La Vice-presidenta — Alejandra Ruiz-Hermosilla, Gabriela Bustelo / The Vice-president by Alejandra Ruiz-Hermosilla, Gabriela Bustelo (spanish book edition)

Acumula en su persona el mayor poder real que jamás ha tenido nunca en España un número dos del gobierno. Y, desde luego, es la mujer en un cargo de designación con más poder de nuestra historia», escribe Fernando Garea en El País. Efectivamente, esta carrera supersónica de una política española no tiene parangón en la derecha ni en la izquierda. En caso de llegar a consolidar su hegemonía, situaría a nuestro país en el mapa de los países occidentales más avanzados. Soraya Sáenz de Santamaría es la mujer más poderosa de España. En ello coinciden los medios españoles de todas las tendencias.
Es una tía lista, que ha llegado muy lejos y que intenta cumplir con todas las facetas de su vida, desde la profesional hasta la de su imagen, pero no parece que tenga ningún complejo, en absoluto. Cero. Es más, me parece una mujer segura de sí misma, porque es una señora valorada en su trabajo y muy querida en su vida personal y eso se nota».

Me resulta muy atractiva Soraya Sáenz de Santamaría -o repulsiva, según se quiera-. Por ser una mujer con tanto poder, por los tejemanejes que se le adjudican, por todo lo que se intuye de ella y que, en el fondo, no se llega a saber. En ese sentido, este libro es un buen aperitivo para conocer sus circunstancias personales y despojarnos de esa percepción, tal vez un poco machista, que todos podamos tener de ella. Sea buena, mala o regular, es una señora humilde, de una familia difícil -según se insinúa- que, si está donde está, es por su trabajo y sus méritos. No por ser del Opus o sobrina de un procurador en cortes franquista, como suele ocurrir.
Sin embargo, esta «aproximación vital» es eso: unas pinceladas. Creo que esta «biografía no oficial» es un rápido ejercicio de documentación sazonado con las ocurrencias de demasiados margallos -y sorayos, su contrapunto. Alfonso Alonso se habrá quedado a gusto después de tanto halago-.
También echo en falta una mayor incisión en el lado oscuro de Soraya. Si no fuera porque Cebrián menciona el tema de Telefónica comprando acciones de Prisa («excusatio non petita», ya se sabe) no habría la más mínima mención a la sospechada intervención de la vicepresidenta para salvarle; lo mismo se puede decir a la casi total omisión a los temas picantes: las fotos de Feijóo con el narco gallego, su relación con Mauricio Casalas, el descalabre de Soria & G8, etc. Hubiera agradecido que se tirara del hilo de esos temas, aunque fuera para deducir que es imposible concluir nada de ellos.
La verdadera biografía de Soraya no se podrá escribir hasta dentro de varios lustros, cuando su influencia sea nula y su tiempo haya pasado definitivamente.
No obstante, recalco el buen hacer de las autoras, que escriben muy bien.

Pese a no tener bajo su mando el Ministerio del Interior, Soraya —con el CNI atado y bien atado— tiene más poder político que su antecesor Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien llamaban «el Fouché español» precisamente porque el inasible francés también fue un ministro del Interior con el servicio secreto bajo su control. Es decir, ambos aprovecharon una indudable capacidad para intrigar desde los aledaños del poder, moviendo resortes ocultos de tal modo que sus maquinaciones se atribuyeran públicamente a otros o quedaran sin explicar.
Si en España el pragmatismo de Sáenz de Santamaría se suele interpretar como un exceso de ambición —especialmente en los sectores conservadores—, la prensa extranjera no parece coincidir con ese análisis. Guy Hedgecoe, corresponsal en España de The Irish Times y de la BBC, cree que la versatilidad de Soraya es una de sus virtudes. «Tal vez el problema para Soraya sea estar en el PP y no en el Partido Socialista, en Podemos o en Ciudadanos. Si estuviera en el PSOE, creo que hallaría menos resistencia como mujer»…

