Un Día Cualquiera En Nueva York — Fran Lebowitz / The Fran Lebowitz Reader by Fran Lebowitz

No soy una persona insensible. Creo que todo el mundo debería tener ropa de abrigo suficiente, alimentación adecuada y un techo digno. Creo no obstante que, si la gente no se comporta de una manera aceptable, debería quedarse en casa bien arropadita y bien comida.
No es cierto que cualquier trabajo sea digno de por sí. Hay, sin lugar a dudas, trabajos que son mejores que otros. No resulta difícil diferenciar los trabajos buenos de los malos. La gente que tiene buenos trabajos es feliz, rica, y va bien vestida. La gente que tiene malos trabajos es desgraciada, pobre y utiliza aditivos cárnicos. Quienes busquen la dignidad en un trabajo que los obligue a inflar las hamburguesas seguro que se sienten muy decepcionados, y sienten que no se están portando bien.
La paz interior no existe. Solo hay nerviosismo o muerte. Y cualquier otro intento de demostrar lo contrario constituye una conducta inaceptable.
Son muy pocas las personas que tienen una auténtica capacidad artística. Resulta, por tanto, impropio e improductivo complicar la situación redoblando el esfuerzo. Si usted siente una urgente y devoradora necesidad de escribir o pintar, limítese a comer algo dulce y verá como ese sentimiento se le pasa. La historia de su vida no sirve para hacer un buen libro. Ni lo intente siquiera.

“Todos los hijos de Dios no son hermosos. La mayoría de los hijos de Dios son, de hecho, apenas presentables. El error más común que se comete en materia de apariencia es la creencia de que uno debe despreciar lo superficial y dejar que brille la verdadera belleza del alma. Si hay lugares en su cuerpo donde esto es una posibilidad, no es atractivo, está goteando «.
“Dormir es muerte sin responsabilidad”.
“La gente grande habla de ideas, la gente media habla de cosas y la gente pequeña habla de vino”.
Este es el típico pensamiento de Fran Lebowitz. A menudo es hilarante, siempre sarcástica y, por lo general, juguetona.
Ella es un cruce entre Dorothy Parker, Oscar Wilde y ese amigo tuyo que nunca cierra la boca. Es arrogante, inteligente y, a veces, superficial. Odia a los animales. Incluso los lindos. Tolera a los niños. Ella fuma mucho y vive en Nueva York.
La calificación está basada en el sentido de que esta colección puede atraer a los fanáticos del trabajo de Larry David, como Seinfeld. Este lector incluye los ensayos publicados anteriormente en Metropolitan Life and Social Studies, en los que la Sra. Lebowitz expresa sus puntos de vista sobre la vida, las personas, ella misma y su amada Nueva York. Está hastiada, mordaz y casi cualquier otro adjetivo que se te ocurra que diga que la existencia no tiene mucho sentido más allá de un paquete de buenos cigarrillos. Lebowitz también es bastante divertida y, al igual que Seinfeld, se divierte con su propio egoísmo.
En un ensayo, Lebowitz le da a las personas adineradas una breve introducción para hablar con la gente pobre, en la que ella define «exceso de trabajo» como un cansancio y fatiga abrumadores, similar al desfase horario. Ese es un ejemplo de su humor.
Estos ensayos tienen 40 años y definitivamente están fechados. Pero eso también es interesante.

Cuando se trata de deportes, no puedo decir que me interesen especialmente. En general, los considero actividades peligrosas y agotadoras, practicadas por gente con la que no tengo nada que ver, salvo el derecho a un juicio.

1. Cuando la discoteca es un club privado, con normas estrictas para la admisión tan solo de socios, no está bien visto esperar junto a la puerta, pidiendo con un tono de voz poco atractivo que te dejen entrar. Mucho menos atractivo resulta poner en peligro la vida o la reputación de uno de los socios del club con una navaja, o diciéndole que sabes cómo se llama y que tienes pensado llamar al periódico de su ciudad natal para contar la verdad de por qué todavía no se ha casado.
2. En cuanto se ha estado bailando un rato, se entra en calor inevitablemente. Lo cual no debe tomarse como una señal para quitarse la camisa. Si uno de tus compañeros de pista se interesa por tus progresos en el gimnasio, ten la seguridad de que no dejará de preguntártelo. Si el calor resulta insoportable, limítate a sacarte el pañuelo de colores del bolsillo trasero y a secarte el sudor de la frente. Solo ten cuidado de colocarlo luego en el lado correcto.
3. Si crees que una noche sin nitrato de amilo es como un día sin sol, debes administrártelo en la intimidad de tu coche, y no en medio de una pista de baile atestada de gente.
4. Si eres disc-jockey, recuerda, por favor, que tu trabajo consiste en poner discos que gusten a la gente y no en impresionar con tus gustos esotéricos a otros posibles disc-jockeys de visita en tu discoteca. A la gente generalmente le gusta bailar canciones con letra y de una longitud razonable.

