Ama — José Ignacio Carnero / Ama (Mother) by Jose Ignacio Carnero (spanish book edition)

No es que todas las familias felices se parezcan las unas a las otras, sino que, como han estado tan ocupadas siendo felices, no han encontrado el momento de ponerse a escribir sobre sí mismas. Es el olvido, y no la felicidad, el que hace a esas familias iguales. Cuando la memoria se abandona, todos nos comenzamos a parecer mucho.
Algo parecido se podría decir de las familias humildes: como han estado tan ocupadas trabajando, no han encontrado el momento de volver sobre sí mismas. Por eso, hay un momento en el que la memoria se diluye, y entonces resulta imposible reconstruir los recuerdos.

Los libros que hablan de un duelo son difíciles porque de alguna manera trato de huir de esos sentimientos, no quiero apresurarlos porque sé que llegarán y el día que lleguen me devastarán como a cualquiera que haya perdido a su ama.
Este libro es bellísimo por la forma tan sencilla y honesta de estar escrito. No hay palabras raras, no hay sentimientos desbordados que caigan en lo cursi. Son sentimientos crudos y honestos, de esos que son muy personales. El autor habla consigo mismo y no pretende construir una prosa elaborada y eso se lo agradecí todo el libro.
A pesar de que el libro es doloroso, en cada una de sus páginas me hizo reflexionar en todo lo que me falta darle a mi ama para que cuando ella parta yo no le quede a deber nada.
Mezcla pasajes que me han conmovido no sólo por lo que tienen de emocionales, sino porque la realidad de la que habla es la mía, con otros en los que he sentido una desconexión total con lo narrado. El libro es excepcional cuando habla de «Ama» y de su relación con el autor (porque es la mía y seguramente la tuya) y cuando habla de esa realidad social en la que se crió (porque ha sido la mía, aunque no sé si la tuya), pero me pierde cuando lo relacional desaparece y el libro se convierte en una especie de diario confesional.
Una historia pequeña humilde y noble! Un libro de iniciación a la vida y a la muerte y al duelo! Un himno al amor de una madre hecho de pequeñas cosas pero que ama incondicionalmente, que es la única forma en que las madres saben amar! Ama, madre, amor! Pero también una España alejada una transformación de vida el rescate de los pobres, muchos concepto y muy bien abordados!.

A pesar de las malas noticias, le van a dar el alta a mi madre. Yo estoy en el hospital con ella. Mi madre le pide a la doctora que le explique con claridad el estado de su enfermedad. La doctora intenta no herir con sus palabras. Trata de darle esperanza. Es una chica joven y se nota que no está acostumbrada a dar este tipo de noticias. Mi madre le insiste, y la doctora al final nos mira a los ojos y acaba por decir con sinceridad: alrededor de un año; algo más quizá si decide someterse a la quimioterapia; podemos tratar de ir deteniendo la enfermedad, pero no podemos curarla. Ese es todo el futuro que es capaz de ofrecernos. Una porción de tiempo con la que resulta imposible hacer ningún plan.
Mi madre sigue estable. A pesar de que todo ha cambiado, nada parece haber cambiado. Voy unos días a su casa, pero ella me dice que ya no hago nada allí, y por eso me he vuelto a Barcelona. Tras unos días en Bilbao, aprovecho para descansar, ir al cine, o salir de copas. Hago lo que siempre he hecho. Soy un egoísta. Quedo también con esa chica que conocí en Tinder. Me descongela el hielo del pecho. Me hace olvidar la muerte. Sencillamente, me gusta.

Cuando todo sucede no hay nadie, ama. Ni tan siquiera estás tú. Quisiera llamarte, pero ya no estás. Quisiera gritar, pero no puedo. Tú que siempre has acudido cuando te he llamado, esta vez no me haces caso. No sé dónde estás, ama. En algún lugar dentro de tu cuerpo. Un lugar del que no puedes salir y del que yo no te puedo sacar. Ojalá pudiese forzar los barrotes de hierro que te aprisionan. Ojalá pudiese, porque sé que tú no quieres estar ahí dentro. Lo sé porque cuando me acerco a hablarte al oído, a decirte que te quiero, mueves una ceja, o el labio, como deseando decirme algo que no consigues pronunciar. Habladle, habladle, repiten los médicos, aún puede oíros. Lo dicen como si te estuvieses alejando, y así, poco a poco, fueses dejando de oír nuestras voces. Como si hubieras zarpado en un barco. Como si yo te despidiese desde la ventana como tú hacías conmigo. Pero ¿adónde vas, ama? ¿Adónde vas? Respóndeme. Habladle, habladle, dicen los médicos, como si nos quedaran cosas por decir.

