España En 2030 — Hamish McRae y Varios Autores / Spain In 2030 by Hamish McRae and many other authors

Diez especialistas en educación, gastronomía, digitalización, responsabilidad y sostenibilidad, igualdad, bienestar, economía, innovación, salud y cultura, dan su visión de cómo será “España en 2030” dentro de éstas áreas de análisis.
Algunosme ha parecido demasiado sesgados algunas opiniones de los autores, sesgos políticos que suelen estar siempre presentes pero ha sido una interesante lectura.

EE.UU. y China llevan enfrentados económicamente durante al menos una década o, incluso, probablemente más. Las tensiones entre estos dos gigantes continuarán a muchos niveles. La relación entre India y China también se ha deteriorado, con enfrentamientos fronterizos más graves que en cualquier otro momento de los últimos 30 años. India superará a China, en población, en algún momento de la década de 2020. Rusia está resurgiendo. Oriente Medio, siempre volátil, lo es ahora más. Los países africanos tendrán cada vez más dificultades para encontrar empleo para su creciente población: la edad media del país más poblado del continente, Nigeria, es de 18 años. Desde cualquier punto de vista, este es un mundo mucho más peligroso.
La otra nube oscura es el medio ambiente. El estado de ánimo ha cambiado. Mientras que en la década de 1990 había una serie de preocupaciones diferentes, el gran desasosiego actual es el del cambio climático. Hace una generación, los expertos en medio ambiente se preocupaban de si el mundo podría alimentar a más de 7.000 millones de personas en 2020, de cuándo podrían empezar a agotarse las reservas de petróleo, de las amenazas a la biodiversidad y al hábitat, del agujero en la capa de ozono, etc. El cambio climático era preocupante, pero entonces a la mayoría de la gente le parecía una preocupación más nebulosa y lejana.
Ahora las percepciones son muy diferentes. El cambio climático está en el centro de las preocupaciones actuales. Se trata de un problema enorme, gigantesco, holístico, interconectado y existencial, y la humanidad tiene mucho tiempo para solucionarlo, si es que logra hacerlo.
Uno de los pocos beneficios de la crisis de la Covid-19 ha sido la forma en que la tecnología ha dado lugar a un sistema económico más eficiente: menos reuniones cara a cara y más en Zoom, menos presión sobre las redes de transporte urbano, menos uso de efectivo y más de servicios de transferencia de dinero electrónico, etc. Ha sido una experiencia de aprendizaje para todos nosotros sobre cómo utilizar mejor la tecnología y seguiremos aprendiendo a medida que la pandemia retroceda.
Hay muchos otros retos. Europa se enfrenta a la dificultad de aceptar que su participación en la producción mundial se está reduciendo y que, en consecuencia, su influencia seguirá disminuyendo. Las cifras dependen de los tipos de cambio que se tomen, pero parece que el hecho de que el Reino Unido abandone la UE ha hecho que la unión se convierta en una economía más pequeña que China. La UE tendrá que hacer frente a otras tensiones, entre el Norte y el Sur y entre el Este y el Oeste. El Reino Unido tendrá que definir su nuevo papel en el mundo, y contener (o no lograr contener) el nacionalismo en Escocia, así como la situación de Irlanda del Norte.

