El Estado Del Miedo: Cómo El Gobierno Británico Convirtió El Miedo En Un Arma Durante La Pandemia Del Covid-19 — Laura Dodsworth / A State of Fear: How the UK government weaponised fear during the Covid-19 pandemic by Laura Dodsworth

Este libro trata del miedo. El miedo a un virus. El miedo a la muerte. El miedo al cambio; el miedo a lo desconocido. El miedo a que haya motivos ocultos, fines oscuros y conspiración. El miedo al imperio de la ley, la democracia, y el modo de vida liberal occidental. El miedo a la pérdida: a perder nuestros trabajos, nuestra cultura, nuestras conexiones, nuestra salud, nuestra cabeza. Pero también trata sobre cómo el gobierno convirtió nuestros miedos en un arma contra nosotros mismos —supuestamente porque era lo mejor para nosotros— hasta que nos convertimos en uno de los países más asustados del mundo.
En uno de los documentos más extraordinarios que haya sido revelado al público británico, los científicos conductuales que asesoraban el gobierno británico opinaban que necesitábamos estar aterrorizados. El Scientific Pandemic Influenza Group on Behaviour (spi-b)* afirma en su trabajo «Opciones para incrementar la observancia de las medidas de distancia social», fechado en 22 de marzo de 2020.
En enero de 2021 se informó que la epidemia del covid había provocado que el exceso de mortalidad (hasta noviembre) aumentara hasta su nivel más alto en el Reino Unido desde la segunda guerra mundial. Esto acaparó los titulares de todos los medios. Sin embargo, si se tenía en cuenta la edad y el tamaño de la población, el exceso de muertes estaba en su peor nivel desde aproximadamente 2008. Esto es muy significativo, pues muestra que se había truncado aproximadamente una década de mejoras en la salud pública, si bien era menos hiperbólico que los titulares.
En septiembre de 2020, la ciudadanía británica estaba más preocupada por la transmisión que la ciudadanía de Suecia, Estados Unidos, Francia, Alemania y Japón: el 83 por ciento de los británicos pensaba que habría una segunda ola, mientras que solo el 21 por ciento pensaba que el gobierno estaba bien preparado para hacerle frente.
Tal y como dijo Karl Augustus Menninger, «los miedos se nos educan y podemos, si lo deseamos, ser educados para no tenerlos». Necesitamos inocularnos contra el miedo.

Estamos ante un análisis serio e importante de lo que sucedió en Gran Bretaña en el año 2020. Que conste que, aunque la autora del libro es inglesa y su narración se centra en analizar el caso inglés, lo cierto es que todo lo que dice se puede aplicar perfectamente a España. (¿Sabía alguien que lo de aplaudir a los médicos y sanitarios a las 8 fue un invento de una asesora del Gobierno Británico? Se ve que luego lo importamos a España)
En esencia, la tesis de partida de la autora es que el estado británico fomentó el miedo al coronavirus para tener controlada a la población y que cumpliera las normas impuestas. Y no es algo que diga ella, sino que viene reflejado en el documento con el que el Grupo de Expertos británico asesoró a Boris Johnson. Literalmente: “Es necesario incrementar el nivel que se percibe de amenaza personal entre aquellos que se muestran complacientes empleando mensajes emocionales contundentes”.
Dicho y hecho.
El miedo ha sido el protagonista de la vida de la gente (o de mucha gente) durante este año y medio, y lo sigue siendo. Un miedo, como explica la autora, que no tiene base real de ser. Cito literalmente:
“Si bien el covid es un enfermedad real y el SARS-CoV-2 es un virus real, algo de la respuesta parecía “irreal”…No solo hemos soportado y tolerado las restricciones de nuestras libertades sino que, además, lo hemos exigido para una enfermedad que tiene una tasa de letalidad media del 0,005% para los menores de 70 años a nivel global. Nuestra respuesta aparece desacoplada de la gravedad de la amenaza; ¿por qué?”
Hay que resaltar que la autora no busca las razones últimas de todo el montaje que hemos padecido. No busca teorías conspiranoicas (reconoce que eso sobrepasa su investigación). Su objetivo es analizar el miedo que ha padecido la sociedad inglesa y cómo fue alentado desde los políticos, medios de comunicación, sanitarios, etc. Cito una vez más:
“Hemos sufrido un año de miedo gracias a la campaña publicitaria del Gobierno contra el covid. Se diseñó una publicidad extremadamente visceral y deliberadamente aterrorizadora en televisión, radio, cartelería y prensa para elevar tu sensación de amenaza y riesgo y fomentar la obediencia a las normas”.
Para su investigación ha entrevistado a mucha gente, tanto anónima (sus casos aparecen dispersos a lo largo del libro) como a psicólogos conductistas, que explican los mecanismos de manipulación que se han empleado con la población, muchos de los cuales recuerdan a los lavados de cerebro o a las técnicas de las sectas.
El resultado de esas medidas lo hemos sufrido todos en nuestras carnes: confinamientos draconianos, uso obligatorio de mascarillas, cierre de negocios y consiguiente hundimiento de la economía, etc. Y lo peor, el número de muertes que todo este cerrojazo va a provocar en los próximos años (cánceres no tratados, trastornos psicológicos que derivarán en suicidios, etc.)