También ocurrió algo más, ama. Duró muy poco tiempo, pero sucedió. Yo todavía estaba sentado sobre las baldosas, y tú no te habías quedado del todo dormida. Era medianoche, y te despertaste muy relajada. Estabas tranquila; nada que ver con el estado que tenías apenas una hora antes. Abriste los ojos, y sonreíste. Estabas contenta. Se te había ido ese velo negro de la mirada. No me mirabas a mí. Para ti yo no estaba en aquella habitación. Permanecías totalmente ajena a mi presencia. Entonces comenzaste a balbucear nombres. Nombres de personas que habían fallecido, y otras todavía vivas. Personas que habías conocido a lo largo de los años. Y les saludaste, ama, les saludaste a todos mientras te los imaginabas pasando por tu habitación. Pasaron los muertos y los vivos aquella medianoche en que te estabas muriendo.
Cuando amaneció, llegaron los demás, y también el sacerdote, pero todo eso no creo que te importe, ama. No merece la pena que me extienda en esas banalidades. Rellené impresos, elegí ataúd, redondo o egipcio eran las opciones que me dieron, encargué las flores, y me fui a casa con aita. Me metí en la cama. No podía dormir. Fui a la cocina a beber agua, y allí estaba el iPod que te regalé. No sé porque te lo regalé si, como a mí, la música te pone triste.

Creía que ella era la única que se había ido, que yo seguía aquí, como antes, como siempre, viendo cómo se marchaba, esperando a que el dolor desapareciese, recordando y olvidando al mismo tiempo. Pero no era así, o no era del todo así. Mi madre no era la única que se había marchado. Yo, tal y como me conocía, también había dejado de existir. Había sentido un dolor inmenso al percibir que mi madre se separaba de mí, pero parte de ese dolor provenía del hecho de que yo también me estaba separando de mí. Yo, tal y como me conocía, me estaba despidiendo de mí mismo, y sentía esa despedida como una amputación. Dicen que quienes sufren la amputación de un miembro siguen sintiéndolo; es lo que llaman el síndrome del miembro fantasma. Eso mismo me sucedía a mí. Me seguía sintiendo, aunque ya no existiese. Me había despedido de mí también, no solo de ella, y me echaba de menos. Echaba de menos a ambos, a mi madre y a mí mismo, y, al mismo tiempo, les notaba junto a mí, aunque no pudiera tocarlos. Dicen que los hijos únicos suelen tener amigos imaginarios cuando son niños. Quizá fuera eso. Quizá fuera la imaginación la que me hacía desdoblarme e idear esas conjeturas impropias de un adulto. Los psicólogos dicen que los amigos imaginarios tal y como vienen se van. Como si no fueran parte de uno mismo; como si la amputación no doliese. Nunca me han gustado los psicólogos. Siempre he preferido a los amigos, los bares e incluso el dolor mismo. No soporto que me digan lo que tengo que sentir. No lo soporto, aunque el consejo esté cargado de buenas intenciones, aunque me estén diciendo la verdad, aunque traten de librarme del sufrimiento. Prefiero el dolor del miembro amputado a la terapia que me cure de mi pensamiento mágico.

Mis padres y yo somos seres normales y corrientes. Personas como otras muchas que no han pasado a ser personajes de una novela. Soy yo, cuando escribo este libro, quien da sentido a un cúmulo de incongruencias, arbitrariedades, o comportamientos mezquinos. En esta novela me refugio de la intemperie de lo real. Lo real es esa señora preguntándole a mi padre si he venido al funeral de mi madre. El lector, por un momento, debe olvidarse de esta novela, debe abandonarla por un instante, y debe dar a las palabras de esa señora la misma credibilidad que al narrador. Escuchad sus palabras.

No sé, quizá me haya quedado a medio camino y tenga que llegar más al norte para volver a ver esas luces de nuevo. Pero ahora estoy cansado.

* ama:
sustantivo en euskera: madre
tercera persona del presente del verbo amar

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It’s not that all happy families look like each other, but because they’ve been so busy being happy, they haven’t found the time to write about themselves. It is oblivion, and not happiness, that makes these families equal. When memory is abandoned, we all begin to resemble each other.
Something similar could be said of humble families: as they have been so busy working, they have not found the time to get back on themselves. For this reason, there is a moment in which the memory is diluted, and then it is impossible to reconstruct the memories.

The books that talk about a duel are difficult because somehow I try to run away from those feelings, I don’t want to rush them because I know that they will come and the day they arrive they will devastate me like anyone who has lost his mistress.
This book is beautiful because of the simple and honest way of being written. There are no strange words, there are no overwhelming feelings that fall into the corny. They are raw and honest feelings, the kind that are very personal. The author talks to himself and does not pretend to construct elaborate prose, and I thanked him for that throughout the book.
Despite the fact that the book is painful, in each of its pages it made me reflect on all that I need to give my mistress so that when she leaves I will not owe her anything.
She mixes passages that have moved me not only because of what they are emotional about, but because the reality of which she speaks is mine, with others in which I have felt a total disconnection with what was narrated. The book is exceptional when it talks about «Mistress» and her relationship with the author (because it is mine and surely yours) and when it talks about that social reality in which she grew up (because it was mine, although I don’t know if yours), but he loses me when the relational disappears and the book becomes a kind of confessional diary.
A humble and noble little story! An initiation book to life and death and mourning! A hymn to a mother’s love made of little things but that she loves unconditionally, which is the only way mothers know how to love! Love, mother, love! But also a distant Spain, a transformation of life, the rescue of the poor, many concepts and very well addressed!.

