Sexo Y Erotismo En El Antiguo Egipto — Benjamín Collado Hinarejos / Sex And Erotism In Ancient Egypt by Benjamín Collado Hinarejos

Me ha encantado el libro de Benjamín Collado. Muy recomendable para aquellos lectores que quieran conocer muchas curiosidades sobre el erotismo y el sexo en la cultura egipcia. Es muy entretenido, interesante y al mismo tiempo divertido. Bien documentado.

¿Cuál es la idea que tenemos del erotismo en el Antiguo Egipto? Seguramente a la mayoría de personas a las que hagamos esta pregunta lo primero que les venga a la cabeza sea la imagen de unas bailarinas ligeras de ropa que se contornean lascivas ante el faraón que, complacido, observa el espectáculo sentado en su trono mientras unas jóvenes criadas, casi unas niñas, le sirven vino desnudas o cubriéndose apenas con algunas transparencias.
Si a estas imágenes, que ciertamente son reales y ampliamente representadas en el arte egipcio, unimos informaciones interesadas transmitidas por otras fuentes antiguas, principalmente romanas, que se cebaron con la «depravada» Cleopatra, la reina que escandalizó a Roma seduciendo a algunos de sus más ilustres hijos (Julio Cesar y Marco Antonio), y cuya vida sexual se encargaron de airear y amplificar hasta el absurdo; comprenderemos por qué ha calado en el imaginario popular la idea de un Egipto completamente desinhibido sexualmente, cuando no pervertido y degenerado, en el que se daban cita todas las conductas sexuales posibles, incluidas las consideradas como más reprobables.
Pero lo cierto es que nos encontramos con la paradoja de que a pesar de estar ante una cultura en la que la sexualidad se trataba con mayor naturalidad y libertad que en otros pueblos de la antigüedad como pudieran ser el griego o el romano, apenas nos han dejado muestras de arte erótico ni menciones explícitas a la práctica sexual más allá de las que se desarrollaban entre sus dioses; todo lo contrario que en los otros dos pueblos mencionados, donde son numerosísimos los relatos escritos de temática abiertamente erótica, así como las representaciones sexuales en la pintura, escultura, joyería etc.
Aún así los datos parecen indicar que en el antiguo Egipto el sexo se vería en general como una actividad abierta, muy alejada de las connotaciones negativas y los sentimientos de culpa que vemos en otras culturas, tanto antiguas como actuales.
Tampoco debemos olvidar que el egipcio era un pueblo muy religioso, y el hecho de que en sus textos e imágenes sagradas aparezcan frecuentes alusiones a relaciones sexuales, incluidos incestos, adulterios, masturbaciones, homosexualidad, e incluso actos de necrofilia, habría contribuido de una forma decisiva a que la sexualidad se viera como algo completamente natural, tanto en esta vida como en la otra, aunque muy alejado de esa visión de excesos que quisieron transmitir algunas fuentes posteriores.

A la hora de estudiar esta importante faceta de la vida egipcia debemos echar mano de dos tipos de fuentes. Por un lado encontramos una serie de representaciones artísticas en los más diversos formatos, y por otra parte contamos con un importante número de textos.
Cuando analizamos los textos tenemos que hacer una diferenciación entre aquellos que aparecen grabados en los monumentos y tumbas, que tienden a ser un poco más «pudorosos», y los papiros escritos, que pueden ser de muy diversa temática: desde libros prácticos sobre medicina, enseñanzas, relatos de viajes, interpretación de sueños, etc., a obras puramente literarias como cuentos o poemas. Algunos de estos textos pueden ser de lo más explícitos.
Por lo que respecta a las representaciones artísticas, estas aparecen en todo tipo de soportes y formatos. Desde los relieves y gran estatuaria oficial que encontramos en templos, monumentos y tumbas de la realeza y altos dignatarios, acompañados en muchos casos de pinturas con la misma estética y tratamiento del erotismo, a las obras más populares, como amuletos, pequeñas esculturas y objetos de uso cotidiano a los que se da forma o decora con motivos eróticos, sin olvidar los dibujos sobre papiro.
Indicábamos que las representaciones de relaciones sexuales explícitas en la iconografía egipcia eran muy escasas, pero en realidad podrían ser mucho más numerosas de lo que puede parecer a simple vista, y es que son muchos los egiptólogos que consideran que con frecuencia estas relaciones no se mostrarían de forma abierta y evidente, sino mediante la utilización de símbolos y convenciones artísticas que serían conocidas por los observadores de la época, aunque en muchos casos a nosotros se nos escapen. Esto sería más frecuente en las imágenes representadas en los templos y tumbas reales, en las que había que mantener un cierto «decoro», mientras que en las tumbas privadas los artistas se podían tomar ciertas libertades, aunque tampoco muchas.
El ejemplo perfecto lo encontramos en uno de los más conocidos convencionalismos, el de mostrar a Isis en forma de milano volando sobre el cuerpo momificado de su esposo y hermano Osiris o posándose sobre él.

