Memorias De Un Exorcista. Mi Lucha Contra Satanás — Gabrielle Amorth / An Exorcist Tells His Story (Memorie Di Un Esorcista. La Mia Vita In Lotta Contro Satana) by Gabriele Amorth

Don Gabriele es una mina de recuerdos, experiencias y relatos. No sólo eso. Cuando la memoria le falla, acuden en su ayuda los recuerdos escritos en el boletín de la Asociación de Exorcistas (primero italiana, luego internacional). Un boletín de confección casera, redactado con una máquina de escribir portátil, del que se hacían varias decenas de copias. Don Gabriele puso a mi disposición esa memoria histórica, según creo inédita. En sus páginas, los sombríos combatientes de tan extraña guerra intercambiaban informaciones, experiencias y conocimientos útiles para el cuerpo a cuerpo con su Adversario. Junto al resultado de mis largas conversaciones con don Gabriele, también publico aquí dichos relatos, que muestran de forma concreta y tangible el sentido de una vocación y de un ministerio pastoral desempeñado en zonas límite, envueltas en el misterio.

No cabe duda de que el P. Gabriele Amorth fue completamente sincero en este libro. Exorcista en Roma, afirmó haber realizado miles de exorcismos, pero este libro presenta principalmente su teología. El lector obtiene un tratamiento completo del papel de Dios como creador, Jesús y redentor, y María como la madre de Dios. Habla de ángeles y demonios, pero no da mucho de su propio trasfondo. El libro es un llamamiento sin complejos para que la Iglesia Católica designe a más exorcistas.
Si está buscando aprender más sobre los demonios más allá de la historia estándar de los ángeles caídos, no lo encontrará aquí. Tampoco encontrará relatos de exorcismos espectaculares. Es un poco sermoneador (por supuesto que Amorth era sacerdote, así que era de esperar). Mi principal preocupación con el libro es cuán incuestionablemente crítico es de estilos de vida que Amorth no aprobó, y también de otras religiones. No hay duda en su mente de que las religiones africanas son falsas y están abiertas a la posesión demoníaca. También cree muy claramente en las maldiciones y la magia. Una vez más, esto puede no ser inesperado para un sacerdote, pero ayudaría a que su caso muestre un poco más de escepticismo.
Claramente, Amorth quería ayudar a la gente. Realizó exorcismos para hacerlo. El resultado, como espera, es una mejor vida católica. Aunque admite que algunos protestantes están más inclinados a luchar contra los demonios que los católicos, es rígido en la forma en que se puede hacer. Solo un obispo o el sacerdote designado por el obispo puede hacer un exorcismo. O un protestante. No parece molesto por su propia inconsistencia.
El libro está suficientemente bien escrito y con buenos motivos. Sin embargo, uno esperaría un poco más de matiz en un hombre que había visto tanto. También se podría esperar un poco más de su historia real.
LO PEOR
* El formato entrevista
* El estilo literario
* La estructura poco clara, poco ordenada
LO MEJOR
* El tema, considerando que es muy importante hablar de algo que a menudo es ignorado (Baudelaire decía que la mayor jugada del diablo había sido hacer creer a los hombres que él no existía).
* Lo fácil que resulta de leer, cómo presenta un tema complejo de forma sencilla y clara, alternando explicación teórica y ejemplos prácticos.
* La idea clara que subyace a lo largo del libro de cómo el demonio tiene sólo poder en la medida en que las personas se lo ponen fácil, remarcando la idea de que, obviamente, el poder de Dios es superior.

