La Verdadera Historia De Las Sociedades Secretas —Daniel Tubau / The True History of Secret Societies by Daniel Tubau (spanish book edition)

Una sociedad secreta puede serlo por dos razones: porque lleva a cabo actividades secretas, como rituales, ceremonias o iniciaciones, o porque mantiene su existencia en secreto.
Sin embargo, no todos los que se esconden, o al menos esconden su manera de pensar, crean sociedades secretas. Julio César era incrédulo, pero mantenía sus ideas en secreto para no perjudicar sus intereses políticos. Eso no nos autoriza a considerar que los dirigentes romanos del círculo de César constituyeran una sociedad secreta. Como tampoco formaban una sociedad secreta quienes se conjuraron en secreto para asesinar a César. En la Inglaterra isabelina, muchos nobles del círculo de sir Walter Raleigh también ocultaban sus verdaderas creencias, y probablemente su ateísmo; además, crearon una sociedad secreta, la Escuela de la Noche.

Interesante y divertido ensayo sobre las sociedades secretas que han influenciado la historia del pensamiento filosófico, metafísico y científico de la humanidad. Desde los albores egipcios, la influencia Persa y su profeta Zoroastro, los Templarios, los Asesinos del Viejo de la Montaña, Los Rosacruces y personajes fascinantes como Casanova, el Conde de Saint Germain o Aleister Crownley, todos parte del circo de las creencias.
Las primeras sociedades secretas eran tan secretas que no ha quedado nada de ellas. Su historia se desarrolla en paralelo con la historia del mundo, pero rastrear sus orígenes no es tan sencillo como puede parecer al leer la fantasiosa cronología que nos ofrece Michael Howard en La conspiración oculta.
Se sabe poco de las sociedades secretas que existieron en Egipto, Sumeria, la China antigua o la India. Es cierto que a veces puede dar la impresión de que disponemos de muchísima información acerca de las sociedades secretas de la época de las pirámides. Si leemos literatura esotérica, ya entonces andaban por allí los masones, los illuminati o el Priorato de Sión. Lamentablemente, esa historia de las sociedades secretas egipcias no obtiene sus datos de los arqueólogos o los historiadores, ni siquiera de los textos egipcios, sino de fabulaciones renacentistas creadas tras el redescubrimiento del llamado Corpus Hermeticum, atribuido a un legendario sacerdote llamado Hermes Trimegisto, o al mismísimo dios Tot (los esotéricos prefieren escribir Thot o Thoth, porque la letra «h» es para ellos algo así como la letra «k» para los jóvenes antisistema: un signo de distinción).

En la cueva de Les Trois Frères puede verse la figura de un ser mitad hombre mitad ciervo. Es conocida como «El Brujo», nombre que le puso el abad Henri Breuil, autor también del dibujo que se ha hecho célebre.
Se ha creído ver en la figura a un chamán prehistórico que realiza una danza ritual, o incluso al dios cornudo que aparecerá miles de años después entre los celtas y los germanos.
Sin embargo, la figura que puede verse en la cueva se parece poco al dibujo que hizo el abad Breuil, especialmente en lo que se refiere a la cabeza, que resulta casi indistinguible, hasta el punto de que se duda de que sea la de un animal.

Männerbünde es un término que se utiliza para referirse a cierto tipo de organizaciones secretas que han existido desde los orígenes de la humanidad, las «sociedades secretas de hombres», o de guerreros y cazadores.
La expresión se refiere a las sociedades prehistóricas, pero también a culturas actuales «primitivas», aunque hoy en día se prefiere hablar de «sociedades tradicionales», que parece menos despectivo. No debe sorprender al lector que, al hablar de las männerbünde, aparezcan los germanos, eslavos o celtas de la época romana junto a comunidades actuales de África, Australia o América. De lo que se trata es de si una cultura vive en la prehistoria, ya suceda eso en el siglo XXI, en el año 1273 o en el 15000 antes de nuestra era.
Entre los antiguos escandinavos existía una sociedad secreta de hombres que se llamaban berserkir, «guerreros con envoltura (serkr) de oso». Para convertirse en berserkir había que pasar por una iniciación que consistía en matar a un enemigo, como cuenta Tácito en su Germania, donde dice que los jóvenes guerreros se dejaban crecer el cabello y la barba hasta que lograban matar a su primer enemigo. A veces era suficiente con matar un jabalí u otra fiera peligrosa, o combatir sin armas.
A través de estas pruebas, el aspirante se apropiaba del modo de ser de una fiera… Se trasformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa que poseen los animales carniceros.
Los berserkir germanos y escandinavos eran la fuerza de choque de las expediciones de rapiña y conquista llevadas a cabo por los vikingos (no existe un pueblo vikingo, sino que «irse de vikingo» era algo similar a «irse de saqueo»). Cuando comenzaba el combate, los berserkir eran dominados por una furia incontenible (wut), en la que literalmente parecían arder, por lo que siempre se les colocaba en la vanguardia del ataque, para evitar que mataran a sus propios compañeros.
Ideas similares se encuentran en la leyenda del héroe celta Cuchulain, quien durante su adolescencia es dominado por el furor (ferg en gaélico); una bruja le dice al rey del Ulster que, si no se le aplaca, acabará matando a todos los guerreros, incluidos sus aliados.