El más conocido de estos episodios de corte sexual es además uno de los más importantes, ya que narra la creación del mundo en la cosmogonía heliopolitana (de Heliópolis, Iunu para los antiguos egipcios). En él la suprema divinidad egipcia, Atum-Ra, el dios sol, se creó a sí mismo de la nada, y al carecer de mujer con la que tener descendencia se masturbó y derramó su semen sobre el suelo. De este semen surgieron Shu, dios de la luz y el aire, y Tefnut, diosa de la humedad. Según otra versión el dios, al masturbarse, recogió el semen en su boca, que representaría la parte femenina del acto, escupiendo a sus dos hijos completamente formados. Estos se unieron ya de un modo natural engendrando a Nut, la bóveda celeste, y Geb, dios de la tierra.
A pesar de ser hermanos Nut y Geb mantenían relaciones sexuales de forma continua, pero su padre Shu, por orden de Ra, prohibió esta relación. Este es el motivo por el cual en las representaciones artísticas suele aparecer Nut arqueada y cubierta de estrellas, sobre Geb que está tumbado en el suelo, y a menudo Shu entre ambos, separándolos. Al separar el cielo de la tierra se dejó espacio para el desarrollo de la vida. En algunas representaciones Geb aparece con el miembro erecto o, incluso, realizándose una autofelación, quizá como forma de aplacar su deseo sexual hacia Nut.
Otro de los mitos de mayor importancia en la religión egipcia es el de Osiris. Según este, Seth asesinó a su hermano Osiris, descuartizó su cuerpo y repartió los pedazos por todo Egipto. Pero Isis, la esposa del fallecido, ayudada por su hermana Neftis y su sobrino Anubis, consiguió recuperar todos los trozos, bueno, todos no, ya que casualmente el único pedazo que no apareció fue el pene, que había sido arrojado por Seth al Nilo, donde fue comido por un pez (un oxirrinco). Finalmente Isis consiguió recomponer el cuerpo de su esposo creando la primera momia, y sustituyó el miembro perdido por otro artificial, lo que le permitió copular con él transformada en pájaro y quedar así mágicamente embarazada. Esta cópula permitió también a Osiris renacer en la otra vida como divinidad, mientras que Isis dio a luz a Horus, el dios representado con cabeza de halcón, que se convertiría más tarde en rey de Egipto (no confundir con Horus el viejo, hijo de Nut y Geb).
Pero una cosa eran las relaciones entre los dioses y la realeza y otra muy diferente las del resto de los humanos, que debían mantenerse alejados de los muros sagrados para según qué cosas. De acuerdo con Herodoto, los egipcios fueron los primeros en prohibir mantener relaciones sexuales dentro de los templos, y no solo eso, sino que quien ya las hubiera mantenido estaba obligado a lavarse antes de penetrar en el recinto sagrado. Por su parte los sacerdotes debían observar varios días de abstinencia sexual antes de desarrollar sus funciones en el templo.

Son muchos los indicios de que en el antiguo Egipto existió un culto al falo como símbolo de la fertilidad masculina. A pesar de que a lo largo de la historia de las investigaciones en Egipto han sido muchos los intentos por esconder, cuando no destruir, estas evidencias, aún contamos con bastantes piezas entre las que destacan las numerosas estatuillas de los dioses Bes y Min en posición itifálica (con el pene erecto) que se han localizado, aunque los primeros ejemplos conocidos de figuritas masculinas con un gran miembro erecto proceden ya de época predinástica.

