Un Planeta De Virus — Carl Zimmer / A Planet of Viruses by Carl Zimmer

Los virus provocan el caos en la salud humana y afectan a la vida de casi mil millones de personas. También han desempeñado un papel muy destacado en algunos de los avances biológicos más relevantes del siglo pasado. El virus de la viruela fue el mayor asesino de la humanidad y hoy es una de las contadas enfermedades que se han erradicado del planeta. Nuevos virus, como el VIH, continúan planteando retos y desafíos. Pese a su invisibilidad, los virus son actores muy dinámicos en la ecología de la Tierra. Transfieren el ADN de unas especies a otras, proveen de material genético nuevo para la evolución y regulan vastas poblaciones de organismos. Cada especie, desde los microbios diminutos a los grandes mamíferos, se ve influida por la acción de los virus. Su impacto se extiende más allá de las especies, afectando al clima, el suelo, los océanos y el agua dulce. Al analizar el modo en que cada animal, planta y microbio ha sido moldeado en el transcurso de la evolución, no se puede obviar la influencia de los pequeños y poderosos virus con los que comparten planeta.

Lo que pasa conmigo es que no obtengo nada. Aquí hay un ejemplo: quiero averiguar sobre virus, así que busco el mejor libro que pueda sobre virus y lo leo, y ahora, si me preguntas qué es un virus, puedo decir cosas. Secuestran la función normal de una célula para que haga copias del ADN del virus, en lugar de copias de su propio ADN. Algo como eso. Increíble, soy tan inteligente. Pero, ¿y si me preguntas qué es una celda? ¿O qué es el ADN? Puedo seguir diciendo cosas: la célula es la fábrica del cuerpo humano, el ADN es el modelo de la vida, pero solo digo cosas, amigo. Soy un puto loro. Comprender una cosa metafóricamente no es lo mismo que comprender la cosa real. Realmente, en un nivel básico, no sé de qué estoy hablando, casi nunca.
Así que sé que es una especie de cliché «cuanto más viejo me hago, más me doy cuenta de que no sé» o lo que sea que digan las personas mayores, y también es falso en mi caso porque pensé que no sabía nada antes. tampoco, pero en cierto punto empiezas a preguntarte, como, ¿por qué estoy leyendo libros? Supongo que podría ayudar si estuviera en una fiesta y charlando con un virólogo y él quisiera decir algo interesante, pero ¿hay un cierto nivel básico de conocimiento que necesitaría para entender lo más interesante? jaja yo no voy a fiestas y todos mis amigos son trabajadores en paro.
Carl Zimmer no es ese virólogo que tiene algo interesante que decir. No estaba tan metido en este libro. Mira, Siddhartha Mukherjee es el estándar de oro para hablar sobre mierda médica de una manera atractiva y vagamente comprensible, ¿verdad? Carl Zimmer no está cerca. En la escala entre el libro de texto y Mukherjee, Zimmer es bastante bajo. Me aburría.
También dice que tome zinc para un resfriado y estoy bastante seguro de que eso es una mierda.
Finalmente, al final, habla sobre si los virus cuentan como «vivos» o no, y creo que el debate es muy interesante. Hemos llegado a una definición de «vida», que como todas las definiciones es una especie de «decide lo que crees que está vivo y luego describe eso y ahí estás», en otras palabras, es una mierda, pero de todos modos, ¿qué eres tú? tienen que poder reproducirse, y algunas otras cosas, y los virus no se reproducen exactamente, ¿verdad? Hacen que las células de otras personas lo hagan por ellos. Entonces, ¿eso cuenta? ¿Qué pasa si los virus se sienten realmente mal por enfermarnos y siguen teniendo conferencias para tratar de encontrar formas de reproducirse sin enfermar a la gente, pero tal vez haya un contingente de virus de derecha alternativa que no creen en la enfermedad? Esta es la parte interesante: decir que no sabemos una mierda sobre los resfriados no es la parte interesante, y no hay suficiente. También quería hablar sobre la rabia. Lo mío con la rabia es que se mete en tu saliva, eso tiene sentido, pero luego te dan ganas de morder a todos para que tu saliva entre en ellos. ¡Eso es tan increíble! ¿Como hace eso? ¿Cómo se le ocurrió eso a la evolución? ¡No sé! ¡No entiendo nada de esto!.
Simple reportaje periodísticos el único punto positivo es que se lee en un par de horas. Tiene Los errores típicos en este tipo de trabajo, como por ejemplo afirmar que el ébola llego a España a través de una enfermera, cuando en realidad lo hizo a través de un misionero repatriado por avión.

