Almáciga: Un Vivero De Palabras De Nuestro Medio Rural — María Sánchez, (Ilustraciones Cristina Jiménez) / Almáciga (Seedbed): A Nursery Of Words From Our Rural Environment by María Sánchez, (Illustrations Cristina Jiménez)

Ciertas semillas con las que se enterraban los muertos en el antiguo Egipto. Trigo y cebada se depositaban en pequeñas urnas como ajuar al lado los cuerpos ya embalsamados de los grandes faraones, para que en la otra vida tuvieran con qué cultivar la nueva tierra y poder alimentarse. Son muchos los que han fantaseado con la idea de que esas semillas de trigo, después de miles de años guardadas, esperando como animales que hibernan, conservasen todavía su fertilidad.
Los babilonios se referían al lugar donde enterraban a sus muertos como un sitio donde el polvo es un nutriente y la arcilla un alimento. En quechua, la palabra mallqui significa a la vez ‘momia’ y ‘semilla’. La muerte y la vida, un mismo punto de sutura donde vuelve a empezar lo que acaba. El que se marcha da paso al nacimiento, a la raíz en el nuevo suelo. Otra vez sucediéndose la vida.

Un libro fascinante lleno de palabras mágicas que se están perdiendo o vaciando como nuestra España rural.
Sabéis que me gustan y adoro las palabras con sonoridad, melancólicas, con significados fascinantes…
Pues os voy a poner ejemplos: llumbreiro, garabullos, jañiquín.. Etc
Son muchas palabras las que nos conectan con la tierra, con nuestros abuelos y antepasados. Palabras que por no estar en la Rae u en otro sitio “oficial” nuestras generaciones las pierden u se olvidan de ellas.
Cada Comunidad Autónoma y cada lugar de España, tiene su forma de decir muchas cosas, pero ¿qué importancia tiene lo que nuestros abuelos nos dicen?
Este libro es maravilloso, gracias a él me he dejado seducir por los colores, sabores, olores de las palabras…
Qué belleza de libro. Almáciga es muy especial, ya que en un primer momento puede que se crea que es una especie de glosario pero nada más lejos de la realidad. Almáciga se despliega y da paso a la vida de nuestro mundo rural, a la lengua de nuestros abuelos. Es una belleza no sólo por lo que nos cuenta María, sino por las increíbles ilustraciones de Cristina Jiménez.
María Sánchez sigue una senda iniciada con ‘Cuaderno de campo’ y recorrida también a través de ‘Tierra de Mujeres’, sus anteriores obras, para recordarnos lo vital que es el trabajo del campo (comunal en muchas ocasiones), la valiosa labor de las mujeres en ese medio rural y la cantidad de poesía que puede llegar a contener todo ello, formulada siempre no desde la idealización sino desde la reivindicación. Hagamos que germinen esas semillas, que arraiguen en nosotras, agarrémonos también a ellas e invoquémoslas.

Hace unos años descubrieron en Irak unos terrones de polen en la sepultura de un neandertal. Estos nunca enterraban a los suyos con ofrendas, por lo que el descubrimiento ha abierto un nuevo interrogante. No se sabe si el polen provenía de algunas flores con las que pudieron decorar el cuerpo o si algún roedor lo llevó hasta la tumba a modo de despensa, una reserva de comida para la llegada del frío. Puede que nunca lo sepamos.
El campo y nuestros medios rurales tienen otros ritmos y otras canciones: una manera de hablar única que hermana territorio, personas y animales.
Nuestros pueblos se deshabitan a la vez que dejan de oírse y usarse términos muy ligados a sus orígenes. Muchas de estas palabras llevan demasiado tiempo a la intemperie, y a menudo la acepción ligada al campo ni siquiera aparece en el Diccionario de la lengua española.
La palabra no oída pero sí imaginada. La palabra como mucosa, como protección, como envoltura. El territorio infinito del lenguaje. Así, esta memoria no podrá detenerse nunca.

¿A dónde irán las palabras al desaparecer? ¿Qué ocurrirá con nuestras hablas? ¿En qué se transformarán? ¿Permanecerán latentes dentro de una crisálida a la espera de algún cambio? ¿Se convertirán en marcas y pinturas que dentro de muchísimos años los hijos e hijas del futuro serán incapaces de descifrar?.