El antiguo Egipto es para la cultura occidental la tierra del misterio, del mismo modo que lo es la India para gran parte del Asia Oriental. El problema es que muchas personas, incluidos algunos egiptólogos, siguen viendo de la misma manera al país del Nilo y proponen interpretaciones que no se basan en hechos, sino en una imagen idealizada de Egipto, especialmente si el asunto a tratar es el de las sociedades secretas.
Los masones y los rosacruces aseguran que su origen se remonta al antiguo Egipto, aunque no siempre de manera tan fantasiosa como en las historias de la Gran Hermandad Blanca, popularizadas, a finales del siglo XIX, por escritores teosóficos o por masones rosacrucianos como Spencer Lewis.
La idea del origen egipcio se le ocurrió a masones como Cagliostro, que introdujo ceremonias egipcias en la masonería, o el Gran Maestro George Smith, que en 1783 aseguró que algunas ceremonias y misterios masónicos procedían del antiguo Egipto a través de los druidas celtas.
Los egipcios pensaban que las divinidades residían en las estatuas, así que era necesario construir casas o templos para albergarlas y tener sacerdotes que cuidaran de ellas. Esos servidores del templo se ordenaban en tres grados: superiores, inferiores y sirvientes11, jerarquía que encontraremos una y otra vez en sociedades secretas como las masónicas. A pesar de la atracción que el número 3 ejerce sobre muchas mentes especulativas, desde las Tríadas celtas o la Trinidad cristiana hasta la división ternaria de la sociedad indoeuropea (sacerdotes, guerreros y pueblo), la estructura jerárquica en tres niveles o grados resulta casi inevitable en cualquier tipo de organización, en la que suele haber jefes, empleados y mandos intermedios.
También es probable que los maestros canteros egipcios, incluso si eran de origen humilde, pudiesen relacionarse con los grandes personajes para los que trabajaban.

La influencia persa en las sociedades secretas, y en lo que se ha llamado filosofía oculta, se hizo notar también a través de los magos (magi), que han dado origen a la palabra magia. Zoroastro es, si no el primero, sí el más famoso de los magos persas.
No existe un acuerdo general acerca de si los magos eran una clase privilegiada dentro de la organización persa o si se trataba de una etnia particular. Se parecen a los brahmanes indios, a los flámines romanos y a los sacerdotes judíos, por lo que podría tratarse de una casta sacerdotal. Según el historiador griego Heródoto, los magos no eran persas, sino medos.
En la Biblia aparecen varios magos, por ejemplo en Jeremías y, de manera más interesante, en Ezequiel, donde se describe a unos veinticinco magos «como autores de la peor de las abominaciones», pues de espaldas al templo de Yahvé, y de cara al oriente, o sea, al Sol, lo adoran y se llevan un ramito de especias a la nariz.
Existe otra sociedad secreta de la época de Jesucristo, los terapeutas, de la que se sabe que vivían en comunidades, aunque daban una gran importancia a recorrer el mundo como aprendizaje. Su nombre, como es obvio, significa «los curadores».

