Las Cartas Secretas De Benedicto XVI: El Libro Que Destapó El Escándalo Vaticano — Gianluigi Nuzzi / Sua Santità. Le Carte Segrete di Benedetto XVI by Gianluigi Nuzzi

Benedicto XVI deja el palacio apostólico en un coche desprovisto de insignias, con los vidrios tintados, sin escolta y sin avisar al servicio de seguridad interna. Son los primeros días de enero de 2012, una tarde diferente de las demás. El papa no se percata, pero lo siguen. A lo largo del trayecto que lleva de la plaza de San Pedro a Via Aurelia antica, a pocos pasos de Villa Doria Pamphilj, manteniéndose a un centenar de metros de distancia, un hombre, que trabaja en el Vaticano y es uno de los más fiables colaboradores de cardenales importantes, no pierde de vista el coche. Ambos, si bien muy distintos por rol, carácter y cultura, se encuentran frente a elecciones que podrán marcar el futuro de la Iglesia.
Joseph Ratzinger está dolido por las rupturas que se están produciendo en la curia romana, en la comunidad de purpurados que sale cada vez más lacerada de los últimos consistorios. Es consciente de que cuestionar, aunque sea solo como hipótesis, la frágil alianza con el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, sería un camino sin retorno.
Nuestro hombre, en cambio, está afligido por una elección de impacto más inmediato. Debe decidir si llevar a término, o no, la misión de dar a conocer la verdad que con la muerte de Karol Wojtyla ha resuelto iniciar, haciendo propia la enseñanza de su sucesor, Benedicto XVI: «En un mundo en que la mentira es poderosa, la verdad se paga con el sufrimiento». Es decir, dejar que todos conozcan la verdad de los sagrados palacios, a fin de que los mercaderes sean expulsados del templo.
Benedicto XVI no debe ser visto como un teólogo dogmático alejado de los asuntos de la curia romana y más en general de la Iglesia. No es cierta la imagen de un pontífice dedicado solo al estudio de los textos sagrados y de las materias doctrinales. Cierto, Joseph Ratzinger es un estudioso culto y refinadísimo, pero es también un pastor que sigue en sus detalles, con atención, las situaciones críticas de la vida cotidiana, tratando de imponer un cambio a veces obstaculizado: las espinosas cuestiones temporales, los escándalos que deben ser gestionados y silenciados, las persecuciones que aún hoy se perpetran contra los cristianos en distintas partes del mundo. Es un pontífice atento y dinámico, con un deseo de luz y verdad, pero inevitablemente, en opinión de quien escribe, víctima de los compromisos y de una «razón de Estado» que hipoteca cualquier cambio. Ratzinger pide una continua actualización sobre los acontecimientos que más atormentan a la Iglesia. Incide con medidas incluso radicales, pero buscando un punto de mediación con las diversas almas que componen la Iglesia romana.

Conmovedor como ángeles y demonios e igual de perturbador. Nunca tuve dudas sobre la antigua manus del Vaticano y su predisposición a la injerencia total en todos y cada uno de los asuntos de la vida privada y pública de ciudadanos y estados, pasando por organismos, bancos, instituciones, etc.
Como Cavouriano convencida (Iglesia libre en un Estado libre), encuentro vergonzoso, incluso censurable y condenable, cualquier forma de injerencia en un sentido u otro. Incluso si me doy cuenta de que la Iglesia no puede ir en contra de las leyes que se ha dado a sí misma, siempre debe hacerse la distinción entre el dictado cristiano y la voluntad humana.
Oh, bueno, me temo que el Evangelio no puede hacer nada contra la lujuria por el poder y el control, y no olvidemos el vil dinero.
Nuzzi tiene muchas cartas en llamas en sus manos, por el solo hecho de que salieron del Vaticano, incluso si cada verdad pudiera cubrir otra como un juego de cajas chinas (o más trivialmente un episodio de CSI, dadas las herramientas disponibles para Los espías del Vaticano se instalaron gracias a los expertos israelíes, cuando decimos oportunismo).
A veces uno tiene la impresión de que se desperdicia tanta conspiración, y algunas cosas son el resultado de la estupidez o la ingenuidad humana (ser Cardenal o Ministro no garantiza un mínimo de inteligencia o moralidad, mucho menos ser Presidente o Papa).
Pero lo que siempre nos asusta es la presencia del dinero, la obsesión por la riqueza, el único objetivo del atesoramiento.
Si el libro es el resultado de una hábil maniobra para sacar a relucir ciertos hechos, o para provocar explosiones cronometradas, o un mero peón en los juegos cardinales para la próxima elección como Papa (en todo esto Bertone es omnipresente y, en definitiva, nos hace la figura del maneggione), sin embargo es interesante ver los mecanismos de gestión del trono papal, donde el Papa recibe poca y selecta información, ya filtrada.
Gianluigi Nuzzi, con frialdad y precisión, nos ofrece una mirada al Vaticano en el momento de menor equilibrio de los últimos 50 años. Al leer este libro, no se puede dejar de pensar en la metáfora que Benedicto XVI ha utilizado a menudo para indicar la Iglesia: la barca de Pedro. Es evidente, pasando de un capítulo a otro, cómo no sólo este «barco» fue presa de las olas, sino también cómo su «timonel» (siempre en la metáfora, el Papa) se encontró desprevenido para una «tormenta» desproporcionada, compuesta por guerras dentro de la Curia, insuficiencia en la gestión de las crisis económicas, escándalos, incapacidad para adaptarse al panorama diplomático tras la crisis de 2009 … Una situación extrema que ha subrayado sin piedad los silencios y la inacción de quienes deberían haber uno mismo en lugar de dejarse llevar a la deriva.

En el Vaticano no hay cárceles. En los casos de detención, la gendarmería se encarga de prender al sujeto, identificarlo, cumplir con las primeras comprobaciones, para luego entregarlo a las fuerzas del orden italianas, como prevén los acuerdos internacionales. La idea de reestructurar celdas en desuso responde, por tanto, a una lógica precisa: para delitos financieros odiosos, como el blanqueo, parece que en el Vaticano se prefiere crear las condiciones para retener al hipotético arrestado, antes que entregarlo a la justicia italiana. No vaya a ser —podría sospechar algún malicioso— que un acusado de blanquear dinero en el impenetrable IOR deba enfrentarse con las mil preguntas de los magistrados italianos, siempre demasiado curiosos.