En el antiguo Egipto el matrimonio se consideraba el estado ideal tanto para los hombres como para las mujeres, y la familia nuclear (la pareja junto a sus hijos) era considerada el eje sobre el que debía girar la sociedad egipcia, con lo que incluso los dioses eran agrupados de este modo. Era tal la importancia que le daban a este modelo familiar que carecían de nombres para denominar al resto de parientes, por ejemplo, el término padre era utilizado también para denominar al abuelo, mientras que se utilizaba el mismo vocablo para denominar al hijo, al nieto y al sobrino.
En otras culturas antiguas del Mediterráneo, como la griega o la romana, los hombres intentaban prolongar su soltería todo lo posible, con lo que por ejemplo para un griego era normal contraer matrimonio entrada ya la treintena, sin embargo para los varones egipcios esa sería una edad demasiado tardía.
En general, la visión que nos dan los contratos matrimoniales conservados es de una relativa igualdad de derechos económicos entre hombre y mujer, ya que ambos pueden poseer, transmitir y administrar sus propiedades con una gran autonomía y sin la total sumisión de la mujer al varón que encontramos en otras culturas contemporáneas e incluso posteriores. De todos modos hay que tener en cuenta que estos contratos se refieren exclusivamente a parejas de una posición económica mínimamente acomodada, con lo que se desconoce como tratarían estos aspectos las capas más bajas de la sociedad que, por lógica, serían las más numerosas.

Las relaciones extramatrimoniales de ambos miembros de la pareja estaban muy mal vistas en la sociedad egipcia, aunque aquí la mentalidad machista era más que evidente. Y es que mientras a la mujer soltera le estaba prohibido relacionarse con hombres casados y a la mujer casada le eran negadas completamente las relaciones extramatrimoniales, en los textos conocidos al marido solo se le advierte contra las relaciones con mujeres casadas pero no se dice nada de las solteras, con lo que en la práctica la única que tiene totalmente prohibido el adulterio es la mujer.
Por lo que respecta a las penas impuestas a los adúlteros, por lo general eran más duras para las mujeres que para los hombres, ya que podía llegar a acarrearles la pena de muerte, aunque parece ser que en el periodo tardío los castigos para las féminas se suavizaron mucho.

Se ha hablado mucho sobre el incesto como una costumbre habitual entre los antiguos egipcios, y eso es algo que habría que matizar.
Aunque no eran la norma, los matrimonios entre hermanos existían, y fueron más frecuentes en los periodos más tardíos.
El incesto era también relativamente frecuente entre la realeza, tanto por motivos políticos, para mantener el poder real dentro de una determinada familia, como por imitación a los dioses, entre los que ya vimos que el incesto era corriente. Pero la endogamia podía tener efectos no deseados, como las malformaciones y enfermedades congénitas. El ejemplo más conocido lo encontramos en el faraón Tutankamon, que arrastró durante toda su vida importantes problemas de salud, incluida la deformidad en un pie que le provocaba una pronunciada cojera, problemas originados muy posiblemente por los sucesivos matrimonios incestuosos en su familia. La causa de su muerte parece haber sido una infección ocasionada a raíz de la fractura de una pierna, que su débil organismo no fue capaz de combatir.
Por otro lado los matrimonios entre parientes no tan directos eran bastante frecuentes en todas las clases sociales; principalmente se daban entre hermanastros, tío y sobrina, y muy especialmente entre primos, algo que sigue siendo frecuente en el Egipto actual, y sobre todo en Sudán, la antigua Nubia.

El sistema anticonceptivo más sencillo siempre ha sido el «coitus interruptus» es decir, la eyaculación fuera del cuerpo de la mujer, con lo que a pesar de la falta de alusiones expresas consideramos que, muy posiblemente, sería uno de los métodos preferidos a pesar de los riesgos de fallo. Y es que en Egipto el «coitus interruptus» carecía de las connotaciones negativas que se daban en otras culturas como la judía, en la que incluso era expresamente prohibida por las leyes (recuerden el pasaje de Onán en el Antiguo Testamento). En el país del Nilo no solo no estaba prohibido, sino que como hemos visto antes el hecho de derramar el semen estaba en el origen de la creación del mundo según la cosmogonía heliopolitana. Por el mismo motivo la masturbación masculina no estaría mal vista.
Otro sencillo método recomendado en algunos papiros, y también de limitada utilidad, serían los lavados vaginales tras el coito.