Los comunistas parecen ir todos provistos de pequeñas gorritas, imagen que considero más apta para los tubos de dentífrico que para las personas. Por supuesto, también contamos entre nosotros con gente que lleva gorrita, pero puedo asegurarles que todo el mundo los evita. Creo que el comunismo exige de sus partidarios que se levanten temprano y participen en ejercicios agotadores de calistenia. Para quien desea que los cigarrillos le lleguen ya encendidos, solo pensar en semejantes ejercicios, a una hora en la que las personas decentes aún están dando cabezadas, resulta por completo abominable. Se me ha dicho también que, en el mundo comunista, la capacidad para escribir o hablar de manera divertida es algo que les importa un pimiento. Tengo por tanto la intención de mantener al Telón de Acero tan alejado como pueda de la calle Cincuenta y siete.

El término «madre de la artista» (stage mother) suele emplearse para describir a aquella madre que, por decirlo amablemente, ha tomado a su cargo la responsabilidad de inculcar a su hijo o hija la ambición de triunfar en la escena. Toda la crianza del niño estará orientada básicamente hacia este fin, lo que ha dado como resultado la creación de no pocas estrellas.
En la era que nos ha tocado vivir, sin embargo, prima la especialización y se agudiza la competencia, y sería ilusorio pensar que esta técnica de criar a los hijos se restringe al mundo del espectáculo.

París
París es bellísima. Y, por lo tanto, posee todas las cualidades de todas las cosas bellas: chic, atractivo sexual, grandeza, arrogancia, una absoluta incapacidad y un rechazo total a atender a razones. Así pues, si va usted por allí, recuerde: por muy educado y por más que se esfuerce en ser claro cuando le pregunte algo a un parisino, este siempre le contestará en francés.
Roma
En Roma nadie trabaja, y cuando llueve en Roma y llegan a darse cuenta, le echan la culpa a Milán. En Roma, la gente se pasa la mayor parte del tiempo comiendo. Y lo hace, por cierto, muy bien: Roma es sin duda la capital del mundo de los almuerzos. Los romanos son muy amables y se interesan mucho por las opiniones ajenas. Al salir de los Museos del Vaticano hay a mano derecha un buzón de sugerencias. Yo sugerí que colocaran un techo con placas acústicas en la Capilla Sixtina que absorbiera la increíble algarabía de los turistas alemanes. Entonces podrían reproducir en él, en pintura acrílica, los frescos de Miguel Ángel respetando así la forma y añadiéndole alguna pequeña función.
Pasé en Roma casi dos semanas, durante las cuales hubo cinco huelgas generales. No sé qué pedían los huelguistas, ni si lo consiguieron, aunque probablemente eso era lo de menos. Ir a la huelga en Roma es más una cuestión de estilo que de economía. Roma es una ciudad curiosa se mire como se mire. Basta con pasar una hora en ella para darse cuenta de que, en realidad, Fellini no hace otra cosa que documentales.

1. Los relojes convencionales dicen el tiempo real. Y tiempo real es decir algo así como las siete y media.
2. Los relojes digitales dicen un tiempo falso. Y tiempo falso es decir algo así como nueve y diecisiete.
3. Nueve y diecisiete es falso, porque los únicos que tienen la obligación de saber que son las nueve y diecisiete son los conductores de metro.
4. Yo no soy conductora de metro.
5. Usted no es un conductor de metro.
6. Y puedo afirmarlo incluso sin conocerle, porque cualquiera que tiene la obligación de saber que son las nueve y diecisiete probablemente no podría arriesgarse a desviar la mirada.
7. Las esferas de los relojes reales tienen forma de esferas de reloj, porque deben tener todos los requisitos propios de un reloj de verdad, como números, manecillas y rayitas que marcan los minutos.
8. Las esferas de los relojes digitales tienen, sin razón aparente alguna, forma de esfera de reloj. Es absolutamente inútil y, además, produce, un inquietante efecto en los jóvenes.