En los casos más difíciles, al comenzar el proceso de exorcismo se producen manifestaciones tan violentas que necesito, al menos, seis o siete personas que me ayuden a controlar los desahogos y reacciones del endemoniado.
Desde luego, el auxilio físico que prestan los colaboradores es muy importante (inmovilizan a los obsesos, o les limpian la cara y la ropa cuando babean, lo cual es muy frecuente), pero su ayuda también consiste en la oración que acompaña su acción durante el exorcismo. Además de estos colaboradores laicos, también asisten curas que desean aprender y perfeccionar su ministerio de exorcistas.
Por desgracia, la situación no ha cambiado: sigue habiendo muchos curas y obispos que no nos creen. Le he escrito una carta al Santo Padre, a ver qué se puede hacer al respecto. Me ha prometido un escrito de la Congregación para el Culto Divino, la única institución que puede redactar este tipo de documento, en el que se recomendará a los obispos que, como mínimo, tengan un exorcista en cada diócesis. El problema es que, durante años, muchas diócesis han dejado de practicar exorcismos (esto sería largo de contar) y, a consecuencia de ello, en la mayor parte de los seminarios, donde se forman los sacerdotes del mañana, ya no se habla del tema.
En los cuatro primeros siglos de la historia cristiana cualquiera podía hacer exorcismos; no existían exorcistas en el sentido en que los entendemos hoy, como curas que tienen una función ministerial concreta.
En los cuatro primeros siglos de la historia de la Iglesia todo el mundo hacía exorcismos. Después instituyeron el exorcistado como orden menor y sólo podían ejercerlo los sacerdotes, concretamente los obispos. Hoy sigue funcionando así: los obispos son los únicos que poseen la facultad, el monopolio absoluto para nombrar exorcistas, o para retirarles el permiso de hacer exorcismos. Ahora bien, estos exorcismos, a los que llamo así porque los sacerdotes pronuncian una oración pública, no son las únicas iniciativas posibles para liberar a alguien del demonio. Siempre quedará la oración privada, que todo el mundo puede pronunciar, tal como nos enseñó Jesús.
La primera consecuencia es que me escriben desde muchos países lamentándose de la ausencia total de exorcistas. Y me refiero a países de primer plano, como Alemania, Austria, Suiza, España o Portugal, por citar sólo algunos. En estos países no hay exorcistas. Muchos fieles me escriben porque quieren venir a Roma a recibir mis exorcismos. Sólo que no puede ser, porque estoy desbordado de trabajo, de casos. Por eso los remito a grupos de Renovación…

Cuanto más avanzaba yo con los exorcismos, más aumentaban su consternación y sus lamentos. Cuando imponía las manos sobre la cabeza de la mujer, Zago chillaba, no entendía nada y gritaba: «Me estás ensuciando la casa, dejas que entre luz, ¡me estropeas la casa!». Yo le decía que la luz es hermosa, pero él gritaba: «¡No! Las tinieblas son mi casa». Afirmaba estar en la cabeza de la mujer. «¿Por qué estás en la cabeza?», le pregunté, a lo cual respondió: «Desde la cabeza se controla todo el cuerpo». La imposición de manos lo enfurecía. La mujer tenía un pequeño bulto en la cabeza y Zago me aseguró que se lo había provocado él. Su marido confirmó que el bulto había aparecido de repente… Las amenazas del demonio se iban multiplicando, porque la mujer había empezado a rezar. Desde el día de su boda, sólo había entrado en la iglesia ocasionalmente y a regañadientes, y había dejado de rezar. El demonio mimaba a la mujer, y hacía que escuchara música clásica durante horas. «¿Por qué música clásica?», pregunté, y me contestó: «Porque a ella le gusta». Además, se le aparecía como un joven rubio, pues sabía que a ella le gustaban los hombres rubios. De día le susurraba frases dulces y la mujer solía decir que se sentía bien con él, cuando, en realidad, lo que ocurría es que se había aislado de su entorno y vivía en su propio mundo.
Durante los exorcismos, cuando ya no aguantaba más, el demonio se alejaba. Entonces la mujer salía del estado de trance y preguntaba qué había ocurrido y qué había dicho. No recordaba nada.

Un marido, su mujer y un sobrino regentan un supermercado con la ayuda de dos empleados. Poco después de haber abierto la tienda, todos sufren un persistente dolor de cabeza, acompañado de unas manchas negras en los brazos, en cuanto pisan el local. Las manchas se ponen rojas, empiezan a dolerles mucho y se extienden al cuello y los brazos, por todo el cuerpo. Uno tras otro los aparatos se estropean: el frigorífico, las cámaras del mostrador, la caja registradora… Manos invisibles cambian de lugar los productos. La puerta de entrada se atasca, o se abre sola.
Una vez, al entrar en la tienda, a mí también me salió una mancha en el brazo; primero era negra y después, roja, muy dolorosa. Me apliqué óleo exorcizado en el brazo y se me curó enseguida.
Después de cuatro exorcismos (y muchas oraciones, eso sí) acabaron todos los fenómenos y trastornos, la extraña mujer no volvió a aparecer y ahora en el supermercado trabajan en paz.

