¡Despierta!: Cómo Las Élites Están Controlando El Mundo — Fernando Paz Cristóbal / Wake Up! : How Elites Are Controlling The World by Fernando Paz Cristóbal (spanish book edition)

Como consecuencia de la pandemia, la libertad de expresión se ha visto obscenamente limitada; las redes sociales han impuesto una permanente censura de la protesta; las verificadoras determinan lo que es verdad y lo que no lo es; Donald Trump ha sido expulsado de la presidencia de Estados Unidos; la Agenda 2030 adelanta sus previsiones y nos anticipa que dejaremos de viajar en avión y de comer carne; China se hace de oro mientras el resto del mundo se abisma al desastre; las farmacéuticas duplican sus beneficios e imponen la vacunación incluyendo niños e incluso animales domésticos; la inmigración ilegal se dispara, pero se limita drásticamente el tráfico legal de personas.
¿Cuál es el vínculo entre todos estos hechos? Pues que son el resultado de las políticas de la élite mundial, los objetivos que esta lleva persiguiendo desde hace décadas. Cada uno de ellos constituía un propósito nada fácil de conseguir; todos juntos, parecía un imposible. Sin embargo, la pandemia lo ha hecho posible.

Siguiendo la estela de los libros comentados en mi blog por Cristina Martín Jiménez. El libro comprende 3 grandes áreas temáticas, en varios capítulos:
-Un bloque en el que expone que la élite globalista quiere imponer un proyecto ideológico al mundo. Un mundo sin barreras, que exigiría destruir a los estados-nación. El motor de este globalismo sería el neomalthusismo (limitación del crecimiento de la población mundial), para lo cual se requiere como cortada el cambio climático. El Nuevo Orden Mundial al que aspiran se basaría en el multiculturalismo, el capitalismo transnacional, ecologismo y la ideología de género. Los medios para tal fin los pone la ONU, el FMI, las fundaciones privadas, las trasnacionales, los magnates (Rockefeller, Soros, Bill Gates) y las ONGs.
-El segundo bloque hablaría del coronavirus: las dudas razonables sobre su origen (pinta más bien de origen artificial); la nefasta gestión de la pandemia en España; los “trapos sucios” de las farmacéuticas; las muchas incoherencias que nos han contado sobre el virus desde la versión “oficial”; así como las muchas dudas que generan las vacunas (que al final no eran tan maravillosas como prometían). Y todo argumentado de manera racional: aquí no se alude a redes 5G ni grafeno en las vacunas ni esas ideas descabelladas que difunden algunos conspiranoicos por las redes. El autor disecciona racionalmente todo lo que se nos ha dicho, lo contrasta con la evidencia, y muestra las contradicciones.
-El tercer bloque analiza el futuro, lo que nos espera. Para las élites China es el ejemplo a seguir: control absoluto sobre la población utilizando la tecnología; censura, transhumanismo y un “mundo feliz”, donde no viajaremos en avión ni comeremos carne, según los propósitos de la Agenda 2030.
Se podrá estar más o menos de acuerdo con lo que expone el autor, pero lo cierto es que lo que estamos padeciendo en estos últimos años encuentra una explicación sólida, argumentada y coherente en estas páginas. A uno le da la sensación de que todo lo que vemos en los medios (y padecemos) cobra sentido. Y además, es meritorio que se nos presente todo esto en un libro breve y bien sistematizado, de lectura agradable y fácil.

El 18 de octubre de 2019, en el hotel The Pierre —en la Quinta Avenida neoyorquina—, tuvo lugar un encuentro de muy alto nivel, organizado por el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates. Dicho encuentro fue bautizado como Evento 201.
Hasta allí acudieron unas 130 personas de reconocida importancia mundial, vinculadas a las finanzas, a la política, a los medios y a las farmacéuticas. Entre los asistentes se encontraban Ryan Morhard, asesor de Salud y Economía del Foro Económico Mundial; Paul Stoffels, director científico de Johnson & Johnson; Stanley Bergman, CEO de Henry Schein; Tim Evans, exdirector de salud del Banco Mundial; Christopher Elias, presidente de la División de Desarrollo Global de la Fundación Bill y Melinda Gates; Avril Haines, exsubdirectora de la CIA; Sofía Borges, de la ONU; Matthew Harrington, de Edelman; Martin Knuchel, de Lufthansa; Eduardo Martínez, de UPS; Hasti Taghi, de la NBC; Lavan Thiru, de la autoridad monetaria de Singapur y George Gao, del CDC de China.
El objetivo esencial del encuentro era el de subrayar cómo, a partir de un acontecimiento imprevisto de repercusión mundial, resulta imprescindible establecer fuertes sinergias público-privadas para una colaboración mucho más amplia e intensa entre los dos sectores; al tiempo que el retroceso experimentado en materia de colaboración internacional explicaría la insuficiencia de las respuestas nacionales ante una crisis de estas dimensiones. El objetivo último es el de someter lo público al imperio de lo privado.
Es probable que un exceso de secretismo contribuyese a alimentar las teorías de la conspiración, algo poco asumible para muchos ciudadanos occidentales. Por otro lado, el hecho mismo de su relativa publicitación facilita la digestión de este tipo de encuentros internacionales en los que se coordinan los esfuerzos de un buen número de países y de instituciones.
Valga como ejemplo paradigmático la figura de Bill Gates —valorada positivamente, en términos generales, por la opinión pública—, mientras la OMS se hunde en el descrédito un poco más cada semana. No son muchos los que saben que Gates es quien dirige la OMS desde la sombra, a través de sus fundaciones. Y que, por tanto, es el responsable de sus desatinos, de sus cambios de criterio, de su volubilidad; pero el magnate de Seattle sale sistemáticamente reforzado de sus comparecencias públicas, sin que nadie le recuerde su responsabilidad al respecto.

David Rockefeller y Henry Kissinger han sido desde sus inicios la columna vertebral del globalismo. No es solo el CFR, con ser de vital importancia; es Bilderberg, junto a Donald Rumsfeld o los Clinton, en los últimos años. De hecho, Bilderberg fue criatura predilecta de David Rockefeller, aunque al no lograr atraer a Japón puso en marcha la Trilateral (denominada originalmente Comisión Internacional para la Paz y la Prosperidad) en 1973, a instancias de Zbigniew Brzezinski —personaje central del Consejo para las Relaciones Exteriores (CFR)—, que sería su primer director. La Comisión Trilateral ha provisto de un sinfín de expertos en todo tipo de materias a las sucesivas administraciones estadounidenses, mientras que cuatro presidentes de Estados Unidos han pertenecido a ella (dos demócratas y dos republicanos, en perfecto equilibrio: Clinton y Carter, y Bush y Ford).

El Nuevo Orden Mundial se construye sobre una serie de pilares:
1.En lo ideológico, la supresión de la culturas nacionales a través del multiculturalismo, segura vía a la destrucción de Occidente. Hay que borrar las fronteras e impedir toda protección nacional. Esa destrucción cultural viene acompañada de la supresión de la moral social tradicional para ser sustituida por moralidades parciales o por la ausencia de toda moral.
2.En lo económico, un capitalismo liberal o un capitalismo público, tanto da, que desemboque en un capitalismo transnacional: ese es el objetivo. Hay que eliminar la protección a los nacionales. Será el fin de la propiedad y el del dinero.
3.En lo espiritual, el sincretismo religioso habrá de sustituir al cristianismo por la Nueva Era, una especie de espiritualismo aconfesional; por el agnosticismo; y, sobre todo, por el indiferentismo. Se busca la colaboración del propio cristianismo mediante una reinterpretación del ecumenismo que iguale a todas las religiones y mediante la asimilación al mundo. Su busca, en definitiva, la colaboración del propio cristianismo para su autodestrucción.

