Angela Merkel: La Física Del Poder — Patricia Salazar Figueroa, Christina Mendoza Weber / Angela Merkel: The Physics of Power by Patricia Salazar Figueroa, Christina Mendoza Weber (spanish book edition)

Nadie es más relevante hoy en el mundo, en términos políticos, que Angela Merkel. Nadie representa mejor esos valores de templanza, sensatez, responsabilidad y altruismo que ella. Sin demagogia, sin estridencia. Sobre todo, en un panorama delirante como el que estamos viendo en casi todas partes

Angela Merkel es una mujer asombrosa y sorprendente. Con este libro sobre su vida y enfocado a su desarrollo político se puede apreciar cada uno de los aspectos que sorprenden y que lo llevan a uno a considerar la importancia de la educación y la educación en ciencias en la capacidad resolutiva de cualquier problema.
Servir al pueblo sin esperar reconocimientos, ni alabanzas marca la gran diferencia en un mandato eficaz y de progreso colectivo.
«Se puede callar de diferentes formas. Existe el silencio por agotamiento. Existe el silencio producto de una confianza ilimitada. Existe el silencio cuando estamos inmersos en un raciocino activo y por supuesto, también existe el silencio que sirve de respuesta, creo que quien calla lo hace porque está ocupado en asuntos más importantes que una charla banal».
Quedé con ganas de leer más, saber más, y en busca de la biografía autorizada que tanto citan en este texto.
No sé si alguna vez la sra. Merkel querrá contar su historia ella misma, seguro que no.
Un repaso por la historia contemporánea a través de una de la lideres más destacadas de nuestros tiempo.

En el transcurso de su vida política, Angela ha dicho que su madre aceptó la extravagante determinación de Horst por amor a él y a su concepción del matrimonio. Ella recita la frase como lo hacen los hijos al transmitir información sembrada por los padres, en este caso por la madre, quien la habrá pronunciado para sí y para su hija, a manera de letanía inmutable, desde el momento mismo en que puso pie en ese pueblo marchito con una bebé de brazos.
En el poblado Herlind no encontró tiendas, mucho menos almacenes o centros de salud adonde acudir para suplir necesidades elementales o encontrar respuesta a incertidumbres de madre primeriza. No mucho, pero algo de aquello podía ir a buscarlo, con mediano éxito, en Perleberg.
Los sonidos que acompañan el crecimiento de un niño impactan buena parte de lo que será su carácter, y allí, en Quitzow, la tierna Angela Kasner –su apellido de soltera– compartió existencia durante cerca de tres años con las melodías integradas del silencio; de la naturaleza, en sus presentaciones de pájaros naciendo, volando, cantando, muriendo; el crujido de la madera enraizada, verde, madura, seca; los restallidos del viento en su parloteo con las hojas, preparando las cuatro variaciones del clima.

Existen varias hipótesis sobre la motivación dirigente que habría impulsado al pastor Horst Kasner a emprender el éxodo, anti-cíclico, desde la Alemania Federal hacia la comunista, precisamente el año cuando la dirigencia de la República Democrática de Alemania, RDA, oficializó la primera ley que criminalizaba a los ciudadanos que intentaran marcharse del territorio, para así poner coto a la huida masiva de habitantes hacia el occidente. Tan solo en 1954, 180 000 mil personas lograron escabullirse de esa región, ya en dilatado proceso de sovietización.
Desde la llegada de los Kasner a Quitzow y hasta agosto de 1961, año de construcción del Muro de Berlín, 2 500 000 personas consiguieron la fuga. Horst y familia habían nadado en contra de la corriente y eso despertó suspicacias en ambos lados.
¿Acaso era él un espía? ¿Un agente encubierto, en las características de un clérigo, seducido por la Guerra Fría para servirle al capitalismo en el comunismo?…
Angela conserva la costumbre de calzar botines planos de cordón y suela de goma que le ciñan los pies de manera similar al momento cuando aprendió, por fin, a guardar el equilibrio.

Los Kasner tuvieron como primeros nuevos vecinos a 222 hombres y mujeres con diferentes grados de alteración en su desarrollo físico, intelectual y de conductas adaptativas. Los había con epilepsia, síndrome de Down, Asperger, Alzheimer, autismo, mutismo selectivo, entre otros, y la mayoría de ellos no recibía visitas de sus familiares, por lo que de domingo a domingo, mes a mes, año tras año, permanecían en Waldhof, entendiéndolo como su hogar.
Has de caminar quedo y seguro…
Por espacio de una década y media, entre los cuatro hasta los diecinueve años de edad, Angela compartió el entorno de vida con los internos. Aprendió a moverse entre ellos con naturalidad.
Aquellas características: las de vivir en una especie de enclave entre curas y gente especial, el hecho de no haber compartido con otros niños en las areneras infantiles socialistas, el andar vestida a la usanza occidental y usar palabras y giros lingüísticos típicos de Hamburgo, fueron las razones determinantes para que, desde las jornadas de presentación y preparación del ingreso en la escuela, sus contemporáneos templineses catalogaran a Angela como niña rara.
En 1961, aquella percepción se agudizaría hasta rayar en envidia y desconfianza, cuando los provincianos de Templin se confrontaron con la noticia de que ellos, al igual que todos los habitantes de la RDA, habían sido hechos prisioneros en una gigantesca jaula.

