Diario De Berlín. 1936-1941 – William L. Shirer / Berlin Diary: The Journal of a Foreign Correspondent 1934-1941 by William L. Shirer

Shiver era un corresponsal extranjero legendario cuyo trabajo más conocido es probablemente El ascenso y la caída del Tercer Reich.
Su diario de Berlín es un relato más que interesante de la vida política cotidiana en Berlín entre 1934 y su regreso a los Estados Unidos a finales de 1940. No es sorprendente que el diario haya tenido que ser sacado de contrabando. Fue crítico desde el principio con los nazis y se desencantó cada vez más con ellos a medida que pasaban los años.
Su estilo es muy simple y fácil de leer, lo que hace que la narrativa sea aún más interesante. El diario trata casi exclusivamente de política, salvo breves pasajes sobre el racionamiento y sus efectos sobre la población en general. Destacan dos cosas; la censura ridículamente restrictiva impuesta a los corresponsales y locutores extranjeros y las atroces mentiras del Ministerio de Propaganda nazi dirigido por el espantosamente odioso Josef Goebbels.
El libro es una recopilación de los diarios que escribió William Shirer, periodista e historiador, durante su etapa como corresponsal en Berlín de 1936 a 1941. En estos diarios escribía impresiones acerca de la sociedad alemana, de los nazis, de acontecimientos como la Conferencia de Múnich o el inicio de la guerra mundial que no podía publicar debido a la censura nazi.
Escrito por el corresponsal americano William Shirer como un diario íntimo y personal, tiene el mérito excepcional de constituirse en el espejo de las opiniones de muchos de las personas que el autor entrevistó a lo largo de sus últimos siete años que estuvo en Europa, desde camareros hasta oficiales del ejército, desde alemanes, hasta holandeses, franceses, suizos, polacos…
Intentando mantener la objetividad propia de un periodista, pero reflejando sus propias opiniones en el análisis de los hechos, parciales por la limitaciones informativas a las que toda esa sociedad estuvo sometida, pero sinceras en lo que consideraba verdades probadas, se nos hace más fácil entender el por qué de muchas de las cuestiones que hoy, desde la perspectiva del siglo XXI, no acabamos de comprender. ¿Cuál era al apoyo real del pueblo alemán? ¿Cuándo empezaron a darse cuenta del engaño? ¿Cuántos sabían realmente lo que pasaba? ¿Por qué una guerra contra el mundo? ¿Por qué tanta barbarie? ¿Por qué tanta permisividad? ¿Por qué no la Paz?.

LLORET DE MAR, ESPAÑA, 11 de enero de 1934
Se nos ha acabado el dinero. Pasado mañana tengo que volver al trabajo. No habíamos pensado mucho en ello. Llegó un cablegrama. Una oferta, una mala oferta de la oficina de París del Herald. Pero servirá para mantener alejado el espectro de la miseria hasta que pueda conseguir algo mejor.
Así concluye el mejor año, el más feliz que hemos vivido, y el más tranquilo también. Ha sido nuestro «año de vacaciones», nuestro año sabático, que hemos pasado en este pueblecito pesquero español exactamente como lo soñamos y planeamos, maravillosamente independientes del resto del mundo, de sucesos, gente, jefes, editores, directores, parientes y amigos. No podía durar eternamente.

