Llamadas De Mamá — Carole Fives / Une Femme Au Téléphone by Carole Fives

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Este largo monólogo en forma de llamadas telefónicas de una madre de sesenta a su hija de cuarenta destaca la soledad de las mujeres que viven solas en nuestras sociedades posmodernas con espantosa precisión.
Carole Fives da voz a las sin voz y lo consigue de manera memorable con esta inolvidable madre reptiliana, a quien conoceremos a través de su parloteo sin filtro, inscribiéndose en el más que necesario nuevo catálogo de madres, junto a las de Irène Némirovsky o Vivian Gornick, entre muchas otras. Porque si los personajes femeninos en general han sido los grandes silenciados de la literatura, los personajes de las madres lo han sido de manera bochornosa.
Parpadeante, exuberante, solo una cara de muchas llamadas telefónicas: la de una madre excéntrica y fumadora que carece de un hombre. El cáncer se pone. El del teléfono -en el otro extremo del que escucha la hija- gime, gime, coquetea y no deja que la vida se deshaga de ella ni la deprima.
Un concepto interesante de que solo aprendemos lo que ha dicho la madre, pero ¿qué se supone que significa eso al final, y cómo se supone que debo llevar a esta mujer voluble, inestable, inquebrantable pero también muy, muy agotadora en mi corazón? Ni idea. Excepto por la perspectiva narrativa inusual.
Los diferentes estados de ánimo entre los que fluctúa la bipolar Charlène son claramente reconocibles, ya sea que la «víctima» sea su hija, el perro de los vecinos o la nieta. A veces son un infierno, a veces son únicos. En las llamadas, Charlène cuenta todo lo que tiene en mente. Esto muy a menudo gira en torno a ella, su cáncer de sangre, su tabaquismo, sus citas en línea o su amiga Colette. Tal vez sea eso: ninguna acción de tirar, no una figura particularmente comprensiva (pero tampoco totalmente antipática).

Soy yo, tu madre, tengo la voz fatal, no he podido ir al médico porque están todos de vacaciones, así que… En fin, espero que tú estés bien. Tu hermano no quería que te lo contase, pero, por lo visto, me pasa algo con los glóbulos rojos, y también con los blancos… Lo tengo todo por los suelos. Vuelvo a hacerme los análisis dentro de un mes, hay que hacer un seguimiento, estoy muerta de miedo y no ando muy allá. Devuélveme la llamada si quieres…

Entonces, ¿cuándo dices que vienes? ¿Pronto cuándo es? Tu hermano me dice lo mismo, pero ya sólo os veo en Navidad… ¿Por qué no pides traslado? Si vivierais más cerca, os invitaría a comer, iría a vuestra casa a limpiar… Si os quedarais sin dinero por alguna desgracia, yo me haría cargo de vosotros. Podría hasta adecentar el sótano, instalar calefacción para el invierno, es grande, podría dejároslo entero. Quita, quita, ya verás cuando tengas mi edad. Ya te acordarás de mí, de todo lo que te decía. Dirás: «Anda, pues mi madre tenía razón y yo me equivocaba, y ahora ella ya no está…». Madre no hay más que una, deberíais aprovechar…

Me gustaría que me llamases todos los días, a la hora que te venga bien, no sé, por ejemplo, cuando me despierto por la mañana, a eso de las siete, las ocho, y por la tarde, cuando me vengo un poco abajo, sobre las cinco o las seis. Así durante el día me diré, anda, que me va a llamar, y cuando cuelgue, pues pensaré en lo que nos hemos contado. No es mucho pedir, sólo quiero escuchar el sonido de tu voz, aunque no me cuentes nada especialmente apasionante. Para ti no supone nada, pero a mí me ayuda; la soledad afectiva me tiene tocada.
¡Gracias por venir a verme! Desde que tengo cáncer nos vemos más que nunca. Me llamáis, echamos un rato, ¡qué alegría, de verdad! ¿Y cómo os habéis quedado tu hermano y tú cuando me habéis visto sin pelo? Es que, a ver, tengo cáncer y la voy a palmar, así que mejor que os vayáis haciendo a la idea.
Ay, no sé qué hacer, tengo mis dudas entre incinerarme o enterrarme. Lo que me da miedo con la tumba es que se quede descuidada, no hay nada más triste que una tumba descuidada. No, que me incineren, ¿qué pinto yo en una tumba ahí sola como una tonta? Bueno, vale, si me encontráis una tumba bien bonita cerca de vuestra casa entonces sí, vale, prefiero entonces que me entierren.

