Mitología: Todos Los Mitos Griegos, Romanos Y Nórdicos — Edith Hamilton / Mythology by Edith Hamilton

5AD6EDDF-427F-4FA0-9047-7542E6349E4C
Las mitologías griega, romana y nórdica han afectado a nuestras culturas modernas más de lo que nos gustaría admitir. Esas mitologías se utilizaron como medio para explicar el entorno en el que vivía la humanidad, los fenómenos naturales de los que fue testigo y el paso del tiempo y las estaciones.
La mitología ha catalizado el surgimiento de un rico y profundo cuerpo de obras artísticas. De hecho, esto alcanzó exactamente mi punto máximo de interés por la mitología en primer lugar.
Tengo sentimientos encontrados sobre todo el asunto. Por un lado, no me gustó la práctica de que Hamilton volviera a contar solo los mitos que le gustaban, en lugar de usar la versión más aceptada de las historias o combinar las diferentes historias en una sola. Tampoco entendí el sentido de la mitología nórdica al final, después de que más del noventa por ciento del libro estuviera dedicado a la mitología griega y romana; era un poco discordante y muy innecesario. Pero, por otro lado, el libro estaba bien escrito, bien organizado e informativo. Este es un libro excelente para fines de referencia. Pero no recomendaría leerlo como una novela.
Releer este libro en su totalidad son solo recuerdos encontrados. En su mayor parte, no disfruté mucho este libro. Esto es más para principiantes o estudiantes de secundaria, lo que también podría hacer que a la gente le encante este libro.
Seguí encontrando más defectos que razones para que me gustara este libro. En primer lugar, la parte nórdica de este libro no tenía sentido. Tampoco estoy seguro de por qué lo tenía aquí. Siento que si vas a hablar sobre los mitos de otras culturas, al menos agrega otras culturas. Siento que ella rechazó intencionalmente otros mitos.
Odié su comentario. Cada vez que ella habla de dónde sacó los mitos, quiero decirle que se calle y solo cuente la historia. A veces hacía que Ovidio pareciera un tonto. También eligió qué versión de un mito le gustaba más, haciendo que las otras versiones que pensaba eran menos importantes.
Los capítulos en los que volvió a contar la Odisea y la Ilíada también me parecieron inútiles. Habiendo leído esos para reservar a principios de este año, sentí que era repetitivo. Se las arregló para tomar las historias de Homero y hacer que parecieran menos interesantes. Sin embargo, me gustaron sus capítulos sobre los héroes, tal vez porque en realidad no tienen libros solo para su historia.
Hay mejores libros de mitología, este no es uno de ellos. Sin embargo, es un libro muy popular. Puedo ver porque. Como dije, esto es para principiantes. Esto también debería merecer el crédito solo por el hecho de que lo escribió una mujer, lo cual era raro en su época.
Lo más probable es que mire este libro de vez en cuando. Es un buen libro de referencia. No es bueno leerlo todo una y otra vez. Pensé que eran cuentos, pero son más entradas de enciclopedia.

En general, se cree que las mitologías griega y romana nos muestran cómo pensaba y sentía la raza humana en tiempos inmemoriales. A través de ella, según este punto de vista, podemos desandar el camino desde el hombre civilizado que vive lejos de la naturaleza hasta aquel que vivía en comunidad y en estrecho contacto con lo natural; el verdadero interés de los mitos es que nos guían hasta un tiempo en que el mundo era más nuevo y la gente se sentía conectada con la tierra, con los árboles y los mares, con las flores y los montes, de una forma muy distinta a como nos podemos sentir nosotros en la actualidad. Mientras las historias iban cobrando forma, se nos da a entender, todavía no estaba claramente delimitado qué era lo real y qué lo irreal. La imaginación se hallaba vivamente despierta, sin los condicionantes de la razón, así que cualquiera podía ver en un bosque, entre los árboles…