El mitraísmo era una religión y una sociedad secreta para iniciados. Su origen era persa, aunque se discute si procede del mazdeísmo zoroastriano, de una religión rival llamada zervanismo o de ninguna de las dos. Se inició hacia el siglo II a.C., aunque conoció su mayor expansión entre los siglos III y IV de nuestra era.
Con el mitraísmo se produce una curiosa situación: disponemos de muchísimos restos arqueológicos, pues se han descubierto centenares de mitraeum, los lugares en los que se reunían los adeptos de Mitra, pero no se conservan descripciones claras de sus doctrinas o creencias. Ello se debe a que se trataba de una sociedad que, como los druidas galos, transmitía sus secretos de viva voz. La paradoja es que ahora sabemos más acerca de los mitraístas de lo que supieron sus contemporáneos, pues sus mítreos no eran accesibles a los extraños.

El problema es que una pintoresca versión de la historia de Hassan, que es la más popular, deriva precisamente de Marco Polo, y se ha puesto en duda, aunque otras fuentes de la época cuentan algo semejante, diciendo que los muchachos eran adoctrinados desde muy pequeños y que se les sometía a grandes dosis de hachís (o quizá de opio), lo que explicaría también su indiferencia ante la muerte después de cometer sus asesinatos. A causa del hachís, se los llamaba hashisiyun o hashashin o haschishin, que es la palabra de la que deriva nuestro moderno «asesino».
Pero, hashashins es una palabra árabe, mientras que Hassan y sus seguidores eran persas, por lo que hassassin tal vez quiere decir simplemente «seguidor de Hassan».

Existían dos tipos de masones: los que trabajaban piedra dura, por ejemplo, los picapedreros, y los que trabajaban piedra blanda, que era la que se empleaba para las fachadas de la catedral o el edificio. Esa piedra era llamada piedra libre o franca, y de aquí procedería la expresión francmasones: «masones de piedra franca», que en inglés se escribe freemasons. En las Actas del Parlamento inglés de 1350 aparece la primera mención oficial conocida a los freemasons y queda claro que el adjetivo free se refiere a la piedra y no a la persona, pues se dice free-stone-mason (masón de piedra blanda), para distinguirlos de los rough-stone-mason (masón de piedra dura o de sillería). En el siglo XVIII, la expresión se extendió a Europa (franc-maçon, pedreiro libre, freimaure, liberi muratori).
En Escocia, los masones de piedra franca, temiendo la competencia de los aprendices que quisieran trabajar por su cuenta, establecieron una contraseña que sólo conocían ellos para, de este modo, reconocerse. Esta palabra clave se llamaba «la palabra masónica». Se cree que la palabra era Mohabyn, al parecer derivada de marrow, que significaba camarada o compañero. Tal vez la palabra masónica se originó hacia 1550.
El secretismo escocés, que al parecer no llegaba a tanto en Inglaterra y en el resto de Europa, es importante, porque muchos consideran que en Escocia se halla el origen de la moderna francmasonería.
Otra muestra del secretismo medieval se refiere a la vida que estaban obligados a llevar los judíos, y especialmente los cabalistas.

La Fraternidad de la Rosa Cruz, dedicada a propagar sus doctrinas secretas y ayudar al progreso de la humanidad. Todos aceptaron cumplir el juramento de los hermanos rosacruces:

1. Ninguno profesará ninguna otra cosa que el cuidado de los enfermos, y esto gratis.
2. Ninguno en la posteridad se verá obligado a vestirse con un cierto hábito, sino que seguirá la costumbre del país.
3. Todos los años, en el día C., se reunirán en la casa Sanctu Spiritus, o escribirán para explicar la causa de su ausencia.
4. Todo hermano debe buscar a una persona valiosa que después de su muerte pueda ocupar su lugar.
5. La palabra C. R. será su sello, marca y distintivo.
6. La fraternidad permanecerá secreta durante cien años.

En 1984, Stephen Knight publicó La hermandad (The Brotherhood), donde acusaba a los masones de ser una sociedad secreta tras la que se hallaban diversas conspiraciones políticas. En opinión de Knight, los masones no son progresistas, sino todo lo contrario:

Lejos de ser revolucionaria, no hay organización más reaccionaria, más a favor de lo establecido, que la francmasonería británica.