1.   El vínculo esencial que une a los globalitarios es el neomalthusianismo; si tuviéramos que definir el globalismo, o hallar el mínimo común entre los globalitarios, ese sería la idea de que existe demasiada gente en el mundo. Todas sus acciones las acometen desde ese supuesto, tanto la promoción del lobby LGBTI, como el aborto o la inmigración. Se trata de promover la esterilidad.
2.   En el ámbito de lo práctico existe un elemento crucial, de carácter religioso: el ecologismo. La sobreexplotación de los recursos resulta esencialmente censurable por cuanto daña la Tierra.
3.   El globalitarismo pretende superar las viejas fronteras, reflejo de unas identidades que hay que borrar. Por tanto, los estados-nación deben ser suprimidos y, con ellos, las formas de vida tradicionales. Su soberanía es cedida a estructuras supranacionales público-privadas que dirigen la construcción de un capitalismo transnacional, en donde la democracia es apenas un mecanismo de ratificación de las decisiones de esos poderes; en la medida en que las instituciones transnacionales —que no han sido elegidas sino por la casta plutocrática— toman las decisiones trascendentales, la democracia se convierte en una farsa. La población ya solo tiene capacidad de elegir a los ejecutores de las decisiones que se adoptan en Washington, en Bruselas o en Nueva York.
4.   El mecanismo para la destrucción de los estados-nación es la promoción del multiculturalismo (que con frecuencia se confunde interesadamente con el pluriculturalismo) a través de la inmigración. El primero aboca al conflicto, al defender la licitud de que los inmigrantes reproduzcan sus propias leyes, costumbres y normas, al margen de las que rigen en las sociedades de acogida.

A.   La ONU, hoy, se ha convertido en un organismo que impone las políticas de género en todo el mundo, las políticas antinatalistas y las políticas globalizadoras. La ONU está compuesta por una notable cantidad de agencias, como la FAO o la UNESCO, destinadas a dar cobertura intelectual y ejecutiva a los propósitos del globalismo. En los últimos meses y años es de destacar la OMS, agencia de la ONU especializada en la salud.
B.   El FMI. A partir de Bretton Woods, cuando los países tienen déficits en sus balanzas de pagos, deben financiarlos a través de las reservas internacionales o mediante el otorgamiento de préstamos que concede el Fondo Monetario Internacional. Para eso fue creado. Para tener acceso a esos préstamos los países deben acordar sus políticas económicas con el FMI.
C.   Las grandes fundaciones privadas: sobre todo las promovidas por Bill Gates, por Ted Turner, por Rothschild, por Rockefeller o por George Soros. Se dedican a extender el aborto, la contracepción y la ideología de género, además de promover la inmigración masiva e ilegal. Estas fundaciones son determinantes, porque son las que han hecho posible que los gobiernos implementen las políticas de género o las que han impulsado el ecologismo ideológico y normalizado el aborto; su abrumador dominio de los medios de comunicación les ha permitido moldear un imaginario social favorable a todas estas políticas.
D.   Las estructuras transnacionales oficiales, como la Unión Europea, que está haciendo un papel de primer orden como laboratorio experimental del globalismo.
E.   Las estructuras transnacionales más o menos secretas o, si se prefiere y como ellos dicen, discretas: la masonería, de importancia aún en muchos países latinos, mediterráneos y americanos; u organizaciones como la Trilateral, como el Club Bilderberg o, sobre todo, como el CFR.
F.   Las oenegés, como las muy famosas dedicadas al ecologismo, juegan un papel esencial también, por cuanto son proveedores de la ideología oficial, junto a las asociaciones feministas, e impulsoras prácticas de los flujos migratorios hacia Europa.

Desde el año 2000, Soros financia las llamadas «revoluciones de color», empezando por la de Serbia de ese año; luego, la «revolución rosa», en Georgia, en 2003; la «revolución naranja», en Ucrania, en el 2004; la revolución de los Tulipanes en Kirguistán, en 2005. Y otra docena larga de revoluciones en las que, en todas ellas, se agitó un nacionalismo antirruso y prooccidental.
Soros también jugó un papel en el catastrófico episodio conocido como Primavera Árabe, orquestado desde Washington a fin de enfrentar a los musulmanes entre sí y frenar la creación de una banca islámica independiente del dólar, un organismo nacionalizado de corte islámico, básicamente en manos iraníes, sirias y libias (que fue la razón que precipitó la intervención estadounidense, a instancias de Goldman Sachs y el grupo Rothschild).
El papel de Soros en este asunto consistió en coordinarse con la NED (National Endowment for Democracy) y la CIA para fortalecer a las organizaciones izquierdistas a través de sus oenegés; en particular, impulsaron la candidatura de El-Baradei en Egipto, conocido globalista y premio nobel de la paz 2005.
Soros, pese a su posición contraria a la Unión Europea, se ha ocupado de encontrar amplio respaldo en las instituciones comunitarias. Poco antes de la irrupción de la pandemia, la publicación francesa Valeurs Actuelles informaba del modo en que Soros se había asegurado el control del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el conocido como Tribunal de Estrasburgo, lo que en su día generó un cierto escándalo en nuestro vecino del norte.
En los últimos diez años, siete oenegés vinculadas a Soros han estado enviando sus jueces para formar parte de dicho tribunal. Veintidós de entre cien tenían nexos directos con Soros o alguna de su organizaciones hace apenas unos años. Actualmente, la cifra se ha incrementado sustancialmente.
Un ejemplo paradigmático es el del húngaro András Sajó. Desde hace décadas su trabajo ha girado en torno a la presencia de los símbolos religiosos en las sociedades y la abolición de la pena de muerte.

Mientras que Soros es un ventrílocuo, cuya estrategia pasa por permanecer en la sombra, Bill Gates representa un tipo de globalitario completamente diferente: pese a su timidez —real—, le gustan la exposición y el reconocimiento públicos. A su alrededor se ha generado una especie de leyenda, una actualización del self made man norteamericano, un triunfador sobre la adversidad. Como en una parodia del nacimiento en la gruta de Belén, se ha extendido la especie de que montó la empresa destinada a revolucionar el mundo en un garaje; claro que lo mismo se ha dicho del nacimiento de Amazon, de Apple, de Netflix o de Google. Prodigios de los garajes californianos. La realidad es que Gates nació en una familia privilegiada, que estudió en Harvard y que jamás pasó la menor privación.
De entre esas organizaciones, hay que señalar los aportes a las que se dedican a financiar abortos por todo el mundo, un obvio método de control demográfico que limita el crecimiento de la población. Y es que la familia de Bill Gates ha estado siempre ligada a ese objetivo: su padre trabajó en la junta directiva de Planned Parenthood, la gran financiadora de abortos en todo el mundo. En realidad, Planned Parenthood no nació solo como una corporación antinatalista, sino que tuvo una clara orientación eugenésica, por más que hoy trate de negarse por todos los medios. Y es que su historia debería hacerle un claro aspirante a ser «cancelada» con urgencia.
Planned Parenthood existe oficialmente con esa denominación desde 1942, pero su fundación se remonta a 1921, cuando Margaret Sanger fundó la Liga Estadounidense de Control de Natalidad. Un siglo después, cuenta con más de seiscientos centros en Estados Unidos. Planned Parenthood realiza la tercera parte de todos los abortos practicados en el conjunto del país; su presupuesto alcanza la astronómica cifra de 1.300 millones de dólares, de los que casi un 45% procede de la financiación gubernamental.
Durante la campaña de 2020, Planned Parenthood, junto a otras iniciativas como Black Lives Matters, formó uno de los principales apoyos de las candidaturas demócratas. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de la oposición al expresidente de Estados Unidos Donald Trump, entre las empresas que colaboran con Planned Parenthood podemos citar nada menos que a American Express, Bank of America, Boeing, Nike, Deutsche Bank, Microsoft, Starbucks, Avon, Pepsico, Nestlé y, por supuesto, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Buffett, la Fundación Ford y la Fundación Turner.
Bill, el hijo de aquel Gates directivo de Planned Parenthood, recoge hoy la herencia paterna, extendiendo por el mundo los llamados «derechos reproductivos» por los cinco continentes: el aborto.