La pandemia abrió la puerta a una ansiada petición histórica, la bajada de ratios en las aulas. Una reducción que se acabó con la “nueva normalidad” y que a pesar, de las recomendaciones europeas, donde las aulas con menos de 20 alumnos generan un progreso adicional de unos tres meses, de media, mejora la calidad de la enseñanza y el aprendizaje.
Asimismo, durante la pandemia también se ha puesto en evidencia que uno de los aspectos más difíciles de resolver ha sido la brecha digital. Según un estudio del Comisionado de Infancia, la falta de acceso a un ordenador es casi 20 veces mayor en los hogares más pobres. En el tramo de ingresos más bajos (900 euros mensuales netos o menos), el 9,2% de los hogares con niños carecen de acceso a Internet, lo que representa que cerca de 100.000 hogares no se pueden conectar a la Red. Por tanto, uno de los retos a abordar es la desigualdad en el acceso a dispositivos y herramientas tecnológicas como los dispositivos móviles y el acceso a Internet. Además, es igualmente necesario dotar a los niños de habilidades para el uso de las herramientas de forma segura, saludable y responsable así como el acompañamiento familiar y docente para que el aprendizaje verdaderamente funcione y sea completo.
Incrementar el acceso a la tecnología, modelos de distribución sin fronteras, productos personalizados que pueden adaptarse a la demanda e iterar en una escala infinita; será la tendencia en la próxima década.
El proceso transformador que trae la cuarta revolución industrial, pasando de empresas analógicas a digitales, trae una nueva forma de trabajar que ha abierto la puerta a la innovación y la creatividad, crucial para las organizaciones que desean obtener una ventaja competitiva.
La IA (Inteligencia Artificial) no solo será una herramienta para el análisis de los datos, sino que también podrá proveer soluciones como los docentes virtuales. En 2030, es probable que podamos ver a aulas dirigidas por profesores y asistentes educativos virtuales o robóticos. Estos asistentes pueden ayudar a aliviar la carga de trabajo de un profesor, por ejemplo, respondiendo, de una forma más rápida, a las preguntas más frecuentes de los alumnos.
Las empresas se enfrentan ahora a dos verdades relacionadas con esta brecha: que la transformación digital no es una opción y que gestionar correctamente la falta de talento puede marcar la diferencia entre desaparecer o crecer como proyecto. El sistema educativo en formación superior tiene que adaptar sus contenidos una vez están consolidados y esto no les permite moverse con dinamismo en el nuevo entorno digital.
“El sistema productivo va a demandar cada vez más una mayor cualificación, pero también una formación más global, más holística y transversal, y este es un reto que deben asumir las universidades y el sistema de educación superior, en general”…
El mercado global de realidad aumentada (AR) y realidad virtual (VR) alcanzó los 18.800 millones de dólares en 2020, según datos de OBS Business School. Esto representó un aumento de más del 78% sobre el gasto del año anterior. Hasta ahora, la implementación de la realidad aumentada en el aprendizaje se ha quedado atrás con respecto a la realidad virtual, pero se prevé que la brecha se reduzca a medida que más organizaciones aprovechen su mayor accesibilidad.
El futuro es volátil, incierto, complejo y ambiguo. La pandemia finalmente mostró a los políticos que la educación necesita una renovación completa, para preparar a los estudiantes a forjar sus propios caminos con adaptabilidad, creatividad y propósito. En el nuevo contexto económico, social y tecnológico en el que nos encontramos requiere líderes digitales capaces de comprender y provocar el cambio que necesita la sociedad.
La realidad virtual y aumentada, el big data, el aprendizaje móvil, el blockchain, la inteligencia artificial y el aprendizaje personalizado son los pilares de la nueva pedagogía. Nos enfrentamos a los mayores cambios desde que surgió la educación pública en el siglo XIX. La urgencia de mejorar el mundo anterior presenta un desafío y una responsabilidad. Como dijo Sócrates: “La educación es encender una llama, no llenar un recipiente”.