El ataque más importante a la masonería moderna, acusándola de conspirativa, fue el del abate Barruel, quien en 1797 publicó sus Memorias para servir a la historia del jacobinismo, donde decía que la Revolución francesa había sido tramada por los masones, y que los masones procedían de los templarios.
Según Barruel, los templarios no habían desaparecido en 1314, sino que habían sobrevivido como sociedad secreta, envenenando a monarcas, conspirando contra la Iglesia e infiltrándose en la masonería. Entre los miembros de esta sociedad secreta templaria estaban prácticamente todos los ilustrados: Voltaire, Diderot y D’Alembert, Condorcet o el baron D’Holbach.
Pero el complot, según Barruel, se materializó definitivamente al crearse el partido de los revolucionarios jacobinos, y especialmente a través de los Iluminados de Baviera, creados por Adam Weishaupt, una organización que en sus estatutos proclamaba explícitamente su deseo de acabar con la monarquía y la Iglesia.
La masonería es la sociedad secreta que más éxito ha tenido en la historia. Hoy en día existen logias masónicas en todo el mundo, y su sistema de organización ha sido imitado por otras sociedades que a menudo no tienen nada que ver con los propósitos, creencias o filosofía masónica, por ejemplo, la Cosa Nostra siciliana y otras organizaciones criminales. También sociedades secretas de carácter revolucionario se originaron o buscaron la colaboración de las logias masónicas, desde los carbonarios italianos, españoles y franceses, a los comuneros, la Mano Negra o los Iluminados de Baviera.

Por ritos masónicos se entienden dos cosas diferentes. En primer lugar, las diversas ceremonias que llevan a cabo los masones en sus logias. En segundo lugar, el Rito masónico (escrito con mayúsculas), se refiere a las diferentes versiones de la masonería. En este sentido, podemos hablar del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el Rito de Menfis, el Rito Escocés Reformado o el Rito de York.
Cada logia adopta el Rito que más le gusta o conviene, aunque en ocasiones prefiere crear uno propio. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado fue creado por Ramsay, aunque no en Escocia, sino en Francia. Llamado el chevalier Ramsay, ya sabemos que introdujo el uso del nombre de Jahbulon (y también aparece en la lista de los supuestos Grandes Maestros del Priorato de Sión).
Cada Rito tiene sus propios grados. Por grados hay que entender lo mismo que en el antiguo mitraísmo: las sucesivas posiciones en la escala jerárquica que puede ocupar el iniciado. En los comienzos de la masonería moderna existían tres grados, que coincidían con los de los masones o albañiles medievales: aprendiz, compañero y maestro. Sin embargo, pronto se añadió un cuarto grado.
Como es obvio, el juego de los grados puede continuar sin cesar. Los masones no se conformaron con crear un cuarto grado, sino que siguieron añadiendo más y más. Se detuvieron en el 33, un número muy simbólico ya a simple vista, aunque algunas logias llegaron a los 99 grados del Rito de Menfis-Misraim.

Los tres primeros grados son llamados simbólicos o Masonería Azul.
Del 4 al 18 son los Grados Capitulares o Masonería Encarnada.
Del 19 al 30, los Grados Filosóficos o Masonería Negra.
Del 31 a 33, los Grados Sublimes o Masonería Blanca.

Otra manera de clasificar los grados es Masonería simbólica (1 al 3), filosófica (4 a 30) y sublime (31 a 33).
Hay que tener en cuenta que, aunque dos logias pueden tener el mismo número de grados, por ejemplo 33, ello no significa que esos grados consistan en lo mismo, puesto que cada Rito tiene una manera diferente de considerar los grados.

Existen todo tipo de sociedades secretas, con diferentes orígenes y objetivos. A menudo es difícil separarlas en compartimentos estancos, porque una sociedad secreta puede reunir una, varias o todas las características de otras sociedades secretas. De una manera tal vez simplista podemos distinguir entre:

– Criminales, como la Mafia, la Yakuza japonesa o las Tríadas chinas.
– Revolucionarias, como los carbonarios, los comuneros, los Iluminados de Baviera y, en ciertos países y ocasiones, los masones.
– Satánicas y sexuales, como algunas de las fundadas por Aleister Crowley, o la Iglesia de Satán de California.
– Conspirativas, como la Logia P2, Skull and Bones o el Club Bilderberg.
– Racistas, como el Ku Klux Klan o la Sociedad Thule.
– Iniciáticas y esotéricas.

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A secret society can be secret for two reasons: because it carries out secret activities, such as rituals, ceremonies, or initiations, or because it keeps its existence a secret.
However, not everyone who hides, or at least hides his way of thinking, creates secret societies. Julius Caesar was incredulous, but he kept his ideas secret so as not to harm his political interests. This does not authorize us to consider that the Roman leaders of Caesar’s circle constituted a secret society. Nor did they form a secret society who secretly conspired to assassinate Caesar. In Elizabethan England, many nobles in Sir Walter Raleigh’s circle also concealed their true beliefs, and probably their atheism; in addition, they created a secret society, the School of the Night.