Del Foro de Davos ha salido la Agenda 2030, un diseño del mundo en origen pensado para esa fecha, pero que los acontecimientos más recientes están permitiendo adelantar. La publicitación de dicha Agenda —y el salto de las reuniones del Foro Económico Mundial a los titulares de prensa— está abriendo los ojos a muchas personas que hasta ahora archivaban las informaciones de este tipo en el cajón de la conspiranoia.
En España, entretanto, el gobierno de Pedro Sánchez reparte con generosidad subvenciones al ferrocarril mientras anuncia peajes al tráfico por autovías y subidas de impuestos a los vehículos individuales y a la aviación civil. El caso español muestra hasta qué extremo de sonrojo los gobiernos occidentales ejecutan las políticas globalitarias.
También se nos anuncia que dejaremos de comer carne en 2030, y por las mismas razones ambientales. El precio de la que se produzca será prohibitivo para la población general, y solo los muy ricos podrán consumirla. La generación de un ambiente favorable al animalismo y la extensión del veganismo han ido preparando el terreno durante años.
Lo que es indiscutible es que asistimos a un proceso general de digitalización de la economía. Aunque la población no ha sido advertida, no estamos lejos de eliminar el dinero en efectivo. En este momento, el desarrollo de las monedas digitales emitidas por los bancos centrales está bastante avanzado. Obviamente, hay sectores de la población que quedarían al margen de dicha digitalización, por razones de edad, de formación, de estatus socioeconómico o por ubicación geográfica.
Pero el verdadero problema procede de la capacidad de control sobre la población que otorgaría a los gobiernos y a los emisores de la moneda digital. Algo que ya está en marcha en China a través de las aplicaciones WeChat y AliPay, utilizadas para pagar y para relacionarse, esenciales para los programas de monitorización de la población del gobierno chino.
Como ha quedado dicho, la Agenda 2030 es un programa de ingeniería social que pretende reconfigurar el mundo tal y como lo hemos conocido hasta ahora, con el control demográfico como aspecto clave. Dicho control incluye otros aspectos, como son los relativos a la salud y a los «derechos» sexuales.

La pandemia ha sido útil para frenar el ascenso del populismo también porque la población ha sentido la tentación de unirse a sus gobiernos, de refugiarse en la seguridad de lo conocido frente a la aventura. Esta es una actitud muy frecuente cuando una sociedad es golpeada. Sucede con motivo de guerras —algo abundantemente acreditado— o con motivo de enfermedades: la población se repliega sobre sí misma. Busca seguridad, y está dispuesta a aceptar todo lo que le asegure la supervivencia.

Wuhan es un emporio científico que dispone de cuatro parques tecnológicos, más de trescientas instituciones de investigación, y una verdadera legión de empresas de alta tecnología entre las que se encuentran inversores de la mitad de las primeras quinientas mayores empresas del mundo.
Lo que realmente sucedió en Wuhan es posible que nunca se sepa con certeza. Pero lo cierto es que la concentración de un gran número de atletas procedentes de distintas partes del mundo —hasta ciento nueve naciones tomaron parte en los juegos— ha dado lugar a muchas especulaciones en relación a la pandemia. Y es lógico: militares franceses informaron de un número sorprendentemente alto de participantes que enfermaron con síntomas semejantes a los de la gripe.
¿Es posible que los primeros casos de SARS-CoV-2 se produjeran por aquellas fechas en Wuhan? Es muy poco probable. De haber sido así, la comisión de la OMS enviada con el propósito inconfeso de desviar las sospechas del verdadero origen del virus habría explotado dicha probabilidad, lo que no sucedió con seguridad porque las fechas no hubieran encajado.
Montagnier —el más cualificado para hacerlo— asegura que hay presencia de elementos del VIH en el genoma del coronavirus y que hasta se le han incrustado partes del parásito de la malaria. Esas declaraciones produjeron un visible nerviosismo entre quienes sostenían la versión oficial.
Montagnier declaró:
Eso de que el covid-19 apareció tras una contaminación ocurrida en un mercado de animales salvajes, en Wuhan, es una bella leyenda. Imposible. Los científicos chinos son grandes especialistas. El virus salió de un laboratorio de Wuhan.

Las grandes farmacéuticas son empresas multinacionales que están presentes en la mayor parte de los países del mundo. Se trata de un sector interdisciplinar que necesita y, al tiempo, promueve los mayores adelantos científicos. En cierto modo, representan el sector globalista por excelencia: adquieren las materias primas en los países más pobres, se instalan en aquellos donde las condiciones laborales son más precarias, venden sus productos en los países más ricos. El de las farmacéuticas es el sector más rentable del mundo.
Constituye un oligopolio en el que veinticinco empresas controlan el 50% de todo el mercado mundial gracias a su capacidad competitiva basada en I+D, en el sistema de patentes y en el control de la comercialización. Fuera del mundo desarrollado tan solo la India y Brasil han conseguido alguna presencia en el mundo del medicamento. La práctica totalidad de la industria pertenece a la Unión Europea, a Estados Unidos y a Japón. La mayor parte de las patentes se registran en Estados Unidos, lo que hace que las cincuenta primeras pertenezcan a ese país. Con alguna excepción, la industria farmacéutica es reluctante a desarrollar los medicamentos de los países pobres, que les dejan un margen mucho menor de beneficios; prefieren concentrarse en la producción de superfluidades cosméticas que se pagan mucho mejor en los países ricos.
Hoy, las grandes farmacéuticas se han convertido en verdaderos monstruos comerciales. Por ejemplo, Pfizer, que es la más grande de todas, volumen que ha conseguido básicamente comprando a sus competidores; en la primera década del siglo adquirió, por este orden, Warner-Lambert (2000), Pharmacia (2003) y Wyeth (2009). Y a punto estuvo de hacer lo propio con Allergan, con la que había llegado a un acuerdo por 160.000 millones de dólares que incluía trasladar su sede a Irlanda desde Estados Unidos para pagar menos impuestos.
Como a nadie se le oculta, la industria farmacéutica vive unos momentos excepcionales a nivel mundial.
La estrategia de los sobornos es corriente, y ni mucho menos se limita a Estados Unidos. De hecho, la justicia de ese país cobró a Pfizer más de 60 millones de dólares en el año 2012 por sobornar «a médicos, reguladores y funcionarios en el extranjero». Tales hechos tuvieron lugar, de forma acreditada, en China, Rusia, Italia, Bulgaria, Kazajistán, Croacia, Serbia y República Checa. La farmacéutica pagó para que se detuviera el proceso criminal con el que la fiscalía estadounidense amenazaba.
No era la primera vez, y no sería la última. En 2009, Pfizer había tenido que afrontar el pago de una multa récord, impuesta por la administración norteamericana, de 2.300 millones de dólares por comercializar fármacos de modo irregular entre médicos y pacientes. Una parte de la multa se correspondía con la sanción criminal impuesta por la venta de Bextra, un medicamento que había sido retirado del mercado cuatro años atrás. La otra parte de la multa se debía a la comercialización de fármacos con usos no aprobados y en concepto de sobornos a profesionales sanitarios, pista sobre la que estaba la justicia tras la condena de 2004 por la venta irregular de Neurontin, un producto para la apoplejía. Ese mismo año, como señal de buena voluntad, Pfizer acordó cooperar con el Departamento de Justicia en la investigación de la ilegalidades cometidas en el extranjero por empresas que cotizan en bolsa.
La multa a Pfizer superaba con creces a la histórica impuesta a Eli Lilly, que había sido sancionada con 1.420 millones de dólares debido a la venta de Zyprexa, un fármaco contra la esquizofrenia.
Una investigación del 7 de noviembre de 1991 en The Wall Street Journal afirmó que la compañía había estado falsificando deliberadamente los registros de fabricación relacionados con las fracturas de válvulas. El escándalo hizo que Pfizer anunciase que destinaría 205 millones de dólares para resolver las decenas de miles de demandas de válvulas que se habían presentado en su contra. Sin embargo, Pfizer se resistió a cumplir la orden de la FDA consistente en notificar a los pacientes que había un mayor riesgo de fracturas fatales en aquellas que tenían la válvula instalada antes de los cincuenta años. En 1994, Pfizer finalmente llegó a un acuerdo de casi 11 millones de dólares para que el Departamento de Justicia retirase el cargo de que la compañía había mentido a los reguladores, además de dedicar otros 9 millones a monitorear al resto de pacientes o a retirarles la válvula.

