La Mujer Desnuda — Armonía Somers / The Naked Woman by Armonía Somers

El error, pues, parecía radicar en haberse impuesto aquella medida en el tiempo respecto a un hecho en cierto modo considerado clave, cuando lo que tendrá que suceder será siempre obra del zarpazo ciego, de la emboscada secreta desde las situaciones más simples.
Y la fecha llegó, desde luego. Pero sin marca visible de día fasto, apenas como un aburrido bostezo de verano igual a tantos.
Todos los que han perdido algún órgano saben cómo se llega a veces a sentir su restauración por breves y fascinantes segundos en que resulta imposible luchar con la evidencia del retorno. Fue así como le tocó a ella vivir el fenómeno, aún precariamente situada en la franja sin memoria. O sea que su cabeza, la inexistente, le estuviera rebrotando en forma dulce y liviana, especie de amapola en sazón de semilla. Tenía en su interior un hormigueo diminuto, pero sólo ese vestigio de gravidez. Imposible esperar ya otro signo, al menos algo que pudiera catalogarse entre los atributos concisos de la vida.

El cuerpo de Rebeca es un grito; un grito en el siglo XXI, desde el que leemos la novela, y un grito aún más fuerte en el ecuador del siglo XX, momento en el que el texto se publicó para, con o sin intención, reivindicar la identidad física de la mujer y combatir la tendencia a ocultar y condenar la belleza ante el temor de las sensaciones que suscita; un gran error.
Armonía Somers nos dice en La mujer desnuda que no hay más que un modo de alcanzar el equilibrio emocional, cierta felicidad, si es que ésta existe; y es partiendo de la incomodidad e interrogándonos acerca de las pulsiones que acentúa en nuestro interior la presencia absoluta del otro.
En este sentido, hombres y mujeres somos víctimas, y la novela va un paso más allá del feminismo para situarse en un plano de denuncia universal y proponer una liberación del pensamiento que, aunque preso durante más de mil años, tiene el poder de desprenderse de las cadenas en un segundo si, como en un conjuro, damos con las palabras adecuadas, por qué no, mágicas.
Allí, donde todos los personajes son el mismo, el leñador y su mujer, los gemelos y el cura, el aficionado a las intrigas y el misterio, y el caballo…, allí es donde habitamos, inmersos en la oscuridad. El bosque es nuestro entorno, nuestra conciencia dormida, un lugar que carece de sentido si no estamos dispuestos a convertirlo en escenario de la batalla.
La parte central, menos rara y onírica, en la que vemos las consecuencias de una mujer liberada sobre la población (digamos que en un Uruguay rural previo a 1950), es mucho más digerible que el resto. Cuando se pone surrealista y lírica, te toca releer un párrafo hasta que entiendes qué está pasando… o te rindes y te dejas llevar por la corriente, que tampoco pasa nada. Claramente, no es algo que leería motu proprio, pero también me parece más interesante el trasfondo de la autora y la historia de (re)publicación de la obra que su contenido en sí.
¿Reinvidicativa de la liberación de la mujer, sexual o en general? También. Y escenas sexuales tiene varias, aunque no necesariamente agradables. ¿Pero erótica? Supongo que en 1950 esto le haría cosquillas a alguien.
La autora se la enmarca dentro del grupo de «los raros» de la literatura uruguaya. Está bien saberlo antes de abordarlo. Cuesta leer cada página. Nos pesan los pies al entrar en ese bosque espeso y nebuloso como si también a nosotros nos raspara. Seguramente hubiera sido demasiado duro terminarlo si fuera más largo, pero con sus 100 páginas, el esfuerzo merece la pena. Por lo bello de algunas imágenes, por la atmósfera extraña, por el ejercicio de imaginarse cómo se entendió un libro así escrito por una mujer y en 1950.
El capítulo del sacerdote, de este enfrentado a sus deseos, de como explica el simbolismo de lo que le está sucediendo a todos en el pueblo es muy interesante.

