Grandes Batallas En La Pantalla: Hollywood Y La Realidad De La Guerra En La Antigüedad — Guillermo Díaz / Big Battles On The Screen: Hollywood And The Reality Of Ancient Warfare by Guillermo Díaz (spanish book edition)

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Muy recomendable, didáctica lectura de inicio a fin. Ameno pero muy cuidado tanto en las formas como en los contenidos. Describe con amenidad (y calidad) cómo debieron de ser, realmente, a la luz de lo que se ha investigado al respecto, las batallas en las épocas donde se sitúan las tramas de cintas como “Troya”, “Gladiator”, o “Espartaco”, entre otras. Lo mejor del libro, a mi juicio, es que no se limita a suministrarnos un listado de “gazapos cinematográficos”, sino que, tomando cada película como pretexto, nos expone un montón de cuestiones interesantísimas acerca de la vida militar en escenarios del mundo antiguo tan dispares como la Grecia micénica, la Roma tardorrepublicana, o la Esparta de las Guerras Médicas.

Cómo el cine se ha acercado a la guerra, como la ha reflejado, y hasta qué punto se aproxima a la verdad de lo que se pretende mostrar.
El objeto es tratar de esclarecer las verdades y mentiras que sobre la guerra y algunos aspectos de la historia nos ha transmitido el cine. En esta ocasión se ciñe a la Antigüedad. Si bien hay muchas cuestiones sobre la violencia y la guerra que son comunes a todas las épocas, las cuestiones técnicas y el costumbrismo en la batalla que describiré serán las de Grecia y Roma. Se centra en las películas Troya (Wolfgang Petersen, 2004) 300 (Zack Snyder, 2006), Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004), Espartaco (Stanley Kubrick, 1960) y Gladiator (Ridley Scott, 2000). Pero son muchos más los títulos y directores que se dan cita en estas páginas.
El cine es un poderosísimo medio de propaganda. Uno de los más eficaces de la historia. Hay varios motivos que lo convierten en un vehículo idóneo para hacer llegar ideas a millones de personas. El cine es una de las alternativas de ocio más baratas, si se compara con las otras artes audiovisuales o escénicas que existen.
La guerra es una constante en nuestra historia. No existe un periodo prolongado de paz absoluta. Para poder decir que hay paz, tenemos que conformarnos con la ausencia de conflictos entre grandes naciones. Es cierto que, en el Viejo Continente, la feliz idea de la Unión Europea ha traído la etapa más próspera para la paz y el bienestar que hemos conocido, pero siempre hay un conflicto en vigor que mantiene al mundo en alerta.
¿Es inevitable la guerra? ¿Está en nuestra naturaleza? ¿Es posible alcanzar la kantiana «paz perpetua»?…

