Todos Los Futuros Perdidos. Conversaciones Sobre El Final De ETA — Eduardo Madina, Borja Sémper / All Futures Lost. Conversations about the end of ETA by Eduardo Madina, Borja Sémper (spanish book edition)

La memoria es un instrumento de los seres humanos con el que conjugamos todos los verbos del pasado para que sigan vivos y nos ayuden a interpretar la vida. Es una herramienta de recuerdo a fin de tener presente lo que ya pasó. Y resulta extraordinariamente útil para las personas y las sociedades ante su tendencia a repetir la Historia.
La banda no tenía claro cómo bajar la persiana de una manera que no pareciera su derrota. Por eso sabíamos que el final iba a llegar y solo faltaba el certificado de ETA. Debo decir que la realidad ha superado todas las expectativas. Lo que he vivido desde entonces es infinitamente mejor que lo que imaginé aquel día.
Dejas de llevar escolta aunque no sea inmediatamente, y sobre todo sabes que ya no te van a matar. Tus hijos van a poder vivir en un lugar donde crecerán con los problemas normales de cualquier sociedad civilizada. Y nacía la esperanza de que el debate político en Euskadi se recondujera hacia el aburrimiento, a hablar de cosas aburridas. A que se desarmara el lenguaje, pero sin tergiversarlo ni manipularlo… En definitiva, a no tener que estar todo el día hablando de lo mismo, aunque haya que tratar cuestiones que pueden parecer lo mismo y que son irrenunciables. Pero ETA deja de ser el eje de nuestras vidas y de la política vasca y española. Por fin.
—Al despertar, el dinosaurio, el monstruo de nuestra vida, ya no estaba allí.

Cuánta inteligencia y sentido común hay en sus palabras, en su reivindicación de una sociedad en la que nadie sea perseguido por sus ideas. He sentido con cada página de este libro y también he aprendido unas cuantas lecciones de dignidad y valentía, tan necesarias en tiempos oscuros como lo fueron aquellos. Su testimonio desnudo y directo debería ser leído por todos, para que la indiferencia y el miedo no sean posibles nunca más.

Cuando tú y yo nacimos, nuestros padres soñaban con una democracia que para sus hijos no llegó del todo. Y esa fue una pelea inacabada hasta el 20 de octubre de 2011, cuando ETA lo dejó. Los embarazos de nuestras madres coincidieron con el final del régimen franquista, con lo que supuso el salto de una dictadura a una democracia. Los dos nacimos apenas dos meses más tarde de que Franco muriera en la cama cuarenta años después de ganar la guerra. Franco fue el último dictador surgido de las convulsiones de los años veinte y treinta que perduró hasta casi el final del siglo. Un cambio de régimen en medio de dos embarazos es algo lo suficientemente relevante como para que vitalmente se tenga en cuenta. Nosotros formamos parte de la primera generación que nació ya en los instantes embrionarios de una democracia. Y en aquellos momentos había algo que era común en el resto del país, el acuerdo sobre la necesidad de avanzar hacia la democracia, de construirla, de asumir la pluralidad. Sin una patria clara. Patria en el sentido de un estado de pertenencia, de pertenencia plural y democrática. Había algo de todo eso que no estaba en su sitio en esta esquina de España.

Existen particularidades en Euskadi que podrían llegar a explicar, o que nos pueden ayudar a explicar, un fenómeno terrorista prolongado durante tantas décadas. Y es inevitable mencionar como uno de ellos, quizá el fundamental, el apoyo social. Porque la gran característica diferenciadora de la violencia en Euskadi es que contaba con el respaldo de una parte minoritaria pero relevante de la sociedad vasca, articulada también políticamente, del que no disponían otros grupos terroristas salvo el IRA , pero con sus peculiaridades también. Era ese apoyo social que se complementaba con la actitud tolerante o indolente de determinadas instituciones como la Iglesia católica vasca, que has señalado antes, o con una mirada incómoda, condescendiente, por parte del nacionalismo democrático. ETA no logró derribar al franquismo, pero esa oposición a la dictadura dejó un poso de aparente épica. Era una épica también artificial, según la cual la dictadura de Franco reprimió en Euskadi y en otras partes de España no, como si solo se hubieran restringido las libertades aquí y no en todo el país; como si el resto de los españoles no hubieran sufrido la misma época de sombras.

