En Las Ruinas Del Futuro — Don DeLillo / In The Ruins Of The Future by Don DeLillo

En la última década el ascenso de los mercados del capital ha dominado los discursos y ha dado forma a la conciencia global. Las corporaciones multinacionales han llegado a parecer más vitales e influyentes que los gobiernos. La subida espectacular del Dow Jones y la velocidad de internet nos han llamado a vivir de forma permanente en el futuro, en el resplandor utópico del cibercapital, porque allí no existe el recuerdo y es el lugar donde los mercados no están controlados y el potencial de inversión no tiene límite.
Todo esto cambió el 11 de septiembre. Hoy el relato del mundo lo vuelven a escribir los terroristas. Pero el objetivo principal de los hombres que atacaron el Pentágono y el World Trade Center no fue la economía global. Fue Estados Unidos quien provocó su furia. Fue el brillo de nuestra modernidad. Fue el ímpetu de nuestra tecnología.

Este autor me parece de lo mejorcito de la narrativa estadounidense y los comentarios sobre el 11-S leídos a posteriori después de varias décadas a ser tenidos en cuenta, sin embargo publicar estos articulos periodísticos como un libro en España me parece un vil producto de mercadotecnia, eso si el autor merece mucho ser leído.

Nuestra tradición de libertad de expresión y la salvaguardia que hace nuestro sistema judicial de los derechos de los acusados solo pueden parecerles una ofensa a unos hombres entregados al terror suicida.
Nosotros somos ricos, privilegiados y fuertes, pero ellos están dispuestos a morir. Esa es la ventaja que tienen, el fuego de la fe agraviada. Nosotros vivimos en un mundo muy grande, rutinariamente lleno de toda clase de intercambios, un circuito abierto de trabajo, conversaciones, familias y sentimientos expresables. El terrorista, infiltrado en un pueblo de Florida, empujando su carrito de supermercado, saludando con la cabeza a su vecino, vive de una manera mucho más restringida. Esa es su ventaja y su fuerza.
Podemos decirnos a nosotros mismos que lo que sea que hayamos hecho para inspirar amargura, desconfianza y rencor no puede ser tan execrable como para provocar los eventos de ese día. Pero el apocalipsis no tiene lógica. Sus artífices han traspasado las fronteras de la retribución apasionada. Esto es el cielo y el infierno, una noción de martirio armado entendido como drama máximo de la experiencia humana.
El hombre jura sumisión a Dios y medita sobre la sangre que se va a derramar.

En los próximos cincuenta años habrá gente que no estuvo en la zona durante los ataques, pero que afirmará que sí. Con el tiempo, algunos llegarán a creérselo. Otros afirmarán que perdieron a amigos o parientes aunque no sea así.
Eso es también el contrarrelato, una historia en la sombra de recuerdos falsos y pérdidas imaginarias.
Internet es un contrarrelato, conformado en parte por los rumores, las fantasías y las reverberaciones místicas.
Los móviles, los zapatos perdidos, los pañuelos cubriendo las caras de los hombres y mujeres que corren. Los cúteres y las tarjetas de crédito.
Estos son algunos de los objetos pequeños y de las historias más marginales que surgen tras cribar las ruinas de la jornada. Los necesitamos, incluso las herramientas prosaicas de los terroristas, para contraponerlos a ese espectáculo inmenso que nos sigue pareciendo imposible de gestionar, demasiado poderoso para insertarlo en nuestro marco de respuestas ensayadas.

La tecnología es nuestro destino, nuestra verdad. Es lo que tenemos en mente cuando nos calificamos de superpoder único del planeta. Los materiales y métodos que diseñamos nos permiten reclamar nuestro futuro. No tenemos que depender de Dios ni de los profetas ni de otras cosas asombrosas. Lo asombroso somos nosotros. El milagro es lo que producimos nosotros, los sistemas y redes que cambian nuestra forma de vivir y pensar.
Pero sean cuales sean los entramados tecnológicos que nos esperan, cada vez más complejos, interconectados, precisos y microfraccionales, ahora el futuro ha sido momentáneamente derrotado por el arrebato expeditivo medieval, por las viejas y lentas furias de la religión degolladora.
Mata al enemigo y arráncale el corazón.