Troya es la que más se aleja de la realidad. Si existe un paradigma de exageración e imprecisión histórica en el cine, ese es Troya. Se trata además de una película muy respetable y entretenida. Y es por eso que la escogemos para comenzar. Existen otras producciones de serie B más imprecisas, por supuesto. Hay todo un género de bajo coste, que normalmente no pasa por los cines y va directamente a televisión, que se ambienta en una circunstancia histórica o protohistórica completamente inventada.
Existen errores que son evidentes para alguien que esté medianamente interesado por la historia antigua, pero hay otros que pueden engañar incluso al iniciado en la materia.
El alemán Petersen es capaz de lo mejor y de lo peor. Das Boot está rodada con auténtica maestría, en pequeños espacios, con complejísimos movimientos de cámara, en un momento en que los efectos digitales todavía no habían acudido en ayuda de los operadores que han de mover los objetivos por la escena. Das Boot, es además una película muy bien interpretada, es una de las más estimables sobre este gran conflicto y, sin duda, la mejor que se ha hecho sobre la guerra submarina. Un título de culto. Casi un elemento religioso para quienes somos aficionados al cine bélico. Una obra de arte.
Troya es una película muy entretenida y con muchas virtudes. Tiene unos efectos digitales muy pulcros, bien utilizados, y un sonido espectacular. El guion maneja hábilmente la coexistencia de multitud de personajes, saltando de una historia a otra de forma fluida y clara. El resultado es divertido y contiene momentos de una gran épica.
Su principal problema es que han querido contar como historia un mito. Son muchas las consecuencias de este intento, que se ve agravado por el hecho de querer, además, trasladar al espectador del siglo xxi a sus protagonistas, lo que convierte en uno de sus inconvenientes la modernización del pensamiento de sus personajes.
En la recreación que hace el film, los aliados griegos reúnen un gigantesco ejército de 50 000 efectivos. Esa era la población de casi todas las ciudades helenas juntas. Los únicos que habrían sido capaces de movilizar un gran ejército eran los asirios, pioneros en el uso de grandes unidades militares, pero tampoco serían capaces de reunir un ejército similar al descrito por la película. Ni siquiera Alejandro, los egipcios e hititas en Qadesh, o los líderes griegos en Salamina, fueron capaces de reunir tantos guerreros. Y todos estos casos contaban con muchos más medios de los que nunca tuvieron los pueblos de la Edad de Bronce. La expedición que se organizó contra Troya no pudo alcanzar esas dimensiones. Sería un grupo con medios exiguos y objetivos menores.
Otra de las imprecisiones del film es mostrar estos grandes grupos de soldados uniformados desembarcando, al más puro estilo de la Segunda Guerra Mundial, en las playas que lindan con la ciudad, que es el objetivo de Agamenón y los suyos. Ya he comentado que sería un contingente más pequeño, con menos barcos y, no lo perdamos de vista, sin intención de ocupación. No habría motivos de conquista o vasallaje. Lo que se buscaba entonces era un botín.
Las espadas que aparecen, todas metálicas y afiladas a la perfección. Aquiles, por ejemplo, corta y clava su espada como si de un gladius romano se tratara, que no aparecerá hasta casi mil años después. Él llevaría una espada corta de bronce, más blanda y menos cortante que lo que se ve en la escena.
Respecto al casco que lleva Brad Pitt, salvo que uno quiera morir pronto, no era el más adecuado para ese tipo de guerra. No tiene sentido, salvo en una formación en falange hoplita como la que veremos en el capítulo que sigue, puesto que le impide ver los flancos, algo que, en combate singular, como era lo habitual en el caso de los campeones de la Edad de Bronce, era muy peligroso.
A algunos troyanos se les presenta con armaduras de placas de hierro.
La evidencia histórica muestra que era usual que los arqueros llevasen en el carcaj flechas con puntas pesadas, para atravesar las primitivas armaduras a corta distancia, y también flechas con puntas más ligeras, para lanzarlas en tiros parabólicos sobre sus enemigos a larga distancia. Si bien este último tipo de disparo no sería utilizado hasta mucho tiempo después, puesto que para que sea eficiente es preciso realizarlo sobre formaciones cerradas que, como sabemos, no se dieron en la guerra de Troya. Considero difícil la eficacia de las puntas de piedra al impactar sobre el bronce, por lo que las puntas pesadas serían generalmente del mismo metal. Aunque lo mejor que podía intentar un arquero era hacer blanco sobre partes desprotegidas, la baja calidad tanto del arco como de la flecha, hacía complejo el atravesar las protecciones.
El uso de caballos se limitaba al tiro de carros, medio de transporte que sabemos que era utilizado por los paladines para desplazarse al lugar del combate, pero desde el que no se luchaba en el modo de guerra occidental.
Probablemente la guerra y el asedio de Troya, si es que lo hubo, tenían razones comerciales y no estaban motivados por el rapto de una mujer, tampoco serían ciertos los hechos concretos que se narran en el magnífico texto. Pero sí apunta una idea general de lo que ocurrió en los alrededores de la ciudad en el siglo XII a. C. De lo que podemos estar seguros, es que lo acontecido no se parecería en nada a lo que se muestra en esta cinta. Una oportunidad perdida. Históricamente no sirve de nada.

En 300, la corte de Jerjes es presentada como un circo de depravados, con todas las hipérboles que Frank Miller quiso atribuirles. Queda en la mente del espectador un trono muy poderoso, pero moralmente decadente, que genera repulsión y parece invadido por el vicio y la lujuria. Solo que alguien así, no puede crear un imperio. Los persas eran mucho más que eso.
El Imperio persa duró unos 200 años. Su estrategia de conquista fue muy inteligente. Llegado un punto, las puertas de Babilonia se abrieron de par en par para recibir a Ciro como vencedor. La caída de Babilonia fue una noticia que supuso un terremoto para la moral del continente. La noticia recorrió todo Oriente, pero también Europa.
Era la primera vez que se empleaba una estrategia dual de propaganda bélica: antes que los persas, los asirios lo basaron todo en el terror y en los tormentos a que sometían a sus enemigos. Pero los persas combinaban esto con un trato amable a quienes se sometían voluntariamente. Esto, en un principio, desconcertó a los griegos. Aparecieron partidarios de los persas de entre ellos, llegando a conformar verdaderas facciones dentro de las polis. Facciones que la mayor parte de las veces estaban corrompidas por dinero persa. Pero los persas a su vez quedaron desconcertados por las traiciones y juegos políticos de los bárbaros occidentales. Dos mundos empezaban a conocerse.
Las heridas por flecha de esta época, si bien no mataban habitualmente a un hoplita bien protegido, sí podían ocasionar heridas de consideración en las extremidades, inutilizando o debilitando para el combate a quienes resultasen alcanzados. Era una herida aparatosa e irregular, sobre todo, si se quería extraer el proyectil en el mismo instante en el que se recibía el impacto, ya que abría la carne y dejaba una fea herida al descubierto en la que se pegaban la tierra y el polvo que se levantaba durante las maniobras de masas. Podían también romper un hueso o astillarlo en una fractura sucia y de difícil soldadura. Además, la infección posterior de la herida no en pocas ocasiones conducía a la muerte. El sonido de las flechas golpeando sobre las armaduras griegas era como el de un fuerte granizo sobre el techo de un coche, pero precedido de un silbido aterrador para quien no estuviese preparado para el combate. Los gritos aleatorios de los que caían heridos, no ayudaban a mantener la moral de quienes recibían este castigo.
El ejército persa estaba formado por tropas con una preparación muy inferior a las griegas, la única unidad que tal vez estuviese a la altura de una tropa profesionalizada eran los Inmortales.
En 300, Jerjes se planta en Grecia con un millón de efectivos y exige la rendición de las diversas polis. Leónidas dice con sorna a los emisarios que les envía el «gran rey»… Sabemos por tanto que Leónidas —un muy musculado y aceitoso Gerald Butler— no podía estar permanentemente en el frente de batalla atravesando enemigos, sino que su tiempo de combate activo sería unos cinco o diez minutos, a lo sumo, si tenemos en cuenta que incluso en ese periodo podían producirse pausas, cediendo su puesto a la línea anterior y así sucesivamente. Esto será perfectamente desarrollado por los romanos.
Otra anomalía engañosa en la película es la rotura de la formación y el comienzo de una serie de florituras que realizan los espartanos. Llegado un momento, vemos cómo Leónidas se lanza junto con sus hombres fuera de la falange, a la que disuelven, y se dedican a hacer cabriolas y piruetas, golpear con el escudo, clavar sus armas, y desenfundar sus espadas. Esto hubiese supuesto el final inmediato de los 300, ya que un flechazo, o sencillamente, un ataque en grupo, terminaría con ellos uno a uno, puesto que todo el éxito de la defensa estuvo determinado por la permanencia en el interior de la falange, en perfecto orden de batalla, sin que ninguno de estos experimentados guerreros se atreviese a abandonar la formación, ni para atacar ni para huir. Ambas acciones estaban fuertemente sancionadas.
Lo que no podían adivinar los persas, es que el siguiente episodio entre estas dos culturas enfrentadas iba a llegar de la mano de un pueblo que hasta entonces les había rendido pleitesía. Una nación de pastores que no destacaba por nada entre los griegos. De una polis que tenían por bruta e insignificante iba a surgir el contraataque definitivo que terminaría con el Imperio persa para siempre. Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno se preparaban para dominar el mundo conocido.