A principios de 2021, la práctica totalidad de los bancos centrales de los cinco continentes había iniciado el camino para lanzar una moneda digital, lo que se conoce como Central Bank Digital Currency (CBDC). Una decisión compleja y nada sencilla de tomar, porque amenaza con provocar una fuga de depósitos sin precedentes en la historia de la banca comercial. La causa de este giro en el sector financiero hay que buscarla en esa nueva cultura subyacente asociada a la revolución digital, de la que la moneda es solo una de sus manifestaciones más sonoras. Aires de cambio en el modelo económico que sacuden el mercado a lomos de múltiples tecnologías, entre ellas el blockchain. Una nueva visión que amenaza con poner patas arriba al sistema y provoca ya estruendosas reacciones, pese a presentarse con propuestas aparentemente inofensivas.
Epic Games, la creadora del mundo virtual del videojuego gratuito Fortnite, no se encuentra ubicada en Silicon Valley, ni en hubs de conocimiento de la costa Este de Estados Unidos como Boston o Nueva York, sino en Potomac (Maryland). Se dice por eso, y por su desafiante negativa a pagar las comisiones que exigen Google y Apple para las compras dentro de aplicaciones, que está introduciendo una brecha en el sistema de equilibrios de la innovación digital. Una de las claves de su éxito consiste en ofrecer vías alternativas a la compra directa para conseguir paVos, su moneda virtual.
La virtualización del todo, lo que en algunos ámbitos se conoce como gemelo digital, apunta directamente a tres grandes pilares de nuestra cultura: la distinción entre lo real y lo irreal, entre lo natural y lo artificial y entre el relato veraz (o verdad) y la ficción. Esos esquemas binarios se están desmontando como castillos de arena.
La ciberseguridad está entrando en una nueva era también de la mano de la Inteligencia Artificial. El CISO de Amazon Web Services, Steve Schmidt, me explicó en Boston que la visión de su compañía era reducir la presencia humana en ese ámbito hasta niveles próximos a su desaparición. Automatización absoluta, porque son las personas las fuentes de vulnerabilidad. Otra de sus recomendaciones fue “encríptalo todo”, aviso para navegantes, ya sea en la nube o en los sistemas de almacenamiento “on premise”. Y avanzó una posible fuente de conflictos que podría marcar la actual década: “Pedimos que los gobiernos de todo el mundo apliquen procesos razonables que incluyan la revisión judicial cuando necesitan acceso al dato.
Al fenómeno de la moneda y la identidad digitales proliferarán y se sofisticarán los desarrollos tecnológicos en el campo de los contratos inteligentes, con sistemas de validación distribuida utilizando tecnología blockchain, y sistemas de tokenización de activos, los llamados Non Fungible Token (NFT) que han comenzado a popularizarse en el ámbito de la creación artística, pero alcanzan ya toda clase de realidades físicas, incluidos edificios enteros. Para dar agilidad al sistema se introducirán nuevas y sorprendentes soluciones de identificación basadas en la biometría.
Una de las peculiaridades del momento en el que nos encontramos, y que definirá nuestra vida en sociedad dentro de una década, es que las grandes corporaciones globales han adelantado en muchos ámbitos a los Estados en la carrera tecnológica y disponen no sólo de herramientas y conocimiento más avanzados, sino que ocupan también territorios conquistados de los que no será fácil conseguir que se apeen debido a la falta de instrumentos legales para ello.

Los medios de comunicación tampoco son ajenos a este cambio de la sociedad porque, por una parte, están entrando cada vez más a formar parte de grandes empresas informativas y grupos de comunicación, con lo que ello implica, y por otra, son vistos y valorados por las empresas como uno de sus principales stakeholders (grupos de interés).
Los media tienen -tenemos-, por lo menos, una doble y clara responsabilidad social. Por un lado, la responsabilidad de transmitir de la manera más fiel y honesta todos aquellos asuntos que interesen o que puedan interesar a la sociedad; y, por otra, la responsabilidad de aplicarse, valga la redundancia, la RSE a su propia organización como empresas informativas y stakeholder clave que son.
Los medios deben, sin duda, comenzar a ser coherentes entre lo que dicen y hacen y aplicarnos la RSE interna y externamente. Invertir el modelo informativo y empresarial actual de los medios no va a ser tarea fácil, pero ya ha llegado el momento de tomar decisiones estratégicas en este respecto. Las empresas están realizando cambios sorprendentes en su filosofía, los medios de comunicación deben cambiar también su modelo informativo y empresarial tradicional.
Confíio y deseo que estos cambios ya sean una realidad en la España del 2030 y que tanto las empresas, como los medios de comunicación asuman su responsabilidad social de una manera integral. Ojalá que las buenas noticias sean en 2030 habituales en todos los medios de comunicación, también en los masivos y en los generalistas.

En 2030 no es nuestra forma física lo que más nos preocupa. Si hace diez años teníamos claro que había que hacer ejercicio para cuidar nuestra salud física, en 2030 esta idea está totalmente superada, se trata de un axioma obvio para todo el mundo. Ahora una de las cosas que más le preocupa a la gente es cuidar su salud emocional y mental. Algo que tiene su origen, por supuesto, en el “trauma colectivo” que sufrió el mundo durante la pandemia causada por la Covid-19. De ahí el auge de la meditación. Ahora casi todo el mundo tiene en su casa su habitación o zona de meditación. Y sí, gracias al metaverso, puedes meditar en lo alto del Himalaya, montado en una nube o bajo el mar si eso te inspira.
Durante el confinamiento, los psicólogos de todo el mundo se vieron absolutamente desbordados.

