Covidiotas — Gabriela Bustelo / Covidiots by Gabriela Bustelo (spanish book edition)

Como lector debo decir que me he sentido atraído por la lectura de este libro en forma de diario a través de los meses de marzo, abril, mayo y junio de 2020, te sientes identificado con la autora en esos meses apocalípticos que me recuerdan en momentos a la novela «soy leyenda», en búsqueda de paraísos terrenales como los jardines de Narnia. Una lectura recomendable donde la autora cuenta sus experiencias entre barras de pan, bolsas de supermercado y en busca de una válvula de escape como los paseos diarios por Madrid y un repaso de buenas lecturas por sus páginas. El problema es que comenzando 2022 el «doomscrolling» en los mass media está en pleno apogeo. El libro por encima de todo nos demuestra como los mass media españoles no aparecen y si referencias a mass media internacionales porque nuestro gobierno tenía maniatado a los medios con generosos donativos seguro.

En España habían muerto 1,002 personas de coronavirus. la cifra diaria se multiplicaría en las semanas siguientes al desbocarse la curva epidémica que señalaba la progresión de contagios y fallecimientos. Durante la fase exponencial la cifra de muertos se doblaBa en pocos días. Aquella sabiduría popular rebozada en sarcasmo nos distraía del miedo omnipresente en nuestra prisionera vida, desde la mañana incierta hasta la noche insomne, temor debido en buena parte al desconocimiento.
Cada recomendación gubernamental o periodística venía seguida de una refutación casi inmediata. Cada noticia o dato científico tenía su reverso contradictorio, a menudo publicadas ambas versiones en el mismo medio, incluso firmadas por el mismo periodista. Cada verdad oficial se convertía en una mentira oficial en cuestión de horas. La primera gran norma era que no se podía salir de casa, pero las necesidades básicas de alimentación y protección sanitaria requerían salir de casa con frecuencia. Las mascarillas no servían de nada, nos aseguraba el gobierno, deslizando acto seguido que llevaras era mejor que no llevarlas. Para comprarlas había que salir de casa, pero en las farmacias no había mascarillas, entre otras cosas porque el gobierno las estaba requisando, aunque las desaconsejara públicamente. Debían ser quirúrgicas, nos repetían, añadiendo que las de algodón eran más prácticas e higiénicas porque al haber escasez, las desechables se reutilizaban. Y se insistía con plúmbea gravedad en que no servían para protegerse, sino para evitar contagiar.
Pero ¿cómo saber si teníamos coronavirus y, caso de tenerlo, si contagiaba? Durante los primeros catorce días no se podía determinar la huella de la enfermedad en un ser humano ni tenía sentido hacerse el correspondiente test médico. En cualquier caso, acceder en España a una prueba de detección del virus era inviable sin el correspondiente contacto, acompañado del pago de €300.

Las muertes por coronavirus aquel lunes en Madrid eran 1.263 fallecimientos, cifra alcanzada en menos de 15 días, mientras que los 4.000 fallecidos de Lombardia se habían producido en 25 días y los 2.000 de Wuhan habían sucedido a lo largo de más de 35 días. Madrid era ya el epicentro europeo de la pandemia y la región del mundo donde más deprisa
se extendía el virus. La mortandad de la Comunidad de Madrid representaba el 55 % del total de muertes por COVID-19 en toda España.
El total oficial del jueves era de 4.087 muertos. Rondábamos los mil diarios. Se había autorizado la prórroga del estado de alarma. El desánimo empezaba a calar hondo. El periódico británico The Guardian publicó un áspero texto del periodista Giles Tremlet -autor de una buena biografia de Isabel la Católica- asegurando que España se había convertido en el ‹punto caliente» de la epidemia global y que era dificil entender la laxitud y la lentitud de la reacción gubernamental, teniendo en cuenta las experiencias previas de Irán e Italia. «Este es uno de los momentos más oscuros y
dramáticos de la reciente historia de España», escribía Tremlett.

