Sabias En La Segunda República — Adela Muñoz Páez / Wise Women In The Second Republic by Adela Muñoz Páez (spanish book edition)

La primera disposición legal que se ocupó de la educación de las mujeres en España fue la ley Moyano de 1855, que decretó que la enseñanza primaria era obligatoria para niños y niñas entre los seis y los nueve años. En memoria de este político se erige una estatua al pie de la cuesta Moyano, junto al paseo del Prado de Madrid, donde se ubican los puestos de venta de libros usados. A raíz de la promulgación de esta ley se crearon las Escuelas Normales de Maestras para formar a las docentes que habían de darles clase a niños y niñas. A pesar de los buenos deseos de esta ley, la mayoría de los españoles y españolas siguieron sin saber leer y escribir dada la escasa dotación de fondos asignados al cumplimiento de la ley.
El debate sobre la educación de la mujer preocupaba solo a una pequeña élite de la sociedad española, no al grueso de una población que seguía siendo analfabeta: el 71 por ciento de las mujeres y el 56 por ciento de los hombres no sabían leer ni escribir en España en 1900. No obstante, desde los primeros años del siglo XX hubo un avance lento, pero constante, en alfabetización. Así, en 1909 se estableció el sistema coeducativo en la enseñanza primaria y secundaria, y en 1910 se estableció, por fin, el libre acceso de las mujeres a la universidad cuando la famosa ley Burrell derogó el requisito previo de consulta a la superioridad que obligaba a las mujeres que querían acceder a la universidad a pedir un permiso oficial al ministro.
Tras la instauración de la Segunda República en 1931, además de todas las mejoras legislativas, fue determinante la creación de numerosos institutos femeninos en los cuales llegó a haber más de 30.000 alumnas matriculadas en 1932, lo que representaba un digno 27 por ciento del total de alumnos de enseñanza secundaria.

En 1920, el mismo año en que la señorita Foster vino a España por primera vez, Martha Carey Thomas, miembro de la ACA (Association College Alumnae) norteamericana y miembro del Bryn Mawr College, hizo una propuesta al Ministerio de Instrucción Pública español para intercambiar profesoras y alumnas entre las universidades españolas y los colleges femeninos norteamericanos. La firma de este convenio con la ACA y los intercambios realizados a través del ISSG terminaron de completar la urdimbre necesaria para que las jóvenes españolas aspirantes a científicas se incorporaran al sistema de ciencia internacional en condiciones no muy diferentes a las de sus colegas europeas y norteamericanas.

Las instituciones creadas en el primer tercio del siglo XX, la ley Burrell y la Constitución Española de 1931 hicieron posible que un selecto grupo de españolas se incorporara activamente al incipiente y muy prometedor entramado científico español. Durante el tiempo que el Instituto Nacional de Física y Química (INFQ) funcionó regularmente, de 1931 a 1937, trabajaron en él 158 investigadores, de los cuales 36 fueron mujeres, que colaboraron en las seis secciones en las que se dividió el INFQ. Su incorporación fue posible porque, además de su firme voluntad de dedicarse a la investigación, los científicos españoles más brillantes les abrieron las puertas de sus laboratorios porque creyeron en su capacidad intelectual. Veintidós de estas mujeres eran licenciadas en química, ocho en farmacia y seis en física. Ocho fueron pensionadas de la JAE en laboratorios extranjeros y nueve terminaron el doctorado. Estas 36 investigadoras representaban un porcentaje muy superior al de alumnas de ciencias de las universidades españolas de la época y al de científicas en los centros de investigación europeos. Lo más importante es que ya no eran casos aislados, constituían un grupo que representaba un esperanzador comienzo de la integración de las mujeres en la investigación.
Martina Casiano, la primera pensionada de la JAE; Felisa Martín, la primera doctora en Física; Jenara Vicenta Arnal, una de las pocas mujeres que consiguió desarrollar una carrera profesional durante el franquismo; las hermanas Dorotea, Petra, Adela y Ángela Barnés González, que realizaron brillantes carreras en ciencias y filología. También nos ocupamos de Teresa Salazar y Piedad de la Cierva Viudes, que intentaron seguir dedicándose a la investigación en España tras la debacle de la Guerra Civil y se encontraron con una de las caras más sombrías del régimen franquista: su desprecio por la ciencia y por las mujeres.

