Economía Y Humor — John Kenneth Galbraith / Economics Peace and Laughter by John Kenneth Galbraith

La década de los años sesenta, en la que faltó una labor revisionista masiva y eficaz, será considera como un período lamentable de la política exterior americana. Ciertamente, y sólo después de las ciudades, la política exterior será tenida por la principal zona catastrófica de la política americana y se le atribuirá la mayor parte de la culpa del derroche de energías y recursos que provocaron los disturbios en los «ghettos» urbanos y la enemistad y las explosiones de las Universidades. Un triste resultado, en contraste con la promesa formulada.
Sin embargó, no todo marchó mal en aquellos años. Nuestras relaciones con la Europa occidental y con el Japón no fueron particularmente dolorosas; éstos habían sido los escenarios de las grandes desdichas del siglo XX, suponiendo que la guerra sea desdicha. Y, durante los años sesenta, las relaciones con los países comunistas mejoraron, tanto en apariencia como en realidad.
Cuando empezó el decenio, la visión oficial del mundo comunista seguía apareciendo como un monolito político —esta expresión todavía se usaba mucho—, desaforadamente empeñado en la destrucción de lo que unos cuantos apenas si se atrevían a llamar el Mundo Libre. Si había escisiones dentro del mundo comunista, se debían, probablemente, a diferencias de criterio sobre la mejor manera de fomentar la revolución.

Galbraith puede ser serio sin solemnidad, profético sin falsa modestia, original sin notas al pie, irreverente con los poderosos, cálido en sus recuerdos de amigos … Como un buen Borgoña de un gran año, Galbraith mejora con la edad.
Esta es una variedad heterogénea de los escritos de Galbraith: algunos excelentes, otros divertidos y otros simplemente interesantes, todos bastante intelectuales.

La política exterior es una profesión de caballeros que depende, en gran parte, de la tradición y de la continuidad, incluso en el error. Sabemos que es mucho mejor continuar en el error que rebajar el prestigio de una gran nación (o de sus servidores) cambiando de rumbo y confesando de este modo su equivocación. Por consiguiente, la introspección e incluso la reflexión son tenidas en baja estima en el campo diplomático. Sin embargo, incluso un breve estudio de la reciente historia de nuestras relaciones con el Tercer Mundo revela que nuestra política se fundó en una sorprendente sucesión de presunciones erróneas. Esto es algo que nadie puede dejar de reconocer. Y, como las presunciones eran erróneas, los resultados produjeron graves perturbaciones. Lo que aún no ha sido reconocido es que un cambio en las presunciones, de erróneas en acertadas produciría mejores resultados. Este reconocimiento no es fácil de lograr.
1. Aprendimos, en primer lugar, las limitaciones de nuestro poder en esta parte del mundo. Después de la Segunda Guerra Mundial, presentamos, en la Europa occidental, un síndrome de Plan Marshall. Según este punto de vista, los Estados Unidos siempre podían hacer maravillas en otros países. Nuestro capital, nuestra energía, nuestros estadistas y nuestras buenas relaciones con un Dios benévolo, todo esto junto, nos daba aquella capacidad. Así parecía en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial.
2. La segunda lección que aprendimos o, mejor dicho, que estamos aprendiendo, es que comunismo y capitalismo son conceptos que sólo tienen significado práctico en una fase avanzada de desarrollo industrial. En sociedades rurales pobres sólo tienen significación retórica. El capitalismo no es solución en un país que carece de experiencia sobre el mismo, y tampoco lo es el comunismo como alternativa. El Tercer Mundo se compone, por naturaleza, de sociedades rurales pobres; sólo esto son los países no desarrollados o subdesarrollados. De ello se deduce que, aunque tales países se llamen libres, las expresiones libre empresa, capitalismo, socialismo o comunismo, sólo tienen, en los más bajos niveles de desarrollo, una significación puramente terminológica. Son países pobres y rurales.
3. En tercer lugar, aprendimos que, aunque la vida interior y el desarrollo del Tercer Mundo estén fuera del alcance del poder de una superpotencia, y también más allá de su interés visible, el afán de influir en este desarrollo origina una nutrida burocracia militar y civil. El poder colonial fue ejercido de un modo bastante simple, a través de una cadena de mando que, en general, daba órdenes. Trabajar indirectamente, por medio del corazón y de la mente de un pueblo, requiere una tabla de organización mucho más masiva. Esto se debe, en parte, a que tal influencia es engañosa en sus efectos, y a que la reacción burocrática normal a la frustración y a la ineficacia es buscar más dinero y más hombres y forjar una organización más grande.
4. Por último, aprendimos que, en cuanto nace una burocracia en ultramar, ésta desarrolla una vida y un objetivo propios. El control de Washington es pequeño. El control del Congreso es inexistente.
Esto se debe, en parte, a la naturaleza de su tarea. El Gobierno que es seducido por una superpotencia desea, como mínimo, que el acto se realice en privado. Lo mismo puede decirse de los políticos extranjeros. La dignidad tiene sus derechos.