Este libro es perturbador, reconfortante y probablemente el libro más controvertido que he leído este año. Está escrito por una periodista muy obstinada y sus prejuicios salen a la luz en ocasiones, lo cual es un defecto claro, PERO a pesar de eso, creo que sigue siendo un libro muy importante.
La persona común estará totalmente en desacuerdo con las conclusiones de este libro y los puntos que expongo a continuación resumiéndolo, pero por favor haga una pausa y reflexione sobre las cifras, el contexto y los hechos, no tome su reacción inicial como su conclusión.
La tesis del libro es que (1) desde marzo de 2020 hasta el día de hoy, el gobierno del Reino Unido ha trabajado intencionalmente para mantener a la población aterrorizada a fin de que cumplamos con las directrices y las regulaciones. Y (2) esto ha sido extremadamente dañino, injustificable y moralmente censurable.
En el Reino Unido en 2020 tuvimos nuestra tasa de mortalidad más alta desde …. 2008, y sin embargo, muchos pensaron que estábamos viviendo un apocalipsis, una actitud que nadie tenía en 2008. ¿Por qué tal diferencia de percepción?
El Covid-19 es un virus desagradable, PERO si tiene menos de 65 años, el riesgo de muerte al contraerlo era inferior al 1%, y se reducía a un 0,1% para los menores de 40 años (cifras del informe 34 del Covid-19 del Imperial College de Londres, citado en página 268).
¿Por qué nos han dicho los números de muertes de Covid todos los días durante 16 meses casi nunca con el contexto de las más de 1500 muertes que ocurrirían en un día normal sin covid en el Reino Unido? ¿Por qué todos de repente queremos que el gobierno nos mantenga a salvo de la muerte, algo que ellos no son capaces de hacer? Como dice Laura en la página 267: «Si no acepta que morirá algún día, que nunca podrá estar seguro, entonces es un blanco fácil para las políticas autoritarias que pretenden ser por su seguridad».
Para este libro, Laura entrevistó a científicos, asesores gubernamentales, políticos, activistas por las libertades civiles, médicos e individuos normales afectados de diversas formas; también ha leído mucha literatura de todos lados.

Este libro documenta:
1. Cómo trabajaron los medios de comunicación y el gobierno del Reino Unido para aterrorizar a los británicos por Covid
2. El uso de mala ciencia, exageraciones, conjeturas y mentiras descaradas para producir el cumplimiento de las regulaciones de Covid.
3. La censura y represión de científicos altamente calificados que no estaban de acuerdo con la narrativa.
4. Las repetidas infracciones de las normas éticas habituales en el uso de la psicología y la publicidad para influir en las personas.
5. La naturaleza religiosa de la misma: desde el «aplauso para los cuidadores» patrocinado por el gobierno (iniciado «espontáneamente» por una dama con un amigo en el número 10 de Downing Street …) hasta el uso de máscaras a menudo más como una señal visual de adherencia que cualquier propósito médico.
6. Los efectos y daños graves causados por todo esto: sumando todos los «efectos secundarios» de las medidas de covid utilizadas en el Reino Unido y los efectos secundarios que tendrán en los próximos años, es probable que maten varias veces la cantidad de las personas que han muerto a causa del virus. De hecho, es probable que las medidas de Covid (durante algunos años) cuesten más vidas que incluso las estimaciones iniciales del peor caso de muertes por Covid.
El toque personal
Después de cada capítulo hay una historia personal que cuenta cómo un individuo se ha visto afectado, de alguna manera estos son un truco de propaganda, que le dice que un porcentaje de nuestros jóvenes ahora está tomando antidepresivos que antes no lo hace. Como leer el relato de una madre que encuentra a su hijo después de que éste intentó suicidarse, página 194.
Usar historias personales como esta es manipulador y lo empuja a dar una respuesta emocional en lugar de simplemente responder a los hechos presentados. Pero durante los últimos 16 meses, los medios de comunicación han estado llenos de historias de personas que padecen o mueren de covid, historias utilizadas cínicamente para aumentar el cumplimiento de las regulaciones, reducir las quejas y persuadirnos de pasar por alto el sufrimiento causado por las regulaciones y la orientación.

Por qué deberías leer esto:
– este es el mayor problema de nuestro tiempo
– a menos que haya estado viviendo debajo una roca, le han servido una gran dosis de propaganda diariamente durante más de un año – este libro ofrece el otro lado
– esto le da una idea interesante sobre cómo funciona la psicología de grupo
Preguntas no respondidas
– ¿Por qué el gobierno ejecutó tales políticas?
– ¿Por qué continuaron con ellos durante más de un año cuando no hay pruebas sólidas de que funcionaran?
– ¿Por qué nos mintieron y manipularon los datos para hacer que los bloqueos parezcan mucho más efectivos de lo que dice la evidencia real?
Laura no responde a estas preguntas; dado que no hay respuestas seguras, la mejor suposición es un pánico inicial seguido de un caso extremo de la falacia del costo hundido.

