La Carrera Hacia Ningún Lugar — Giovanni Sartori / La Corsa Verso il Nulla by Giovanni Sartori

El hombre no es un mineral, ni siquiera un vegetal. Se ha dicho que es un «bípedo implume». No sé a quién se le ocurrió la idea, pero no importa. En el transcurso de la historia, de tarde en tarde esta idea reaparece, aunque no es frecuente, y a mí me gusta porque nos recuerda que el hombre es un animal raro. Casi todos los animales son cuadrúpedos y casi todos están protegidos por una piel peluda. Por citar un caso, los avestruces son bípedos, pero están cubiertos de plumas (no son implumes). Y la historia de los bípedos implumes se pierde en la noche de los tiempos.

Interesante mirada a nuestra sociedad. Son breves escritos que van desde el sistema electoral perfecto hasta las visiones opuestas de la teocracia islámica y la democracia occidental. Sartori logra explicar conceptos muy complejos con sencillez y brevedad. Su visión es fundamental para entender el mundo en el que vivimos (o al menos tratar de hacerlo) y reflexionar sobre a dónde vamos.
Reflexiones sobre diez temas de actualidad como terrorismo, religión, choques culturales e inmigración entre otros son abordados de manera superflua, sin conclusiones claras, con falta de argumentaciones y datos concretos que justifiquen la posición tomada. Realmente decepciona…, pero tiene la ventaja de ser un libro corto, por lo que uno opta por terminarlo de todos modos. El autor hace mención que es un libro de algún modo hecho para demostrar que existe la lectura de temas de trascendencia en vacaciones, la realidad es que este libro dista de ser trascendente

Ideología es una palabra nueva, que no tiene más de dos siglos. Revolución es una palabra más antigua, pero hasta la Revolución Gloriosa inglesa de 1688-1689 solo se usaba en el sentido astronómico de movimiento constante y recurrente, de movimiento circular (la revolución de los planetas en torno al Sol). Y, en realidad, ni siquiera la Revolución Gloriosa fue una «revolución» en el sentido actual del término. Empezó como una invasión, incitada por Guillermo de Orange y sin oposición, y fue casi exclusivamente una «revolución constitucional» que formalizó, en la Cámara de los Comunes, el final del absolutismo y marcó el inicio de la monarquía parlamentaria.
En todo caso, la que fue una verdadera revolución (desde nuestra perspectiva) fue la primera, la de Oliver Cromwell y sus puritanos «santos en armas» en los años 1644 -1660.
La «cultura de la revolución», en cambio, se refiere a la exaltación de la revolución. Hasta mediados del siglo XX la idea de que la violencia fuese «buena» era una idea, si es que lo era, de pequeñas sectas de conspiradores. La idea general (de los revolucionarios) era que la revolución era necesaria y que la violencia era, por desgracia, un efecto secundario inevitable. Pero en aquellos años, en Occidente, empezaba a haber generaciones de jóvenes que nunca habían pasado hambre, ni una guerra, y menos revoluciones, es decir, ninguna experiencia auténtica, en carne propia, de violencia y muerte. Eran también, y quizás justo por eso, generaciones idealistas, fácilmente convertibles al perfeccionismo democrático.

La premisa de un sistema electoral perfecto (casi perfecto) es que deben estar prohibidas las coaliciones. Cada partido se debe presentar solo, proponiendo un solo candidato. De esta forma, cada partido tiene interés en presentar a su mejor candidato o, en todo caso, al candidato considerado electoralmente más fuerte, y los partidos minúsculos desaparecen solos (obviamente para las elecciones nacionales presidenciales). En el balotaje los designados serán cuatro o poco más. Y en la segunda vuelta, los candidatos menores pueden elegir entre retirarse —en tal caso obtendrán un derecho de tribuna— o seguir en liza, pero en tal caso perderán el derecho de tribuna.

Mientras que la guerra de la que estamos hablando es una guerra totalmente inédita, sin pasado. Hay que calificarla como 1) terrorista, 2) global, 3) tecnológica, y 4) religiosa.
1. Guerra terrorista. Hay que calificarla así porque no la gestionan ejércitos que se enfrenten y porque su intención es «aterrorizar» al enemigo, matando indiscriminadamente y también (para aumentar el efecto de terror) de forma aleatoria.
2. Guerra global. Hay que llamarla así porque las guerras terroristas «internas» no son un caso nuevo. Pero ¿cuándo se convierte en guerra un terrorismo interno, local? La diferencia es de escala. El terrorismo de Irlanda del Norte, lo mismo que el de los vascos en España, no han tenido una «magnitud de guerra».
3. Guerra tecnológica. Es así tanto porque sus armas no son las de la guerra convencional (fusiles, cañones y bombarderos), sino armas impropias (desde las bombas humanas hasta las armas bacteriológicas que contaminan el aire o el agua), como porque se aprovecha de la altísima vulnerabilidad de la sociedad tecnológica. Esta es la novedad más novedosa, más relevante y más alarmante de todas.
4. Guerra religiosa. Especificarlo así es esencial porque, de lo contrario, no se entiende la gravedad y el alcance de la guerra cuya fecha inicial es el 11 de septiembre de 2001. Decir «guerra religiosa» no significa, obviamente, que el islam sea mayoritariamente fundamentalista, ni mucho menos que el fundamentalismo sea intrínsecamente terrorista.