Sería erróneo describir la necesidad burocrática en términos de un interés burocrático específico. Un factor más importante es el simple impulso de la organización. La burocracia siempre puede continuar lo que está haciendo. En cambio, es incapaz, por sí sola, de un drástico cambio de rumbo.

La fuerza de las naciones, del Tercer Mundo. en relación con las superpotencias, reside en la falta de palancas con las que puedan ser controladas y en la falta de fuerza en el extremo de las palancas. Sin administración pública no puede haber control; no hay una sociedad industrial para ser controlada. Esto hace que el Tercer Mundo sea inmune, por igual, a la intervención eficaz de las potencias comunistas y a la de los Estados Unidos. Aunque presumamos que los soviets han comprendido que el socialismo no es viable sin una previa preparación, no. podemos garantizar que no intentarán la intervención. Pero podemos estar seguros de que los esfuerzos soviéticos y chinos por dominar aquellos países tropezarán con las mismas dificultades inexorables con que tropezamos nosotros. Por consiguiente, acabarán con un fracaso parecido al de los Estados Unidos en Vietnam o a su propia experiencia en Indonesia.

Una de las razones de que haya que especificar los fines del desarrollo en un país pobre es que las circunstancias especiales de los países económicamente avanzados ha hecho que éstos permaneciesen ignorantes, en alto grado, de la necesidad de elegir. Por esto, sus economistas discuten muy poco la cuestión. En estos países, el objeto de la economía es producir artículos. Y la combinación particular —distribución de capital y de trabajo entre los diferentes productos y servicios— es fruto, o se presume que es fruto, de la distribución de la renta, la eficacia de los mercados y la decisión política popular. Si la distribución de los artículos necesarios y superfluos —productos para las masas y bienes más esotéricos para la minoría— parece injusta, lo que hay que cambiar es la distribución de la renta. Él remedio adecuada es un aumento de los impuestos sobre la renta de los ricos o sobre los productos consumidos por éstos.
Los países pobres, enfrentados con el problema especial de los fines, nacido de su pobreza, proponen diversas soluciones. Tres de ellas pueden ser particularmente definidas. Son las siguientes:
1. Modernización simbólica. — Este objetivo persigue que el desarrollo se proponga dar al país» un aspecto de progreso. Hay ciertas cosas que un Estado moderno debe tener.
2. Máximo crecimiento económico. — Pasemos, ahora, a una fórmula más respetable del objetivo del desarrollo y que refleja más vivamente la influencia del pensamiento económico occidental. Según éste, tal objetivo consiste en alcanzar, en cierto período de tiempo, el mayor aumento posible en la producción total y per cápita. Las restricciones en la importación, los derechos de Aduana y los impuestos pueden entorpecer la producción de algunos artículos poco esenciales. Pero la calidad del producto es secundaria. El objetivo es obtener más.
3. Crecimiento selectivo. — Los anteriores problemas no pasaron inadvertidos, aunque su reconocimiento fue menos explícito de lo que cabía desear. Muchas veces, la planificación de desarrollo se ha fundado en la opinión de que los beneficios deben favorecer, principalmente, a los sectores más necesitados de la población. Los recursos arrancados tan dolorosamente al pueblo deben producir ventajas a este mismo pueblo.