En el caso de nuestro país, el gobierno estableció en diciembre de 2020 la llamada «Estrategia de vacunación frente al covid-19», que se concretó en el denominado Grupo de Trabajo Técnico de Vacunación covid-19, de la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones. 160 En la página 2 aparecen los nombres del equipo de sanitarios y médicos y no faltan, entre ellos, conspicuos pediatras ligados a las farmacéuticas. Y es que la Asociación Española de Pediatría ha sido frecuentemente vinculada con Sanofi; la dependencia de la AEP de la financiación externa es del 80%, cosa que reconoce la propia asociación, aunque sin especificar los donantes. Lo cierto es que de sus decisiones resultan beneficiados Sanofi y GlaxoSmithKline, tal y como denunció en su día la «Plataforma No, Gracias».
Uno de los participantes en la estrategia gubernamental admite que ha formado parte de actividades docentes relacionadas con GlaxoSmithKline, Novartis, Pfizer y Sanofi Pasteur MSD, como investigador en ensayos clínicos de Novartis y como consultor en un advisory board de AstraZeneca, Novartis y Pfizer. Y ahora es uno de los que dirige la estrategia nacional con respecto a las vacunas.
Otro de los participantes preside un gran lobby en favor de la vacunación, la Asociación Española de Vacunología, que reconoce estar patrocinada por fabricantes de vacunas como GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur MSD, Pfizer y Baxter. Y aún hay un tercero, Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España y profesor de derecho constitucional que, pese a su cargo, se ha manifestado en contra de la voluntariedad de las vacunas y a favor no solo de obligar a los ciudadanos a pincharse, sino de retirar la patria potestad a los padres que se nieguen a vacunar a los bebés.
Federico de Montalvo —asesor del gobierno central y de los autonómicos, y siempre contrario a la libertad de elección— lleva a cabo un filisteo ejercicio de distinción entre la voluntariedad de las vacunas y su no obligatoriedad, asegurando que la posición ética de una y otra no son equivalentes. Ligado al lobby farmacéutico, utiliza la ética para justificar el negocio de las vacunas a costa de la pandemia, y por eso insiste en la vacunación obligatoria, pero, eso sí, niega que las personas afectadas por el mal funcionamiento de las vacunas deban ser compensadas.

Una de las cuestiones que más ha llamado la atención a lo largo de esta pandemia ha sido el tesón con el que se ha depositado toda esperanza en las vacunas, única y exclusivamente en las vacunas. Junto a ello, no puede dejar de mencionarse el escasísimo tiempo en el que estas se han desarrollado, algo también sorprendente teniendo en cuenta que se partía teóricamente de cero y que no era seguro que se pudiesen obtener.
Objetivo con el que los medios se han ensañado en particular han sido los jóvenes. Desde el principio de la pandemia, han tenido la culpa de todo. Pese a que estuvimos encerrados durante más de dos meses…
El desarrollo de la vacuna fue extraordinariamente veloz. Lo que normalmente lleva ocho años se consiguió en ocho meses; algunos lo calificaron de milagro; otros, de chapuza. En realidad, se ha tratado de una carrera comercial; una carrera comercial entre algunas de las empresas más desaprensivas y deshonestas del mundo, pero de las que depende la salud de la población en un momento crítico de nuestra historia. El objetivo era el de posicionarse del mejor modo posible en el mercado, y eso exigía aportar unos resultados de eficacia probada. Con los antecedentes, sin embargo, se podía esperar cualquier cosa, como el doctor Gøtzsche había demostrado unos años atrás. Y, en efecto, así fue.
Las vacunas se comercializaron mucho antes de lo que era recomendable, por lo que no recibieron la aprobación de las agencias mundiales, como la FDA y la AEM, sino tan solo una autorización para su utilización de emergencia. Las peticiones de voluntarios para probar la vacuna en sus ensayos experimentales eran claras: se formarían dos grupos, divididos por edades: uno, de mayores de sesenta y cinco años y otro de entre dieciocho y cincuenta y cinco años. Los voluntarios serían personas sanas, sin antecedentes de contagio covid-19 y sin ninguna infección de SARS-CoV-2. Se puso especial énfasis en que los participantes no tuvieran anticuerpos, algo en lo que siempre insistirían los fabricantes. La necesidad de alcanzar dicha certeza era tal que los voluntarios serían sometidos a un test serológico y a una PCR.
La vacunación generalizada que se está llevando a cabo es difícil de justificar. La inmensa mayoría de los infectados no ha pasado la enfermedad de un modo grave o peligroso, en ningún sentido y, por tanto, es difícil de justificar la inoculación de una sustancia de la que se ignoran sus efectos a medio y largo plazo; y de la que se sabe que, a corto plazo, no ha estado exenta de problemas.
Al respecto de la vitamina D hubo una cierta controversia al comienzo. Se hicieron pruebas con sesgos erróneos, como utilizar la vitamina D para curar el coronavirus, lo que no resultaba eficaz; pero lo cierto era que existe una correlación entre bajos índices de vitamina D y contagios y muertes. De hecho, la población española presenta esos bajos índices, y España ha sido un país donde los números han sido peores, al tener una piel más dispuesta a bloquear los rayos procedentes del sol.
Los estudios siguieron apuntalando la vinculación entre la vitamina D y el coronavirus. La correlación no solo era fuerte, sino que hasta un 82% de los propios enfermos de coronavirus tenían una clara deficiencia de vitamina D. Parece cada vez más claro que la vitamina D tiene un potente efecto en el sistema inmunológico y protege, particularmente, de las infecciones. La deficiencia de vitamina D de los enfermos de covid-19 está, a su vez, relacionada con deficiencias en la coagulación de la sangre.
Sin embargo, y pese a las abrumadoras pruebas de los beneficios que se seguían, no se tomó ninguna medida para que la población incrementase sus niveles de vitamina D, sobre todo los más débiles, precisamente aquellos cuya debilidad bien pudiera estar relacionada con su bajo nivel vitamínico.

Una de las cosas que más llama la atención sobre las vacunas es que no se han tenido en cuenta las características y peculiaridades ni de las personas ni de los países. Y se han aplicado de modo uniforme.
La conocida inmunóloga española Margarita del Val señaló que jamás alcanzaremos la inmunidad de grupo, ya que «ninguna de las vacunas que tenemos» es capaz de tal cosa. El 8 de junio explicó, muy gráficamente, que dicha inmunidad «solo se puede conseguir con vacunas que además de proteger contra la enfermedad, eviten que las personas vacunadas que se encuentren con el virus se infecten y lo multipliquen». Y las vacunas de que disponemos no van a hacer ese trabajo.

Año y medio después de iniciada la pandemia, España es el país europeo que peores datos ofrece en todos los terrenos. En el sanitario, en el humanitario, en el económico. El proceder de las administraciones, pero sobre todo de la central, ha sido pavoroso. Interminables titubeos, decisiones contradichas apenas horas después, informaciones erróneas, control exhaustivo de la información y de la opinión, enfrentamiento entre comunidades, confinamientos absurdos, abandono de los más débiles, ruina económica para todos…
Calificar de catastrófico el desempeño del Ejecutivo solo refleja la más estricta realidad. Una catástrofe que no ha sido sino una razón más para poner en marcha la máquina de propaganda que los voceros del gobierno —cuyas ramificaciones alcanzan todos los ámbitos de nuestra sociedad— dominan con sobrada maestría.

