Mujeres Letales — Manuel Marlasca, Luis Rendueles / Lethal Women by Manuel Marlasca, Luis Rendueles (spanish book edition)

¿Matan las mujeres de distinta manera que los hombres?.
Cuatrocientas ochenta y siete mujeres cumplían condena en prisiones españolas a finales de 1980. Las cárceles parecían entonces cosa de hombres: veintinueve de cada treinta condenados eran varones. La consolidación de la democracia y el llamado estado del bienestar en los años siguientes contribuyeron a enormes avances sociales, muchos de ellos derivados del reconocimiento de la igualdad entre los sexos.
El número de asesinas españolas ha crecido en los últimos veinte años. Ya hay ciento cincuenta reclusas en nuestras cárceles acusadas de homicidio. En este capítulo analizamos siete casos muy diferentes de mujeres acusadas de asesinato. Sus crímenes son igual de salvajes que los cometidos por algunos hombres, pero presentan diferencias significativas. Las mujeres que matan siempre tienen un motivo, o al menos ellas lo creen así. A diferencia de los hombres, no ha existido en España el asesinato gratuito propio de una psicópata que mata a desconocidos con los que no tiene ninguna conexión. Tampoco crímenes de violencia sexual, eminentemente masculinos.
Sin duda una gratificante lectura.

Un ama de casa de Santomera (Murcia), madre de tres hijos y con un turbulento matrimonio, protagonizó el 19 de enero de 2002 un crimen insólito en nuestro país. Sin que manifestara ninguna enfermedad mental clásica, según los informes psiquiátricos, Francisca González Navarro, Paqui, de treinta y seis años, utilizó el cargador de un teléfono móvil para estrangular a sus dos hijos pequeños, Francisco Miguel y Adrián Leroy, de seis y cuatro años, respectivamente. En la casa estaba también el hijo mayor, José Carlos, un adolescente de catorce años acostumbrado a oír las riñas y los golpes que su madre propinaba a sus hermanos menores.
En un principio, Paqui declaró que un ladrón ecuatoriano había entrado en su casa. La investigación desbarataría apenas un día después su infantil plan y descubriría su delirante vida en los meses anteriores al crimen: persiguiendo en un taxi a su marido por clubes de alterne y polígonos industriales y utilizando a vecinos e inmigrantes para tratar de ponerle celoso.
Los forenses creen que «es posible que se haya hecho demasiadas ilusiones con el hombre al que conoció seis meses antes y creyera que podría iniciar una nueva vida con él, pero los hijos pequeños podrían ser un obstáculo insalvable, un fardo muy pesado para alguien que fantaseaba con iniciar una nueva vida». Entre los celos y sus fantasías, entre Medea y madame Bovary, Francisca González Navarro acabó con la vida de sus dos hijos pequeños y terminó en prisión.

Isabel Marcos Maceiras tenía un sueño desde que era una niña: quería ser madre, una de esas madres acostumbradas a llevar los pantalones en una sociedad históricamente matriarcal como la gallega. Quizás por eso, desde su adolescencia no tenía ningún reparo en mantener relaciones sexuales completas sin poner medios anticonceptivos. Y quizás por este deseo abandonó a su marido después de dos años de matrimonio, en los que él fue incapaz de dejarla embarazada, y se fue con un ex heroinómano, en la eterna búsqueda de un padre para el deseado hijo, que no llegaba nunca. El anhelo de Isabel era tan grande que la llevaba a confundir realidad y ficción. Fingió un embarazo ante su nueva pareja, le dijo a su padre que había tenido una nieta, le contó a su ex marido que una amiga le había dejado un bebé porque ella no podía mantenerlo… Isabel vivía una eterna fantasía que creyó hacer realidad en agosto de 2002, cuando enterró junto a la casa de sus padres el cuerpo de Vanessa Lorente y se quedó con su hijo, un bebé de cuatro meses. Durante poco más de un mes, Isabel vio cumplido su sueño de ser madre, un sueño que hizo añicos la Guardia Civil cuando la detuvo y le arrebató de sus brazos el hijo que tanto había deseado y por el que llegó a matar.