La nueva misión de Occidente es —como se ha repetido a ultranza— «democratizar el islam». Esta consigna es en parte un pretexto retórico y en parte una intención genuina. Y en tal caso comporta que Occidente deje de apoyar al grueso de los denominados «Estados moderados» islámicos e imponga elecciones libres, que en su mayor parte servirían para instaurar Estados fundamentalistas. Lo cual no introduciría ninguna democracia, sino que convertiría en «inmoderados» a los Estados que no lo eran. Sería verdaderamente un resultado estupendo. Que además es el resultado más probable, porque desde el punto de vista del islam esta democratización aparece como un designio invasivo, inaceptablemente invasivo, que devastaría la tradición coránica de arriba abajo.
Pakistán es el Estado islámico más grande y populoso (después de Indonesia) y pasa por ser un Estado «moderado» porque su Ejército depende de la financiación de Estados Unidos. Como Egipto, también Pakistán contemporiza en un equilibrio precario. Ha tenido que ceder en la sharía, que reintrodujo en 1964 en el propio ordenamiento, y además cada vez está más amenazado por la explosión de sus madrasas, las escuelas islámicas que alimentan el fundamentalismo incluidas sus franjas terroristas.
De ese rápido examen se deduce, pues, que los llamados «Estados moderados» islámicos no son la salvación de Occidente, sino más bien Estados a los que hay que salvar.

El papa Francisco despierta muchas simpatías, pero a mi modo de ver, ha empezado mal. Para mí, sus prioridades con desconcertantes. Siempre está bien y forma parte del ritual que un pontífice hable de la paz. Pero el ritual no exige declarar que el dinero es «el estiércol del diablo».
Lo será, pero esta no es la prioridad del momento. Me deja perplejo, en cambio, que el pontífice siga manteniendo en vigor la prohibición de los anticonceptivos (no se puede matar lo que no existe). Y todavía me asombra más que haya tardado dos años en empezar a denunciar el exterminio de los cristianos en África y en otras partes, un exterminio que lleva practicándose mucho tiempo por varios grupos asesinos de yihadistas islámicos. Todo ello utilizando la coartada del exterminio de los kurdos hace setenta años. El papa de Roma controla el voto católico en las Naciones Unidas, en México, en toda América Latina e incluso en Filipinas. ¿Por qué no les pide su apoyo para imponer el embargo a todos los países que proporcionan a los asesinos islámicos financiación y armas?…

Nuestros gobernantes, que están muy poco preparados, piensan que los refugiados que los están inundando vienen o vendrán solo de Libia y sus aledaños. No. Vendrán de todas partes a menos que se hundan (ya están viniendo también de Siria). Y además los «traficantes de la muerte» se dedican a enviar desde donde sea viejos barcos que están para el desguace a los cuales ponen pilotos automáticos bloqueados. Para interceptarlos a tiempo se necesitan drones. Por qué se niega a usarlos el presidente estadounidense es para mí un misterio. Sin embargo, apenas salen del estrecho de los Dardanelos, los pilotos se escabullen e inexorablemente estos carromatos del mar van a estrellarse contra alguna costa italiana.

El Vaticano posee muchísimos conventos casi vacíos, iglesias cerradas porque no tiene suficientes sacerdotes para mantenerlas abiertas y una colección de estatuas, cuadros y obras de arte de todo tipo que se vendería como el pan por centenares de millones de dólares. ¿No somos «católicos», es decir, universales? Si todo puede circular por todas partes, y si los italianos no tenemos «tesoros» sino un nuevo agujero de cinco mil millones de euros, el Vaticano podría echar una mano. ¿Es una buena ida? Veremos.

