No Hay Gacelas En Finlandia — Dimas Prychyslyy / There Aren’t Gazelles in Finland by Dimas Prychyslyy (spanish book edition)

Me siento bien es en el metro. En el metro y dentro del ereader. El metro es un no lugar, el ereader es un no libro. El metro preserva la intimidad de tu destino, el ereader la de tus lecturas. Podría ir a donde me diese la gana como leo lo que me da la gana. El vagón es un poco avión pero sin cielo, o con un cielo de cemento y tuberías invisibles. El cielo del vagón es lo que contiene. Por eso los aviones no son una casa y los vagones sí. El mejor momento de la semana es esa prisión del arrabal del subterráneo, en constante movimiento, profundo y quieto, vagabundo. Ir al trabajo es echar de menos y querer volverse pequeño y escaparse. Lo peor es salir del metro y ver el parque y los rascacielos enfadados, dispersos, con armadura. Allí no vive gente. Los rascacielos no saben de suciedad ni de tuberías. Son como aviones sin alas. Reflejan el cielo. Los rascacielos son el trabajo y el metro la huida.

El argumento funciona como un puzle, se desmembra al inicio hasta carecer casi de sentido, pero poco a poco va encajando en un rompecabezas inteligentísimo. Son identidades detectivescas que buscan su papel en la novela, que indagan en su propia naturaleza, y que terminan encontrándose al final como aquellos ríos manriqueños que iban a dar a la mar.
La novela hubiera resultado igualmente buena si Prychyslyy, como Cortázar, nos hubiera propuesto empezar por el capítulo 73
Pero, para mí, pese a su originalidad argumental, no es la trama lo más destacable de la novela. Tiene que ver más con el sentido unitario de las ideas, con la sensación de que Dimas no necesita el soporte novela para expresarse, quizás por su condición natural de poeta.
No es una novela corriente, por lo que no puedo haceros una sinopsis normal. Nos encontramos ante un libro con bastantes personajes, a cuál más peculiar que el anterior. Se divide en capítulos muy cortos narrados en primera persona.
Tendremos a Mario que ha perdido su trabajo y se pasa su ‘no jornada’ de 8 horas en el metro cuando encuentra un papel que le llama la atención. Esto le llevará a Damián, aspirante a escritor, que a su vez acudirá a Claudia, cuyo trabajo es manejar las redes sociales de algunos autores. Ella encontrará una marca que le resultará familiar y, tras empezar a investigar, llegarán hasta Olvido, Aurelio y Ástrid.
Por otra parte podremos cotillear en las vidas de Misha, Isolina, Antonio, Bea, Zhora y Mar.
Es un libro curioso y lleno de referencias a libros y autores. Trata temas como la disforia de género, los hikikomori, los trastornos alimenticios y la vejez; además de esto tiene escenas de violencia, sexo explícito e incluso incesto…

No hay gacelas en los bosques de abedules. No hay gacelas en Finlandia, chilló como un loco, y me arrancó el cuaderno y lo arrugó. Ese día no lo volvimos a ver, madre planchó el cuaderno y me dijo que lo volviera a usar. Yo recordé a la vieja profesora que teníamos en el colegio en Alemania y la visita que hicimos con ella al zoo. En Finlandia también habría zoológicos, supuse, y dibujé sobre la gacela una cuadrícula, una reja. Madre amaneció cubierta de moratones. Le enseñé el cuaderno con el título en la primera página: «Las gacelas de Finlandia».

La novela fue galardonada con el premio 25 primaveras y no olvidéis leer este libro degustando de un ron con coca cola.

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I feel good is in the tube. In the tube and inside the ereader. The subway is a non-place, the ereader is a non-book. The subway preserves the privacy of your destination, the ereader that of your readings. I could go wherever I wanted as I read what I want. The car is a bit of an airplane but without a sky, or with a concrete sky and invisible pipes. The sky of the wagon is what it contains. That is why airplanes are not a house and wagons are. The best moment of the week is that prison in the subway, constantly moving, deep and still, vagabond. Going to work is missing and wanting to grow small and run away. The worst thing is to get out of the subway and see the park and the angry, scattered, armored skyscrapers. No people live there. Skyscrapers don’t know about dirt or pipes. They are like airplanes without wings. They reflect the sky. Skyscrapers are work and the subway is flight.

The plot works like a puzzle, it falls apart at the beginning until it is almost meaningless, but little by little it fits into a very intelligent puzzle. They are detective identities that seek their role in the novel, that investigate their own nature, and that end up meeting in the end like those Manriqueños rivers that were going to give to the sea.
The novel would have been just as good if Prychyslyy, like Cortázar, had asked us to start with chapter 73
But, for me, despite its original plot, the plot is not the most remarkable thing in the novel. It has more to do with the unitary sense of ideas, with the feeling that Dimas does not need the novel support to express himself, perhaps due to his natural status as a poet.
It is not an ordinary novel, so I cannot give you a normal synopsis. We are facing a book with many characters, which is more peculiar than the previous one. It is divided into very short chapters narrated in the first person.
We will have Mario that he has lost his job and spends his 8-hour «non-day» on the subway when he finds a paper that catches his attention. This will lead him to Damián, an aspiring writer, who in turn will go to Claudia, whose job it is to manage the social networks of some authors. She will find a mark that will be familiar to her and, after starting to investigate, they will reach Olvido, Aurelio and Ástrid.
On the other hand, we can gossip about the lives of Misha, Isolina, Antonio, Bea, Zhora and Mar.
It is a curious book full of references to books and authors. It covers topics such as gender dysphoria, hikikomori, eating disorders and old age; in addition to this, it has scenes of violence, explicit sex and even incest …

There are no gazelles in birch forests. There are no gazelles in Finland, he screeched like a madman, and tore my notebook from me and crumpled it up. That day we did not see him again, mother ironed the notebook and told me to use it again. I remembered the old teacher we had at school in Germany and the visit we made with her to the zoo. In Finland there would also be zoos, I supposed, and on the gazelle I drew a grid, a grate. Mother woke up covered in bruises. I showed him the notebook with the title on the first page: «The Gazelles of Finland».

The novel was awarded the 25 springs prize and don’t forget to read this book while tasting a rum and coca cola cup.

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