No había meta que Angela tuviese más clara que la de obtener el título de bachiller, para luego, desde la universidad, emular el camino académico de sus padres, quienes también le habían inculcado ser practicante de la religión evangélica. Solo que a diferencia de Herlind y Horst, que fueron criados en épocas y ambientes en los que ser cristiano era casi obligatorio, la primogénita se acogió al rito de la confirmación cuando el rechazo a la devoción alcanzaba uno de los puntos más álgidos en la RDA.
Angela tenía doce años y medio cuando el punto de inflexión con respecto a la sociedad atea germanosocialista la condujo a una encrucijada, de la que salió usando su talento y capacidad de adaptación.
Con el fin de lograr la aprobación social y el puntaje necesarios para hacerse a una buena posición en el colegio, en adelante, la naciente señorita seguiría una táctica de cuatro aristas: mantener bajo reserva su fervor religioso; compensar su escasísima soltura física por la excelencia en su rendimiento en las asignaturas de Matemáticas, Ciencias, Alemán y Ruso; incrementar su utilidad destacándose, por encima del promedio, en otras variantes de disciplinas competitivas; enlistándose a partir de los catorce años en el movimiento de la Freie Deutsche Jugend (FDJ), o Juventud Libre de Alemania.
Angela era una de aquellas personas que persisten en esconderse siempre. En las formaciones de grupo no quería integrar la primera fila sino la tercera o cuarta, a pesar de no ser de las más altas. Se sentaba desgarbada y jamás tomaba la iniciativa. Y lo peor era que no podía o no quería mirar a los ojos. Sostener la mirada le era imposible.

Faltó muy poco para que la mudanza a la ciudad donde Angela había resultado admitida como estudiante de Física se frustrara, por cuenta de un brote intempestivo de insurrección protagonizado por ella y su clase contra las autoridades del colegio en las últimas semanas del bachillerato.
Corrían los primeros días del mes de abril de 1973 y el curso duodécimo b tenía el encargo de organizar el evento cultural de despedida del plantel, que tendría lugar ese mismo mes, antes de que comenzara el periodo de exámenes finales. El grupo de alumnos no se entendía bien con el tutor, un profesor de nombre Charly Horn, a quien reprochaban, entre otras falencias, no haberles dedicado el suficiente tiempo de preparación para las pruebas, por lo que, en masa, decidieron vengarse de él negándose a estructurar el proyecto cultural. La conducta de los escolares llegó a oídos del rector del colegio, Bernd Birbaum, quién amenazó a los chicos con suspenderlos de la institución antes de la graduación.
Angela, quien resultó ser una de las cabecillas del levantamiento, ofreció su casa a los compañeros como sitio de reunión para las deliberaciones sobre la situación. Al enterarse del motivo del continuo ir y venir de colegiales por el Waldhof, sus padres, alarmados, lograron hacer entrar en razón a su hija y compañeros sobre las consecuencias nefastas que les traería salir del colegio expulsados y sin haber presentado los exámenes finales.
Finalmente, el 8 de mayo de 1973, los estudiantes recibieron una comunicación por escrito en la que eran recriminados por su comportamiento y reprochaba el haber manchado el nombre de la institución, traicionado los principios del socialismo, amén de las normas y del orden comunitario. Al final de la misiva se leía una frase que expresaba que el contenido de la amonestación no sería incluido en las actas de grado. Tal oración indicaba que los diez secuaces y veinte compinches se habían salvado.

Con respecto a Angela, el peligro latente de un encontronazo con la STASI no se produjo durante el periodo de estudios universitarios. En el primer semestre de 1978, la finalización de la carrera sucedió sin contratiempos. Tal como había ocurrido con su esposo, el esfuerzo sostenido durante cinco años dio el fruto de poder egresar de la universidad con la nota excelente de 1 en la disertación de defensa del título. A los veinticuatro años de edad, el porvenir de una carrera brillante como científica y amante esposa parecía asegurado. Pero ambas circunstancias no recibirían la protección de su hado.
Quién iba a imaginar que fueron dos agentes de la policía secreta, STASI, los que empujaron a Angela Merkel a su destino de convertirse en una de las mujeres más poderosas del mundo.
Recién graduada de la universidad, en junio de 1978, ella no quería seguir viviendo en Leipzig y tampoco contemplaba la resquebrajada Berlín como sede de su vida profesional. Por eso, acordó con su marido buscar trabajo en la provincia. Ambos fijaron sus ojos en la pequeña ciudad de Ilmenau, en el estado de Turingia.
Erigida en los contornos de un lago en el valle del Ilm, rodeada de montañas y bosque, Ilmenau reunía todos los elementos que anhelaba encontrar el matrimonio Merkel. Sobre todo, su paisaje les resultaba familiar tanto a Angela como Ulrich, porque los espejos de agua constituían su esencia, tal como en las poblaciones de donde provenían. En esa ciudad, a 180 kilómetros al suroeste de Leipzig y a 414 kilómetros al sur de Templin, se encontraba en ese entonces una de las instituciones científicas más importantes de la región: la Universidad Tecnológica de Ilmenau, donde Angela aplicó al cargo de asistente científica en el Departamento de Física.
Angela inauguró su vida de mujer separada pidiéndole a su profesor y jefe en la Academia de las Ciencias, Hans-Jörg Osten, que la dejase quedar unos días en su casa mientras conseguía una nueva vivienda.