Me voy a urgencias, me he quedado dormida en la cama con el cigarro encendido. Se me ha quemado la peluca, y las sábanas. Me ha despertado la perra ladrando como una loca. Los bomberos están ya en casa, y los vecinos llevan una hora esperando en las escaleras, no te lo pierdas… Para una vez que pasa algo en el barrio, les parece entretenido.
¿Cómo habéis podido dejarme sola en este estado? Tu hermano y tú sois unos auténticos irresponsables. Ya podríais comportaros como adultos en lugar de estar pensando sólo en vosotros. Sois lo más bajo de lo más bajo, unos negados, unos ceros a la izquierda.
Pues claro que me vuelvo al hospital, la ambulancia está al llegar. ¿Qué esperabas?.

Estoy en Túnez. No te cuento mucho porque creo que eres tú la que paga la llamada.
¡No hay olas, es una balsa de aceite!
La llegada fue muy pintoresca. Eché hasta los higadillos en el barco.
Un servicio de primera, verduras buenas, frescas siempre: una especie de Club Med con mucha más clase.
Las actividades, formidables, cabarets mejores que en París.

¡La Navidad es el tronco de chocolate! ¡Lleva tres días esperando en la nevera! Fresco no está igual de rico, el tronco bueno es el que se come reseco. ¿A tu amigo le gusta el tronco de Navidad? Ah, pero no se va a escapar, el tronco es el tronco. A mí ya no me gustan los de pastelería, están vomitivos. Sólo me gusta el mío. Puedes dejarlo hasta cinco o seis días en la nevera, que aguanta fresco. También os he preparado pavo. Lo he hecho a la piña, cocido en el zumo, sin grasas.
Te voy a dar cincuenta euros por Navidad, ¿te das cuenta de lo que suponen para mí cincuenta euros? ¡Con la pensión de risa que tengo! ¿Te das cuenta o no? Estarás contenta, por lo menos…

Estoy yendo a un analista nuevo en el centro, es mejor. Me ha quitado todos los medicamentos para la bipolaridad. Me ha dicho: «¡Pero si usted no tiene nada de bipolar, usted sólo está angustiada!». ¿Tú te das cuenta de que llevo tomando Depamide desde 1990 para nada? Estos psiquiatras son lo peor, ¡es que te drogan y a correr, vamos, hay que ser imbécil! Y encima los fármacos esos engordan que es un horror.
Estoy haciendo punto para el pequeño. Le estoy haciendo una bufanda con un viejo ovillo de lana que tenía por ahí, lo quería usar pero es demasiado gordo para mí, y el color es feíllo… Pero bueno, lo importante es que esté hecho a mano. ¿Cuántos centímetros puede medir una bufanda para bebé? ¿Un metro? ¿Seguro? Pero un metro es enorme para un bebé, ¿no? La he hecho de lana caqui, no es muy bonita, pero mira, estará bien calentito.

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This lengthy monologue in the form of phone calls from a mother in her sixties to her daughter in her forties highlights the loneliness of women living alone in our postmodern societies with shocking precision.
Carole Fives gives voice to the voiceless and achieves it in a memorable way with this unforgettable reptilian mother, whom we will meet through her unfiltered chatter, enrolling in the more than necessary new catalog of mothers, along with those of Irène Némirovsky or Vivian Gornick, among many others. Because if female characters in general have been the great silenced in literature, the characters of mothers have been in an embarrassing way.
Blinking, exuberant, just one face from many phone calls: that of an eccentric, smoking mother who lacks a man. Cancer sets. The one on the phone – at the other end of the one that her daughter listens to – moans, groans, flirts and does not let life get rid of her or depress her.
An interesting concept that we only learn what the mother has said, but what is that supposed to mean in the end, and how am I supposed to carry this fickle, unstable, unshakable but also very, very exhausting woman in my heart? No idea. Except for the unusual narrative perspective.
The different moods between which bipolar Charlène fluctuates are clearly recognizable, whether the «victim» is her daughter, the neighbors’ dog, or her granddaughter. Sometimes they are hell, sometimes they are unique. In her calls, Charlène tells everything she has in mind. This very often revolves around her, her blood cancer, her smoking, her online dating of hers or hers friend of hers Colette hers. Maybe that’s it: no pulling action, not a particularly sympathetic (but not totally unsympathetic) figure.

