El Enigma De Las Pirámides — José Álvarez López / The Enigma Of The Pyramids by José Álvarez López (spanish book edition)

Queda atrás la preocupación por el modo como pudieron movilizarse millones de bloques de varias toneladas de peso y desde distancias de miles de kilómetros; otros problemas más agudos polarizan nuestra inquietud al establecer que nuestra civilización —que consideramos «altamente tecnológica»— no ha logrado todavía una ciencia, ni tampoco una técnica, de nivel comparable al de la supercivilización que planeó y edificó la Gran Pirámide de Gizeh.
Este es el gran enigma de las pirámides. Las preguntas se suceden, a partir de aquí, indefinidamente: ¿Esa supercivilización estuvo en la Tierra? Los constructores de la Gran Pirámide ¿vinieron desde otro planeta? ¿Con qué finalidad realizaron tan tremendo esfuerzo? ¿Cuál es el mensaje que ellas encierran para nosotros?.

Una investigación muy excepcional de las pirámides alrededor del mundo, contiene con detalles específicos cada pirámide construida sobre civilizaciones ancestrales e hizo algunas comparativas entre ellas. Releído con buenos momentos.

Al pasar a ocuparnos de las pirámides egipcias no será necesario decir que tenían la misma disposición standardizada de las pirámides de América y de Indochina. Las pirámides egipcias estaban rodeadas del clásico muro cuadrangular y acompañadas de pirámides auxiliares cuya función no ha sido aclarada ya que —según Fakhry— en ningún caso han servido de tumbas. Dentro del recinto rectangular se ubicaban varios templos destinados a diversas ceremonias y, al igual que algunas pirámides mexicanas, poseían casi siempre galerías subterráneas con cámaras en las que eran enterrados los faraones que las construían. Un camino, algunas veces cubierto —Camino Real— unía la pirámide con el «Templo del Valle» que era el punto de acceso de los cortejos ceremoniales. Era un imponente camino que en el caso de la gran Pirámide fue —según Heródoto— una obra tan importante como la propia pirámide. Junto a la pirámide se cavaban en la roca agujeros en forma de barcas destinados a encerrar las «barcas solares» generalmente en números pares. El «Templo del Valle» era el desembarcadero a donde llegaban, obligadamente en botes, los participantes del cortejo fúnebre; en otros casos, un canal llegaba hasta la propia pirámide (Meidum). La asociación del agua con las pirámides es constante en Egipto a pesar de las circunstancias topográficas desfavorables. Los ceremoniales incluían un obligatorio viaje por agua para llegar a las pirámides y Heródoto habla, incluso, de lagos asociados a la Gran Pirámide que los arqueólogos no han podido descubrir.
Se ha negado también la posible relación entre las pirámides egipcias y los ziggurats babilónicos aduciendo que aquellas se orientaban según los puntos cardinales de acuerdo a los lados y éstos en relación a sus diagonales. Pero la pirámide egipcia de El Kola se orienta según las diagonales colocadas en la dirección cardinal.

Las pirámides egipcias estaban aparentemente destinadas a servir de tumbas y además eran el centro de un complicado y fastuoso ceremonial religioso. El complejo de templos, monumentos y pirámides auxiliares vinculados a ellas así lo atestigua.
Las investigaciones arqueológicas han probado sin embargo que en numerosos casos las pirámides egipcias no sirvieron, ni estuvieron destinadas a servir de tumbas. Un cúmulo de circunstancias aparecidas en recientes años sugieren para muchas pirámides una función diferente de la específica de servir de tumba a la momia de un soberano.
La más completa representación de las distintas etapas de la festividad está en el complejo de Zoser en Sakkara en donde encontramos numerosos edificios que constituyen lo que se llama el «patio del Heb–Sed». La enorme importancia de esta festividad, que se prolongaba a lo largo de mucho tiempo, hace que pueda decirse que todos los edificios del complejo estaban vinculados directa o indirectamente a la misma. En algunos complejos piramidales posteriores —particularmente el de Sahure (V Dinastía)— solamente encontramos representaciones en relieve del Heb–Sed, destacándose una de las etapas de este ritual —el viaje en botes— que constituyó una obligatoriedad de toda festividad piramidal.
De la importancia atribuida a esta festividad en tiempos de Zoser son testigos los imponentes y bellos edificios de su complejo cuya majestad y sobria elegancia los hace partícipes de un nivel artístico solamente desplegado en fecha muy posterior por los arquitectos de la Acrópolis ateniense.