Despite the bad news, my mother is being discharged. I am in the hospital with her. My mother asks the doctor to clearly explain the state of her illness. The doctor tries not to hurt with her words. She tries to give him hope. She is a young girl and it shows that she is not used to giving this kind of news. My mother insists, and the doctor finally looks into her eyes and ends up saying with sincerity: about a year; something else maybe if she decides to undergo chemotherapy; we can try to stop the disease, but we cannot cure it. That is all the future that it is capable of offering us. A portion of time with which it is impossible to make any plans.
My mother is stable. Even though everything has changed, nothing seems to have changed. I go to her house for a few days, but she tells me that I no longer do anything there, and that is why I have returned to Barcelona. After a few days in Bilbao, I take the opportunity to rest, go to the movies, or go out for drinks. I do what I have always done. I am selfish. I’m also meeting that girl I met on Tinder. She thaws the ice off her chest. She makes me forget death. I just like her.

When everything happens there is no one, she loves. You are not even there. I would like to call you, but you are gone. I want to scream, but I can’t. You who have always come when I have called you, this time you ignore me. I don’t know where you are, she loves. Somewhere inside your body. A place you can’t get out of and I can’t get you out of. I wish I could force the iron bars that imprison you. I wish I could, because I know you don’t want to be in there. I know this because when I approach you to speak in your ear, to tell you that I love you, you move an eyebrow, or your lip, as if wanting to tell me something that you can’t pronounce. Talk to him, talk to him, the doctors repeat, he can still hear you. They say it as if you were moving away, and thus, little by little, you stopped hearing our voices. As if you had set sail on a ship. As if I said goodbye to you from the window like you did to me. But where are you going, mistress? Where are you going? Answer to me. Talk to him, talk to him, the doctors say, as if we have things left to say.

Something else happened too, mistress. It lasted a very short time, but it happened. I was still sitting on the tiles, and you weren’t quite asleep. It was midnight, and you woke up very relaxed. You were calm; nothing to do with the state you had just an hour before. You opened your eyes, and you smiled. You were happy. That black veil from your gaze was gone. You weren’t looking at me. For you I was not in that room. You were totally oblivious to my presence. Then you started babbling names. Names of people who had passed away, and others still alive. People you have known over the years. And you greeted them, mistress, you greeted them all while you imagined them passing through your room. The dead and the living passed that midnight when you were dying.
When it dawned, the others arrived, and also the priest, but I don’t think you care about all that, love. It is not worth dwelling on such banalities. I filled out forms, I chose a coffin, round or Egyptian were the options they gave me, I ordered the flowers, and I went home with Aita. I got into bed. I could not sleep. I went to the kitchen to drink water, and there was the iPod that I gave you. I don’t know why I gave it to you if, like me, music makes you sad.

I believed that she was the only one who had left, that I was still here, as before, as always, watching her go, waiting for the pain to disappear, remembering and forgetting at the same time. But it wasn’t like that, or it wasn’t quite like that. My mother was not the only one who had left. I, as he knew me, had also ceased to exist. I had felt immense pain when I sensed that my mother was separating from me, but part of that pain came from the fact that I was also separating from myself. I, as I knew myself, was saying goodbye to myself, and that goodbye felt like an amputation. They say that those who suffer the amputation of a limb continue to feel it; This is what they call the phantom limb syndrome. The same thing happened to me. I was still feeling, even though I no longer existed. She’d said goodbye to me too, not just her, and she missed me. I missed both of them, my mother and myself, and at the same time, I felt them next to me, even though I couldn’t touch them. They say that only children often have imaginary friends as children. Maybe that was it. Perhaps it was my imagination that made me unfold and come up with these inappropriate conjectures for an adult. Psychologists say that imaginary friends leave as they come. As if they were not part of oneself; as if the amputation didn’t hurt. I have never liked psychologists. I have always preferred friends, bars and even pain itself. I can’t bear to be told what to feel. I can’t stand it, even if the council is loaded with good intentions, even if they are telling me the truth, even if they try to free me from suffering. I prefer the pain of the amputated limb to therapy that heals me from my magical thinking.

My parents and I are normal and ordinary beings. People like many others who have not become characters in a novel. It is I, when I write this book, who gives meaning to a cluster of inconsistencies, arbitrariness, or petty behavior. In this novel I take refuge from the elements of reality. The real thing is that lady asking my father if I have come to my mother’s funeral. The reader, for a moment, must forget about this novel, must abandon it for a moment, and must give the words of that lady the same credibility as the narrator. Listen to her words.

I don’t know, maybe I was halfway there and have to go further north to see those lights again. But now I am tired.

* ama:
noun in Basque: mother
third person present tense of the verb amar (love)

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