…La única excepción la constituye el postre: el preferido es apodado jocosamente por el pontífice vírgenes borrachas, se parece a una suave magdalena, aliñada con algunas gotas de licor. Una auténtica infracción a las reglas: el papa es casi abstemio, en la mesa nunca bebe vino.

Boffo prepara, pues, el terreno. Vista la delicada situación, y dado que no tiene una relación tan personal con Gänswein como para implicarlo directamente en el asunto, se confía a un intermediario autorizado que aborda en aquellos días al secretario de Benedicto XVI para expresarle la voluntad del exdirector de Avvenire de dar a conocer los delicados elementos que han salido a la luz. El padre Georg se muestra disponible. Boffo elabora con cuidado la misiva.
Luego, el 6 de enero de 2010, poco antes de la cena, en un horario en que el secretario del papa se encuentra probablemente solo en el despacho, desde su casa de campo en Onè di Fonte, cerca de Treviso, el exdirector de Avvenire introduce cinco folios en el fax. La carta está dirigida directamente al padre Georg. En el encabezamiento la palabra reservadísima anuncia el tenor del escrito. Un j’accuse de combustión rápida que merece la lectura integral y que podemos dividir en tres partes. En la primera, Boffo indica quiénes serían los responsables. En la segunda, los motivos que habrían provocado la campaña contra él.
Boffo acusa nada menos que al director de L’Osservatore Romano. Habría sido Vian quien habría entregado «materialmente» el anónimo, del que salta la campaña de Il Giornale, haciéndose garante de que la historia penal surgía de la segura homosexualidad del director de Avvenire. Vian, en cambio, calla, nunca toma posición, pero sabe que la secretaría de Estado no cree en estas acusaciones. Y sobre todo que siempre será defendido en el palacio apostólico.
Es una acusación grave que Boffo hace oficial al Santo Padre, señalando al director del periódico de la Santa Sede, un profesional elegido por el pontífice en octubre de 2007. Había sido precisamente Benedicto XVI quien había querido al profesor Vian como director de L’Osservatore Romano.
En la curia son momentos de gran tensión. Solo algunos días después Benedicto XVI descubrirá —según varias fuentes— que no todos los artículos sobre el caso Boffo son incluidos en su personal reseña de prensa preparada por la secretaría de Estado. El papa decide abrir una encuesta interna sobre lo ocurrido confiada precisamente a su fidelísimo secretario Gänswein.
Mientras tanto Boffo continúa las investigaciones. Boffo es valorado, recuperado, reintegrado y contratado. Vian, el presunto «mensajero de los venenos», permanece en su puesto, en la estratégica dirección del periódico de la Santa Sede, como también el cardenal Bertone, número dos del Vaticano.

A Benedicto XVI le evidencia también cómo esta «obra de saneamiento está aún en sus inicios, a menudo abiertamente entorpecida, a veces claramente boicoteada» por quien debía garantizar, evidentemente, privilegios e intereses. Si se interrumpiera la reforma «significaría, por tanto, comprometerlo todo y, en especial, exponer a venganzas y revanchas humillantes a los más fieles que me han seguido en esta obra de renovación».
Los resultados alcanzados en los últimos años son clamorosos: se han reducido —es una carta fuerte de Viganò— casi a la mitad los costes de los trabajos en curso, recortando voz por voz e incidiendo sobre cada gasto. Un ejemplo entre tantos: el belén de la plaza de San Pedro, que en 2009 había costado nada menos que 550.000 euros, en 2010 costará 300.000. También las licitaciones ahora son «efectuadas regularmente». Respecto a los suministradores, se han suscrito «acuerdos marco con importantes firmas como la Siemens, con descuentos incluso de más del 50 por ciento». Reforzadas también las medidas de «seguridad del Estado y de las villas pontificias [objeto de extraños robos», puestos bajo control con el inventario de los almacenes y la instalación de cámaras conectadas con la central operativa de la gendarmería.
En resumen, para quienes aman al pontífice —es la incauta conclusión del arzobispo— la destitución sería una derrota difícil de aceptar, hasta el punto de que «resquebrajaría la confianza en la misma persona del Santo Padre». El tono no es, sin duda, amenazante, pero es equivocado. Viganò pone a Benedicto XVI ante una elección: dejar al monseñor en la Gobernación, desautorizando a Bertone, o bien secundar el plan del secretario de Estado, rompiendo incluso la relación de confianza con quienes trabajan en la curia.
Guste o no, está claro que en el Vaticano nadie puede ser tan apremiante con el pontífice. El papa ejercita un poder político y espiritual absoluto. Viganò ha decidido hacer público un malestar profundo, iniciando una clamorosa batalla en los sagrados palacios, que podría perder. Los riesgos son altísimos: sea por el lenguaje utilizado en la carta, sea porque estas denuncias violan la consigna de silencio y la disposición al compromiso, típicas del pequeño Estado, y ya consolidadas a lo largo de los siglos.
El verdadero detonante de todo este asunto sería Marco Simeon, señalado en esta misiva como el sujeto que habría llevado las notas a Il Giornale, pero que, más que nada, desde el lejano 2002, es un superprotegido de Bertone. Su pupilo. Treinta y tres años, hijo de un empleado de gasolinera de Sanremo, Simeon se mueve con familiaridad en el Vaticano. Licenciado en Derecho, empieza su fulgurante carrera precisamente en la ciudad ligur, donde encuentra a uno de sus primeros aliados, el obispo Giacomo Barabino. El joven se distingue en la recaudación de dinero para las iniciativas de la parroquia, de la diócesis y de la Iglesia. Simeon da prueba de dotes poco comunes, promueve iniciativas públicas incluso impactantes, como cuando llevó, con poco más de veinte años, a Giulio Andreotti a su ciudad.
Noviembre de 2011. Apenas instalado en Washington en el elegante palacio de dos plantas en el 3339 de Massachusetts Avenue que aloja a la nunciatura, en el barrio diplomático de la capital, el nuevo embajador, monseñor Carlo Maria Viganò, encuentra sobre el escritorio los problemas que había dejado en el Vaticano: hacer cuadrar las cuentas, imponer rigor.
Viganò ha visto de todo en una carrera diplomática de prestigio, pero nunca le había ocurrido toparse con un tornado como el que se ha abatido sobre las cuentas de la Iglesia en Estados Unidos: las graves consecuencias económicas de los procesos a los sacerdotes pedófilos. Una historia que continúa desde hace diez años cuando, después de los primeros síntomas en 2001, en 2002 estalló el caso en la diócesis de Boston obligada a indemnizar con 6,2 millones de dólares a las víctimas de los curas pedófilos, convenciéndolas así de evitar los tribunales. En 2007 las diócesis en Estados Unidos ya habían desembolsado 900 millones de dólares entre acuerdos y pactos. Y era solo el comienzo. En los últimos años la suma ha aumentado desmesuradamente. Estamos en «4500 casos de pedofilia en la Iglesia de Estados Unidos —escribe el vaticanista de La Stampa Giacomo Galeazzi—, con 2600 millones de dólares de indemnizaciones pagadas hasta hoy».
El primer caso al que se enfrenta Viganò es el señalado por monseñor William Francis Malooly, obispo de Wilmington, la diócesis que se extiende sobre todo Delaware y la costa oriental de Maryland, con 230.000 fieles. El escándalo de los abusos sexuales a menores por parte de los sacerdotes de su diócesis había determinado la decisión de presentar en 2009 una declaración de quiebra para sanear los numerosos contenciosos pendientes. Ahora, en el horizonte, después de años de batallas legales, existe la perspectiva de pactar una megaindemnización de 77 millones de dólares, como explicará en febrero de 2012 un portavoz del obispo al Washington Post. Por eso Malooly, meses antes, había intentado cubrirse las espaldas. El 7 de octubre de 2011 había enviado un informe reservado a la nunciatura para obtener un préstamo de diez millones de dólares. Dinero necesario como el oxígeno para cuadrar los balances y cumplir con las indemnizaciones indicadas en el pacto. El nuevo nuncio analiza las cuentas y se percata de que faltan los fondos. El fenómeno de las indemnizaciones amenaza con poner de rodillas a la Iglesia católica en Estados Unidos. Así, el 23 de noviembre Viganò endosa el problema directamente a la Santa Sede.