El periodo de máxima incidencia de la plaga de coronavirus -desde el 15 de marzo hasta el 15 de abril- produjo un colapso del sistema sanitario público-privado español, que a comienzos del año 2020 se tenía por uno de los mejores del mundo.Los, estrangulamientos y cuellos de botella en la oferta y provisión de Servicios sanitarios provocaron una crisis afrontada por los profesionales del sector -ajenos a la mala gestión politica- con responsabilidad, profesionalidad, valentia y coraje estoico, dando a este país lo mejor de sí mismos, con una ejemplaridad que perdurará
en la conciencia ciudadana.

Durante este tramo espectral de nuestras vidas, cada información que recibíamos tenía en los siguientes días su contra información. la mascarilla era una ridiculez. la mascarilla era útil; los guantes eran esenciales, los guantes no servían de nada; el virus se conservaba vivo en espacios abiertos, el virus se disperaba al aire libre; los alimentos no eran una vía de contagio, los alimentos debian calentarse durante al menos cinco minutos en el microondas. La globalización y la abundancia de medios de comenicación, lejos de garantizar la rápida expansión de las noticias necesarias para sobrevivir a la pandemia contribuían al caos y al pánico gencrilizado. Unos aseguraban que el virus no ascendia por el aire; sino que descendia debido a su tamaño relativamente grande; otros certificaban que el virus flotaba
por las habitaciones donde alguien hubiera estornudado, tosido o
hablado en voz alta. Del mismo modo, la ropa debia lavarse todos
los dias, pero la tela era el material donde menos tiempo se mantenía vivo el virus; los animales no contagiaban, pero el virus se había creado en su forma actual al transmitise de un animal a un ser humano. En cuanto al enigma de la procedencia del virus, barajamos el origen natural en un mercado de alimentos chino versus
la fabricación intencional por parte de científicos a sueldo de una
gran potencia mundial. Unos dias China era la nación triunfadora…
Cinco años después de la publicación de Número Cero -un corrosivo ataque de Umberto Eco contra la prensa occidental- cuatro años después de la muerte del autor, su feroz invectiva contra el periodismo del nuevo milenio como una fabrica global de basura se convertía en un augurio cumplido durante este año 2020 crítico en que millones de vidas humanas dependían de la verdad o falsedad de los datos distribuidos por los terminales mediáticos del planeta Tierra. En su despiadada última obra, que el coronavirus nos traía a la memoria un lustro después, el italiano de El nombre de la rosa aseguraba que los periódicos mentían, que televisión mentía, que los historiadores mentían. La información que manejamos es falsa, proclamaba Eco en 2015. Le falto incluir en el grupo de mentirosos sin fronteras a los científicos de la comunidad internacional, que durante esta plaga vírica parecían encabezar la banda de los grandes farsantes del nuevo milenio.

Los grupos políticos principales del Congreso habían pactado una Comisión para la reconstrucción por el coronavirus, que consistía en pelearse en sede parlamentaria, como si España pudiera permitirse el lujo de pagarles sueldos astronómicos para verlos discutir públicamente sobre sus propios odios, envidias y mezquindades. La pandemia nos había reconfirmado lo que veniamos sospechando hacía decadas: la clase politica española era una de las más mediocres de Occidente.
El Ayuntamiento de Madrid concedió ayer la Medalla de Honor al pueblo de Madrid por su conducta ejemplar ante la catástrofe. En cuanto a la micronésima parte que me correspondiera a mi (de ese premio, solo recordaba haber querido salir corriendo de la ciudad apestada durante aquellos inicios de marzo…