Somos esa generación que ha sufrido el terrorismo siendo los hijos de entornos sociales que celebraron con champán el asesinato en Madrid de Carrero Blanco. Ese sector de la izquierda que descorchó aquella noche botellas de vino vio cómo sus descendientes sufrían el terrorismo unos pocos años después, ya en democracia. Esas contradicciones y todos esos nudos a veces irresolubles forman parte de una construcción cultural que desemboca, en mi caso, en la entrada en 1993 en las Juventudes Socialistas de Euskadi.
Cuando ETA mataba, estaba en boca de mucha gente, sobre todo a finales de los años setenta y principios de los ochenta. Muchos pensaron que esa película no iba con ellos, cuando en realidad iba con todos porque ETA mataba al principio muy lejos y luego muy cerca, pero lo hizo durante mucho tiempo. Si aguantó tanto fue, entre otras cosas, porque un sector de la sociedad vasca se sintió indiferente y muy lejana con respecto a los asesinatos.
—ETA está plagada de idiotas morales. La Historia de la Humanidad, y me quedo en la Historia contemporánea, está llena de idiotas morales.

He sentido odio, ira, desprecio… a lo largo de mi vida. Pero el ser humano que hoy soy, ya desde hace años, no siente odio. Es así, surge así. No siento odio, siento distancia. Lo que no quiere decir que olvide o que no crea que queda un reto fundamental por delante: la verdad y la memoria, que son sentimientos compatibles. El odio, como tú señalas, es un sentimiento demasiado potente, demasiado puro incluso, que no merecen los terroristas que intentaron asesinarnos. Sí se merecen la indiferencia activa, sin que esa indiferencia signifique ausencia de juicio, ético, moral y también político. Pero no quiero que los etarras formen parte de mis emociones más hondas, porque entonces continuarían condicionándome.

La Euskadi cultural, de la Euskadi política, pero hay una Euskadi que se ha configurado también gracias a la inmigración y que ha sido sistemáticamente menospreciada, gracias a decenas de miles de españoles que vinieron aquí buscando una vida mejor, y que la encontraron y contribuyeron también con esfuerzo y sacrificio a que esta tierra sea puntera. Y esto ha sido desdeñado por una parte importante del discurso nacionalista predominante. No existe una Euskadi homogénea como no existe una España homogénea; y menos mal.

Tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, en casa creció la presión, el miedo. Porque lo siguiente fue el rumor de que ETA planeaba secuestrar a un familiar de un amenazado. Era un salto cualitativo en la escala del miedo.
Al tener a mis hijos es cuando he sido plenamente consciente de la dimensión del sufrimiento de un padre en circunstancias difíciles. En aquella primera época, yo me comporté de una manera fría, distante y hoy creo que injusta con los míos. Tomé la decisión de mantenerlos absolutamente al margen de lo que a mí me pudiera pasar y de lo que yo pudiera sentir. Me convertí en una persona impermeable hacia fuera, pensando, equivocadamente, que con eso los protegía al no hacerles partícipes de determinadas experiencias. Cuando lo que estaba provocando era justamente lo contrario, incrementaba el miedo y eso generaba, además, un efecto reflejo por su parte: yo me he enterado de muchas cosas con el paso de los años, porque en su día ellos tampoco me las contaron.