Contrario a lo que pretendía el Gobierno con ese concierto (La Caída del muro de Berlín), que era controlar el deseo de los muchachos de salir de la RDA para participar de sucesos de ese nivel, la actuación de Springsteen intensificó el sentido de pertenencia a una comunidad cultural mayor. También sucedía que la gente se había percatado de la política de reestructuración (Perestroika) y transparencia (Glasnost) de Gorbachov en la Unión Soviética, y progresivamente fue perdiendo el miedo a manifestarse. Una estética como la de Springsteen sin duda les abonó vigor.
Confidente por excelencia de la libertad, la música trabajaba codo con codo, pero todavía faltaban dieciséis meses de esfuerzos.
El tema de conversación entre sus colegas giraba en torno al plan del canciller Helmut Kohl de aprovechar la euforia por la caída del Muro para concretar, sin demora, la unión política germana.
Con base en esa primicia, Angela elaboró un análisis científico cuyo resultado la impulsó, antes de que terminara ese año histórico, a jugarse el todo por el todo en la política.
Dos semanas después de la caída del Muro, la precisión y objetividad implícitas en la metodología científica permitieron a la joven investigadora prever que su país experimentaría una fase de transformación, equiparable a un fenómeno de la fisicoquímica conocido con el nombre de intercambios iónicos. Este se presenta en la naturaleza en procesos de purificación, separación o disolución de sustancias y transmisión de átomos cargados de energía para generar elementos renovados.
Al trasladar el análisis a las circunstancias de las dos Alemanias, la teoría dictaba que su unión implicaría la desintegración de la RDA y la consecutiva descontaminación del comunismo de su sociedad. Además, tal como en el universo físico, la fase de engranaje de los dos países en una sola nación necesitaría de la acción de suficientes enlaces de coordinación que apoyaran la transición.
Es posible que la mayor preocupación de Angela, por esa época, ya al final del verano de 1990, no fuera ninguna otra que la de finiquitar su propia transición desde los restos del barco hundido del comunismo germano, donde había crecido y se había formado, hacia la resplandeciente cubierta de la Alemania Reunificada, donde ella a duras penas conocía a un par de capitanes.
Dos meses después, el 2 de diciembre, Helmut Kohl y Angela Merkel inauguraron su crónica de éxitos conjuntos, nada menos que en las primeras elecciones libres que Alemania celebraba desde 1932, sin influencia del nacionalsocialismo ni bajo los efectos de la división. En las mismas, ella ganó su primer escaño con la mayoría de votos de la región, 48,7 por ciento, y Helmut Kohl fue reelegido.
El triunfo trajo consigo la obligación de mudarse de ciudad por cuarta vez en su vida y su primera experiencia de trabajo en el occidente. Una vez instalada en Bonn, Angela se encontró con una manada furibunda de experimentados coyotes de la política dispuestos a cercar el paso de todo advenedizo que quisiera superarlos.

El choque cultural y de idiosincrasias enrareció el ambiente parlamentario todavía más cuando Helmut Kohl reveló, como una de sus primeras decisiones del cuarto mandato, que tres de los diputados orientales integrarían su gabinete en calidad de ministros. Entre los elegidos figuraba Angela Merkel, de 36 años de edad, en la posición de jefe de la cartera de Asuntos de la Mujer y de la Juventud. Esa noticia cayó a los 560 legisladores del occidente como una mezcla de vino con vinagre en el estómago, y el malestar degeneró en franca animadversión contra la ministra primeriza.
En 1992, a los 38 años de edad, Merkel ya sumaba a su haber dos posiciones estratégicas: ser ministra y ser vicepresidenta de la CDU. No obstante, de muy poco le habría valido cualquiera de ellas si en adelante no hubiese movilizado su poder de convencimiento y logrado que, no solo su partido sino la mayoría del Congreso, aprobara las subsiguientes iniciativas legislativas de su despacho, principalmente, a favor de la mujer; un temario impopular en el mundo político de la época dominado por hombres con marcada actitud de prepotencia respecto al entonces llamado sexo débil.
Ocurrió la debacle que arrastró hacia la mancilla a Helmut Kohl, a la frustración a Wolfgang Schäuble y remolcó a Angela Merkel hacia el dominio duradero del partido: el 4 de noviembre de 1999, un tribunal regional de la ciudad de Augsburgo dictó orden de captura contra el extesorero de la CDU, Walther Leister Kiep, acusado de no haber declarado al fisco un millón de marcos. Durante los interrogatorios judiciales, el extesorero no pudo ocultar, por más tiempo, haber manejado desde sus cuentas bancarias altas sumas de dinero procedentes de donaciones secretas a la CDU, que nunca fueron registradas en la contabilidad oficial del partido. La confesión agudizó el ambiente de las investigaciones y provocó que una acción judicial por un delito de defraudación fiscal se convirtiera en el mayor escándalo político después de la Reunificación. Presionado entre la tenaza de fiscales y periodistas, Helmut Kohl aceptó haber recibido millonarias donaciones secretas por más de una década. También que aquellos fondos habían sido destinados a la financiación de numerosas campañas regionales. La testificación, de por sí ya aciaga, se agravó por el hecho de que él se negó a revelar el nombre de sus mecenas. Con la actitud defensiva de haberse comprometido a sostener una carga hasta más allá del fin de sus días, como en efecto lo hizo, Kohl se presentaba en todas las instancias de lo público, así como en las reuniones ultra secretas del partido, haciendo caso omiso de los consejos lógicos, ortodoxos y profesionales sobre cómo aprovechar la oportunidad de revelar la verdad para frenar el deslustre de su lugar en la historia y menguar el daño a la colectividad.