Se han encontrado recetas de preparados para evitar que el parto se malograra, y que solían estar compuestas por plantas mezcladas con miel y aceites o cebollas con vino, y que se aplicaban en el interior de la vagina en caso de sangrados. Con ellos se pretendía contraer la matriz para retener al feto en el cuerpo de la madre.
Pero por otro lado también encontramos referencias al aborto inducido, al que se referían como «desviación de la preñez», con lo que todo hace pensar que, aunque mal vista, sería una práctica bastante común y socialmente tolerada. Para conseguir este objetivo el papiro Ebers recomienda machacar frutos de acanto, dátiles y cebollas, mezclar esa pasta con miel y extenderla en un paño que se aplicaría en la vulva de la mujer. Otro método empleado serían las duchas vaginales con diversos preparados entre los que destaca el aceite caliente.
Los egipcios creían que la boca, la vagina y el ano eran las aberturas de unos conductos que confluían en el interior del vientre, donde se intercomunicaban. Por eso idearon un sencillo sistema para saber si una mujer era o no fértil; se introducía un diente de ajo o una cebolla en la vagina de la mujer —desconocemos los criterios para usar uno u otra— y a la mañana siguiente se le olía la boca. Si el aliento le olía a ajo o cebolla significaba que esta mujer podía quedar embarazada, en caso contrario se consideraba que sus conductos internos estaban obstruidos, con lo cual esa mujer no podría concebir.
Otra prueba de fertilidad consistía en administrar a la paciente por vía oral harina de dátiles mezclada con cerveza o una mezcla de hierbas con leche de una mujer que hubiera dado a luz a un varón; si la mujer vomitaba los preparados consideraban que no era estéril. Como dato curioso se puede indicar que también pensaban que las mujeres bizcas eran incapaces de concebir un hijo, aunque desconocemos las razones en que basarían semejante idea.
Se consideraba que la leche de una mujer que acababa de dar a un varón era excelente para favorecer la fertilidad femenina, pero también para curar quemaduras, problemas oculares y para tratar enfermedades infantiles como diarreas, neumonías, bronquitis, etc.

Para tratar las infecciones vaginales los papiros médicos prescriben muy diversos preparados con los que habría que irrigarse la zona enferma, y que cuentan entre sus ingredientes con leche de burra, bilis de cerdo o cuerno de vaca triturado.
Según el papiro Ebers un útero desplazado podía recolocarse quemando excrementos humanos secos en un incensario mientras la mujer se situaba encima con las piernas abiertas de forma que el humo penetrara por su vagina. Y es que los egipcios tenían la idea de que este órgano flotaba libre en el vientre de la mujer, con lo que si se colocaba en un lugar inapropiado podía provocar distintas dolencias.
La circuncisión era una práctica habitual entre los varones egipcios, y eso era así desde época predinástica, ya que se han encontrado cuerpos momificados de forma natural datados en el período de Nagada I (c. 3900 a. C.) que la presentaban, aunque deberíamos considerarla más un rito religioso que una intervención médica, por lo que era realizada por sacerdotes y no por médicos. Esta operación se llevaba a cabo siempre con un cuchillo curvo de Sílex a pesar de que se disponía de instrumentos cortantes de metal mucho más afilados. La circuncisión sería vista como un rito de paso de los niños a la vida adulta.

Las alusiones y representaciones de sexo oral son más que escasas, limitándose casi en su totalidad a algunas pinturas en las que aparece el dios Geb realizándose una autofelación ante la imposibilidad de mantener relaciones con su esposa Nut. El hecho de que el dios se aliviara de este modo tan acrobático y poco práctico en vez de mediante una simple masturbación, parece indicarnos que el sexo oral sería una práctica habitual entre los egipcios, aunque quedaría relegado de las representaciones artísticas por ser una práctica estéril que no perseguía la reproducción. Vemos de nuevo como una cosa era la postura oficial y otra muy diferente la vida sexual de la mayoría de los egipcios.
(Necrofilia) Esta práctica, que hoy calificamos como aberrante, parece no haber sido algo tan extraño en el antiguo Egipto, aunque tampoco entonces sería ni legal ni socialmente aceptada.
Las fuentes clásicas indican que cuando las familias pudientes entregaban a una mujer fallecida a los embalsamadores ponían a una persona de confianza encargada de vigilar el cuerpo para evitar que fuera profanado, y Herodoto nos dice que los egipcios acostumbraban a no entregar los cuerpos de las mujeres bellas a los embalsamadores hasta que, pasados tres o cuatro días del fallecimiento, comenzaba la putrefacción del cadáver. Lógicamente esto ocasionaría que el proceso de embalsamado no obtuviera unos resultados óptimos, lo que podría ser la causa de la peor conservación constatada en no pocas momias femeninas respecto de las masculinas.

Aunque está claro que la homosexualidad, tanto masculina como femenina, estaba presente en el antiguo Egipto del mismo modo que en el resto de sociedades antiguas y modernas, lo cierto es que las menciones expresas en las fuentes escritas y en la iconografía son más que escasas, tanto es así que ni siquiera tenían una palabra para definir las relaciones entre personas del mismo sexo.
Si a esta escasez en origen añadimos el hecho comprobado de que hasta no hace demasiados años se han ocultado, cuando no directamente destruido, muchas referencias a la sexualidad en general, pero muy especialmente a la homosexualidad, comprenderemos que es muy difícil hacernos una idea ajustada de esta faceta de la sexualidad egipcia.