La doctora Noelia de Mingo protagonizó el peor día de la historia de la Fundación Jiménez Díaz y del hospital de La Concepción, uno de los centros médicos más prestigiosos de Madrid. El 3 de abril de 2003, Noelia, que trabajaba como médica residente en el Servicio de Reumatología, mató a puñaladas a una compañera —Leilah El Ouaamari—, a una paciente —Jacinta Gómez Llave— y a un jubilado que estaba de visita—Félix Vallés—. Casi todo se ha contado ya sobre las horribles escenas vividas en el control de enfermería y en los pasillos de la tercera planta del hospital. Una mujer con grandes gafas, la mirada perdida y un cuchillo en la mano derecha que apuñalaba a cuantos se cruzaban en su camino. Así hirió a otras dos doctoras y a cinco enfermeras hasta que fue reducida por varios celadores.
Los exámenes que se realizaron luego al cerebro de Noelia, revelaron «disfunciones en los neurotransmisores y alteraciones en la estructura cerebral. Se objetiva en Resonancia Magnética Nuclear disminución del volumen de lóbulos frontales y del sistema ventricular; hipoactividad de lóbulos frontales e hiperactividad de ganglios basales». El informe, realizado por el Servicio de Psiquiatría del hospital Gregorio Marañón, indica que Noelia sufría «una pérdida significativa del parénquima a expensas fundamentales de las regiones corticales, frontales y en menor grado parietales del hemisferio derecho indicativo de una neurodegeneración focalizada que puede etiquetarse como leve o moderada, insistimos, en todo caso desproporcionada para la edad de la paciente». Los psiquiatras le diagnosticaron una esquizofrenia paranoide reforzada por anormalidades cerebrales. También lo que se conoce como delirio de Fregoli, es decir, cuando un enfermo piensa que las personas de su entorno son sustituidas por desconocidos que tratan de perjudicarlo o hacerle daño. Todos concluyeron que el cerebro de Noelia no funcionaba bien y descartaron que la mujer, pese a su condición de médica, haya inventado toda la historia de las voces para evitar ser condenada por los crímenes.

Magdalena Martín tiene, por sus sufrimientos en forma de palizas y violaciones durante años, muchas cosas en común con miles de mujeres en España. Y tampoco es la primera mujer maltratada que mató a su marido. Magdalena, una mujer de Almenar (Lleida), siguió los tristes pasos de la dulce y famosa Neus Soldevila y de Rosa Guardia. En los tres crímenes algunas de las hijas de las maltratadas, sometidas a situaciones extremas casi desde que nacieron, tuvieron una participación confusa y fueron investigadas. En el caso de Rosa, además, la televisión jugó un curioso papel. La mujer llegó a pedir ayuda en el programa Quién sabe dónde para localizar a su marido, que en realidad había sido asesinado y emparedado en su propia casa.
Magdalena Martín fue una joven precoz. Vivió rápido. Siendo una niña ya trabajaba, a los quince años se había casado y con apenas treinta y seis, tras dos relaciones fracasadas y cuatro hijos, se vio en la cárcel por asesinato. La mujer dio hasta tres versiones diferentes de lo que había ocurrido la noche en que murió Juan García, buen albañil y terrible marido. Incluso en una de ellas acusó a su propia hija de participar en el crimen. Los investigadores trataron de averiguar toda la verdad. No lo consiguieron.

Al final de la película Pretty woman, una música almibarada acompaña a Richard Gere mientras sube la escalera de la casa de la prostituta de buen corazón que interpreta Julia Roberts. Concepción Ortiz, una joven humilde de familia numerosa, huérfana de padre desde los seis años y madre soltera a los dieciocho, compartió con Julia Roberts la primera parte del sueño, en versión castiza, cuando un joyero viudo la retiró del topless madrileño donde había ido a parar a principios de los años ochenta.
Pero para esta pretty woman del humilde barrio de Usera el sueño se torció muy pronto. Un accidente de circulación dejó parapléjico a su amante, con el que mantenía una relación enfermiza de celos y encuentros sexuales compulsivos, aun estando él casi totalmente inmóvil. Desde entonces, la mujer volvió a la vida de bingos, cocaína y compras, ante la impotencia del anciano. La Navidad de 1991 la historia terminó mal ante la incomprensión de la familia, la avaricia de la mujer y los chismorreos de un barrio conservador y respetable, más preocupado por el ruido de un televisor que por la vida de su dueño. En 1994, Concepción Ortiz, Conchi, fue condenada por un «delito intentado de parricidio», después de que dejara morir a su marido, Fernando Pareja.