Estados Unidos, en el juego financiero de la Sagrada Iglesia Romana, representa un país estratégico, mientras que Italia y Alemania son el pulmón financiero del catolicismo en el mundo. Ciertamente, el asunto de la pedofilia ha incidido en las finanzas, con las indemnizaciones a las víctimas, pero también está generando un daño indirecto. El escándalo compromete la imagen de la Iglesia, repercutiendo, en consecuencia, sobre las ofrendas. Tomemos solo el óbolo de San Pedro, es decir, el conjunto de las ofrendas dirigidas al papa por los fieles de iglesias particulares, institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica, fundaciones y personas: en 2010 alcanzaba «apenas» 67 millones de dólares, con una reducción del 20 por ciento respecto de los 82,5 millones de 2009, alejándose así aún más del récord de los cien, alcanzado en 2006. Una reducción significativa que encuentra interpretaciones diversas.
Sin lugar a dudas, la evolución de las finanzas es una de las mayores preocupaciones en el Vaticano. La alegre máquina de las ofrendas ya no tritura las entradas de otro tiempo, cuando durante todo el año se podía apostar por la generosidad de los fieles. Y sin dinero no se puede más que renunciar a la propia influencia. Hoy se olvidan de esta obsesión solo en la vigilia de las festividades consagradas cuando, como en un belén viviente, llegan a la plaza de San Pedro óbolos en dinero, sumas en metálico y generosos cheques de todo el mundo.
En Navidad y en Pascua hay una procesión. Frailes franciscanos con carpetas y sobres llenos de billetes, ejecutivos que traen candelabros de plata o considerables cheques, lobbistas, empresarios, acomodados aristócratas y periodistas. En torno al papa se anima la heterogénea humanidad de las ofrendas que ve precisamente en el pontífice la referencia principal, la figura catalizadora. Por lo demás, como enuncia la Ley fundamental introducida por Wojtyla, «el sumo pontífice, soberano del Estado Ciudad del Vaticano, tiene la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial». Es él quien decide.
Al Vaticano no llega solo dinero, sino regalos de todo tipo, incluso alimentos, jamones, salamis y hasta el apreciado jamón ibérico español. Es precisamente el hombre para todo, Giani, quien envía la gran caja con el jamón en forma de violín y otros manjares a los apartamentos privados cuando en diciembre de 2010 recibe el paquete directamente del productor. Se trata del padre de Marisa Rodríguez, la corresponsal de Televisión Española, quien quiere homenajear al pontífice. Añadiendo, obviamente, una carta: «El sobre para el Santo Padre —escribe Giani en una nota de acompañamiento— está en el interior de la caja».
El papa sigue una contratendencia: si las empresas de todo el mundo están en crisis, la cuenta económica de su fundación está en activo. Para 2012 se prevén unos beneficios de 1.033.000 euros, gracias también a los ingresos netos de la gestión financiera confiada a expertos como Cipriani y al millón y medio de euros de cobro por los libros. De todos modos, los gastos son significativos y, quizá, incluso elevados. Los costes operativos alcanzan los 170.000 euros, más 100.000 euros para un congreso que cada año se celebra en Bydgoszcz (Polonia) y 270.000 euros para la edición de 2011 del anual Premio Ratzinger para obras de estudio y divulgación de la fe, organizado por la fundación. El año anterior los costes operativos habían llegado a los 152.000 euros, el congreso había costado 90.000 euros, mientras que casi 240.000 se habían gastado para el premio. «De esta lista —explica Gian Gaetano Bellavia, economista y asesor de varias fiscalías— se desprende que no es una fundación pobre, sino una estructura que genera beneficios que reinvierte en su liquidez. Hay una importante disponibilidad financiera por la entidad de los beneficios indicados. En efecto, a 31 de diciembre de 2010 los 240.000 de entradas netas obtenidas pueden hacer suponer disponibilidades financieras por muchos millones de euros. Es curioso que al año siguiente, aun no teniendo obligaciones de ningún tipo, en el Vaticano hayan decidido cerrar el balance ya no el 31 de diciembre, sino el 30 de noviembre. En cambio, se han reducido a la mitad las rentas financieras y, por tanto, no han sido muy afortunados, como gran parte de nosotros, los corrientes mortales. La multiplicación de los ingresos ha generado beneficios muy relevantes que se esperan también para 2012, en contratendencia respecto de la situación económica mundial.