El efecto primero y más elemental de la pobreza es vigorizar las actitudes y el comportamiento que la hacen perpetuarse. De manera parecida, el primer efecto de la riqueza es proporcionar la libertad que permite la creación de más riqueza. Se observa corrientemente, y a menudo con sorpresa, que las comunidades muy pobres son conservadoras; que su gente se opone, más que los afortunados, a un cambio que habría de redundar en su interés. Esto se debe, en parte, al analfabetismo y a los limitados horizontes que éste implica; también se debe a la inercia resultante de la mala salud y de la alimentación deficiente. Pero la pobreza es una causa aún más directa del conservadurismo. Si no hay un margen para el ahorro, tampoco lo hay para el riesgo.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/01/breve-historia-de-la-euforia-financiera-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/01/el-crash-de-1929-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/14/una-sociedad-mejor-john-kenneth-galbraith-the-good-society-the-human-agenda-by-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2021/10/19/la-economia-del-fraude-inocente-la-verdad-de-nuestro-tiempo-john-kenneth-galbraith-the-economics-of-innocent-fraud-truth-for-our-time-by-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2021/11/23/economia-y-humor-john-kenneth-galbraith-economics-peace-and-laughter-by-john-kenneth-galbraith/

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The decade of the 1960s, in which massive and effective revisionist work was lacking, will be seen as a regrettable period in American foreign policy. Certainly, and only after the cities, foreign policy will be regarded as the main catastrophic zone of American politics, with most of the blame for the waste of energy and resources that provoked the riots in the urban «ghettos.» the enmity and the explosions of the Universities. A sad result, in contrast to the promise made.
However, not everything went wrong in those years. Our relations with Western Europe and Japan were not particularly painful; these had been the scenes of the great misfortunes of the twentieth century, assuming that war is misery. And, during the 1960s, relations with the communist countries improved, both in appearance and in reality.
As the decade began, the official communist world view continued to appear as a political monolith — this expression was still widely used — unfortunately bent on destroying what a few scarcely dared to call the Free World. If there were splits within the communist world, they were probably due to differences of opinion about the best way to promote revolution.

Galbraith can be serious without solemnity, prescient without false modesty, original without footnotes, irreverent to the mighty, warm-hearted in his memories of friends… Like a fine Burgundy of a great year, Galbraith improves with age.
This is a motley assortment of Galbraith’s writing – some excellent, some amusing and some simply interesting, all of it pretty highbrow.

Foreign policy is a gentleman’s profession that depends, in large part, on tradition and continuity, even on error. We know that it is much better to continue in error than to lower the prestige of a great nation (or its servants) by changing course and thus confessing its mistake. Consequently, introspection and even reflection are held in low esteem in the diplomatic field. Yet even a brief study of the recent history of our relations with the Third World reveals that our politics were founded on a surprising succession of erroneous assumptions. This is something that no one can fail to recognize. And because the assumptions were wrong, the results were seriously disruptive. What has not yet been recognized is that a change in assumptions from wrong to right would produce better results. This recognition is not easy to achieve.
1. We learned, first of all, the limitations of our power in this part of the world. After the Second World War, we present, in Western Europe, a Marshall Plan syndrome. In this view, the United States could always do wonders in other countries. Our capital, our energy, our statesmen and our good relations with a benevolent God, all this together, gave us that capacity. This is how it seemed in Europe, after the Second World War.
2. The second lesson that we learned, or rather that we are learning, is that communism and capitalism are concepts that only have practical meaning in an advanced stage of industrial development. In poor rural societies they have only rhetorical significance. Capitalism is not a solution in a country that lacks experience in it, and neither is communism as an alternative. The Third World is made up, by nature, of poor rural societies; only this is the undeveloped or underdeveloped countries. It follows that, although such countries are called free, the expressions free enterprise, capitalism, socialism or communism, only have, at the lowest levels of development, a purely terminological meaning. They are poor and rural countries.
3. Third, we learned that, although the inner life and development of the Third World are beyond the reach of the power of a superpower, and also beyond its visible interest, the urge to influence this development creates a large military bureaucracy. and civil. Colonial power was exercised quite simply, through a chain of command that generally gave orders. Working indirectly, through the heart and mind of a people, requires a much more massive organization chart. This is partly because such influence is deceptive in its effects, and because the normal bureaucratic reaction to frustration and inefficiency is to seek more money and more men and build a larger organization.
4. Finally, we learned that as soon as an overseas bureaucracy is born, it develops a life and purpose of its own. Washington’s control is small. Control of Congress is non-existent.
This is due, in part, to the nature of your task. The government that is seduced by a superpower wants, at the very least, that the act be carried out in private. The same can be said for foreign politicians. Dignity has its rights.