Hoy, en España, los medios de comunicación están controlados por grandes inversores privados, fondos de inversión en busca de oportunidad de negocio, conocidos como «fondos buitre». Esos fondos son los mismos en el caso de Atresmedia, Mediaset y PRISA.
¿Y quiénes son esos inversores? ¿Y qué tienen estos que ver con la promoción de la vacuna o de las más enloquecidas medidas restrictivas?
Pues mucho. En este país de saldos que es hoy España, hace ya años que ha hecho irrupción un actor muy poderoso: el Fondo de Inversión Blackrock, un fondo buitre atento a todo aquel que dé muestras de debilidad. Blackrock, que maneja unos 7 billones de dólares, está en manos de los más poderosos inversores globalistas. ¿Y dónde han puesto estos sus ojos y sus dineros?
Blackrock ha llegado a ser el máximo accionista del IBEX, estando presente en 21 de las 35 empresas que lo componen. Y no en cualquiera. Para empezar, está en los tres principales bancos del país; está en BBVA; está en Caixabank; está en el Banco Santander. Así que su influencia sobre el sector financiero y sobre las principales empresas del país es innegable. Incluimos entre ellas a Telefónica.
Al tiempo que este fondo buitre se lanza sobre la banca española, también lo ha hecho sobre los grupos mediáticos. Si en el sector financiero ha picado sobre los tres mejores, en el de la comunicación ha hecho lo propio. Hoy, Blackrock está en el Grupo PRISA, en Mediaset y en Atresmedia.

¿Cómo es posible sostener que las mascarillas no interfieren la respiración, al tiempo que se exime a los corredores o a los ciclistas de llevarla, o se permite que las personas con problemas respiratorios están exentas de la obligación de usarlas? Menos aún se entiende que mientras la OMS desaconseja vivamente que las porten los menores de doce años, en España sean obligatorias para los niños. ¿Quién es el responsable de esto?
Un par de cosas asombran también al respecto de las mascarillas: de un lado, que siendo los ojos vías de contacto y transmisión, no hayan recibido ninguna atención ni demanda de ser tapados; de otro, que no se hayan dispuesto contenedores para mascarillas, cuando debería considerarse la vía más peligrosa de contagio, por obvias razones.
En realidad, todo asombra al respecto de las mascarillas, como todo es asombroso al respecto de lo que ha estado sucediendo durante esta pandemia. O lo que sea.

Lógico que surja la sospecha acerca de si China está engañando al mundo a ese respecto, o de si todo estaba preparado y las autoridades permitieron un cierto contagio local para encubrir lo que habría de ser un contagio masivo al resto del mundo. Es cierto que los chinos trataron de encubrir lo que había sucedido, quizá confiados en que no trascendería sus fronteras o de unos cuantos casos allende estas, lo que recuerda la reacción soviética tras el accidente de Chernóbil. Como se ha dicho antes, no hay una respuesta definitiva, pero parece que no hubiera voluntariedad en el escape de Wuhan; incluso los disidentes chinos —que tienen todos los motivos para odiar al Partido Comunista Chino— admiten esta hipótesis como la más probable, y se muestran muy escépticos al respecto de la intencionalidad.

Alemania es la cuarta potencia económica del mundo tras Estados Unidos, China y Japón. Es el mayor exportador de capital a nivel mundial y, mientras ha obligado a muchos miembros de la Unión Europea a renunciar a su industria, ella obtiene el 30% de su PIB del sector secundario. Es el tercer mayor exportador del mundo, a muy corta distancia del segundo, Estados Unidos, y doblando a Japón. Multiplica las exportaciones españolas por seis, básicamente gracias a la industria eléctrica, fabricación química, empresas de vehículos y maquinaria.
Alemania amplía sus mercados por todo el mundo, consiguiendo colocar sus productos industriales a cambio de otorgar facilidades comerciales, como a China y Sudáfrica, donde vende productos químicos prohibidos en Europa, como ha hecho en Egipto o Marruecos. Y en contrapartida, ¿qué es lo que Alemania sacrifica? Los productos agrícolas del sur de Europa. A cambio de que Alemania haga negocio por todo el mundo, a cambio de expandir sus mercados, somos los españoles (y los portugueses, y los italianos, y los griegos y, en parte, incluso los franceses) los que pagamos ese negocio a través de los tratados de libre comercio. Mientras tanto, el superávit alemán está alcanzando su cénit en los últimos años.
Desde la creación de la Unión Europea, solo Alemania, Luxemburgo y los Países Bajos han obtenido beneficios. Su renta per cápita es el doble de la española.

El globalismo es un gigantesco sincretismo. El que se produce entre sexos, entre ricos y pobres, entre socialismo y capitalismo, entre el absoluto y la nada, entre lo privado y lo público. Se pretende el triunfo de la emancipación del ser humano, la ruptura final con sus cadenas religiosas, culturales y familiares. Y con su condición humana.
Por supuesto, no es una resolución real, pero eso importa menos: presuponer que lo real o lo natural terminarán triunfando por sí mismos, que se impondrán porque sí, es un mero acto de la voluntad. Nada indica que eso vaya a suceder sin más.

———————–

As a consequence of the pandemic, freedom of expression has been obscenely limited; social networks have imposed a permanent censorship of the protest; the verifiers determine what is true and what is not; Donald Trump has been ousted from the presidency of the United States; the 2030 Agenda advances its forecasts and anticipates that we will stop traveling by plane and eating meat; China is made of gold while the rest of the world is plunged into disaster; pharmaceutical companies double their profits and impose vaccination including children and even pets; Illegal immigration is skyrocketing, but legal human trafficking is drastically limited.
What is the link between all these events? Well, they are the result of the policies of the world elite, the objectives that it has been pursuing for decades. Each of them constituted a purpose that was not easy to achieve; all together, it seemed impossible. However, the pandemic has made it possible.

Following in the wake of the books discussed on my blog by Cristina Martín Jiménez The book comprises 3 main thematic areas, in several chapters:
-A block in which it exposes that the globalist elite wants to impose an ideological project on the world. A world without barriers, which would require the destruction of nation-states. The engine of this globalism would be neo-Malthusism (limitation of world population growth), for which climate change is required as cut off. The New World Order they aspire to would be based on multiculturalism, transnational capitalism, environmentalism and gender ideology. The means to this end are provided by the UN, the IMF, private foundations, transnational corporations, magnates (Rockefeller, Soros, Bill Gates) and NGOs.
-The second block would talk about the coronavirus: reasonable doubts about its origin (it looks more like an artificial origin); the disastrous management of the pandemic in Spain; the «dirty laundry» of the pharmaceutical companies; the many inconsistencies that we have been told about the virus since the «official» version; as well as the many doubts that vaccines generate (which in the end were not as wonderful as they promised). And all argued in a rational way: here there is no reference to 5G networks or graphene in vaccines or those crazy ideas that some conspiranoids spread through the networks. The author rationally dissects everything that we have been told, contrasts it with the evidence, and shows the contradictions.
-The third block analyzes the future, what awaits us. For the elites, China is the example to follow: absolute control over the population using technology; censorship, transhumanism and a «happy world», where we will not travel by plane or eat meat, according to the purposes of the 2030 Agenda.
You may be more or less in agreement with what the author exposes, but the truth is that what we are suffering in recent years finds a solid, argued and coherent explanation in these pages. It gives one the feeling that everything we see in the media (and suffer) makes sense. And also, it is meritorious that all this is presented to us in a short and well-systematized book, pleasant and easy to read.

On October 18, 2019, at The Pierre Hotel – on New York’s Fifth Avenue – a very high-level meeting took place, organized by the Johns Hopkins Center for Health Security, the World Economic Forum and the Bill Foundation and Melinda Gates. This meeting was baptized as Event 201.
Some 130 people of recognized global importance attended, linked to finance, politics, the media and pharmaceutical companies. Among the attendees were Ryan Morhard, Health and Economics Advisor at the World Economic Forum; Paul Stoffels, Chief Scientific Officer of Johnson & amp; Johnson; Stanley Bergman, CEO of Henry Schein; Tim Evans, former director of health at the World Bank; Christopher Elias, president of the Global Development Division of the Bill and Melinda Gates Foundation; Avril Haines, former deputy director of the CIA; Sofía Borges, from the UN; Edelman’s Matthew Harrington; Martin Knuchel from Lufthansa; Eduardo Martínez, from UPS; Hasti Taghi, from NBC; Lavan Thiru from the Singapore Monetary Authority and George Gao from the China CDC.
The essential objective of the meeting was to underline how, from an unforeseen event with worldwide repercussions, it is essential to establish strong public-private synergies for a much broader and more intense collaboration between the two sectors; while the setback experienced in international collaboration would explain the insufficiency of national responses to a crisis of these dimensions. The ultimate goal is to submit the public to the rule of the private.
It is likely that an excess of secrecy contributed to the conspiracy theories, something little acceptable for many Western citizens. On the other hand, the very fact of its relative publicity facilitates the digestion of this type of international meetings in which the efforts of a good number of countries and institutions are coordinated.
A paradigmatic example is the figure of Bill Gates – positively valued, in general terms, by public opinion – while the WHO sinks into discredit a little more each week. Not many know that Gates is the one who runs the WHO from the shadows, through its foundations. And that he, therefore, he is responsible for his follies, his changes of opinion, his fickleness; but the Seattle magnate comes out systematically reinforced from his public appearances, without anyone reminding him of his responsibility in this regard.