En 2006 los radicales Marco Pannella y Emma Bonino denuncian ante la Comunidad Europea el privilegio que Italia habría acordado con la Iglesia, eximiéndola del pago del ICI (el impuesto inmobiliario) de los edificios no utilizados con fines religiosos. En el punto de mira acaban aquellos bienes «comerciales», hospitales, escuelas y colegios cuya exención de los impuestos no se sancionó con los Pactos de Letrán. Siguiendo la lentitud de la justicia y de la burocracia, solo en 2010 el antitrust europeo abre un procedimiento de infracción contra Italia, acusada de «ayudas de Estado» a la Iglesia católica no previstas ni aceptables.
La posición comunitaria es una bomba de relojería para el Estado italiano. Si desde Bruselas llegara la condena por violación de la competencia y ayuda ilegítima del Estado, el privilegio del pasado deberá ser saneado. Italia tendrá que pedir a la Iglesia que pague el dinero que hasta ahora no ha desembolsado.
En las geometrías del poder, el creciente sentimiento de incomodidad en relación con Berlusconi marca como contrapeso una mayor sintonía entre Joseph Ratzinger y el presidente de la República, Giorgio Napolitano. Más allá de quién gobierna, siempre es fuerte la atención y la influencia de la Iglesia sobre la actividad legislativa del Parlamento, sobre todo en temas sensibles: concierto escolar, eutanasia, familia, parejas de hecho, aborto y, como ya hemos visto, también los impuestos y el ICI. Es menos conocida la consideración de que disfruta Napolitano en el Vaticano. Es una figura de por sí no determinante en las elecciones de quien gobierna, pero en los últimos años ha consolidado un papel institucional de absoluta centralidad, convirtiéndose en árbitro y escuchado consejero.
Desde su elección, en 2006, el presidente ha sido reconocido cada vez más como un interlocutor relevante en el tablero italiano, capaz de asumir un papel significativo en momentos cruciales, como puntualmente ocurrirá en el otoño de 2011.

Opus Dei, Comunión y Liberación [CL], Focolares, Legionarios de Cristo y las tantas almas de la Iglesia se vuelven cada vez más estratégicas para incorporar fieles. Pero con el papado de Ratzinger el cuadro cambia: mientras la Obra consolida su área de influencia pudiendo contar con laicos amigos también en la cúpula de entes vaticanos, como Gotti Tedeschi, presidente del IOR, otras organizaciones, golpeadas por los escándalos, corren el riesgo de ver perjudicado su futuro. Los Legionarios de Cristo acaban comisariados después de las acusaciones de pedofilia y el alejamiento de su fundador, Marcial Maciel. Comunión y Liberación ve a varios representantes implicados en las encuestas por corrupción y desviaciones de fondos en Italia, empezando por la de la quiebra del hospital San Rafael con la red de cuentas corrientes extranjeras del intermediario Pierangelo Daccò, amigo del presidente de la región de Lombardía, el ciellino.
Benedicto XVI trata de intervenir en Alemania, donde la situación parece más delicada. La comunidad de los obispos y cardenales se divide sobre la cuestión y, sobre todo, se roza el incidente diplomático con el gobierno alemán. El 17 de febrero sale de los apartamentos privados de Ratzinger una nota reservada, con algún pequeño error de italiano, dirigida al sustituto de Bertone, monseñor Filoni. Y es quizá la primera vez que se tiene la ocasión de leer directamente las observaciones y disposiciones internas que un pontífice dirige a sus más estrechos colaboradores en un momento tan difícil. Ratzinger está tan contrariado con algunos cardenales alemanes como con la diplomacia de la Santa Sede en Berlín. La cuestión de Williamson parece haberse encallado, asumiendo un imprevisible alcance internacional.
La amargura con relación a Merkel no llegará a constituir un grave incidente diplomático. La voluntad prioritaria es cerrar rápidamente el incidente para continuar en el recorrido de reagrupación y de superación del cisma. Por lo demás, al día siguiente el portavoz del gobierno alemán Ulrich Wilhelm sostiene que la canciller había intervenido sobre una «cuestión política de principio». En resumen, ninguna intromisión.
En realidad, ya no es solo un problema diplomático con otros Estados. Cuanto ha ocurrido evidencia aún límites significativos en la gestión de las crisis. Y aumenta el malestar. Tanto que en Roma algunos cardenales empiezan a criticar abiertamente su actuación: Walter Kasper, presidente de la Pontificia Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, en una entrevista a Radio Vaticana señala con el índice y habla expresamente de «errores de gestión de la curia». En resumen, «sin duda» nadie «puede estar contento de que haya habido tantos equívocos». Las críticas parecen dirigidas al presidente de la comisión Ecclesia Dei, Darío Castrillón Hoyos, mediador con los ultratradicionalistas, y a Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos. Dos purpurados que, no obstante, han actuado en nombre del Santo Padre. Por tanto, indirectamente, la crítica está dirigida también a Benedicto XVI.
Pero los desprendimientos continúan también extramuros. Conciernen incluso a la Iglesia alemana. Benedicto XVI está cada vez más amargado.
La atención de Benedicto XVI a las reacciones de la comunidad católica alemana al asunto de Williamson sintetiza perfectamente la sensibilidad de la Santa Sede por cuanto ocurre en Alemania. Sea entre los purpurados connacionales, sea en la política. Sea, incluso, en las relaciones con la Iglesia evangélica, como emerge en noviembre de 2011 después del viaje apostólico que el Santo Padre había realizado en septiembre a aquel país. Es siempre el vapuleado nuncio apostólico en Berlín, monseñor Périsett, quien señala a Bertone las críticas de la Iglesia evangélica al Santo Padre, después del encuentro ecuménico con los protestantes que se había desarrollado durante el viaje apostólico a Erfurt, en septiembre, en la Sala del Capítulo del antiguo convento de los Agustinos.

La crisis económica golpea cada vez más a aquellos países de religión católica que con sus ofrendas contribuyen a la vida y a la evangelización de la Iglesia. Por la ley de las compensaciones, el debilitamiento va acompañado por el imparable avance de China, el país más ateo del mundo.