El propio término virus empezó como una contradicción. Lo heredamos del Imperio romano, cuando se utilizaba para referirse tanto al veneno de una serpiente como al esperma de un hombre. La creación y la destrucción unidas en una sola palabra.
Con el transcurso de los siglos, virus adquirió un nuevo significado: pasó a definir cualquier sustancia contagiosa susceptible de diseminar una enfermedad. Podía hacer referencia a un fluido, como la secreción de una úlcera. Podía hacer referencia a una sustancia que circulara de forma misteriosa por el aire. Podía incluso llegar a impregnar un trozo de papel, diseminando una enfermedad a partir del mero contacto dactilar.
La acepción moderna del término virus no empezó a cuajar hasta finales del siglo XIX, a raíz de una catástrofe agrícola. Las plantaciones de tabaco de los Países Bajos se vieron asoladas por una enfermedad que dejaba a las plantas diezmadas, sus hojas reducidas a un mosaico de tejidos muertos y vivos. Tuvieron que desecharse plantaciones enteras.
En 1879, los granjeros holandeses solicitaron ayuda a un joven químico especializado en agricultura llamado Adolf Mayer. Mayer estudió con detenimiento la plaga, a la que bautizó como virus del mosaico del tabaco.
A principios del siglo XX, otros científicos emplearon el mismo método de filtros e infecciones para relacionar diferentes enfermedades con diferentes virus. Con el tiempo aprendieron a cultivar algunos virus fuera de animales vivos y plantas, utilizando únicamente colonias de células que crecían en platillos o frascos.
Pero estos científicos seguían sin ponerse de acuerdo sobre qué eran en realidad los virus. Algunos argumentaban que no eran más que sustancias químicas. Otros pensaban que se trataba de parásitos que crecían en el interior de las células. La confusión en torno al tema era de tal magnitud que los científicos ni siquiera se ponían de acuerdo sobre si los virus estaban vivos o muertos. En 1923, el virólogo británico Frederick Twort declaró: «Resulta imposible definir su naturaleza».

Hace 3.500 años, un erudito egipcio se sentó a escribir el tratado médico más antiguo del que se tiene constancia. Entre las enfermedades que describió en el conocido como papiro Ebers figuraba algo llamado resh. Pese a un nombre tan extraño, sus síntomas —tos y fluido mucoso por la nariz— nos resultan familiares de inmediato. El resh es el resfriado común.
Algunos virus son nuevos para la humanidad. Otros resultan oscuros y exóticos. Por el contrario, el rinovirus humano —la causa principal del resfriado común y de los ataques de asma— es un camarada tan viejo como cosmopolita. Se estima que a lo largo de su vida, cada persona permanecerá un año en cama por culpa de los resfriados. En otras palabras, el rinovirus es uno de los virus más exitosos.
Hipócrates, el médico de la antigua Grecia, creía que los resfriados eran resultado de un desequilibrio en el estado de ánimo. Dos mil años después, a principios del siglo XX, nuestros conocimientos no habían avanzado mucho. El médico Leonard Hill concluyó que los resfriados eran producto de los paseos matutinos, al pasar de aires templados a fríos.
A día de hoy seguimos sin un remedio para el resfriado común. El mejor tratamiento con el que hemos dado es el zinc, capaz de bloquear el crecimiento del rinovirus. Aquellos que comienzan a ingerirlo un día después de haber contraído el resfriado pueden reducir la enfermedad en un día o más. Con frecuencia los padres dan jarabe para la tos a sus hijos con el fin de combatir el resfriado, pero los estudios han demostrado que no contribuye a una mejora rápida. De hecho, el jarabe para la tos también acarrea una amplia, si bien rara, variedad de efectos secundarios, tales como convulsiones, aceleración del ritmo cardíaco e incluso la muerte. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos advierte de que los menores de dos años —las principales víctimas del resfriado— no deberían tomar jarabe para la tos.
La diversidad de rinovirus humanos provoca que sean un objetivo muy difícil de neutralizar. Un medicamento o una vacuna que ataquen a una proteína en la superficie de una cepa pueden demostrarse inservibles contra otras que posean una versión de esa proteína con una estructura diferente. Si otra cepa de rinovirus humano muestra una ligera resistencia a los tratamientos, la selección natural puede promover la expansión de nuevas mutaciones, resultando en un fortalecimiento de esa resistencia.