Interesting and fun essay on the secret societies that have influenced the history of philosophical, metaphysical and scientific thought of humanity. From the dawn of Egypt, the Persian influence and its prophet Zoroaster, the Templars, the Assassins of the Old Man of the Mountain, the Rosicrucians and fascinating characters such as Casanova, the Count of Saint Germain or Aleister Crownley, all part of the circus of beliefs.
The first secret societies were so secret that nothing has remained of them. Its history unfolds in parallel with the history of the world, but tracing its origins is not as simple as it may seem when reading the fanciful chronology that Michael Howard offers us in The Hidden Conspiracy.
Little is known of the secret societies that existed in Egypt, Sumeria, ancient China, or India. It is true that sometimes it can give the impression that we have a lot of information about secret societies from the age of the pyramids. If we read esoteric literature, then the Freemasons, the Illuminati or the Priory of Sion were already there. Unfortunately, this history of the Egyptian secret societies does not get its data from archaeologists or historians, not even from Egyptian texts, but from Renaissance fables created after the rediscovery of the so-called Corpus Hermeticum, attributed to a legendary priest named Hermes Trimegisto, or to the very god Tot (esotericists prefer to write Thot or Thoth, because the letter «h» is for them something like the letter «k» for the anti-system youth: a sign of distinction).

In the cave of Les Trois Frères you can see the figure of a being half man half deer. It is known as «El Brujo», a name given to it by the abbot Henri Breuil, also the author of the drawing that has become famous.
It has been believed to see in the figure a prehistoric shaman performing a ritual dance, or even the horned god who will appear thousands of years later among the Celts and the Germans.
However, the figure that can be seen in the cave bears little resemblance to the drawing made by Abbot Breuil, especially with regard to the head, which is almost indistinguishable, to the point that it is doubted that it is that of a animal.

Männerbünde is a term that is used to refer to certain types of secret organizations that have existed since the origins of mankind, the «secret societies of men», or of warriors and hunters.
The expression refers to prehistoric societies, but also to current «primitive» cultures, although today it is preferred to speak of «traditional societies», which seems less derogatory. The reader should not be surprised that, when speaking of the Männerbünde, the Germans, Slavs or Celts of the Roman period appear alongside present-day communities in Africa, Australia or America. The question is whether a culture lives in prehistory, whether that happens in the 21st century, in the year 1273 or in 15000 BC.
Among the ancient Scandinavians, there was a secret society of men called berserkir, «warriors in the sheath (serkr) of a bear.» To become a berserkir, one had to go through an initiation that consisted of killing an enemy, as Tacitus tells in his Germania, where he says that young warriors let their hair and beards grow until they managed to kill their first enemy. Sometimes it was enough to kill a wild boar or other dangerous beast, or to fight without weapons.
Through these tests, the aspirant appropriated the way of being of a beast … he became a superman because he managed to assimilate to the magical-religious force that butcher animals possess.
The Germanic and Scandinavian berserkirs were the striking force in the expeditions of rapture and conquest carried out by the Vikings (there is no Viking people, but «going Viking» was something similar to «going looting»). When the fight began, the Berserkir were dominated by an irrepressible fury (wut), in which they literally seemed to burn, so they were always placed in the forefront of the attack, to prevent them from killing their own companions.
Similar ideas are found in the legend of the Celtic hero Cuchulain, who during his adolescence is dominated by fury (ferg in Gaelic); a witch tells the king of Ulster that if she is not appeased, she will end up killing all the warriors, including her allies.