David Rockefeller and Henry Kissinger have been the backbone of globalism since its inception. It is not just the CFR, although it is vitally important; It is Bilderberg, along with Donald Rumsfeld or the Clintons, in recent years. In fact, Bilderberg was David Rockefeller’s favorite creature, although, failing to attract Japan, he launched the Trilateral (originally called the International Commission for Peace and Prosperity) in 1973, at the behest of Zbigniew Brzezinski – a central figure of the Council for the Foreign Relations (CFR) -, who would be its first director. The Trilateral Commission has provided countless experts on all kinds of subjects to successive US administrations, while four US presidents have belonged to it (two Democrats and two Republicans, in perfect balance: Clinton and Carter, and Bush and Ford).

The New World Order is built on a series of pillars:
1. Ideologically, the suppression of national cultures through multiculturalism, sure way to the destruction of the West. Borders must be erased and all national protection prevented. This cultural destruction is accompanied by the suppression of traditional social morality to be replaced by partial moralities or by the absence of all morality.
2.In the economic sphere, a liberal capitalism or a public capitalism, it does not matter, that it ends in a transnational capitalism: that is the objective. National protection must be eliminated. It will be the end of property and money.
3.In the spiritual, religious syncretism will replace Christianity with the New Age, a kind of non-denominational spiritualism; by agnosticism; and, above all, by indifferentism. The collaboration of Christianity itself is sought through a reinterpretation of ecumenism that equals all religions and through assimilation into the world. His search, in short, the collaboration of Christianity itself for its self-destruction.

1. The essential link that unites the globalitarians is neo-Malthusianism; If we were to define globalism, or find the least common among globalitarians, that would be the idea that there are too many people in the world. All their actions are undertaken from that assumption, both the promotion of the LGBTI lobby, such as abortion or immigration. It’s about promoting sterility.
2. In the field of practice there is a crucial element of a religious nature: environmentalism. The overexploitation of resources is essentially reprehensible because it damages the Earth.
3. Globalitarianism seeks to overcome old borders, a reflection of identities that must be erased. Therefore, nation-states must be abolished and, with them, traditional ways of life. Its sovereignty is ceded to supranational public-private structures that direct the construction of a transnational capitalism, where democracy is only a mechanism for ratifying the decisions of those powers; to the extent that transnational institutions – elected only by the plutocratic caste – make the momentous decisions, democracy becomes a sham. The population now only has the capacity to choose the executors of the decisions that are adopted in Washington, Brussels or New York.
4. The mechanism for the destruction of nation-states is the promotion of multiculturalism (which is often self-interestedly confused with multiculturalism) through immigration. The first leads to conflict, by defending the legality of immigrants reproducing their own laws, customs and norms, apart from those that govern host societies.

A. The UN, today, has become a body that imposes gender policies throughout the world, anti-natalist policies and globalizing policies. The UN is made up of a remarkable number of agencies, such as FAO or UNESCO, destined to give intellectual and executive coverage to the purposes of globalism. In recent months and years, it is worth highlighting the WHO, a UN agency specializing in health.
B. The IMF. Since Bretton Woods, when countries have deficits in their balance of payments, they must finance them through international reserves or through loans granted by the International Monetary Fund. That is what it was created for. To have access to these loans, countries must agree on their economic policies with the IMF.
C. The great private foundations: especially those promoted by Bill Gates, Ted Turner, Rothschild, Rockefeller or George Soros. They are dedicated to spreading abortion, contraception and gender ideology, as well as promoting mass and illegal immigration. These foundations are decisive, because they are the ones that have made it possible for governments to implement gender policies or those that have promoted ideological environmentalism and normalized abortion; their overwhelming dominance of the media has allowed them to shape a social imaginary favorable to all these policies.
D. Official transnational structures, such as the European Union, which is playing a leading role as an experimental laboratory for globalism.
E. The more or less secret transnational structures or, if you prefer and as they say, discreet: Freemasonry, still important in many Latin, Mediterranean and American countries; or organizations like the Trilateral, like the Bilderberg Club or, above all, like the CFR.
F. The NGOs, like the very famous ones dedicated to environmentalism, also play an essential role, as they are providers of the official ideology, together with feminist associations, and practical promoters of migratory flows to Europe.

Since 2000, Soros has financed the so-called «color revolutions», beginning with the Serbian revolution of that year; then the «pink revolution» in Georgia in 2003; the «orange revolution» in Ukraine in 2004; the Tulip Revolution in Kyrgyzstan in 2005. And another dozen long revolutions in which, in all of them, an anti-Russian and pro-Western nationalism was stirred.
Soros also played a role in the catastrophic episode known as the Arab Spring, orchestrated from Washington in order to pit Muslims against each other and stop the creation of an Islamic bank independent of the dollar, a nationalized Islamic body, basically in Iranian hands, Syrians and Libyans (which was the reason that precipitated the US intervention, at the behest of Goldman Sachs and the Rothschild group).
Soros’ role in this matter consisted of coordinating with the NED (National Endowment for Democracy) and the CIA to strengthen leftist organizations through their NGOs; in particular, they promoted the candidacy of El-Baradei in Egypt, a well-known globalist and 2005 Nobel Peace Prize winner.
Soros, despite his position against the European Union, has sought to find broad support in the Community institutions. Shortly before the outbreak of the pandemic, the French publication Valeurs Actuelles reported how Soros had secured control of the European Court of Human Rights, known as the Strasbourg Court, which in its day generated a certain scandal in our country. neighbor to the north.
In the last ten years, seven NGOs linked to Soros have been sending their judges to serve on the tribunal. Twenty-two out of a hundred had direct ties to Soros or one of his organizations just a few years ago. Currently, the figure has increased substantially.
A paradigmatic example is that of the Hungarian András Sajó. For decades his work has revolved around the presence of religious symbols in societies and the abolition of the death penalty.

While Soros is a ventriloquist, whose strategy is to remain in the shadows, Bill Gates represents a completely different kind of globalitarian: despite his – real – shyness, he likes public exposure and recognition. Around him a kind of legend has been generated, an update of the American self-made man, a winner over adversity. As in a parody of the birth in the cave of Bethlehem, the species has spread that he set up the company destined to revolutionize the world in a garage; Of course, the same has been said about the birth of Amazon, Apple, Netflix or Google. Marvels of California garages. The reality is that Gates was born into a privileged family, that he studied at Harvard and that he never suffered the slightest deprivation.
Among those organizations, it is necessary to point out the contributions to those that are dedicated to financing abortions around the world, an obvious method of demographic control that limits population growth. And it is that the family of Bill Gates has always been linked to that goal: his father worked on the board of directors of Planned Parenthood, the great financier of abortions in the world. In reality, Planned Parenthood was not born only as an anti-natalist corporation, but had a clear eugenic orientation, no matter how hard it tries to deny itself today. And it is that his story should make him a clear candidate to be «canceled» urgently.
Planned Parenthood has officially existed under that name since 1942, but its founding dates back to 1921, when Margaret Sanger founded the American Birth Control League. A century later, it has more than six hundred centers in the United States. Planned Parenthood performs a third of all abortions performed nationwide; its budget reaches the astronomical figure of 1,300 million dollars, of which almost 45% comes from government funding.
During the 2020 campaign, Planned Parenthood, along with other initiatives such as Black Lives Matters, formed one of the main supporters of the Democratic nominations. To give us an idea of the magnitude of opposition to former United States President Donald Trump, among the companies that collaborate with Planned Parenthood we can mention none other than American Express, Bank of America, Boeing, Nike, Deutsche Bank, Microsoft, Starbucks, Avon, Pepsico, Nestlé, and of course the Bill and Melinda Gates Foundation, the Buffett Foundation, the Ford Foundation, and the Turner Foundation.
Bill, the son of that director of Planned Parenthood Gates, today collects his paternal inheritance, spreading throughout the world the so-called «reproductive rights» on five continents: abortion.