A principios del siglo XX, los científicos ya habían aprendido varias cosas relevantes acerca de los virus. Sabían que eran agentes infecciosos de un tamaño asombrosamente pequeño. Sabían que determinados virus causaban determinadas enfermedades, como era el caso de la enfermedad del mosaico del tabaco o de la rabia. Sin embargo, la joven ciencia de la virología seguía muy acotada. Se centraba principalmente en aquellos virus que más preocupaban a la gente: los que les provocaban enfermedades, los que amenazaban a sus cosechas y a su ganado. Los virólogos raramente miraban más allá de nuestro limitado círculo de experiencias. Hubo que esperar a la Primera Guerra Mundial para que dos médicos, de manera independiente, vislumbraran el universo expandido de virus en el que vivimos.
Los médicos se enfrentan a un número creciente de bacterias que se han mostrado resistentes a la mayoría de los antibióticos que están hoy a nuestro alcance. En ocasiones, los médicos deben fiarse de medicamentos caros y de último recurso que acarrean efectos secundarios muy severos. Y todo apunta a que las bacterias también evolucionarán hasta plantar cara a los antibióticos de último recurso. Los médicos están volcados en la tarea de desarrollar nuevos antibióticos, pero puede transcurrir una década desde que se obtenga un medicamento nuevo en el laboratorio hasta que llegue al mercado. Quizá nos resulte difícil imaginar un mundo en el que no existan los antibióticos, pero ahora debemos imaginarnos un mundo en el que los antibióticos no sean nuestra única arma contra las bacterias. Un siglo después de que D’Herelle se topara por primera vez con los bacteriófagos, puede que estos virus al fin estén listos para ingresar en la medicina moderna.

Los virus del océano son asombrosos tanto por su cantidad como por su diversidad genética. Los genes de un ser humano y los genes de un tiburón son bastante similares, hasta el punto de que los científicos pueden establecer equivalencias entre el genoma del tiburón y la mayoría de los genes presentes en el genoma humano. Por el contrario, la configuración genética de los virus marinos apenas dispone de homólogos. En un estudio sobre virus realizado en el océano Ártico, el golfo de México, las Bermudas y el norte del Pacífico, los científicos identificaron 1,8 millones de virus. Solo un 10 por ciento mostró algún vínculo con algún gen de cualquier microbio, animal, planta u otro organismo, incluso de cualquier virus conocido. El otro 90 por ciento se reveló un completo desconocido para la comunidad científica. En doscientos litros de agua de mar, los científicos acostumbran a detectar unos cinco mil tipos de virus de diferentes variedades genéticas. En un kilo de sedimentos marinos pueden anidar hasta un millón.

No podemos predecir cuál de estos nuevos virus provocará una gran epidemia, si es que alguno llega a hacerlo. Esto no significa que debamos ignorarlos. Necesitamos permanecer alerta para neutralizarlos antes de que puedan saltar a nuestra especie.
Los seres humanos hemos demostrado nuestra capacidad de crear nuevos virus de forma accidental, ya sea en forma de un nuevo virus de la gripe confeccionado en una granja de cerdos, ya sea en forma del VIH, que evolucionó a partir de chimpancés masacrados. Nuestra competencia no ha sido tan satisfactoria a la hora de erradicarlos. A pesar de todas las vacunas, fármacos antivirales y estrategias de la sanidad pública a nuestro alcance, los virus continúan evitando su aniquilación. Nuestro margen de acción más ambicioso suele consistir en reducir el daño que los virus pueden causarnos.