El nuncio critica con una cierta ironía los instrumentos para encontrar nuevos fieles, que estima incompatibles con la población japonesa:
Aquí, diría, está el punto controvertido y las dificultades planteadas por el método de los miembros del Camino neocatecumenal. Por cuanto se ve, ellos vienen y aplican literalmente un método nacido y preparado en Europa, sin preocuparse de adaptarlo al mundo local. He encontrado entre ellos, aquí en Japón, el mismo estilo que he visto en Camerún, donde fui misionero hace veinte años: los mismos cantos (con guitarra), las mismas expresiones, la misma catequesis, todo ello transmitido con un estilo más impositivo que propositivo. Se entienden entonces las tensiones, las amarguras y las reacciones que, encontrando a veces poca disponibilidad para el diálogo, llegan al rechazo. Ciertamente es admirable en ellos la intención, la buena voluntad, pero falta la inserción en la cultura local: esto —en mi modesta opinión— es cuanto están pidiéndoles los obispos japoneses: despojarse del traje europeo para presentar el corazón del mensaje de manera purificada y cercana a la gente.

Las consideraciones del diplomático dan poca esperanza de ver crecer la comunidad católica en Japón, aunque el Vaticano, con su red de embajadas y misiones que abrazan el planeta, está muy atento a cada paso, a cada problema, de naturaleza económica, política o religiosa, que pueda llegar desde la plaza de San Pedro hasta la más perdida diócesis de Ecuador. Sobre todo cuando puede despertar escándalo o suscitar revuelo entre los fieles.

La Santa Sede defiende a capa y espada a Rydzyk. Sin condiciones. La solicitud de silenciar al sacerdote y de bloquear sus actividades empresariales es rechazada. Por lo demás, las relaciones entre Polonia y la Santa Sede no son excelentes y si bien algunas posiciones del sacerdote-empresario son indefendibles, parece que este disfruta de la más alta consideración en el Vaticano. Migliore recuerda que políticos polacos como el líder Janusz Palikot y Grzegorz Napieralski, expresidente de la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD).
En resumen, Tusk incomoda a la Iglesia polaca haciendo añorar a su predecesor, Jaroslaw Kaczynski, que siempre había sostenido la línea ultraconservadora en defensa de la Iglesia en Polonia de Radio Maryja. Y precisamente Kaczynski había cerrado su campaña electoral en la sede de la emisora.
El antisemitismo no parece escandalizar demasiado en las estancias de los sagrados palacios. O, por lo menos, suscita una reacción mucho más blanda respecto de la rigidez que sufre, por ejemplo, quien propone introducir la ley del matrimonio homosexual.
En los asuntos más graves y delicados, como hemos visto, las comunicaciones son gestionadas directamente por el secretario de Estado Bertone, que interviene en cualquier rincón del globo. Sea en casos de presuntas malversaciones, como ocurre en Camerún.
La poderosa red de las nunciaturas, de las misiones y de la cooperación es, por tanto, uno de los instrumentos más eficaces para la evangelización de la Iglesia en el mundo. La atención a cualquier posible problema señalado indica cuán delicados son los mecanismos del reloj católico mundial. Todos los dientes de las ruedecillas deben encajar a la perfección para hacer que la Iglesia continúe como desde hace dos mil años y consiga sobrevivir, como se repite con ironía en los sagrados palacios, a sus mismos sacerdotes. Para despejar anticipadamente cualquier nube oscura con una obra de prevención sobre cualquier susurro que pueda degenerar.

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Benedict XVI leaves the apostolic palace in a car devoid of insignia, with tinted windows, without an escort and without notifying the internal security service. It is the first days of January 2012, an afternoon different from the others. The pope doesn’t notice, but they follow him. Along the path that leads from St. Peter’s Square to Via Aurelia antica, a few steps from Villa Doria Pamphilj, staying a hundred meters away, a man, who works in the Vatican and is one of the most reliable collaborators of important cardinals, he does not lose sight of the car. Both, although very different by role, character and culture, are facing choices that may mark the future of the Church.
Joseph Ratzinger is hurt by the ruptures that are taking place in the Roman curia, in the community of cardinals that comes out more and more lacerated from the last consistories. He is aware that questioning, even if only as a hypothesis, the fragile alliance with the Secretary of State, Cardinal Tarcisio Bertone, would be a path of no return.
Our man, on the other hand, is afflicted by a choice of more immediate impact. He must decide whether or not to carry out the mission of making known the truth that with the death of Karol Wojtyla he has resolved to initiate, making the teaching of his successor, Benedict XVI his own: «In a world in which lies are powerful , the truth is paid with suffering ». That is, let everyone know the truth of the sacred palaces, so that the merchants are expelled from the temple.
Benedict XVI should not be seen as a dogmatic theologian detached from the affairs of the Roman curia and more generally of the Church. The image of a pontiff dedicated only to the study of sacred texts and doctrinal matters is not true. True, Joseph Ratzinger is a cultured and highly refined scholar, but he is also a pastor who closely follows the critical situations of daily life in their details, trying to impose a change that is sometimes hindered: the thorny temporal issues, the scandals that The persecutions that are still perpetrated against Christians in different parts of the world must be managed and silenced today. He is an attentive and dynamic pontiff, with a desire for light and truth, but inevitably, in the opinion of whom he writes, a victim of compromises and a «reason of state» that mortgages any change. Ratzinger asks for a continuous update on the events that most torment the Church. He acts even with radical measures, but looking for a point of mediation with the various souls that make up the Roman Church.

Heartwarming as angels and demons and just as disturbing. I never had doubts about the old Vatican manus and its predisposition to total interference in each and every one of the affairs of the private and public life of citizens and states, passing through organizations, banks, institutions, etc.
As a convinced Cavourian (Free Church in a Free State), I find any form of interference in one sense or another shameful, even reprehensible and reprehensible. Even if I realize that the Church cannot go against the laws it has given itself, the distinction must always be made between the Christian dictation and the human will.
Oh well, I’m afraid the Gospel can do nothing against the lust for power and control, and let’s not forget the vile money.
Nuzzi has many burning letters in his hands, just because they came out of the Vatican, even if each truth could cover another like a set of Chinese boxes (or more trivially an episode of CSI, given the tools available to The Spies of the World. Vatican were installed thanks to Israeli experts, when we say opportunism).
Sometimes one gets the impression that so much conspiracy is wasted, and some things are the result of stupidity or human naivety (being a Cardinal or Minister does not guarantee a minimum of intelligence or morality, much less being President or Pope).
But what always scares us is the presence of money, the obsession with wealth, the sole objective of hoarding.
If the book is the result of a clever maneuver to bring out certain facts, or to provoke timed explosions, or a mere pawn in the cardinal games for the next election as Pope (in all this Bertone is omnipresent and, in short, we makes the figure of the maneggione), however it is interesting to see the management mechanisms of the papal throne, where the Pope receives little and select information, already filtered.
Gianluigi Nuzzi, coldly and with precision, offers us a look at the Vatican in the least balanced moment of the last 50 years. As you read this book, you can’t help but think about the metaphor that Benedict XVI has often used to indicate the Church: Peter’s boat. It is evident, passing from one chapter to another, how not only this «ship» was caught in the waves, but also how its «helmsman» (always in the metaphor, the Pope) found himself unprepared for a disproportionate, compound «storm» due to wars within the Curia, inadequate management of economic crises, scandals, inability to adapt to the diplomatic scene after the 2009 crisis … An extreme situation that has mercilessly underlined the silences and inaction of those who should have one himself instead of drifting away.

