Territorio Negro. Crímenes Reales Del Siglo XXI — Manuel Marlasca, Luis Rendueles / by Manuel Marlasca, Luis Rendueles (spanish book edition)

El asesino español del siglo XX y principios del XXI es, sin duda, muy diferente del que se registraba en el siglo XIX o en los años cincuenta, porque la sociedad en la que nace y actúa difiere de forma muy sensible de aquellas otras».

Está entre el ensayo y el libro de relatos. Pues si cada uno de sus capítulos en una historia en sí mismo, un relato detectivesco con su suspense, su desarrollo siguiendo la investigación policial y su desenlace, el conjunto ofrece frecuentes ocasiones para la reflexión sobre la condición humana y la sociedad en que vivimos.
El libro es una suerte de paseo inquietante, desasosegante en ocasiones, espeluznante por momentos por la cara oscura de un país.
Destacable es la clara idea que tenían los autores al momento de escribir este libro, una lectura muy entretenida de un libro que te mantiene sumergido, despistar el hilo de la obra es casa imposible gracias a la temática y también a la buena estructura, capítulos no tan cortos pero que no aburren en ningún momento, este libro se puede leer en un día.

La vida de César, un niño de nueve años, también cabía en una maleta, la que encontraron el 23 de noviembre de 2010 dos hermanos que habían ido a desbrozar una zona boscosa de Binidalí del Camí, en el término municipal de Mahón, al sur de la isla de Menorca.
Era una maleta roja, grande, de fibra sintética, de las que se emplean en largos viajes o en mudanzas, en las que caben existencias enteras, sobre todo si son tan breves como la de César. Al abrirla, los dos hermanos vieron, entre montones de ropa y otros objetos, lo que claramente parecía un cráneo con fragmentos de pelo y cuero cabelludo aún adheridos. Junto a esos restos indudablemente humanos se apilaban prendas de verano e invierno, varios tebeos, cromos, un estuche escolar, un reloj digital con correa de plástico y dos pequeños cubos de metacrilato con una araña y un escorpión. La vida de César.
El hallazgo puso en marcha la maquinaria policial y judicial. El término municipal donde se encontró la maleta, Mahón…
Los agentes regresaron a los efectos que había en la maleta: los dos cubos de metacrilato con un escorpión y una araña formaban parte de una colección que llegaba periódicamente a los quioscos cada mes de septiembre desde hacía años, así que iban a servir de poco. Solo faltaba por analizar el estuche escolar, que estaba carcomido por la humedad y la fauna necrófaga. Dentro había un compás; dos bolígrafos azules y uno negro de la marca Bic; varios lápices de colores y una goma de borrar cuadrada Milán de nata, muy popular entre los chicos por el dulzón aroma que desprende. Al retirar el borrador de la goma elástica que lo mantenía sujeto al estuche, los policías hallaron una inscripción que iba a resultar crucial para la investigación. Con una grafía propia de un niño, alguien había escrito «C sar J. F.». No era necesario haber vivido en el 221B de Baker Street en compañía del doctor Watson para concluir que el propietario del estuche, presumiblemente el niño de la maleta, se llamaba César y sus apellidos correspondían a las iniciales J. F.
El 28 de noviembre de 2008, dos días después de ser detenida, la policía decidió interrogar a Mónica Juanatey. Habían levantado en muy poco tiempo una monumental catedral de pruebas contra ella. La Comisaría General de Policía Científica había certificado que el niño hallado en la maleta compartía material genético con la arrestada: era el hijo de Mónica, sin posibilidad de error. El testimonio de Víctor y el de los abuelos del niño y todo lo que encontraron en su teléfono y en su ordenador convertían el interrogatorio en un mero formalismo, en una oferta al arrepentimiento y en una posibilidad de explicar lo inexplicable. En el primer intento, Mónica se derrumbó muy pronto. Contó que estaba en casa con su hijo, que el chico se metió en la bañera y que ella se marchó al piso de arriba:
—Cuando bajé, el niño se había ahogado. No respiraba. Lo metí en una maleta con sus cosas y lo llevé al monte.