Si bien resultaba concebible que los virus pudieran evolucionar hasta adquirir vida, los científicos se toparon con un muro. Los organismos con grandes genomas necesitan de algún método para copiarlos con precisión. Las probabilidades de que se produzca una mutación peligrosa aumentan a medida que un genoma aumenta de tamaño. Protegemos a nuestros genomas gigantes de este riesgo fabricando enzimas correctoras, igual que hacen otros animales, plantas, hongos, protozoos y bacterias. Los virus, por otro lado, carecen de enzimas reparadoras. Como resultado, incurren en errores de copiado a un ritmo mucho más alto que el nuestro, en ocasiones hasta mil veces mayor.
El alto ritmo de mutaciones que presentan los virus quizá ponga límites a su genoma y les impida estar realmente vivos. Si el genoma de un virus crece, aumentan sus probabilidades de sufrir una mutación letal.
Quizá al final hayamos regresado al doble sentido original del término virus, que en un principio abarcó tanto a una sustancia que otorga vida como a un veneno mortífero. Ciertamente los virus son exquisitamente letales, pero también le han concedido al mundo algunas de sus innovaciones más relevantes. La creación y la destrucción van de nuevo de la mano.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/11/parasitos-el-extrano-mundo-de-las-criaturas-mas-peligrosas-de-la-naturaleza-carl-zimmer-parasite-rex-inside-the-bizarre-world-of-natures-most-dangerous-creatures-by-carl-zimmer/

https://weedjee.wordpress.com/2022/03/31/un-planeta-de-virus-carl-zimmer-a-planet-of-viruses-by-carl-zimmer/

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Viruses wreak havoc on human health and affect the lives of nearly a billion people. They have also played a very prominent role in some of the most important biological advances of the last century. The smallpox virus was the greatest killer of humanity and today it is one of the few diseases that have been eradicated from the planet. New viruses, like HIV, continue to pose challenges and challenges. Despite their invisibility, viruses are very dynamic actors in Earth’s ecology. They transfer DNA from one species to another, provide new genetic material for evolution, and regulate vast populations of organisms. Every species, from tiny microbes to large mammals, is influenced by the action of viruses. Its impact extends beyond species, affecting climate, soil, oceans and fresh water. When analyzing the way in which each animal, plant and microbe has been shaped in the course of evolution, the influence of the small and powerful viruses with which they share a planet cannot be ignored.

