Los Que Miran — Remedios Zafra / Those Who Look by Remedios Zafra (spanish book edition)

No está claro cuándo llegamos a un punto sin retorno, pero me parece que mamá ha puesto demasiado en juego con su promesa si mi hermano sobrevivía, como si parte del intercambio lo hubiera adelantado ya y ahora se viera estafada por una reciprocidad que no ha sido, frustrada por una inversión vital demasiado grande. Tanto contar y rezar, tantas luces dedicadas, cuántas procesiones, tanta ofrenda, tanto recordar los pasos hasta su casa, los escalones hasta su habitación; cuántas visitas a mi hermano a la misma hora, cada día; tanta vida aplazada por concentrarse en lo prometido a una imagen que la hace mirar de abajo arriba.
La gente no tiene ni idea de que mientras fingimos habitar en el mundo habitamos todo el rato en esa colcha o en aquella imagen. Y no dudo que en la colcha están todas esas promesas que, excesivas, mamá ha hecho en estos meses. Las decenas de velas que han iluminado a la Virgen de los Imposibles, dejando abandonadas y casi a oscuras a las que están en las otras capillas, de nombres menos pretenciosos, no recuerdo si de los Desamparados o de las Angustias.

Un libro que habla del duelo por la muerte de un hermano, pero que habla también de nuevas formas de hacer literatura, de un nuevo concepto, sólo por el riesgo que ha jugado la autora vale la pena leérselo. Me gustan todas las obras que comporten riesgo literario y esta sin duda lo es. Se nota que la autora cree lo que hace, que está convencida de lo que hace y apuesta, sin importarle las modas o las tendencias… Paralelismos a la hora violeta de Sergio Del Molino.

No recuerdo exactamente en qué momento sentí que mi rostro se hacía liso, libre de agujeros y protuberancias. Tal vez fueron los días de parálisis posteriores a la muerte de mi hermano, o quizá mi repetida obsesión por mirar de cerca las irregularidades y cambios de la carne que enferma o envejece, lo que hizo de goma de borrar o simplemente agotó lo que miraba por exceso, como si el mirar fuera como el comer una bolsa de pipas y lo mirado se consumiera hasta desaparecer. Pero no encontré cáscaras ni restos materiales de la transformación por el cuarto, ni pestañas, ni nariz, ni dientes que sostuvieran la hipótesis de una metamorfosis de ese tipo en mi rostro. Tampoco el dolor propio de una mutación corporal, salvo que viniera camuflada (puede ser) por el dolor mantenido…
Si fuera cosa mía, agradecería que este ver no fuera realidad ni tampoco un sueño. Adoraría que fuera parte de una ficción temporal y privada, como mis dibujos de grafito sobre papel…

El mundo hace tiempo que transforma o aniquila a las viejas tribus y se iguala en las ciudades conectadas, pero aún conviven. El mundo hoy se nos vuelve excesivo en ojos e instantáneas, dificultándonos llegar a las capas de debajo, a las de detrás, a las del silencio o el vacío, a las de adentro.
Por eso, tal vez cuando lean esto, entre las capas y sobre las capas, así como se conforman los libros y los ojos, adviertan, como a mí me parece, que hay pantallas y libros que son como un pozo. Probablemente también descubran que nadie puede diferenciar aquello de lo que un libro habla y cómo está hecho, aquello de lo que un libro habla y cómo está leído.
La vida no está a un lado o a otro, la vida se mueve y se mezcla y nos sangra. Y aunque a mí se me hagan extremos estos dos mundos que vivo, intento abrazarlos y comprender. Y lo escribo mientras observo monólogos sobre uno mismo, miles de uno mismo, que conversan desde ellos solos. Mientras, con seguridad, muchos como yo derivan lamiendo sus pantallas, agotados de sus vidas de afuera, donde arrastramos el cuerpo que duele y enferma, y la marea sube y baja y nos moja y hace frío.
Tal vez mañana cambie y me sienta comprometida más allá de un gesto mínimamente cálido con quien tengo enfrente, tal vez mañana no pulse botones, y me detenga a compartir con alguien «¿por qué me gusta o no?, ¿por qué me importa?».