Los métodos arqueológicos empleados én la investigación de la tecnología egipcia nos vamos a referir al taladro de piedra egipcio a que ya hiciéramos alusión anteriormente. El modo de funcionamiento de este aparato ha sido estudiado por Petrie, con la colaboración de diversos técnicos y la conclusión ha sido que con los materiales que conoce la moderna tecnología no es posible construir una herramienta semejante. En efecto, los mejores taladros modernos, operando sobre cuarcita o diorita, logran una penetración máxima de 0,04 milímetro por vuelta, mientras que los taladros egipcios, como lo prueban las hélices dejadas en piedras excavadas y tarugos, penetraban cien veces más. No es posible para los tecnólogos modernos el construir, ni imaginar siquiera, un aparato semejante. Nuestro acero y diamante son insuficientes. ¿De qué estaba constituido el taladro egipcio? Uno de los tecnólogos consultados por Petrie afirmó que si un moderno ingeniero fuera capaz de construir un taladro semejante podría considerarlo como un triunfo; y Petrie subraya el aspecto deleznable de los tarugos producidos por los taladros modernos al ser comparados con los de la herramienta egipcia. Para complicar el problema, ocurre que dicho taladro ya era usado en la Primera Dinastía egipcia.
Una herramienta semejante no cae del cielo sino que requiere un trasfondo cultural y tecnológico de base muy amplia. Lo mismo vale para todos los aspectos de esta avanzada tecnología que vamos a analizar en detalle. Por tanto estamos obligados a dar a dicha tecnología un nivel mayor que el que se ha aceptado hasta ahora y considerar ridícula la imagen tradicional del egipcio arrastrando pesadas moles con sus manos —tan ridícula como es imaginarlo orientando sus pirámides a ojo desnudo o perforando la diorita con cinceles de cobre, como todavía pretenden algunos estudiosos de la egiptología.

En una cámara de la pirámide de Kefrén se decidió, una vez construida, introducir una piedra de dos toneladas para obstruir con ella, desde dentro, la entrada a dicha cámara. Se perforó para ello una abertura por la cual se introdujo la piedra que fue luego colocada en su sitio. Dada la posición de la piedra, la misma debió ser levantada en la estrecha cámara y como quiera que tal operación requiere de cuarenta a sesenta hombres, no habiendo en la cámara espacio disponible para más de diez, Petrie concluye afirmando que los egipcios poseyeron máquinas y, además, añade, «muy eficientes».
No se habla aquí sobre la naturaleza de tales máquinas pero la prueba tecnológica en este caso es decisiva: Los egipcios poseyeron máquinas —todo ello en contra de lo aceptado hasta ahora debido a la ausencia de pruebas arqueológicas.
El transporte de las piedras en Egipto y los rockers dejarían de ser dos misterios arqueológicos. Y dentro del espíritu de las cosas egipcias lo que cabría preguntar no es por qué no aparecen representaciones de los rockers en este plan de utilización sino cómo es que los propios rockers aparecen representados aunque sea por mitades. Un mecanismo destinado al transporte de piedras según este procedimiento podría lograrse colocando primeramente la piedra sobre uno de ellos y luego ajustando encima el otro. Si realmente los egipcios utilizaron así los rockers es una cuestión que demanda ulterior investigación, pero el procedimiento es viable técnicamente y más factible que el arrastre de los pesados bloques con las manos, como se ha aceptado hasta ahora.

El hierro en Egipto era empleado en relación con la ceremonia de apertura de la boca y que debía ser hierro meteórico pues la palabra designativa (bss) estaba asociada al cielo —en cierto modo un sinónimo antiguo de la moderna palabra «siderurgia». Ello señalaría el carácter sagrado de este material que impediría su utilización en usos profanos. Tal vez ello explicaría que a pesar de que por las huellas mencionadas se descubre un amplio uso del hierro en el Antiguo Egipto sólo por extremo accidente puede ser hallado.
La conclusión obvia es que los antiguos egipcios usaron ampliamente el hierro y que al igual que otros muchos dispositivos tecnológicos su empleo fue mantenido celosamente en secreto dando ello origen a un serio problema arqueológico de la tecnología egipcia al confundirse la ausencia de pruebas arqueológicas con la inexistencia de una tecnología.