Armonía Somers nos sumerge en una imagen borrosa a través de la travesía de Rebeca Blinke, que despojándose de su cabeza para volver a ponerla sobre su cuerpo se interna en el bosque completamente desnuda para emprender la libertad de ser.
Estas últimas palabras son mi interpretación del mensaje que me deja grabado en el corazón esta novela, y es que ser uno mismo conlleva dolorosas consecuencias, pero estas siempre serán mejores que el tormento de no ser, de no vivir en base a la naturaleza de nuestra conciencia, nuestros cuerpos y nuestras mentes.
Ha sido una lectura pesada, casi en un sentido literal, como si cada página, cada letra y palabra tuvieran peso por sí mismas y hubiera que hacer un esfuerzo físico para terminar cada página y pasarla. Su lenguaje en gran parte metafórico y lleno de significado, el uso de las palabras, que al principio interpreté como torpe, no me pusieron nada fácil terminar esta novela que en realidad es muy corta. Comprendí, o quise comprender más bien, que en aquel lenguaje enredado se escondía la intención de que el lector tuviera que rumiar aquellas páginas, volver sobre ellas y no quedarse tan sólo en lo que se contaba, sino en lo que quería decir realmente.
En la sinopsis de mi edición se hablaba de erotismo, me costó encontrarlo e identificarlo porque esperaba una cosa bien distinta. Lo que encontré fue el descubrimiento del eros a través del crudo dolor de sus escenas que bien pude vivir en mis propios nervios y recordar mi propia cárcel y la angustia que había llegado a causarme no ser yo misma a lo largo de mi vida. En ese dolor, tan arraigado en toda mujer, o eso pienso yo, encontré una rebeldía, un empoderamiento, una fuerza para no caer de nuevo en el mismo fallecimiento de mi identidad, que hizo despertar dentro de mi un erotismo hasta ahora callado y desconocido para mí.
Si me preguntaran si el libro me ha gustado sin duda diría que no. ¿Por qué? Sencillo, porque me ha hecho pasarlo muy mal. En cambio si me preguntaran si recomiendo leerlo contestaría, también sin un ápice de duda, que este libro es un acierto, en especial, si se trata de una mujer.

Esa mujer no existe, nunca ha existido. Al menos para quien no esté tan limpio como ella y pueda tocarla con todos sus dedos, lo cual sería lo mismo que decir que no existe… Sí, no pongáis esa cara de cuidado por mí, que estoy en mis cabales. Eva, ya os lo expliqué, fue arrojada del paraíso a causa de aquella fruta. ¿Pero por qué tanta vergüenza y tanto miedo al ojo divino, en cuyas aguas claras no se hubiera podido jamás ajusticiar a la belleza? Eso es lo que os pregunto yo, a mi vez, aunque parezca extraño. Y ella ha vuelto, sencillamente, puesto que ahora sabe que Dios quería que comiera del fruto. Y la mujer desnuda está de paso por la aldea, en busca de la revisión del juicio. Y se burla de vosotros y de vuestras pobres mitades femeninas, prolijamente presentadas pero incapaces del amor entero…
Oh, aunque ella tampoco es sólo mujer. Y quizá podría asombrarnos con su doble juego. ¿Pero a qué intentar daros a oler esa rosa, la primera rosa carnal reversible del paraíso hollando esta mísera tierra?.

Porque yo soy el único testigo, yo seré el último recuerdo de ella que te quede… Y yo sé que aflojarás esos malditos dedos… Tú necesitas de mi garganta que diga no, ella no existió nunca, para seguir creyendo. Como todos, que buscan el no de los demás para que su sí no se les llene de polillas ciegas…
Rebeca Linke pasó por segunda vez junto al bosque, con su largo pelo suelto. Flotaba boca abajo, como lo hacen ellas a causa de la pesantez de los pechos. Fuertemente violácea en su último desnudo, en su definitivo intento de justificación sobre el féretro deslizante del agua.

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The error, then, seemed to lie in having imposed that measure in time with respect to an event in a certain way considered key, when what will have to happen will always be the work of the blind claw, of the secret ambush from the simplest situations.
And the date came, of course. But with no visible mark on a fancy day, just like a boring summer yawn equal to so many.
Anyone who has lost an organ knows how restoration sometimes feels for brief and fascinating seconds when it is impossible to wrestle with the evidence of return. This is how it was her turn to experience the phenomenon, still precariously located in the fringe without memory. In other words, her head, the nonexistent one, was sprouting again in a sweet and light form, a kind of poppy in the season of seed. There was a tiny tingling inside her, but only that hint of pregnancy. Impossible to expect another sign, at least something that could be classified among the concise attributes of life.

Rebeca’s body is a scream; a cry in the 21st century, from which we read the novel, and an even louder cry in the equator of the 20th century, at which time the text was published to, with or without intention, vindicate the physical identity of the woman and combat the tendency to hide and condemn beauty in fear of the sensations it arouses; A big mistake.
Harmony Somers tells us in The Naked Woman that there is only one way to achieve emotional equilibrium, a certain happiness, if it exists; and it is starting from the discomfort and questioning ourselves about the drives that accentuates the absolute presence of the other within us.
In this sense, men and women are victims, and the novel goes a step beyond feminism to place itself on a plane of universal denunciation and propose a liberation of thought that, although imprisoned for more than a thousand years, has the power to detach itself from the chains in a second if, as in a spell, we find the right words, why not, magic.
There, where all the characters are the same, the woodcutter and his wife, the twins and the priest, the fan of intrigue and mystery, and the horse …, that’s where we live, immersed in darkness. The forest is our environment, our sleeping consciousness, a place that is meaningless if we are not willing to make it the scene of battle.