La era Merkel en la dirigencia de la CDU había comenzado y Angie se convertiría, más adelante, en el sobrenombre mágico que, en forma de jingle publicitario o impreso en afiches de campaña encima de su foto, le ayudaría a incrementar su popularidad y a seducir a las masas, incluso más allá de los cinco años de intensa lucha y la carrera de obstáculos que, desde ese día, todavía tenía por delante antes de acceder al primer empleo de la nación.
¿Había nacido una estrella?, preguntaban tanto columnistas como conductores de talk shows. Al cabo de una sonrisa cándida y azucarada, Angie replicaba que no era una recién llegada y sustentaba lo dicho con frases cortas, precisas, de alto nivel lingüístico, elaboradas de tal forma que conseguían que el receptor siguiera pensando en su significado durante varios minutos e incluso horas después de ser emitidas.
El domingo de las elecciones sucedió lo que las firmas encuestadoras habían previsto: ninguno de los dos grandes partidos contrincantes obtuvo la mayoría absoluta, ni siquiera después de la sumatoria de sus votos con los alcanzados por sus socios naturales de coalición. Aquello significaba que el pueblo había privilegiado la conformación de un gobierno de gran coalición entre la unión de la CDU/CSU y la socialdemocracia (SPD), que sería liderado por los conservadores por efecto de la delantera de un punto porcentual sobre el resultado del partido de gobierno.

La mañana inaugural de su mandato, el 22 de noviembre de 2005, había supuesto varios hitos en la historia política alemana, que se consumaron con el aval formal en el cuerpo legislativo. Por lógica aritmética, y sellado ya el acuerdo de coalición de gobierno entre cristianodemócratas y socialdemócratas, resultaba evidente que Angela Merkel sería quien ocuparía la jefatura del Gobierno. Pero las normas de la democracia parlamentaria dictan que la refrendación del nombramiento depende de la votación interna en el Bundestag. Ese día, 397 de los 614 parlamentarios y parlamentarias votaron a su favor, configurando una mayoría del 64 por ciento. Ese hecho hizo que se cumpliera el primer hito: ninguno de los anteriores siete cancilleres había obtenido más alta votación que ella.
Desde el primer día de su mandato, Angela Merkel dispuso que su mano derecha, Beate Baumann, ocupara la oficina contigua a la suya, de modo que le resultara fácil atender sus llamados. No lo hacía así Schroeder con su asistente, por lo que pronto colegas, analistas y periodistas se percataron de que la cercanía de Baumann era imprescindible para Angela.
Cuando se alzó como jefa de Gobierno, Angela Merkel recibió de su antecesor una herencia bastante compleja de administrar. La economía alemana estaba estancada. La tasa de desempleo sobrepasaba los cinco millones, lo que representaba una cifra récord desde la Segunda Guerra Mundial. En el argot de los medios de comunicación el país era tildado “el hombre enfermo de Europa” o “el paciente alemán”. Debido a la coyuntura negativa, la nación atravesaba por una especie de desánimo colectivo.
Consecuente con su promesa electoral, la nueva canciller se propuso mejorar la economía alemana. Su plan, adaptado y rebustecido por la gran coalición, estaba compuesto, en pocas palabras, por la tríada de sanear, reformar e invertir. “Estoy convencida de que Alemania lo puede lograr”, sostuvo en su primera declaración de Gobierno, ocho días después de asumir el cargo.
Entre sus métodos para conseguirlo, y fiel a su rigor científico, Merkel precisaba recopilar datos e información, cotejar y realizar una aproximación analítica y cerebral de cada uno de los temas que marcaban el día a día de su agenda política y económica.
En la estrategia de promoción del Mundial (2006), algunos meses antes del evento, Angela Merkel se presentó como una gran aficionada del deporte más popular del planeta. La acción fue considerada por muchos analistas como una maniobra mediática y de acercamiento a los alemanes. Así, por ejemplo, divulgó a los medios algunas perlas biográficas para conseguir figurar en las páginas de deportes.
La física-gobernante no solo se adaptó a la soledad del poder, también se acostumbró a escuchar más elogios que críticas durante el primer periodo de mandato. El 31 de agosto de 2006, la revista Forbes la eligió la mujer más poderosa del planeta por irrumpir “en un mundo dominado por hombres y convertirse en la primera canciller de su país.
El 20 de mayo de 2008, tras una escala de un día de visita oficial en México, Angela Merkel regresó a su país, donde meses más tarde se confrontó con un escenario de crisis que le haría incorporar a sus conocimientos el arte de conjurar el pánico de sus gobernados.

Cuando Angela Merkel ingresa en un ámbito de interacción con otras personas, solo necesita de un par de segundos para captar el estado que domina la atmósfera creada por los asistentes. Su primera respuesta a los estímulos sensoriales que percibe es la de enviar señales claras de su adaptación al ambiente y nunca de confrontación directa o rebeldía manifiesta. Esa disposición le otorga un margen de tiempo que utiliza para formarse una idea más elaborada sobre el nivel de la argumentación de los participantes. Entonces contribuye en la discusión. Su estilo clásico, en esa fase, es el de actuar como moderadora de las posiciones que más adelante rebate o defiende con argumentos estructurados en datos y cifras seguras de la materia en cuestión.
Varios autores atribuyen el rasgo de la perspicacia en la personalidad de Merkel a la experiencia y los aprendizajes pretéritos hechos, por fuerza de las circunstancias, durante los 35 años de su vida bajo la dictadura comunista de la RDA.