The thing with me is that I don’t get anything. Here’s an example: I want to find out about viruses, so I track down the best book I can about viruses and I read it, and now if you ask me what a virus is I can say things. They hijack a cell’s normal function so that it makes copies of the virus’s DNA, instead of copies of their own DNA. Something like that. Amazing, I am so smart. But what if you ask me what a cell is? Or what DNA is? I can keep saying things – the cell is the factory of the human body, DNA is the blueprint for life – but I’m just saying things, dude. I’m a fucking parrot. Understanding a thing metaphorically is not the same as understanding the actual thing. I don’t really, at a core level, know what I’m talking about, almost ever.
So I know it’s sortof a cliche to get all «the older I get the more I realize I don’t know» or whatever it is old people say, and also it’s untrue in my case because I didn’t think I knew anything before either, but at a certain point you start to wonder, like, why am I even reading books. I guess it might help if I was at a party and chatting with a virologist and he wanted to say something interesting but there’s a certain base level of knowledge I’d need in order to understand the more interesting thing? haha I don’t go to parties and all my friends are unemployed workers.
Carl Zimmer is not that virologist who has something interesting to say. I wasn’t all that into this book. Look, Siddhartha Mukherjee is the gold standard for talking about medical shit in an engaging and vaguely understandable way, right? Carl Zimmer’s nowhere close. On the scale between textbook and Mukherjee, Zimmer’s pretty low down. I was bored.
Also he says to take zinc for a cold and I’m pretty sure that’s bullshit.
He does, finally, at the end, talk about whether viruses count as «alive» or not, and I think that debate is super interesting. We’ve come up with a definition of «life,» which like all definitions is sortof «decide what you think is alive and then describe that and there you are,» so in other words it’s bullshit, but anyway what it is is you have to be able to reproduce, and some other stuff, and viruses don’t exactly reproduce, right? They make other peoples’ cells do it for them. So does that count? What if viruses feel really bad about making us sick, and they keep having conferences to try to come up with ways to reproduce without making people sick, but maybe there’s a contingent of like alt-right viruses who don’t believe in sickness. This is the interesting part – saying we don’t know shit about colds is not the interesting part – and there isn’t enough of it. I also wanted to talk about rabies. My thing with rabies is, it gets into your saliva, that makes sense, but then it makes you want to bite everyone so your saliva gets into them? That’s so awesome! How does it do that? How did evolution come up with that? I don’t know! I don’t understand any of this!.
Simple journalistic report the only positive point is that it is read in a couple of hours. He has the typical errors in this type of work, such as stating that Ebola arrived in Spain through a nurse, when in fact it did so through a missionary repatriated by plane.

The very term virus began as a contradiction. We inherited it from the Roman Empire, when it was used to refer to both the venom of a snake and the sperm of a man. Creation and destruction united in one word.
Over the centuries, viruses acquired a new meaning: they went on to define any contagious substance capable of spreading disease. It could refer to a fluid, such as discharge from an ulcer. It could refer to a substance that was mysteriously circulating through the air. It could even impregnate a piece of paper, spreading a disease from mere finger contact.
The modern meaning of the term virus did not begin to take shape until the end of the 19th century, as a result of an agricultural catastrophe. The tobacco plantations of the Netherlands were ravaged by a disease that left the plants decimated, their leaves reduced to a mosaic of living and dead tissues. Whole plantations had to be scrapped.
In 1879, Dutch farmers turned to a young agricultural chemist named Adolf Mayer for help. Mayer carefully studied the plague, which he dubbed the tobacco mosaic virus.
In the early 20th century, other scientists used the same method of filters and infections to link different diseases to different viruses. Over time they learned to grow some viruses outside of living animals and plants, using only colonies of cells that grew in saucers or flasks.
But these scientists still disagreed on what viruses really were. Some argued that they were nothing more than chemicals. Others thought that they were parasites that grew inside cells. The confusion surrounding the issue was such that scientists could not even agree on whether the viruses were alive or dead. In 1923, the British virologist Frederick Twort declared: «It is impossible to define its nature.»

3,500 years ago, an Egyptian scholar sat down to write the oldest known medical treatise. Among the diseases he described in the so-called Ebers papyrus was something called resh. Despite such an odd name, its symptoms – cough and mucous fluid from the nose – are immediately familiar to us. Resh is the common cold.
Some viruses are new to humanity. Others are dark and exotic. By contrast, the human rhinovirus – the leading cause of the common cold and asthma attacks – is a comrade as old as it is cosmopolitan. It is estimated that throughout his life, each person will stay in bed for a year because of colds. In other words, the rhinovirus is one of the most successful viruses.
Hippocrates, the ancient Greek physician, believed that colds were the result of an imbalance in mood. Two thousand years later, at the beginning of the 20th century, our knowledge had not advanced much. The doctor Leonard Hill concluded that colds were caused by morning walks, going from mild to cold airs.
To this day we still do not have a remedy for the common cold. The best treatment we have given is zinc, capable of blocking the growth of the rhinovirus. Those who start taking it one day after catching a cold can reduce the illness by a day or more. Parents often give their children cough syrup to fight a cold, but studies have shown that it does not contribute to rapid improvement. In fact, cough syrup also carries a wide, if rare, variety of side effects, such as seizures, rapid heartbeat, and even death. The US Food and Drug Administration advises that children under the age of two – the main cold victims – should not drink cough syrup.
The diversity of human rhinoviruses makes them a very difficult target to neutralize. A drug or vaccine that attacks a protein on the surface of one strain may prove useless against others that have a version of that protein with a different structure. If another strain of human rhinovirus shows slight resistance to treatments, natural selection can promote the expansion of new mutations, resulting in a strengthening of that resistance.