La prostitución existió en el Antiguo Egipto del mismo modo que existió en la inmensa mayoría de culturas del Mediterráneo antiguo, y eso es algo que ha quedado reflejado en diversas fuentes, principalmente escritas.
Una de las más conocidas referencias a la prostitución en el País del Nilo nos remite al historiador griego Herodoto, que vivió en el siglo V a. C., y que nos cuenta que el faraón Keops (siglo XXVI a. C.), ante la necesidad de dinero para terminar su pirámide, obligó a una de sus hijas a trabajar en un prostíbulo hasta que consiguiera una suma determinada. Lógicamente estamos ante un burdo intento de ataque hacia la figura de este rey al que Herodoto no tenía demasiado cariño, ya que lo consideraba un tirano y un criminal. Pero el hecho de que mencione esta actividad nos indica que era una práctica real y conocida en aquel momento que, recordemos, es anterior a la conquista griega. Por cierto, parece que la hija de Keops descubrió lo rentable que era el negocio o le cogió afición a la cosa, porque según Herodoto la buena muchacha continuó trabajando en el lupanar tras reunir la cantidad pedida por su padre, pero a partir de ese momento para ella misma, ya que exigía a cada uno de sus clientes que pagara una piedra para su propia tumba. De acuerdo con el historiador griego, con esta actividad la chica se habría construido la pirámide central de las tres que hay junto a la de Keops.

En el siguiente ejemplo una mujer provoca de forma clara el deseo de su amado:
Te acompaño, mi dios, esposo mío.
Es delicioso bajar al río
y hacer lo que me pides:
entrar al agua, bañarme frente a ti.
Te dejo ver mi belleza
bajo el lino delgado de la túnica,
empapada en esencias,
impregnada de aceites.
Por estar contigo
me sumerjo en el río y salgo
con un pez rojo en las manos.
Es feliz entre mis dedos.
Me lo pongo sobre mis pechos.
Oh mi dios, esposo mío
ven, y mira.
(Ostracon Deir el Medina 1266. Traducción Francisco Segovia a partir de Manniche).

Aquí otra muestra de amor y total entrega de un amante:
Ella es una mujer como no hay otra igual.
Es más bonita que ninguna otra.
Mira, es una diosa estrella naciente
al principio de un feliz año nuevo;
brillantemente blanca, de piel brillante;
con preciosos ojos para mirar,
con dulces labios para hablar.
(Papiro Chester Beatty I, Dublín).

Estoy convencido de que el conocimiento del mundo del sexo y el erotismo entre los antiguos egipcios no va a dejar de aumentar con nuevas piezas y nuevos estudios de los investigadores, que a día de hoy siguen trabajando para arrojar nueva luz sobre una de las facetas más interesantes y menos conocidas de la apasionante civilización de los hijos del Nilo.

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I have loved Benjamin Collado’s book. Highly recommended for those readers who want to know many curiosities about eroticism and sex in Egyptian culture. It is very entertaining, interesting and at the same time fun. Well documented.

What is the idea we have of eroticism in Ancient Egypt? Surely most of the people to whom we ask this question the first thing that comes to mind is the image of scantily clad dancers that lurk in front of the pharaoh who, pleased, watches the show sitting on his throne while some young women maids, almost girls, serve him wine naked or barely covering themselves with a few transparencies.
If to these images, which are certainly real and widely represented in Egyptian art, we add interested information transmitted by other ancient sources, mainly Roman, that were primed with the «depraved» Cleopatra, the queen who scandalized Rome by seducing some of her most illustrious children (Julio Cesar and Marco Antonio), and whose sexual life they took charge of airing and amplifying to the point of absurdity; We will understand why the idea of a completely sexually uninhibited, if not perverted and degenerate Egypt, has permeated the popular imagination, in which all possible sexual behaviors occurred, including those considered most reprehensible.
But the truth is that we find ourselves with the paradox that despite being faced with a culture in which sexuality was treated more naturally and freely than in other ancient peoples such as the Greek or the Roman, we have hardly been left samples of erotic art or explicit mentions of sexual practice beyond those that developed between their gods; quite the opposite of the other two towns mentioned, where there are many written accounts of openly erotic themes, as well as sexual representations in painting, sculpture, jewelry, etc.
Even so, the data seem to indicate that in ancient Egypt sex would be seen in general as an open activity, far removed from the negative connotations and feelings of guilt that we see in other cultures, both ancient and current.
Nor should we forget that the Egyptians were a very religious people, and the fact that frequent allusions to sexual relations appear in their sacred texts and images, including incest, adultery, masturbation, homosexuality, and even acts of necrophilia, would have contributed in a way decisive for sexuality to be seen as something completely natural, both in this life and in the next, although very far from that vision of excesses that some later sources wanted to transmit.