Ancient Egypt is to Western culture the land of mystery, just as India is to much of East Asia. The problem is that many people, including some Egyptologists, still see the Nile country in the same way and propose interpretations that are not based on facts, but on an idealized image of Egypt, especially if the issue is that of societies. secret.
Freemasons and Rosicrucians claim that their origin dates back to ancient Egypt, although not always in such a fanciful way as in the stories of the Great White Brotherhood, popularized, at the end of the 19th century, by theosophical writers or by Rosicrucian Freemasons such as Spencer Lewis. .
The idea of Egyptian origin came to Masons such as Cagliostro, who introduced Egyptian ceremonies into Freemasonry, or Grand Master George Smith, who in 1783 claimed that some Masonic ceremonies and mysteries came from ancient Egypt through the Celtic Druids.
The Egyptians thought that the divinities resided in the statues, so it was necessary to build houses or temples to house them and have priests to take care of them. These temple servants were ordered in three degrees: superior, inferior and servants11, a hierarchy that we will find again and again in secret societies like the Masonic ones. Despite the attraction that the number 3 exerts on many speculative minds, from the Celtic Triads or the Christian Trinity to the ternary division of Indo-European society (priests, warriors and people), the hierarchical structure in three levels or degrees is almost inevitable in any type of organization, in which there are usually bosses, employees and middle managers.
It is also likely that Egyptian stone masons, even if they were of humble origin, could relate to the great people for whom they worked.

The Persian influence in secret societies, and in what has been called occult philosophy, was also noted through magicians (magi), who have given rise to the word magic. Zoroaster is, if not the first, then the most famous of the Persian magicians.
There is no general agreement as to whether magicians were a privileged class within the Persian organization or whether it was a particular ethnic group. They resemble Indian Brahmins, Roman Flamines, and Jewish priests, so it could be a priestly caste. According to the Greek historian Herodotus, the magi were not Persians, but Medes.
Various magicians appear in the Bible, for example in Jeremiah and, more interestingly, in Ezekiel, where some twenty-five magicians are described «as the authors of the worst of abominations,» with their backs to the temple of Yahweh, and facing to the east, that is, to the Sun, they adore it and they take a sprig of spices to the nose.
There is another secret society from the time of Jesus Christ, the therapists, of which it is known that they lived in communities, although they attached great importance to traveling the world as learning. His name, obviously, means «the curators.»

Mithraism was a religion and a secret society for initiates. Its origin was Persian, although it is disputed whether it comes from Zoroastrian Mazdeism, a rival religion called Zervanism, or neither. It began around the second century BC, although it experienced its greatest expansion between the third and fourth centuries of our era.
With Mithraism a curious situation occurs: we have many archaeological remains, since hundreds of Mithraeum have been discovered, the places where the followers of Mithra met, but no clear descriptions of their doctrines or beliefs are preserved. This is because it was a society that, like the Gaulish Druids, transmitted its secrets out loud. The paradox is that we now know more about the Mithraists than their contemporaries did, as their mythos were not accessible to outsiders.

The problem is that a picturesque version of Hassan’s story, which is the most popular, derives precisely from Marco Polo, and has been questioned, although other sources of the time tell something similar, saying that the boys were indoctrinated from very early on. small and that they were subjected to large doses of hashish (or perhaps opium), which would also explain their indifference to death after committing their murders. Because of hashish, they were called hashisiyun or hashashin or haschishin, which is the word from which our modern «killer» derives.
But, hashashins is an Arabic word, whereas Hassan and his followers were Persian, so hassassin perhaps simply means «follower of Hassan.»

There were two types of freemasons: those who worked hard stone, for example, stonecutters, and those who worked soft stone, which was used for the facades of the cathedral or the building. That stone was called free or frank stone, and from this would come the expression freemasons: «frank stone masons», which in English is written freemasons. In the Acts of the English Parliament of 1350 the first known official mention of freemasons appears and it is clear that the adjective free refers to the stone and not to the person, since it is said free-stone-mason (soft stone mason), to distinguish them from rough-stone-masons. In the 18th century, the expression spread to Europe (franc-maçon, pedreiro libre, freimaure, liberi muratori).
In Scotland, the Frankish Freemasons, fearing the competition of apprentices who wanted to work on their own, established a password that only they knew in order, in this way, to recognize themselves. This key word was called «the Masonic word.» The word is believed to have been Mohabyn, apparently derived from marrow, which meant comrade or companion. Perhaps the word Masonic originated around 1550.
The Scottish secrecy, which apparently did not reach as much in England and the rest of Europe, is important, because many consider that Scotland is the origin of modern Freemasonry.
Another example of medieval secrecy concerns the life that Jews, and especially Kabbalists, were forced to lead.