There are no prisons in the Vatican. In cases of detention, the gendarmerie is in charge of arresting the subject, identifying him, complying with the first checks, and then handing him over to the Italian forces of order, as provided for in international agreements. The idea of restructuring disused cells responds, therefore, to a precise logic: for heinous financial crimes, such as money laundering, it seems that the Vatican prefers to create the conditions to retain the hypothetical arrested, rather than hand him over to the Italian justice. It is not going to be – some malicious person might suspect – that an accused of laundering money in the impenetrable IOR must face the thousand questions of the Italian magistrates, always too curious.

… The only exception is the dessert: the favorite is jokingly nicknamed by the pontiff drunk virgins, it looks like a soft cupcake, dressed with a few drops of liquor. A real infraction of the rules: the pope is almost a teetotaler, he never drinks wine at the table.

So Boffo prepares the ground. In view of the delicate situation, and given that he does not have such a personal relationship with Gänswein as to involve him directly in the matter, he entrusts himself to an authorized intermediary who approaches the secretary of Benedict XVI in those days to express the will of the former director of Avvenire to to know the delicate elements that have come to light. Father Georg is available. Boffo carefully elaborates the letter.
Then, on January 6, 2010, shortly before dinner, at a time when the Pope’s secretary is probably alone in his office, from his country house in Onè di Fonte, near Treviso, the former director of Avvenire inserts five pages into the fax. The letter is addressed directly to Father Georg. In the heading, the word extremely reserved announces the tenor of the writing. A fast-burning j’accuse that deserves a comprehensive reading and that we can divide into three parts. In the first, Boffo indicates who would be responsible. In the second, the reasons that would have led to the campaign against him.
Boffo accuses none other than the director of L’Osservatore Romano. It would have been Vian who would have delivered «materially» the anonymous one, from which the Il Giornale campaign jumps, making sure that the criminal story arose from the sure homosexuality of the Avvenire director. Vian, on the other hand, is silent, he never takes a position, but he knows that the Secretary of State does not believe in these accusations. And above all that he will always be defended in the apostolic palace.
It is a serious accusation that Boffo makes the Holy Father official, pointing to the director of the newspaper of the Holy See, a professional chosen by the pontiff in October 2007. It was precisely Benedict XVI who had wanted Professor Vian as director of L’Osservatore Roman.
In the curia these are moments of great tension. Only a few days later, Benedict XVI will discover – according to various sources – that not all articles on the Boffo case are included in his personal press review prepared by the Secretary of State. The pope decides to open an internal inquiry into what happened, entrusted precisely to his loyal secretary Gänswein.
Meanwhile Boffo continues the investigations. Boffo is valued, recovered, reinstated and hired. Vian, the alleged «messenger of poisons», remains in his position, in the strategic direction of the newspaper of the Holy See, as well as Cardinal Bertone, number two of the Vatican.

He also shows Benedict XVI how this «work of reorganization is still in its early stages, often openly hindered, sometimes clearly boycotted» by the one who obviously had to guarantee privileges and interests. If the reform were interrupted «it would mean, therefore, compromising everything and, especially, exposing to revenge and humiliating revenge the most faithful who have followed me in this work of renewal.»
The results achieved in recent years are resounding: they have reduced – it is a strong letter from Viganò – the costs of the work in progress by almost half, cutting voice for voice and influencing each expense. One example among many: the nativity scene in St. Peter’s Square, which in 2009 had cost no less than 550,000 euros, in 2010 it will cost 300,000. Also the tenders are now «carried out regularly». With regard to suppliers, «framework agreements have been signed with major firms such as Siemens, with discounts even of more than 50 percent.» The «security of the State and the pontifical towns [object of strange robberies» were also reinforced, put under control with the inventory of warehouses and the installation of cameras connected to the operational headquarters of the gendarmerie.
In summary, for those who love the pontiff – this is the archbishop’s unsuspecting conclusion – dismissal would be a difficult defeat to accept, to the point that «it would break trust in the very person of the Holy Father.» The tone is certainly not threatening, but it is wrong. Viganò puts Benedict XVI before a choice: to leave the monsignor in the Interior, disavowing Bertone, or to support the plan of the Secretary of State, even breaking the relationship of trust with those who work in the curia.
Like it or not, it is clear that in the Vatican no one can be so urgent with the pontiff. The pope exercises absolute political and spiritual power. Viganò has decided to make public a deep malaise, initiating a clamorous battle in the sacred palaces, which he could lose. The risks are very high: either because of the language used in the letter, or because these complaints violate the slogan of silence and the willingness to compromise, typical of the small State, and already consolidated over the centuries.
The real trigger for this whole affair would be Marco Simeon, indicated in this letter as the subject who would have brought the notes to Il Giornale, but who, more than anything, since the distant 2002, is a super-protected of Bertone. His ward. Thirty-three years old, the son of a Sanremo gas station employee, Simeon moves with familiarity in the Vatican. Graduated in Law, he begins his brilliant career precisely in the Ligurian city, where he meets one of his first allies, Bishop Giacomo Barabino. The young man distinguishes himself in raising money for the initiatives of the parish, the diocese and the Church. Simeon shows unusual gifts, promotes even impressive public initiatives, such as when he brought Giulio Andreotti to his city when he was just over twenty years old.
November 2011. Hardly installed in Washington in the elegant two-story palace at 3339 Massachusetts Avenue that houses the nunciature, in the diplomatic quarter of the capital, the new ambassador, Monsignor Carlo Maria Viganò, finds the problems on his desk that he had left in the Vatican: to balance the accounts, to impose rigor.
Viganò has seen everything in a prestigious diplomatic career, but it had never happened to him to run into a tornado like the one that has struck the accounts of the Church in the United States: the serious economic consequences of the trials of pedophile priests. A story that continues for ten years when, after the first symptoms in 2001, in 2002 the case broke out in the diocese of Boston forced to compensate with 6.2 million dollars to the victims of pedophile priests, thus convincing them to avoid the courts. In 2007 the dioceses in the United States had already disbursed 900 million dollars between agreements and pacts. And it was just the beginning. In recent years the sum has increased dramatically. We are in «4500 cases of pedophilia in the Church of the United States,» writes the Vaticanist from La Stampa Giacomo Galeazzi, «with 2.6 billion dollars in compensation paid to date.»
The first case Viganò faces is that reported by Monsignor William Francis Malooly, bishop of Wilmington, the diocese that spans all of Delaware and the eastern coast of Maryland, with 230,000 faithful. The scandal of the sexual abuse of minors by the priests of his diocese had determined the decision to file a bankruptcy declaration in 2009 to clear up the many pending litigation. Now, on the horizon, after years of legal battles, there is the prospect of agreeing a mega compensation of 77 million dollars, as a spokesman for the bishop explained to the Washington Post in February 2012. That is why Malooly, months before, had tried to cover his back. On October 7, 2011, he had sent a reserved report to the nunciature to obtain a loan of ten million dollars. Money necessary such as oxygen to balance the balances and comply with the compensation indicated in the pact. The new nuncio analyzes the accounts and realizes that the funds are lacking. The compensation phenomenon threatens to bring the Catholic Church in the United States to its knees. Thus, on November 23, Viganò endorsed the problem directly to the Holy See.