Dollfuss ha atacado a los socialdemócratas en Austria, el único grupo organizado (40 por ciento de la población) que puede salvarlo de ser tragado por los nazis. Las comunicaciones con Viena estuvieron cortadas durante la mayor parte del día, pero anoche el relato empezó a circular por la oficina. Es una guerra civil. Los socialistas están atrincherados en las grandes casas municipales que construyeron después de la guerra y que han servido de modelo para todo el mundo: la Karl Marx Hof, la Goethe Hof, etcétera. Pero Dollfuss y las Heimwehr a las órdenes del príncipe Starhemberg, un play-boy ignorante, y del comandante Fey, un tipo de cara chupada que se comporta como un reaccionario brutal, mantienen el control del resto de la ciudad. Con sus carros blindados y su artillería triunfarán… a menos que los socialistas consigan ayuda de los checos de la cercana Bratislava.
PARÍS, 25 de julio
Dollfuss ha muerto, asesinado por los nazis, que hoy tomaron el control de la Cancillería y de la emisora de radio de Viena. Aparentemente, su golpe de Estado ha fracasado, y los dueños de la situación son Miklas y el doctor Schuschnigg. No me agrada el asesinato, y menos que ninguno un asesinato nazi. Pero no puedo llorar a Dollfuss después de su matanza a sangre fría de los socialdemócratas el pasado febrero. Según los despachos, parece que Fey ha desempeñado un curioso papel. Estaba en la cancillería con Dollfuss y no se recató de dejarse ver en la galería preguntando por Rintelen, a quien los nazis habían nombrado su primer canciller. Por lo visto, pensaba que el golpe de Estado nazi había triunfado y estaba listo para unirse a él.

NUREMBERG, 4 de septiembre
Como un emperador romano, Hitler entró hoy al atardecer en esta ciudad medieval pasando entre las prietas falanges de vitoreantes nazis que llenaban las estrechas calles que en otros tiempos presenciaron el desfile de Hans Sachs y los Meistersinger. Decenas de miles de banderas con la esvástica afeaban las maravillas góticas de la plaza, las fachadas de las antiguas casas, los tejados a dos aguas. Las calles, apenas más anchas que callejones, eran un mar de uniformes pardos y negros. Vi por primera vez a Hitler cuando pasaba junto a nuestro hotel, el Württemberger Hof, en dirección a su cuartel general situado algo más allá, en el Deutscher Hof, su hotel favorito: un edificio antiguo que han remodelado para él. Se tocaba continuamente la gorra con la mano izquierda mientras viajaba de pie en su coche y respondía a la delirante bienvenida con el saludo nazi un tanto desmayado de su brazo derecho.

BERLÍN, 16 de agosto
Los Juegos Olímpicos concluyeron hoy finalmente. A mí me entusiasman las pistas y el campo, la natación, el remo y el baloncesto, pero, como trabajo, han sido un dolor de cabeza para todos nosotros. Hitler, Göring y los demás se dejaron ver esta tarde para la ceremonia final, que se prolongó hasta bien entrada la noche. Huss y yo tuvimos que emplear nuestro ingenio para conseguir «colar» en el estadio a la señora de William Randolph Hearst, a una amiga suya y a Adolphe Menjou y su esposa, que llegaron anoche a la ciudad, cuando ya se habían vendido todas las entradas. Perdimos a Menjou en la acción, pero reapareció a los pocos minutos. Teníamos que meterlos a todos en nuestra ya atestada cabina de prensa, pero finalmente logramos convencer a algunos guardias de las SS para que les dejaran ocupar unos asientos reservados para los diplomáticos, desde donde pudieron disfrutar de una excelente vista de Hitler. Después me parecieron bastante emocionados por la experiencia.
Mucho me temo que los nazis han tenido éxito con su propaganda. Para empezar, han organizado los juegos con una esplendidez inusitada, que ha impresionado a los atletas. En segundo lugar, han ofrecido una fachada estupenda para los visitantes en general, en especial para los grandes hombres de negocios. Hace unos años, a Ralph Barnes y a mí nos invitaron a un encuentro con algunos hombres de negocios norteamericanos. Dijeron con franqueza que estaban muy impresionados por la «puesta en escena» del nazismo. Nos contaron que habían hablado con Göring y que este les había dicho que los corresponsales estadounidenses éramos injustos con los nazis.

VIENA, 11-12 de marzo, cuatro de la madrugada
¡Ha ocurrido lo peor! Schuschnigg ha caído. Los nazis ocupan el gobierno. El Reichswehr está invadiendo Austria. Hitler ha roto una docena de solemnes promesas, compromisos, tratados. Y Austria está acabada. ¡La hermosa, la trágica, la civilizada Austria! Desaparecida. Mortalmente herida en el breve espacio de unas pocas horas de la tarde.