The Fraternity of the Rose Cross, dedicated to propagating its secret doctrines and helping humanity progress. All agreed to fulfill the oath of the Rosicrucian brothers:

1. No one will profess anything other than the care of the sick, and this for free.
2. No one in posterity will be forced to dress in a certain habit, but will follow the custom of the country.
3. Every year, on day C., they will meet at the Sanctu Spiritus house, or write to explain the cause of their absence.
4. Every brother should look for a valuable person who after his death can take his place.
5. The word C. R. will be your seal, brand and distinctive.
6. The fraternity will remain secret for one hundred years.

In 1984, Stephen Knight published The Brotherhood, where he accused the Masons of being a secret society behind which were various political conspiracies. In Knight’s opinion, Freemasons are not progressive, quite the contrary:

Far from being revolutionary, there is no organization more reactionary, more pro-establishment, than British Freemasonry.

The most important attack on modern Freemasonry, accusing it of conspiratorialism, was that of Abbe Barruel, who in 1797 published his Memoirs to serve the history of Jacobinism, where he said that the French Revolution had been plotted by the Masons, and that the Masons They came from the Templars.
According to Barruel, the Templars had not disappeared in 1314, but had survived as a secret society, poisoning monarchs, plotting against the Church, and infiltrating Freemasonry. Among the members of this Templar secret society were practically all the enlightened: Voltaire, Diderot and D’Alembert, Condorcet or Baron D’Holbach.
But the plot, according to Barruel, materialized definitively when the party of the Jacobin revolutionaries was created, and especially through the Illuminati of Bavaria, created by Adam Weishaupt, an organization that in its statutes explicitly proclaimed its desire to end the monarchy and church.
Freemasonry is the most successful secret society in history. Today there are Masonic lodges all over the world, and their system of organization has been imitated by other societies that often have nothing to do with Masonic purposes, beliefs or philosophy, for example, the Sicilian Cosa Nostra and other criminal organizations. . Also secret societies of a revolutionary character originated or sought the collaboration of the Masonic lodges, from the Italian, Spanish and French Carbonari, to the commoners, the Black Hand or the Illuminati of Bavaria.

By Masonic rites we mean two different things. First of all, the various ceremonies that Freemasons carry out in their lodges. Second, the Masonic Rite (written in capital letters), refers to the different versions of Freemasonry. In this sense, we can speak of the Ancient and Accepted Scottish Rite, the Memphis Rite, the Reformed Scottish Rite or the York Rite.
Each lodge adopts the Rite that it likes or suits the most, although sometimes it prefers to create its own. The Ancient and Accepted Scottish Rite was created by Ramsay, though not in Scotland, but in France. Called Chevalier Ramsay, we already know that he introduced the use of the name Jahbulon (and also appears on the list of supposed Grand Masters of the Priory of Sion).
Each Rite has its own degrees. By degrees it is necessary to understand the same as in ancient Mithraism: the successive positions in the hierarchical scale that the initiate can occupy. At the beginning of modern Freemasonry there were three degrees, which coincided with those of the medieval masons or masons: apprentice, companion and teacher. However, a fourth grade was soon added.
Obviously, the game of degrees can continue unabated. Masons were not content with creating a fourth degree, but kept adding more and more. They stopped at 33, a very symbolic number at first glance, although some lodges reached the 99 degrees of the Rite of Memphis-Misraim.

The first three degrees are called Symbolic or Blue Masonry.
From 4 to 18 are the Chapter Degrees or Incarnate Masonry.
From 19 to 30, the Philosophical Degrees or Black Masonry.
From 31 to 33, the Sublime Degrees or White Masonry.

Another way to classify the degrees is Symbolic Masonry (1 to 3), Philosophical (4 to 30) and Sublime (31 to 33).
It must be taken into account that, although two lodges can have the same number of degrees, for example 33, this does not mean that these degrees consist of the same, since each Rite has a different way of considering the degrees.

There are all kinds of secret societies, with different origins and goals. It is often difficult to separate them into watertight compartments, because a secret society can have one, several, or all of the characteristics of other secret societies. In a perhaps simplistic way we can distinguish between:

– Criminals, such as the Mafia, the Japanese Yakuza or the Chinese Triads.
– Revolutionaries, such as the Carbonari, the commoners, the Illuminati of Bavaria and, in certain countries and occasions, the Masons.
– Satanic and sexual, like some of those founded by Aleister Crowley, or the Church of Satan in California.
– Conspirators, such as the P2 Lodge, Skull and Bones or the Bilderberg Club.
– Racists, such as the Ku Klux Klan or the Thule Society.
– Initiatic and esoteric.

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