Piedad era monja y Teresa miembro de la Sección Femenina, por lo que el motivo de no obtener la cátedra a la que optaron no fue una purga política; lo que las excluyó fue su condición de mujeres. En áreas científicas como la química inorgánica, a comienzos de los años ochenta las únicas mujeres catedráticas eran monjas. Escasas y monjas, esas eran las representantes del género femenino que se encontraban en los más altos estamentos universitarios a comienzos de la transición. Desafortunadamente, los casos de Teresa y Piedad no fueron únicos. La universidad tuvo que ser depurada de todos los elementos nocivos.
Del extraordinario plantel de jóvenes investigadoras españolas a comienzos de los años treinta, Teresa y Piedad fueron de las pocas científicas cuya carrera investigadora sobrevivió a la Guerra Civil. Esta puso un abrupto final a las carreras del resto de las investigadoras que vivieron en la Residencia de Señoritas, hicieron prácticas en el Laboratorio Foster y viajaron a laboratorios norteamericanos y europeos como pensionadas de la JAE. Tras la guerra no se reincorporaron a sus puestos: para los vencedores las mujeres no necesitaban formación científica para ser las reinas de sus hogares.
Todos los organismos creados por la JAE que no fueron desmantelados se hubieron de poner al servicio de la nueva institución para el desarrollo de la ciencia creada a mayor gloria del nuevo régimen: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Hasta bien entrado el siglo XXI esta institución no ha reconocido oficialmente el alcance de la obra de la Junta de Ampliación de Estudios, de la que dice ser heredera, creando un programa de becas con su nombre y recuperando la memoria histórica sobre ella.
A pesar de la inquina en la persecución del plantel de científicos e intelectuales más brillantes de la historia de España, las autoridades franquistas dejaron un resquicio abierto a la regeneración intelectual y a la incorporación de las mujeres a la ciencia: se olvidaron de cerrarles las puertas de la universidad. Aunque el ambiente social no era propicio y la universidad nacionalcatólica no era el entorno más estimulante para mujeres ni para hombres, casi inmediatamente después de la Guerra Civil las mujeres empezaron a matricularse en la universidad. De esa forma fue posible que fructificara la semilla que habían sembrado las precursoras españolas de las ciencias, por lo que hoy son legión las españolas de todas las edades que dedican su vida a la investigación científica tanto en laboratorios nacionales como extranjeros.

Para más información sobre el tema recomiendo la lectura de su libro «Sabias» comentado en el blog.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/08/historia-del-veneno-adela-munoz-paez/

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/08/la-buena-muerte-adela-munoz-paez/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/18/sabias-la-cara-oculta-de-la-ciencia-adela-munoz-paez-wise-women-the-hidden-side-of-science-by-adela-munoz-paez-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/17/sabias-en-la-segunda-republica-adela-munoz-paez-wise-women-in-the-second-republic-by-adela-munoz-paez-spanish-book-edition/

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The first legal provision that dealt with the education of women in Spain was the Moyano law of 1855, which decreed that primary education was compulsory for boys and girls between the ages of six and nine. In memory of this politician, a statue is erected at the foot of the Moyano hill, next to the Paseo del Prado in Madrid, where the stalls selling used books are located. As a result of the promulgation of this law, the Normal Schools for Teachers were created to train teachers who were to give classes to boys and girls. Despite the good wishes of this law, the majority of Spanish men and women still did not know how to read and write due to the limited amount of funds allocated to compliance with the law.
The debate on women’s education concerned only a small elite of Spanish society, not the bulk of a population that remained illiterate: 71 percent of women and 56 percent of men could not read or write in Spain in 1900. However, from the early years of the 20th century there was a slow but steady advance in literacy. Thus, in 1909 the coeducational system was established in primary and secondary education, and in 1910 the free access of women to the university was finally established when the famous Burrell law repealed the prior requirement of consultation with the superiority that forced women who wanted to go to university to ask the minister for official permission.
After the establishment of the Second Republic in 1931, in addition to all the legislative improvements, the creation of numerous female institutes was decisive, in which there were more than 30,000 students enrolled in 1932, which represented a worthy 27 percent of the total of secondary school students.