Rebeca’s body is a scream; a cry in the 21st century, from which we read the novel, and an even louder cry in the equator of the 20th century, at which time the text was published to, with or without intention, vindicate the physical identity of the woman and combat the tendency to hide and condemn beauty in fear of the sensations it arouses; A big mistake.
Harmony Somers tells us in The Naked Woman that there is only one way to achieve emotional equilibrium, a certain happiness, if it exists; and it is starting from the discomfort and questioning ourselves about the drives that accentuates the absolute presence of the other within us.
In this sense, men and women are victims, and the novel goes a step beyond feminism to place itself on a plane of universal denunciation and propose a liberation of thought that, although imprisoned for more than a thousand years, has the power to detach itself from the chains in a second if, as in a spell, we find the right words, why not, magic.
There, where all the characters are the same, the woodcutter and his wife, the twins and the priest, the fan of intrigue and mystery, and the horse …, that’s where we live, immersed in darkness. The forest is our environment, our sleeping consciousness, a place that is meaningless if we are not willing to make it the scene of battle.
The central part, less rare and dreamlike, in which we see the consequences of a liberated woman on the population (let’s say in a rural Uruguay prior to 1950), is much more digestible than the rest. When she gets surreal and lyrical, you have to reread a paragraph until you understand what is going on … or you give up and let yourself go with the flow, and nothing happens either. Clearly, it is not something that I would read on its own, but I also find the background of the author and the history of (re) publication of the work more interesting than its content itself.
Re-vindication of the liberation of women, sexual or in general? Also. And sex scenes have several, although not necessarily pleasant. But erotic? I guess in 1950 this would tickle someone.
The author is framed within the group of «rare» of Uruguayan literature. It’s good to know before you tackle it. She’s hard to read every page. Our feet feel heavy when we enter that thick and misty forest, as if it were scraping us too. Surely it would have been too hard to finish if it were longer, but at 100 pages, the effort is well worth it. Because of the beauty of some images, because of the strange atmosphere, because of the exercise of imagining how a book like this written by a woman in 1950 was understood.
The chapter of the priest, of this one confronted with his wishes, of how he explains the symbolism of what is happening to everyone in the town is very interesting.

Armonía Somers immerses us in a blurry image through Rebeca Blinke’s journey, who, shedding her head to put it back on hers, her body, goes into the forest completely naked to undertake the freedom of being.
These last words are my interpretation of the message that this novel leaves engraved in my heart, and that is that being oneself carries painful consequences, but these will always be better than the torment of not being, of not living based on the nature of our life. consciousness, our bodies and our minds.
It has been a heavy reading, almost in a literal sense, as if each page, each letter and word had weight on its own and a physical effort had to be made to finish each page and turn it over. His largely metaphorical and meaningful language, the use of words, which at first I interpreted as clumsy, did not make it easy for me to finish this novel, which is actually very short. I understood, or rather wanted to understand, that in that tangled language was hidden the intention that the reader had to ruminate on those pages, go back over them and not stay only in what was told, but in what he really wanted to say.
The synopsis of my edition spoke of eroticism, it was difficult for me to find and identify it because I expected something quite different. What I found was the discovery of eros through the raw pain of its scenes that I could well live in my own nerves and remember my own prison and the anguish that not being myself had caused me throughout my life. In that pain, so ingrained in every woman, or so I think, I found a rebellion, an empowerment, a force not to fall back into the same demise of my identity, which awakened within me an eroticism that had hitherto been silent and unknown. for me.
If they asked me if I liked the book, I would certainly say no. Why? Simple, because it has made me have a very bad time. On the other hand, if you ask me if I recommend reading it, I would answer, also without a hint of doubt, that this book is a success, especially if it is about a woman.

That woman does not exist, she has never existed. At least for someone who is not as clean as she is and can touch it with all her fingers, which would be the same as saying that she does not exist … Yes, do not put that care face for me, I am in my right mind. Eva, I already explained it to you, was thrown out of paradise because of that fruit. But why so much shame and fear of the divine eye, in whose clear waters beauty could never have been executed? That is what I ask you, in turn, although it seems strange. And she has come back, simply because she now knows that God wanted her to eat her fruit. And the naked woman is passing through the village, seeking the review of the trial. And she makes fun of you and your poor female halves, neatly presented but incapable of whole love …
Oh, though she’s not just a woman, either. And she maybe she could amaze us with her double game. But why try to give yourselves to smell that rose, the first reversible carnal rose of paradise treading this miserable land?

Because I am the only witness, I will be the last memory of her that you have … And I know that you will loosen those damn fingers … You need my throat to say no, she never existed, to continue believing. Like everyone else, who seek the no of others so that her yes is not filled with blind moths …
Rebeca Linke passed the forest for the second time, her long hair down. She floated face down, as they do because of the heaviness of her breasts. She was strongly purple in the last nude of her, in the final attempt to justify her on the sliding casket of the water.

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