El dúo Rajoy-Santamaría en la oposición hubo momentos históricos en el Congreso. En vísperas de la Navidad de 2005, Rajoy acusaba al entonces presidente Zapatero de una predisposición para conducirnos al fracaso, empleando una retórica cargada de sarcasmo que se echa de menos en la Cámara Baja española. «Además de regalar las bazas, no prepara usted las cumbres», le acusó. «Debemos reconocer que ha hecho todo lo que está en su mano, todo lo que es capaz de hacer,
todo lo que da de sí. No se le puede pedir más», remataba. En cuanto a Soraya, saltó al estrellato parlamentario en sus rifirrafes con la entonces vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. En julio de 2008 la dejaba descolocada con este chulesco introito a la sesión de control del miércoles: «Los transportistas están en huelga, los agricultores en la calle, la flota pesquera amarrada, las estanterías de los supermercados vacías y los coches sin gasolina. ¿Cuándo piensan dar por iniciada la legislatura y ponerse a trabajar?». Tres meses antes, el 9 de marzo, se habían celebrado las elecciones generales que el Partido Socialista había vuelto a ganar. La noche de la segunda derrota electoral frente a José Luis Rodríguez Zapatero, el líder del PP pidió a Soraya que saliera al balcón para saludar junto a él a los militantes reunidos ante la sede madrileña de la calle Génova. La carrera política de Sáenz de Santamaría se habría acabado de golpe de haber sido sustituido Rajoy, pero fue así. El tándem quedó sellado aquella noche primaveral.
La meteórica carrera política de Soraya Sáenz de Santamaría no existiría sin Mariano Rajoy. Él le dio su primera oportunidad en La Moncloa, él ha ido ascendiéndola en el Parlamento, en el partido y en el ejecutivo, y él ha delegado en ella buena parte de la tarea de gobierno hasta convertirla, por dos veces, en la dueña de la vicepresidencia con más poder de la democracia española y, así, en la mujer más poderosa de España.
Desde que en el año 2000 dejara su puesto como abogada del Estado jefe en León para convertirse en asesora jurídica del gabinete del vicepresidente primero del Gobierno en los ministerios de Presidencia e Interior, es decir, para convertirse en asesora de Mariano Rajoy, la trayectoria política de Sáenz de Santamaría está íntima e indiscutiblemente ligada a la del presidente del Gobierno.
El tándem funciona como una máquina perfectamente engrasada, aunque en ocasiones chirría y toca reponer aceite.

En España los proyectos políticos en formato negativo (guerracivilismo, corrupción institucional, nacionalismo) parecen funcionar considerablemente mejor que los proyectos positivos. No suelen unirse los españoles a favor de virtuosos designios que puedan favorecer a todo el país, sino en contra de un enemigo al que ansían humillar y aplastar. Gran parte de nuestra población cree que la política es el rancio enfrentamiento de las banderías que trasladan su pendencia a todas las esferas del país, desde la justicia, la educación y la cultura hasta la amistad, el fútbol o incluso el amor. Esta politización de todo lo público y privado impide a España homologarse con las democracias veteranas y ser un jugador de primera en el escenario mundial. La estrategia pasivo-agresiva de Rajoy, que elude la confrontación directa, podría parecer el paradigma de la política negativa, pues aporta una coartada al diezmado PSOE.

La Killer fue el apodo que pusieron a la vicepresidenta algunos de los asesores que, como ella, trabajaban con Mariano Rajoy en el Ministerio del Interior en 2001 y 2002. El tiempo, dicen, les ha dado la razón. «El PP se ha bunkerizado. Las corrientes críticas tipo Libres e Iguales o Floridablanca no tienen ningún impacto político, cero patatero. Allí rebota todo. Hasta Aznar. Y la killer de verdad es Soraya, que ha conseguido ir eliminando a todo el mundo».
Para matar políticamente hay que tener un arma y ese arma siempre es la información oportuna, relevante y creíble. No necesariamente rigurosa, ni siquiera siempre veraz. Lo demás es condenar al ostracismo.