La innovación es un proceso complejo, que influye sobre prácticamente todos los aspectos de nuestra sociedad, algunos mencionados en estas páginas y muchos más que se están viendo afectados o que sobrevendrán.
Nos encontramos ante un cambio de paradigma en cuanto a los protagonistas de la innovación. Hasta ahora, la innovación estaba reservada a las grandes empresas. Sin embargo, la democratización de la tecnología permite que personas individuales o colectivos reducidos puedan crear productos o servicios innovadores basados en comunidades de código abierto o métodos de desarrollo LowCode o NoCode.
Sin innovación no hay progreso. Estamos en un momento en el que todo nos invita a actuar con rapidez; testear nuestros productos mínimos viables y lanzarlos al mercado sin tener tanto miedo de qué va a funcionar y qué no, y ahora más que nunca, es nuestra responsabilidad aportar entre todos nuestro granito de arena para lograr una sociedad más justa, más sostenible y más humana.

Envejecimiento de la población, incremento de enfermedades crónicas, falta de profesionales, ineficiencias administrativas, incremento del gasto sanitario, aplicación de Inteligencia Artificial y manejo de los datos para caminar hacia una medicina más digital, humanizada, personalizada y predictiva que se anticipe a los problemas de salud. El futuro camina hacia una apuesta decidida por la salud pública, vinculando la salud a la prevención y a los cuidados más que a la enfermedad y su cura. Y todo ello contemplando la participación efectiva, real, de las asociaciones de pacientes y la sostenibilidad financiera del Sistema Nacional de Salud. Así se apunta el dibujo, los trazos gruesos de la sanidad española para la próxima década que estará, como la del resto de los países del mundo, muy condicionada por la superación de la mayor crisis sanitaria del último siglo derivada de la pandemia del coronavirus.
Esta crisis sanitaria ha demostrado que se debe construir un verdadero sistema sociosanitario basado en las personas y en las necesidades de los pacientes y que esté preparado ante futuras crisis sanitarias. La pandemia de la Covid-19 ha puesto al sistema español de salud ante su prueba más exigente desde su creación en 1986. La experiencia de estos meses ha vuelto a demostrar la excelencia de los profesionales, su dedicación y capacidad de resistencia. Pero también ha dejado al descubierto algunas de las debilidades acumuladas durante los últimos años en términos de dotación de recursos y de coordinación, entre otros.
Ha quedado demostrado que la economía no puede funcionar con normalidad cuando el riesgo sanitario es elevado; los costes de no contar con una capacidad de respuesta y de gestión frente a una crisis de esta naturaleza son enormes. La caída de más del 10% del PIB en 2020 da una referencia inferior para estos costes, que no toma en cuenta las pérdidas humanas y las secuelas sociales y económicas.
En la lucha contra la Covid-19, la ciencia ha sido nuestro mejor y único salvavidas y ha servido para destacar la importancia de la higiene y la salud pública, que durante tanto tiempo habían caído en el olvido, ausente de inversiones que hoy se antojan imprescindibles para atender con más fortaleza futuras crisis sanitarias o pandemias. Del mismo modo, esta pandemia también nos ha llevado, como sociedad, a una reflexión crítica y necesaria sobre el papel que nuestros mayores.
Habrá que reforzar la Atención Primaria, la cual ha perdido peso relativo en la última década; facilitar el acceso a nuevos tratamientos y tecnologías; buscar una mejor coordinación entre los servicios sanitarios y de atención a la dependencia e impulsar políticas de prevención y promoción de la salud, ya que estas ayudan a retrasar o reducir la prevalencia de enfermedades crónicas y la multimorbilidad entre las cohortes de mayor edad.
La mayor longevidad de la población está asociada a una creciente necesidad de cuidados de larga duración, debido a la relación que existe entre edad y dependencia.
Un reto inmediato es incorporar nuevas profesiones a los equipos, muy relacionadas con las nuevas tecnologías (ingenieros, informáticos, físicos, biólogos, etc.) para desarrollar herramientas de apoyo y trabajo en equipo en la asistencia, investigación y docencia.
También es necesario rehacer la relación entre ámbitos asistenciales y entre los centros hospitalarios de referencia y de nivel comarcal. Es importante clarificar los objetivos asistenciales de los diferentes ámbitos y centros y su colaboración.
La crisis de la Covid-19 ha puesto en evidencia la necesidad de disponer de dispositivos de urgencias y emergencias, hospitalarios y extrahospitalarios, potentes, plenamente profesionalizados, con personas expertas y organizaciones flexibles y ágiles, capaces de adaptarse rápidamente a situaciones imprevistas puntuales o de larga duración. Las dificultades actuales a la hora de disponer de médicos y enfermeras expertas en este ámbito son muy grandes.
Elevar progresivamente el gasto público en sanidad, hasta niveles del 7% del PIB en la próxima década, es clave para responder a las futuras necesidades y demandas de servicios sanitarios de una sociedad longeva. De igual forma conviene ampliar la cobertura y mejorar la calidad del sistema de cuidados de larga duración – antes apuntado – elevando su financiación hasta cotas próximas al 2,5% del PIB en 2050, y prestando especial atención a su coordinación con el sistema sanitario.