Ella se llama María Jesús, todos la llaman Mariaje y es un ama de casa de Cuenca que también trabaja en la empresa familiar de muebles. Parece frágil, pero ha sacado adelante a su familia, dos hijos varones criados. Él tiene veinte años menos y no había estado nunca en esa ciudad. Es andaluz, gaditano, un tipo grande, fuerte, con el pelo rapado. Se llama Fran y forma parte de una unidad de élite de la Policía Nacional, la UDEV Central, encargada de investigar los casos criminales más complejos de España. El hijo menor de ella, Sergio, un joven de treinta años, amante del gimnasio y la informática, está desaparecido. Lo mismo que dos jóvenes amigas, Marina Okarynska, de veinticuatro años, nacida en Ucrania, y Laura del Hoyo, de veinticinco y de una familia muy conocida y respetada en Cuenca.
Las tres madres han acudido a la policía para poner tres denuncias por desaparición. Muy pronto, las investigaciones apuntan al hombre, a Sergio Morate. Una de las desaparecidas, Marina, fue su novia durante cuatro años y había roto con él unos meses atrás. La otra, Laura, era la mejor amiga de Marina.
Hay asesinos que quieren demostrar a la policía lo bien que lo han hecho, lo bien que lo han planeado. Morate tuvo algún momento de esos con el agente de la UDEV. Como cuando explicó lo que hizo después de matar a las dos mujeres y meterlas en el coche. Que la tarde de los asesinatos, posiblemente con un cadáver en el maletero y otro bajo los asientos traseros, pasó por la residencia donde estaba viviendo su abuela. Que su madre, extrañada, lo vio en la puerta y lo saludó. Que decidió no entrar. Que, con los cuerpos en el coche, acudió también a la terraza de un bar donde estaban algunos amigos… El policía le hace ver que corrió unos riesgos enormes, que eso fue una torpeza.
Desde la Navidad de 2014, Sergio Morate no dejaba de dar la lata a Marina para que volviera con él. Ella nunca denunció el acoso y los malos tratos. No quería hacer eso, sobre todo para que no sufriera la madre de Sergio, a la que había cogido mucho cariño. La madre, Mariaje, no tenía culpa de lo que hacía su hijo.
Finalmente, Marina se fue de Cuenca y de España, pero él viajó a Ucrania para pedirle perdón. La familia de ella, asombrada, aceptó que se instalara en casa de una tía. En esos días, Marina no quiso siquiera verlo, aunque hablaron por teléfono antes de que Morate regresara a España, solo y derrotado.