The United States, in the financial game of the Holy Roman Church, represents a strategic country, while Italy and Germany are the financial lung of Catholicism in the world. Certainly, the issue of pedophilia has had an impact on finances, with compensation for victims, but it is also generating indirect damage. The scandal compromises the image of the Church, consequently affecting the offerings. Let us take only the mite of Saint Peter, that is, the set of offerings addressed to the pope by the faithful of particular churches, institutes of consecrated life, societies of apostolic life, foundations and individuals: in 2010 it amounted to «barely» 67 million dollars. , with a reduction of 20 percent compared to the 82.5 million in 2009, thus moving further away from the record of one hundred, reached in 2006. A significant reduction that finds different interpretations.
Without a doubt, the evolution of finances is one of the biggest concerns in the Vatican. The cheerful offering machine no longer shreds the entries of another time, when throughout the year you could bet on the generosity of the faithful. And without money you can only give up your own influence. Today they forget this obsession only on the eve of the consecrated festivities when, as in a living nativity scene, money, cash and generous checks arrive in Saint Peter’s Square.
At Christmas and at Easter there is a procession. Franciscan friars with folders and envelopes full of bills, executives carrying silver chandeliers or large checks, lobbyists, businessmen, wealthy aristocrats and journalists. Around the pope the heterogeneous humanity of the offerings is animated, which sees precisely in the pontiff the main reference, the catalyst figure. For the rest, as stated in the Basic Law introduced by Wojtyla, «the Supreme Pontiff, sovereign of the Vatican City State, has full legislative, executive and judicial powers.» It is he who decides.
Not only money comes to the Vatican, but gifts of all kinds, including food, hams, salamis and even the appreciated Spanish Iberian ham. It is precisely the man for everything, Giani, who sends the big box with the violin-shaped ham and other delicacies to the private apartments when in December 2010 he receives the package directly from the producer. He is the father of Marisa Rodríguez, the correspondent for Televisión Española, who wants to pay tribute to the pontiff. Adding, obviously, a letter: «The envelope for the Holy Father,» writes Giani in an accompanying note, «is inside the box.»
The pope follows a countertrend: if companies around the world are in crisis, the financial account of his foundation is active. For 2012, a profit of 1,033,000 euros is expected, thanks also to the net income from the financial management entrusted to experts such as Cipriani and the million and a half euros of collection for the books. Still, the costs are significant and perhaps even high. Operating costs reach 170,000 euros, plus 100,000 euros for a congress held every year in Bydgoszcz (Poland) and 270,000 euros for the 2011 edition of the annual Ratzinger Prize for works of study and dissemination of the faith, organized by the foundation . The previous year operating costs had reached 152,000 euros, the congress had cost 90,000 euros, while almost 240,000 had been spent for the award. “From this list,” explains Gian Gaetano Bellavia, an economist and advisor to several prosecutors, “it follows that it is not a poor foundation, but rather a structure that generates profits that it reinvests in its liquidity. There is an important financial availability by the entity of the indicated benefits. Indeed, as of December 31, 2010, the 240,000 net inflows obtained could lead to financial availability of many millions of euros. It is curious that the following year, even with no obligations of any kind, the Vatican decided to close the balance not on December 31, but on November 30. On the other hand, financial incomes have been cut in half and, therefore, they have not been very fortunate, like most of us, the mortal currents. The multiplication of income has generated very relevant benefits that are also expected for 2012, in contrast to the world economic situation.

In 2006 the radicals Marco Pannella and Emma Bonino denounced before the European Community the privilege that Italy would have agreed with the Church, exempting it from paying the ICI (property tax) for buildings not used for religious purposes. The focus is on those «commercial» assets, hospitals, schools and colleges whose tax exemption was not sanctioned by the Lateran Pacts. Following the slowness of justice and bureaucracy, only in 2010 did the European antitrust open an infringement procedure against Italy, accused of «state aid» to the Catholic Church that was neither foreseen nor acceptable.
The community position is a time bomb for the Italian state. If the conviction for violation of jurisdiction and illegitimate aid from the State comes from Brussels, the privilege of the past must be restored. Italy will have to ask the Church to pay the money that it has not disbursed so far.
In the geometries of power, the growing feeling of discomfort in relation to Berlusconi marks as a counterbalance a greater harmony between Joseph Ratzinger and the President of the Republic, Giorgio Napolitano. Regardless of who governs, the Church’s attention and influence on the legislative activity of Parliament is always strong, especially on sensitive issues: school concert, euthanasia, family, de facto couples, abortion and, as we have already seen, also taxes and ICI. Less well known is the consideration that Napolitano enjoys in the Vatican. He is a figure in itself not decisive in the elections of whoever governs, but in recent years he has consolidated an institutional role of absolute centrality, becoming a referee and listened to advisor.
Since his election in 2006, the president has been increasingly recognized as a relevant interlocutor on the Italian board, capable of assuming a significant role at crucial moments, as will happen in the autumn of 2011.