The Davos Forum has come out the Agenda 2030, a design of the world originally thought for that date, but that the most recent events are allowing to advance. The publicity of this Agenda – and the leap from the meetings of the World Economic Forum to the headlines – is opening the eyes of many people who until now filed information of this type in the drawer of conspiracy.
In Spain, meanwhile, the Pedro Sánchez government generously distributes subsidies to the railroad while announcing tolls on highway traffic and tax increases on individual vehicles and civil aviation. The Spanish case shows how embarrassed Western governments are executing global policies.
We are also told that we will stop eating meat in 2030, and for the same environmental reasons. The price of whatever is produced will be prohibitive for the general population, and only the very rich will be able to consume it. The generation of an environment favorable to animalism and the spread of veganism have been preparing the ground for years.
What is indisputable is that we are witnessing a general process of digitization of the economy. Although the population has not been warned, we are not far from eliminating cash. At this time, the development of digital currencies issued by central banks is quite advanced. Obviously, there are sectors of the population that would be left out of said digitization, for reasons of age, education, socioeconomic status or geographic location.
But the real problem comes from the ability to control the population that it would grant to governments and issuers of digital currency. Something that is already underway in China through the WeChat and AliPay applications, used to pay and to interact, essential for the population monitoring programs of the Chinese government.
As has been said, the 2030 Agenda is a social engineering program that aims to reconfigure the world as we have known it until now, with demographic control as a key aspect. This control includes other aspects, such as those related to health and sexual «rights».

The pandemic has been useful to stop the rise of populism also because the population has felt the temptation to join their governments, to take refuge in the safety of the known in the face of adventure. This is a very frequent attitude when a society is hit. It happens because of wars – something abundantly accredited – or because of diseases: the population turns back on itself. Seeks security, and is willing to accept everything that ensures survival.

Wuhan is a scientific emporium with four technology parks, more than three hundred research institutions, and a veritable legion of high-tech companies, including investors from half of the world’s top five hundred largest companies.
What actually happened in Wuhan may never be known for sure. But the truth is that the concentration of a large number of athletes from different parts of the world – up to one hundred and nine nations took part in the games – has given rise to much speculation regarding the pandemic. And it stands to reason: the French military reported a surprisingly high number of participants who fell ill with flu-like symptoms.
Is it possible that the first cases of SARS-CoV-2 occurred around that time in Wuhan? It is very unlikely. If this had been the case, the WHO commission sent with the unspoken purpose of diverting suspicions of the true origin of the virus would have exploited this probability, which did not happen for sure because the dates would not have matched.
Montagnier – the most qualified to do so – assures that there are elements of HIV in the coronavirus genome and that even parts of the malaria parasite have been embedded in it. These statements produced a visible nervousness among those who held the official version.
Montagnier stated:
That covid-19 appeared after contamination occurred in a wild animal market in Wuhan is a beautiful legend. Impossible. Chinese scientists are great specialists. The virus came out of a Wuhan laboratory.

Big pharmaceuticals are multinational companies that are present in most of the countries of the world. It is an interdisciplinary sector that needs and, at the same time, promotes the greatest scientific advances. In a way, they represent the globalist sector par excellence: they buy raw materials in the poorest countries, settle in those where working conditions are more precarious, and sell their products in the richest countries. Pharmaceuticals is the most profitable sector in the world.
It constitutes an oligopoly in which twenty-five companies control 50% of the entire world market thanks to its competitive capacity based on R&D, the patent system and the control of commercialization. Outside the developed world, only India and Brazil have achieved a presence in the world of medicine. Almost all of the industry belongs to the European Union, the United States and Japan. Most of the patents are registered in the United States, which means that the first fifty belong to that country. With some exceptions, the pharmaceutical industry is reluctant to develop the drugs of poor countries, which leave them a much smaller profit margin; they prefer to concentrate on the production of cosmetic superfluities that pay much better in rich countries.
Today, Big Pharma has become veritable commercial monsters. For example, Pfizer, which is the largest of all, a volume that it has basically achieved by buying from its competitors; In the first decade of the century, it acquired, in this order, Warner-Lambert (2000), Pharmacia (2003) and Wyeth (2009). And he was about to do the same with Allergan, with whom he had reached an agreement for 160,000 million dollars that included moving his headquarters to Ireland from the United States to pay less taxes.
Since it is not hidden from anyone, the pharmaceutical industry is experiencing exceptional moments worldwide.
The bribery strategy is common, and by no means limited to the United States. In fact, the justice of that country charged Pfizer more than 60 million dollars in 2012 for bribing «doctors, regulators and officials abroad.» Such events took place, in a credible way, in China, Russia, Italy, Bulgaria, Kazakhstan, Croatia, Serbia and the Czech Republic. The pharmaceutical company paid to stop the criminal process with which the US prosecutor’s office threatened.
It wasn’t the first time, and it wouldn’t be the last. In 2009, Pfizer had to face the payment of a record fine, imposed by the North American administration, of 2.300 million dollars to commercialize drugs in an irregular way between doctors and patients. Part of the fine corresponded to the criminal penalty imposed for the sale of Bextra, a drug that had been withdrawn from the market four years earlier. The other part of the fine was due to the commercialization of drugs with unapproved uses and as bribes to health professionals, a clue that the justice was on after the 2004 conviction for the irregular sale of Neurontin, a product for stroke . That same year, as a sign of goodwill, Pfizer agreed to cooperate with the Justice Department in the investigation of illegalities committed abroad by publicly traded companies.
Pfizer’s fine far exceeded the historic one imposed on Eli Lilly, which had been fined $ 1.42 billion for the sale of Zyprexa, an anti-schizophrenia drug.
A November 7, 1991 investigation in The Wall Street Journal claimed that the company had been deliberately falsifying manufacturing records related to valve fractures. The scandal prompted Pfizer to announce that it was earmarking $ 205 million to settle the tens of thousands of valve lawsuits that had been filed against it. However, Pfizer resisted complying with the FDA’s order to notify patients that there was an increased risk of fatal fractures in those who had the valve installed before the age of fifty. In 1994, Pfizer finally reached a settlement of almost $ 11 million for the Justice Department to drop the charge that the company had lied to regulators, in addition to spending another $ 9 million to monitor the rest of patients or remove the valve.

In the case of our country, the government established in December 2020 the so-called «Covid-19 vaccination strategy», which was specified in the so-called covid-19 Vaccination Technical Working Group, of the Program and Registry Report of Vaccinations. 160 On page 2 appear the names of the healthcare team and doctors and there is no lack, among them, of conspicuous pediatricians linked to pharmaceutical companies. And it is that the Spanish Association of Pediatrics has been frequently linked with Sanofi; the dependence of the AEP on external financing is 80%, which the association itself recognizes, although without specifying the donors. The truth is that Sanofi and GlaxoSmithKline benefit from their decisions, as denounced at the time by the “No, Thank You Platform”.
One of the participants in the government strategy admits that he has been part of educational activities related to GlaxoSmithKline, Novartis, Pfizer and Sanofi Pasteur MSD, as a researcher in clinical trials for Novartis and as a consultant on an advisory board of AstraZeneca, Novartis and Pfizer. And now he is one of those leading the national strategy regarding vaccines.
Another participant presides over a large lobby in favor of vaccination, the Spanish Vaccination Association, which acknowledges being sponsored by vaccine manufacturers such as GlaxoSmithKline, Sanofi Pasteur MSD, Pfizer and Baxter. And there is still a third, Federico de Montalvo, president of the Bioethics Committee of Spain and professor of constitutional law who, despite his position, has spoken out against the voluntary nature of vaccines and not only in favor of forcing citizens to prick, but to withdraw parental authority from parents who refuse to vaccinate babies.
Federico de Montalvo —advisor to the central and regional governments, and always opposed to freedom of choice— carries out a philistine exercise of distinction between the voluntary nature of vaccines and their non-mandatory nature, ensuring that the ethical position of both they are not equivalent. Linked to the pharmaceutical lobby, he uses ethics to justify the vaccine business at the expense of the pandemic, and that is why he insists on mandatory vaccination, but, yes, he denies that people affected by the malfunction of vaccines should be compensated.