Sin lugar a dudas, para Soraya Sáenz de Santamaría hay un antes y un después de la publicación de aquella foto en 2009. «En cuanto a su imagen pública, seguro», nos dice Malibrán tajantemente. «De hecho, creo que no ha vuelto a conceder ninguna entrevista personal. No ha vuelto a hablar de sí misma en ninguna revista, que yo sepa. Todo han sido entrevistas generales, como personaje público, como vicepresidenta del Gobierno». Pero esta opinión no la comparte otra veterana del mundo de la moda, Julia Martínez Pereira, jefa de estilistas de la revista Telva, que niega rotundamente el supuesto efecto demoledor que habría tenido aquel episodio mediático. «Trauma no veo ninguno», nos dice Martínez Pereira en la sede madrileña de Unidad Editorial. «A mí me hizo gracia la foto. Me parece estupenda. Lo que se demostró ahí es que Soraya Sáenz de Santamaría no solo es la empollona de la clase, sino que también es mujer. El vestido era normal. Pero es que cuando le quieres buscar tres pies al gato, los encuentras. La sacaron guapa y ella se vio guapa. Tenían un buen equipo técnico. Porque, insisto, ella es una tía guapa de cara…
En cuanto a la actitud de Sáenz de Santamaría en la distancia corta, Malibrán describe a una mujer joven, moderna y en aquel entonces más confiada en la bondad de sus congéneres. La diferencia entre la Soraya de entonces y la Soraya de ahora refuerza la teoría de que el episodio de la foto haya podido definir la actual política de no conceder entrevistas y de reaccionar con suma cautela ante cualquier intento de acercamiento por parte de los medios nacionales e internacionales. Esto convierte los recuerdos de Malibrán en un testimonio valioso que permite adivinar a una Soraya autocensurada por miedo a volver a pecar de ingenua. «Por supuesto, mi idea original no fue que se pusiera ese vestido y se sentara en el suelo descalza. Lo que yo pretendía era sacar algo más profundo que la imagen pública que estaba dando», nos explica Luis. «No quería imponer a Soraya la típica imagen supermaquillada, con el pelo muy arreglado y posando. Lo que pretendía era hacerle un maquillaje natural, con el pelo al uso y sobre todo en una actitud de charla con un amigo o con una amiga, para captar puntos de vista de su rostro más personales.

Desde los albores de nuestra civilización, es hoy cuando los líderes que gobiernan el mundo están en condiciones óptimas para definir las mejores coordenadas políticas, económicas, sociales y culturales. La ciudadanía, por su parte, dispone de todos los mecanismos necesarios para poder valorar y elegir a sus gobernantes. La revolución de la información ha dado la razón a Ortega, cuyas masas rebeldes, lejos de la enajenación marxista y la neurosis freudiana, parecen estar arrinconando pacíficamente a unas élites cada vez más alienadas. La globalización entendida como un proceso de democratización mundial implica que hoy son las masas ciudadanas con sus Smartphones y sus ordenadores personales —no las élites intelectuales que incluyen a la prensa— quienes deciden.
En la Navidad de 2016, Soraya Sáenz de Santamaría dijo en la conferencia anual de los editores de prensa en Madrid que la baza de la prensa mundial frente a las redes sociales es la credibilidad, no la inmediatez. Tal vez no se haya planteado la vicepresidenta hasta qué punto la credibilidad de los partidos políticos está asociada con el modo en que la prensa los retrata. El sociólogo húngaro Ferenc Miszlivetz mantiene que «los buenos políticos y los buenos periodistas son aliados naturales. La buena política requiere explicación, interpretación, análisis y difusión. Este puede ser el caso en países donde tanto el periodismo independiente como la democracia tengan una larga tradición de trabajar en pos del bien común». Convendría plantearse si también puede ser el caso en España.

Para comprender esta epidemia de corrupción, nepotismo y amoralidad en que han caído tantos políticos del Partido Popular, resulta útil el libro de Javier Pradera titulado Corrupción y política. Los costes de la democracia. Escrito en 1993, este ensayo del editorialista de El País se ha publicado póstumamente dos décadas después de haberse escrito, pues se trata de la autoinculpación de un veterano socialista español. En su comparación inicial de la corrupción franquista con la corrupción democrática, recuerda Pradera que la honradez de los políticos del régimen dependía exclusivamente de su carácter moral, al no existir instituciones capaces de denunciar la corrupción y perseguir a sus autores. En la España democrática, en cambio, existen —al menos teóricamente— la libertad de prensa, la independencia del poder judicial, el control parlamentario, la pluralidad de poderes fácticos, la vigilancia mutua entre partidos y la alternancia electoral. ¿Qué ha fallado, entonces? Javier Pradera viene a decirnos que el gran maestro de la corrupción española es el Partido Socialista Obrero Español, capaz de ir adaptando sus técnicas al paso de los años, hasta convertir el pillaje en un rasgo sistémico de nuestra democracia.
El Partido Popular, eterno imitador del PSOE, habría sido un alumno
también en materia de corrupción. Cuando el Partido Popular llegó al poder en 1996, se dio por hecho que la decadencia política iba a corregirse con la llegada de un partido nuevo que pusiera fin a la inmoralidad socialista. Pero el PP no hizo las reformas estructurales que hubieran permitido frenar la deriva fraudulenta y acabar con la impunidad. Veinte años después la corrupción política es endémica, desde la más alta institución del Estado, el partido en el gobierno, el principal partido de la oposición, los sindicatos, la patronal, hasta cargos de todas las tendencias políticas en cualquier parte del territorio nacional.
Financiación ilícita de partidos, cobro de comisiones, subvenciones falseadas, desvíos de partidas presupuestarias, nepotismo, clientelismo. El PSOE lo inventó; el PP lo aprendió.