DANZIG, 12 de agosto
Tengo cada vez más la sensación de que Danzig no es el problema y de que aquí estoy perdiendo el tiempo. El problema es la independencia de Polonia, o la dominación alemana sobre ella. Tengo que ir a Varsovia. Hoy he telefoneado a Berlín varias veces. Los de la radio en Berlín están paralizando las gestiones para que pueda emitir desde aquí mañana. Llamaré a la Polskie Radio de Varsovia para ver si puedo disponer de un micrófono en Gdynia. Podría efectuar mi emisión desde allí. No me gusta la idea de que los alemanes me impidan hablar, después de haber hecho todo el viaje hasta aquí y teniendo, como tengo, cosas que decir. Las autoridades nazis locales se muestran muy frías conmigo.

BERLÍN, 1 de septiembre,
¡Es un «contraataque»! Hoy al amanecer Hitler ha actuado contra Polonia. Es un flagrante acto de agresión, inexcusable, sin provocación previa. Pero Hitler y el Alto Mando lo denominan «contraataque». El día ha amanecido hoy gris y nublado. La gente de la calle estaba apática cuando me dirigí a la Rundfunk para mi primera emisión del día a las ocho y cuarto. Enfrente del Adlon, los trabajadores del turno de la mañana ocupaban sus puestos en el nuevo edificio de I. G. Farben como si no hubiera sucedido nada. Ninguno de los que entraban compraba las ediciones extra de los periódicos que voceaban los chiquillos. A lo largo del ala oeste, los hombres de la Luftwaffe montaban cinco grandes cañones antiaéreos para proteger a Hitler cuando se dirija al Reichstag a las diez de la mañana. Jordan y yo tuvimos que permanecer en la radio para ocuparnos de transmitir a Estados Unidos el discurso de Hitler. En el curso del mismo, pensé que por todo él corría una curiosa tensión, como si el propio Hitler se sintiera aturdido por el atolladero en que él mismo se había metido…

BERLÍN, 18 de diciembre
La opinión pública está todavía un tanto sorprendida de que la gran victoria del Graf Spee haya concluido de pronto con el hundimiento del acorazado de bolsillo frente a Montevideo ayer por la tarde. Pero Goebbels y Göring han urdido una explicación para conseguir que se olviden del asunto lo antes posible. Mañana por la mañana la atención del pueblo alemán estará concentrada, mediante una campaña de prensa y de radio, en algo diferente: una supuesta victoria —esta vez en el aire— en las proximidades de Helgoland. Una declaración oficial que los periódicos y la radio han recibido instrucciones de difundir a bombo y platillo anuncia que 34 de 44 bombarderos británicos fueron derribados a primeras horas de esta tarde al norte de Helgoland. Una victoria sumamente «oportuna».

EN EL TREN MUNICH-LAUSANA, 4 de febrero
Tres anécdotas que debo reseñar:
1. En Alemania es un delito grave escuchar una emisora de radio extranjera. El otro día la madre de un aviador alemán recibió aviso de la Luftwaffe de que su hijo había desaparecido y se lo suponía muerto. Un par de días después, la BBC de Londres, que emite semanalmente una lista de los alemanes prisioneros, anunció que el chico había sido capturado. Al día siguiente recibió ocho cartas de amigos y conocidos diciéndole que habían oído que su hijo estaba bien y era prisionero de los ingleses.
2. Los padres de un oficial de submarino fueron informados oficialmente de la muerte de su hijo. La embarcación no llegó y el Almirantazgo alemán la había dado por perdida. Los padres dispusieron un funeral religioso. La mañana del funeral se presentó el carnicero diciendo que quería intercambiar unas palabras en privado con el cabeza de familia.
3. Una gran compañía cinematográfica alemana completó el verano pasado, con una inversión de varios millones de marcos, una película basada en las hazañas en España de la Legión Cóndor alemana. Era una superproducción que pretendía mostrar cómo se había derramado en España sangre alemana en la lucha contra el bolchevismo. La vieron y la elogiaron Hitler, Göring, Goebbels, Himmler, etcétera. Pero luego vino el pacto nazi-soviético del pasado agosto. La película está a buen recaudo ahora. No se ha mostrado al público.