La palabra almáciga, y todo lo que conlleva, se convirtió en ese hilillo que salía de una herida que yo era inconsciente que tenía, un reguero que trajo consigo algo nuevo. Cuando comencé a plantearme un nombre para esta búsqueda de palabras que corrían peligro de desaparecer y que comenzaban a dejar de ser oídas y nombradas, mi padre me dio la idea. Una almáciga, ese sitio del huerto que se elige para que las semillas germinen, broten y cojan fuerza. Un lugar para crecer y proteger antes de trasplantarlas definitivamente al huerto. Me gustó muchísimo la imagen pensando en esas palabras en peligro, en las lastimadas, en las moribundas, en las que ya no aparecen en ningún diccionario ni descansan sobre nuestras lenguas. Sentí la almáciga como una especie de madriguera para ellas, un lugar donde recuperarse, aferrarse y poder crecer de nuevo, un punto de partida donde leer y escuchar palabras y hacerlas formar parte de algo, en nuestras conversaciones, en nuestro día a día.

Escribir como decidir, como quien hunde las manos en la tierra, como elegir el lugar idóneo para la siembra. La tierra como el folio en blanco: hay que pensarla, imaginarla, prepararla.
Luego vendrá el surco, la hendidura que contendrá la semilla y dejará nacer al alimento, pero primero hay que aricar, arar de forma muy superficial, con mucho cuidado, marcando así el nuevo hueco en la tierra, la primera zanja.
En muchas ocasiones, si nos encontramos en periodo de sequía, tendremos que arar dos veces, dejando el sitio limpio de hierbas que puedan entorpecer nuestros sembrados y cultivos. A esta acción, doblemente cuidadosa y muy presente cuando falta el agua, se le dice binar. Con la bina, cavando la tierra por segunda vez, conseguiremos una evaporación más lenta, afrontando de esta forma la falta de lluvia, dando un poco más de aliento a los futuros huéspedes que formarán parte de la huerta.
En Candeleda, hay una palabra muy curiosa para referirse al momento de la mañana en el que se realizan actividades y labores antes de que comience a calentar el sol: jañiquín.
Ahora que tanto miramos el cielo y añoramos el agua y el frío, podríamos resguardarnos en la palabra chabanco, que tiene multitud de significados esparcidos por todo el territorio a pesar de no aparecer en el diccionario. Puede ser una especie de bache en un carril, tomando la forma de remanso natural que nace en el curso de un río, como un canal o una ciénaga… ; abarca diversas formas de almacenar el agua. Escribo chabanco y pienso en la misma tierra salvaje dejándose hacer para que los suyos puedan beber y afrontar un día más la falta de lluvia.

Aunque hocino puede ser un instrumento de hierro para cortar la leña, a mí me gusta la imagen de otra de sus acepciones: esos pequeños huertos que surgen en la unión en picado de las montañas cerca de los ríos, estrechándolos como si de un abrazo se tratara. Un espacio posible para la vida y el alimento muy cerca de lo salvaje.
Llamaremos torbar a dedicarle tiempo y entretenernos en el bancal arrancando las malas hierbas. Escardaremos si, además de sacar las hierbas perjudiciales de nuestros sembrados y nuestras huertas, contemplamos e incluimos a los cardos como no aliados. Escimaremos si vamos más allá de las malas hierbas y quitamos brotes medianos e intermedios que restan fuerza al tallo de la planta que nos interesa que crezca, y que, en asturiano, también significa asimismo quitar la cima a un árbol. Pero, atención, no deberíamos confundir la cima, que es la parte más alta del árbol, con la copa de este, que son las ramas que nacen en la parte superior del tronco. Volviendo a nuestro huerto, se llama aporcar a cubrir con tierra ciertas hortalizas para que se pongan más tiernas y queden de color blanco, o cuando removemos la tierra para amontonarla en torno a los troncos o los tallos de cualquiera de nuestras plantas y verduras para que consigan más vitalidad.

Petricor, se denomina así al olor que se produce cuando cae la lluvia sobre la tierra seca. Ese olor que surge del suelo tras las primeras tormentas en el cambio de estación. Esta palabra la crearon dos geólogos australianos en los años sesenta a partir de dos términos del griego antiguo: πέτρα (pétra) e ἰχώρ (icór), que significan respectivamente ‘piedra’ e ‘icor’ (el icor es el fluido que corre por las venas de los dioses en vez de la sangre).