¿Y qué relación mantienes con la muerte ahora?
—No pienso mucho en ella. Con la que quizá sí tengo una relación distinta, a partir de aquello, es con la vida. La enseñanza es evidente: conviene aprovechar el tiempo de la vida, de los días que te quedan. Esto a veces se me olvida y me lo reprocho, porque me tropiezo con tonterías. Hay que dotar de un mayor valor y de una mayor significación al sencillo hecho de vivir.
—¿Tú piensas a veces que han intentado matarte, quiero decir, es algo que esté muy presente en tu vida?
—No suelo acordarme de ello. Hay consecuencias físicas que, lógicamente, están ahí. Pero el día 19 de febrero de 2002 no está ahí, salvo cuando yo voy a buscarlo. No me busca él a mí, sino que yo lo busco a él.
Antes de mi atentado y después, siempre me pregunté qué tenía que hacer para que ETA no dominara mi marco de principios y de valores. ¿Qué trozo de mí mismo estaba dispuesto a cederle? ¿Y de cuánto de mi tiempo quería que fuera ella soberana o que no lo fuera? Cuando intentaron matarme, en contra de lo que podía parecer, ETA no solo no rozó nada de lo que tiene que ver con mis convicciones, sino que las reforzó.
Yo soy una víctima de ETA como tú, Borja, pero no soy solo una víctima de ETA . Un factor de mi vida, por determinante que sea, no explica el total de las identidades que forman parte de mí o que definen lo que soy. No se puede reducir a una persona a una sola palabra. Yo soy vasco, pero también soy bilbaíno, español, de izquierdas, socialista, socialdemócrata, por poner algunos ejemplos. Las víctimas del terrorismo son más cosas que víctimas del terrorismo. Y son plurales, no tienen una voz única. El lenguaje casi nunca es tan perfecto como para resumir en una sola palabra experiencias humanas tan complejas. Una sola palabra no puede definir el total de una persona.

Ermua desemboca en una movilización social sin precedentes, después de la denuncia que durante años protagonizaron de manera minoritaria los grupos contra la violencia en Euskadi. Y este es un asunto muy relevante, Borja, porque la sociedad vasca tuvo un despertar muy lento contra el terrorismo. Muy muy lento.
—Se ha elogiado el valor de aquellos primeros movimientos pacifistas. Pero, como todo, quedan diluidos en un magma que nos supera, en la ola de los acontecimientos. Gesto por la Paz constituye un ejemplo de dignidad, de superación del miedo, sin que todo ese compromiso haya sido suficientemente reconocido.
En Ermua confluyeron muchas cosas, muchas más que en otros instantes de todos estos años de convivencia forzosa con el terror. El secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco cristalizó en lo que se identificó como «el espíritu de Ermua». No sé muy bien qué es de ese espíritu ahora, no sé muy bien en qué se transforma con el paso del tiempo, cómo se ha ido filtrando por la nueva realidad cívica, social y política en Euskadi y en España. Pero sí sé que adquirió una extraordinaria importancia en aquella época y que allí quedaron conectados muchos de los hilos conductores de las narrativas que nos venían acompañando desde los años setenta y ochenta hasta el crimen de Miguel Ángel Blanco.

Lo que pasa es que no hemos sabido ganar a ETA . Porque ganar a ETA representa una victoria policial, pero también debiera haber sido una victoria política, que tiene mucho de ética y de moral. No solo en la memoria, sino en la verdad también. La descripción cruda de dónde estuvimos unos y otros, qué sucedió, qué podía haber pasado, qué cosas hicimos mal personal y colectivamente… Todo esto, metido en una coctelera, ya ni se analiza. Y no hemos sabido ganar a ETA porque no ha existido un liderazgo sólido en el final del terrorismo y en la definición y enorme significación política de ese final. La grandeza del momento acabó manoseada políticamente y quedó diluida. Quizá sea el signo de los tiempos. Pero el resultado de ese manoseo es esta especie de olvido forzado, o de tergiversación interesada de lo que hemos padecido colectivamente.
La violencia de los GAL , Edu, tiene para mí dos aproximaciones posibles. Una que se circunscribe a ese plano ético y moral, en el que el análisis solo puede ser igual al que realizamos sobre ETA : el asesinato es censurable, condenable, absolutamente rechazable. A lo que se suma la dimensión humana de las víctimas. Yo tuve una relación muy estrecha con Laura Martín. Y su testimonio, su vivencia humana, su experiencia personal, es exactamente homologable a la de cualquier víctima de ETA . No hay diferencias en el sufrimiento.