El catálogo de tácticas electorales de Merkel en 2013, al filo de su segundo mandato, no era mayor que el capital de confianza y credibilidad que había acumulado en el cuatrienio que terminaba por haber logrado que su país no fuera afectado por las crisis del vecindario, así como haber conseguido que la tasa de desempleo se mantuviera en niveles muy bajos. Esas hazañas de su Gobierno habían calado muy hondo en la psicología de los alemanes, puesto que una cosa era haber transitado por la crisis y otra haberla dominado.
En ese clima de fama y aceptación de la dirigente entre el pueblo, a los estrategas de la CDU les resultó sumamente fácil concebir y plantear los mensajes de la propaganda publicitaria en la denominada fase caliente de la campaña electoral: “Merkel: canciller de Alemania”, “Alemania es fuerte y así debe permanecer”, “Finanzas sólidas, porque pensamos en el mañana”, y “Juntos y exitosos por Alemania”.

Conservar el poder había exigido el tributo de renunciar al dominio del partido, pero esa circunstancia, lejos de mortificarla, incrementó la facultad de Angela Merkel de centrarse en la dirección de la coalición de gobierno con menos presión que en los diez meses iniciales del cuarto mandato.
El cálculo de la magnitud física del momento era evidente. La llegada del 2019 auspiciaba la inauguración de nuevos ciclos para ella y para el país, por ser el año conmemorativo del transcurso de tres décadas desde la caída del Muro de Berlín, sobre cuyos escombros los ciudadanos del oriente y del occidente reanudaron su destino común.
El 16 de julio, la mayoría de representantes del Parlamento europeo eligió presidente de la Comisión Europea a la escudera de Merkel, Ursula von der Leyen, lo que demostró el éxito de un acuerdo estratégico entre la gobernante germana y el presidente francés, Emmanuel Macron, que semanas antes había postulado a Von der Leyen para apoyar el deseo de Angela Merkel, quien a su vez, había propuesto a la francesa Christine Lagarde como presidenta del Banco Central Europeo, cuya designación también se hizo efectiva.
La consolidación de tal doblete magnífico restituyó la energía perdida de Angela Merkel. Un par de días más tarde, victoriosa y vigorosa, compareció en la conferencia de prensa del verano, el 19 de julio, en la que garantizó a los seiscientos reporteros nacionales e internacionales que no padecía de una enfermedad grave y que su dolencia estaba en tratamiento. Por espacio de dos horas respondió cincuenta preguntas que involucraban temas de política interna; sobre el calentamiento global; la situación de degradación del respeto por parte de Donald Trump; los viejos y nuevos retos de la Unión Europea; la situación en China, Rusia, Irán, Siria, Kosovo, Turquía, y dos interrogantes más cuyas respuestas conectaron con su biografía.
Merkel dijo más relajada que no le interesaban las reproducciones explicativas y de homenaje, porque su atención estaba puesta en el cronometraje diario de su desempeño: “Me juzgan por mi rendimiento día tras día y en consecuencia, tengo mucho por hacer”.

Las fórmulas del éxito de Angela Merkel.
•Aplicación de la metodología científica para la comprensión y medición del alcance de los fenómenos y coyunturas políticas.
•Llaneza en la apariencia física
•El indicativo como máxima de lenguaje
•Control de las emociones
•Discreción y cautela como máximas de sobrevivencia
•Inexorabilidad
•Acatamiento inflexible de la Constitución
•Incorruptibilidad
•Gobernar significa servir
•Pragmatismo
•Perseverancia en la búsqueda de consensos
•El cultivo del sentido del humor

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Nobody is more relevant in the world today, in political terms, than Angela Merkel. No one better represents those values of temperance, good sense, responsibility and altruism than she. Without demagoguery, without stridency. Above all, in a delusional panorama like the one we are seeing almost everywhere

Angela Merkel is an wondrous and amazing woman. With this book about her life and focused on her political development, each of the surprising aspects can be appreciated and that lead one to consider the importance of education and science education in the resolution capacity of any person. trouble.
Serving the people without waiting for recognition or praise makes the great difference in an effective mandate and collective progress.
«One can be silent in different ways. There is silence due to exhaustion. There is silence, the product of unlimited trust. There is silence when we are immersed in active reasoning and of course, there is also silence that serves as an answer, I think who is silent He does it because he is busy with matters more important than small talk. »
I wanted to read more, know more, and in search of the authorized biography that is cited so much in this text.
I don’t know if mrs. Merkel will want to tell her story herself, surely not.
A review of contemporary history through one of the most outstanding leaders of our time.

Over the course of her political life, Angela has said that her mother accepted Horst’s outlandish determination out of love for him and her conception of marriage. She recites the phrase as children do when transmitting information sown by parents, in this case by the mother, who will have pronounced it for herself and for her daughter, as an immutable litany, from the moment she set foot in that withered town with a baby in arms.
In the Herlind village she did not find stores, much less warehouses or health centers where she could go to meet basic needs or find answers to the uncertainties of a new mother. Not much, but some of this could be found, with medium success, in Perleberg.
The sounds that accompany the growth of a child impact a good part of what her character will be, and there, in Quitzow, the tender Angela Kasner – her maiden name – shared existence for about three years with the integrated melodies of silence ; of nature, in its presentations of birds being born, flying, singing, dying; the creaking of rooted, green, mature, dry wood; the cracks of the wind in her chattering with the leaves, preparing the four variations of the weather.

There are several hypotheses about the leadership motivation that would have prompted Pastor Horst Kasner to undertake the anti-cyclical exodus from Federal to Communist Germany, precisely the year when the leadership of the Democratic Republic of Germany, GDR, made the first law official. that criminalized citizens who tried to leave the territory, in order to stop the massive flight of inhabitants to the west. In 1954 alone, 180,000 thousand people managed to sneak out of that region, already undergoing a long process of Sovietization.
Since the arrival of the Kasners in Quitzow and until August 1961, the year the Berlin Wall was built, 2,500,000 people escaped. Horst and family had been swimming against the current and that raised suspicions on both sides.
Was he a spy? An undercover agent, in the characteristics of a clergyman, seduced by the Cold War to serve capitalism in communism? …
Angela is in the habit of wearing flat rubber-soled lace-up ankle boots that hug her feet in a similar way to when she finally learned to balance.