Los Titanes, a quienes a menudo se les llama los dioses antiguos, fueron durante un tiempo incalculable los seres supremos del universo. Eran de talla inmensa e increíble fuerza. Había muchos, pero solo unos pocos aparecen en las historias de la mitología. El más importante fue Crono, en latín Saturno, que gobernaba a los demás titanes hasta que su hijo Zeus lo destronó y se hizo con el poder. Los romanos contaban que, cuando Júpiter —así llamaban ellos a Zeus— ascendió al trono, Saturno (es decir, Crono) huyó a Italia y dio origen a la Edad de Oro, un tiempo de paz perfecta y felicidad, que duró al menos tanto como su reinado.
Otros titanes y titánidas célebres eran Océano, el río que se supone rodea la tierra; su esposa Tetis; Hiperión, el padre del sol, la luna y el amanecer; Mnemósine, que significa memoria; Temis, que se suele traducir por justicia; y Jápeto, al que se destaca por ser el padre de Atlas, que llevaba sobre los hombros el peso del mundo, y de Prometeo, salvador de la humanidad. Estos fueron los únicos dioses antiguos que no quedaron desterrados al llegar Zeus, pero pasaron a ocupar un lugar en el Olimpo.

El reino de los muertos estaba gobernado por uno de los doce grandes del Olimpo, Hades (Plutón), y por su reina, Perséfone (Proserpina), y a menudo se le llama por el nombre de su dios, Hades. Se encuentra, dice la Ilíada , debajo de los lugares secretos de la tierra. En la Odisea , el camino hacia él discurre sobre el límite del mundo a través de Océano. Entre los poetas posteriores, se citan varias entradas desde la tierra a través de cavernas y cerca de lagos profundos.
Tártaro y Érebo son en ocasiones dos divisiones del inframundo: Tártaro el más profundo de los dos, la prisión de los hijos de la tierra; Érebo, el lugar al que llegan los muertos nada más morir. Sin embargo, a menudo no hay distinción entre los dos, y se usan ambos, especialmente Tártaro, como nombre para el conjunto de la región más baja.
Para Homero el inframundo es difuso, un lugar tenebroso habitado por sombras, donde nada es real.
A la Tierra misma se la llamaba «la madre de todo», pero realmente no era una divinidad: nunca se separó de la propia tierra ni fue personificada. La diosa del trigo, Deméter (Ceres), una de las hijas de Crono y Rea, y el dios del vino, Dionisio, también llamado Baco, eran las deidades terrestres más importantes, centrales en la mitología griega y en la romana.

En general, los dioses inmortales eran de poca utilidad para los seres humanos, a menudo eran más bien lo contrario. Zeus, un amante peligroso para las doncellas mortales, resultaba completamente impredecible en el uso de su terrible rayo. Ares, el dios de la guerra, era casi siempre una auténtica plaga. A Hera se le olvidaba la idea de la justicia cuando estaba celosa, que era casi siempre. Atenea, también artífice de la guerra, manejaba su afilada lanza de relámpagos de manera casi tan irresponsable como Zeus. Afrodita usaba su poder principalmente para poner trampas y traicionar. Eran una compañía bella y radiante, cierto, y sus aventuras originaban magníficas historias, pero, cuando no resultaban verdaderamente dañinos; eran caprichosos y poco de fiar, y por regla general los mortales se defendían mucho mejor sin ellos.
Había dos, sin embargo, totalmente diferentes, que de hecho eran los mejores amigos de la humanidad: Deméter, en latín Ceres, la diosa del trigo, una de las hijas de Crono y Rea; y Dionisio, también llamado Baco, el dios del vino.

Sobre Pandora dice que la fuente de todas las desgracias no fue su malvada naturaleza, sino solo su curiosidad. Los dioses le presentaron una caja en la que cada uno de ellos había puesto algo dañino, y le prohibieron que la abriera bajo ningún concepto. Luego se la enviaron a Epimeteo, que la tomó amablemente a pesar de que Prometeo le había advertido que nunca aceptara nada de Zeus. La tomó y después, cuando esa cosa peligrosa, una mujer, fue suya, él entendió cuán acertado había sido el consejo de su hermano. Porque Pandora, como todas las mujeres, estaba poseída por una viva curiosidad. Tenía que saber lo que había en la caja. Un día, levantó la tapa y de allí salieron volando innumerables plagas, penas y desgracias para la humanidad. Aterrorizada, Pandora bajó la tapa, pero era demasiado tarde. Pero dentro de la caja quedaba una cosa buena: la Esperanza. Aquel único bien que guardaba el cofre entre tantos males sigue siendo hasta hoy el único consuelo de la humanidad en sus desgracias. Los mortales aprendieron así que no es posible aprovecharse de Zeus, ni siquiera engañarlo. Hasta el sabio y compasivo Prometeo se percató de ello.