En Nueva York, la queja que con mayor frecuencia se oye entre las mujeres heterosexuales es la de que los varones heterosexuales están desapareciendo. Cuando oiga esta queja, remita a la mujer en cuestión a un bar del Soho.

Música Pop
Nos pusimos trajes brillantes que reflejaron fielmente las esperanzas y los sueños del gran público. Nos metimos en ascensores, coches, aviones, teléfonos y en cantidad de sitios inimaginables. Ejercimos una inevitable influencia sobre la cultura e inspiramos a la gente una devoción fanática, ya que con nuestro gozoso ruido entreteníamos a los aburridos.
Cine
Tan solo pretendíamos adoptar aquellas actitudes que pudieran asociarse con un tipo de trabajo serio, pues éramos muy conscientes de que la vida no suele imitar la diversión. Dimos prueba a la vez de una sensibilidad extrema y de una gran destreza técnica mientras nos movíamos líricamente. Exploramos los temas de la violencia, la angustia y la injusticia social, ocultos bajo la idílica apariencia de nuestra sociedad. Nos mostramos amables y apacibles, dando muy poco de nosotros mismos.
Moda
Alguno de nosotros arramblaba lo que podía de los demás. Unos eran excesivamente imaginativos. Muchos nos sentíamos imbéciles haciendo este tipo de comentarios, pero intentábamos revestirlos de un sentido más profundo, lo cual, a la luz de la preponderancia del poliéster, no resultaba nada fácil, aunque la gente nos comprara convencida de que éramos la auténtica expresión de su verdadera personalidad, la gente hacía suyas nuestras cosas añadiéndoles algunos toques propios.

Libros de autoayuda
La palabra «actualizar» no es del todo correcta. Como tampoco lo es la palabra «interiorizar». De hecho, aquí solo hay un caso en el que la terminación en «zar» es apropiada, y es en la palabra «fertilizar».
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Pocas veces se alcanza la salud mental, por no decir nunca, volviendo a nacer en una bañera.
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Si quiere usted salir adelante en este mundo, consígase un abogado, no un libro.
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La riqueza y el poder tienen muchas más probabilidades de ser el resultado de haber nacido que de haber leído.
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Aunque a veces el rostro refleja el carácter de uno, no hay que fiarse, pues el rostro se refleja en el carácter de uno mucho antes de que esta posibilidad haya tenido oportunidad de manifestarse.

Conocer a un pobre constituye de por sí un problema, ya que a usted las vías más convencionales de relacionarse le están vedadas. Los pobres no van a la escuela preparatoria con su hermano, ni forman sindicatos hípicos con su corredor de apuestas, ni se le rinden graciosamente en Deauville. No comparten su interés estético por la joyería precolombina, ni su pasión infantil por pellizcar a la cocinera, ni su conocimiento sobre el valor de las fincas rústicas en Gstaad. No es probable, por consiguiente, que se encuentre con un pobre por casualidad. Al pobre hay que buscarlo activamente. Y, cuando lo haga, tenga en cuenta sus hábitos y su rutina diaria.
a. El pobre es la auténtica espina dorsal de los medios de transporte masivos.
b. El pobre suele ocuparse personalmente de la mayoría de sus asuntos. Por lo tanto, no resulta difícil encontrarle haciendo la compra, llevando la ropa a la lavandería, yendo a los almacenes, recogiendo recetas o devolviendo los cascos vacíos de las botellas. Tales tareas pueden efectuarse en lugares repartidos por toda la ciudad y que se hallan abiertos al público, a los cuales puede sumarse usted también si le apetece.
c. En términos generales, el pobre pasa los veranos en el mismo sitio que los inviernos.
d. A menos que un pobre lo sea de solemnidad (verbigracia, un beneficiario), dedicará una parte sustancial del día o de la noche al trabajo. El trabajo puede llevarse a cabo en muchos lugares: almacenes, oficinas, restaurantes, casas, aeropuertos o los asientos delanteros de los taxis. Con la posible excepción de los últimos, el acceso que tenga usted a tales lugares será fácil y frecuente…