The Kasners had as their first new neighbors 222 men and women with different degrees of alteration in their physical, intellectual and adaptive behavior development. There were those with epilepsy, Down syndrome, Asperger’s, Alzheimer’s, autism, selective mutism, among others, and most of them did not receive visits from their relatives, so from Sunday to Sunday, month after month, year after year, they remained in Waldhof, understanding it as his home.
You have to walk quietly and safely …
For a decade and a half, between the ages of four and nineteen, Angela shared her living environment with the interns. She learned to move between them naturally.
Those characteristics: those of living in a kind of enclave between priests and special people, the fact of not having shared with other children in the socialist children’s sandboxes, walking dressed in Western fashion and using words and linguistic turns typical of Hamburg, were the determining reasons why, from the days of presentation and preparation for admission to school, her contemporaries from Templars classified Angela as a rare child.
In 1961, that perception would sharpen to the point of envy and distrust, when the provincials of Templin were confronted with the news that they, like all the inhabitants of the GDR, had been taken prisoner in a gigantic cage.

There was no goal that Angela had clearer than to obtain a bachelor’s degree, and then, from the university, emulate the academic path of her parents, who had also taught her to be a practitioner of the evangelical religion. Only that unlike Herlind and Horst, who were raised in times and environments in which being a Christian was almost mandatory, the first-born accepted the rite of confirmation when the rejection of devotion reached one of the highest points in the GDR. .
Angela was twelve and a half years old when the turning point with respect to the atheistic German-Socialist society brought her to a crossroads, from which she emerged from it using her talent and adaptability.
In order to achieve the social approval and score necessary to achieve a good position in the school, from now on, the nascent young lady would follow a four-pronged tactic: keep her religious fervor in reserve; compensate for her scarce physical fluency by her excellence in her performance in the subjects of Mathematics, Science, German and Russian; increase the utility of it, standing out, above the average, in other variants of competitive disciplines; she enlisting from the age of fourteen in the movement of the Freie Deutsche Jugend (FDJ), or Free Youth of Germany.
Angela was one of those people who persisted in hiding forever. In group formations, she did not want to join the first row but the third or fourth, despite not being one of the highest. She sat lanky and never took the initiative. And the worst part was that she couldn’t or didn’t want to look into her eyes. Holding her gaze was impossible.

It was only a short time before the move to the city where Angela had been admitted as a Physics student was frustrated, on account of an untimely outbreak of insurrection carried out by her and her class against the school authorities in the last weeks of high school.
It was the first days of April 1973 and the twelfth year b was in charge of organizing the farewell cultural event to the campus, which would take place that same month, before the final exam period began. The group of students did not get on well with the tutor, a teacher named Charly Horn, who they reproached, among other shortcomings, for not having spent enough time preparing for the tests, so they decided to take revenge on him en masse refusing to structure the cultural project. The behavior of the schoolchildren reached the ears of the school’s rector, Bernd Birbaum, who threatened the boys with suspending them from the institution before graduation.
Angela, who turned out to be one of the leaders of the uprising, offered her house to her companions as a meeting place for deliberations on the situation. Upon learning of the reason for the continual coming and going of schoolboys at the Waldhof, her parents, alarmed, managed to make their daughter and classmates see reason about the dire consequences that leaving school would bring them expelled and without having presented the final exams .
Finally, on May 8, 1973, the students received a written communication in which they were reprimanded for their behavior and reproached for having tainted the name of the institution, betraying the principles of socialism, as well as the rules and community order. At the end of the letter a phrase was read that stated that the content of the reprimand would not be included in the bachelor’s degree minutes. Such a sentence indicated that the ten henchmen and twenty cronies had been saved.

As for Angela, the latent danger of a run-in with STASI did not occur during her university study period. In the first half of 1978, the completion of the degree went smoothly. As with her husband, her sustained effort over five years resulted in her being able to graduate from college with an excellent grade of 1 on her title defense dissertation. At twenty-four years of age, the future of a brilliant career as a scientist and loving wife seemed assured. But both circumstances would not receive the protection of fate from her.
Who would have imagined that it was two agents of the secret police, STASI, who pushed Angela Merkel to her destiny of becoming one of the most powerful women in the world.
Having just graduated from university in June 1978, she did not want to continue living in Leipzig and did not see the cracked Berlin as the seat of her professional life. Therefore, she agreed with her husband to look for work in the province. Both set their eyes on the small town of Ilmenau, in the state of Thuringia.
Erected on the contours of a lake in the Ilm Valley, surrounded by mountains and forest, Ilmenau brought together all the elements that the Merkel couple longed to find. Above all, its landscape was familiar to both Angela and Ulrich, because the water mirrors were their essence, just as in the towns from which they came. In that city, 180 kilometers southwest of Leipzig and 414 kilometers south of Templin, there was at that time one of the most important scientific institutions in the region: the Ilmenau University of Technology, where Angela applied for the position of scientific assistant in the Department of Physics.
Angela inaugurated her life as a woman separated from her by asking her professor and head of her at the Academy of Sciences, Hans-Jörg Osten, to let her stay a few days at her house while she got a new home.