El mundo de la mitología nórdica es extraño. Asgard, el hogar de los dioses, es totalmente diferente a cualquiera de los demás cielos que ha soñado la humanidad. En él no existen ni el resplandor del júbilo ni la promesa de la felicidad eterna: es un lugar serio y solemne, sobre el que se cierne la amenaza de un destino implacable. Los dioses saben que llegará un día en el que sean destruidos: en algún momento, se encontrarán con sus enemigos y caerán ante ellos, vencidos y muertos. Asgard será entonces una ruina. No hay ninguna esperanza de que las fuerzas del bien triunfen frente a las del mal; sin embargo, los dioses combatirán hasta el último instante.
Y lo mismo sucede, necesariamente, respecto a la humanidad. Si los dioses se hallan indefensos ante el mal, los hombres más aún. Los héroes y heroínas de las primeras historias se enfrentan al desastre: saben que no les salvarán ni la valentía, ni la resistencia ni las grandes hazañas, pero no se rinden. Mueren luchando. La muerte valerosa les daba derecho, al menos a los héroes, a una asiento en el Walhalla, uno de los salones de Asgard, donde volvían a estar a la espera de que llegaran la destrucción y la muerte. En la última batalla entre el bien y el mal, combatirían junto a los dioses y morirían con ellos.
Los poetas de la mitología nórdica, que vieron que era posible vencer muriendo y que a la valentía nunca se la derrota, son los únicos portavoces de las creencias de toda la magnífica raza germánica, de la que Inglaterra es una parte, como lo son los norteamericanos a través de los primeros colonos que llegaron a América. En la Europa septentrional, esos primeros relatos, las tradiciones, las canciones e historias, desaparecieron a manos de los sacerdotes cristianos, que odiaban amargamente ese paganismo que habían ido a combatir. Su capacidad de barrido fue extraordinaria. Se conservan unas pocas piezas: Beowulf en Inglaterra, El cantar de los nibelungos en Alemania y algunos fragmentos aislados. Si no fuera por las dos Eddas islandesas, no sabríamos prácticamente nada de la religión que moldeó la raza germánica. En Islandia, que fue la última región en cristianizarse gracias a su posición geográfica en el extremo norte, los misioneros fueron más tolerantes, o tuvieron quizá menos influencia. El latín no eliminó el nórdico como lengua literaria. La gente todavía contaba las viejas historia en el lenguaje de todos los días, y algunas de ellas estaban escritas, aunque no sabemos por quién ni cuándo. El manuscrito más antiguo de la Edda mayor está fechado en torno al año 1300, tres siglos después de que llegaran los cristianos, pero los poemas son completamente paganos y todos los estudiosos los consideran muy antiguos. La Edda menor , en prosa, la escribió Snorri Sturluson en la última parte del siglo XII . La parte principal es un tratado técnico sobre cómo escribir poesía, pero también contiene algunos materiales mitológicos prehistóricos que no aparecen en la Edda mayor .
De los dos, el más importante es la Edda mayor , que se compone de poemas separados, a menudo acerca de la misma historia, pero sin conexión entre sí. En este manuscrito hay material para un gran poema épico, comparable si no superior a la Ilíada , pero se echa en falta al poeta que diera forma a esas primeras historias, como lo hizo Homero con su obra.