Necesito guardar tus mensajes y vídeos un tiempo para reforzar la idea de que no eres un fantasma, que no lo soy yo. La memoria de almacenamiento de mis aparatos aún puede con más, varios gigas de mensajes y archivos. Podría resistir un tiempo largo sin tener que preocuparme. Mi mundo aquí se ha vuelto más lento, que abro despacio los cajones de la mesita de noche y bajo la escalera como si al hacerlo estuviera haciendo algo que culmina en sí mismo y no sólo usándola para llegar a la planta de abajo.
Por las mañanas me he reencontrado con el tiempo. Hace días que mis padres fingen estar olvidando…
Irremediablemente, pensé en el futuro, en el momento posible en que una vida más que centenaria resulte lo habitual, la que yo quisiera para nosotros y para León. Casi como un espejismo, visualicé un mundo tecnológico de sujetos poshumanos, cuerpos hipermedicados, sin enfermedades, con implantes y prótesis máquina, con una duración muy superior a la modestísima que ahora se nos marca. Aunque también pensé en posibles y perversas alternativas de vida, menos frustrantes en la ignorancia, que los que mandan podrían destinar a los pobres, a los no conectados y a los excluidos, controlando el acceso a lo que importa o limitando lujos que irán, tal vez, desde la conexión libre hasta la materialidad o el privilegio de tocarse y viajar, medicando la ansiedad hacia la resignación y el apagamiento.

Pienso que nos dejaremos caer especialmente en aquellos mundos donde haya museos, archivos y posibilidad de cargar baterías, donde no tengamos necesidad de presentarnos como circo de monstruos…
Sé que es un sueño imposible, que la disconformidad es deseable y que a la par genera formas de violencia, pero me parece que el desafío nos exigiría arriesgarnos cuando desconocemos a los otros y en cierta forma nos vemos obligados a deshacernos frente a ellos, que divergen, a ponernos en su lugar, y a ellos, aquí.
Claro que nos producirá mucha angustia, pero quizá sea la oportunidad que esperábamos de sentir que no estamos solos del todo, conminados a actuar, ellos obligados por nosotros. Me dio por pensar que si nos arriesgamos, si ellos lo hacen, tal vez entonces seríamos responsables, tal vez entonces podríamos perdonarnos.
Quisiera creer que en esos sitios que encontraremos hay miradas que acogen sin asfixiar, y que allí la muerte puede ser, por fin, un apagarse tranquilo, escuchando el cantar de gentes muy distintas fuera, como un rezo caliente que acompañe el enfriarse de los párpados, como un progresivo disolverse en la saliva o en la lágrima del amigo que lame, del enemigo que se hace humano, que dice «lo siento» y se despide.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/03/26/el-entusiasmo-precariedad-y-trabajo-creativo-en-la-era-digital-remedios-zafra-enthusiasm-precariousness-and-creative-work-in-the-digital-age-by-remedios-zafra-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/03/un-cuarto-propio-conectado-remedios-zafra-a-connected-room-by-remedios-zafra-spanish-good-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/04/los-que-miran-remedios-zafra-those-who-look-by-remedios-zafra-spanish-book-edition/

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It’s not clear when we reached a point of no return, but it seems to me that Mom has put too much at stake with her promise if my brother survived, as if part of the exchange had already advanced it and now she was cheated by a reciprocity that has not been , frustrated by too great a vital investment. So much counting and praying, so many lights dedicated, so many processions, so much offering, so much remembering the steps to his house, the steps to his room; how many visits to my brother at the same time, every day; so much life put off by concentrating on what was promised to an image that makes her look upside down.
People have no idea that while we pretend to inhabit the world we live all the time in that quilt or in that image. And I have no doubt that on the quilt are all those promises that, excessive, Mom has made in recent months. The dozens of candles that have illuminated the Virgin of the Impossible, leaving the ones in the other chapels, with less pretentious names, abandoned and almost in the dark, I don’t remember if the Desamparados or the Angustias.

A book that talks about the mourning for the death of a brother, but that also talks about new ways of making literature, about a new concept, just because of the risk that the author has played, it is worth reading it. I like all works that involve literary risk and this one without a doubt is. It shows that the author believes what she does, that she is convinced of what she does and bets, regardless of fashions or trends … Parallels to «the violet hour» by Sergio Del Molino.