La soledad de los ancianos en las grandes ciudades y la crueldad casi sin límites de una delincuente se conjugaron en Madrid en el verano de 2003, que será recordado por una veintena de mujeres mayores como el peor de sus vidas. Dos de ellas murieron tras ser asaltadas por Encarnación Jiménez Moreno, una mujer sevillana, de raza gitana, de treinta y nueve años, presuntamente responsable de, al menos, veinte robos. La ladrona, que fue detenida gracias a un dispositivo policial sin precedentes, buscaba por toda la ciudad casas en las que residiesen ancianas solas. Mediante cualquier engaño, lograba que le abriesen la puerta y, una vez dentro de los domicilios de sus víctimas, ataba, amordazaba y golpeaba a las mujeres para que le entregasen el dinero y los objetos de valor. Dos de las mujeres, de sesenta y cuatro y noventa y siete años, no resistieron las torturas y murieron durante los atracos.
Encarnación, analfabeta, esposa de un albañil y madre de cinco hijos, negó en todo momento ser la autora de los asaltos, pese a las abrumadoras pruebas que hay en su contra.
Los agentes de la policía de Madrid intentaban lo que, a simple vista, parecía un imposible en una ciudad de cinco millones de habitantes. Cuando se tuviese noticia de un asalto, las unidades se movilizarían a toda velocidad buscando cerca de las bocas de Metro a una mujer cuya descripción física se difundió por todas las comisarías de la ciudad: «Mujer de raza gitana, aunque no lo parece por su tez clara. Complexión robusta, entre cuarenta y cuarenta y cinco años, 1,60 metro, ojos negros y grandes, labios no gruesos, caderas anchas, en ocasiones va maquillada, pelo negro y liso, algo ondulado, que puede llevar suelto o recogido en una coleta. Suele vestir siempre con una prenda de color negro y ha dejado colillas de Fortuna. Es portadora de un bolso negro, que lleva en bandolera.
Encarnación Jiménez Moreno, nacida en Sevilla el 20 de marzo de 1965. Domicilio en la calle Fondón, número…
—¿Dónde has dicho?
—Calle Fondón. Foxtrot, oscar, november, delta, oscar, november. Fondón, 1.
Al responsable de la investigación ese domicilio le resultaba extrañamente familiar. Removió sus papeles y rebuscó en los archivos del ordenador. Ahí estaba. Una huella idéntica a las que habían aparecido en cinco de los lugares en los que había atacado la sospechosa fue encontrada en un piso de la calle Fondón, 1, después de que se denunciase allí un robo. ¡La huella estaba allí porque era de una de las personas que vivían en esa casa! Algún descuido había posibilitado que estuviese clasificada como anónima, seguramente porque cuando los agentes de Policía Científica tomaron las huellas de los vecinos, la mujer no estaba en el domicilio.
Encarnación Jiménez fue trasladada a los calabozos de la comisaría de Tetuán, donde se hizo unos cortes con un vaso de plástico, tal vez para reforzar el argumento que le daría más tarde a la policía. Pocas horas después, los agentes acudían a la casa de la detenida. Allí estaban tres de sus cinco hijos, de edades comprendidas entre los dieciocho y los nueve años, y a los pocos minutos entró su marido, Manuel Carmona.

Libros de los autores comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/06/12/espana-negra-los-casos-mas-apasionantes-de-la-policia-nacional-rafael-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2019/11/30/los-ratones-de-dios-luis-rendueles-gods-mice-by-luis-rendueles-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/14/el-solitario-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-ilustrador-the-lonely-man-by-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-illustrator-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/11/24/mujeres-letales-manuel-marlasca-luis-rendueles-lethal-women-by-manuel-marlasca-luis-rendueles-spanish-book-edition/

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Do women kill differently than men?
Four hundred and eighty-seven women were serving sentences in Spanish prisons at the end of 1980. The prisons then seemed like a man’s thing: twenty-nine out of every thirty convicts were men. The consolidation of democracy and the so-called welfare state in the following years contributed to enormous social advances, many of them derived from the recognition of equality between the sexes.
The number of Spanish murderers has grown in the last twenty years. There are already one hundred and fifty inmates in our jails charged with murder. In this chapter we look at seven very different cases of women accused of murder. Their crimes are just as savage as those committed by some men, but they differ significantly. Women who kill always have a motive, or at least they think so. Unlike men, the gratuitous murder of a psychopath who kills strangers with whom she has no connection has not existed in Spain. Neither crimes of sexual violence, eminently male.
Definitely a good reading.