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Ten specialists in education, gastronomy, digitization, responsibility and sustainability, equality, well-being, economy, innovation, health and culture, give their vision of what “Spain in 2030” will be like within these areas of analysis.
Some I have found some opinions of the authors too biased, political biases that are usually always present but it has been an interesting read.

USA and China have been economically at odds for at least a decade or possibly longer. The tensions between these two giants will continue on many levels. The relationship between India and China has also deteriorated, with border clashes more severe than at any other time in the last 30 years. India will surpass China, in population, sometime in the 2020s. Russia is making a comeback. The ever volatile Middle East is even more volatile now. African countries will find it increasingly difficult to find employment for their growing population: the median age of the most populous country on the continent, Nigeria, is 18. From any point of view, this is a much more dangerous world.
The other dark cloud is the environment. The mood has changed. While there were a number of different concerns in the 1990s, the current great unrest is that of climate change. A generation ago, environmental experts worried about whether the world could feed more than 7 billion people by 2020, when oil reserves might start to run out, threats to biodiversity and habitat, the hole in the ozone layer, etc. Climate change was worrisome, but then to most people it seemed like a more nebulous and distant concern.
Now the perceptions are very different. Climate change is at the center of current concerns. It is a huge, gigantic, holistic, interconnected and existential problem, and humanity has a long time to solve it, if it can solve it at all.
One of the few benefits of the Covid-19 crisis has been the way technology has led to a more efficient economic system: fewer face-to-face meetings and more at Zoom, less pressure on urban transport networks, less use of cash and more of electronic money transfer services, etc. It has been a learning experience for all of us on how to better use technology and we will continue to learn as the pandemic recedes.
There are many other challenges. Europe faces the difficulty of accepting that its share in world production is shrinking and that, as a consequence, its influence will continue to decline. The figures depend on the exchange rates taken, but it seems that the fact that the United Kingdom leaves the EU has caused the union to become a smaller economy than China. The EU will have to cope with other tensions, between North and South and between East and West. The UK will have to define its new role in the world, and contain (or fail to contain) nationalism in Scotland, as well as the situation in Northern Ireland.

The pandemic opened the door to a long-awaited historic request, the drop in classroom ratios. A reduction that ended with the “new normal” and that despite the European recommendations, where classrooms with less than 20 students generate an additional progress of about three months, on average, improves the quality of teaching and learning .
Likewise, during the pandemic it has also become evident that one of the most difficult aspects to solve has been the digital divide. According to a study by the Commissioner for Children, the lack of access to a computer is almost 20 times higher in the poorest households. In the lower income bracket (900 euros per month net or less), 9.2% of households with children lack Internet access, which means that nearly 100,000 households cannot connect to the Internet. , one of the challenges to be addressed is inequality in access to technological devices and tools such as mobile devices and Internet access. In addition, it is equally necessary to equip children with the skills to use tools in a safe, healthy and responsible way, as well as family and teacher support so that learning truly works and is complete.
Increase access to technology, borderless distribution models, customized products that can adapt to demand and iterate on an infinite scale; it will be the trend in the next decade.
The transformative process that brings the fourth industrial revolution, moving from analog to digital companies, brings a new way of working that has opened the door to innovation and creativity, crucial for organizations that want to obtain a competitive advantage.
AI (Artificial Intelligence) will not only be a tool for data analysis, but will also be able to provide solutions such as virtual teachers. In 2030, we are likely to see classrooms led by virtual or robotic teachers and educational assistants. These assistants can help ease a teacher’s workload, for example by responding more quickly to frequently asked questions from students.
Companies are now faced with two truths related to this gap: that digital transformation is not an option and that managing the talent gap correctly can make the difference between disappearing or growing as a project. The higher education system has to adapt its contents once they are consolidated and this does not allow them to move dynamically in the new digital environment.
«The productive system is going to demand more and more a higher qualification, but also a more global, more holistic and transversal training, and this is a challenge that universities and the higher education system, in general, must take on» …
The global augmented reality (AR) and virtual reality (VR) market reached $ 18.8 billion in 2020, according to data from OBS Business School. This represented an increase of more than 78% over the previous year’s expense. So far, the implementation of augmented reality in learning has lagged behind virtual reality, but the gap is projected to narrow as more organizations take advantage of its greater accessibility.
The future is volatile, uncertain, complex and ambiguous. The pandemic finally showed politicians that education needs a complete makeover, to prepare students to forge their own paths with adaptability, creativity and purpose. In the new economic, social and technological context in which we find ourselves requires digital leaders capable of understanding and causing the change that society needs.
Virtual and augmented reality, big data, mobile learning, blockchain, artificial intelligence and personalized learning are the pillars of the new pedagogy. We are facing the biggest changes since public education emerged in the 19th century. The urgency to improve the world before it presents a challenge and a responsibility. As Socrates said: «Education is lighting a flame, not filling a container.»