Respecto a Olimpia, Stone presenta a una esposa dolida y madre sobreprotectora, lo que es muy probable que fuese cierto. También se deja entrever algún atisbo de locura. Quizá era rabia y desenfreno en su modo de vida. Los macedonios tenían un concepto extremo de la juerga. Si los espartanos no rendían culto a Dionisos, porque era una deidad que llamaba a la indisciplina y a la molicie, en el caso de los habitantes de la patria de Alejandro, era una deidad favorita, y Olimpia una devota seguidora.
Olimpia impresionaba con su exceso de culto al dios que los romanos convertirían en Baco. Se trataba de una reina mistérica, que organizaba extraños rituales en la corte macedónica y que tenía serpientes como animales de compañía. Las llevaba consigo, y no era extraño verla con un largo reptil deslizándose por sus extremidades.
El aspecto de la guapísima Angelina Jolie en la película, dista bastante de lo que Olimpia debió ser, pero no está mal trasladar nuestros cánones estéticos a los de entonces, no influye en el mensaje en exceso, y ayuda al espectador a hacerse una idea de cómo era percibida por sus semejantes. Esto ocurre en muchas más películas. Si se fuese estricto en este sentido, nos resultaría chocante tanto en el caso de hombres como en el de las mujeres.
Respecto al vestuario, costumbres gastronómicas, muebles, y entorno de los macedonios, está muy conseguido.
El fallo, fue el situar los efectivos que tenían de caballería al frente del contingente, de hecho, situaron toda la caballería en la línea frontal, cuando lo ideal habría sido esperar el ataque macedonio con la infantería al frente, mucho más cualificada para detener una carga montada. Esta es una realidad que tendremos tiempo de analizar más adelante. Para que podamos hacernos una idea de lo que era una batalla de este tipo, el frente tendría unos dos kilómetros.
En la película nos cuentan una mezcla de las dos batallas, Issos y Gaugamela, aunque la táctica mostrada se parece más a la segunda, y por eso la llaman así. Pero el encuentro entre Darío y Alejandro fue probablemente más cercano en Issos.
A diferencia de lo que se nos presenta en la práctica totalidad de las películas de Hollywood —y no solo en la factoría californiana, el error es generalizado—, el número de bajas en las batallas de la antigüedad no era tan devastador durante el enfrentamiento entre dos fuerzas.