BERLÍN, 27 de junio
Resumiendo:
Tómenlo con algunas reservas. Es demasiado pronto para ofrecer una visión general. En cualquier caso, uno no lo ha podido ver todo. En fin…, todo eso.
Pero, por lo que he observado en Bélgica y en Francia, y por las conversaciones que he mantenido con alemanes y franceses en ambos países y con los prisioneros franceses, belgas y británicos que he encontrado en las carreteras, una cosa me parece bastante clara: Francia no combatió.
Si lo hizo, hay escasas pruebas de ello. No es solo mi opinión, sino también la de varios amigos míos que han viajado desde la frontera alemana hasta París, ida y vuelta, siguiendo las principales carreteras. Ninguno hemos visto pruebas de una lucha seria.
Los campos de Francia están intactos. No hubo combates serios ni resistencia en ningún frente estable. El ejército alemán avanzó a toda prisa por las carreteras. Pero incluso en estas hay pocos indicios de que los franceses hicieran algo más que hostigar al enemigo, cosa, además, que solo se hizo en las ciudades y pueblos. Porque se trató solo de dificultar, de demorar el avance. No hubo ningún intento de consolidar una línea de defensa, desde la que organizar un contraataque bien organizado.

Más tarde 1941,
Lo que probablemente sucedió, en la medida en que podemos saberlo desde aquí, es que a primeros de septiembre los alemanes acometieron un ensayo general de la invasión, poniendo en juego medios bastante considerables. Lanzaron al mar barcazas y naves de transporte, pero el tiempo se puso en su contra y cayeron sobre ellas aviones y fuerzas navales ligeras británicas, que incendiaron algunas barcazas y causaron un importante número de bajas. El inusual tráfico de trenes hospital repletos de hombres aquejados de quemaduras corroboraría esta versión, por más que no tengamos información concreta para ir más allá.
Quizá los británicos hayan divulgado ya información que haga superflua esta explicación de por qué nunca se llevó a cabo la tentativa de invasión. Digo todo esto como un resumen de la información con que contamos en Berlín, que es bastante escasa. Los únicos casos en que los alemanes facilitan información son cuando están ganando, o han vencido ya. Llevan ya casi un año, por ejemplo, sin mencionar sus pérdidas en la guerra submarina.

Berlín 25 noviembre
Un alemán, X, me dijo ayer que los parientes se apresuran ahora a sacar a sus familiares de los hospitales privados y de las garras de las autoridades. Afirma que lo que está haciendo la Gestapo es dar muerte a personas que padecen solo dolencias temporales e incluso meras crisis nerviosas.
Lo que aún no veo claro es el motivo de estos asesinatos. Los propios alemanes me sugieren tres:
1.Que lo hacen para ahorrar alimentos.
2.Que tienen por objeto experimentar con nuevos gases letales y rayos de la muerte.
3.Que son, meramente, el resultado de las ideas extremistas nazis, y de su decisión de poner en práctica sus ideas eugenésicas y sociales.
El primer motivo es, obviamente, absurdo, puesto que la muerte de cien mil personas no ahorrará una cantidad significativa de alimentos para una nación que cuenta con ochenta millones de habitantes. Aparte de que hoy por hoy no se da en Alemania una escasez aguda de víveres. El segundo motivo es posible, aunque dudo que sea cierto. Se han empleado gases letales para quitar de en medio a estos infortunados, pero, en cualquier caso, la experimentación fue solo incidental. Muchos alemanes con los que he hablado piensan que tal vez se haya utilizado algún nuevo gas que desfigura el cuerpo, y que esta es la razón de que se haya procedido a la cremación de las víctimas. Pero no he podido obtener ninguna prueba de ello.
Para mí, el más probable es el tercer motivo.

Barcelona
El fascismo ha traído el caos y el hambre aquí. Ya no existe la feliz y despreocupada Barcelona que yo conocía. En el Paseo de Gracia, en las Ramblas, en la plaza de Cataluña, veo desfilar en silencio rostros demacrados, hambrientos, amargados. En el hotel Ritz, al que llegamos desde el aeropuerto en un desvencijado carromato de granja, porque no hay gasolina para los coches, me encuentro con un par de amigos.