«Probablemente la mujer española con más poder político sea Susana Díaz, aunque se podría argumentar que fuera Ada Colau o Manuela Carmena. Y económicamente debe de ser Ana Patricia Botín», argumenta Guy Hedgecoe. «España es un país progresista en muchos aspectos. Tienes las alcaldesas de Podemos en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, dos mujeres de edades muy diferentes. Pero luego en otros temas, la mentalidad española no es avanzada en absoluto. Tengo la impresión de que España es muy diferente de Estados Unidos. El movimiento antiestablishment es similar hasta cierto punto, porque el hartazgo con los bancos y con las élites del uno por ciento o la “casta” es comparable. Pero en términos de raza y género, creo que son países muy diferentes con agendas diferentes.

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She accumulates in his person the greatest real power that a number two of the government has ever had in Spain. And she, of course, she is the woman in a position of appointment with more power in our history «, writes Fernando Garea in El País. Indeed, this supersonic race of a Spanish policy is unparalleled on the right or on the left. If it were to consolidate its hegemony, it would place our country on the map of the most advanced Western countries. Soraya Sáenz de Santamaría is the most powerful woman in Spain. The Spanish media of all trends agree on this.
She is a clever girl who has come a long way and tries to fulfill all facets of her life, from the professional to the image of her, but she doesn’t seem like she has any complexes at all. Zero. She is more, she seems to me a confident woman, because she is a valued lady in her work and very loved in her personal life and it shows ».

Soraya Sáenz de Santamaría is very attractive to me -or repulsive, as you like-. For being a woman with so much power, for the goings-on that are attributed to her, for everything that is sensed about her and that, deep down, one does not get to know about her. In that sense, this book is a good appetizer to learn about her personal circumstances and divest ourselves of that perception, perhaps a bit macho, that we can all have of her. She is good, bad or regular, she is a humble lady, from a difficult family – as it is implied – that, if she is where she is, it is because of her work and her merits. Not because she is from Opus or the niece of a prosecutor in Franco’s courts, as is often the case.
However, this «vital approach» is just that: a few brushstrokes. I think this «unofficial biography» is a quick exercise in documentation seasoned with the occurrences of too many margallos – and sorayos, their counterpoint. Alfonso Alonso will have been at ease after so much flattery.
I also miss a bigger incision on Soraya’s dark side. If it were not because Cebrián mentions the issue of Telefónica buying Prisa shares («excusatio non petita», you know) there would not be the slightest mention of the suspected intervention of the vice president to save him; The same can be said of the almost total omission of the spicy topics: the photos of Feijóo with the Galician narco, his relationship with Mauricio Casalas, the disaster of Soria & G8, etc. I would have been grateful if the thread of those topics was pulled, even if it was to deduce that it is impossible to conclude anything about them.
The true biography of Soraya will not be able to be written for several decades, when her influence is null and her time has definitely passed.
However, I emphasize the good work of the authors, who write very well.