Opus Dei, Communion and Liberation [CL], Focolare, Legionaries of Christ and the many souls of the Church become increasingly strategic to incorporate the faithful. But with Ratzinger’s papacy, the picture changes: while the Work consolidates its area of influence, being able to count on lay friends also at the top of Vatican entities, such as Gotti Tedeschi, president of the IOR, other organizations, hit by scandals, run the risk to see their future harmed. The Legionaries of Christ end up curated after the accusations of pedophilia and the estrangement of its founder, Marcial Maciel. Communion and Liberation sees several representatives involved in the polls for corruption and diversion of funds in Italy, starting with the bankruptcy of the San Rafael hospital with the network of foreign checking accounts of the intermediary Pierangelo Daccò, friend of the president of the Lombardy region , the ciellino.
Benedict XVI tries to intervene in Germany, where the situation seems more delicate. The community of bishops and cardinals is divided on the issue and, above all, the diplomatic incident with the German government is bordering on. On February 17, a reserved note, with some minor Italian error, left Ratzinger’s private apartments, addressed to Bertone’s replacement, Monsignor Filoni. And it is perhaps the first time that one has had the opportunity to read directly the observations and internal dispositions that a pontiff addresses to his closest collaborators at such a difficult time. Ratzinger is as upset with some German cardinals as he is with the Holy See’s diplomacy in Berlin. The Williamson issue seems to have run aground, assuming an unpredictable international scope.
Bitterness over Merkel will not amount to a serious diplomatic incident. The priority will is to quickly close the incident to continue on the path of regrouping and overcoming the schism. Furthermore, the following day, the German government spokesman Ulrich Wilhelm maintains that the chancellor had intervened on a «political question of principle.» In short, no meddling.
In reality, it is no longer just a diplomatic problem with other states. How much has happened still shows significant limits in crisis management. And the discomfort increases. So much so that in Rome some cardinals begin to openly criticize his actions: Walter Kasper, president of the Pontifical Commission for Religious Relations with Judaism, in an interview with Vatican Radio points out with the index and expressly speaks of «errors in the management of the curia ». In short, «without a doubt» no one «can be happy that there have been so many misunderstandings.» The criticisms appear to be directed at the president of the Ecclesia Dei commission, Darío Castrillón Hoyos, mediator with the ultra-traditionalists, and Giovanni Battista Re, prefect of the Congregation for Bishops. Two cardinals who, nevertheless, have acted on behalf of the Holy Father. Therefore, indirectly, the criticism is also directed at Benedict XVI.
But the landslides also continue outside the walls. They even concern the German Church. Benedict XVI is increasingly bitter.
Benedict XVI’s attention to the reactions of the German Catholic community to the Williamson affair perfectly synthesizes the sensitivity of the Holy See to what happens in Germany. Be it among the connational cardinals, be it in politics. He may even be in relations with the Evangelical Church, as emerged in November 2011 after the apostolic trip that the Holy Father had made in September to that country. It is always the beaten apostolic nuncio in Berlin, Monsignor Périsett, who points out to Bertone the criticism of the Evangelical Church to the Holy Father, after the ecumenical meeting with the Protestants that had taken place during the apostolic trip to Erfurt, in September, in the Sala of the Chapter of the old Augustinian convent.

The economic crisis increasingly hits those countries of the Catholic religion that with their offerings contribute to the life and evangelization of the Church. By the law of compensation, the weakening is accompanied by the unstoppable advance of China, the most atheist country in the world.

The nuncio criticizes with a certain irony the instruments to find new faithful, which he considers incompatible with the Japanese population:
Here, he would say, is the controversial point and the difficulties raised by the method of the members of the Neocatechumenal Way. As you can see, they literally come and apply a method born and prepared in Europe, without worrying about adapting it to the local world. I have found among them, here in Japan, the same style that I have seen in Cameroon, where I was a missionary twenty years ago: the same songs (with guitar), the same expressions, the same catechesis, all transmitted with a style more imposing than purposeful. The tensions, bitterness and reactions that, sometimes finding little availability for dialogue, lead to rejection are understood then. Their intention and goodwill are certainly admirable, but their insertion into the local culture is lacking: this – in my humble opinion – is what the Japanese bishops are asking of them: to shed the European dress to present the heart of the message in a purified and close to people.

The diplomat’s considerations give little hope of seeing the Catholic community grow in Japan, although the Vatican, with its network of embassies and missions that embrace the planet, is very attentive to every step, to every problem, of an economic, political or religious nature. , that can reach from the Plaza de San Pedro to the most lost diocese of Ecuador. Especially when it can arouse scandal or stir up a stir among the faithful.

The Holy See defends Rydzyk tooth and nail. Without conditions. The request to silence the priest and block his business activities is rejected. For the rest, relations between Poland and the Holy See are not excellent and although some positions of the priest-businessman are indefensible, it seems that he enjoys the highest consideration in the Vatican. Migliore recalls that Polish politicians such as the leader Janusz Palikot and Grzegorz Napieralski, former president of the Alliance of the Democratic Left (SLD).
In short, Tusk makes the Polish Church uncomfortable by making his predecessor, Jaroslaw Kaczynski, long for Radio Maryja’s ultra-conservative line in defense of the Church in Poland. And precisely Kaczynski had closed his electoral campaign at the station’s headquarters.
Anti-Semitism does not seem to be too scandalizing in the rooms of the holy palaces. Or, at least, it elicits a much softer reaction to the rigidity suffered by, for example, who proposes to introduce the law of same-sex marriage.
In the most serious and delicate matters, as we have seen, communications are managed directly by Secretary of State Bertone, who intervenes in any corner of the globe. Be it in cases of alleged embezzlement, as in Cameroon.
The powerful network of nunciatures, missions and cooperation is, therefore, one of the most effective instruments for the evangelization of the Church in the world. Attention to any potential problems noted indicates how delicate the mechanisms of the Catholic world clock are. All the teeth of the wheels must fit perfectly to make the Church continue as it did two thousand years ago and manage to survive, as is ironically repeated in the sacred palaces, that of the priests themselves. To clear any dark clouds in advance with a preventive work on any whispers that may degenerate.

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