Importante en relación al funcionamiento de los tornos egipcios es la regularidad del avance de la espira, ya observada por Lange, y que pude constatar personalmente. Mi impresión es que el avance de la herramienta era sincronizado mecánicamente como en los tornos modernos. Pero ésta es una cuestión que deberá ser dilucidada con el auxilio de una técnica microfotogramétrica.
Otra máquina–herramienta importante del Antiguo Imperio lo fue el serrucho para piedra. El serrucho egipcio no trabajaba al modo de las modernas cortadoras de cinta de acero con polvo de esmeril llevado por agua con las cuales se cortan los bloques de granito o caliza en las canteras modernas. Se poseen ejemplares de serruchos egipcios de bronce con dientes de esmeril que señalan una técnica de trabajo de la piedra en sentido divergente en el antiguo Egipto.
Los serruchos egipcios hemos visto que no es posible aceptar, técnicamente hablando, que un serrucho de bronce y esmeril pueda producir las estrías dejadas por algunos serruchos egipcios. Pero el argumento no es aquí muy concreto toda vez que las huellas dejadas por un serrucho son bastante imprecisas y no permiten una discusión basada en hechos irrefutables. Por ello prefiero proseguir la discusión de este mismo problema en relación a otra máquina–herramienta egipcia, a la cual me he referido anteriormente, y que debe ser considerada la herramienta más conspicua poseída por la antigua tecnología: el taladro para piedra.
El taladro para piedra egipcio funcionaba como el moderno artefacto destinado a la perforación de las piedras y a la obtención de «probetas» para ensayos de cemento, bien conocido por los técnicos. Consiste en un tubo de metal que lleva en una extremidad de 1 a 4 puntas de un material cortante de extrema dureza que al girar va penetrando en el bloque de piedra dejando un tarugo, o cuña, en el interior del cilindro. Se retira el cilindro y con un golpe se corta el tarugo. Luego prosigue la operación.
La tecnología egipcia, evidentemente, se orientó hacia herramientas de baja velocidad y en este sentido, cualquiera sea la hipótesis explicativa que ensayemos, lograron resultados admirables, pues al grado de penetración de sus serruchos y taladros —que hemos visto— hay que agregar el enorme tamaño de algunos taladros egipcios.

¿Se podrá pensar que los ópticos científicos desconocían lo que conocía el pueblo referente a óptica? Un argumento de Arago —con relación a los miniaturistas clásicos— nos hace pensar en el mismo sentido, aunque este argumento ha sido refutado con la observación de que algunos miopes miniaturistas trabajan sin lupa. El problema histórico no consiste, pues, en establecer —como se ha hecho hasta ahora— si los ópticos antiguos conocieron o no las propiedades ópticas triviales sino por qué no las mencionaron en sus escritos.
La perfecta descripción sucesiva de los colores del espectro es condición necesaria y suficiente para atribuir a Newton su descubrimiento en 1666, en tal caso debemos pensar que el verdadero descubridor le es anterior por lo menos en quince siglos, pues en el capítulo XXI del Apocalipsis aparece en el versículo 20 una lista de piedras preciosas enumeradas en el siguiente orden: 1) Sardónice; 2) Sardio; 3) Crisólito; 4) Berilo; 5) Topacio; 6) Crisopraso; 7) Jacinto; 8) Amatista. Si consultamos una enciclopedia determinaremos que los colores de estas piedras son: 1) Rojo; 2) Rojo; 3) Naranja; 4) Amarillo; 5) Amarillo; 6) Verde; 7) Azul; 8) Violeta.
El conocimiento del orden de los colores del espectro solar se remonta por tanto a los comienzos de la Era Cristiana.