No es ningún secreto que el guion de la película reflejó realmente una revolución con un marcado carácter social. Un buen detalle, es que los romanos patricios fueron interpretados por actores británicos, para que sus acentos chocasen, por refinados, frente a los acentos de los actores estadounidenses que encarnaban a los esclavos.
Respecto a Espartaco hay serias dudas sobre sus orígenes. En el film optan por presentarlo como oriundo de Tracia. Hay quien defiende que los autores clásicos lo describen como tracio, no por su origen, sino por el estilo de lucha del gladiador con espada corta y escudo de rodela.
Yo creo que es probable que fuera tracio, había muchos gladiadores que utilizaban este estilo de combate y no era nada especial ni destacable el hacerlo como para proporcionar un apodo. Además, en los años 78 y 71 a. C., Roma libró campañas contra Tracia.
Vemos a lo largo del metraje de la cinta de Kubrick cómo todos los gladiadores son unas personas magníficas, más cercanas a las películas de Disney que a lo que eran: prisioneros, esclavos o delincuentes que encontraban en la arena una salida a su desesperada situación. No eran tipos especialmente dulces y amables. Sus personalidades y actitudes estaban esculpidas sobre el dolor, el maltrato físico y la incertidumbre de sobrevivir a largo plazo. Aunque llegado un momento se dictaron leyes protectoras sobre los esclavos, el trato a estos era inhumano, pero ellos no eran literatos ni santurrones, y mucho menos en el gremio de los gladiadores.
La idealización de Espartaco es eficaz para la película y ayuda a la emotividad de los acontecimientos, pero hay instantes en que es excesivo.
El origen de la lucha de gladiadores no parecer ser romano. El combate entre dos hombres a muerte era algo que los etruscos ya realizaban, los mismos íberos organizaban luchas con componentes rituales entre guerreros de rango importante.
La sangre de los gladiadores muertos era extraída, se trataba de un elixir muy valorado por las clases altas. Se le atribuían multitud de propiedades, una de las más destacadas era la de proporcionar potencia sexual a los hombres que la ingiriesen.
El imaginario popular, gracias al cine y a la literatura, concibe los combates en su mayor parte a vida o muerte, pero lo más frecuente era otorgar clemencia al vencido, puesto que cada gladiador muerto encarecía la factura a pagar por el editor de los juegos, resultándole mucho más económico el perdonar la vida. Entiendo asimismo que, en el caso de juegos públicos, tal vez se fuese más «generoso» a la hora de ir repartiendo muerte, total, como dijo aquella estadista: «el dinero público no es de nadie».

Los problemas con que se encontraban las tropas galas era el hecho de que muchas de sus espadas al primer y brutal golpe, se doblaban, y era necesario enderezarlas para asestar otro ataque. Era debido a su excesiva longitud y al hecho de que desconocían el cromado del acero. La irregularidad del mismo se ha podido comprobar en el análisis de gran cantidad de armamento galo. Los armeros galos desconocían las propiedades del cromado del metal y era todo elaborado mediante un método de ensayo-error.
El casco de los celtas, llamado yelmo montefortino, con el cubrenucas para desviar golpes desde arriba, fue copiado por los romanos. Una de las mayores virtudes de las legiones fue que eran capaces de admirar y aprender de sus enemigos. Con la ampliación del Imperio crecieron proporcionalmente sus conocimientos.
Respecto al uso de caballería, la gala era muy deficiente si se enfrentaba a la romana o germana. Es probable que estuviera concebida para labores de exploración y para perseguir al enemigo en fuga, pero no para el uso en maniobras de combate.
Muchos de los defectos que hemos desglosado hacían de los habitantes de la Galia fieros oponentes, pero poco diestros en la táctica.
Lo que realmente falta en la batalla de Gladiator y en los enfrentamientos que encontramos en muchos otros títulos cinematográficos, es sangre y vísceras por los suelos. Sobre el terreno, a medida que avanzaba el combate, caían las entrañas de las víctimas de las estocadas. Entrañas que dificultaban el avance de los legionarios, porque se resbalaban con estos restos humanos esparcidos en el suelo. Falta también alguna referencia a los olores que allí se producían. La sangre en grandes cantidades desprende hedores muy peculiares y desagradables, así como las vísceras o intestinos llenos que eran extraídos por las punzadas de las espadas romanas. Esto no ocurría frecuentemente con otro tipo de hojas, ya que la mayoría de los pueblos incluían en sus armas una pequeña hendidura que hacía la espada más ligera y permitía la entrada de aire en la herida, para evitar que se produjese el vacío y quedase atascada. Además, la herida se infectaba más fácilmente.
El gladius, al contrario que las demás espadas, carecía de surcos, por eso el efecto de una de sus punzadas era muy diferente. El texto de Vegecio menciona estocadas de un par de uncias, o lo que es lo mismo, unos cuatro dedos. Los legionarios estaban entrenados para no lanzar la estocada con la punta de su espada hasta que no estuviese accesible el cuello del enemigo, su abdomen o las ingles. En los tres casos, un golpe certero era de extrema gravedad. Cuatro dedos de metal en el cuello significaban la poco habitual muerte instantánea. Cortar la carótida, atravesar o punzar la columna vertebral o degollar tráquea y esófago, son lesiones muy serias e irreversibles, máxime si nos atenemos a las capacidades médicas de la época. Si el gladius iba al cuello, el agredido en cuestión tenía la suerte relativa de una muerte rápida.
Los legionarios romanos, una vez que habían lanzado sus pesados pila, avanzaban a la carga y se convertían en picadoras de carne, sus cortas espadas como aguijones entraban y salían del cuerpo de sus enemigos derramando sus entrañas por el campo de batalla.
Lo último que hemos de destacar es que el gladius, al ser nombrado, suele ir unido al apelativo hispaniensis. Y es que los legionarios romanos adoptaron este tipo de espada cuando vieron el gran uso que hacían de una muy similar los guerreros íberos que acompañaban a Aníbal, a los que tuvieron en enfrentarse en la Segunda Guerra Púnica. La espada que inspiró el gladius es una de las más bonitas de la historia de las armas antiguas: la falcata ibérica.
Además de la carnicería que generaba el asalto de una legión, los germanos tenían otro problema añadido: las eficaces protecciones de que disponían las tropas del César. Los golpes que descargaban desde arriba solían ser detenidos con el escudo.
Es por películas como esta, por los cómics de Astérix, y porque además es la que más aparece en la columna trajana, por lo que esta es la armadura de los romanos por excelencia, se pongan los arqueólogos y los historiadores como se pongan. En Gladiator puede ser un acierto mostrar las loricas como protección general en las tropas romanas, pero no lo es en la mayoría de las producciones hollywoodienses, ni en todas las películas en que aparece Julio César, puesto que los años que él gobernó y capitaneó los ejércitos de Roma, la protección por excelencia era la cota de malla que habían copiado de los galos.
La lorica segmentata era más cómoda de lo que aparenta, se amoldaba bien a los movimientos del legionario, no obstante, los grupos de recreación histórica que las utilizan, han creado unas armaduras mucho más perfectas y duraderas de las que tenían que fabricar los romanos, quienes por razones obvias tenían menos tiempo y medios técnicos para su construcción.
Aunque en el choque del film las formaciones romanas se deshacen en una serie de combates individuales, ya sabemos que esto no era así. Los romanos no habrían abandonado su línea, y solo lucharían los situados en la primera fila.
El papel de la caballería legionaria era diferente al que le otorga Ridley Scott. Estos jinetes desarrollaban operaciones de exploración, informaban sobre los movimientos del enemigo. Una batalla no es posible si los ejércitos no se encuentran. Roma era partidaria de los enfrentamientos en combates campales de carácter decisivo, se sabía superior en este tipo de contiendas y sus enemigos procuraban evitarlas. Una legión romana necesitaba de una unidad de exploración que localizase al enemigo: los jinetes y sus monturas eran idóneos.
La caballería romana estaba formada por hombres altamente cualificados y se les exigía una preparación superior a la de los legionarios de a pie.
La carga en Gladiator es inviable por varios motivos. Por un lado, llevan únicamente spathas, no arrojan armas de asta. Tampoco es posible guiar una unidad de este tipo a través de un bosque denso como el germano, verdaderas selvas continentales. Pero hay otra razón mucho más importante: los caballos no cargan contra masas densas de personas. Se paran en seco, o las evitan. Para solventar este problema se encontrarán otros medios durante el medievo, pero en la Antigüedad, los caballos solo podían arrollar partes de las formaciones donde hubiera baja densidad. Para terminar con lo inoperante de esta maniobra, hay un elemento muy importante para que este tipo de cargas frontales pueda darse: el estribo. Esta herramienta en la equitación permite asentarse con seguridad en la montura, así como un control superior sobre el animal. Cualquiera que haya montado a caballo sabe que la importancia del estribo solo es comparable a la de las riendas. Existe un serio problema para los hombres montados de nuestro general romano: el estribo no existía.

