred Scripture. It was taken literally without understanding its true meaning, which has generated certain controversies throughout history.
Day 42 was the end: Jesus disappeared from the direct contact of his loved ones, he was no longer seen by them, only Paul, who was not one of their own and who could hardly recognize him, could see him to become one of them. Perhaps that material absence was what allowed his immovable spiritual presence from him. The injuries he suffered, especially the one thrown to the side, caused a hemopneumothorax that significantly aggravated the traumatic shock suffered by the effect of the other injuries. He was able to survive the initial moments, but in pictures like that the threats of complications are always present and rarely pass by, among them, due to their severity, infectious ones. The physical conditions of Jesus of Nazareth after the Passion and the crucifixion made it very difficult to face an infectious picture that appeared on wounds distributed throughout the body, impregnated with earth and foreign elements that aggravated its contamination.
Day 42 was the end of that known life of Jesus with his family, and it could have been due to his withdrawal to a place where he could recover, for having left with one of the lesser-known apostles on an evangelical mission or for having died due to complications. infectious diseases that appeared on the initial traumatic picture.

– The width of the spots is greater than a theoretical trail of blood produced by a puncture wound caused by a thorn.
– The fabric of the Sheet in the area of the stain is not completely occupied, as some fibers and some grooves are not impregnated.
– The coloration is light, not dark red as one would expect in an old blood stain.
– The edges are relatively regular.
– Stains appear on both sides of the fabric with slight differences in coloration, size and homogeneity on the surface.
These characteristics, put in relation to the results obtained in the experiments, allow us to reach the following deductions:
– The Shroud had to be impregnated with oils or oily substances. As can be seen in the different experiments, especially in number 3 (direct contact), when the contact occurs directly between the surface with the blood and the fabric (without oil in any of them), the stain that originates from the The tissue is similar in size to the blood on the surface and it is concentrated in a reduced space of the cloth, so that its entire thickness appears impregnated by blood and compact, without fiber bridges on its surface. The color of the blood in these circumstances is dark and, as time passes (12 hours), it darkens more.
When the fabric is impregnated with oil, on the contrary, the stain that occurs on its surface acquires a larger size as it diffuses better with the oil, and by occupying a larger surface of the fabric with the same amount of blood, fiber bridges appear that they do not become impregnated, a circumstance that also contributes to their color being lighter, and that this tonality is maintained even with the passage of time. This fact may be one more factor to explain the clarity of the bloodstains on the Shroud, regardless of the hemolytic effects of starch or the higher concentration of porphyrins.
Contact with the warp face, especially when viewing the photos corresponding to the filtering face after the experiment and at 12 o’clock, especially the latter, shows a clear incompatibility with the stains on the Shroud.
– The compatibility of these characteristics with the stains on the Shroud also requires an added element, specifically the continuity in the supply of blood to the contact area to make the entire part impregnated by the first brush «fill in» with blood, and allowing the area of the stain to be occupied by the blood elements to the point of occupying most of the thickness of the fabric, thus leaving very few bridges on its surface. The continuation of the hemorrhage would not make the stain grow in all directions, but the surface of the body and the Sheet compacted by the oil would facilitate the distribution of the blood according to this pattern.

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