On January 19, 2002, a housewife from Santomera (Murcia), mother of three children and with a troubled marriage, starred in an unusual crime in our country. Without showing any classic mental illness, according to psychiatric reports, thirty-six-year-old Francisca González Navarro, Paqui, used a mobile phone charger to strangle her two young children, Francisco Miguel and Adrián Leroy, six and four. years, respectively. Also in the house was the eldest son, José Carlos, a fourteen-year-old adolescent used to hearing the fights and blows that his mother gave to his younger brothers.
At first, Paqui testified that an Ecuadorian thief had broken into her home. Just a day later the investigation would derail her childish plan and discover her delirious life in the months before the crime: chasing her husband in a taxi through hostess clubs and industrial estates and using neighbors and immigrants to treat to make him jealous.
Coroners believe that “it is possible that she had too many illusions about the man she met six months earlier and believed that she could start a new life with him, but young children could be an insurmountable obstacle, a very heavy burden for someone who I fantasized about starting a new life. Between her jealousy and fantasies, between Medea and Madame Bovary, Francisca González Navarro ended the lives of her two young children and ended up in prison.

Isabel Marcos Maceiras had a dream since she was a child: she wanted to be a mother, one of those mothers used to wearing pants in a historically matriarchal society like the Galician. Perhaps that is why, since her adolescence, she had no qualms about having full sexual relations without using contraceptives. And perhaps because of this desire, she left her husband after two years of marriage, in which he was unable to get her pregnant, and left with a former heroin addict, in the eternal search for a father for the desired son, who never came. . Isabel’s longing was so great that she led her to confuse reality and fiction. She faked a pregnancy in front of her new partner, she told her father that she had had a granddaughter, she told her ex-husband that a friend had left her a baby because she could not support it … Isabel lived an eternal fantasy that she believed to come true in August 2002, when he buried Vanessa Lorente’s body next to his parents’ house and stayed with his son, a four-month-old baby. For little more than a month, Isabel saw her dream of being a mother fulfilled, a dream that shattered the Civil Guard when they arrested her and snatched from her arms the son that she had wanted so much and through whom she arrived to kill.

Dr. Noelia de Mingo starred in the worst day in the history of the Jiménez Díaz Foundation and the La Concepción hospital, one of the most prestigious medical centers in Madrid. On April 3, 2003, Noelia, who worked as a resident physician in the Rheumatology Service, stabbed to death a colleague —Leilah El Ouaamari—, a patient —Jacinta Gómez Llave— and a retiree who was visiting — Félix Vallés -. Almost everything has already been told about the horrible scenes experienced in the infirmary control and in the corridors of the third floor of the hospital. A woman with large glasses, a blank stare and a knife in her right hand that stabbed everyone who crossed her path. She thus wounded two other doctors and five nurses until she was reduced by several guards.
The tests that were then carried out on Noelia’s brain revealed “dysfunctions in neurotransmitters and alterations in brain structure. A reduction in the volume of the frontal lobes and the ventricular system is observed in Nuclear Magnetic Resonance; frontal lobe underactivity and basal ganglia overactivity ”. The report, carried out by the Psychiatry Service of the Gregorio Marañón hospital, indicates that Noelia suffered “a significant loss of the parenchyma at the fundamental expense of the cortical, frontal and to a lesser degree parietal regions of the right hemisphere indicative of a focal neurodegeneration that can be labeled as mild or moderate, we insist, in any case disproportionate for the age of the patient ». Psychiatrists diagnosed him with paranoid schizophrenia reinforced by brain abnormalities. Also what is known as Fregoli delirium, that is, when a patient thinks that the people around her are replaced by strangers who try to harm or harm them. They all concluded that Noelia’s brain was not working well and ruled out that the woman, despite her medical condition, had invented the entire history of the voices to avoid being convicted of the crimes.

Magdalena Martín has, due to her sufferings in the form of beatings and rapes for years, many things in common with thousands of women in Spain. And she, too, is not the first abused woman to kill her husband. Magdalena, a woman from Almenar (Lleida), followed in the sad footsteps of the sweet and famous Neus Soldevila and Rosa Guardia. In the three crimes, some of the daughters of the abused women, subjected to extreme situations almost from the time they were born, had a confused participation and were investigated. In Rosa’s case, moreover, television played a curious role. The woman came to ask for help in the program Who knows where to locate her husband, who had actually been murdered and sandwiched in her own house.
Magdalena Martín was a precocious young woman. She lived fast. Being a girl she was already working, she had married at the age of fifteen and with just thirty-six, after two failed relationships and four children, she found herself in jail for murder. The woman gave up to three different versions of what had happened the night Juan García, a good bricklayer and a terrible husband, died. She even in one of them she accused her own daughter of participating in the crime. Investigators tried to find out the whole truth. They did not succeed.