Las palabras de Johnson estaban diseñadas para suscitar el miedo y la muerte: «asesino invisible», «se perderán vidas», «funerales», etc. Nos dijo que estábamos «alistados», un lenguaje específico de tiempos de guerra, que evocaba el espíritu de los ataques relámpago, pero que también era emocionalmente manipulador. En este punto, Shah señaló que no se nos daba elección: se trataba más de una leva obligatoria que de un alistamiento. En realidad, no había espacio para los objetores de conciencia, así que tendría que ir con los reclutados.
Se nos dijo que debíamos obedecer para «salvar miles de vidas». La última parte de su discurso estaba plagada de amenazas. La policía tiene poder para hacer que se cumpla la ley; hay que obedecer. La amenaza del poder y el castigo está pensada para que cumplamos. Pero en un giro deshonesto del imperio de la ley, las «órdenes» que nos estaba dictando para que obedeciéramos no serían aprobadas como ley hasta tres días después.
Lo ignorábamos. A partir de esa noche la nación se tomó a su primer ministro en serio. En serio de verdad, como se suponía que tenía que ser.

En 2020 aprendimos que el miedo vende mejor que el sexo. Si asusta, se airea; si sangra, lidera. Finalmente, la obsesión por los encantos físicos de la mujer quedó en un segundo plano, pero quizás porque por fue asaltada por el pornopánico.
Las noticias constantes sobre el covid y el recuento de muertes cotidiano hicieron que todo ello dominara nuestra mente. Con toda probabilidad, el covid, la muerte, el confinamiento y los efectos de las restricciones fueron las ocupaciones principales de tu cerebro. La heurística de disponibilidad, o sesgo de la disponibilidad, describe un atajo mental mediante el cual recordamos los ejemplos más inmediatos de las cosas. Cuando un asunto es extremadamente urgente, nos satura de forma que no somos capaces de pensar en otras cosas. Si se habla de las muertes por covid cada día, entonces piensas en ello cada día en detrimento de otras causas de muerte, pero también en detrimento de gran parte de la vida. Nuestra hoja de ruta cognitiva fue rediseñada en 2020. Puede que estuvieras conduciendo, pero el gobierno y los medios tenían el control de tu navegador por satélite.
Los medios tienen la responsabilidad de informarnos, pero también tienen la responsabilidad de ser imparciales. La cobertura de los recuentos de muertes diarias, los titulares macabros, los gráficos terroríficos permearon en nuestros cerebros. Algunas de las personas a las que entrevisté me hablaron del efecto considerable que los medios tuvieron en su percepción del mundo y en su posterior salud mental.
A principios de 2020, las gentes del mundo se dieron cuenta en masa de que iban a morir. Está claro que acabarían muriendo. Pero creían que iban a morir entonces, o pronto, a causa de la epidemia. La mortalidad apareció como algo real. Puede que una fobia moderna ante la muerte, o por lo menos nuestra desconexión de la muerte, nos haya preparado para una sobrerreacción. Si no has aceptado que un día morirás, eres carne de cañón para las políticas que afirman que van destinadas a tu seguridad. La evidencia sobre la eficacia de los confinamientos es ambigua. Sabemos que han costado vidas. Y, sin embargo, la gente entregó su libertad con la esperanza de que el gobierno supiera lo que hacía.

Dentro de este estilo de gobierno tecnocrático, nos vemos sujetos a una «psicocracia» en la que las decisiones públicas vienen ordenadas por la pericia psicológica. Esto es incluso más vertical y opaco, porque redefinir nuestro comportamiento mediante técnicas psicológicas secretas significa que no siempre nos damos cuenta, y aún menos somos capaces de comentar, dar nuestro consentimiento o participar en la toma de decisiones públicas. Uno de los objetivos de este libro es alertarte sobre las herramientas e influencia de los psicócratas.
No elegimos a los psicócratas que operan y asesoran en el seno del gobierno. Ni siquiera sabemos cómo depende cada unidad gubernamental de la ciencia conductual, pero hay equipos de claves conductuales en por lo menos diez departamentos.
Las crisis «justifican» las instituciones políticas y las unidades gubernamentales y el acrecentamiento del poder por encima del control político. Todas estas unidades operan de manera que no son transparentes para la población, ni incluso para los parlamentarios.