At the beginning of 2021, practically all the central banks of the five continents had started the path to launch a digital currency, which is known as Central Bank Digital Currency (CBDC). A complex decision and not an easy one to make, because it threatens to cause a deposit flight unprecedented in the history of commercial banking. The cause of this turn in the financial sector must be found in that new underlying culture associated with the digital revolution, of which the currency is only one of its loudest manifestations. Winds of change in the economic model that shake the market on the back of multiple technologies, including blockchain. A new vision that threatens to turn the system upside down and already provokes uproarious reactions, despite being presented with apparently harmless proposals.
Epic Games, the creator of the virtual world of the free video game Fortnite, is not located in Silicon Valley, nor in knowledge hubs on the East Coast of the United States such as Boston or New York, but in Potomac (Maryland). It is said because of that, and because of its defiant refusal to pay the commissions required by Google and Apple for in-app purchases, that it is introducing a breach in the balance system of digital innovation. One of the keys to its success is to offer alternative ways to direct purchase to get V-Bucks, its virtual currency.
The virtualization of the whole, which in some areas is known as the digital twin, points directly to three great pillars of our culture: the distinction between the real and the unreal, between the natural and the artificial, and between the truthful story (or truth) and fiction. Those binary schemas are being dismantled like sand castles.
Cybersecurity is entering a new era also hand in hand with Artificial Intelligence. The CISO of Amazon Web Services, Steve Schmidt, explained to me in Boston that his company’s vision was to reduce the human presence in this area to levels close to its disappearance. Absolute automation, because people are the sources of vulnerability. Another of his recommendations was «encrypt everything», a warning for surfers, either in the cloud or in storage systems «on premise». And he advanced a possible source of conflict that could mark the current decade: “We ask that governments around the world apply reasonable processes that include judicial review when they need access to data.
The phenomenon of digital currency and identity will proliferate and technological developments will become more sophisticated in the field of smart contracts, with distributed validation systems using blockchain technology, and asset tokenization systems, the so-called Non Fungible Token (NFT) that have started to become popular in the field of artistic creation, but they already reach all kinds of physical realities, including entire buildings. To streamline the system, surprising new identification solutions based on biometrics will be introduced.
One of the peculiarities of the moment in which we find ourselves, and that will define our life in society within a decade, is that the large global corporations have advanced in many areas to the States in the technological race and have not only tools and knowledge more advanced, but they also occupy conquered territories from which it will not be easy to get them to get off due to the lack of legal instruments to do so.

The media are also not immune to this change in society because, on the one hand, they are increasingly becoming part of large news companies and communication groups, with what this implies, and on the other, they are seen and valued. by companies as one of their main stakeholders (interest groups).
The media have -we have-, at least, a double and clear social responsibility. On the one hand, the responsibility of transmitting in the most faithful and honest way all those matters that interest or that may interest society; and, on the other, the responsibility of applying, worth the redundancy, CSR to their own organization as news companies and key stakeholder that they are.
The media must, without a doubt, begin to be coherent between what they say and do and apply CSR to us internally and externally. Reversing the current information and media business model is not going to be an easy task, but the time has come to make strategic decisions in this regard. Companies are making surprising changes in their philosophy, the media must also change their traditional information and business model.
I trust and hope that these changes are already a reality in Spain in 2030 and that both companies and the media assume their social responsibility in a comprehensive manner. Hopefully the good news will be common in 2030 in all the media, also in the mass media and in the generalists.