En Italia no conozco casos mortales. Pero, por lo que se ha podido saber, las personas que abandonan una secta son perseguidas y viven con miedo. Viven con mucha prudencia y temen a sus ex compañeros de secta. Aquí, en Italia, las sectas son muy numerosas; se dice que hay más de ochocientas, quizá más, y suelen tener pocos miembros: quince, veinte personas como máximo, a veces unas diez personas. Por tanto, quien las abandona teme a un número limitado de personas y la situación es bastante fácil de controlar.
De todas formas, no todas las sectas son iguales. Algunas son puro folclore, o auténticas payasadas. En cambio, otras son serias y terribles y celebran misas satánicas.

Entonces es cierto lo que decía Pablo VI: el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia.
Por desgracia, es cierto; en la Iglesia hay adeptos a las sectas satánicas. Pablo VI dijo lo del «humo de Satanás» el 29 de junio de 1972. Y, como la frase suscitó un gran escándalo, el 15 de noviembre del mismo año dedicó uno de sus discursos de los miércoles al demonio, con frases muy duras. Sólo que su discurso no tuvo repercusiones prácticas. Rompió el hielo, eso sí, y levantó el velo de silencio y censura que se había echado durante tanto tiempo, pero nada más. Se necesitaba alguien como yo, un hombre insignificante, un don nadie, para dar la voz de alarma y obtener repercusiones prácticas.

El maleficio es un daño causado a través del demonio. Según su objetivo, puede ser:
—Amatorio: favorece o destruye una relación amorosa.
—Hostil: causa daños físicos, psíquicos, económicos o familiares.
—De legamen: crea impedimentos a la acción, los movimientos y las relaciones.
—De transferencia: los daños infligidos a un muñeco o una foto de la persona a quien se desea perjudicar se transfieren a dicho individuo.
—Putrefacción: causa un daño mortal, pues hace que se pudra un material expuesto a la putrefacción.
—Posesión: introduce una presencia diabólica en la víctima, lo cual constituye una auténtica posesión.
Según la modalidad, un maleficio puede ser:
—Directo: la víctima entra en contacto con el objeto portador del mal (por ejemplo, alguien le da comida o bebida embrujadas).
—Indirecto: la acción maléfica se realiza sobre un objeto que representa a la víctima.
Según la acción:
—Por implantación y tortura: con alfileres, clavos, martillos, pinchos, fuego, hielo…
—Por sujeción o atadura: con cintas, nudos, correas, tiras, aros…
—Por putrefacción: enterrando el objeto o animal símbolo tras haberlo embrujado.
—Por maldición: directamente contra la persona, o contra una foto o símbolo de la misma.
—Por rito satánico: por ejemplo, un culto satánico o una misa negra realizados con el fin de dañar a alguien.
Según el medio:
—Con hechizos: muñecos o carne con alfileres, huesos de muertos, sangre, pollos, sapos.
—Con objetos embrujados: regalos, plantas, almohadas, muñecas, cintas, talismanes.
—Con la mirada (mal de ojo), contacto por manos, abrazos.
—Por teléfono: en silencio, soplando o de otras formas.

En definitiva, no se puede practicar un exorcismo en contra de la voluntad del paciente.
¿El demonio intenta que lo odien?
No. Intenta odiar, inducir al odio a todo el mundo. Uno de los principales obstáculos para liberarse es no ser capaz de perdonar con el corazón. Si una persona siente rencor contra alguien y no puede superarlo, no consigue liberarse.
Cuando dialogo con los demonios mi único objetivo es la liberación de la persona.

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Don Gabriele is a mine of memories, experiences and stories. Not only that. When his memory fails him, the memories written in the bulletin of the Association of Exorcists (first Italian, then international) come to his aid. A homemade newsletter, written on a portable typewriter, of which several dozen copies were made. Don Gabriele put at my disposal that historical memory, which I believe is unpublished. In its pages, the shadowy combatants of such a strange war exchanged information, experiences and knowledge useful for hand-to-hand combat with their Adversary. Along with the results of my long conversations with Don Gabriele, I also publish these stories here, which show in a concrete and tangible way the sense of a vocation and a pastoral ministry carried out in border areas, shrouded in mystery.