La altura de 3,60 metros egipcios nos da el valor trivial de la división sexagesimal de la circunferencia. La misma puede servirnos como «número redondo» para el análisis alícuoto. Mostraría, además, el empleo de las medidas sexagesimales para la división de la circunferencia por parte de los egipcios —lo cual no era de esperar dado el carácter totalmente decimal de la metrología piramidal de la IV Dinastía observado por Petrie. Ello confirmaría los análisis que hicimos en «Goniometría» de los cuales concluíamos la posibilidad del uso por los egipcios de las dos divisiones de lá circunferencia (la decimal y la sexagesimal).
En referencia a la metrología piramidal, el punto clave de toda la cuestión lo constituyen los Teoremas Métricos. La idea general de estos teoremas es extremadamente simple pero, no obstante, resulta a veces difícil de percibir debido a nuestro entrenamiento en otros hábitos mentales. Estos teoremas —totalmente desconocidos para los matemáticos modernos— fueron la base de la metrología piramidal que al no trascender a la matemática griega aparecen como «el secreto mejor guardado del mundo».

Existen tres —maneras de interpretar la «verdadera» distancia al Sol. Una de ellas corresponde a la menor distancia al Sol (perihelio); otra a la mayor distancia al Sol (afelio); la tercera es el promedio o sea el radio mayor de la elipse, llamado también la Unidad Astronómica. Ya habíamos visto que dada la equivalencia de las tres definiciones desde el punto de vista astronómico, razones constructivas hacían aconsejable indicar el valor de perihelio en la altura de la pirámide.
Las mediciones astronómicas más recientes corresponden a la aproximación de Eros.
Pero aparte del objetivo puramente científico de indicar la distancia al Sol con la máxima exactitud, también estuvo presente en la magna tarea una intención artística. Podemos convencernos sin más que imaginar la esplendorosa belleza de aquella gema, tallada en octaedro por un Titán, que fulguraba cual oro bruñido bajo los rayos del Sol.

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Concern about the way in which millions of blocks weighing several tons and from distances of thousands of kilometers could be mobilized remains behind; other more acute problems polarize our concern by establishing that our civilization – which we consider «highly technological» – has not yet achieved a science, nor a technique, of a level comparable to that of the supercivilization that planned and built the Great Pyramid of Gizeh.
This is the great enigma of the pyramids. The questions continue, from here, indefinitely: Was that supercivilization on Earth? Did the builders of the Great Pyramid come from another planet? To what end did they make such a tremendous effort? What is the message that they hold for us?.

A very exceptional investigation of pyramids around the world, it contains with specific details each pyramid constructed on ancestors civilizations and it made some comparatives between them.
Reread book a few times and good moments!.

In turning to the Egyptian pyramids, it goes without saying that they had the same standard arrangement as the pyramids of America and Indochina. The Egyptian pyramids were surrounded by the classic quadrangular wall and accompanied by auxiliary pyramids whose function has not been clarified since – according to Fakhry – they have never served as tombs. Within the rectangular enclosure several temples were located for various ceremonies and, like some Mexican pyramids, they almost always had underground galleries with chambers in which the pharaohs who built them were buried. A road, sometimes covered —Camino Real— linked the pyramid with the «Temple of the Valley» which was the access point for the ceremonial processions. It was an imposing path that in the case of the Great Pyramid was – according to Herodotus – a work as important as the pyramid itself. Next to the pyramid holes in the shape of boats were dug in the rock destined to enclose the «solar boats» generally in even numbers. The «Temple of the Valley» was the landing stage where the participants of the funeral procession arrived, necessarily in boats; in other cases, a channel reached the pyramid itself (Meidum). The association of water with the pyramids is constant in Egypt despite unfavorable topographical circumstances. The ceremonials included a mandatory journey by water to reach the pyramids and Herodotus even speaks of lakes associated with the Great Pyramid that archaeologists have not been able to discover.
The possible relationship between the Egyptian pyramids and the Babylonian ziggurats has also been denied, arguing that they were oriented according to the cardinal points according to the sides and these in relation to their diagonals. But the Egyptian pyramid of El Kola is oriented according to the diagonals placed in the cardinal direction.