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Shiver was a legendary foreign correspondent whose best known work is probably The Rise and Fall of the Third Reich.
His Berlin Diary is a more than interesting account of daily political life in Berlin between 1934 and his return to the USA at the end of 1940. Not surprisingly the diary had to be smuggled out. He was critical from the Nazis from the outset and became increasingly disenchanted with them as the years went by.
His style is vey simple and easy to read and this makes the narrative all the more interesting. The diary deals almost exclusively with politics except for brief passages about rationing and its effects on the general population. Two things stand out; the ludicrously restrictive censorship imposed on foreign correspondents and broadcasters and the atrocious lies from the Nazi Propaganda Ministry led by the appallingly odious Josef Goebbels.
The book is a compilation of the diaries written by William Shirer, a journalist and historian, during his time as a correspondent in Berlin from 1936 to 1941. In these diaries he wrote impressions about German society, the Nazis, events such as the Conference of Munich or the start of the world war that he could not publish due to Nazi censorship.
Written by the American correspondent William Shirer as an intimate and personal diary, it has the exceptional merit of being the mirror of the opinions of many of the people that the author interviewed throughout his last seven years that he was in Europe, from waiters to army officers, from Germans, to Dutch, French, Swiss, Poles …
Trying to maintain the objectivity of a journalist, but reflecting their own opinions in the analysis of the facts, partial due to the informational limitations to which that entire society was subjected, but sincere in what they considered proven truths, it makes us easier to understand the reason for many of the issues that today, from the perspective of the 21st century, we do not quite understand. What was the real support of the German people? When did you begin to realize the deception? How many really knew what was going on? Why a war against the world? Why so much barbarism? Why so much permissiveness? Why not Peace?.

LLORET DE MAR, SPAIN, January 11, 1934
We have run out of money. The day after tomorrow I have to go back to work. We hadn’t thought much about it. A cablegram arrived. An offer, a bad offer from the Herald’s Paris office. But it will serve to keep the specter of misery at bay until he can do better.
Thus ends the best year, the happiest we have ever lived, and the calmest as well. It has been our «holiday year», our sabbatical year, which we have spent in this small Spanish fishing village exactly as we dreamed and planned it, wonderfully independent of the rest of the world, of events, people, bosses, editors, directors, relatives and friends. It couldn’t last forever.

Dollfuss has attacked the Social Democrats in Austria, the only organized group (40 percent of the population) that can save him from being swallowed up by the Nazis. Communications with Vienna were cut off for most of the day, but last night the story began to circulate around the office. It is a civil war. The Socialists are entrenched in the great municipal houses that they built after the war and that have served as models for the whole world: the Karl Marx Hof, the Goethe Hof, and so on. But Dollfuss and the Heimwehrs under the command of Prince Starhemberg, an ignorant playboy, and Commander Fey, a dirty-faced guy who behaves like a brutal reactionary, maintain control of the rest of the city. With their armored cars and artillery they will triumph … unless the Socialists get help from the Czechs in nearby Bratislava.
PARIS, July 25
Dollfuss is dead, assassinated by the Nazis, who today took control of the Chancellery and the Vienna radio station. Apparently, his coup has failed, and the owners of the situation are Miklas and Dr. Schuschnigg. I don’t like murder, least of all a Nazi murder. But I can’t mourn Dollfuss after his cold-blooded slaughter of the Social Democrats last February. According to the dispatches, Fey appears to have played a curious role. He was at the chancery with Dollfuss and did not shy away from showing himself in the gallery asking for Rintelen, whom the Nazis had appointed their first chancellor. Apparently, he thought the Nazi coup had succeeded and was ready to join it.