¿Es ético usar el miedo si es en beneficio nuestro? ¿Por nuestra salud? Algunos afirmarán que sí. Tal y como señala el Behavioural Insight Team en el documento «mindspace: influenciar el comportamiento mediante las políticas públicas». «Si establecemos que los comportamientos reducen de hecho el bienestar, la ventaja del empujoncito resulta convincente»; si bien reconociendo a la vez que resulta «controvertido». Es decir, los fines justifican los medios, incluso si al público no le hiciera gracia comprender que le están embaucando.
El término «covidiota» apareció para describir a la gente que se comportaba de forma «estúpida» o irresponsable. También puedes sustituir «covidiota» por «imbécil egoísta».
El cubrimiento de la cara —el uso de mascarillas— apela a las «normas» y a la conformidad social. A los psicólogos del comportamiento les encantan las mascarillas; las quieren con locura. Creen que promueven el colectivismo, la sensación de que estamos «juntos en esto». Esta actitud, que se deduce claramente de mis entrevistas a asesores del spi-b, se vio confirmada cuando David Halpern contestó a los parlamentarios diciendo: «Requirió mucho tiempo para que ver a la gente con mascarillas. Nuestra primera opinión fue que las mascarillas eran efectivas, sobre todo por la señal que crean y, por supuesto, por la evidencia subyacente». Así que creía que había una evidencia a favor de las mascarillas, pero cabe señalar que la «señal» está antes que la «evidencia». Los científicos conductuales favorecieron las mascarillas porque creaban una «señal», cuando en realidad ni un solo ensayo aleatorio controlado ha podido demostrar el valor de llevar mascarillas fuera de un contexto clínico.
¿Cómo funciona la señal? La presión normativa aumenta y se sustancia cuando las llevamos en público. Son indicadores visibles de que hay un peligro presente por doquier: en el aire que respiramos y en la gente que nos encontramos. Las caras enmascaradas te preparan para pensar en el peligro. Nos convertimos en vallas publicitarias andantes de la enfermedad y el peligro. Literalmente, mantienen el miedo en nuestros rostros. También distinguen a los que cumplen de los rebeldes, aunque es cierto que hay muchas razones válidas y exenciones legales para no llevarlas.

Los profesionales de la salud mental en primera línea estaban preocupados por el impacto del confinamiento. El suicidio es la principal causa de muerte entre los jóvenes del Reino Unido. Durante el 2020, algunos niños se encontraron en largas listas de espera para tratamientos de salud mental. Ged Flynn, que encabeza Papyrus, la ong para prevenir los suicidios, dijo: «Esto es un escándalo. Salvar vidas jóvenes ya no es una prioridad nacional y tenemos que cambiar esto». Si bien el suicidio nunca debe atribuirse a una causa única, nueve de cada diez llamadas a Papyrus durante el primer confinamiento reflejaban el impacto del covid y el encierro, pues mucha gente mencionaba la pérdida de sus ingresos, reducción en la prestación de servicios, violencia doméstica y abuso, y el potencial para contagiarse con el Covid-19. Ged avisaba del «problema a largo plazo que supone la angustia emocional» para los jóvenes mientras continúa el impacto del confinamiento y los servicios de salud mental siguen tensionados.
Puede que los chivos expiatorios definitivos de la epidemia del covid y el confinamiento fueran los niños y los jóvenes. Tal y como me dijo Ellen Tonwsend: «Sus necesidades fueron supeditadas. El legado que estamos creando para la gente joven de este país es atroz. Se les avecinan tiempos austeros. Vivieron una época en la que fueron prácticamente ignorados. En todos sus actos, las personas en el poder deberían hacer las cosas en beneficio de los niños. ¿Por qué no los ponen como prioridad en todo?».
El chivo expiatorio es una práctica humana recurrente. Solo hay que imaginar haberles dicho a los mayas que no era necesario arrojar a los niños vivos en los cenotes para asegurarse de que llovería. Quizás nuestros niños fueron los chivos expiatorios del covid.