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Highly recommended, didactic reading from start to finish. Entertaining but very careful both in the forms and in the contents. It describes with amenity (and quality) how they must have been, really, in the light of what has been investigated in this regard, the battles in the times where the plots of films such as «Troy», «Gladiator», or «Spartacus are located «, among other. The best thing about the book, in my opinion, is that it does not limit itself to providing us with a list of “cinematographic kitsch”, but, taking each film as a pretext, it exposes a lot of very interesting questions about military life in ancient world settings. as disparate as Mycenaean Greece, late-republican Rome, or the Sparta of the Medical Wars.

How the cinema has approached the war, how it has reflected it, and to what extent it approaches the truth of what it is intended to show.
The object is to try to clarify the truths and lies that the cinema has transmitted to us about war and some aspects of history. This time it sticks to antiquity. Although there are many questions about violence and war that are common to all times, the technical questions and the manners in the battle that I will describe will be those of Greece and Rome. It focuses on the films Troy (Wolfgang Petersen, 2004) 300 (Zack Snyder, 2006), Alexander the Great (Oliver Stone, 2004), Spartacus (Stanley Kubrick, 1960) and Gladiator (Ridley Scott, 2000). But there are many more titles and directors that come together in these pages.
Cinema is a very powerful means of propaganda. One of the most effective in history. There are several reasons that make it an ideal vehicle for getting ideas to millions of people. The cinema is one of the cheapest leisure alternatives, when compared with the other audiovisual or performing arts that exist.
War is a constant in our history. There is no long period of absolute peace. In order to say that there is peace, we have to settle for the absence of conflict between great nations. It is true that, in the Old Continent, the happy idea of the European Union has brought about the most prosperous stage for peace and well-being that we have known, but there is always a conflict in force that keeps the world on alert.
Is war inevitable? Is it in our nature? Is it possible to achieve Kantian «perpetual peace»? …