Seher, se usa para llamar al viento de las mañanas, que se cree que ayuda a las plantas a desarrollarse y crecer.
La cría de ciervo, que hasta que cumple un año de vida recibe el nombre de galuta. Animales que, a pesar del frío y de la lluvia, con el calor de su pelaje siempre dejan rastro. Solo es necesario pararse a mirar, adivinar, intuir, trazando con los pies el encame, el lugar elegido por estos mamíferos para pasar el día, que suele encontrarse en zonas más o menos altas, en sitios de umbría en invierno y solana en verano, o con monte.
De Huesca viene la preciosa palabra dorondón para quedarse y enseñarnos cómo sabe dejar el campo como si estuviera recién nevado. Una palabra que en sí misma parece un cuento o una canción para dormir antes de que llegue el frío y el hielo a los animales del bosque, y que no debemos confundir nunca con dondorondón, palabra que en algunas partes de Murcia se usa para hablar de alguien irreal, fastuoso y a la vez ridículo.
Una de mis expresiones favoritas, que aprendí de pastores y de la gente del campo con ovejas, es la de lavarse la boca: se llama así a esas primeras veces de las ovejas que salen a pastar esa nueva hierba que surge tras la esperada lluvia después de los días largos y el calor.

Galiana y cabañil: así se llaman los caminos menores de la trashumancia. En asturiano se les denomina caleyas. Paso único y clave para los pastores y sus animales, estos senderos trashumantes son al territorio lo que el oxígeno y los nutrientes a nuestro sistema sanguíneo. Un sistema orgánico que seguir para la supervivencia, un movimiento incansable siempre en busca del refugio y la comida. Como las brañas, esas zonas de montaña en la cordillera Cantábrica donde el ganado aprovecha los pastos tardíos del verano, que suelen ser comunales y a la vez majadas donde guardar el ganado.
Las pergañas, esas semillas que se enganchan en la ropa y en las botas después de caminar por el campo. También pueden referirse a esos pequeños pegotes de barro que se quedan en nuestros pies.
Después de las labores y el trasiego, hay que volver a casa para calmar la zarzulla, ese gusanillo en el estómago después del trabajo: así es como se dice en castúo «hambre».
Cosirar. Significa ir a dar una vuelta para comprobar si las personas, los animales o el huerto están bien o necesitan ayudas o cuidados. Implica algo más que mirar, vigilar, o revisar. Es estar pendiente de lo que nos rodea.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/17/tierra-de-mujeres-una-mirada-intima-y-familiar-al-mundo-rural-maria-sanchez-women-land-an-intimate-and-family-look-at-the-rural-world-by-maria-sanchez-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/18/almaciga-un-vivero-de-palabras-de-nuestro-medio-rural-maria-sanchez-ilustraciones-cristina-jimenez-almaciga-seedbed-a-nursery-of-words-from-our-rural-environment-by-maria-sanchez/

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Certain seeds with which the dead were buried in ancient Egypt. Wheat and barley were deposited in small urns as trousseau next to the already embalmed bodies of the great pharaohs, so that in the afterlife they would have with which to cultivate the new land and be able to feed themselves. Many have fantasized that these wheat seeds, after thousands of years in storage, waiting like hibernating animals, would still retain their fertility.
The Babylonians referred to the place where they buried their dead as a place where dust is a nutrient and clay is food. In Quechua, the word mallqui means both ‘mummy’ and ‘seed’. Death and life, the same suture point where what ends begins again. The one who leaves gives way to the birth, to the root in the new soil. Life happening again.

A fascinating book full of magic words that are being lost or emptied like our rural Spain.
You know that I like and adore words with sound, melancholic, with fascinating meanings …
Well, I’m going to give you examples: Llumbreiro, Garabullos, Jañiquín .. Etc.
There are many words that connect us with the earth, with our grandparents and ancestors. Words that by not being in the Rae or in another “official” site our generations lose or forget about them.
Each Autonomous Community and each place in Spain has its way of saying many things, but how important is what our grandparents tell us?
This book is wonderful, thanks to it I have been seduced by the colors, flavors, smells of words …
What a beauty of a book. Almáciga is very special, since at first it may be believed that it is a kind of glossary but nothing is further from the truth. Almáciga unfolds and gives way to the life of our rural world, to the language of our grandparents. It is a beauty not only because of what María tells us, but because of the incredible illustrations by Cristina Jiménez.
María Sánchez follows a path started with ‘Cuaderno de campo’ and also traveled through ‘Women Land’, her previous works, to remind us of how vital field work is (often communal), the valuable work of women. women in that rural environment and the amount of poetry that all this can contain, always formulated not from idealization but from vindication. Let us make those seeds germinate, let them take root in us, let us also hold on to them and invoke them.