MUERTES
• Exceso de 40.000 muertes derivadas del impacto económico durante los próximos 50 años, fruto de la reducción de ingresos, desempleo y la ansiedad que reduce la esperanza de vida.
• Exceso de 32.000 muertes entre los adultos dependientes o en riesgo de exclusión a finales de marzo de 2021 debido a una reducción en el apoyo y a las altas hospitalarias tempranas.
• 18.000 muertes debidas a cancelaciones en las operaciones hospitalarias.
• 10.000 muertes debidas a disrupciones en los servicios de urgencias.
• 4.000 muertes debidas a no pedir ayuda, incluso cuando se sufrió un infarto o una apoplejía.
• Durante la primera ola hubo un incremento del exceso de muertes del 52 por ciento en las personas con demencia.
• El equivalente a 560.000 vidas se perderán como resultado del confinamiento. (Esto se calculó antes de la tercera ola.)
SALUD MENTAL
• El número de adultos que experimentó alguna forma de depresión incrementó de uno de cada diez a uno de cada cinco durante el confinamiento a fecha de junio de 2020.
• El 15 por ciento de la gente informó sufrir depresión, ansiedad o miedo como resultado directo de la campaña publicitaria del gobierno sobre la pandemia.
• Uno de cada ocho adultos desarrolló una depresión de moderada a grave durante el confinamiento.
• Nueve de cada diez personas con autismo se preocuparon por su salud mental durante el confinamiento.
• Las personas con autismo tuvieron una probabilidad siete veces mayor de sentirse solas que la población en general durante el confinamiento.
• La mitad de los jóvenes de entre 16 y 25 años afirmaron que su salud mental había empeorado desde que comenzó la pandemia.
• 1,5 millones de niños y 8,5 millones de adultos necesitarán ayuda para tratar la depresión, ansiedad, trastornos de estrés postraumático y otros problemas de salud mental en los meses y años venideros.
• Uno de cada tres adultos incrementó el consumo de alcohol durante el primer confinamiento para gestionar el estrés.
• Hubo un incremento del 16,4 por ciento en las muertes por alcohol entre enero y septiembre de 2020 en comparación con el año anterior. (Se necesita una investigación sobre esto, pero lo coloco en los impactos en la salud mental por razones obvias.)
• Hubo un incremento del 20 por ciento en la adicción a los opiáceos y un 39 por ciento de recaídas entre los adictos.
ECONOMÍA
• El pib del Reino Unido cayó un 9,9 por ciento en 2020, el peor resultado de lo países del G7 y la peor contracción de la economía que ha experimentado la economía británica desde el Gran invierno de 1709.28
• El incremento de la deuda neta del sector público (de marzo a noviembre) podría alcanzar los 385 mil millones de libras.
• Se estima que el desempleo aumentará entre 450.000 y 2,45 millones de personas por encima de los niveles pre-pandemia.
• Una cuarta parte de los pubs no creen que vayan a abrir tras el confinamiento.
• Las industrias creativas proyectan unas pérdidas de 77.000 millones de libras en 2020.
• El sector manufacturero se enfrenta a unas pérdidas de 71.700 millones de libras tras los dos primeros confinamientos.
• El sector de la construcción se enfrenta a unas pérdidas de 40.000 millones de libras tras los dos primeros confinamientos.
• El sector del comercio se enfrenta a unas pérdidas de 33.800 millones de libras tras los dos primeros confinamientos.
• El impacto en la hostelería fue de unas pérdidas de 37.400 millones de libras.

El miedo a la muerte suprimido es enormemente poderoso en combinación con las ideas impuestas racionalmente de solidaridad y conformidad y la protección de los demás. La mente inconsciente resulta manipulable mediante el empleo de las razones racionales más virtuosas, lo que convierte a la gente en maleable. Y así, «tres semanas para doblegar la curva» se convirtieron en un año de vida bajo leyes de urgencia, centenares de instrumentos reglamentarios aprobados por decisión ministerial, hasta la propuesta de un certificado digital médico de identidad. Si crees en la democracia, debes sospechar del uso de la psicología para manipularte en contra de tu voluntad. El empujoncito es antidemocrático. El uso del miedo es una forma de control siniestra.
El programa de vacunación parece ser el Final Feliz de la Historia Horrible de la pandemia de Covid-19. Pero me muestro cautelosa, no porque sea «antivacunas» sino porque he observado que este momento de la historia también está siendo escrito en el lenguaje de la manipulación emocional y el control coercitivo.
Parte del mensaje de la vacunación es optimista, orgulloso y está enfocado al futuro. Otra parte parece sacada directamente de un manual de ciencia conductual.
El miedo ha creado una fábula en la que las discusiones autoritarias sobre la orden de vacunar a toda la sociedad y los certificados o pasaportes covid se privilegian por encima de la responsabilidad y el riesgo personales. ¿Implica tu Final Feliz la responsabilidad personal o una orden del Estado? Con un deseo desesperado de poner fin a la Historia Horrible de la pandemia del Covid-19, nos estamos abalanzando hacia una conclusión sin estar muy seguros de nuestros valores…

————————–

This book is about fear. The fear of a virus. The fear of death. The fear of change; The fear of the unknown. The fear of ulterior motives, dark ends, and conspiracy. Fear of the rule of law, democracy, and the liberal western way of life. The fear of loss: of losing our jobs, our culture, our connections, our health, our head. But it’s also about how the government turned our fears into a weapon against ourselves – supposedly because it was the best for us – until we became one of the scariest countries in the world.
In one of the most extraordinary documents ever released to the British public, the behavioral scientists advising the British government were of the opinion that we needed to be terrified. The Scientific Pandemic Influenza Group on Behavior (spi-b) * states in its work «Options to increase the observance of social distance measures», dated March 22, 2020.
In January 2021 it was reported that the Covid epidemic had caused excess mortality (as of November) to rise to its highest level in the UK since WWII. This made the headlines of all the media. However, when population size and age were taken into account, excess deaths were at their worst since about 2008. This is highly significant, as it shows that about a decade of improvements in public health had been cut short. , although it was less hyperbolic than the headlines.
In September 2020, British citizens were more concerned about transmission than citizens of Sweden, the United States, France, Germany and Japan: 83 percent of British people thought there would be a second wave, while only 21 percent he thought the government was well prepared to deal with it.
As Karl Augustus Menninger said, «fears are educated to us and we can, if we wish, be educated not to have them». We need to inoculate ourselves against fear.