The Egyptian pyramids were apparently intended to serve as tombs and were also the center of an elaborate and lavish religious ceremony. The complex of temples, monuments and auxiliary pyramids linked to them testifies to this.
However, archaeological investigations have proven that in many cases the Egyptian pyramids did not serve, nor were they intended to serve as tombs. A host of circumstances that have appeared in recent years suggest a different function for many pyramids than that of serving as a tomb for the mummy of a sovereign.
The most complete representation of the different stages of the festival is in the complex of Zoser in Sakkara where we find numerous buildings that constitute what is called the «courtyard of the Heb-Sed». The enormous importance of this festival, which lasted for a long time, makes it possible to say that all the buildings in the complex were directly or indirectly linked to it. In some later pyramidal complexes – particularly that of Sahure (V Dynasty) – we only find relief representations of the Heb-Sed, highlighting one of the stages of this ritual – the boat trip – which was an obligatory part of every pyramid festival.
Of the importance attributed to this festival in the time of Zoser, the imposing and beautiful buildings of its complex are witnesses whose majesty and sober elegance make them part of an artistic level only displayed at a much later date by the architects of the Athenian Acropolis.

The archaeological methods used in the investigation of Egyptian technology we are going to refer to the Egyptian stone drill to which we alluded previously. The mode of operation of this device has been studied by Petrie, with the collaboration of various technicians and the conclusion has been that with the materials that modern technology knows, it is not possible to build such a tool. Indeed, the best modern drills, operating on quartzite or diorite, achieve a maximum penetration of 0.04 millimeter per turn, while the Egyptian drills, as evidenced by the propellers left in excavated stones and dowels, penetrated a hundred times more. It is not possible for modern technologists to build, or even imagine, such an apparatus. Our steel and diamond are insufficient. What was the Egyptian drill made of? One of the technologists Petrie consulted stated that if a modern engineer were able to build such a drill he could consider it a triumph; and Petrie underlines the despicable appearance of the dowels produced by modern drills when compared to those of the Egyptian tool. To complicate the problem, it happens that said drill was already used in the First Egyptian Dynasty.
Such a tool does not fall from the sky but requires a very broad-based cultural and technological background. The same is true for all aspects of this advanced technology that we are going to analyze in detail. Therefore we are obliged to give this technology a higher level than that which has been accepted up to now and to consider the traditional image of the Egyptian dragging heavy moles with his hands ridiculous – as ridiculous as it is to imagine him orienting his pyramids with the naked eye or piercing the diorite with copper chisels, as some Egyptologists still claim.

Once built, it was decided to introduce a two-ton stone in a chamber of the pyramid of Khafre to obstruct the entrance to said chamber with it. For this, an opening was drilled through which the stone was introduced, which was then placed in its place. Given the position of the stone, it must have been raised in the narrow chamber and since such an operation requires forty to sixty men, with no space available in the chamber for more than ten, Petrie concludes by stating that the Egyptians possessed machines and Furthermore, he adds, «very efficient».
The nature of such machines is not discussed here, but the technological proof in this case is decisive: The Egyptians possessed machines — all contrary to what has been accepted until now due to the absence of archaeological evidence.
The transport of the stones in Egypt and the rockers would cease to be two archaeological mysteries. And within the spirit of Egyptian things, what one might ask is not why there are no representations of the rockers in this plan of use but how it is that the rockers themselves appear represented even in halves. A mechanism for the transport of stones according to this procedure could be achieved by first placing the stone on one of them and then fitting the other on top. Whether the Egyptians actually used rockers in this way is a question that requires further investigation, but the procedure is technically feasible and more feasible than dragging the heavy blocks with the hands, as has been accepted up to now.

Iron in Egypt was used in connection with the opening of the mouth ceremony and it must have been meteoric iron since the designative word (bss) was associated with the sky – in a way an ancient synonym for the modern word «iron and steel». This would indicate the sacred nature of this material that would prevent its use in profane uses. Perhaps this would explain that despite the fact that by the aforementioned traces a wide use of iron is discovered in Ancient Egypt, only by extreme accident can it be found.
The obvious conclusion is that the ancient Egyptians used iron extensively and that, like many other technological devices, its use was jealously kept secret, giving rise to a serious archaeological problem of Egyptian technology, since the absence of archaeological evidence was confused with the nonexistence. of a technology.