Despite not having under his command the Ministry of the Interior, Soraya – with the CNI tied and well tied – has more political power than his predecessor Alfredo Pérez Rubalcaba, whom they called «the Spanish Fouché» precisely because the elusive Frenchman was also a minister of the Interior with the secret service under his control. That is to say, both took advantage of an undoubted capacity to intrigue from the fringes of power, moving hidden springs in such a way that their machinations were publicly attributed to others or remained unexplained.
If in Spain the pragmatism of Sáenz de Santamaría is usually interpreted as an excess of ambition – especially in conservative sectors – the foreign press does not seem to agree with that analysis. Guy Hedgecoe, the Spanish correspondent for The Irish Times and the BBC, believes that Soraya’s versatility is one of her strengths. «Perhaps the problem for Soraya is to be in the PP and not in the Socialist Party, in Podemos or in Ciudadanos. If she were in the PSOE, I think she would find less resistance as a woman »…

The Rajoy-Santamaría duo in opposition had historic moments in Congress. On the eve of Christmas 2005, Rajoy accused then-President Zapatero of a predisposition to lead us to failure, employing sarcasm-laden rhetoric that is missed in the Spanish Lower House. «Besides giving away the tricks, you don’t prepare the summits,» he accused. «We must recognize that he has done everything that is in his power, everything that he is capable of doing,
everything she gives of herself. She can’t ask for more », he concluded. As for Soraya, he rose to parliamentary stardom in his squabbles with then-Vice President María Teresa Fernández de la Vega. In July 2008 he left her unsettled with this cocky introit to Wednesday’s control session: “The carriers are on strike, the farmers are on the street, the fishing fleet moored, the supermarket shelves are empty, and the cars are out of gas. When do you plan to initiate the legislature and go to work? » Three months earlier, on March 9, the general elections that the Socialist Party had won again had been held. The night of the second electoral defeat against José Luis Rodríguez Zapatero, the PP leader asked Soraya to come out to the balcony to greet the militants gathered in front of the Madrid headquarters on Genova Street with him. The political career of Sáenz de Santamaría would have ended suddenly had Rajoy been replaced, but it was like that. The tandem was sealed that spring night.
The meteoric political career of Soraya Sáenz de Santamaría would not exist without Mariano Rajoy. He gave her her first opportunity in La Moncloa, he has been promoting her in Parliament, in the party and in the executive, and he has delegated a good part of the government task to her until making her, twice, the owner of the vice-presidency with the most power of the Spanish democracy and, thus, the most powerful woman in Spain.
Since in 2000 she left her position as the chief state attorney in León to become a legal advisor to the cabinet of the first vice president of the Government in the ministries of the Presidency and the Interior, that is, to become an advisor to Mariano Rajoy, the political trajectory of Sáenz de Santamaría is intimately and indisputably linked to that of the Prime Minister.
The tandem works like a perfectly greased machine, although sometimes it squeaks and you have to refill oil.

In Spain, political projects in a negative format (civil war, institutional corruption, nationalism) seem to work considerably better than positive projects. Spaniards do not usually unite in favor of virtuous designs that can favor the whole country, but against an enemy they long to humiliate and crush. A large part of our population believes that politics is the rancid confrontation of the factions that transfer their penance to all spheres of the country, from justice, education and culture to friendship, football or even love. This politicization of everything public and private prevents Spain from being homologated with the veteran democracies and being a first-rate player on the world stage. Rajoy’s passive-aggressive strategy, which avoids direct confrontation, could seem the paradigm of negative politics, since it provides an alibi for the decimated PSOE.

The Killer was the nickname given to the vice president by some of the advisers who, like her, worked with Mariano Rajoy in the Ministry of the Interior in 2001 and 2002. Time, they say, has proved them right. «The PP has bunkerized. Critical currents such as Free and Equal or Floridablanca do not have any political impact, zero patatero. Everything bounces there. Until Aznar. And the real killer is Soraya, who has managed to eliminate everyone.
To kill politically you have to have a weapon and that weapon is always timely, relevant and credible information. Not necessarily rigorous, not even always truthful. The rest is to ostracize.