We are facing a serious and important analysis of what happened in Great Britain in 2020. For the record, although the author of the book is English and her narration focuses on analyzing the English case, the truth is that everything she says is it can perfectly apply to Spain. (Did anyone know that applauding the doctors and health workers at 8 o’clock was an invention of an advisor to the British Government? We see that later we import it to Spain)
In essence, the author’s starting thesis is that the British state fostered fear of the coronavirus in order to control the population and comply with the imposed regulations. And it is not something that she says, but it is reflected in the document with which the British Group of Experts advised Boris Johnson. Literally: «It is necessary to increase the perceived level of personal threat among those who are complacent using strong emotional messages.»
Said and done.
Fear has been the protagonist of the lives of people (or many people) during this year and a half, and it continues to be. A fear, as the author explains, that has no real basis for being. I quote literally:
“While covid is a real disease and SARS-CoV-2 is a real virus, some of the answer seemed“ unreal ”… Not only have we endured and tolerated restrictions on our freedoms, but we have also demanded it to a disease that has an average fatality rate of 0.005% for those under 70 years of age globally. Our response appears decoupled from the severity of the threat; why?»
It should be noted that the author does not seek the ultimate reasons for all the assembly that we have suffered. She doesn’t look for conspiracy theories (she admits that is beyond her research). The objective of it is to analyze the fear that English society has suffered and how it was encouraged by politicians, the media, health, etc. I quote once again:
“We have suffered a year of fear thanks to the Government’s advertising campaign against the covid. Extremely visceral and deliberately terrifying advertising was designed on television, radio, billboards and in the press to heighten your sense of threat and risk and to encourage compliance with the rules. »
For his research he has interviewed many people, both anonymous (their cases are scattered throughout the book) and behavioral psychologists, who explain the manipulation mechanisms that have been used with the population, many of which are reminiscent of washing of brain or cult techniques.
The result of these measures we have all suffered in our flesh: draconian confinements, mandatory use of masks, closing of businesses and consequent collapse of the economy, etc. And worst of all, the number of deaths that all this bolt is going to cause in the coming years (untreated cancers, psychological disorders that will lead to suicides, etc.)

This book is both disturbing, comforting, and probably the most controversial book I’ve read this year. It’s written by a highly opinionated journalist and her biases come out at times which is a clear flaw BUT despite that I think it is still a very important book.
The average person will strongly disagree with the conclusions of this book and the points I state below summarising it, but please pause and reflect on the figures and the context and the facts, don’t take your initial reaction as your conclusion.
The thesis of the book is that (1) from March 2020 until the present day the UK government has intentionally worked to keep the population terrified in order to keep us compliant with guidance and regulations. AND (2) this has been extremely harmful, unjustifiable and morally reprehensible.
In the UK in 2020 we had our highest death rate since…. 2008, and yet many thought we were living through an apocalypse – an attitude no one had in 2008. Why such a difference in perception?
Covid-19 is an unpleasant virus BUT if you’re under 65 your risk of death upon catching it was less than 1%, shrinking as low as 0.1% for under 40s (numbers from Imperial college London Covid-19 report 34, quoted on page 268).
Why have we been told Covid death numbers every day for 16 months almost never with the context of the 1500+ deaths that would occur on a normal non-covid day in the UK? Why do we all suddenly want the government to keep us safe from death, something they’re not capable of doing? As Laura says on page 267 «If you don’t accept that you will die one day, that you can never be safe, then you are a sitting duck for authoritarian policies which purport to be for your safety.»
For this book Laura interviewed scientists, government advisors, politicians, civil liberty campaigners, doctors and normal individuals affected in various ways; she has also read a lot of the literature from every side.

This book documents:
1. How the media and the UK government worked to make the British people terrified of Covid
2. The use of bad science, exaggerations, guesses and outright lies to produce compliance with Covid regulations.
3. The censorship and suppression of highly qualified scientists who disagreed with the narrative.
4. The repeated breaches of normal ethical standards for the use of psychology and advertising to influence people.
5. The religious nature of it – from the government sponsored «clap for carers» (started «spontaneously» by a lady with a friend at 10 downing street…) to the use of masks often more as a visual cue of adherence than any medical purpose.
6. The effects and serious harms done by all of this – adding up all of the «side effects» of covid measures used in the UK and the knock-ons they will have over the coming years they are likely to kill several times the number of people who’ve died of the virus. In fact the Covid measures are likely (over some years) to cost more lives than even the early worst case estimates of Covid deaths.
The personal touch
After each chapter there’s a personal story recounting how an individual has been affected, in some ways these are a propaganda trick, telling you that some percentage of our youth are now on anti-depressants who weren’t before doesn’t strike home the same as reading the account of a mother finding her son after he attempted suicide, page 194.
Using personal stories like this is manipulative and pushes you to make an emotional response rather than just responding to the presented facts. But – for the last 16 months the media has been full of stories of individuals suffering from or dying of covid, stories cynically used to increase compliance with regulations, to reduce complaints and to persuade us to overlook the suffering caused by the regulations and guidance.