In 2030 it is not our physical form that worries us the most. If ten years ago we were clear that we had to exercise to take care of our physical health, in 2030 this idea will be totally overcome, it is an obvious axiom for everyone. Now one of the things that people care the most is taking care of their emotional and mental health. Something that has its origin, of course, in the «collective trauma» that the world suffered during the pandemic caused by Covid-19. Hence the rise of meditation. Now almost everyone has their room or meditation area at home. And yes, thanks to the metaverse, you can meditate high up in the Himalayas, riding on a cloud or under the sea if that inspires you.
During the confinement, psychologists around the world were absolutely overwhelmed.

Innovation is a complex process that influences practically every aspect of our society, some mentioned in these pages and many more that are being affected or that will follow.
We are facing a paradigm shift in terms of the protagonists of innovation. Until now, innovation was reserved for large companies. However, the democratization of technology allows individuals or small groups to create innovative products or services based on open source communities or LowCode or NoCode development methods.
Without innovation there is no progress. We are at a time when everything invites us to act quickly; test our minimum viable products and launch them on the market without being so afraid of what will work and what will not, and now more than ever, it is our responsibility to contribute our grain of sand together to achieve a fairer, more sustainable and more humane society .

Aging of the population, increase in chronic diseases, lack of professionals, administrative inefficiencies, increase in health spending, application of Artificial Intelligence and data management to move towards a more digital, humanized, personalized and predictive medicine that anticipates problems of health. The future is moving towards a firm commitment to public health, linking health to prevention and care rather than to disease and its cure. And all this contemplating the effective, real participation of patient associations and the financial sustainability of the National Health System. This is how the drawing is pointed out, the thick lines of Spanish health for the next decade that will be, like that of the rest of the countries of the world, highly conditioned by the overcoming of the greatest health crisis of the last century derived from the coronavirus pandemic.
This health crisis has shown that a true social health system must be built based on people and the needs of patients and that it is prepared for future health crises. The Covid-19 pandemic has put the Spanish health system under its most demanding test since its creation in 1986. The experience of these months has once again demonstrated the excellence of the professionals, their dedication and resilience. But it has also exposed some of the weaknesses accumulated in recent years in terms of resource endowment and coordination, among others.
It has been shown that the economy cannot function normally when the health risk is high; The costs of not having a response and management capacity in the face of a crisis of this nature are enormous. The fall of more than 10% of GDP in 2020 gives a lower reference for these costs, which does not take into account human losses and social and economic consequences.
In the fight against Covid-19, science has been our best and only lifeline and has served to highlight the importance of hygiene and public health, which for so long had been forgotten, absent from investments that today are craving essential to respond with greater strength to future health crises or pandemics. In the same way, this pandemic has also led us, as a society, to a critical and necessary reflection on the role of our elders.
Primary Care will have to be strengthened, which has lost relative weight in the last decade; facilitate access to new treatments and technologies; seek better coordination between health and dependency care services and promote health prevention and promotion policies, as these help to delay or reduce the prevalence of chronic diseases and multimorbidity among older cohorts.
The greater longevity of the population is associated with a growing need for long-term care, due to the relationship between age and dependency.
An immediate challenge is to incorporate new professions into teams, closely related to new technologies (engineers, computer scientists, physicists, biologists, etc.) to develop support tools and teamwork in care, research and teaching.
It is also necessary to remake the relationship between healthcare settings and between reference hospitals and those at the county level. It is important to clarify the healthcare objectives of the different areas and centers and their collaboration.
The Covid-19 crisis has highlighted the need to have powerful, hospital and out-of-hospital emergency and emergency devices, fully professionalized, with experts and flexible and agile organizations, capable of quickly adapting to specific or unforeseen situations. Long duration. The current difficulties in having expert doctors and nurses in this field are very great.
Progressively increasing public spending on health, to levels of 7% of GDP in the next decade, is key to responding to the future needs and demands of health services in a long-lived society. Similarly, it is convenient to expand the coverage and improve the quality of the long-term care system – previously mentioned – by raising its financing to levels close to 2.5% of GDP in 2050, and paying special attention to its coordination with the health system.

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