Por Si Las Voces Vuelven — Ángel Martín / In Case The Voices Return by Ángel Martín (spanish book edition)

Aunque este libro lo he escrito sobre todo para mí, por si las voces vuelven tener una guía de lo que puede estar pasando en mi cabeza, y, por supuesto, para cualquiera que haya pasado por algo parecido, por si mi aventura puede servirle para algo, también tengo un regalo para ti, que quizá jamás te has vuelto loco, pero notas que estás como perdido.
Aquí viene mi regalo: no necesitas esperar a tocar fondo para reconstruirte desde cero.
Imagina tener la certeza de que el universo está susurrándote al oído que por fin has conseguido deshacer todos los nudos y encajar todas las piezas para poder vivir sabiendo que ya nada saldrá mal si escuchas bien.
Imagina que descubres que se podía vivir al mismo tiempo en el pasado, en el presente y en el futuro. Que te puedes comunicar con tu yo de cualquier momento del pasado, del presente o del futuro.
Imagina darte cuenta de que puedes controlar el tiempo, la naturaleza y el espacio con tan solo pensarlo.
Imagina sentir eso teniendo la certeza de que es cierto.
¿Lo tienes?
Según los médicos eso es volverse loco.

El libro parece, en principio, enfocado a personas con algún tipo de problema, pero se lo daría sin duda a leer a familiares y amigos para que entiendan qué pasa por la cabeza de su ser querido.
Fácil de leer, aunque a la vez duro, por la manera sencilla y cercana en la que explica temas que en nuestra sociedad son tabú.
Sin duda, lo haría lectura obligatoria para acabar con el estigma de la salud mental. Lanzado en un momento clave, en el que estos trastornos y su poca valoración como enfermedad en el sistema de salud pública están a la orden del día.
Creo que Ángel Martín Gómez está envuelto en un ambiente tóxico, y continúa en él, y si pudiera acercarme a él sólo le podría decir que salga de ahí cuanto antes, o que sólo se ocupe de sobrevivir.
En cualquier caso, si libros sobre estas temáticas sirven para visibilizar y romper el tabú con este tipo de circunstancias y experiencias, creo que podrá servir de algo. Pero cuidado con banalizar sobre estos temas tan serios. Los problemas de salud mental no son algo que uno deba celebrar en ningún caso, o tomarse a la ligera.

Tengo que decir que, aunque llevaba tiempo haciendo cosas raras, por aquel entonces mi vida consistía en vaguear, beber, fumar hierba y consumir media pastilla de éxtasis de vez en cuando, así que la actitud de cualquiera con una vida así no es motivo para preocuparse a menos que cruce algunas líneas.

ES IMPOSIBLE saber cómo funciona el interior de los cerebros.
Uno da por sentado que todos funcionan más o menos igual y que la forma que uno tiene de pensar o de sentir es la misma forma que tienen todos los demás, pero dudo mucho que nadie pueda asegurar al cien por cien y con certeza que eso es exactamente así.
Cuando estás loco, el cerebro funciona a una velocidad brutal a la hora de convertir absolutamente cualquier mierda en una señal trascendental para tu vida.
Por cierto…
El cerebro no crea señales.
Las interpreta.
Las señales son cosas que realmente están ahí: colores, olores, objetos, palabras, sonidos, personas…
Cualquier cosa que puedas ver, oler, sentir, tocar es una señal.
Pero el cerebro no las crea.
Las interpreta.
Y lo hará, quieras o no, bajo las reglas que tú hayas configurado en tu cabeza.
Eso quiere decir que para poder descifrar las señales es imprescindible que primero le ofrezcas al cerebro una historia o un contexto al que agarrarse.
CUANDO TE VUELVES LOCO , tu cabeza no crea una sola historia.
Eso sería demasiado fácil.
Crea muchas…

LO MÁS RARO DE SALIR del ala de psiquiatría de un hospital es que todo el mundo se alegra mucho de algo que en realidad está muy lejos de ser cierto: ya estás bien.
Te aseguro que no existe una sensación más alejada del concepto «estar bien» que salir de un hospital después de catorce días de ingreso en el ala de psiquiatría.
Te cuesta respirar, hablar, vivir. Los que se han quedado cerca no hacen más que controlar tus movimientos por si haces algo que sea raro.
UNA DE LAS MEJORES cosas que me ha dejado el haberme vuelto loco es que ya no le tengo ningún miedo a la muerte.
Aunque nunca ha sido un tema que me haya preocupado demasiado —por no decir nada—, he descubierto que, desde que pasé por esta historia, mi miedo a morir ha desaparecido por completo.

