Arde Este Libro — Fernando Marías / This Book Burns by Fernando Marías (spanish book edition)

Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro.
Hasta ese momento jamás pensé que contaría nuestra historia. Había logrado asumir el largo camino de tu final, que a veces, no sé si atreverme a decirlo, tanto deseaba que llegara, y describir aquel calvario que por encima de todo fue tuyo me habría parecido una herejía. Pero entonces supe que te incineraron con la novela entre las manos y ahí, sin retorno ni piedad, nació este libro. Yo rememorando y tú muerta. Jamás podríamos habernos figurado el día del primer abrazo que desembocaríamos tanto tiempo después en este diálogo.
Cada libro muta y evoluciona sin prestar atención a las esperanzas y lamentos de quien lo escribe.
Moriste el veintiuno de agosto de 2012 a los cincuenta y cuatro años de edad en la ciudad de Marsella.
Veronique Lebrun Lapierre fue tu nombre, aunque yo siempre te llamé Verónica.

Una autoficción que se convierte en un auténtico canto al amor y a la muerte, contado con una delicadeza y una intensidad difícil de encontrar. Es una historia triste pero también bonita en cierto modo y, sobre todo, muy bien escrita escrita.
A destacar el libro se involucra en quienes somos, la que nos cuenta lo que no puede decirse de otra forma, hondura humana que nos interpela directamente, sensibilidad que nunca es cursi. Es un libro valiente, pues expone el propio pecho del autor, pero también trata del único tema posible: la vida.

El principio nunca es el principio; siempre hay un principio anterior al principio.
Antes de este ahora aconteció otro ahora previo que lo propició o determinó, y antes otro y antes otro y antes otro.
De aquella época recuerdo mi fascinación por el alcoholismo que hermanaba a los idolatrados Edgar Allan Poe, Scott Fitzgerald, Fiodor Dostoievski, Jack London o Dylan Thomas, a quien por aquella época no leí y al que por tanto idolatraba porque sí, con la misma fe ciega, justo es admitirlo, que los curas oscuros reclamaban para sus milagros y resurrecciones. Pero poco importaba no haberlo leído, de su talento jamás tuve duda porque se decía que lo mató la bebida tras un delirium tremens, paroxismo terminal del que llegué a preguntarme si no sería el máximo laurel al que podía aspirar un verdadero gran escritor, por encima del premio Nobel que con tanta frivolidad se concedía en ocasiones. Antes de leer por vez primera a un autor buscaba en la contraportada del libro noticias sobre su alcoholismo, y si no las hallaba me sentía decepcionado, incluso ofendido. Franz Kafka y Joseph Conrad eran buenos, sí, pero no bebían, y eso me provocaba una extraña desazón, un vacío, como si ellos mismos hubiesen elegido, por cobardías inexplicables contra las que convenía vivir alertado, quedarse a este lado de la genialidad absoluta, donde sí se revolcaban los escritores alcohólicos, dolientes amos absolutos de las veinticuatro horas del día, equilibristas perpetuos entre la genialidad creadora, la sed mágica y el desahucio de sus diminutas buhardillas. La sed mágica. Esa sed… El adolescente, en realidad, es un fanático que inventa su propia religión.

Cada encuentro humano implica una demoledora desigualdad de fuerzas y el nuestro no fue una excepción: yo y todo lo que conocía sobre mí mismo, aunque nada o casi nada de ese conocimiento fuese racional, veraz o completo, frente a ti, que compareciste figuradamente desnuda y opaca aunque, a cambio, albergases una llanura ilimitada de preguntas esperando ser respondidas. Colisión voluntaria de planetas vírgenes con su consecuente resplandor.
Pero hacia ti fui. En línea recta y sin dudarlo un instante.

Una vez soñé con un viejo desengañado del mundo, matemático o psiquiatra, que resolvía dedicar su fortuna y la actividad entera de su inteligencia a intentar rescatar, ordenar y, por último, revivir con el cien por cien de veracidad los recuerdos de lo acontecido en su biografía. El presente y los laberintos del posible futuro quedaban desterrados de este delirio, que primero es metódico y pronto se vuelve perseverante hasta lo obsesivo.
Yo te contaba mis sueños y tú me escuchabas y me creías, un soñador narcisista no puede sentirse amado con mayor generosidad. Mucho de lo que soy, o puede que todo, proviene de aquella fe tuya tan errada, intensa y emocionante.

Los recuerdos son como los libros. Solo importan los que permanecen.