La Iglesia afirma que la ciencia ha demostrado que el embrión es un individuo humano y, como tal, no se le puede matar. Pero no es así. La ciencia está sometida, en su argumentación, a las reglas de la lógica.
Empecemos desde el principio de la identidad: a = a. Aquí lo importante es que la lógica no es diacrónica, no sigue la metamorfosis de una entidad en el tiempo. Ahora bien, es muy cierto que el proceso del desarrollo de cualquier embrión hasta cualquier ser es continuo, pero el principio de identidad afirma que a es a, no que a será a. La lógica no permite declarar que una bolita de caviar es igual que un esturión. Y, por lo tanto, debo insistir: el argumento de que un embrión es igual a un ser humano, que es un individuo-persona porque será un individuo-persona, es lógicamente inaceptable.
Del mismo modo, no puedo aceptar la forma en que quien rebate mi razonamiento fuerza el principio de no contradicción, sosteniendo que yo debería afirmar (de lo contrario me contradiría) que el paciente anestesiado, el anciano demente y el lesionado cerebral deben ser tutelados «por considerarlos vida animal». Pero no es así. El atributo de la conciencia denota una capacidad. Y si dicha capacidad se adormila o se atrofia, una persona humana que lo es sigue siéndolo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/07/la-sociedad-multietnica-extranjeros-e-islamicos-giovanni-sartori/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/07/la-sociedad-multietnica-pluralismo-multiculturalismo-y-extranjeros-giovanni-sartori/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/13/la-carrera-hacia-ningun-lugar-giovanni-sartori-la-corsa-verso-il-nulla-by-giovanni-sartori/

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Man is not a mineral, not even a vegetable. It has been said that he is an «impluous biped.» I don’t know who came up with the idea, but it doesn’t matter. In the course of history, from time to time this idea reappears, although it is not frequent, and I like it because it reminds us that man is a rare animal. Almost all animals are quadrupeds and almost all are protected by a furry fur. To cite one case, ostriches are bipedal, but they are covered with feathers (they are not featherless). And the history of the impluous bipeds is lost in the mists of time.

Interesting look at our society. They are short writings that range from the perfect electoral system to the opposing views of Islamic theocracy and Western democracy. Sartori manages to explain very complex concepts with simplicity and brevity. The vision of him is fundamental to understanding the world we live in (or at least trying to do so) and reflecting on where we are going.
Reflections on ten current issues such as terrorism, religion, cultural clashes and immigration among others are approached in a superfluous way, without clear conclusions, with a lack of arguments and concrete data that justify the position taken. It really disappoints … but it has the advantage of being a short book, so one chooses to finish it anyway. The author mentions that it is a book in some way made to show that there is the reading of transcendental topics on vacation, the reality is that this book is far from being transcendent.

Ideology is a new word, no more than two centuries old. Revolution is an older word, but until the English Glorious Revolution of 1688-1689 it was only used in the astronomical sense of constant and recurring motion, of circular motion (the revolution of the planets around the Sun). And, in reality, not even the Glorious Revolution was a «revolution» in the current sense of the term. It began as an invasion, incited by William of Orange and unopposed, and was almost exclusively a «constitutional revolution» that formalized, in the House of Commons, the end of absolutism and marked the beginning of the parliamentary monarchy.
In any case, the one that was a true revolution (from our perspective) was the first, that of Oliver Cromwell and his Puritans «saints in arms» in the years 1644-1660.
The «culture of the revolution», on the other hand, refers to the exaltation of the revolution. Until the middle of the 20th century, the idea that violence was «good» was the idea, if it was, of small conspiratorial sects. The general idea (of the revolutionaries) was that revolution was necessary and that violence was, unfortunately, an unavoidable side effect. But in those years, in the West, there were beginning to be generations of young people who had never experienced hunger, nor a war, and fewer revolutions, that is, no authentic experience, in their own flesh, of violence and death. They were also, and perhaps precisely because of that, idealistic generations, easily convertible to democratic perfectionism.

The premise of a perfect (almost perfect) electoral system is that coalitions must be prohibited. Each party must present itself, proposing only one candidate. In this way, each party has an interest in presenting its best candidate or, in any case, the candidate considered electorally stronger, and the tiny parties disappear by themselves (obviously for the national presidential elections). In the ballot, those designated will be four or a little more. And in the second round, the minor candidates can choose to withdraw – in which case they will obtain a right to the rostrum – or to remain in the running, but in that case they will lose the right to the rostrum.

While the war we are talking about is a totally unprecedented war, without a past. It must be classified as 1) terrorist, 2) global, 3) technological, and 4) religious.
1. Terrorist war. It must be classified as such because it is not managed by opposing armies and because its intention is to «terrorize» the enemy, killing indiscriminately and also (to increase the effect of terror) randomly.
2. Global war. It must be called that because «internal» terrorist wars are not a new case. But when does internal, local terrorism turn into war? The difference is one of scale. The terrorism of Northern Ireland, like that of the Basques in Spain, has not had the «magnitude of war.»
3. Technological warfare. This is so both because its weapons are not those of conventional warfare (rifles, cannons and bombers), but rather improper weapons (from human bombs to bacteriological weapons that pollute the air or water), and because it takes advantage of the extremely high vulnerability of the technological society. This is the newest, most relevant and most alarming novelty of all.
4. Religious warfare. Specifying it this way is essential because, otherwise, the gravity and scope of the war whose initial date is September 11, 2001 is not understood. Saying «religious war» does not mean, obviously, that Islam is overwhelmingly fundamentalist, nor does it much less fundamentalism is intrinsically terrorist.