Un agente del Seprona de la Guardia Civil divisó el cuerpo desmadejado, colgado de un árbol a unos ocho metros del suelo, a las once de la mañana del viernes 28 de octubre de 2016, en la sima de los Borricos, un agujero de treinta metros de profundidad donde los habitantes del cercano pueblo de Chella (Valencia) arrojaban los cadáveres de los animales de labranza para que la tierra se los tragase. El hallazgo puso fin a una búsqueda que había comenzado catorce horas antes, cuando Carmen Ciges acudió al cuartel de la Guardia Civil de Enguera para denunciar la desaparición de su hija Vanessa. Había vuelto de trabajar a las siete de la tarde del jueves y la comida que había dejado preparada a la chica estaba intacta. Se había despedido de ella la noche anterior y a la mañana siguiente la menor no había aparecido por el instituto.
Los especialistas de rescate en montaña de la Guardia Civil sacaron el cuerpo del fondo del agujero con mimo, como si se tratase de un superviviente de un accidente, y lo izaron por las paredes verticales hasta la superficie de la sima, el lugar desde donde debió de ser arrojado. También extrajeron de allí un edredón sucio, viejo y maloliente —la improvisada mortaja— y una chaqueta vaquera de mujer, que estaban a escasos metros del cadáver y habían quedado enganchados en la vegetación.
La noche del 27 de octubre de 2016 casi nadie durmió en Chella. En Jorge y Carmen, los padres de Vanessa, el miedo a un desenlace fatal crecía a medida que pasaban las horas. Los amigos de la chica se cruzaron mensajes durante toda la noche haciendo cábalas sobre lo que le habría pasado a su amiga. Rubén Maño creía haberse construido una sólida coartada con los mensajes que envió situándose la noche de los hechos durmiendo en casa de su madre en compañía de su amigo Luis. La Guardia Civil preparaba el dispositivo de búsqueda, con la seguridad de que estaban ante una desaparición con muy mal pronóstico.
Julia, la mejor amiga de Vanessa, no pegó ojo. Durante toda la noche releyó los mensajes que se había intercambiado con Rubén. Sabía que la relación entre Vanessa y él no iba mucho más allá de fumarse unos porros juntos o de haber coincidido con más gente.
Al pie de la sima, junto al cadáver de Vanessa, los agentes de Homicidios observaron las evidentes señales de violencia en el cuerpo de la chica sin necesidad de que las certificase un forense. La Guardia Civil planificó allí mismo los pasos a dar en las horas siguientes. Las contradicciones de Rubén y su estrecha relación con su amigo Luis pusieron a los dos en el punto de mira de los investigadores.
¿Ella quería? ¿No la forzaste?
—No, no. Fue todo consentido. Cuando estábamos aún en la cama, le dije a Vanessa que había conocido a una chica de Chella que me gustaba y ella se volvió loca. Para que se calmase, la cogí por la espalda y le rodeé el cuello con el brazo derecho para que dejara de gritar. Estaba como loca.
—¿Y qué pasó después?
—Me di cuenta de que no se movía, empecé a llamarla por su nombre, pero no respondía. Le miré los ojos y los tenía abiertos. Me di cuenta de que estaba muerta.
—¿Qué hiciste con el cuerpo?
—Cogí una manta de casa, la que utilizan los perros de cama, y la envolví. Para trasladar el cuerpo le pedí el coche a mi colega Luis.
—¿Él sabía lo que habías hecho? ¿Vio el cuerpo de Vanessa?
—No, no. Luis no se dio cuenta de nada. Le dije que iba a llevar a una chica a su casa. Metí el cuerpo en el maletero del coche y lo llevé a las simas. Allí lo tiré.
—¿Qué hiciste con sus cosas?
—Por la tarde del día siguiente, el jueves, volví a la casa de San Antón…