There can be no doubt that Fr. Gabriele Amorth was completely sincere in this book. An exorcist in Rome, he claimed to have performed thousands of exorcisms, but this book is mostly laying out his theology. The reader gets a full treatment of the role of God as creator, Jesus and redeemer, and Mary as the mother of God. He talks about angels and demons, but doesn’t give much of his own background. The book is an unapologetic appeal to get the Catholic Church to appoint more exorcists.
If you’re looking to learn more about demons beyond the standard fallen angel story, you won’t find it here. You also won’t find accounts of spectacular exorcisms. It is a bit preachy (of course Amorth was a priest, so this could be expected). My main concern with the book is how unquestioningly judgmental it is of lifestyles of which Amorth didn’t approve, and also of other religions. There’s no question in his mind that African religions are false and open people to demonic possession. He also very clearly believes in curses and magic. Again, this may not be unexpected for a priest, but it would help his case to show just a touch more skepticism.
Clearly Amorth wanted to help people. He performed exorcisms to do so. The result, as he hopes, is for a better Catholic life. Although he admits some Protestants are more inclined to fight demons than Catholics, he’s rigid in the way that it can be done. Only a bishop or the bishop’s priestly appointee can do an exorcism. Or a Protestant. He doesn’t seem bothered by his own inconsistency.
The book is well-enough written, and with good motives. Nevertheless, one would hope for a bit more nuance in a man who had seen so much. One could also hope for a little more of his actual story.
WORST
* The interview format
* The literary style
* Unclear structure, untidy
THE BEST
* The subject, considering that it is very important to talk about something that is often ignored (Baudelaire said that the devil’s greatest move had been to make men believe that he did not exist).
* How easy it is to read, how it presents a complex topic in a simple and clear way, alternating theoretical explanation and practical examples.
* The clear idea that underlies throughout the book how the devil has power only to the extent that people make it easy for him, highlighting the idea that, obviously, the power of God is superior.

In the most difficult cases, at the beginning of the exorcism process there are such violent demonstrations that I need at least six or seven people to help me control the outbursts and reactions of the demoniac.
Of course, the physical help provided by the collaborators is very important (they immobilize the obsessed, or they clean their faces and clothes when they drool, which is very frequent), but their help also consists of the prayer that accompanies their action during exorcism. In addition to these lay collaborators, there are also priests who wish to learn and perfect their ministry as exorcists.
Unfortunately, the situation has not changed: there are still many priests and bishops who do not believe us. I have written a letter to the Holy Father, to see what can be done about it. He has promised me a letter from the Congregation for Divine Worship, the only institution that can write this type of document, in which it will be recommended to bishops that, at least, have one exorcist in each diocese. The problem is that, for years, many dioceses have stopped practicing exorcisms (this would take a long time to count) and, as a result, in most of the seminaries, where the priests of tomorrow are trained, there is no longer talk of the topic.
In the first four centuries of Christian history, anyone could do exorcisms; There were no exorcists in the sense in which we understand them today, as priests who have a specific ministerial function.
In the first four centuries of Church history, everyone performed exorcisms. Later they instituted the exorcist as a minor order and could only be exercised by priests, specifically bishops. Today it continues like this: the bishops are the only ones who have the power, the absolute monopoly, to appoint exorcists, or to withdraw their permission to perform exorcisms. Now, these exorcisms, which I call this because the priests pronounce a public prayer, are not the only possible initiatives to free someone from the devil. There will always be private prayer, which everyone can say, just as Jesus taught us.
The first consequence is that they write to me from many countries lamenting the total absence of exorcists. And I am referring to leading countries, such as Germany, Austria, Switzerland, Spain or Portugal, to name just a few. There are no exorcists in these countries. Many faithful write to me because they want to come to Rome to receive my exorcisms. Only it cannot be, because I am overwhelmed with work, with cases. That is why I refer you to Renewal groups …