When it comes to studying this important facet of Egyptian life, we must draw on two types of sources. On the one hand we find a series of artistic representations in the most diverse formats, and on the other hand we have a significant number of texts.
When we analyze the texts, we have to make a differentiation between those that appear engraved on monuments and tombs, which tend to be a bit more «modest», and the written papyri, which can be of very different subject matter: from practical books on medicine, teachings, travel stories, interpretation of dreams, etc., to purely literary works such as stories or poems. Some of these texts can be quite explicit.
With regard to artistic representations, they appear in all kinds of media and formats. From the reliefs and great official statuary that we find in temples, monuments and tombs of royalty and high dignitaries, accompanied in many cases by paintings with the same aesthetics and treatment of eroticism, to the most popular works, such as amulets, small sculptures and objects for everyday use that is shaped or decorated with erotic motifs, without forgetting the drawings on papyrus.
We indicated that the representations of explicit sexual relations in Egyptian iconography were very scarce, but in reality they could be much more numerous than it may seem at first glance, and it is that there are many Egyptologists who consider that these relations would often not be shown. in an open and obvious way, but through the use of symbols and artistic conventions that would be known to observers of the time, although in many cases they escape us. This would be more frequent in the images represented in the temples and royal tombs, in which a certain «decorum» had to be maintained, while in the private tombs the artists could take certain liberties, although not many.
The perfect example is found in one of the most well-known conventions, that of showing Isis in the form of a kite flying over the mummified body of her husband and her brother Osiris of her or resting on him.

The best known of these episodes of a sexual nature is also one of the most important, since it narrates the creation of the world in the Heliopolitan cosmogony (from Heliopolis, Iunu for the ancient Egyptians). In him the supreme Egyptian divinity, Atum-Ra, the sun god, created himself from nothing, and lacking a woman with whom to have offspring he masturbated and spilled his semen on the ground. From this semen emerged Shu, god of light and air, and Tefnut, goddess of moisture. According to another version, the god, while masturbating, collected the semen in his mouth, which would represent the female part of the act, spitting his two sons fully formed from him. These were already united in a natural way generating Nut, the celestial vault, and Geb, god of the earth.
Despite being brothers, Nut and Geb had sexual relations continuously, but their father Shu, by order of Ra, prohibited this relationship. This is the reason why in artistic representations Nut usually appears arched and covered with stars, on Geb that is lying on the ground, and often Shu between them, separating them. By separating heaven from earth, space was left for the development of life. In some representations Geb appears with an erect member or even performing an autofhelation, perhaps as a way to appease his sexual desire for Nut.
Another of the most important myths in the Egyptian religion is that of Osiris. According to this, Seth murdered his brother Osiris, dismembered his body and distributed the pieces throughout Egypt. But Isis, the wife of the deceased, helped by her sister Nephthys and her nephew Anubis, managed to recover all the pieces, well, not all, since coincidentally the only piece that did not appear was the penis, which had been thrown by Seth into the Nile , where it was eaten by a fish (an oxyrhynchus). Finally Isis managed to rebuild the body of her husband creating the first mummy, and replaced the lost member with an artificial one, which allowed her to copulate with him transformed into a bird and thus become magically pregnant. This copulation also allowed Osiris to be reborn in the afterlife as a divinity, while Isis gave birth to Horus, the god represented with the head of a falcon, who would later become king of Egypt (not to be confused with Horus the old, son of Nut and Geb).
But one thing was the relationship between the gods and royalty and another very different from the rest of the humans, who had to stay away from the sacred walls for what reasons. According to Herodotus, the Egyptians were the first to forbid having sexual relations inside the temples, and not only that, but whoever had already had them was obliged to wash before entering the sacred enclosure. For their part, the priests had to observe several days of sexual abstinence before carrying out their functions in the temple.

There are many indications that in ancient Egypt there was a cult of the phallus as a symbol of male fertility. Despite the fact that throughout the history of investigations in Egypt there have been many attempts to hide, if not destroy, this evidence, we still have quite a few pieces, among which the numerous statuettes of the gods Bes and Min stand out in position. Itiphalic (with an erect penis) that have been located, although the first known examples of male figurines with a large erect member date from predynastic times.