Los medios españoles llevaban dos meses y medio elogiando todos los días a nuestros superhéroes sanitarios; pero los otros campeones de la crisis sanitaria eran los empleados de supermercado que llevaban al pie del cañón desde el primer día soportando, a un público multitudinario, nervioso, irritable y a menudo grosero.
En España durante la cuarentena hubo 400,000 trabajadores del ramo de la distribución alimentaria que hicieron posible que pudieramos tener comida en la nevera. Los que trabajaban cara al público respondian pacientemente a nuestras preguntas sobre la hora en que iban a reponer las toallas de papel o cuándo iban
volver a rener nuestra marca de leche preferida. El sector del abastecimiento alimentario incluía a los dependientes y cajeros de tiendas, empleados de almacén, los reponedores, los gestores de logística, los operadores de fábricas, los mayoristas, los transportistas, los trabajadores de industrias manufactureras. España es el país de Europa con más tiendas por habitante (una por cada 840 personas) y con una de las redes de distribución más eficientes, pero esa estructura del sector alimentario se vio sometida a una presión sin antecedentes.

En estos tiempos de contrastes puedes amar a Jesucristo pero no te olvides de lavarte las manos como Poncio Pilatos.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/16/la-vice-presidenta-alejandra-ruiz-hermosilla-gabriela-bustelo-the-vice-president-by-alejandra-ruiz-hermosilla-gabriela-bustelo-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/18/covidiotas-gabriela-bustelo-covidiots-by-gabriela-bustelo-spanish-book-edition/

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As a reader I must say that I have been attracted to reading this book in the form of a journal through the months of March, April, May and June 2020, you feel identified with the author in those apocalyptic months that remind me at times to the novel «I am legend«, in search of earthly paradises like the gardens of Narnia. A recommended reading where the author recounts her experiences between loaves of bread, grocery bags and in search of an escape valve such as the daily walks through Madrid and a review of good readings through its pages. The problem is that starting in 2022 the «doomscrolling» in the mass media is in booming time. Above all, the book shows us how the spanish mass media do not appear and if there are references to international mass media because our government had bound the media with generous donations for sure.

In Spain 1,002 people had died of coronavirus. the daily figure would multiply in the following weeks as the epidemic curve that indicated the progression of infections and deaths runaway. During the exponential phase, the death toll doubled in a few days. That popular wisdom covered in sarcasm distracted us from the omnipresent fear in our prisoner life, from the uncertain morning until the insomniac night, fear due in large part to ignorance.
Every governmental or journalistic recommendation was followed by an almost immediate rebuttal. Each news or scientific data had its contradictory reverse, often both versions were published in the same medium, even signed by the same journalist. Every official truth became an official lie in a matter of hours. The first great rule was that you could not leave the house, but the basic needs of food and sanitary protection required to leave the house frequently. The masks were of no use, the government assured us, immediately swiping that you were wearing them was better than not wearing them. To buy them you had to leave the house, but in the pharmacies there were no masks, among other things because the government was requisitioning them, although it publicly advised against them. They had to be surgical, they repeated, adding that the cotton ones were more practical and hygienic because when there was a shortage, the disposable ones were reused. And it was insisted with leaden gravity that they did not serve to protect themselves, but to avoid contagion.
But how to know if we had coronavirus and, if we had it, if it was contagious? During the first fourteen days, it was not possible to determine the trace of the disease in a human being, nor did it make sense to take the corresponding medical test. In any case, accessing a virus detection test in Spain was unfeasible without the corresponding contact, accompanied by the payment of € 300.

The deaths from coronavirus that Monday in Madrid were 1,263 deaths, a figure reached in less than 15 days, while the 4,000 deaths in Lombardia had occurred in 25 days and the 2,000 in Wuhan had occurred over more than 35 days. Madrid was already the European epicenter of the pandemic and the region of the world where the fastest the virus was spreading. The mortality in the Community of Madrid represented 55% of the total deaths from COVID-19 in all of Spain.
Thursday’s official total was 4,087 dead. We were around a thousand newspapers. The extension of the state of alarm had been authorized. Discouragement was beginning to sink in. The British newspaper The Guardian published a harsh text by the journalist Giles Tremlet – author of a good biography of Isabel la Católica – assuring that Spain had become the «hot spot» of the global epidemic and that it was difficult to understand the laxity and slowness of government reaction, taking into account the previous experiences of Iran and Italy. «This is one of the darkest moments and dramatic events in the recent history of Spain, ‘wrote Tremlett.