Florin se ganaba la vida conduciendo camiones, tenía treinta y siete años y se sentía solo en España. Por eso se había apuntado aquel verano a la red social Badoo, un enorme escaparate donde hombres maduros buscan relaciones más o menos rápidas con mujeres. En ese lugar virtual conoció aquella tarde de julio de 2019 a Daniela Mendoza, una joven dominicana de veinticuatro años. Daniela estaba cerca, apenas a hora y media de distancia en coche, y era guapa. Sexi fue la palabra que más usó Florin. A las seis de la tarde, el camionero rumano le envió un flechazo de amor, la señal de «me gustas» en Badoo. Ella respondió rápidamente. Pasaron a hablar por WhatsApp.
Dos tipos encapuchados lo sacaron del vehículo a golpes. Lo arrastraron por el suelo y lo ataron de pies y manos. Florin gritaba. Le taparon la boca con cinta americana. Ahí sintió por primera vez el frío del cuchillo sobre su cuello. El calor insoportable de las descargas eléctricas, 12.000 voltios abrasando sus piernas. Y aquella frase: «Si nos mientes, estás muerto». Apenas pudo verla a ella, que miraba en su coche, buscaba entre sus cosas. Daniela no hablaba. Entre golpes y amenazas le quitaron el móvil, el dinero, la tarjeta de crédito con su pin… Todo lo que llevaba encima, hasta las zapatillas de deporte.
Por fin, lo metieron otra vez en el Renault. Cinco minutos después, lo dejaron tirado entre unas cañas. Vio una carretera y llegó herido y sangrando a casa de una mujer, que llamó a la Guardia Civil. Días después, Florin buscó el perfil de Daniela en Badoo. La llamó a su móvil. Pero Daniela ya no estaba en la red de contactos. Su número figuraba a nombre de una ciudadana rumana.
La mención a una mujer sudamericana a la que había conocido en Badoo hace saltar la alarma en la Guardia Civil de Zaragoza. Allí saben de dos hombres que han sido atacados en los últimos meses. El último, la semana pasada. Son dos asaltos sin resolver. Los ganchos habían sido una mujer dominicana llamada Daniela y otra brasileña de nombre Bella, pero tras los violentos ataques las dos habían borrado sus perfiles de Badoo. El modus operandi era el mismo. Habían atraído a un hombre maduro a Aragón. El rastro de las tarjetas de crédito de las víctimas había llegado hasta unas imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de un banco. Un tipo oculto bajo una gorra había sacado dinero con la tarjeta de la primera víctima, el camionero rumano. Los investigadores ampliaron las imágenes y vieron que el hombre tenía tatuajes en los gemelos de sus piernas.
Los guardias civiles de Zaragoza van a colaborar con los investigadores de la Unidad Central Operativa, una unidad de élite con sede en Madrid que se encarga de los casos más complicados, que también son, a veces, los más mediáticos. En la UCO se toma una decisión rápida: un agente se abrirá un perfil en Badoo.
Detrás, Achraf, y al fondo, Meléndez, con su gorra calada. Los guardias civiles averiguarán más tarde que tiene tatuajes en los gemelos. Meléndez es la persona que sacó dinero del cajero con la tarjeta de la primera víctima la madrugada del 27 de julio. Es el segundo encapuchado que atacó a Florin. ¿Por qué no participó en los siguientes ataques? Los agentes descubrirán que este hombre, con antecedentes por robos y malos tratos, cometió otro delito, fue detenido y el 6 de agosto había ingresado en la cárcel de Castellón 1, donde estuvo aquellas semanas, en las que no había disfrutado de ningún permiso de salida.
Además de este tercer individuo, los guardias civiles que navegan por las redes sociales descubren otras imágenes en las que Candy aparece sonriente y provocativa, feliz, jugando una partida de billar…
Candy y Mohamed no han sido juzgados aún por el asesinato de José Antonio Delgado y los otros ataques a Florin y Julián. Todo apunta a que ella sostendrá que el hombre la tenía encerrada en la nave y la obligaba a ofrecerse como gancho para atraer a hombres maduros y asaltarlos. Los investigadores no lo creen. La definen como una mujer mentirosa que fue aumentando su violencia e incrementando los robos. No olvidan que el día en que su carrera criminal terminaba en España, derrotada, mientras ellos buscaban y encontraban pruebas en su contra en aquella nave, Candy, el Dulce Ángel de Badoo, se quedó dormida.

La cooperación policial internacional a través de Interpol permitió a los Mossos trazar el recorrido delictivo de Thiago en Brasil. Él solo dijo, tras ser detenido, que había sido carnicero y que tenía un hijo en su país de origen, algo que certificó la policía brasileña. Thiago había convivido durante siete años con una mujer llamada Edianez Antunes, que en 2017 lo denunció por amenazas y cinco años antes lo había acusado de no pagar la pensión alimenticia que le correspondía. Hacía tiempo que Thiago había perdido contacto y, probablemente, su anclaje con el mundo real. En 2016 estuvo ingresado seis meses en un centro psiquiátrico y antes había tenido varios encuentros con la policía, que lo detuvo por diversas razones: posesión de droga, acoso a una mujer, agresiones a agentes, propinar una paliza a un travesti al que se negó a pagar…
A la hora de escribir estas líneas, la instrucción de los crímenes de Thiago sigue su curso judicial. Ni siquiera se sabe si su estado mental le permitirá sentarse en un banquillo, pero lo que parece seguro es que pasará a formar parte de la lista de enfermos psiquiátricos confinados en los establecimientos penitenciarios españoles, donde solo les queda esperar a que les llegue el final, sin arreglo ni tratamiento posible. Hace mucho que los reclusos con problemas mentales son el gran agujero negro de nuestro sistema penal.

Libros de los autores comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/06/12/espana-negra-los-casos-mas-apasionantes-de-la-policia-nacional-rafael-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/14/el-solitario-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-ilustrador-the-lonely-man-by-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-illustrator-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/11/30/los-ratones-de-dios-luis-rendueles-gods-mice-by-luis-rendueles-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/11/24/mujeres-letales-manuel-marlasca-luis-rendueles-lethal-women-by-manuel-marlasca-luis-rendueles-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/12/03/territorio-negro-crimenes-reales-del-siglo-xxi-manuel-marlasca-luis-rendueles-by-manuel-marlasca-luis-rendueles-spanish-book-edition/

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The Spanish murderer of the twentieth and early twenty-first centuries is, without a doubt, very different from the one recorded in the nineteenth century or in the fifties, because the society in which he is born and acts differs in a very sensitive way from those others.