En definitiva, todo se condensa en que nuestro modelo democrático es tan ancho que permite la participación de todas las formaciones políticas, incluidas las que reivindican idearios incómodos para la propia democracia. Este es el modelo por el que apostamos, el campanario de nuestra Constitución. La Ley de Partidos fue un hito en la lucha contra ETA que conllevó la ilegalización de las sucesivas siglas de la izquierda abertzale por su vinculación con el terrorismo. Con el discurrir de los años, los acontecimientos hacen que la izquierda abertzale vuelva a ser legalizada con otro nombre y con actores agregados; si esa nueva izquierda abertzale postETA hubiera tenido que cantar el himno de la Legión para pasar el filtro del Tribunal Constitucional, lo habría hecho. Pasaron por el filtro, por la exigencia legal para poder participar en democracia. Por lo tanto, yo tampoco tengo ningún problema en aceptar esa legalidad y el juego que comporta.
El proyecto de una generación de políticos que se está demostrando tan sólido para revisar el pasado, desde la Guerra Civil hasta el pacto del 78, corre con enorme rapidez hacia el olvido de la violencia de ETA . Y me parece un error. Creo que hay que equilibrar memoria y olvido en procesos tan dolorosos como la represión franquista y el terrorismo etarra. No podemos avanzar hacia una memoria completa, total, revisionista, del resultado del 36 y hacia el olvido, igualmente completo y total, del daño generado por ETA . No podemos eximirnos de las experiencias dolorosas de ese pasado de violencia por la responsabilidad que tenemos con lo ocurrido y las salvaguardas que debemos levantar ante el futuro, en el campo de lo que somos como comunidad política en España y en Euskadi.

Euskadi y España van a tener que afrontar los retos comunes a cualquier otra sociedad occidental, moderna y desarrollada, con parecidos problemas y unas oportunidades muy similares. Diez años después del final de ETA , el escenario ideal es que una niña o un niño vasco encaren los mismos desafíos que los niños andaluces o los niños de Baviera. Esta es la gran normalidad a la que aspiramos desde hace muchos años, en todo esto que hemos venido relatando. Y será más fácil si la sociedad vasca arranca las raíces de la cultura de la violencia y consuma la ruptura con el pasado terrorista.

…La incomprensión natural del que disfruta de un país que ha sepultado la violencia para siempre y no concibe otra cosa que convivir respetándose en libertad. Con la libertad de todos los futuros ganados.

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Memory is an instrument of human beings with which we conjugate all the verbs of the past so that they remain alive and help us interpret life. It is a reminder tool in order to keep in mind what has already happened. And it is extraordinarily useful for people and societies given its tendency to repeat history.
The band was unclear on how to lower the blind in a way that didn’t seem like their defeat. That is why we knew that the end was going to come and the only thing missing was the ETA certificate. I must say that reality has exceeded all expectations. What I have experienced since then is infinitely better than what I imagined that day.
You stop taking an escort even if it is not immediately, and above all you know that they will no longer kill you. Your children will be able to live in a place where they will grow up with the normal problems of any civilized society. And the hope was born that the political debate in the Basque Country would lead to boredom, to talk about boring things. For the language to be disarmed, but without distorting or manipulating it … In short, not having to spend all day talking about the same thing, even if there are issues that may seem the same and cannot be renounced. But ETA is no longer the axis of our lives and of Basque and Spanish politics. Finally.
«When we woke up, the dinosaur, the monster of our life, was no longer there».

How much intelligence and common sense are there in his words, in his demand for a society in which no one is persecuted for his ideas. I have felt with every page of this book and have also learned a few lessons in dignity and courage, as necessary in dark times as those were. His naked and direct testimony should be read by all, so that indifference and fear are not possible anymore.

When you and I were born, our parents dreamed of a democracy that did not quite come to their children. And that was an unfinished fight until October 20, 2011, when ETA left it. The pregnancies of our mothers coincided with the end of the Franco regime, which meant the leap from a dictatorship to a democracy. We were both born just two months after Franco died in bed forty years after winning the war. Franco was the last dictator to emerge from the convulsions of the 1920s and 1930s that lasted until almost the end of the century. A regimen change in the middle of two pregnancies is relevant enough to be vitally taken into account. We are part of the first generation that was born in the embryonic moments of a democracy. And at that time there was something that was common in the rest of the country, the agreement on the need to move towards democracy, to build it, to assume plurality. Without a clear homeland. Homeland in the sense of a state of belonging, of plural and democratic belonging. There was something of all that that was not in place in this corner of Spain.