NUREMBERG, September 4
Like a Roman emperor, Hitler entered this medieval city at dusk today, passing through the tight phalanxes of cheering Nazis that lined the narrow streets that once witnessed the Hans Sachs and Meistersinger parade. Tens of thousands of swastika flags disfigured the Gothic marvels of the square, the facades of old houses, the gabled roofs. The streets, hardly wider than alleys, were a sea of brown and black uniforms. I first saw Hitler as I was passing our hotel, the Württemberger Hof, in the direction of his headquarters a little further on, at the Deutscher Hof, his favorite hotel: an old building that has been remodeled for him. He continually touched his cap with his left hand as he stood in his car and responded to the delusional welcome with the somewhat faint Nazi salute from his right arm.

BERLIN, August 16
The Olympic Games finally concluded today. I am excited about the tracks and the field, swimming, rowing and basketball, but, as a job, they have been a headache for all of us. Hitler, Göring and the others showed up this afternoon for the final ceremony, which lasted well into the night. Huss and I had to use our ingenuity to get Mrs. William Randolph Hearst, a friend of hers, and Adolphe Menjou and his wife into the stadium, who arrived in town last night when all tickets had been sold. . We lost Menjou in the action, but he reappeared within minutes. We had to get them all into our already crowded press booth, but we finally managed to convince some SS guards to let them take seats reserved for diplomats, from where they could enjoy an excellent view of Hitler. Afterwards, I found them quite excited by the experience.
I am very afraid that the Nazis have been successful with their propaganda. To begin with, they have organized the games with unusual splendor, which has impressed the athletes. Second, they have provided a great facade for visitors in general, especially big businessmen. A few years ago Ralph Barnes and I were invited to meet with some American businessmen. They frankly said that they were very impressed by the «staging» of Nazism. They told us that they had spoken with Göring and that he had told them that American correspondents were unfair to the Nazis.

VIENNA, March 11-12, four in the morning
The worst has happened! Schuschnigg has fallen. The Nazis occupy the government. The Reichswehr is invading Austria. Hitler has broken a dozen solemn promises, commitments, treaties. And Austria is finished. The beautiful, the tragic, the civilized Austria! Disappeared Mortally wounded in the brief space of a few hours in the afternoon.

DANZIG, August 12
I have more and more the feeling that Danzig is not the problem and that I am wasting my time here. The problem is the independence of Poland, or the German domination over it. I have to go to Warsaw. Today I have telephoned Berlin several times. Those of the radio in Berlin are paralyzing the negotiations so that it can emit from here tomorrow. I’ll call Polskie Radio Warsaw to see if I can get a microphone in Gdynia. I could do my broadcast from there. I don’t like the idea of the Germans preventing me from speaking, after having made the whole trip here and having, as I have, things to say. The local Nazi authorities are very cold to me.

BERLIN, September 1,
It’s a «counterattack»! Today at dawn Hitler has acted against Poland. It is a flagrant act of aggression, inexcusable, without prior provocation. But Hitler and the High Command call it a «counterattack.» The day has dawned gray and cloudy today. People on the street were listless when I headed over to Rundfunk for my first broadcast of the day at quarter past eight. In front of the Adlon, the morning shift workers took their positions in the new I.G. Farben building as if nothing had happened. None of those who entered bought the extra editions of the newspapers that the children were shouting. Along the west wing, the Luftwaffe men mounted five large anti-aircraft guns to protect Hitler when he made his way to the Reichstag at ten o’clock in the morning. Jordan and I had to stay on the radio to take care of broadcasting Hitler’s speech to the United States. In the course of it, I thought that a curious tension ran throughout him, as if Hitler himself felt stunned by the impasse in which he himself had gotten himself …

BERLIN, December 18
Public opinion is still somewhat surprised that the great victory of the Graf Spee has suddenly ended with the sinking of the pocket battleship off Montevideo yesterday afternoon. But Goebbels and Göring have concocted an explanation to get them to forget about it as soon as possible. Tomorrow morning the attention of the German people will be focused, through a press and radio campaign, on something different: a supposed victory – this time on the air – in the vicinity of Helgoland. An official statement that newspapers and radio have been instructed to broadcast with great fanfare announces that 34 out of 44 British bombers were shot down early this afternoon north of Helgoland. An extremely «timely» victory.