Why you should read this:
– this is the single biggest issue of our time
– unless you’ve been living under a rock you’ve been served a hefty dose of propaganda daily for over a year – this book gives you the other side
– this gives you some interesting insight into how group psychology works
Questions not answered
– why did the government implement such policies?
– why did they carry on with them for over a year when there is no solid evidence they worked?
– why did they lie to us, and manipulate data to make lockdowns look far more effective than the actual evidence says?
Laura doesn’t answer these questions – as there are no certain answers, the best guess is an initial panic followed by an extreme case of the sunk cost fallacy.

Johnson’s words were designed to arouse fear and death: «invisible killer,» «lives will be lost,» «funerals,» and so on. He told us that we were «enlisted,» a specific wartime language that evoked the spirit of lightning strikes, but was also emotionally manipulative. At this point, Shah pointed out that we were given no choice: it was more of a mandatory levy than enlistment. Actually, there was no room for conscientious objectors, so he would have to go with the conscripts.
We were told that we must obey to «save thousands of lives.» The last part of his speech was riddled with threats. The police have the power to enforce the law; you have to obey. The threat of power and punishment is meant for us to deliver. But in a dishonest twist on the rule of law, the «orders» he was giving us to obey wouldn’t be passed into law until three days later.
We ignored it. From that night on, the nation took its prime minister seriously. Seriously really, how it was supposed to be.

In 2020 we learned that fear sells better than sex. If it scares, it airs out; if it bleeds, lead. Finally, the obsession with the physical charms of women was in the background, but perhaps because she was assaulted by panic pornography.
The constant news about the covid and the daily death count made all this dominate our minds. In all likelihood, covid, death, confinement, and the effects of restrictions were the main occupations of your brain. The availability heuristic, or availability bias, describes a mental shortcut by which we remember the most immediate examples of things. When an issue is extremely urgent, it saturates us so that we are unable to think of other things. If you talk about deaths from covid every day, then you think about it every day to the detriment of other causes of death, but also to the detriment of much of life. Our cognitive roadmap was redesigned in 2020. You may have been driving, but the government and the media were in control of your sat nav.
The media have a responsibility to inform us, but they also have a responsibility to be impartial. The coverage of daily death counts, ghoulish headlines, terrifying graphics permeated our brains. Some of the people I interviewed told me about the considerable effect the media had on their perception of the world and their subsequent mental health.
In early 2020, the peoples of the world realized en masse that they were going to die. It is clear that they would end up dying. But they believed they were going to die then, or soon, from the epidemic. Mortality appeared as real. Perhaps a modern phobia of death, or at least our disconnection from death, has set us up for an overreaction. If you have not accepted that one day you will die, you are cannon fodder for policies that claim they are intended for your safety. The evidence on the effectiveness of lockdowns is ambiguous. We know they have cost lives. And yet the people gave up their freedom in the hope that the government would know what it was doing.

Within this technocratic style of government, we are subject to a «psychocracy» in which public decisions are ordered by psychological expertise. This is even more vertical and opaque, because redefining our behavior using secret psychological techniques means that we are not always aware of it, and even less able to comment, consent, or participate in public decision-making. One of the goals of this book is to alert you to the tools and influence of psychocrats.
We do not elect the psychocrats who operate and advise within the government. We don’t even know how each government unit depends on behavioral science, but there are behavioral codes teams in at least ten departments.
Crises «justify» political institutions and government units and the growth of power over and above political control. All these units operate in a way that is not transparent to the population, not even to parliamentarians.

Is it ethical to use fear if it is to our benefit? For our health? Some will claim yes. As the Behavioral Insight Team points out in the document “mindspace: influencing behavior through public policies”. «If we establish that the behaviors actually reduce well-being, the nudge advantage is compelling»; while recognizing at the same time that it is «controversial.» That is, the ends justify the means, even if the public didn’t like to understand that they are being duped.
The term «covidiote» appeared to describe people who behaved in a «stupid» or irresponsible way. You can also substitute «covidiote» for «selfish jerk.»
The covering of the face – the use of masks – appeals to «norms» and social conformity. Behavioral psychologists love masks; they want them madly. They believe they promote collectivism, the feeling that we are «in this together.» This attitude, which is clear from my interviews with spi-b advisers, was confirmed when David Halpern replied to MPs saying: “It took a long time for me to see people with masks. Our first opinion was that the masks were effective, especially because of the signal they create and, of course, because of the underlying evidence. So he believed there was evidence in favor of masks, but it should be noted that the «sign» comes before the «evidence.» Behavioral scientists favored masks because they created a ‘cue’, when in fact not a single randomized controlled trial has been able to demonstrate the value of wearing masks outside of a clinical setting.
How does the signal work? Regulatory pressure increases and is substantiated when we wear them in public. They are visible indicators that danger is present everywhere: in the air we breathe and in the people we meet. Masked faces prepare you to think about danger. We become walking billboards of disease and danger. They literally keep fear on our faces. They also distinguish those who comply from the rebels, although it is true that there are many valid reasons and legal exemptions for not wearing them.