At the end of the movie Pretty Woman, syrupy music accompanies Richard Gere as he climbs the stairs of the house of the kind-hearted prostitute played by Julia Roberts. Concepción Ortiz, a humble young woman from a large family, orphaned by a father since she was six years old and a single mother at eighteen, shared with Julia Roberts the first part of the dream, in the traditional version, when a widowed jeweler withdrew her from the topless in Madrid where she had gone to stop in the early eighties.
But for this pretty woman from the humble neighborhood of Usera, the dream was soon twisted. A traffic accident left her lover paraplegic, with whom she maintained a sick relationship of jealousy and compulsive sexual encounters, even though he was almost totally immobile. Since then, the woman returned to the life of bingo, cocaine and shopping, before the impotence of the old man. Christmas 1991, the story ended badly due to the family’s misunderstanding, the greed of the woman and the gossip of a conservative and respectable neighborhood, more concerned about the noise of a television than about the life of its owner. In 1994, Concepción Ortiz, Conchi, was convicted of an «attempted crime of patricide» after she let her husband, Fernando Pareja, die.

The loneliness of the elderly in large cities and the almost limitless cruelty of a criminal were combined in Madrid in the summer of 2003, which will be remembered by a score of older women as the worst of their lives. Two of them died after being assaulted by Encarnación Jiménez Moreno, a thirty-nine-year-old gypsy woman from Seville, allegedly responsible for at least twenty robberies. The thief, who was arrested thanks to an unprecedented police device, was searching throughout the city for houses where elderly women resided alone. By any deception on her part, she managed to get the door opened for her and, once inside the homes of her victims, she bound, gagged, and beat the women into giving her money and valuables. Two of the women, aged sixty-four and ninety-seven, did not resist the torture and died during the robberies.
Encarnacion, illiterate, wife of a bricklayer and mother of five children, denied at all times being the perpetrator of the assaults, despite overwhelming evidence against her.
Madrid police officers were trying what, at first glance, seemed impossible in a city of five million inhabitants. When there was news of an assault, the units would mobilize at full speed looking near the Metro mouths for a woman whose physical description was disseminated by all the police stations of the city: «Woman of gypsy race, although it does not seem so due to her fair complexion. Robust complexion, between forty and forty-five years old, 1.60 meters, large black eyes, not thick lips, wide hips, sometimes she has makeup, straight black hair, somewhat wavy, which can be worn loose or in a ponytail . She usually always wears a black garment and she has left Fortuna butts. She is carrying a black bag, which she carries across her shoulder.
Encarnación Jiménez Moreno, born in Seville on March 20, 1965. Address at calle Fondón, number …
«Where did you say?»
—Fondón Street. Foxtrot, oscar, november, delta, oscar, november. Fondón, 1.
The person responsible for the investigation found that address strangely familiar. He removed the papers from him and rummaged through the computer files. There he was. An identical fingerprint to those that had appeared in five of the places where he had attacked the suspect was found in an apartment on Calle Fondón, 1, after a robbery was reported there. The print was there because it was from one of the people who lived in that house! Some oversight had made it possible for her to be classified as anonymous, probably because when the Scientific Police officers took the neighbors’ fingerprints, the woman was not at home.
Encarnación Jiménez was transferred to the cells of the Tetuán police station, where she cut herself with a plastic cup, perhaps to reinforce the argument that she would later give to the police. A few hours later, the agents went to the house of the detainee. Three of her five children were there, aged between eighteen and nine, and a few minutes later her husband, Manuel Carmona, entered.

Books from the authors commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/06/12/espana-negra-los-casos-mas-apasionantes-de-la-policia-nacional-rafael-jimenez/

https://weedjee.wordpress.com/2019/11/30/los-ratones-de-dios-luis-rendueles-gods-mice-by-luis-rendueles-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/14/el-solitario-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-ilustrador-the-lonely-man-by-lorenzo-silva-manuel-marlasca-cristobal-fortunez-illustrator-spanish-book-edition/

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