It’s between the essay and the storybook. Well, if each of its chapters is a story in itself, a detective story with its suspense, its development following the police investigation and its outcome, the set offers frequent occasions for reflection on the human condition and the society in which we live.
The book is a kind of disquieting walk, at times unsettling, at times creepy through the dark side of a country.
Remarkable is the clear idea that the authors had at the time of writing this book, a very entertaining reading of a book that keeps you immersed, misleading the thread of the work is an impossible house thanks to the theme and also to the good structure, chapters not so short but not boring at any time, this book can be read in a day.

The life of César, a nine-year-old boy, also fit in a suitcase, which was found on November 23, 2010 by two brothers who had gone to clear a wooded area of Binidalí del Camí, in the municipality of Mahón, to the south from the island of Menorca.
It was a large red suitcase made of synthetic fiber, the kind used on long trips or moving, in which entire stocks can fit, especially if they are as short as Caesar’s. Opening it, the two brothers saw, among piles of clothing and other objects, what clearly looked like a skull with fragments of hair and scalp still attached. Along with these undoubtedly human remains were stacked summer and winter clothes, various comics, stickers, a school bag, a digital watch with a plastic strap and two small methacrylate cubes with a spider and a scorpion. The life of Caesar.
The finding set in motion the police and judicial machinery. The municipality where the suitcase was found, Mahón …
The agents returned to the effects that were in the suitcase: the two methacrylate cubes with a scorpion and a spider were part of a collection that had been regularly hitting newsstands every September for years, so they were going to be of little use. It only remained to analyze the school case, which was eaten away by humidity and ghoulish fauna. Inside was a compass; two blue pens and one black from the Bic brand; several colored pencils and a Milan cream square eraser, very popular with boys for the sweet scent it gives off. By removing the eraser from the rubber band that held it to the case, the police found an inscription that was to prove crucial to the investigation. In a child’s spelling, someone had written «C sar J. F.» It was not necessary to have lived at 221B Baker Street in the company of Dr. Watson to conclude that the owner of the case, presumably the boy in the suitcase, was called Cesar and his last name corresponded to the initials J. F.
On November 28, 2008, two days after her arrest, the police decided to question Mónica Juanatey. They had built in a very short time a monumental cathedral of evidence against her. The Scientific Police General Commissariat had certified that the child found in the suitcase shared genetic material with the arrested person: he was Mónica’s son, with no possibility of error. Víctor’s testimony and that of the boy’s grandparents and everything they found on his phone and on her computer turned the interrogation into a mere formalism, an offer to repentance and a possibility of explaining the inexplicable. On the first try, Monica broke down very soon. She said that she was at home with her son, that the boy got into the bathtub and that she went upstairs:
«When I came downstairs, the boy had drowned.» He wasn’t breathing. I put it in a suitcase with his things and took it to the mountains.

Her name is María Jesús, everyone calls her Mariaje and she is a housewife from Cuenca who also works in the family furniture business. She seems fragile, but she has raised her family, two raised sons. He is twenty years younger and had never been to that city. He is Andalusian, from Cádiz, a big, strong guy, with shaved hair. His name is Fran and he is part of an elite unit of the National Police, the Central UDEV, in charge of investigating the most complex criminal cases in Spain. Her youngest son, Sergio, a young man in his thirties, a lover of the gym and computers, is missing. The same as two young friends, Marina Okarynska, twenty-four years old, born in Ukraine, and Laura del Hoyo, twenty-five years old and from a well-known and respected family in Cuenca.
The three mothers have gone to the police to file three complaints of disappearance. Very soon, the investigations point to the man, Sergio Morate. One of the missing, Marina, was his girlfriend for four years and had broken up with him a few months ago. The other, Laura, was Marina’s best friend.
There are murderers who want to show the police how well they have done it, how well they have planned it. Morate had one of those moments with the UDEV agent. Like when he explained what he did after killing the two women and putting them in the car. That the afternoon of the murders, possibly with a body in the trunk and another under the back seats, he passed by the residence where his grandmother was living. That his mother, surprised, saw him at the door and greeted him. That he decided not to enter. That, with the bodies in the car, he also went to the terrace of a bar where some friends were … The policeman makes him see that he took enormous risks, that this was awkward.
Since Christmas 2014, Sergio Morate has not stopped nagging Marina to come back with him. She never reported the harassment and abuse. She didn’t want to do that, especially so that Sergio’s mother wouldn’t suffer, for whom she had grown very fond. Her mother, Mariaje, was not to blame for what her son was doing.
Finally, Marina left Cuenca and Spain, but he traveled to Ukraine to ask her forgiveness. Her family, astonished, agreed that she would settle in with an aunt. In those days, Marina did not even want to see him, although they spoke on the phone before Morate returned to Spain, alone and defeated.