The new mission of the West is – as has been repeatedly repeated – «democratize Islam.» This slogan is partly a rhetorical pretext and partly a genuine intention. And in such a case it means that the West stops supporting the bulk of the so-called «moderate states» Islamic and imposes free elections, which for the most part would serve to establish fundamentalist states. Which would not introduce any democracy, but would make states that were not «immoderate». It would really be a great result. Which is also the most likely result, because from the point of view of Islam this democratization appears as an invasive, unacceptably invasive design that would devastate the Koranic tradition from top to bottom.
Pakistan is the largest and most populous Islamic state (after Indonesia) and passes for a «moderate» state because its military depends on funding from the United States. Like Egypt, Pakistan also temporizes in a precarious balance. It has had to give in to the sharia, which it reintroduced in 1964 into the system itself, and it is also increasingly threatened by the explosion of its madrasas, the Islamic schools that feed fundamentalism including its terrorist fringes.
From this quick examination it follows, then, that the so-called Islamic «moderate states» are not the salvation of the West, but rather states to be saved.

Pope Francis arouses a lot of sympathy, but in my view, he has started badly. For me, his priorities are puzzling. He is always well and it is part of the ritual for a pontiff to speak of peace. But the ritual does not require declaring that money is «the devil’s dung.»
It will be, but this is not the priority of the moment. On the other hand, it puzzles me that the pontiff continues to keep the prohibition of contraceptives in force (you cannot kill what does not exist). And it amazes me even more that it took two years to start denouncing the extermination of Christians in Africa and elsewhere, an extermination that has been carried out for a long time by various murderous groups of Islamic jihadists. All this using the alibi of the extermination of the Kurds seventy years ago. The Pope of Rome controls the Catholic vote in the United Nations, in Mexico, throughout Latin America and even in the Philippines. Why doesn’t he ask for his support in imposing an embargo on all countries that provide Islamic assassins with financing and weapons? …

Our rulers, who are very unprepared, think that the refugees who are flooding them come or will come only from Libya and its surroundings. No. They will come from everywhere unless they sink (they are already coming from Syria already). And furthermore, the «traffickers of death» are dedicated to sending old ships that are for scrapping from wherever they are, to which they put blocked autopilots. To intercept them in time you need drones. Why the American president refuses to wear them is a mystery to me. However, as soon as they leave the Strait of the Dardanelles, the pilots slip away and inexorably these wagons of the sea are going to crash against some Italian coast.

The Vatican has many almost empty convents, churches closed because it does not have enough priests to keep them open and a collection of statues, paintings and works of art of all kinds that would sell like bread for hundreds of millions of dollars. Are we not «catholic», that is to say, universal? If everything can circulate everywhere, and if we Italians do not have «treasures» but a new hole of five billion euros, the Vatican could lend a hand. Is it a good way? We will see.

The Church affirms that science has shown that the embryo is a human individual and, as such, cannot be killed. But it’s not like that. Science is subject, in its argumentation, to the rules of logic.
Let’s start from the beginning of the identity: a = a. The important thing here is that logic is not diachronic, it does not follow the metamorphosis of an entity in time. Now, it is very true that the process of development from any embryo to any being is continuous, but the identity principle affirms that a is a, not that a will be a. Logic does not allow us to declare that a small ball of caviar is the same as a sturgeon. And therefore I must insist: the argument that an embryo is equal to a human being, that it is an individual-person because it will be an individual-person, is logically unacceptable.
In the same way, I cannot accept the way in which whoever refutes my reasoning forces the principle of non-contradiction, arguing that I should affirm (otherwise I would contradict myself) that the anesthetized patient, the insane elderly and the brain injured should be tutored « for considering them animal life. But it’s not like that. The attribute of consciousness denotes a capacity. And if that capacity becomes asleep or atrophied, a human person who is one remains so.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/07/la-sociedad-multietnica-extranjeros-e-islamicos-giovanni-sartori/

https://weedjee.wordpress.com/2016/10/07/la-sociedad-multietnica-pluralismo-multiculturalismo-y-extranjeros-giovanni-sartori/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/13/la-carrera-hacia-ningun-lugar-giovanni-sartori-la-corsa-verso-il-nulla-by-giovanni-sartori/

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