Troy is the one that is furthest from reality. If there is a paradigm of exaggeration and historical imprecision in cinema, that is Troy. It is also a very respectable and entertaining film. And that’s why we chose it to start. There are other more imprecise B-series productions, of course. There is a whole low-cost genre, which normally does not go through theaters and goes directly to television, which is set in a completely invented historical or protohistoric circumstance.
There are errors that are obvious to someone who is moderately interested in ancient history, but there are others that can deceive even the initiated in the matter.
The German Petersen is capable of the best and the worst. Das Boot is shot with true mastery, in small spaces, with extremely complex camera movements, at a time when digital effects had not yet come to the aid of the operators who have to move the lenses around the scene. Das Boot, is also a very well interpreted film, it is one of the most estimable about this great conflict and, without a doubt, the best that has been made about submarine warfare. A cult title. Almost a religious element for those of us who are fans of war movies. A work of art.
Troy is a very entertaining film with many virtues. It has very neat digital effects, well used, and great sound. The script skillfully handles the coexistence of a multitude of characters, jumping from one story to another in a fluid and clear way. The result is fun and contains moments of a great epic.
Their main problem is that they have wanted to tell a myth as a story. There are many consequences of this attempt, which is aggravated by the fact of wanting, in addition, to transfer the viewer of the 21st century to its protagonists, which makes the modernization of the thinking of its characters one of its drawbacks.
In the reenactment of the film, the Greek allies assemble a gigantic army of 50,000 troops. That was the population of almost all the Hellenic cities put together. The only ones who would have been able to mobilize a large army were the Assyrians, pioneers in the use of large military units, but they would not be able to assemble an army similar to that described by the film. Not even Alexander, the Egyptians and Hittites in Qadesh, or the Greek leaders in Salamis, were able to gather so many warriors. And all these cases had far more means than the Bronze Age peoples ever had. The expedition that was organized against Troy could not reach those dimensions. It would be a group with meager means and minor objectives.
Another of the inaccuracies of the film is to show these large groups of uniformed soldiers disembarking, in true World War II style, on the beaches that border the city, which is the objective of Agamemnon and his family. I have already commented that it would be a smaller contingent, with fewer ships and, let’s not lose sight of it, with no intention of occupation. There would be no grounds for conquest or vassalage. What was sought then was loot.
The swords that appear, all metallic and sharpened to perfection. Achilles, for example, cuts and stabs his sword as if it were a Roman gladius, which will not appear until almost a thousand years later. He would carry a short bronze sword, softer and less sharp than what is seen in the scene.
Regarding the helmet that Brad Pitt wears, unless you want to die soon, it was not the most suitable for that type of war. It does not make sense, except in a hoplite phalanx formation like the one we will see in the next chapter, since it prevents you from seeing the flanks, something that, in single combat, as was usual in the case of champions of the Age of Bronze, it was very dangerous.
Some Trojans are presented with iron plate armor.
Historical evidence shows that it was customary for archers to carry heavy-tipped arrows in their quivers, to pierce primitive armor at close range, and also lighter-tipped arrows, to launch parabolic shots at their enemies from long range. Although this last type of shot would not be used until a long time later, since in order to be efficient it must be done on closed formations that, as we know, did not occur in the Trojan War. I find the effectiveness of stone tips difficult when impacting on bronze, so the heavy tips would generally be of the same metal. Although the best that an archer could try was to target unprotected parts, the poor quality of both the bow and the arrow made it difficult to pass through the protections.
The use of horses was limited to the pulling of chariots, a means of transport that we know was used by the paladins to move to the place of combat, but from which they did not fight in the Western mode of warfare.
Probably the war and the siege of Troy, if there was one, had commercial reasons and were not motivated by the abduction of a woman, nor would the concrete facts that are narrated in the magnificent text be true. But it does indicate a general idea of what happened around the city in the 12th century BC. C. What we can be sure of is that what happened would not be anything like what is shown on this tape. A missed opportunity. Historically it is useless.

In 300, the court of Xerxes is presented as a circus of the depraved, with all the hyperbole that Frank Miller wanted to attribute to them. A very powerful but morally decadent throne remains in the viewer’s mind, which generates repulsion and seems invaded by vice and lust. Only someone like that can’t create an empire. The Persians were much more than that.
The Persian Empire lasted about 200 years. His strategy of conquest was very clever. At one point, the gates of Babylon were thrown open to welcome Cyrus as the victor. The fall of Babylon was news that was an earthquake for the morale of the continent. The news traveled throughout the East, but also Europe.
It was the first time that a dual strategy of war propaganda had been used: before the Persians, the Assyrians based everything on the terror and torments they subjected their enemies to. But the Persians combined this with a kind treatment of those who voluntarily submitted. This, at first, puzzled the Greeks. Supporters of the Persians appeared from among them, becoming real factions within the polis. Factions that most of the time were corrupted by Persian money. But the Persians in turn were baffled by the betrayals and political games of the western barbarians. Two worlds were beginning to meet.
Arrow wounds from this era, while they did not routinely kill a well-protected hoplite, could inflict serious limb wounds, rendering those hit disabled or weak for combat. It was a spectacular and irregular wound, especially if you wanted to extract the projectile at the same moment in which the impact was received, since it opened the flesh and left an ugly open wound in which the earth and dust stuck. that rose during mass maneuvers. They could also break a bone or chip it in a dirty, difficult-to-weld fracture. Furthermore, subsequent wound infection not infrequently led to death. The sound of arrows hitting Greek armor was like that of heavy hail on the roof of a car, but preceded by a terrifying hiss for those who were not ready for combat. The random screams of those who fell wounded did not help to maintain the morale of those who received this punishment.
The Persian army was made up of troops with a much lower preparation than the Greeks, the only unit that perhaps was at the level of a professionalized troop were the Immortals.
In 300, Xerxes was planted in Greece with a million troops and demanded the surrender of the various polis. Leonidas sarcastically says to the emissaries that the «great king» sends them … We therefore know that Leonidas – a very muscular and oily Gerald Butler – could not be permanently on the front lines passing through enemies, but rather that his fighting time Active would be about five or ten minutes, at the most, if we take into account that even in that period pauses could occur, yielding its position to the previous line and so on. This will be perfectly developed by the Romans.
Another deceptive anomaly in the film is the breakdown of formation and the beginning of a series of flourishes by the Spartans. Eventually, we see how Leonidas throws himself out of the phalanx, which they dissolve, together with his men, and they dedicate themselves to capering and pirouetting, striking with the shield, nailing their weapons, and drawing their swords. This would have meant the immediate end of the 300, since a crush, or simply a group attack, would end them one by one, since all the success of the defense was determined by the permanence inside the phalanx, in perfect order of battle, with none of these experienced warriors daring to leave the formation, neither to attack nor to flee. Both actions were heavily sanctioned.
What the Persians could not guess is that the next episode between these two opposing cultures was going to come from the hand of a people who until then had paid homage to them. A nation of shepherds that stood out for nothing among the Greeks. From a polis that they considered crude and insignificant, the definitive counterattack was going to emerge that would end the Persian Empire forever. Philip II of Macedonia and his son Alexander the Great were preparing to dominate the known world.