Signy era hija de Volsung y hermana de Sigmund. Su marido mató a Volsung a traición y capturó a sus hijos. Uno por uno, los fue dejando por la noche, encadenados, a merced de los lobos. Cuando llegó el turno del último, Sigmund, Signy ya había ideado un modo de salvarlo. Lo liberó y ambos juraron vengar a su padre y hermanos. Signy decidió que Sigmund debía tener a alguien de su propia sangre para ayudarlo, así que se disfrazó y lo visitó durante tres noches; él nunca supo quién era. Cuando el niño que nació de esa unión tuvo edad suficiente, ella se lo envió a Sigmund y los dos vivieron juntos hasta que el muchacho, que se llamaba Sinfiotli, se hizo un hombre. Durante todo ese tiempo, Signy siguió viviendo con su marido, criando a sus hijos, sin dejar traslucir el deseo de vengaza que ardía en su corazón.
Pero al fin llegó el día. Sigmund y Sinfiotli aparecieron por sorpresa, mataron a los otros hijos de Signy, encerraron al marido en la casa y le prendieron fuego. Signy se quedó mirando todo esto sin decir palabra y, cuando todo había acabado, les dijo que habían vengado a los muertos…

Loki no era dios, sino hijo de un gigante, y siempre creaba problemas a su paso. Continuamente implicaba a los dioses en dificultades y peligros, pero se le permitía entrar a placer en Asgard porque, inexplicablemente, había hecho un juramento de fraternidad con Odín. Loki odiaba a los buenos y estaba muy celoso de Balder, así que decidió encontrar el modo de hacerle daño. Acudió a Friga disfrazado de mujer y entabló conversación con ella. Friga le contó el viaje que había realizado para garantizar la seguridad de Balder y cómo todas las cosas habían jurado no hacerle daño… excepto un pequeño arbusto, dijo, el muérdago, tan insignificante que lo pasó por alto.

En Asgard, las diosas no eran tan importantes como en el Olimpo. Entre las diosas nórdicas, ninguna se puede comparar con Atenea, y solo dos destacan realmente: Friga y Freya.
Friga, la esposa de Odín, de la que recibe su nombre el viernes (Friday en inglés), tenía fama de ser muy sabia, pero también era muy callada y no se confiaba a nadie, ni siquiera a Odín. Su personaje está siempre como desdibujado, y aparece a menudo junto a su rueca, hilando hebras de oro, aunque permanece en secreto qué es lo que tejía.
Freya era la diosa del amor y la belleza, pero, extrañamente para nuestras ideas, le pertenecían la mitad de los muertos en combate. Las walkirias de Odín solo podían llevarse al Walhalla la mitad: Freya acudía en persona al campo de batalla reclamando su parte de muertos, y a los poetas nórdicos tal actitud les parecía lógica y adecuada para la diosa del amor.
Pero había un reino que se manejaba con el único gobierno de una diosa: el reino de los muertos era de Hela, y allí no tenía autoridad ningún otro dios, ni siquiera Odín. Asgard el dorado pertenecía a los dioses, el glorioso Walhalla a los héroes, y Midgard, el campo de batalla de los hombres, no era asunto de mujeres (Gudrun, en la Edda mayor , dice que «la ferocidad de los hombres gobierna el destino de las mujeres»). Pero el mundo frío y pálido de los muertos sí era la esfera de la mujer para la mitología nórdica.

Las nornas se llamaban Urda (el pasado), Verdandi (el presente), y Skuld (el futuro). Hasta ellas llegaban cada día los dioses, atravesando el oscilante puente del arcoíris, para sentarse junto al pozo y dictar sentencia sobre las acciones de los hombres. Junto a otra raíz estaba el Pozo de la Sabiduría, el que guardaba Mímir el Sabio.
Sobre Yggdrasill, como sobre Asgard, pendía siempre la amenaza de la destrucción; estaba tan amenazado como los dioses. Una serpiente y sus crías roían continuamente la raíz más cercana a Niflheim, la morada de Hela. Tarde o temprano, conseguirían matar el árbol, y el universo entero se vendría abajo.
Los gigantes de hielo y los gigantes de las montañas que vivían en Jötunheim eran enemigos del bien, la fuerza bruta de la tierra, que acabaría por vencer cuando se produjera un enfrentamiento entre ellos y los poderes celestiales.

Además de su impresionante heroísmo, estas gentes del norte poseían un sentido común lleno de encanto. La combinación parece imposible. Por raza, estamos vinculados con los nórdicos; nuestra cultura se remonta a los griegos. Las mitologías nórdica y griega, en conjunto, nos brindan así una imagen clara de cómo eran aquellas personas de las que procede gran parte de nuestro legado espiritual e intelectual.