There are particularities in the Basque Country that could explain, or that can help us explain, a terrorist phenomenon that has lasted for so many decades. And it is inevitable to mention as one of them, perhaps the fundamental one, social support. Because the great differentiating characteristic of the violence in Euskadi is that it had the support of a minority but relevant part of Basque society, also articulated politically, which was not available to other terrorist groups except the IRA, but with its peculiarities as well. It was that social support that was complemented by the tolerant or indolent attitude of certain institutions such as the Basque Catholic Church, which you have pointed out before, or with an uncomfortable, condescending look, on the part of democratic nationalism. ETA did not succeed in overthrowing the Franco regime, but that opposition to the dictatorship left an apparent epic residue. It was also an artificial epic, according to which the Franco dictatorship repressed in Euskadi and not in other parts of Spain, as if freedoms had only been restricted here and not throughout the country; as if the rest of the Spaniards had not suffered the same time of shadows.

We are that generation that has suffered terrorism, being the children of social environments who celebrated the murder of Carrero Blanco in Madrid with champagne. That sector of the left that uncorked bottles of wine that night saw his descendants suffer terrorism a few years later, already in democracy. These contradictions and all those sometimes unsolvable knots are part of a cultural construction that leads, in my case, to the entry in 1993 into the Socialist Youth of Euskadi.
When ETA killed, it was on the lips of many people, especially in the late 1970s and early 1980s. Many thought that this film did not go with them, when in fact it went with everyone because ETA killed at first very far and then very close, but it did so for a long time. If he endured so long, it was, among other things, because a sector of Basque society felt indifferent and very distant from the murders.
«ETA is riddled with moral idiots.» The History of Humanity, and I remain in contemporary history, is full of moral idiots.

I have felt hatred, anger, contempt … throughout my life. But the human being that I am today, for years now, does not feel hatred. It is thus, it arises thus. I don’t feel hate, I feel distance. This does not mean that he forgets or that he does not believe that there is a fundamental challenge ahead: truth and memory, which are compatible feelings. Hate, as you point out, is too powerful a feeling, too pure even, that the terrorists who tried to assassinate us do not deserve. They do deserve active indifference, without that indifference meaning an absence of ethical, moral and political judgment. But I don’t want the ETA members to be part of my deepest emotions, because then they would continue to condition me.

The cultural Euskadi, of the political Euskadi, but there is a Euskadi that has also been shaped thanks to immigration and that has been systematically undervalued, thanks to tens of thousands of Spaniards who came here seeking a better life, and who found and contributed to it. also with effort and sacrifice so that this land is at the forefront. And this has been neglected by an important part of the mainstream nationalist discourse. There is no homogeneous Euskadi as there is no homogeneous Spain; and thank goodness.

After the murder of Miguel Ángel Blanco, the pressure and fear grew at home. Because the following was the rumor that ETA planned to kidnap a relative of a threatened person. It was a qualitative leap on the scale of fear.
It is by having my children that I have become fully aware of the dimension of a father’s suffering in difficult circumstances. In those early days, I behaved in a cold, distant way and today I think it is unfair to mine. I made the decision to keep them absolutely apart from what could happen to me and what I could feel. I became a person impervious to the outside, thinking, wrongly, that with that I protected them by not making them participate in certain experiences. When what he was causing was just the opposite, he increased fear and that also generated a reflex effect on his part: I have learned many things over the years, because in their day they did not tell me either.

And what relationship do you have with death now?
«I don’t think about her much.» With which perhaps I do have a different relationship, from that, it is with life. The lesson is obvious: it is convenient to take advantage of the time of life, of the days that you have left. Sometimes I forget this and I blame myself for it, because I stumble upon nonsense. The simple act of living must be endowed with greater value and greater significance.
«Do you sometimes think that they have tried to kill you, I mean, is it something that is very present in your life?»
«I don’t usually remember it.» There are physical consequences that, logically, are there. But on February 19, 2002, he is not there, except when I go to look for him. He is not looking for me, but I am looking for him.
Before my attack and after, I always wondered what I had to do so that ETA did not dominate my framework of principles and values. What piece of myself was I willing to give up? And how much of my time did I want her to be sovereign or not? When they tried to kill me, contrary to what it might seem, ETA not only did not touch anything that has to do with my convictions, but also reinforced them.
I am a victim of ETA like you, Borja, but I am not just a victim of ETA. A factor in my life, no matter how determining, does not explain the totality of identities that are part of me or that define who I am. You cannot reduce a person to a single word. I am Basque, but I am also from Bilbao, Spanish, from the left, a socialist, a social democrat, to give a few examples. The victims of terrorism are more things than victims of terrorism. And they are plural, they do not have a single voice. Language is rarely so perfect as to sum up such complex human experiences in one word. A single word cannot define the total of a person.