Todas las cosas del mundo pueden dividirse en dos categorías fundamentales: cosas naturales y cosas artificiales. O naturaleza y arte, por decirlo más vulgarmente. Ahora bien, la naturaleza, no puedo por menos que reconocerlo, tiene sus entusiastas, pero en términos generales no me busquen entre ellos. Para decirlo con franqueza, no me cuento entre aquellos que quieren volver a la tierra; me cuento entre aquellos que quieren volver al hotel. Esto se debe, al menos en parte, al hecho de que la naturaleza y yo tenemos muy poco en común. No vamos a los mismos restaurantes, no nos hacen reír los mismos chistes, ni, lo que es más importante, vemos a las mismas personas.

CULTURA
Los Ángeles es una ciudad moderna y, como tal, libre de las trabas que impone el arte convencional. Por consiguiente, los habitantes de esta Atenas contemporánea han tenido libertad para desarrollar por sí mismos formas nuevas e innovadoras. Entre ellas, la más interesante es la novelización, ya que permite, quizás por primera vez, apreciar realmente el dicho: «Una imagen vale más que mil palabras».
EL VESTIR
La ropa en Los Ángeles es de muchos colores, con predominio del amarillo limón, del azul celeste y del verde lima, particularmente en el atavío de los caballeros de mediana edad, la mayoría de los cuales se parece a Alan King. Entre ellos es habitual dejar desabrochados los cinco primeros botones de la camisa en una licenciosa exhibición de vello pectoral gris. Los visitantes quedan advertidos de que llamar a la policía para abrochárselos es un gesto fútil; no harán el menor caso.
Los adolescentes de ambos sexos lucen camisetas que refutan la teoría de que a los jóvenes ya no les interesa la lectura, y la expresión de sus caras refuta las camisetas.
Las mujeres de mediana edad visten durante el día de manera tan informal como las jovencitas, pero después de las seis prefieren acicalarse y se inclinan por trajes de puesta de largo.

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I am not an insensitive person. I believe that everyone should have sufficient warm clothing, adequate food and a decent roof. However, I believe that if people do not behave in an acceptable way, they should stay home well wrapped up and eat well.
It is not true that any job is worthy in and of itself. There are, without a doubt, jobs that are better than others. It’s not hard to tell the good jobs from the bad. People with good jobs are happy, rich, and well dressed. People who have bad jobs are miserable, poor, and use meat additives. Those who seek dignity in a job that forces them to inflate hamburgers are sure to be very disappointed, and feel that they are not behaving well.
Inner peace does not exist. There is only nervousness or death. And any other attempt to prove otherwise constitutes unacceptable conduct.
Very few people have a true artistic ability. It is therefore improper and unproductive to complicate the situation by redoubling the effort. If you feel an urgent and all-consuming need to write or paint, just eat something sweet and you’ll see that feeling go away. The story of his life does not make a good book. Don’t even try.

“All of God’s children are not beautiful. Most of God’s children are, in fact, barely presentable. The most common error made in matters of appearance is the belief that one should disdain the superficial and let the true beauty of one’s soul shine through. If there are places on your body where this is a possibility, you are not attractive – you are leaking».
“Sleep is death without the responsibility».
“Great people talk about ideas, average people talk about things, and small people talk about wine».
This is typical Fran Lebowitz. She is often hilarious, always sarcastic, and usually playful.
She is a cross between Dorothy Parker, Oscar Wilde, and that friend of yours who never shuts the fuck up. She is arrogant, smart, and sometimes shallow. She hates animals. Even cute ones. She tolerates children. She smokes a lot and lives in NYC.
The rating is qualified in that this collection may appeal to fans of Larry David’s work, such as Seinfeld. This reader includes the essays formerly published in Metropolitan Life and Social Studies, in which Ms. Lebowitz expresses her views of life, people, herself, and her beloved New York. She’s jaded, acerbic, and just about any other adjective you can think of that says there isn’t much meaning to existence beyond a pack of good cigarettes. Lebowitz is also pretty darned funny, and like Seinfeld, has fun with her own selfishness.
In one essay, Lebowitz gives affluent people a brief primer for talking with poor people, in which she defines “overworked” as overwhelming weariness and fatigue, similar to jet lag. That’s an example of her humor.
These essays are 40 years old, and definitely dated. But that’s interesting too.