—————–

F3D2238C-7F92-4E0A-BB04-1C69F7A4E719
Greek, Roman, and Norse mythologies have affected our modern cultures more than we might like to admit. Those mythologies were used as means to explain the environment in which humankind lived, the natural phenomena they witnessed and the passing of time and seasons.
Mythology has catalyzed the emergence of a rich and profound body of artistic works. In fact, this exactly peaked my interest in mythology in the first place.
I have mixed feelings about the whole thing. On one hand, I didn’t like the practice of Hamilton retelling only the myths that she enjoyed, rather than using the most wildly accepted version of the stories or combining the different stories into one retelling. I also didn’t understand the point of the Norse mythology at the end, after more than ninety percent of the book was dedicated to Greek and Roman mythology – it was a little jarring, and very unnecessary. But on the other hand, the book was well-written, well-organized, and informative. This is an excellent book for reference purposes. But I wouldn’t recommend reading it like a novel.
Rereading this book in it’s entirety those are just found memories. For the most part, I didn’t really enjoy this book. This is more for beginners or high schoolers, which could also make people love this book.
I just kept finding more flaws than reasons to like this book. First off, the Norse part of this book was pointless. I’m not sure why she had it in here either. I feel like if your going to talk about other culture’s myths at least add other cultures. I feel like she intentionally snubbed other myths.
I hated her commentary. Every time she talked about where she got the myths I want to tell her to shut up and just tell the tale. She made Ovid look like a fool sometimes. She also picked which version of a myth she like better making the other versions she though were less important.
The chapters where she retold the Odyssey and the Iliad I thought were pointless too. Having read those to book earlier this year I felt it was repetitive. She managed to take Homer’s stories and make them sound less interesting. I did like her chapters on the heroes though, maybe because they don’t really have books just for there story.
There are better mythology books out there, this isn’t one of them. It’s a super popular book though. I can see why. Like I said this is for beginners. This should get credit too just for the fact a woman wrote it, which was rare at her time.
I’ll most likely look at this book from time to time. It’s a good reference book. This isn’t really good to read the whole thing over and over. I thought it was short stories, but it’s more encyclopedia entries.

In general, Greek and Roman mythologies are believed to show us how the human race thought and felt in time immemorial. Through it, according to this point of view, we can retrace the path from civilized man who lives far from nature to one who lived in community and in close contact with nature; the real interest of the myths is that they guide us to a time when the world was newer and people felt connected to the land, to the trees and the seas, to the flowers and the mountains, in a very different way than how we can feel today. While the stories were taking shape, we are given to understand, it was not yet clearly delimited what was real and what was unreal. The imagination was vividly awake, without the conditions of reason, so anyone could see in a forest, among the trees …

The Titans, who are often called the Old Gods, were for an incalculable time the supreme beings of the universe. They were of immense stature and incredible strength. There were many, but only a few appear in the stories of mythology. The most important was Crono, in Latin Saturn, who ruled the other titans until his son Zeus dethroned him and took power. The Romans said that when Jupiter – that’s what they called Zeus – ascended to the throne, Saturn (that is, Cronus) fled to Italy and gave rise to the Golden Age, a time of perfect peace and happiness, which lasted at least as long like his reign.
Other famous Titans and Titanides were Ocean, the river that is supposed to surround the earth; his wife Thetis; Hyperion, the father of the sun, the moon and the dawn; Mnemosyne, which means memory; Themis, which is usually translated as justice; and Iapetus, who stands out for being the father of Atlas, who carried the weight of the world on his shoulders, and of Prometheus, savior of humanity. These were the only ancient gods who were not banished when Zeus arrived, but they happened to occupy a place on Olympus.