Los acontecimientos del 11 de septiembre fueron retransmitidos de manera infatigable. No se produjo confusión alguna de roles en la televisión. El acontecimiento en bruto era una cosa, la cobertura era otra distinta. El acontecimiento dominaba el medio. Era luminoso y totalizador, y a algunos nos parecía irreal. Cuando decimos que algo es irreal queremos decir que es demasiado real, un fenómeno tan inexplicable y sin embargo tan ligado al poder de los hechos objetivos que no podemos someterlo al sesgo de nuestra percepción. Primero los aviones impactaron en las torres. Al cabo de unos momentos nos resultó posible asimilar esto, a duras penas. Pero cuando cayeron las torres, cuando el humo empezó a descender planta a planta, eso ya fue tan enorme y terrible que quedó fuera del alcance de la imaginación aun mientras estaba sucediendo. No podíamos concebirlo. Pero era real, cruelmente real, una expresión de la física de los límites estructurales y un vacío en la propia alma, y vimos una antena gigantesca cayendo del cielo, cayendo a plomo, con el lado ancho por delante, como una flecha yendo hacia atrás en el tiempo.
El acontecimiento en sí no puede obtener las indulgencias de la analogía o del símil. Tenemos que encajar el shock y el horror tal como nos llegan. Pero el lenguaje vivo no se ve mermado.

Nos gusta pensar que América inventó el futuro. Estamos cómodos con el futuro, tenemos una relación íntima con él. Pero ahora se están produciendo cambios, tanto grandes como pequeños, una cadena de reconsideraciones. Dónde vivimos, cómo viajamos, en qué pensamos cuando miramos a nuestros hijos. Para mucha gente, el acontecimiento ha alterado la textura de los momentos más rutinarios.
Quizá descubramos que la ruina de las torres está implícita en otras cosas.
Dos fuerzas en el mundo, el pasado y el futuro. Al acabarse el comunismo, quedó claro que habían prevalecido las ideas y los principios de la democracia moderna, pese a las desigualdades del sistema en sí. Y sigue siendo el caso. Pero ahora también existe un Estado teocrático global, sin fronteras y flotante y tan obsoleto que necesita depender del fervor suicida para alcanzar sus metas.
Las ideas evolucionan y degeneran, y la Historia da un golpe de volante.

En los listados de muertos del 11 de septiembre, todas aquellas diferencias vitales fueron canceladas por el impacto y el fogonazo. Hay cantidades enormes de cuerpos desaparecidos. Más dolor para los supervivientes. Pero los muertos son una nación y una raza propia, una misma identidad, jóvenes o viejos, devotos o infieles: una unión de almas. Durante el hajj, la peregrinación anual a La Meca, los fieles deben eliminar hasta el último indicio de su estatus, sus ingresos y su nacionalidad, los hombres vistiéndose con idénticos retales de tela blanca sin costuras, las mujeres con las cabezas cubiertas, todos rememorando por medio de la plegaria su hermandad con los muertos.
Allahu akbar. Dios es grande.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2013/04/15/cosmopolis-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2015/09/30/el-angel-esmeralda-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/08/04/fin-de-campo-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/08/11/cero-k-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/12/teatro-don-delillo-the-day-room-the-rapture-of-the-athlete-assumed-into-heaven-1990-valparaiso-1999-the-mystery-at-the-middle-of-ordinary-life-2000-love-lies-bleeding-2006-by-d/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/26/el-silencio-don-delillo-the-silence-by-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/24/en-las-ruinas-del-futuro-don-delillo-in-the-ruins-of-the-future-by-don-delillo/

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In the last decade the rise of capital markets has dominated discourse and shaped global consciousness. Multinational corporations have come to seem more vital and influential than governments. The spectacular rise of the Dow Jones and the speed of the internet have called us to live permanently in the future, in the utopian glow of the cyber capital, because there is no memory and it is the place where the markets are not controlled and the potential of investment has no limit.
All of this changed on September 11. Today the story of the world is rewritten by terrorists. But the main objective of the men who attacked the Pentagon and the World Trade Center was not the global economy. It was the United States that provoked his fury. It was the brilliance of our modernity. It was the impetus for our technology.

To my way of thinking this author is one of the best of the American narrative and the comments on 9/11 read a posteriori after several decades to be taken into account, however publishing these newspaper articles as a book in Spain seems to me a vile marketing product, that if the author deserves a lot to be read.