When it comes to sports, I can’t say that I’m particularly interested in them. In general, I consider them dangerous and exhausting activities, practiced by people with whom I have nothing to do, except the right to a trial.

1. When the disco is a private club, with strict rules for admitting only members, it is not seen well to wait by the door, asking in an unattractive tone of voice to be allowed in. Much less attractive is it to endanger the life or reputation of a club member with a knife, or by telling him that you know his name and that you plan to call his hometown newspaper to tell the truth about why not yet. He has married.
2. As soon as you have been dancing for a while, you inevitably warm up. Which should not be taken as a sign to remove your shirt. If one of your track partners is interested in your progress in the gym, rest assured that he will not stop asking you. If the heat is unbearable, just take the colorful scarf out of your back pocket and wipe the sweat off your forehead. Just be careful to put it on the correct side later.
3. If you think that a night without amyl nitrate is like a day without sun, you should administer it in the privacy of your car, and not in the middle of a crowded dance floor.
4. If you are a disc jockey, please remember that your job is to put out records that people like and not to impress other potential disc jockeys visiting your club with your esoteric tastes. People generally like to dance to songs with lyrics and of a reasonable length.

The Communists all seem to be wearing little beanies, an image that I consider more suitable for tubes of toothpaste than for people. Of course, we also have beanie-wearing people among us, but I can assure you that everyone avoids them. I think communism requires its supporters to get up early and participate in grueling calisthenics. For those who want cigarettes to arrive already lit, just thinking about such exercises, at an hour when decent people are still napping, is completely abominable. I have also been told that, in the communist world, the ability to write or speak in a funny way is something they don’t give a damn about. I therefore intend to keep the Iron Curtain as far away as I can from Fifty-seventh Street.

The term «artist’s mother» is often used to describe a mother who, to put it nicely, has taken on the responsibility of instilling in her son or daughter the ambition to succeed on the stage. All the upbringing of the child will be oriented basically towards this end, which has resulted in the creation of not a few stars.
In the era in which we live, however, specialization prevails and competition sharpens, and it would be an illusion to think that this technique of raising children is restricted to the world of entertainment.

Paris
Paris is beautiful. And therefore he possesses all the qualities of all things beautiful: chic, sex appeal, grandeur, arrogance, an utter inability, and a total refusal to attend to reason. So, if you go there, remember: no matter how polite and as much as you try to be clear when you ask a Parisian something, he will always answer you in French.
Rome
In Rome nobody works, and when it rains in Rome and they come to realize it, they blame Milan. In Rome, people spend most of their time eating. And it does it, by the way, very well: Rome is undoubtedly the capital of the world of lunches. Romans are very friendly and are very interested in the opinions of others. On leaving the Vatican Museums there is a suggestion box on the right hand side. I suggested that they put a ceiling with acoustic plates in the Sistine Chapel that would absorb the incredible hubbub of the German tourists. Then they could reproduce in it, in acrylic paint, the frescoes of Michelangelo, thus respecting the form and adding some small function to it.
I spent almost two weeks in Rome, during which there were five general strikes. I don’t know what the strikers were asking for, or if they got it, although that was probably the least of it. Going on strike in Rome is more a matter of style than economics. Rome is a curious city no matter how you look at it. It is enough to spend an hour in it to realize that, in reality, Fellini does nothing but documentaries.

1. Conventional clocks tell real time. And real time is saying something like seven thirty.
2. Digital clocks tell a false time. And fake time is saying something like seventeen and nine.
3. Nine seventeen is false, because the only ones who are required to know that it is nine seventeen are the subway drivers.
4. I am not a subway driver.
5. You are not a subway driver.
6. And I can say that even without knowing him, because anyone who has an obligation to know that it is nine seventeen probably couldn’t risk looking away.
7. Real watch faces are shaped like watch faces, because they must meet all the requirements of a real watch, such as numbers, hands, and minute lines.
8. Digital watch faces are shaped like a watch face for no apparent reason. It is absolutely useless and also has a disturbing effect on young people.