Frontline mental health professionals were concerned about the impact of the lockdown. Suicide is the leading cause of death for young people in the UK. During 2020, some children found themselves on long waiting lists for mental health treatment. Ged Flynn, who heads Papyrus, the NGO to prevent suicide, said: “This is a scandal. Saving young lives is no longer a national priority and we have to change this. Although suicide should never be attributed to a single cause, nine out of ten calls to Papyrus during the first confinement reflected the impact of the COVID and the confinement, as many people mentioned the loss of their income, reduction in the provision of services, violence domestic violence and abuse, and the potential to become infected with Covid-19. Ged warned of the «long-term problem of emotional distress» for young people as the impact of confinement continues and mental health services remain strained.
Perhaps the ultimate scapegoats for the COVID epidemic and lockdown were children and young people. As Ellen Tonwsend told me: “His needs were contingent. The legacy we are creating for the young people of this country is appalling. Austere times are ahead. They lived in a time when they were practically ignored. In all their actions, those in power should do things for the benefit of children. Why don’t they make them a priority in everything?
The scapegoat is a recurring human practice. You just have to imagine telling the Mayans that it was not necessary to throw the children alive into the cenotes to make sure it would rain. Perhaps our children were the scapegoats of the covid.

DEATHS
• Excess of 40,000 deaths derived from the economic impact during the next 50 years, as a result of the reduction in income, unemployment and the anxiety that reduces life expectancy.
• Excess of 32,000 deaths among dependent adults or at risk of exclusion at the end of March 2021 due to a reduction in support and early hospital discharges.
• 18,000 deaths due to cancellations in hospital operations.
• 10,000 deaths due to disruptions in emergency services.
• 4,000 deaths due to not asking for help, even when suffering a heart attack or stroke.
• During the first wave there was a 52 percent increase in excess deaths in people with dementia.
• The equivalent of 560,000 lives will be lost as a result of the lockdown. (This was calculated before the third wave.)
MENTAL HEALTH
• The number of adults experiencing some form of depression increased from one in ten to one in five during lockdown as of June 2020.
• 15 percent of people reported suffering from depression, anxiety or fear as a direct result of the government’s publicity campaign on the pandemic.
• One in eight adults developed moderate to severe depression during confinement.
• Nine out of ten people with autism were concerned about their mental health during confinement.
• People with autism were seven times more likely to feel lonely than the general population during confinement.
• Half of young people between the ages of 16 and 25 said their mental health had worsened since the pandemic began.
• 1.5 million children and 8.5 million adults will need help treating depression, anxiety, post-traumatic stress disorder, and other mental health problems in the months and years to come.
• One in three adults increased alcohol consumption during the first confinement to manage stress.
• There was a 16.4 percent increase in alcohol deaths between January and September 2020 compared to the previous year. (Research is needed on this, but I place it on mental health impacts for obvious reasons.)
• There was a 20 percent increase in opiate addiction and 39 percent relapse among addicts.
ECONOMY
• UK GDP fell 9.9 percent in 2020, the worst performance of the G7 countries and the worst economic contraction that the British economy has experienced since the Great Winter of 1709.28
• The increase in net public sector debt (from March to November) could reach 385 billion pounds.
• Unemployment is estimated to increase between 450,000 and 2.45 million people above pre-pandemic levels.
• A quarter of the pubs do not believe that they will open after confinement.
• The creative industries project a loss of £ 77 billion in 2020.
• The manufacturing sector faces a loss of 71.7 billion pounds after the first two lockdowns.
• The construction sector faces a loss of 40 billion pounds after the first two lockdowns.
• The retail sector faces a loss of 33.8 billion pounds after the first two lockdowns.
• The impact on the hospitality industry was losses of 37.4 billion pounds.

Suppressed fear of death is enormously powerful in combination with rationally imposed ideas of solidarity and conformity and the protection of others. The unconscious mind is manipulable through the use of the most virtuous rational reasons, which makes people malleable. And thus, «three weeks to bend the curve» became a year of life under emergency laws, hundreds of regulatory instruments approved by ministerial decision, until the proposal of a digital medical certificate of identity. If you believe in democracy, you should be suspicious of the use of psychology to manipulate you against your will. The push is undemocratic. The use of fear is a sinister form of control.
The vaccination program appears to be the Happy Ending of the Horrible Story of the Covid-19 pandemic. But I am cautious, not because it is «anti-vaccination» but because I have observed that this moment in history is also being written in the language of emotional manipulation and coercive control.
Part of the vaccination message is optimistic, proud, and forward-looking. Another part seems straight out of a behavioral science manual.
Fear has created a fable in which authoritarian discussions about the order to vaccinate the whole of society and covid certificates or passports are privileged over personal responsibility and risk. Does your Happy Ending involve personal responsibility or a state order? With a desperate desire to end the Horrible Story of the Covid-19 pandemic, we are rushing toward a conclusion not quite sure of our values …

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.