¿Me estás viendo envejecer?
La idea de que me observes mientras escribo, instalada sobre tu asiento de la nada, más parece el sueño de algún viejo, otro viejo más o el mismo que una y otra vez parece querer colarse aquí, que comenzase a intuir la cercanía del fin de su propio tiempo.
Personas sin casa habitan la plaza de Tirso de Molina, donde vivo en mi cómodo apartamento. Hay un océano invisible entre ellos y yo.
Me tranquilizo pensando, lo hacemos todos, que son víctimas de extravíos morales o de abismos de la razón, el fruto viviente de extravagantes caprichos del azar, tan capacitado para concebir lo inconcebible. Ahí están acorralados en las calles, a veces jóvenes y a veces muy ancianos, devastados por miserias o demencias y sobre todo por el miedo, enemigo máximo de todo lo que podría llegar a ser.

En esta ciudad, como en todas, millones de personas emiten con sus actos energías que culebrearán durante décadas para generar sagas familiares, negocios oscuros, obras pictóricas, genocidios, cumbres deportivas, sellos de correos, campañas publicitarias, líderes políticos y amores extremos, benéficos unas veces y tóxicos otras, hasta cerrarse en un futuro lejano que habrá olvidado dónde y cómo empezó el círculo. Invisibles cables humanos lanzados al aire día tras día, todos y cada uno de los días que amanecen y amanecerán sobre ciudades y pueblos y villas y villorrios y casas aisladas en mitad de la nada.

Ser pobre es carecer por completo y sin retorno de luz, de agua y de esperanza, por citar solo algunos conceptos, y nosotros, durante el peor período, teníamos acceso a las tres cosas. Incómodo y humillante, cierto, pero acceso al fin y al cabo era tener a quien pedir prestado o poder apuntar la cuenta del supermercado o del bar. En el mundo inmisericorde e imbécil de hoy, del que sospecho que es más inmisericorde e imbécil que el de ayer, sería emergente negocio proponer a los ricos vivir durante un fin de semana como si fueran pobres.

El alcohol volvió por ti, esto he pensado siempre.
Sin embargo, cuando se excava con rigor en lo vivido, la realidad, que era apaciguadamente una y única, puede volverse otra, incluso opuesta a la que tiempo atrás admitimos como veraz.
¿Y si el retorno del alcohol estuvo determinado por otra causa?
La historia está repleta de hitos heroicos casi siempre bélicos y casi siempre protagonizados por hombres. Sirven como ejemplo El Álamo, Masada o el Alcázar de Toledo. Pero los héroes que allí murieron no pudieron elegir hallarse en un lugar diferente, opción que sin duda habrían preferido. Yo admiro más el valor de quien lucha sabiendo que perderá, aquel del que nadie sabrá siquiera que fue derrotado, porque combatió en una batalla de la cual no hubo testigos.

Tal vez el inconsciente humano, tras procesar los millones de datos sobre las personas con las que compartimos nuestro tiempo y nuestras esperanzas, sabe que uno y solo uno de esos datos, aunque sea pequeño, mínimo, aunque parezca insignificante, contiene a esa persona y la resume y dibuja con mayor precisión que todos los demás juntos y ordenados. Aquel sentido regalo sin valor material, ofrecido a una persona que jamás viste ni verías, ha permanecido en mí y su raíz ha resultado suficiente para hacerlo aflorar décadas después.
Tu sencillez limpia. Esa eras, esa fuiste. Esa serás. Y la muerte, con todo su poder, no podrá cambiarlo.

Unos metros por delante de mí, fuera de la sombra protectora de los árboles de tronco doblado, bajo la llamarada de luz blanca, tú abres el camino.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/05/05/la-isla-del-padre-fernando-marias/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/09/arde-este-libro-fernando-marias-this-book-burns-by-fernando-marias-spanish-book-edition/

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They cremated you with a novel of mine in your hands. That is why I write this book.
Until that moment I never thought he would tell our story. I had managed to assume the long road to your end, which at times, I don’t know if I dare to say it, I wanted so badly for it to come, and describing that ordeal that above all was yours would have seemed a heresy to me. But then I knew that you were cremated with the novel in your hands and there, without return or mercy, this book was born. Me remembering and you dead. We could never have imagined the day of the first hug that we would end so long after in this dialogue.
Each book mutates and evolves without paying attention to the hopes and regrets of the writer.
You died on August 21, 2012 at the age of fifty-four in the city of Marseille.
Veronique Lebrun Lapierre was your name, although I always called you Veronica.

An autofiction that becomes a true song of love and death, told with a delicacy and intensity that is difficult to find. It is a sad story but also beautiful in a way and, above all, very well written.
To highlight, the book is involved in who we are, the one that tells us what cannot be said in any other way, human depth that directly challenges us, sensitivity that is never corny. It is a brave book, since it exposes the author’s own chest, but it also deals with the only possible subject: life.