In ancient Egypt, marriage was considered the ideal state for both men and women, and the nuclear family (the couple together with their children) was considered the axis on which Egyptian society should revolve, with which even the gods were grouped in this way. Such was the importance they gave to this family model that they lacked names to refer to the rest of the relatives, for example, the term father was also used to refer to the grandfather, while the same word was used to refer to the son, the grandson and the nephew.
In other ancient cultures of the Mediterranean, such as the Greek or Roman, men tried to prolong their singleness as long as possible, so for example, it was normal for a Greek to marry in their early thirties, however for Egyptian men that would be a age too late.
In general, the vision that the preserved marriage contracts give us is of a relative equality of economic rights between men and women, since both can own, transmit and manage their properties with great autonomy and without the total submission of women to men. that we find in other contemporary and even later cultures. In any case, it must be taken into account that these contracts refer exclusively to couples with a minimally well-off economic position, so it is unknown how the lower layers of society would treat these aspects, which, logically, would be the most numerous.

The extramarital affairs of both members of the couple were very frowned upon in Egyptian society, although here the macho mentality was more than evident. And it is that while the single woman was forbidden to interact with married men and the married woman was completely denied extramarital relations, in the known texts the husband is only warned against relations with married women but nothing is said about them. single, with which in practice the only one who is totally prohibited from adultery is the woman.
Regarding the penalties imposed on adulterers, they were generally harsher for women than for men, since it could lead to the death penalty, although it seems that in the late period the punishments for women they smoothed out a lot.

Much has been said about incest as a common custom among ancient Egyptians, and that is something that should be qualified.
Although not the norm, sibling marriages did exist, and they were more frequent in later periods.
Incest was also relatively frequent among royalty, both for political reasons, to maintain royal power within a certain family, and for imitation of the gods, among whom we have already seen that incest was common. But inbreeding could have unwanted effects, such as birth defects and diseases. The best known example is found in the pharaoh Tutankhamun, who suffered significant health problems throughout his life, including a deformity in one foot that caused a pronounced limp, problems very possibly caused by successive incestuous marriages in his family. The cause of his death appears to have been an infection caused by a broken leg, which his weak organism was unable to combat.
On the other hand, marriages between not so direct relatives were quite frequent in all social classes; They mainly occurred between stepbrothers, uncle and niece, and very especially between cousins, something that continues to be frequent in modern Egypt, and especially in Sudan, ancient Nubia.

The simplest contraceptive system has always been the «coitus interruptus», that is, ejaculation outside the woman’s body, so that despite the lack of express allusions we consider that, quite possibly, it would be one of the preferred methods despite of the risks of failure. And it is that in Egypt the «coitus interruptus» lacked the negative connotations that occurred in other cultures such as the Jewish, in which it was even expressly prohibited by law (remember the passage of Onan in the Old Testament). Not only was it not forbidden in the country of the Nile, but as we have seen before, the spilling of semen was at the origin of the creation of the world according to the Heliopolitan cosmogony. For the same reason, male masturbation would not be frowned upon.
Another simple method recommended in some papyri, and also of limited utility, would be vaginal washing after intercourse.

Recipes have been found for preparations to prevent labor from going bad, and which used to be composed of plants mixed with honey and oils or onions with wine, and which were applied inside the vagina in case of bleeding. They were intended to contract the womb to retain the fetus in the mother’s body.
But on the other hand we also find references to induced abortion, which was referred to as «deviation of pregnancy», with which everything suggests that, although frowned upon, it would be a fairly common and socially tolerated practice. To achieve this objective, the Ebers papyrus recommends crushing acanthus fruits, dates and onions, mixing this paste with honey and spreading it on a cloth that would be applied to the woman’s vulva. Another method used would be vaginal douches with various preparations, among which hot oil stands out.
The Egyptians believed that the mouth, vagina and anus were the openings of some tubes that converged inside the belly, where they intercommunicated. So they devised a simple system to know if a woman was fertile or not; a clove of garlic or an onion was inserted into the woman’s vagina – we do not know the criteria for using one or the other – and the next morning she smelled her mouth. If her breath smelled of garlic or onion it meant that this woman could become pregnant, otherwise it was considered that her internal ducts were obstructed, thus that woman could not conceive.
Another fertility test consisted of orally administering date flour mixed with beer or an herbal mixture with milk from a woman who had given birth to a boy; if the woman vomited the preparations, they considered that she was not sterile. As a curious fact, it can be indicated that they also thought that cross-eyed women were incapable of conceiving a child, although we do not know the reasons on which they would base such an idea.
The milk of a woman who had just given a man was considered to be excellent for promoting female fertility, but also for curing burns, eye problems and for treating childhood diseases such as diarrhea, pneumonia, bronchitis, etc.