ON THE MUNICH-LAUSANNE TRAIN, February 4
Three anecdotes that I must review:
1. In Germany it is a serious crime to listen to a foreign radio station. The other day the mother of a German aviator received notice from the Luftwaffe that her son had disappeared and she was presumed dead. A couple of days later, the BBC in London, which issues a weekly list of German prisoners, announced that the boy had been captured. The next day she received eight letters from friends and acquaintances telling her that they had heard that his son was well and was a prisoner of the English.
2. The parents of a submarine officer were officially informed of their son’s death. The boat did not arrive and the German Admiralty had given it up for lost. The parents arranged a religious funeral. On the morning of the funeral, the butcher appeared saying that he wanted to exchange a few words in private with the head of the family.
3. A large German film company completed last summer, with an investment of several million marks, a film based on the exploits in Spain of the German Condor Legion. It was a blockbuster that tried to show how German blood had been spilled in Spain in the fight against Bolshevism. It was seen and praised by Hitler, Göring, Goebbels, Himmler, and so on. But then came the Nazi-Soviet pact of last August. The movie is safe now. It has not been shown to the public.

BERLIN, June 27
Summarizing:
Take it with some reservations. It is too early to offer an overview. In any case, one has not been able to see everything. Anyway … all that.
But from what I have observed in Belgium and France, and from the conversations I have had with Germans and French in both countries and with French, Belgian and British prisoners that I have encountered on the roads, one thing seems quite clear to me: France did not fight.
If it did, there is little evidence for it. It is not only my opinion, but also that of several friends of mine who have traveled from the German border to Paris, back and forth, following the main roads. None of us have seen evidence of a serious fight.
The fields of France are intact. There was no serious fighting or resistance on any stable front. The German army hurried along the roads. But even in these there is little indication that the French did more than harass the enemy, which, moreover, was only done in the cities and towns. Because it was only about making it difficult, delaying progress. There was no attempt to consolidate a defense line, from which to organize a well-organized counterattack.

Later 1941,
What probably happened, as far as we can tell from here, is that at the beginning of September the Germans undertook a dress rehearsal of the invasion, putting into play quite considerable means. They launched barges and transport ships into the sea, but time turned against them and British aircraft and light naval forces fell on them, setting fire to some barges and causing significant casualties. The unusual traffic of hospital trains full of men suffering from burns would corroborate this version, even if we do not have concrete information to go further.
Perhaps the British have already released information that renders this explanation of why the invasion attempt never took place. I say all this as a summary of the information we have in Berlin, which is quite scarce. The only cases in which the Germans provide information are when they are winning, or have already won. They have been for almost a year now, for example, not to mention their losses in submarine warfare.

Berlin November 25
A German, X, told me yesterday that relatives are now rushing to get their relatives out of private hospitals and from the clutches of the authorities. He claims that what the Gestapo is doing is killing people suffering only temporary ailments and even mere nervous breakdowns.
What is still not clear to me is the motive for these murders. The Germans themselves suggest three:
1. That they do it to save food.
2. Which are intended to experiment with new lethal gases and rays of death.
3. Which are merely the result of Nazi extremist ideas, and their decision to put their eugenic and social ideas into practice.
The first reason is obviously absurd, since the death of one hundred thousand people will not save a significant amount of food for a nation of eighty million people. Apart from the fact that there is no acute food shortage in Germany today. The second reason is possible, although I doubt it is true. Lethal gases have been used to remove these unfortunates, but in any case, the experimentation was only incidental. Many Germans I have spoken to think that some new gas may have been used to disfigure the body, and that this is why the victims were cremated. But I have not been able to obtain any proof of it.
For me, the most likely is the third reason.

Barcelona
Fascism has brought chaos and hunger here. There is no longer the happy and carefree Barcelona that I used to know. On Passeig de Gràcia, on the Ramblas, in Plaça de Catalunya, I see gaunt, hungry, bitter faces parading in silence. At the Ritz Hotel, which we arrived at from the airport in a rickety farm wagon, because there is no gas for the cars, I meet a couple of friends.

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