It’s me, your mother, I have a fatal voice, I haven’t been able to go to the doctor because they’re all on vacation, so… Anyway, I hope you’re okay. Your brother didn’t want me to tell you, but, apparently, something’s wrong with my red blood cells, and also with the white ones… I’ve got everything on the floor. I will do the tests again in a month, we have to do a follow-up, I am scared to death and I am not very there. Call me back if you want …

So when do you say you are coming? Soon when is it? Your brother tells me the same thing, but I only see you at Christmas … Why don’t you ask for a transfer? If you lived closer, I would invite you to eat, I would go to your house to clean … If you ran out of money due to some misfortune, I would take care of you. I could even clean up the basement, install heating for the winter, it’s big, I could leave it whole. Take off, take off, you’ll see when you’re my age. You will remember me, everything he said to you. You will say: «Come on, my mother was right and I was wrong, and now she is gone …». Mother there is only one, you should take advantage …

I would like you to call me every day, at the time that suits you, I do not know, for example, when I wake up in the morning, around seven, eight, and in the afternoon, when I fall a little down About five or six. So during the day I will tell myself, come on, that he is going to call me, and when I hang up, I will think about what we have told each other. It’s not too much to ask, I just want to hear the sound of your voice, even if you don’t tell me anything particularly exciting. It means nothing to you, but it helps me; affective loneliness has touched me.
Thanks for coming to see me! Since I have cancer we see each other more than ever. You call me, we take a while, what a joy, really! And how did you and your brother look when you saw me without hair? The thing is, let’s see, I have cancer and I’m going to palmar it, so you better get used to the idea.
Oh, I don’t know what to do, I have my doubts between cremating myself or burying myself. What scares me with the grave is that it will be neglected, there is nothing sadder than a neglected grave. No, let them incinerate me, what am I painting in a grave there alone like a fool? Well, okay, if you find me a very nice grave near your house then yes, okay, I’d rather be buried then.

I’m going to the emergency room, I fell asleep in bed with my cigarette lit. My wig has burned, and my sheets. The bitch woke me up barking like crazy. The firefighters are already at home, and the neighbors have been waiting on the stairs for an hour, don’t miss it… Once something happens in the neighborhood, they find it entertaining.
How could you have left me alone in this state? You and your brother are truly irresponsible. You could already behave like adults instead of thinking only of you. You are the lowest of the lowest, some denied, some zeros to the left.
Of course I’m going back to the hospital, the ambulance is arriving. What did you expect?.

I am in Tunisia. I don’t tell you much because I think you’re the one paying for the call.
There are no waves, it is an oil raft!
The arrival was very scenic. I even threw the livers on the boat.
A first class service, good vegetables, always fresh: a kind of Club Med with much more class.
The activities, formidable, cabarets better than in Paris.

Christmas is the chocolate log! It’s been waiting in the fridge for three days! Fresh is not as rich, the good trunk is the one that is eaten dry. Does your friend like the Christmas log? Ah, but he is not going to escape, the log is the log. I no longer like pastry ones, they are vomiting. I just like mine. You can leave it up to five or six days in the fridge, which stays fresh. I have also prepared turkey for you. I have made it with pineapple, cooked in juice, without fat.
I’m going to give you fifty euros for Christmas, do you realize what fifty euros means to me? With the pension of laughter that I have! Do you realize it or not? You will be happy, at least …

I’m going to a new analyst downtown, it’s better. He has taken all my bipolar medication off of me. He has told me: «But if you don’t have anything bipolar, you are only distressed!» Do you realize that I have been taking Depamide since 1990 for nothing? These psychiatrists are the worst, they drug you and run, come on, you have to be an idiot! And on top of that those drugs make you fat, which is a horror.
I’m knitting for the little one. I’m making him a scarf with an old ball of wool that I had lying around, I wanted to use it but it’s too fat for me, and the color is ugly… But hey, the important thing is that it is made by hand. How many centimeters can a baby scarf measure? One meter? Sure? But one meter is huge for a baby, right? I have made it out of khaki wool, it is not very pretty, but look, it will be very warm.

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