To treat vaginal infections, medical papyri prescribe a wide variety of preparations with which the diseased area would have to be irrigated, and which include donkey’s milk, pig bile or crushed cow horn among their ingredients.
According to the Ebers papyrus, a displaced uterus could be repositioned by burning dried human excrement in a censer while the woman stood on top of her with her legs spread so that the smoke penetrated her vagina. And it is that the Egyptians had the idea that this organ floated free in the woman’s womb, so that if it was placed in an inappropriate place it could cause different ailments.
Circumcision was a common practice among Egyptian men, and that was the case since predynastic times, since naturally mummified bodies dating to the Nagada I period (c. 3900 BC) have been found that presented it, although we should consider it more a religious rite than a medical intervention, as it was performed by priests and not by doctors. This operation was always carried out with a curved flint knife even though much sharper metal cutting instruments were available. Circumcision would be seen as a rite of passage from boys to adult life.

The allusions and representations of oral sex are more than scarce, being limited almost entirely to some paintings in which the god Geb appears performing an autophelation due to the impossibility of maintaining relations with his wife Nut. The fact that the god was relieved in this acrobatic and impractical way instead of through simple masturbation, seems to indicate that oral sex would be a common practice among Egyptians, although it would be relegated from artistic representations because it is a sterile practice that it was not pursuing reproduction. We see again how the official position was one thing and the sexual life of most Egyptians quite another.
(Necrophilia) This practice, which today we qualify as aberrant, seems not to have been something so strange in ancient Egypt, although it would not be legally or socially accepted then either.
Classic sources indicate that when wealthy families handed over a deceased woman to embalmers, they put a trusted person in charge of guarding the body to prevent it from being desecrated, and Herodotus tells us that the Egyptians used to not deliver the women’s bodies beautiful to embalmers until, three or four days after death, the putrefaction of the corpse began. Logically, this would cause the embalming process to not obtain optimal results, which could be the cause of the worst conservation found in many female mummies compared to male ones.

Although it is clear that homosexuality, both male and female, was present in ancient Egypt in the same way as in the rest of ancient and modern societies, the truth is that the express mentions in written sources and in iconography are more than scarce So much so that they didn’t even have a word to define same-sex relationships.
If to this scarcity in origin we add the proven fact that until not too many years ago many references to sexuality in general, but very especially to homosexuality, have been hidden, if not directly destroyed, we will understand that it is very difficult to get an accurate idea of this facet of Egyptian sexuality.

Prostitution existed in Ancient Egypt in the same way that it existed in the vast majority of ancient Mediterranean cultures, and that is something that has been reflected in various sources, mainly written.
One of the best known references to prostitution in the Nile Country refers us to the Greek historian Herodotus, who lived in the 5th century BC. C., and that he tells us that Pharaoh Cheops (XXVI century BC), faced with the need for money to finish his pyramid, forced one of his daughters to work in a brothel until she got a certain sum . Logically we are facing a crude attempt to attack the figure of this king, whom Herodotus did not have much affection for, since he considered him a tyrant and a criminal. But the fact that he mentions this activity indicates to us that it was a real and well-known practice at that time that, remember, predates the Greek conquest. By the way, it seems that the daughter of Cheops discovered how profitable the business was or took a liking to the thing, because according to Herodotus the good girl continued working in the lupanar after collecting the amount requested by her father, but from that moment for herself, as she required each of her clients to pay for a stone for their own grave. According to the Greek historian, with this activity the girl would have built the central pyramid of the three next to that of Cheops.

In the following example, a woman clearly provokes the desire of her lover:
I accompany you, my god, my husband.
It is delicious to go down to the river
and do what you ask me:
enter the water, bathe in front of you.
I let you see my beauty
under the thin linen of the tunic,
soaked in essences,
impregnated with oils.
For being with you
I dive into the river and go out
with a red fish in his hands.
It is happy between my fingers.
I put it on my breasts.
Oh my god my husband
come and look.
(Ostracon Deir el Medina 1266. Translation Francisco Segovia from Manniche).

Here is another sample of love and total dedication from a lover:
She is a woman like no other.
She is prettier than any other.
See she’s a rising star goddess
at the beginning of a happy new year;
brilliantly white, shiny skin;
with beautiful eyes to look at,
with sweet lips to speak.
(Chester Beatty I Papyrus, Dublin).

I am convinced that the knowledge of the world of sex and eroticism among ancient Egyptians will not stop increasing with new pieces and new studies by researchers, who today continue to work to shed new light on one of the most important facets. interesting and less known of the exciting civilization of the children of the Nile.

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