Alexandre Film.
Regarding Olympia, Stone features a hurt wife and overprotective mother, which is very likely true. There is also a hint of madness to be seen. She maybe she was rage and debauchery in her way of life. The Macedonians had an extreme concept of revelry. If the Spartans did not worship Dionysus, because he was a deity who called for indiscipline and gentleness, in the case of the inhabitants of Alexander’s homeland, he was a favorite deity, and Olympia a devoted follower.
Olympia impressed with her excess of worship of the god that the Romans would make Bacchus. She was a mystery queen, who organized strange rituals in the Macedonian court and who kept snakes as pets. She carried them with her, and it was not strange to see her with a long reptile sliding down her limbs.
The appearance of the beautiful Angelina Jolie in the film is far from what Olimpia should have been, but it is not bad to transfer our aesthetic canons to those of the time, it does not influence the message excessively, and it helps the viewer to get an idea of how she was perceived by her peers. This happens in many more movies. If you were strict in this regard, we would find it shocking both in the case of men and women.
Regarding the wardrobe, gastronomic customs, furniture, and environment of the Macedonians, it is very successful.
The failure was to place the troops that they had of cavalry in front of the contingent, in fact, they placed all the cavalry in the front line, when the ideal would have been to wait for the Macedonian attack with the infantry in front, much more qualified to stop a mounted load. This is a reality that we will have time to analyze later. So that we can get an idea of what a battle of this type was, the front would be about two kilometers.
In the film they tell us a mixture of the two battles, Issos and Gaugamela, although the tactic shown is more similar to the second, and that is why they call it that. But the meeting between Darius and Alexander was probably closest at Issos.
Unlike what is presented to us in practically all Hollywood films – and not only in the Californian factory, the error is widespread – the number of casualties in the battles of antiquity was not so devastating during the confrontation between two forces.

It is no secret that the script of the film really reflected a revolution with a strong social character. A good detail is that the patrician Romans were played by British actors, so that their accents clashed, for refined, against the accents of the American actors who played the slaves.
Regarding Spartacus, there are serious doubts about his origins. In the film they choose to present him as a native of Thrace. There are those who defend that the classical authors describe him as Thracian, not because of his origin, but because of the fighting style of the gladiator with a short sword and buckler shield.
I think it was probably Thracian, there were many gladiators who used this style of combat and it was nothing special or remarkable to do so to provide a nickname. In addition, in the years 78 and 71 a. C., Rome waged campaigns against Thrace.
We see throughout the footage of Kubrick’s tape how all gladiators are magnificent people, closer to Disney movies than they were: prisoners, slaves or criminals who found a way out of their desperate situation in the arena. They weren’t especially sweet and kind guys. Their personalities and attitudes were carved out of pain, physical abuse, and the uncertainty of long-term survival. Although at some point protective laws were passed on slaves, the treatment of them was inhumane, but they were not literary or self-righteous, and much less in the gladiator guild.
The idealization of Spartacus is effective for the film and helps the emotionality of the events, but there are moments when it is excessive.
The origin of the gladiator fight does not appear to be Roman. The combat between two men to the death was something that the Etruscans already carried out, the Iberians themselves organized fights with ritual components between warriors of important rank.
The blood of the dead gladiators was extracted, it was an elixir highly valued by the upper classes. Many properties were attributed to it, one of the most outstanding was that of providing sexual potency to men who ingested it.
The popular imagination, thanks to the cinema and literature, conceives the fighting for the most part to life or death, but the most frequent was to grant clemency to the defeated, since each dead gladiator increased the bill to be paid by the publisher of the games, it is much cheaper for him to spare his life. I also understand that, in the case of public games, perhaps one was more «generous» when it came to distributing death, total, as that statesman said: «public money does not belong to anyone».