Contrary to what the Government wanted with that concert (The Fall of the Berlin Wall), which was to control the desire of the boys to leave the GDR to participate in events of that level, Springsteen’s performance intensified the sense of belonging to a larger cultural community. It also happened that people had become aware of Gorbachev’s policy of restructuring (Perestroika) and transparency (Glasnost) in the Soviet Union, and gradually they lost their fear of demonstrating. An aesthetic like Springsteen’s certainly added vigor to them.
Confident par excellence of freedom, music worked hand in hand, but there were still sixteen months of effort left.
The topic of conversation among his colleagues revolved around Chancellor Helmut Kohl’s plan to take advantage of the euphoria over the fall of the Wall to establish, without delay, the German political union.
Based on that scoop, Angela herself produced a scientific analysis whose result prompted her, before the end of that historic year, to risk everything for everything in politics.
Two weeks after the fall of the Wall, the precision and objectivity implicit in the scientific methodology allowed the young researcher to foresee that her country would experience a phase of transformation, comparable to a physicochemical phenomenon known as ion exchanges. This occurs in nature in processes of purification, separation or dissolution of substances and transmission of energy-charged atoms to generate renewed elements.
By transferring the analysis to the circumstances of the two Germanies, the theory dictated that their union would imply the disintegration of the GDR and the subsequent decontamination of communism from their society. Furthermore, as in the physical universe, the gearing phase of the two countries into a single nation would require the action of sufficient coordinating links to support the transition.
It is possible that Angela’s greatest concern at that time, already in the late summer of 1990, was none other than to finalize her own transition from the wreckage of the sunken ship of Germanic communism, where she had grown up and formed, toward the glittering deck of Reunified Germany, where she hardly knew a couple of captains.
Two months later, on December 2, Helmut Kohl and Angela Merkel inaugurated their chronicle of joint successes, no less than in the first free elections that Germany had held since 1932, without the influence of National Socialism or under the effects of division. In them, she won her first seat with the majority of votes in the region, 48.7 percent, and Helmut Kohl was reelected.
The triumph brought with it the obligation to move to another city for the fourth time in her life and her first work experience in the West. Once settled in Bonn, she Angela encountered a furious pack of seasoned political coyotes ready to block the path of any upstart who wanted to overcome them.

The clash of culture and idiosyncrasies strained the parliamentary atmosphere even more when Helmut Kohl revealed, as one of his first decisions of the fourth term, that three of the Eastern deputies would join his cabinet as ministers. Among those chosen was Angela Merkel, 36, in the position of head of the portfolio for Women and Youth Affairs. That news fell to the 560 legislators in the West like a mixture of wine and vinegar in the stomach, and the malaise degenerated into frank animosity against the first-time minister.
In 1992, at 38 years of age, Merkel already added two strategic positions to her hold: being a minister and being vice president of the CDU. However, any of them would have been of little use to him if he had not mobilized his power of conviction from now on and succeeded in getting not only his party but the majority of Congress to approve the subsequent legislative initiatives of his office, mainly in favor of the woman; an unpopular agenda in the political world of the time dominated by men with a marked attitude of arrogance with respect to the then called weaker sex.
The debacle ensued that dragged Helmut Kohl into defilement, Wolfgang Schäuble frustration, and dragged Angela Merkel into lasting party dominance: on November 4, 1999, a regional court in the city of Augsburg issued an arrest warrant against the former treasurer of the CDU, Walther Leister Kiep, accused of not having declared a million marks to the treasury. During the judicial interrogations, the former treasurer could no longer hide from his bank accounts having handled large sums of money from secret donations to the CDU, which were never recorded in the official accounting of the party. The confession sharpened the atmosphere of the investigations and caused a legal action for a crime of tax fraud to become the biggest political scandal after Reunification. Pressed between the pincers of prosecutors and journalists, Helmut Kohl accepted to have received millionaire secret donations for more than a decade. He also said that those funds had been used to finance numerous regional campaigns. The already grim testimony was compounded by the fact that he refused to reveal the name of his patron. With the defensive attitude of having pledged to carry a burden until beyond the end of his days, as in effect he did, Kohl appeared in all instances of the public, as well as in the ultra-secret meetings of the party, ignoring of logical, orthodox, and professional advice on how to seize the opportunity to reveal the truth to curb the tarnishing of your place in history and lessen the damage to the community.

The Merkel era in the leadership of the CDU had begun and Angie would later become the magic nickname that, in the form of an advertising jingle or printed on campaign posters above her photo, would help her increase her popularity and seduce her. the masses, even beyond the five years of intense struggle and the obstacle course that, from that day, still lay ahead of him before accessing the nation’s first job.
Was a star born? Asked both columnists and talk show hosts. After a candid and sugary smile, Angie replied that she was not a newcomer and supported what she said with short, precise, high-level sentences, elaborated in such a way that they managed to keep the recipient thinking about their meaning for several minutes and even hours after being issued.
On the Sunday of the elections, what the polling firms had predicted happened: neither of the two major competing parties obtained an absolute majority, not even after adding their votes with those of their natural coalition partners. This meant that the people had privileged the formation of a grand coalition government between the union of the CDU / CSU and the Social Democracy (SPD), which would be led by the conservatives as a result of the lead of one percentage point over the result of the party. of government.