La mayor parte del tiempo hablamos simplemente para no estar en silencio.
Y, por supuesto, no escuchamos.

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Although I have written this book mainly for myself, in case the voices return to have a guide to what may be happening in my head, and, of course, for anyone who has gone through something similar, in case my adventure can help you something, I also have a gift for you, that perhaps you have never gone crazy, but you notice that you are like lost.
Here comes my gift: you don’t need to wait to hit rock bottom to rebuild from scratch.
Imagine being certain that the universe is whispering in your ear that you have finally managed to undo all the knots and fit all the pieces to be able to live knowing that nothing will go wrong if you listen well.
Imagine that you discover that you could live at the same time in the past, in the present and in the future. That you can communicate with your self at any time in the past, present or future.
Imagine realizing that you can control time, nature, and space just by thinking about it.
Imagine feeling that while being certain that it is true.
You got it?
According to the doctors that is going crazy.

The book veers, in principle, focused on people with some kind of problem, but I would certainly give it to family and friends to read so that they understand what goes through the head of their loved one.
Easy to read, although at the same time hard, because of the simple and close way in which it explains topics that are taboo in our society.
It would certainly make it mandatory reading to end the stigma of mental health. Launched at a key moment, in which these disorders and their low value as a disease in the public health system are the order of the day.
I believe that Ángel Martín Gómez is involved in a toxic environment, and he continues in it, and if I could get close to him, I could only tell him to get out of there as soon as possible, or to just worry about surviving.
In any case, if books on these topics serve to make visible and break the taboo with this type of circumstances and experiences, I think it could be of use. But beware of trivializing about these serious issues. Mental health problems are not something one should celebrate under any circumstances, or be taken lightly.

I have to say that even though I had been doing weird things for a long time, back then my life consisted of loitering, drinking, smoking weed and taking half a pill of ecstasy every now and then, so the attitude of anyone with such a life is no reason to worry unless you cross a few lines.

IT IS IMPOSSIBLE to know how the inside of brains works.
One assumes that they all work more or less the same and that the way one thinks or feels is the same way that everyone else has, but I highly doubt that anyone can assure one hundred percent and with certainty that this is exactly like that.
When you’re crazy, your brain works at a brutal speed to turn absolutely any shit into a momentous sign for your life.
By the way…
The brain does not create signals.
He interprets them.
Signs are things that are really there: colors, smells, objects, words, sounds, people …
Anything you can see, smell, feel, touch is a sign.
But the brain does not create them.
He interprets them.
And it will, whether you like it or not, under the rules that you have set up in your head.
That means that in order to decipher the signals, it is essential that you first offer the brain a story or a context to grasp.
WHEN YOU GO CRAZY, your head doesn’t create a single story.
That would be too easy.
Create many …

THE WEIRD THING ABOUT COMING OUT of the psychiatric wing of a hospital is that everyone is very happy about something that is actually far from true: you’re fine now.
I assure you that there is no feeling further from the concept of «being fine» than leaving a hospital after fourteen days of admission to the psychiatric ward.
It is difficult for you to breathe, to speak, to live. Those who have stayed nearby do nothing more than control your movements in case you do something weird.
ONE OF THE BEST things that going crazy has left me is that I no longer have any fear of death.
Although it has never been a subject that has worried me too much – to say nothing – I have found that, since I went through this story, my fear of dying has completely disappeared.

Most of the time we speak simply so as not to be silent.
And, of course, we don’t listen.

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