One of the issues that has attracted the most attention throughout this pandemic has been the determination with which all hope has been placed on vaccines, solely and exclusively on vaccines. Along with this, the very scarce time in which these have been developed cannot be omitted, something also surprising considering that it was theoretically started from scratch and that it was not certain that they could be obtained.
The objective that the media has attacked in particular has been young people. Since the beginning of the pandemic, they have been to blame for everything. Even though we were locked up for more than two months …
The development of the vaccine was extraordinarily fast. What normally takes eight years was accomplished in eight months; some called it a miracle; others, botched. Actually, it was a commercial career; a commercial race between some of the most unscrupulous and dishonest companies in the world, but on which the health of the population depends at a critical moment in our history. The objective was to position itself in the best possible way in the market, and that required delivering proven results. With the background, however, anything could be expected, as Dr. Gøtzsche had shown a few years ago. And, indeed, it was.
The vaccines were marketed much earlier than recommended, so they did not receive approval from global agencies such as the FDA and AEM, but only an authorization for emergency use. The requests for volunteers to test the vaccine in their experimental trials were clear: two groups would be formed, divided by age: one, aged over sixty-five years and another between eighteen and fifty-five years. The volunteers would be healthy people, without a history of covid-19 infection and without any SARS-CoV-2 infection. Special emphasis was placed on the participants having no antibodies, something that manufacturers would always insist on. The need to achieve this certainty was such that the volunteers would be subjected to a serological test and a PCR.
The widespread vaccination that is taking place is difficult to justify. The vast majority of those infected have not passed the disease in a serious or dangerous way, in any sense and, therefore, it is difficult to justify the inoculation of a substance whose effects are unknown in the medium and long term; and of which it is known that, in the short term, it has not been without problems.
Regarding vitamin D there was some controversy at the beginning. Tests with erroneous biases, such as using vitamin D to cure the coronavirus, were not effective; but the truth was that there is a correlation between low levels of vitamin D and infections and deaths. In fact, the Spanish population has these low rates, and Spain has been a country where the numbers have been worse, having a skin more willing to block the rays from the sun.
Studies continued to shore up the link between vitamin D and the coronavirus. Not only was the correlation strong, but up to 82% of coronavirus patients themselves had a clear vitamin D deficiency. It seems increasingly clear that vitamin D has a powerful effect on the immune system and protects, in particular, from infections. Vitamin D deficiency in Covid-19 patients is, in turn, related to deficiencies in blood clotting.
However, and despite the overwhelming evidence of the benefits that followed, no measures were taken for the population to increase their levels of vitamin D, especially the weakest, precisely those whose weakness could well be related to their low level vitamin.

One of the things that stands out the most about vaccines is that the characteristics and peculiarities of people and countries have not been taken into account. And they have been applied evenly.
The well-known Spanish immunologist Margarita del Val pointed out that we will never achieve group immunity, since «none of the vaccines we have» is capable of such a thing. On June 8, she explained, very graphically, that such immunity «can only be achieved with vaccines that, in addition to protecting against the disease, prevent vaccinated people who encounter the virus from becoming infected and multiplying it.» And the vaccines we have are not going to do that job.

A year and a half after the start of the pandemic, Spain is the European country that offers the worst data in all areas. In the health, in the humanitarian, in the economic. The behavior of the administrations, but especially of the central, has been terrifying. Endless hesitations, contradicted decisions just hours later, erroneous information, exhaustive control of information and opinion, confrontation between communities, absurd confinements, abandonment of the weakest, economic ruin for all …
Qualifying the Executive’s performance as catastrophic only reflects the strictest reality. A catastrophe that has been but one more reason to set in motion the propaganda machine that government spokespersons – whose ramifications reach all areas of our society – masterly dominate.

Today, in Spain, the media are controlled by large private investors, investment funds in search of a business opportunity, known as «vulture funds.» These funds are the same in the case of Atresmedia, Mediaset and PRISA.
And who are those investors? And what do these have to do with the promotion of the vaccine or the most insane restrictive measures?
Well, a lot. In this country of balances that is today Spain, a very powerful actor has made an appearance for years: the Blackrock Investment Fund, a vulture fund attentive to anyone who shows signs of weakness. Blackrock, which manages about $ 7 trillion, is in the hands of the most powerful global investors. And where have they put their eyes and their money?
Blackrock has become the largest shareholder of the IBEX, being present in 21 of the 35 companies that comprise it. And not just anyone. To begin with, it is in the three main banks in the country; is in BBVA; is in Caixabank; is at Banco Santander. So its influence on the financial sector and on the main companies in the country is undeniable. We include Telefónica among them.
At the same time that this vulture fund is launched on Spanish banks, it has also done so on media groups. If in the financial sector it has chopped on the best three, in the communication sector it has done the same. Today, Blackrock is in the PRISA Group, in Mediaset and in Atresmedia.

How is it possible to maintain that masks do not interfere with breathing, while exempting runners or cyclists from wearing them, or allowing people with respiratory problems to be exempted from the obligation to wear them? Even less is it understood that while the WHO strongly discourages that those under the age of twelve carry them, in Spain they are mandatory for children. Who is responsible for this?
A couple of things are also surprising about masks: on the one hand, the eyes being the means of contact and transmission, they have not received any attention or demand to be covered; on the other, that containers for masks have not been provided, when it should be considered the most dangerous route of contagion, for obvious reasons.
In reality, everything is amazing about the masks, as everything is amazing about what has been happening during this pandemic. Or whatever.

It is logical that suspicion arises about whether China is deceiving the world in that regard, or whether everything was prepared and the authorities allowed a certain local contagion to cover up what would be a massive contagion to the rest of the world. It is true that the Chinese tried to cover up what had happened, perhaps confident that it would not transcend their borders or a few cases beyond these, which is reminiscent of the Soviet reaction after the Chernobyl accident. As has been said before, there is no definitive answer, but it seems that there was no willfulness in the escape from Wuhan; even Chinese dissidents – who have every reason to hate the Chinese Communist Party – admit this hypothesis as the most probable, and are highly skeptical of the intentionality.

Germany is the fourth economic power in the world after the United States, China and Japan. It is the world’s largest exporter of capital and, while it has forced many members of the European Union to give up its industry, it derives 30% of its GDP from the secondary sector. It is the third largest exporter in the world, a very short distance from the second, the United States, and doubling Japan. It multiplies Spanish exports by six, basically thanks to the electrical industry, chemical manufacturing, vehicle and machinery companies.
Germany expands its markets around the world, managing to place its industrial products in exchange for granting commercial facilities, such as China and South Africa, where it sells banned chemical products in Europe, as it has done in Egypt or Morocco. And in return, what is it that Germany sacrifices? Agricultural products from southern Europe. In exchange for Germany doing business all over the world, in exchange for expanding its markets, we are the Spanish (and the Portuguese, and the Italians, and the Greeks and, in part, even the French) who pay for that business through of free trade agreements. Meanwhile, the German surplus is reaching its zenith in recent years.
Since the creation of the European Union, only Germany, Luxembourg and the Netherlands have made a profit. Its per capita income is double that of Spain.

Globalism is a gigantic syncretism. The one that occurs between the sexes, between rich and poor, between socialism and capitalism, between the absolute and nothing, between the private and the public. It is intended the triumph of the emancipation of the human being, the final break with their religious, cultural and family chains. And with his human condition.
Of course, it is not a real resolution, but that matters less: assuming that the real or the natural will end up triumphing by themselves, that they will impose themselves because, yes, it is a mere act of the will. Nothing indicates that this will just happen.

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