In 1920, the same year that Miss Foster came to Spain for the first time, Martha Carey Thomas, a member of the North American ACA (Association College Alumnae) and a member of Bryn Mawr College, made a proposal to the Spanish Ministry of Public Instruction to exchange teachers and students between Spanish universities and North American female colleges. The signing of this agreement with the ACA and the exchanges carried out through the ISSG completed the necessary warp for young Spanish aspiring scientists to join the international science system in conditions not very different from those of their European and North American colleagues.

The institutions created in the first third of the 20th century, the Burrell law and the Spanish Constitution of 1931 made it possible for a select group of Spanish women to actively join the incipient and very promising Spanish scientific network. During the time that the National Institute of Physics and Chemistry (INFQ) functioned regularly, from 1931 to 1937, 158 researchers worked there, of whom 36 were women, who collaborated in the six sections into which the INFQ was divided. Their incorporation was possible because, in addition to their firm will to dedicate themselves to research, the most brilliant Spanish scientists opened the doors of their laboratories to them because they believed in their intellectual capacity. Twenty-two of these women had degrees in chemistry, eight in pharmacy, and six in physics. Eight were pensioners of the JAE in foreign laboratories and nine finished the doctorate. These 36 researchers represented a much higher percentage than science students in Spanish universities at the time and women scientists in European research centers. The most important thing is that they were no longer isolated cases, they constituted a group that represented a hopeful beginning of the integration of women in research.
Martina Casiano, the first pensioner of the JAE; Felisa Martín, the first doctor in Physics; Jenara Vicenta Arnal, one of the few women who managed to develop a professional career during the Franco regime; the sisters Dorotea, Petra, Adela and Ángela Barnés González, who had brilliant careers in science and philology. We also deal with Teresa Salazar and Piedad de la Cierva Viudes, who tried to continue dedicating themselves to research in Spain after the debacle of the Civil War and encountered one of the bleakest faces of the Franco regime: their contempt for science and for women.

Piedad was a nun and Teresa was a member of the Women’s Section, so the reason for not obtaining the chair they opted for was not a political purge; what excluded them was their condition as women. In scientific areas such as inorganic chemistry, in the early 1980s the only female professors were nuns. Few and nuns, those were the representatives of the feminine gender who were in the highest university echelons at the beginning of the transition. Unfortunately, Teresa and Piedad’s cases were not unique. The university had to be purged of all harmful elements.
Of the extraordinary roster of young Spanish researchers in the early 1930s, Teresa and Piedad were among the few scientists whose research careers survived the Civil War. This put an abrupt end to the careers of the rest of the researchers who lived in the Residencia de Señoritas, did internships at the Foster Laboratory and traveled to North American and European laboratories as JAE pensioners. After the war they did not return to their posts: for the victors, women did not need scientific training to be the queens of their homes.
All the organizations created by the JAE that were not dismantled had to be put at the service of the new institution for the development of science created for the greater glory of the new regime: the Higher Council for Scientific Research. Until well into the 21st century, this institution has not officially recognized the scope of the work of the Board for the Expansion of Studies, of which it claims to be heir, creating a scholarship program with its name and recovering the historical memory of it.
Despite the anger in the persecution of the most brilliant team of scientists and intellectuals in the history of Spain, the Francoist authorities left a loophole open for intellectual regeneration and the incorporation of women into science: they forgot to close the doors of University. Although the social environment was not conducive and the National Catholic university was not the most stimulating environment for women or men, almost immediately after the Civil War women began to enroll in the university. In this way it was possible for the seed that the Spanish forerunners of science had sown to bear fruit, which is why today Spanish women of all ages are legion who dedicate their lives to scientific research both in national and foreign laboratories.

For more information on the subject I recommend reading his book «Sabias» commented on the blog.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/08/historia-del-veneno-adela-munoz-paez/

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/08/la-buena-muerte-adela-munoz-paez/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/18/sabias-la-cara-oculta-de-la-ciencia-adela-munoz-paez-wise-women-the-hidden-side-of-science-by-adela-munoz-paez-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/17/sabias-en-la-segunda-republica-adela-munoz-paez-wise-women-in-the-second-republic-by-adela-munoz-paez-spanish-book-edition/

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