Undoubtedly, for Soraya Sáenz de Santamaría there is a before and after the publication of that photo in 2009. «As for her public image, she is sure of it,» Malibrán bluntly tells us. “In fact, I think she has not given any personal interviews again. She has not spoken of herself in any magazine that I know of. Everything has been general interviews, as a public figure, as Vice President of the Government. But this opinion is not shared by another veteran of the fashion world, Julia Martínez Pereira, head of stylists at Telva magazine, who flatly denies the supposed devastating effect that that media episode would have had. «I don’t see any trauma,» Martínez Pereira tells us at the Unidad Editorial headquarters in Madrid. «I was amused by the photo. Sounds great to me. What was demonstrated there is that Soraya Sáenz de Santamaría is not only the nerd of the class, but that she is also a woman. Her dress was normal. But it is that when you want to look for three feet to the cat, you find them. They took her out pretty and she looked pretty. They had a good technical team. Because, I insist, she is a pretty face …
Regarding the attitude of Sáenz de Santamaría in the short distance, Malibrán describes a young, modern woman and at that time more confident in the goodness of her fellow men. The difference between the Soraya of then and the Soraya of now reinforces the theory that the episode in the photo may have defined the current policy of not granting interviews and of reacting with extreme caution to any attempt at rapprochement by the national and international media. international This turns Malibrán’s memories into a valuable testimony that allows a self-censored Soraya to be guessed for fear of being naive again. “Of course, my original idea was not for her to put on that dress and sit on the floor barefoot. What I wanted was to get something deeper than the public image that I was giving, “explains Luis. «I did not want to impose on Soraya the typical super makeup image of her, with her hair very neat and posing. What I wanted was to make her a natural make-up, with her hair to use for her and especially in an attitude of conversation with a friend or a friend, to capture more personal points of view of her face.

Since the dawn of our civilization, it is today when the leaders who govern the world are in optimal conditions to define the best political, economic, social and cultural coordinates. Citizens, for their part, have all the necessary mechanisms to be able to assess and elect their rulers. The information revolution has proved Ortega right, whose rebellious masses, far from Marxist alienation and Freudian neurosis, seem to be peacefully cornering increasingly alienated elites. Globalization understood as a process of world democratization implies that today it is the citizen masses with their Smartphones and personal computers – not the intellectual elites, which include the press – who decide.
At Christmas 2016, Soraya Sáenz de Santamaría said at the annual conference of press editors in Madrid that the trump card of the world press against social networks is credibility, not immediacy. Perhaps the vice president has not considered to what extent the credibility of political parties is associated with the way the press portrays them. Hungarian sociologist Ferenc Miszlivetz maintains that “good politicians and good journalists are natural allies. Good policy requires explanation, interpretation, analysis, and dissemination. This may be the case in countries where both independent journalism and democracy have a long tradition of working for the common good. It should be considered whether this may also be the case in Spain.

To understand this epidemic of corruption, nepotism and amorality into which so many Popular Party politicians have fallen, the book by Javier Pradera entitled Corruption and Politics is useful. The costs of democracy. Written in 1993, this essay by the El País editorial writer was published posthumously two decades after it was written, as it is the self-incrimination of a veteran Spanish socialist. In his initial comparison of Franco’s corruption with democratic corruption, Pradera recalls that the honesty of the regime’s politicians depended exclusively on their moral character, since there were no institutions capable of denouncing corruption and prosecuting its perpetrators. In democratic Spain, on the other hand, there are – at least theoretically – freedom of the press, the independence of the judiciary, parliamentary control, the plurality of factual powers, mutual surveillance between parties and electoral alternation. What has gone wrong, then? Javier Pradera comes to tell us that the great master of Spanish corruption is the Spanish Socialist Workers’ Party, capable of adapting its techniques over the years, until looting is a systemic feature of our democracy.
The Popular Party, an eternal imitator of the PSOE, would have been a student
also in the matter of corruption. When the Popular Party came to power in 1996, it was taken for granted that the political decline would be corrected with the arrival of a new party that would put an end to socialist immorality. But the PP did not carry out the structural reforms that would have made it possible to stop the fraudulent drift and end impunity. Twenty years later, political corruption is endemic, from the highest state institution, the ruling party, the main opposition party, the unions, the employers, to positions of all political tendencies in any part of the national territory.
Illicit party financing, commission collection, falsified subsidies, diversion of budget items, nepotism, patronage. The PSOE invented it; the PP learned it.

«Probably the Spanish woman with the most political power is Susana Díaz, although it could be argued that she was Ada Colau or Manuela Carmena. And economically she must be Ana Patricia Botín », argues Guy Hedgecoe. «Spain is a progressive country in many aspects. You have the mayoresses of Podemos in big cities like Madrid and Barcelona, two women of very different ages. But then on other issues, the Spanish mentality is not advanced at all. I have the impression that Spain is very different from the United States. The anti-establishment movement is similar to a certain extent, because fed up with the banks and with the elites of the one percent or «caste» is comparable. But in terms of race and gender, I think they are very different countries with different agendas.

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