Our tradition of free speech and our judicial system’s safeguarding of the rights of the accused can only appear offensive to men devoted to suicide terror.
We are rich, privileged and strong, but they are willing to die. That is the advantage they have, the fire of aggrieved faith. We live in a very large world, routinely filled with all kinds of exchanges, an open circuit of work, conversations, families, and expressible feelings. The terrorist, infiltrated into a Florida town, pushing his grocery cart, nodding to his neighbor, lives in a much more restricted way. That is his advantage and his strength.
We can tell ourselves that whatever we have done to inspire bitterness, mistrust and resentment cannot be so heinous as to provoke the events of that day. But the apocalypse does not make sense. Its makers have crossed the boundaries of passionate retribution. This is heaven and hell, a notion of armed martyrdom understood as the ultimate drama of human experience.
Man swears submission to God and meditates on the blood to be shed.

In the next fifty years there will be people who were not in the area during the attacks, but who will say they were. In time, some will come to believe it. Others will claim that they lost friends or relatives even though they did not.
This is also the counter-narrative, a story in the shadow of false memories and imaginary losses.
The Internet is a counter-narrative, shaped in part by rumors, fantasies, and mystical reverberations.
The mobiles, the lost shoes, the handkerchiefs covering the faces of the men and women who run. Cutters and credit cards.
These are some of the small objects and the most marginal stories that emerge after sifting through the ruins of the day. We need them, including the prosaic tools of the terrorists, to counter that immense spectacle that still seems impossible to manage, too powerful to insert into our framework of rehearsed responses.

Technology is our destiny, our truth. This is what we have in mind when we call ourselves the only superpower on the planet. The materials and methods we design allow us to reclaim our future. We don’t have to depend on God or prophets or other amazing things. The amazing thing is us. The miracle is what we produce, the systems and networks that change the way we live and think.
But whatever the increasingly complex, interconnected, precise and microfractional technological frameworks await us, now the future has been momentarily defeated by the expeditious medieval outburst, by the old and slow furies of the slaughtering religion.
Kill the enemy and rip out his heart.

The events of September 11 were tirelessly retransmitted. There was no role confusion on television. The raw event was one thing, the coverage was another. The event dominated the medium. It was bright and totalizing, and to some of us it seemed unreal. When we say that something is unreal we mean that it is too real, a phenomenon so inexplicable and yet so linked to the power of objective facts that we cannot subject it to the bias of our perception. First the planes hit the towers. After a few moments we were able to assimilate this, with great difficulty. But when the towers fell, when the smoke began to descend floor by floor, that was already so huge and terrible that it was beyond the reach of the imagination even while it was happening. We could not conceive it. But it was real, cruelly real, an expression of the physics of structural limits and a void in one’s soul, and we saw a gigantic antenna falling from the sky, plummeting, wide side ahead, like an arrow going backwards. in the time.
The event itself cannot obtain the indulgences of analogy or simile. We have to deal with shock and horror as it comes to us. But living language is not diminished.

We like to think that America invented the future. We are comfortable with the future, we have an intimate relationship with it. But now there are changes taking place, both big and small, a chain of reconsiderations. Where we live, how we travel, what we think of when we look at our children. For many people, the event has altered the texture of the most routine moments.
We may discover that the ruin of the towers is implicit in other things.
Two forces in the world, the past and the future. With the end of communism, it became clear that the ideas and principles of modern democracy had prevailed, despite the inequalities of the system itself. And it is still the case. But now there is also a global theocratic state, borderless and floating and so obsolete that it needs to rely on suicidal fervor to achieve its goals.
Ideas evolve and degenerate, and History hits the wheel.

In the death lists of September 11, all those vital differences were canceled by the impact and the flash. There are huge amounts of missing bodies. More pain for the survivors. But the dead are a nation and a race of their own, the same identity, young or old, devout or infidel: a union of souls. During the hajj, the annual pilgrimage to Mecca, the worshipers must remove every last hint of their status, income and nationality, the men dressing in identical patches of seamless white cloth, the women with their heads covered, all reminiscing through prayer his brotherhood with the dead.
Allahu akbar. God is great.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2013/04/15/cosmopolis-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2015/09/30/el-angel-esmeralda-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/08/04/fin-de-campo-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2016/08/11/cero-k-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/12/teatro-don-delillo-the-day-room-the-rapture-of-the-athlete-assumed-into-heaven-1990-valparaiso-1999-the-mystery-at-the-middle-of-ordinary-life-2000-love-lies-bleeding-2006-by-d/

https://weedjee.wordpress.com/2020/12/26/el-silencio-don-delillo-the-silence-by-don-delillo/

https://weedjee.wordpress.com/2022/02/24/en-las-ruinas-del-futuro-don-delillo-in-the-ruins-of-the-future-by-don-delillo/

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