The period of maximum incidence of the coronavirus plague – from March 15 to April 15 – produced a collapse of the Spanish public-private health system, which at the beginning of 2020 was considered one of the best in the world, bottlenecks and bottlenecks in the supply and provision of health services caused a crisis faced by professionals in the sector -apart from political mismanagement- with responsibility, professionalism, bravery and stoic courage, giving this country the best of themselves , with an exemplary character that will last in the public conscience.

During this spectral stretch of our lives, each information we received had its counter information in the following days. the mask was ridiculous. the mask was useful; gloves were essential, gloves were of no use; the virus was kept alive in open spaces, the virus was spread in the open air; food was not a route of infection, food had to be heated for at least five minutes in the microwave. Globalization and the abundance of means of communication, far from guaranteeing the rapid expansion of the news necessary to survive the pandemic, contributed to chaos and widespread panic. Some claimed that the virus did not ascend through the air; rather it fell due to its relatively large size; others certified that the virus floated through rooms where someone had sneezed, coughed, or spoken out loud. In the same way, the clothes had to be washed all days, but fabric was the material where the virus was kept alive for the shortest time; animals were not contagious, but the virus had been created in its current form when it was transmitted from an animal to a human being. Regarding the enigma of the origin of the virus, we consider the natural origin in a Chinese food market versus the intentional fabrication by paid scientists of a great world power. A few days China was the victorious nation …
Five years after the publication of Number Zero – a corrosive attack by Umberto Eco against the Western press – four years after the death of the author, his fierce invective against the journalism of the new millennium as a global garbage factory turned into an omen. fulfilled during this critical year 2020 in which millions of human lives depended on the truth or falsity of the data distributed by the media terminals of planet Earth. In his ruthless last work, that the coronavirus reminded us five years later, the Italian from The Name of the Rose claimed that the newspapers were lying, that television was lying, that historians were lying. The information we handle is false, Eco proclaimed in 2015. He lacked including in the group of liars without borders the scientists of the international community, who during this viral plague seemed to lead the band of the great phonies of the new millennium.

The main political groups in Congress had agreed to a Commission for the reconstruction by the coronavirus, which consisted of fighting in parliament, as if Spain could afford to pay them astronomical salaries to see them publicly discuss their own hatred, envy and pettiness. The pandemic had reconfirmed what we had suspected for decades: the Spanish political class was one of the most mediocre in the West. The Madrid City Council yesterday awarded the Medal of Honor to the people of Madrid for their exemplary conduct in the face of the catastrophe.
As for the microth part that corresponds to me (of that award, I only remembered wanting to run away from the plagued city during those early March …

The Spanish media had been praising our health superheroes for two and a half months every day; But the other champions of the health crisis were the supermarket employees who had been bearing down on the canyon from day one, supporting a crowded, nervous, irritable and often rude public.
In Spain during the quarantine there were 400,000 workers of the branch of food distribution that made it possible for us to have food in the fridge. Those who worked face to face the public patiently responded to our questions about the time they were going to restock the paper towels or when they were going once again we have our favorite brand of milk. The food supply sector included store clerks and cashiers, warehouse clerks, stockers, logistics managers, factory operators, wholesalers, shippers, and workers in manufacturing industries. Spain is the country in Europe with the most stores per inhabitant (one for every 840 people) and with one of the most efficient distribution networks, but this structure of the food sector was subjected to unprecedented pressure.

In these times of contrasts you can love Jesus Christ but don’t forget to wash your hands like Pontius Pilate.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/16/la-vice-presidenta-alejandra-ruiz-hermosilla-gabriela-bustelo-the-vice-president-by-alejandra-ruiz-hermosilla-gabriela-bustelo-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/18/covidiotas-gabriela-bustelo-covidiots-by-gabriela-bustelo-spanish-book-edition/

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