In New York, the most frequently heard complaint among heterosexual women is that heterosexual men are disappearing. When you hear this complaint, refer the woman in question to a bar in Soho.

Pop music
We donned sparkly costumes that faithfully reflected the hopes and dreams of the general public. We got into elevators, cars, airplanes, telephones, and in unimaginable places. We exert an unavoidable influence on culture and inspire fanatical devotion in people, for with our joyous noise we entertained the bored.
Movie theater
We only wanted to adopt those attitudes that could be associated with a serious type of work, because we were very aware that life does not usually imitate fun. We demonstrated both extreme sensitivity and great technical prowess as we moved lyrically. We explore the themes of violence, anguish and social injustice, hidden under the idyllic appearance of our society. We are kind and gentle, giving very little of ourselves.
fashion
Some of us took what we could from the others. Some were excessively imaginative. Many of us felt stupid making these types of comments, but we tried to cover them with a deeper meaning, which, in light of the preponderance of polyester, was not easy, even if people bought us convinced that we were the authentic expression of their true personality, people made our things their own by adding some touches of their own.

Self-help books
The word «update» is not entirely correct. Neither is the word «internalize.» In fact, there is only one case here where the ending in «zar» is appropriate, and that is in the word «fertilize.»
*
Mental health is seldom achieved, if not ever, by being reborn in a bathtub.
*
If you want to get ahead in this world, get yourself a lawyer, not a book.
*
Wealth and power are much more likely to be the result of being born than of reading.
*
Although sometimes the face reflects one’s character, it is not to be trusted, for the face is reflected in one’s character long before this possibility has had a chance to manifest itself.

Knowing a poor person is in itself a problem, since the most conventional ways of relating are forbidden to you. The poor do not go to prep school with their brother, nor form equestrian unions with their bookie, nor do they gracefully surrender to him in Deauville. They do not share her aesthetic interest in pre-Columbian jewelry, her childhood passion for pinching the cook, or her knowledge of the value of country estates in Gstaad. It is therefore not likely that you will meet a poor person by chance. The poor must be actively sought out. And when you do, consider your habits and his daily routine.
to. The poor are the true backbone of mass transportation.
b. The poor man usually takes care of most of his affairs personally. Therefore, it is not difficult to find him doing the shopping, taking the clothes to the laundry, going to the warehouses, picking up recipes or returning the empty shells of the bottles. Such tasks can be carried out in locations throughout the city that are open to the public, to which you can also join if you feel like it.
c. Generally speaking, the poor spend summers in the same place as winters.
d. Unless a poor person is solemnly poor (eg, a beneficiary), he will devote a substantial part of the day or night to work. Work can take place in many places: warehouses, offices, restaurants, homes, airports, or the front seats of taxis. With the possible exception of the latter, your access to such places will be easy and frequent …

All things in the world can be divided into two fundamental categories: natural things and artificial things. Or nature and art, to put it more vulgarly. Now, nature, I cannot help but admit it, has its enthusiasts, but in general terms do not look for me among them. To put it bluntly, I am not among those who want to go back to earth; I am among those who want to return to the hotel. This is due, at least in part, to the fact that nature and I have very little in common. We don’t go to the same restaurants, the same jokes don’t make us laugh, nor, more importantly, do we see the same people.

CULTURE
Los Angeles is a modern city and, as such, free from the shackles of conventional art. Consequently, the inhabitants of this contemporary Athens have been free to develop new and innovative forms for themselves. Among them, the most interesting is novelization, since it allows, perhaps for the first time, to really appreciate the saying: «A picture is worth a thousand words».
THE DRESS
Clothing in Los Angeles is of many colors, predominantly lemon yellow, sky blue and lime green, particularly in the attire of middle-aged gentlemen, most of whom resemble Alan King. Among them it is common to leave the first five buttons of the shirt unbuttoned in a licentious display of gray chest hair. Visitors are advised that calling the police to fasten them is a futile gesture; they won’t pay the slightest attention.
Teenagers of both sexes wear T-shirts that disprove the theory that young people are no longer interested in reading, and the expression on their faces disproves the T-shirts.
Middle-aged women dress as casually during the day as young girls, but after six they prefer to groom themselves and turn to cocktail dresses.

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