It would be wrong to describe bureaucratic need in terms of a specific bureaucratic interest. A more important factor is the simple momentum of the organization. The bureaucracy can always continue what it is doing. Instead, it is incapable, on its own, of a drastic change of course.

The strength of the nations, of the Third World. in relation to the superpowers, it resides in the lack of levers with which they can be controlled and in the lack of force at the end of the levers. Without public administration there can be no control; there is no industrial society to be controlled. This renders the Third World immune to the effective intervention of the Communist powers and the United States alike. Although we presume that the Soviets have understood that socialism is not viable without prior preparation, no. we can guarantee that they will not attempt the intervention. But we can be sure that the Soviet and Chinese efforts to dominate those countries will run into the same inexorable difficulties that we do. Consequently, they will end up with a failure similar to that of the United States in Vietnam or their own experience in Indonesia.

One of the reasons why the aims of development in a poor country have to be specified is that the special circumstances of the economically advanced countries have left them largely ignorant of the need to choose. For this reason, his economists discuss the question very little. In these countries, the object of the economy is to produce articles. And the particular combination – distribution of capital and labor among the different products and services – is the result, or is presumed to be the result, of income distribution, the effectiveness of markets and popular political decision. If the distribution of necessary and superfluous items – products for the masses and more esoteric goods for the minority – seems unfair, what needs to be changed is the distribution of income. The proper remedy is an increase in taxes on the income of the rich or on the products they consume.
Poor countries, faced with the special problem of ends, born of their poverty, propose various solutions. Three of them can be particularly defined. They are as follows:
1. Symbolic modernization. – This objective pursues that development aims to give the country «an aspect of progress. There are certain things that a modern State must have.
2. Maximum economic growth. – Let us now move on to a more respectable formula for the goal of development and one that more vividly reflects the influence of Western economic thought. According to him, such an objective consists of achieving, in a certain period of time, the greatest possible increase in total and per capita production. Import restrictions, customs duties, and taxes can hinder the production of some nonessential items. But the quality of the product is secondary. The goal is to get more.
3. Selective growth. – The above problems did not go unnoticed, although their recognition was less explicit than could be desired. Development planning has often been based on the view that benefits should mainly benefit the most needy sectors of the population. The resources so painfully taken from the people must produce benefits for the people themselves.

The first and most basic effect of poverty is to invigorate the attitudes and behavior that perpetuate it. Similarly, the first effect of wealth is to provide the freedom that enables the creation of more wealth. It is commonly observed, and often with surprise, that very poor communities are conservative; that his people are opposed, more than the fortunate ones, to a change that would redound to their interest. This is due, in part, to illiteracy and the limited horizons that it implies; it is also due to the inertia resulting from poor health and poor diet. But poverty is an even more direct cause of conservatism. If there is no room for savings, there is no room for risk.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/01/breve-historia-de-la-euforia-financiera-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/01/el-crash-de-1929-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/14/una-sociedad-mejor-john-kenneth-galbraith-the-good-society-the-human-agenda-by-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2021/10/19/la-economia-del-fraude-inocente-la-verdad-de-nuestro-tiempo-john-kenneth-galbraith-the-economics-of-innocent-fraud-truth-for-our-time-by-john-kenneth-galbraith/

https://weedjee.wordpress.com/2021/11/23/economia-y-humor-john-kenneth-galbraith-economics-peace-and-laughter-by-john-kenneth-galbraith/

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