At the beginning of the 20th century, scientists had already learned several relevant things about viruses. They knew they were infectious agents of astonishingly small size. They knew that certain viruses caused certain diseases, such as the tobacco mosaic disease or rabies. However, the young science of virology was still very limited. It focused primarily on those viruses that people were most concerned about: those that made them sick, those that threatened their crops and livestock. Virologists rarely looked beyond our limited circle of experience. It took until the First World War for two doctors, independently, to glimpse the expanded universe of viruses in which we live.
Doctors are faced with a growing number of bacteria that have proven resistant to most of the antibiotics available to us today. Doctors sometimes have to rely on expensive, last-resort medications that carry very severe side effects. And everything indicates that bacteria will also evolve to stand up to last-resort antibiotics. Doctors are busy developing new antibiotics, but it can take a decade from when a new drug is obtained in the laboratory until it reaches the market. It may be difficult for us to imagine a world in which there are no antibiotics, but now we must imagine a world in which antibiotics are not our only weapon against bacteria. A century after D’Herelle first encountered bacteriophages, these viruses may finally be ready to enter modern medicine.

Ocean viruses are astonishing in both their numbers and their genetic diversity. The genes of a human being and the genes of a shark are quite similar, to the point that scientists can establish equivalences between the shark genome and most of the genes present in the human genome. In contrast, the genetic makeup of marine viruses has hardly any homologues. In a virus study conducted in the Arctic Ocean, the Gulf of Mexico, Bermuda, and the northern Pacific, scientists identified 1.8 million viruses. Only 10 percent showed any link to any gene in any microbe, animal, plant, or other organism, even any known virus. The other 90 percent turned out to be a complete stranger to the scientific community. In two hundred liters of seawater, scientists usually detect about five thousand types of viruses of different genetic varieties. In a kilo of marine sediments they can nest up to a million.

We cannot predict which of these new viruses, if any, will cause a major epidemic. This does not mean that we should ignore them. We need to stay alert to neutralize them before they can jump into our species.
Humans have demonstrated our ability to create new viruses accidentally, either in the form of a new influenza virus made on a pig farm, or in the form of HIV, which evolved from slaughtered chimpanzees. Our competition has not been as successful in eradicating them. Despite all the vaccines, antiviral drugs and public health strategies at our disposal, viruses continue to avoid their annihilation. Our most ambitious scope for action is usually to reduce the damage that viruses can cause us.

While it was conceivable that viruses could evolve to life, scientists hit a wall. Organisms with large genomes need some method to accurately copy them. The chances of a dangerous mutation occurring increase as a genome increases in size. We protect our giant genomes from this risk by making corrective enzymes, just as other animals, plants, fungi, protozoa, and bacteria do. Viruses, on the other hand, lack repair enzymes. As a result, they make copy errors at a rate much higher than ours, sometimes up to a thousand times higher.
The high rate of mutations that viruses present may put limits on their genome and prevent them from being really alive. If the genome of a virus grows, its chances of undergoing a lethal mutation increase.
Perhaps in the end we have returned to the original double meaning of the term virus, which originally encompassed both a life-giving substance and a deadly poison. Viruses are certainly exquisitely deadly, but they have also given the world some of its most important innovations. Creation and destruction go hand in hand again.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/11/parasitos-el-extrano-mundo-de-las-criaturas-mas-peligrosas-de-la-naturaleza-carl-zimmer-parasite-rex-inside-the-bizarre-world-of-natures-most-dangerous-creatures-by-carl-zimmer/

https://weedjee.wordpress.com/2022/03/31/un-planeta-de-virus-carl-zimmer-a-planet-of-viruses-by-carl-zimmer/

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