Ermua leads to an unprecedented social mobilization, after the complaint that for years was carried out in a minority by groups against violence in Euskadi. And this is a very relevant issue, Borja, because Basque society had a very slow awakening against terrorism. Very very slow.
—The courage of those early pacifist movements has been praised. But, like everything else, they are diluted in a magma that surpasses us, in the wave of events. Gesture for Peace constitutes an example of dignity, of overcoming fear, without all that commitment having been sufficiently recognized.
In Ermua many things converged, much more than in other moments of all these years of forced coexistence with terror. The kidnapping and murder of Miguel Ángel Blanco crystallized in what was identified as «the spirit of Ermua.» I don’t know very well what is of that spirit now, I don’t know very well what it transforms into over time, how it has filtered through the new civic, social and political reality in the Basque Country and Spain. But I do know that it acquired extraordinary importance at that time and that many of the common threads of the narratives that had accompanied us from the 1970s and 1980s until the crime of Miguel Ángel Blanco were connected there.

What happens is that we have not been able to beat ETA. Because winning ETA represents a police victory, but it should also have been a political victory, which has a lot of ethics and morals. Not only in memory, but in truth as well. The crude description of where we were, what happened, what could have happened, what things we did wrong personally and collectively … All this, put in a shaker, is no longer analyzed. And we have not been able to win over ETA because there has not been a solid leadership in the end of terrorism and in the definition and enormous political significance of that end. The greatness of the moment ended up being politically groped and diluted. Maybe it’s the sign of the times. But the result of that tampering is this kind of forced forgetting, or self-serving misrepresentation of what we have collectively suffered.
The violence of the GAL, Edu, has for me two possible approaches. One that is limited to that ethical and moral plane, in which the analysis can only be the same as the one we carry out on ETA: the murder is reprehensible, reprehensible, absolutely rejectionable. To which is added the human dimension of the victims. I had a very close relationship with Laura Martín. And her testimony, her human experience, her personal experience, is exactly comparable to that of any ETA victim. There are no differences in suffering.

Ultimately, everything is condensed in that our democratic model is so broad that it allows the participation of all political formations, including those that claim uncomfortable ideologies for democracy itself. This is the model we are betting on, the bell tower of our Constitution. The Parties Law was a milestone in the fight against ETA, which led to the outlawing of successive abertzale left abbreviations due to their connection with terrorism. With the passing of the years, events make the nationalist left to be legalized again under another name and with added actors; If that new postETA abertzale left had had to sing the Legion’s anthem to pass the filter of the Constitutional Court, it would have done so. They went through the filter, through the legal requirement to be able to participate in democracy. Therefore, I also have no problem accepting that legality and the game that it entails.
The project of a generation of politicians that is proving so solid to review the past, from the Civil War to the pact of 1978, runs with enormous speed towards the oblivion of ETA’s violence. And it seems like a mistake to me. I believe that memory and forgetting must be balanced in processes as painful as Franco’s repression and ETA terrorism. We cannot move towards a complete, total, revisionist memory of the result of ’36 and towards the oblivion, equally complete and total, of the damage generated by ETA. We cannot exempt ourselves from the painful experiences of that past of violence because of the responsibility we have with what happened and the safeguards that we must raise for the future, in the field of what we are as a political community in Spain and in the Basque Country.

The Basque Country and Spain are going to have to face the challenges common to any other modern and developed western society, with similar problems and very similar opportunities. Ten years after the end of ETA, the ideal scenario is for a Basque girl or boy to face the same challenges as Andalusian children or Bavarian children. This is the great normality to which we aspire for many years, in all this that we have been relating. And it will be easier if Basque society uproots the culture of violence and consummates the break with the terrorist past.

… The natural incomprehension of those who enjoy a country that has buried violence forever and cannot conceive of anything other than living together with respect in freedom. With the freedom of all future won.

*ETA was a terrorist group from Basque Country, they killed lots of citizens across Spain.

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