I don’t remember exactly when I felt my face go smooth, free of holes and bumps. Maybe it was the days of paralysis after my brother’s death, or maybe my repeated obsession with looking closely at the irregularities and changes of the flesh that is getting sick or aging, that made an eraser or simply exhausted what I was looking for. excess, as if looking was like eating a bag of pipes and what looked was consumed until it disappeared. But I found no peels or material remains of the transformation around the room, no eyelashes, no nose, or teeth that would support the hypothesis of such a metamorphosis on my face. Neither the pain typical of a bodily mutation, unless it came camouflaged (it may be) by the pain maintained …
If it were my thing, I would be grateful that this seeing was not a reality or a dream. I would love for it to be part of a temporary and private fiction, like my graphite drawings on paper …

The world has long transformed or annihilated the old tribes and evened out in connected cities, but they still coexist. The world today becomes excessive in eyes and snapshots, making it difficult for us to reach the layers below, those behind, those of silence or emptiness, those within.
So maybe when you read this, between the layers and on the layers, as well as the books and the eyes, you will notice, as it seems to me, that there are screens and books that are like a well. They will also probably discover that no one can differentiate what a book talks about and how it is made, what a book talks about and how it is read.
Life is not to one side or another, life moves and mixes and bleeds us. And although these two worlds that I live become extreme to me, I try to embrace and understand them. And I write it while I observe monologues about oneself, thousands of oneself, who converse from themselves. While, surely, many like me drift licking their screens, exhausted from their lives outside, where we drag the body that hurts and makes us sick, and the tide rises and falls and we are wet and cold.
Maybe tomorrow I will change and feel committed beyond a minimally warm gesture with the person in front of me, maybe tomorrow I will not press buttons, and I will stop to share with someone «why do I like it or not? Why do I care? ».

I need to save your messages and videos for a while to reinforce the idea that you are not a ghost, that I am not. The storage memory of my devices can still hold more, several gigabytes of messages and files. I could hold out for a long time without worrying. My world here has slowed down, that I slowly open the drawers of the nightstand and go down the staircase as if in doing so I am doing something that culminates in itself and not just using it to get to the ground floor.
In the mornings I have rediscovered myself with time. For days my parents pretend to be forgetting …
Irremediably, I thought about the future, at the possible moment when a life more than a hundred years old is the usual, the one that I would like for us and for León. Almost like a mirage, I envisioned a technological world of post-human subjects, hypermedicated bodies, without diseases, with implants and machine prostheses, with a duration far superior to the very modest that is now marked on us. Although I also thought of possible and perverse life alternatives, less frustrating in ignorance, that those in charge could allocate to the poor, the unconnected and the excluded, controlling access to what matters or limiting luxuries that will go, perhaps , from free connection to materiality or the privilege of touching and traveling, medicating anxiety towards resignation and shutdown.

I think that we will let ourselves fall especially in those worlds where there are museums, archives and the possibility of charging batteries, where we do not need to present ourselves as a circus of monsters …
I know that it is an impossible dream, that disagreement is desirable and that at the same time it generates forms of violence, but it seems to me that the challenge would require us to take risks when we do not know others and in a certain way we are forced to undo in front of them, that diverge, to put ourselves in their place, and to them, here.
Of course, it will cause us a lot of anguish, but perhaps it is the opportunity we were waiting for to feel that we are not entirely alone, ordered to act, they are forced by us. It struck me that if we took a risk, if they did, maybe then we would be responsible, maybe then we could forgive ourselves.
I would like to believe that in those places that we will find there are looks that welcome without suffocating, and that there death can be, finally, a quiet fading, listening to the singing of very different people outside, like a hot prayer that accompanies the cooling of the eyelids , like a progressive dissolving in the saliva or in the tears of the friend who licks, of the enemy who becomes human, who says «I’m sorry» and says goodbye.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/03/26/el-entusiasmo-precariedad-y-trabajo-creativo-en-la-era-digital-remedios-zafra-enthusiasm-precariousness-and-creative-work-in-the-digital-age-by-remedios-zafra-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/03/un-cuarto-propio-conectado-remedios-zafra-a-connected-room-by-remedios-zafra-spanish-good-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2022/01/04/los-que-miran-remedios-zafra-those-who-look-by-remedios-zafra-spanish-book-edition/

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