The realm of the dead was ruled by one of the twelve greats of Olympus, Hades (Pluto), and by his queen, Persephone (Proserpina), and is often called by the name of her god, Hades. It is found, says the Iliad, under the secret places of the earth. In the Odyssey, the path to him runs over the edge of the world through the Ocean. Among later poets, several entrances are cited from the earth through caves and near deep lakes.
Tartarus and Erebus are sometimes two divisions of the underworld: Tartarus the deeper of the two, the prison of the children of the earth; Erebus, the place where the dead arrive as soon as they die. However, there is often no distinction between the two, and both, especially Tartarus, are used as a name for the whole of the lower region.
For Homer the underworld is diffuse, a dark place inhabited by shadows, where nothing is real.
The Earth herself was called «the mother of everything,» but she was not really a divinity: she was never separated from the earth itself, nor was she personified. The goddess of wheat, Demeter (Ceres), one of the daughters of Cronus and Rhea, and the god of wine, Dionysus, also called Bacchus, were the most important terrestrial deities, central in Greek and Roman mythology.

In general, the immortal gods were of little use to humans, often rather the opposite. Zeus, a dangerous lover to mortal maidens, was completely unpredictable in the use of his terrible ray. Ares, the god of war, was almost always a veritable plague. Hera forgot the idea of justice when she was jealous, which she almost always was. Athena, also a war maker, wielded her sharp lightning spear almost as irresponsibly as Zeus. Aphrodite used her power primarily to set traps and betray. They were a beautiful and radiant company, true, and their adventures made for great stories, but when they weren’t really damaging; they were capricious and untrustworthy, and mortals generally did much better without them.
There were two, however, totally different, who were in fact the best friends of humanity: Demeter, in Latin Ceres, the goddess of wheat, one of the daughters of Crono and Rhea; and Dionysus, also called Bacchus, the god of wine.

About Pandora he says that the source of all misfortunes was not her evil nature, but only her curiosity. The gods presented him with a box in which each of them had put something harmful, and forbade him to open it under any circumstances. After she was sent to Epimetheus, who took it kindly even though Prometheus had warned him never to accept anything from Zeus. He took her and later, when that dangerous thing, a woman, was his, he understood how accurate her brother’s advice had been. Because Pandora, like all women, was possessed by a lively curiosity. She had to know what was in the box. One day, she lifted the lid and countless plagues, sorrows and misfortunes for humanity flew out of it. Terrified, her Pandora lowered the lid, but it was too late. But inside the box was one good thing: Hope. That only good that guarded the chest among so many evils remains until today the only consolation of humanity in her misfortunes. The mortals learned so that it is not possible to take advantage of Zeus, not even to deceive him. Even the wise and compassionate Prometheus realized this.

The world of Norse mythology is strange. Asgard, the home of the gods, is totally unlike any of the other heavens mankind has dreamed of. In it there is neither the glow of joy nor the promise of eternal happiness: it is a serious and solemn place, over which the threat of an implacable destiny looms. The gods know that a day will come when they will be destroyed: at some point, they will meet their enemies and fall before them, defeated and dead. Asgard will then be a ruin. There is no hope that the forces of good will triumph over those of evil; however, the gods will fight until the last moment.
And the same happens, necessarily, with respect to humanity. If the gods are defenseless against evil, men even more so. The heroes and heroines of the first stories face disaster: they know that courage, resistance, and great deeds will not save them, but they do not give up. They die fighting. Courageous death entitled heroes, at least, to a seat in the Walhalla, one of Asgard’s halls, where they once again waited for destruction and death. In the last battle between good and evil, they would fight alongside the gods and die with them.
The poets of Norse mythology, who saw that it was possible to conquer by dying and that bravery is never defeated, are the sole spokesmen for the beliefs of the entire magnificent Germanic race, of which England is a part, as are the North Americans through the first settlers to America. In northern Europe, those first stories, traditions, songs and stories, disappeared at the hands of Christian priests, who bitterly hated that paganism that they had come to fight. Its sweeping ability was extraordinary. A few pieces are preserved: Beowulf in England, The Song of the Nibelungs in Germany and some isolated fragments. If it weren’t for the two Icelandic Eddas, we would know practically nothing about the religion that shaped the Germanic race. In Iceland, which was the last region to be Christianized thanks to its geographic position in the far north, the missionaries were more tolerant, or perhaps less influential. Latin did not eliminate Norse as a literary language. People still told the old stories in everyday language, and some of them were written, although we don’t know by whom or when. The oldest manuscript of the Greater Edda is dated around the year 1300, three centuries after the Christians arrived, but the poems are completely pagan and are considered by all scholars to be very old. The minor Edda, in prose, was written by Snorri Sturluson in the latter part of the twelfth century. The main part is a technical treatise on how to write poetry, but it also contains some prehistoric mythological materials that do not appear in the Greater Edda.
Of the two, the more important is the Greater Edda, which is made up of separate poems, often about the same story, but with no connection to each other. In this manuscript there is material for a great epic poem, comparable if not superior to the Iliad, but the poet is missing who shaped those early stories, as did Homer with his work.