The problems faced by the Gallic troops was the fact that many of their swords at the first brutal blow, bent, and it was necessary to straighten them to launch another attack. It was due to its excessive length and the fact that they were unaware of the chrome of the steel. The irregularity of the same has been verified in the analysis of a large quantity of Gallic weapons. The Gallic gunsmiths were unaware of the properties of the chrome plating of the metal and it was all made by a trial and error method.
The helmet of the Celts, called the Montefortino helmet, with the neck cover to deflect blows from above, was copied by the Romans. One of the greatest virtues of the legions was that they were able to admire and learn from their enemies. With the expansion of the Empire their knowledge grew proportionally.
Regarding the use of cavalry, the gala was very deficient if it faced the Roman or German. It is likely intended for scouting and pursuing fleeing enemies, but not for use in combat maneuvers.
Many of the flaws we have broken down made Gaul’s inhabitants fierce opponents, but not very skilled at tactics.
What is really lacking in the Gladiator battle and in the clashes that we find in many other film titles, is blood and guts on the floor. On the ground, as the combat progressed, the entrails of the victims of the thrusts fell. Entrails that hindered the advance of the legionaries, because they slipped with these human remains scattered on the ground. Also missing is some reference to the smells that were produced there. The blood in large quantities gives off very peculiar and unpleasant stenches, as well as the viscera or full intestines that were extracted by the pangs of Roman swords. This did not happen frequently with other types of blades, since most of the peoples included in their weapons a small indentation that made the sword lighter and allowed air to enter the wound, to prevent the vacuum from being produced and getting stuck . Furthermore, the wound became more easily infected.
The gladius, unlike the other swords, lacked grooves, so the effect of one of its stabs was very different. Vegecio’s text mentions thrusts of a couple of uncias, or what is the same, about four fingers. Legionnaires were trained not to thrust with the tip of their sword until the enemy’s neck, abdomen, or groin was accessible. In all three cases, a hit was extremely serious. Four metal fingers on the neck signified the rare instant death. Cutting the carotid, piercing or puncturing the spinal column or slitting the trachea and esophagus are very serious and irreversible injuries, especially if we stick to the medical capabilities of the time. If the gladius went to the neck, the victim in question had the relative luck of a quick death.
The Roman legionnaires, once they had thrown their heavy piles, charged forward and became meat grinders, their short stinger-like swords going in and out of the bodies of their enemies spilling their entrails across the battlefield.
The last thing to note is that the gladius, when named, is usually attached to the name hispaniensis. And it is that the Roman legionaries adopted this type of sword when they saw the great use made of a very similar sword by the Iberian warriors who accompanied Hannibal, whom they had to face in the Second Punic War. The sword that inspired the gladius is one of the most beautiful in the history of ancient weapons: the Iberian falcata.
In addition to the carnage generated by the assault of a legion, the Germans had another added problem: the effective protections available to Caesar’s troops. The blows from above were usually stopped with the shield.
It is because of films like this, because of the Asterix comics, and because it is also the one that appears the most in the Trajan column, so this is the armor of the Romans par excellence, whatever archaeologists and historians they wear. In Gladiator it may be a success to show the lorica as general protection in Roman troops, but it is not in most Hollywood productions, nor in all the films in which Julius Caesar appears, since the years that he ruled and captained the armies of Rome, the protection par excellence was the chainmail they had copied from the Gauls.
The lorica segmentata was more comfortable than it appears, it adapted well to the movements of the legionnaire, however, the historical recreation groups that use them have created much more perfect and durable armor than those that the Romans had to make, who for obvious reasons had less time and technical means for its construction.
Although in the shock of the film the Roman formations unravel in a series of individual battles, we already know that this was not the case. The Romans would not have abandoned their line, and only those in the front row would fight.
The role of the legionary cavalry was different from that given by Ridley Scott. These horsemen developed exploration operations, reported on the enemy’s movements. A battle is not possible if the armies do not meet. Rome was in favor of the confrontations in pitched combats of decisive character, it knew itself superior in this type of conflicts and the enemies of her tried to avoid them. A Roman legion needed a scouting unit to locate the enemy: the horsemen and their mounts were suitable.
The Roman cavalry was made up of highly qualified men and they were required to have a superior preparation than legionaries on foot.
Charging on Gladiator is unfeasible for several reasons. For one thing, they carry only spathas, they don’t throw polearms. Nor is it possible to guide a unit of this type through a dense forest like the German one, true continental forests. But there is another much more important reason: Horses do not charge against dense masses of people. They stop short, or avoid them. To solve this problem other means will be found during the Middle Ages, but in ancient times, horses could only roll over parts of the formations where there was low density. To put an end to the inoperative nature of this maneuver, there is a very important element for this type of frontal loads to occur: the stirrup. This tool in horse riding allows you to sit safely in the saddle, as well as superior control over the animal. Anyone who has ever ridden a horse knows that the importance of the stirrup is only comparable to that of the reins. There is a serious problem for the mounted men of our Roman general: the stirrup did not exist.

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