The beginning is never the beginning; there is always a beginning before the beginning.
Before this now, another previous now happened that caused or determined it, and before that another and before that another and before that, another.
From that time I remember my fascination with alcoholism that brought together the idolized Edgar Allan Poe, Scott Fitzgerald, Fyodor Dostoevsky, Jack London or Dylan Thomas, whom at that time I did not read and whom I therefore idolized just because, with the same faith. blind, it is fair to admit, that the dark priests claimed for their miracles and resurrections. But it mattered little if I had not read it, I never had any doubt of his talent because it was said that the drink killed him after a delirium tremens, a terminal paroxysm of which I came to wonder if it would not be the maximum laurel to which a truly great writer could aspire. of the Nobel Prize that was sometimes awarded with such frivolity. Before reading an author for the first time, I would search the back of the book for news about his alcoholism, and if I didn’t find it, I was disappointed, even offended. Franz Kafka and Joseph Conrad were good, yes, but they did not drink, and that caused me a strange unease, an emptiness, as if they themselves had chosen, due to inexplicable cowardice against which it was convenient to live alerted, to stay on this side of absolute genius , where alcoholic writers did wallow, mourning absolute masters of the twenty-four hours of the day, perpetual tightrope walkers between creative genius, magical thirst and eviction from their tiny garrets. The magical thirst. That thirst … The adolescent, in reality, is a fanatic who invents his own religion.

Every human encounter implies a devastating inequality of forces and ours was no exception: me and everything I knew about myself, even if nothing or almost none of that knowledge was rational, truthful or complete, in front of you, who appeared figuratively naked and opaque although, in return, you harbor an unlimited plain of questions waiting to be answered. Voluntary collision of virgin planets with their consequent radiance.
But to you I went. In a straight line and without a moment’s hesitation.

Once I dreamed of an old man, disappointed in the world, a mathematician or psychiatrist, who resolved to dedicate his fortune and the entire activity of his intelligence to trying to rescue, order and, finally, relive with one hundred percent truthfulness the memories of what happened in his biography. The present and the labyrinths of the possible future were banished from this delusion, which is first methodical and soon becomes obsessive persevering.
I told you my dreams and you listened to me and believed me, a narcissistic dreamer cannot feel loved more generously. Much of what I am, or maybe everything, comes from that wrong, intense and exciting faith of yours.

Memories are like books. Only those that remain matter.

Are you watching me grow old?
The idea that you observe me while I write, installed on your seat out of nowhere, seems more like the dream of some old man, another old man, or the same one that over and over again seems to want to sneak in here, that he begins to sense the nearness of the end of your own time.
Homeless people inhabit the Tirso de Molina square, where I live in my comfortable apartment. There is an invisible ocean between me and them.
I reassure myself thinking, we all do it, that they are victims of moral deviations or abysses of reason, the living fruit of extravagant whims of chance, so capable of conceiving the inconceivable. There they are cornered in the streets, sometimes young and sometimes very old, devastated by miseries or insanity and above all by fear, the ultimate enemy of everything that could become.

In this city, as in all of them, millions of people emit energies with their acts that will wriggle for decades to generate family sagas, dark businesses, pictorial works, genocides, sports summits, postage stamps, advertising campaigns, political leaders and extreme, charitable loves sometimes and toxic others, until it is closed in a distant future that will have forgotten where and how the circle began. Invisible human cables thrown into the air day after day, each and every day that dawns and dawns over cities and towns and villages and hamlets and isolated houses in the middle of nowhere.

To be poor is to lack completely and without return of light, water and hope, to name just a few concepts, and we, during the worst period, had access to all three. Uncomfortable and humiliating, true, but access at the end of the day was having someone to borrow or be able to write down the supermarket or bar bill. In today’s merciless and stupid world, which I suspect is more ruthless and stupid than yesterday, it would be an emerging business to propose to the rich to live for a weekend as if they were poor.

The alcohol came back for you, this I have always thought.
However, when the lived experience is rigorously excavated, reality, which was calmly one and unique, can become another, even the opposite of what we long ago admitted as true.
What if the return of the alcohol was determined by another cause?
History is full of heroic milestones almost always warlike and almost always carried out by men. The Alamo, Masada or the Alcázar of Toledo serve as an example. But the heroes who died there could not choose to find themselves in a different place, an option they undoubtedly would have preferred. I most admire the courage of one who fights knowing that he will lose, that of whom no one will even know that he was defeated, because he fought in a battle of which there were no witnesses.

Perhaps the human unconscious, after processing the millions of data about the people with whom we share our time and our hopes, knows that one and only one of these data, even if it is small, minimal, even if it seems insignificant, contains that person and sums it up and draws it more precisely than all the others put together and ordered. That meaningful gift without material value, offered to a person that you would never see or see, has remained in me and its root has been enough to make it emerge decades later.
Your clean simplicity. That you were, that you were. That you will be. And death, with all its power, will not be able to change it.

A few meters ahead of me, out of the protective shadow of the bent-trunk trees, under the blaze of white light, you lead the way.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/05/05/la-isla-del-padre-fernando-marias/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/09/arde-este-libro-fernando-marias-this-book-burns-by-fernando-marias-spanish-book-edition/

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