Important in relation to the operation of the Egyptian winches is the regularity of the advance of the loop, already observed by Lange, and that I was able to verify personally. My impression is that the advance of the tool was mechanically synchronized as in modern lathes. But this is a question that must be elucidated with the aid of a photomicrogrammetric technique.
Another important machine tool of the Old Empire was the stone saw. The Egyptian saw did not work in the manner of modern water-borne emery powder steel belt cutters with which granite or limestone blocks are cut in modern quarries. There are examples of Egyptian bronze saws with emery teeth that indicate a technique of working the stone in a divergent sense in ancient Egypt.
We Egyptian saws have seen that it is not possible to accept, technically speaking, that a bronze and emery saw can produce the grooves left by some Egyptian saws. But the argument is not very concrete here since the traces left by a handsaw are quite imprecise and do not allow a discussion based on irrefutable facts. That is why I prefer to continue the discussion of this same problem in relation to another Egyptian machine tool, to which I have referred previously, and which must be considered the most conspicuous tool possessed by ancient technology: the stone drill.
The Egyptian stone drill functioned as the modern device for drilling stones and obtaining «specimens» for cement testing, well known to technicians. It consists of a metal tube that has 1 to 4 points of extremely hard cutting material at one end that penetrates the stone block when rotating, leaving a dowel, or wedge, inside the cylinder. The cylinder is removed and the dowel is cut with a blow. Then the operation continues.
Egyptian technology, evidently, was oriented towards low speed tools and in this sense, whatever the explanatory hypothesis we test, they achieved admirable results, because to the degree of penetration of their saws and drills – which we have seen – we must add the enormous size of some Egyptian drills.

Could it be thought that scientific opticians were unaware of what the people knew about optics? An argument by Arago – in relation to the classical miniaturists – makes us think in the same sense, although this argument has been refuted with the observation that some myopic miniaturists work without a magnifying glass. The historical problem, then, is not to establish – as has been done up to now – whether or not the ancient opticians were aware of trivial optical properties, but rather why they did not mention them in their writings.
The perfect successive description of the colors of the spectrum is a necessary and sufficient condition to attribute to Newton his discovery in 1666, in which case we must think that the true discoverer is prior to him by at least fifteen centuries, since in chapter XXI of the Apocalypse it appears in verse 20 a list of precious stones numbered in the following order: 1) Sardonyx; 2) Carnelian; 3) Chrysolite; 4) Beryl; 5) Topaz; 6) Chrysoprase; 7) Hyacinth; 8) Amethyst. If we consult an encyclopedia we will determine that the colors of these stones are: 1) Red; 2) Red; 3) Orange; 4) Yellow; 5) Yellow; 6) Green; 7) Blue; 8) Violet.
The knowledge of the order of the colors of the solar spectrum therefore goes back to the beginning of the Christian Era.

The height of 3.60 Egyptian meters gives us the trivial value of the sexagesimal division of the circumference. It can serve as a «round number» for aliquot analysis. It would further show the Egyptians’ use of sexagesimal measurements for circumference division — which was not to be expected given the fully decimal character of Dynasty IV pyramidal metrology observed by Petrie. This would confirm the analyzes that we made in «Goniometry» from which we concluded the possibility of the use by the Egyptians of the two divisions of the circumference (the decimal and the sexagesimal).
In reference to pyramidal metrology, the key point of the whole question is the Metric Theorems. The general idea of these theorems is extremely simple, but nevertheless it is sometimes difficult to perceive due to our training in other mental habits. These theorems – totally unknown to modern mathematicians – were the basis of pyramidal metrology, which, as it does not transcend Greek mathematics, appear as «the best kept secret in the world».

There are three ways to interpret the «true» distance to the Sun. One of them corresponds to the smallest distance to the Sun (perihelion); another at the greatest distance from the Sun (aphelion); the third is the average or the largest radius of the ellipse, also called the Astronomical Unit. We had already seen that given the equivalence of the three definitions from the astronomical point of view, constructive reasons made it advisable to indicate the perihelion value at the height of the pyramid.
The most recent astronomical measurements correspond to the approximation of Eros.
But apart from the purely scientific objective of indicating the distance to the Sun with the maximum accuracy, an artistic intention was also present in the great task. We can convince ourselves without more than imagining the splendid beauty of that gem, carved into an octahedron by a Titan, which gleamed like burnished gold under the rays of the Sun.

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