The further I proceeded with the exorcisms, the more his consternation and lamentation grew. When he laid his hands on the woman’s head, Zago screamed, didn’t understand anything, and shouted: «You’re dirtying my house, you’re letting in light, you’re ruining my house!» I would tell him that the light is beautiful, but he would yell, “No! The darkness is my home. He claimed to be in the head of the woman. «Why are you in the head?» I asked him, to which he replied, «From the head the whole body is controlled.» The laying on of his hands infuriated him. The woman had a small lump on her head and Zago assured me that he had caused it. Her husband confirmed that the lump had suddenly appeared … The demon’s threats were multiplying, because the woman had begun to pray. Since her wedding day, she had only entered the church occasionally and reluctantly, and she had stopped praying. The demon pampered the woman, and made her listen to classical music for hours. «Why classical music?» I asked, and she replied, «Because she likes it.» Furthermore, he appeared to her as a blond young man, for he knew that she liked blond men. During the day she whispered sweet phrases to him and the woman used to say that she felt good with him, when, in reality, what was happening is that she had isolated herself from her environment and she lived in her own world.
During exorcisms, when he couldn’t take it anymore, the demon would walk away. Then the woman would come out of the trance state and she would ask what had happened and what she had said. She didn’t remember anything.

A husband, wife and nephew run a supermarket with the help of two employees. Shortly after opening the store, they all suffer a persistent headache, accompanied by black spots on their arms, as soon as they step on the premises. The spots turn red, start to hurt a lot, and spread to the neck and arms, all over the body. One after another the appliances break down: the refrigerator, the cameras on the counter, the cash register … Invisible hands move the products. Front door jams, or opens by itself.
Once, when I entered the store, I also got a stain on my arm; first it was black and then red, very painful. I applied exorcised oil to my arm and it healed right away.
After four exorcisms (and many prayers, yes) all the phenomena and disorders ended, the strange woman did not appear again and now in the supermarket they work in peace.

In Italy I do not know of fatal cases. But, from what has been learned, people who leave a sect are persecuted and live in fear. They live very prudently and fear their former cult mates. Here, in Italy, the sects are very numerous; it is said that there are more than eight hundred, perhaps more, and they usually have few members: fifteen, twenty people at the most, sometimes about ten people. Therefore, those who abandon them fear a limited number of people and the situation is quite easy to control.
However, not all sects are the same. Some are pure folklore, or authentic antics. On the other hand, others are serious and terrible and celebrate satanic masses.

So what Paul VI said is true: Satan’s smoke has entered the Church.
Unfortunately, it is true; in the Church there are adherents to the satanic sects. Paul VI said about the «smoke of Satan» on June 29, 1972. And, as the phrase caused a great scandal, on November 15 of the same year he dedicated one of his Wednesday speeches to the devil, with very harsh phrases. Only his speech had no practical repercussions. He broke the ice, yes, and lifted the veil of silence and censure that had been thrown for so long, but nothing more. It took someone like me, an insignificant man, a nobody, to sound the alarm and get practical repercussions.

Hex is damage dealt through the demon. Depending on your goal, it can be:
—Amatorio: favors or destroys a love relationship.
—Hostile: it causes physical, mental, economic or family damage.
—Of legal status: it creates impediments to action, movements and relationships.
– Transfer: the damage inflicted on a doll or a photo of the person to whom it is desired to harm is transferred to said individual.
—Putrefaction: Causes fatal damage by causing rotting material to rot.
—Possession: introduces a diabolical presence in the victim, which constitutes a true possession.
Depending on the modality, a hex can be:
—Direct: the victim comes into contact with the evil-bearing object (for example, someone gives him haunted food or drink).
—Indirect: the evil action is carried out on an object that represents the victim.
According to the action:
—For implantation and torture: with pins, nails, hammers, skewers, fire, ice …
—By fastening or tying: with ribbons, knots, straps, straps, rings …
—By putrefaction: burying the object or symbol animal after having bewitched it.
—By curse: directly against the person, or against a photo or symbol of the same.
—By satanic rite: for example, a satanic cult or a black mass performed in order to harm someone.
According to the medium:
—With spells: dolls or meat with pins, bones of the dead, blood, chickens, toads.
«With haunted objects: gifts, plants, pillows, dolls, ribbons, talismans.»
—With the look (evil eye), contact by hands, hugs.
—On the phone: silently, blowing or otherwise.

Ultimately, an exorcism cannot be performed against the will of the patient.
Is the demon trying to make you hate him?
No. Try to hate, to induce hatred to everyone. One of the main obstacles to freeing yourself is not being able to forgive with your heart. If a person feels a grudge against someone and cannot overcome it, he cannot break free.
When I dialogue with demons my only goal is the liberation of the person.

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