Signy was the daughter of Volsung and sister of Sigmund. Her husband treacherously killed Volsung and captured his children. One by one, he left them for the night, chained, at the mercy of the wolves. When it was the turn of the last one, Sigmund, Signy had already devised a way to save him. She released him and they both vowed to avenge her father and brothers. Signy decided that Sigmund must have someone of her own blood to help him, so she disguised herself and visited him for three nights; he never knew who she was. When the boy who was born from that union was old enough, she sent him to Sigmund and the two lived together until the boy, who was called Sinfiotli, became a man. Throughout that time, she Signy continued to live with her husband, raising her children, without letting the desire for revenge that burned in her heart shine through.
But at last the day came. Sigmund and Sinfiotli appeared by surprise, killed Signy’s other children, locked her husband in her house and set him on fire. Signy stared at all this without saying a word, and when it was all over, she told them they had avenged the dead …

Loki was not a god, but the son of a giant, and he always created trouble in his wake. He continually implicated the gods in difficulties and dangers, but was allowed to enter Asgard at will because, inexplicably, he had taken an oath of brotherhood with Odin. Loki hated the good guys and was very jealous of Balder, so he decided to find a way to hurt him. He came to Friga disguised as a woman and struck up a conversation with her. Friga told him about the trip she had made to ensure Balder’s safety and how all things had sworn not to harm him … except a small bush, she said, the mistletoe, so insignificant that she overlooked it.

In Asgard, the goddesses weren’t as important as they were on Olympus. Among the Norse goddesses, none can be compared to Athena, and only two really stand out: Friga and Freya.
Friga, Odin’s wife, from whom she is named after her on Friday (Friday in English), had a reputation for being very wise, but she was also very quiet and did not trust anyone, not even Odin. Her character is always blurred, and she often appears next to her spinning wheel, spinning threads of gold, although she remains a secret about what she was weaving.
Freya was the goddess of love and beauty, but, strangely to our ideas, she owned half of those killed in combat. Odin’s Valkyries could only take half of the Walhalla: Freya would go in person to the battlefield claiming her part of her dead, and to the Norse poets such an attitude seemed logical and appropriate for the goddess of love.
But there was a kingdom that was run by the sole government of a goddess: the kingdom of the dead belonged to Hela, and no other god had authority there, not even Odin. Asgard the gold belonged to the gods, the glorious Walhalla to the heroes, and Midgard, the battlefield of men, was not a woman’s affair (Gudrun, in the Greater Edda, says that ‘the ferocity of men governs destiny Women’s»). But the cold, pale world of the dead was the realm of woman for Norse mythology.

The Norns were called Urda (the past), Verdandi (the present), and Skuld (the future). The gods came to them every day, crossing the swaying rainbow bridge, to sit by the well and pass judgment on the actions of men. Next to another root was the Well of Wisdom, the one guarded by Mímir the Wise.
Over Yggdrasill, as over Asgard, always hung the threat of destruction; he was as threatened as the gods. A snake and its young continually gnaw on the root closest to Niflheim, Hela’s abode. Sooner or later, they would succeed in killing the tree, and the entire universe would collapse.
The ice giants and the mountain giants that lived in Jötunheim were enemies of good, the brute force of the earth, which would eventually defeat when there was a confrontation between them and the heavenly powers.

In addition to their impressive heroism, these northern people possessed charming common sense. The combination seems impossible. By race, we are linked to the Nordics; our culture dates back to the Greeks. The Norse and Greek mythologies, taken together, thus give us a clear picture of what those people from whom much of our spiritual and intellectual heritage comes.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.