The opening morning of his mandate, November 22, 2005, had marked several milestones in German political history, which were consummated with the formal endorsement in the legislative body. By arithmetic logic, and the government coalition agreement between Christian Democrats and Social Democrats had already been sealed, it was clear that Angela Merkel would be the head of the Government. But the norms of parliamentary democracy dictate that the endorsement of the appointment depends on the internal vote in the Bundestag. That day, 397 of the 614 parliamentarians voted in favor of it, constituting a majority of 64 percent. That fact made her first milestone come true: none of the previous seven foreign ministers had obtained a higher vote than her.
From the first day of her tenure, Angela Merkel arranged for her right hand, Beate Baumann, to occupy the office next to hers, so that it would be easy for him to take her calls. Schroeder did not do so with her assistant, so colleagues, analysts and journalists soon realized that the closeness of Baumann was essential for Angela.
When she rose as head of government, Angela Merkel received from her predecessor a rather complex inheritance to manage. The German economy was stagnant. The unemployment rate was over five million, a record since World War II. In the slang of the mass media the country was branded «the sick man of Europe» or «the German patient». Due to the negative situation, the nation was going through a kind of collective discouragement.
Consistent with her electoral promise, the new chancellor set out to improve the German economy. Her plan, adapted and refined by the grand coalition, was composed, in short, by the triad of cleaning up, reforming and investing. «I am convinced that Germany can achieve it,» she said in her first government statement, eight days after taking office.
Among her methods to achieve this, and faithful to her scientific rigor, Merkel needed to collect data and information, collate and carry out an analytical and cerebral approach to each of the issues that marked the day-to-day political and economic agenda. her.
In the promotion strategy for the World Cup (2006), a few months before the event, Angela Merkel presented herself as a great fan of the most popular sport on the planet. The action was considered by many analysts as a media maneuver and rapprochement with the Germans. Thus, for example, she disclosed to the media some biographical pearls to get featured on the sports pages.
The physicist-ruler not only adapted to the loneliness of power, she also got used to hearing more praise than criticism during her first term in office. On August 31, 2006, Forbes magazine named her the most powerful woman on the planet for breaking into “a world dominated by men and becoming the first chancellor of her country.
On May 20, 2008, after a one-day stopover for an official visit to Mexico, Angela Merkel returned to her country, where months later she was confronted with a crisis scenario that would make her incorporate the art of warding off panic into her knowledge. of its governed.

When Angela Merkel enters a realm of interaction with other people, she only needs a couple of seconds to capture the state that dominates the atmosphere created by the attendees. Her first response to the sensory stimuli that she perceives is to send clear signals of her adaptation to the environment and never of direct confrontation or manifest rebellion. This provision gives her a margin of time that she uses to form a more elaborate idea about the level of argumentation of the participants. She then she contributes to the discussion. Her classic style, in this phase, is to act as a moderator of the positions that she later refutes or defends with structured arguments based on certain facts and figures on the matter in question.
Several authors attribute the trait of insight in Merkel’s personality to past experience and learnings made, by force of circumstances, during the 35 years of her life under the communist dictatorship of the GDR.

Merkel’s catalog of electoral tactics in 2013, at the edge of her second term, was no greater than the capital of trust and credibility she had accumulated in the four-year period that ended by having managed to keep her country from being affected by the neighborhood crises, as well as having managed to keep the unemployment rate at very low levels. Those exploits of her government had penetrated very deeply into the psychology of the Germans, since it was one thing to have gone through the crisis and another to have mastered it.
In this climate of fame and acceptance of the leader among the people, the CDU strategists found it extremely easy to conceive and present the advertising propaganda messages in the so-called hot phase of the electoral campaign: «Merkel: Chancellor of Germany» , “Germany is strong and it should stay that way”, “Strong finances, because we think about tomorrow”, and “Together and successful for Germany”.

Retaining power had demanded the tribute of renouncing the party’s dominance, but that circumstance, far from mortifying her, increased Angela Merkel’s ability to focus on the leadership of the governing coalition with less pressure than in the initial ten months of the fourth term. .
The calculation of the physical magnitude of the moment was obvious. The arrival of 2019 sponsored the inauguration of new cycles for her and for the country, as it is the commemorative year of the three decades since the fall of the Berlin Wall, on whose rubble the citizens of the East and the West resumed their common destiny.
On July 16, the majority of representatives of the European Parliament elected Merkel’s squire, Ursula von der Leyen, president of the European Commission, which demonstrated the success of a strategic agreement between the German ruler and the French president, Emmanuel Macron, that weeks before he had nominated Von der Leyen to support the desire of Angela Merkel, who in turn, had proposed the French Christine Lagarde as president of the European Central Bank, whose appointment also became effective.
The consolidation of such a magnificent double restored Angela Merkel’s lost energy. A couple of days later, victorious and vigorous, she appeared at the summer press conference, on July 19, in which she assured the six hundred national and international reporters that she did not suffer from a serious illness and that her ailment was under treatment. For two hours, she answered fifty questions that involved internal politics; on global warming; the situation of degradation of respect by Donald Trump; the old and new challenges of the European Union; the situation in China, Russia, Iran, Syria, Kosovo, Turkey, and two more questions whose answers connected with her biography.
Merkel said more relaxed that she was not interested in the explanatory and tribute reproductions, because her attention was focused on the daily timing of her performance: “They judge me by my performance day after day and consequently, I have a lot to do”.

Angela Merkel’s formulas for success.
• Application of scientific methodology to understand and measure the scope of phenomena and political situations.
• Plainness in physical appearance
• The indicative as a maxim of language
• Control of emotions
• Discretion and caution as maxims of survival
• Inexorability
• Uncompromising compliance with the Constitution
• Incorruptibility
• To govern means to serve
• Pragmatism
• Perseverance in the search for consensus
• Cultivating a sense of humor

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