An agent of the Seprona of the Civil Guard spotted the limp body, hanging from a tree about eight meters above the ground, at eleven o’clock in the morning on Friday, October 28, 2016, in the Borricos chasm, a thirty-meter hole deep where the inhabitants of the nearby town of Chella (Valencia) threw the corpses of farm animals for the earth to swallow them. The finding put an end to a search that had begun fourteen hours earlier, when Carmen Ciges went to the Enguera Civil Guard barracks to report the disappearance of her daughter Vanessa. She had returned from work at seven o’clock on Thursday afternoon and the food that she had prepared for the girl was intact. He had said goodbye to her the night before and the next morning her youngest had not shown up at the institute.
The mountain rescue specialists of the Civil Guard took the body out of the bottom of the hole with care, as if it were a survivor of an accident, and they hoisted it up the vertical walls to the surface of the chasm, the place from where it should have of being thrown. They also extracted from there a dirty, old and smelly duvet – the makeshift shroud – and a woman’s denim jacket, which were a few meters from the corpse and had been caught in the vegetation.
On the night of October 27, 2016, almost no one slept in Chella. In Jorge and Carmen, Vanessa’s parents, the fear of a fatal outcome grew as the hours passed. The girl’s friends exchanged messages throughout the night, speculating about what would have happened to her friend. Rubén Maño believed that he had built a solid alibi with the messages he sent, situating himself the night of the events sleeping at his mother’s house in the company of his friend Luis. The Civil Guard prepared the search device, with the assurance that they were facing a disappearance with a very bad prognosis.
Julia, Vanessa’s best friend, didn’t sleep. Throughout the night she reread the messages that she had exchanged with Rubén. She knew that he and Vanessa’s relationship didn’t go much further than smoking joints together or meeting other people.
At the foot of the chasm, next to Vanessa’s body, Homicide agents observed the obvious signs of violence on the girl’s body without the need for a coroner to certify them. The Civil Guard planned the steps to take in the following hours right there. Rubén’s contradictions and his close relationship with his friend Luis put the two in the crosshairs of the investigators.
She wanted? Didn’t you force it?
-Nerd. It was all spoiled. When we were still in bed, I told Vanessa that she had met a girl from Chella that I liked and she went crazy. To calm her down, I grabbed her from behind and wrapped her right arm around her neck to stop her screaming. She was crazy.
-And what happened next?
—I realized that she wasn’t moving, I started calling her by her name, but she didn’t answer. I looked into her eyes and they were open. I realized that she was dead.
«What did you do with the body?»
«I took a blanket from home, the one used by bedding dogs, and wrapped it up.» To move the body I asked my colleague Luis for the car.
«Did he know what you had done?» Did you see Vanessa’s body?
-Nerd. Luis didn’t notice anything. I told him that he was taking a girl to his house. I put the body in the trunk of the car and took it to the chasms. I threw it there.
«What did you do with his things?»
—In the afternoon of the following day, Thursday, I returned to the house of San Antón …

Florin made a living driving trucks, he was thirty-seven years old and lonely in Spain. That is why she had joined the Badoo social network that summer, a huge showcase where mature men seek more or less quick relationships with women. In that virtual place, he met Daniela Mendoza, a twenty-four-year-old Dominican woman, that afternoon in July 2019. Daniela was close to her, barely an hour and a half away by car, and she was pretty. Sexi was the word Florin used the most. At six o’clock in the afternoon, the Romanian truck driver sent her a love crush, the «I like you» sign on Badoo. She responded quickly. They started talking on WhatsApp.
Two hooded guys beat him out of the vehicle. They dragged him across the ground and tied his hands and feet. Florin screamed. They covered his mouth with duct tape. There he felt for the first time the cold of the knife on his neck. The unbearable heat of electric shocks, 12,000 volts scorching his legs. And that phrase: «If you lie to us, you’re dead.» He could barely see her, who was looking in her car, looking for her among her things. Daniela did not speak. Between blows and threats, they took her cell phone, money, credit card with the pin … Everything she was wearing on her, even her sneakers.
Finally, they put him back in the Renault. Five minutes later, they left him lying between some reeds. He saw a road and arrived wounded and bleeding to the house of a woman, who called the Civil Guard. Days later, Florin looked up Daniela’s profile on Badoo. He called her on her cell phone. But Daniela was no longer in the network of contacts. Her number was listed in the name of a Romanian citizen.
The mention of a South American woman whom he had met on Badoo raises the alarm in the Civil Guard of Zaragoza. There they know of two men who have been attacked in recent months. The last one, last week. They are two unsolved assaults. The hooks had been a Dominican woman named Daniela and another Brazilian named Bella, but after the violent attacks they had both deleted their Badoo profiles. The modus operandi was the same. They had lured a mature man to Aragon. The trail of the victims’ credit cards had led to images recorded by the security cameras of a bank. A guy hidden under a cap had taken money with the card of the first victim, the Romanian trucker. Investigators enlarged the images and saw that the man had tattoos on the twins of his legs.
The civil guards of Zaragoza will collaborate with investigators from the Central Operative Unit, an elite unit based in Madrid that handles the most complicated cases, which are also, at times, the most mediatic ones. A quick decision is made at the UCO: an agent will open a profile on Badoo.
Behind, Achraf, and in the background, Meléndez, with his cap pulled off. The Civil Guards will find out later that he has tattoos on his twins. Meléndez is the person who took money from the ATM with the card of the first victim at dawn on July 27. He is the second hooded man to attack Florin. Why did he not participate in the following attacks? The agents will discover that this man, with a history of robbery and mistreatment, committed another crime, was arrested and on August 6 had entered the Castellón 1 prison, where he spent those weeks, in which he had not enjoyed any permission to exit.
In addition to this third individual, the civil guards who browse social networks discover other images in which Candy appears smiling and provocative, happy, playing a game of billiards …
Candy and Mohamed have not yet been tried for the murder of José Antonio Delgado and the other attacks on Florin and Julián. Everything indicates that she will maintain that the man had her locked up in her ship and forced her to offer herself as a hook to attract mature men and assault them. Researchers don’t believe it. They define her as a lying woman who increased her violence and increased robberies. They do not forget that the day her criminal career ended in Spain, defeated, while they searched and found evidence against her on that ship, Candy, the Sweet Angel of Badoo, fell asleep.

International police cooperation through Interpol allowed the Mossos to trace Thiago’s criminal path in Brazil. He only said, after being arrested, that he had been a butcher and that he had a son in his country of origin, something that the Brazilian police certified. Thiago had lived for seven years with a woman named Edianez Antunes, who in 2017 denounced him for threats and five years earlier had accused him of not paying the alimony he was entitled to. Thiago had long since lost contact and probably his anchoring with the real world. In 2016, he was admitted to a psychiatric center for six months and had previously had several encounters with the police, who detained him for various reasons: possession of drugs, harassment of a woman, assaults on agents, beating a transvestite whom he refused to turn off…
At the time of writing these lines, the investigation of Thiago’s crimes continues its judicial course. It is not even known if his mental state will allow him to sit on a bench, but what seems certain is that he will become part of the list of psychiatric patients confined in Spanish prisons, where they only have to wait for the end to come. , with no arrangement or possible treatment. Prisoners with mental health problems have long been the great black hole of our penal system.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/06/12/espana-negra-los-casos-mas-apasionantes-de-la-policia-nacional-rafael-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/14/el-solitario-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-ilustrador-the-lonely-man-by-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-illustrator-spanish-book-edition/

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