A few years ago, pollen lumps were discovered in Iraq in the grave of a Neanderthal. They never buried their own with offerings, so the discovery has opened a new question. It is not known if the pollen came from some flowers with which they were able to decorate the body or if some rodent carried it to the grave as a pantry, a reserve of food for the arrival of the cold. We may never know.
The countryside and our rural areas have other rhythms and other songs: a unique way of speaking that unites territory, people and animals.
Our peoples are becoming uninhabited at the same time that terms closely linked to their origins cease to be heard and used. Many of these words have been out in the open for too long, and often the meaning linked to the countryside does not even appear in the Dictionary of the Spanish language.
The word not heard but imagined. The word as mucosa, as protection, as envelope. The infinite territory of language. Thus, this memory can never be stopped.

Where will the words go when they disappear? What will happen to our speech? What will they transform into? Will they lie dormant inside a chrysalis waiting for some change? Will they become marks and paintings that in many years the sons and daughters of the future will be unable to decipher?

The word almáciga, and all that it entails, became that thread that came out of a wound that I was unaware that I had, a trail that brought with it something new. When I began to think of a name for this search for words that were in danger of disappearing and that were beginning to cease to be heard and named, my father gave me the idea. A mastic, that place in the garden that is chosen so that the seeds germinate, sprout and gain strength. A place to grow and protect before finally transplanting them to the garden. I really liked the image thinking about those words in danger, in the injured ones, in the dying ones, in which they no longer appear in any dictionary nor do they rest on our languages. I felt the mastic as a kind of burrow for them, a place to recover, cling and be able to grow again, a starting point from which to read and listen to words and make them part of something, in our conversations, in our day to day life.

Write how to decide, as one who plunges his hands into the ground, how to choose the ideal place for planting. The earth as a blank sheet of paper: you have to think about it, imagine it, prepare it.
Then the furrow will come, the cleft that will contain the seed and allow the food to grow, but first you have to aricate, plow very superficially, with great care, thus marking the new hole in the ground, the first ditch.
On many occasions, if we are in a drought period, we will have to plow twice, leaving the site clean of herbs that can hinder our crops and crops. This action, doubly careful and very present when there is no water, is called binar. With the bina, digging the earth a second time, we will achieve a slower evaporation, thus facing the lack of rain, giving a little more encouragement to the future guests who will be part of the garden.
In Candeleda, there is a very curious word to refer to the time in the morning when activities and work are carried out before the sun begins to heat up: jañiquín.
Now that we look at the sky so much and long for the water and the cold, we could take refuge in the word chabanco, which has a multitude of meanings scattered throughout the territory despite not appearing in the dictionary. It can be a kind of pothole in a lane, taking the form of a natural backwater that is born in the course of a river, like a canal or a swamp …; covers various ways of storing water. I write chabanco and I think of the same wild land letting themselves be done so that theirs can drink and face one more day the lack of rain.

Although hocino can be an iron instrument to cut firewood, I like the image of another of its meanings: those small orchards that emerge at the junction of the mountains near the rivers, hugging them as if they were hugging each other. will try. A possible space for life and food very close to the wild.
We will call torbar to dedicate time and entertain ourselves on the terrace pulling the weeds. We will weed if, in addition to removing harmful herbs from our fields and our gardens, we contemplate and include thistles as non-allies. We will estimate if we go beyond the weeds and remove medium and intermediate shoots that reduce the strength of the stem of the plant that we are interested in growing, and that, in Asturian, also means removing the top from a tree. But, be careful, we should not confuse the top, which is the highest part of the tree, with the top of the tree, which are the branches that are born in the upper part of the trunk. Returning to our garden, it is called hilling to cover certain vegetables with earth so that they become more tender and turn white, or when we remove the earth to pile it around the trunks or stems of any of our plants and vegetables so that get more vitality.

Petricor is the name given to the smell that is produced when rain falls on dry land. That smell that comes from the ground after the first storms at the change of season. This word was created by two Australian geologists in the 1960s from two ancient Greek terms: πέτρα (pétra) and ἰχώρ (icór), which mean respectively ‘stone’ and ‘ichor’ (ichor is the fluid that runs through the veins of the gods instead of blood).

Seher, is used to call the morning wind, which is believed to help plants develop and grow.
The baby deer, which until it reaches one year of life is called galuta. Animals that, despite the cold and rain, always leave a trace with the warmth of their fur. It is only necessary to stop to look, guess, intuit, tracing the bedding with your feet, the place chosen by these mammals to spend the day, which is usually found in more or less high areas, in shady places in winter and sunny in summer. or with mount.
From Huesca comes the beautiful word dorondón to stay and teach us how he knows how to leave the field as if it were freshly snowed. A word that in itself seems like a story or a song to sleep before the cold and ice reach the animals of the forest, and that we should never confuse with dondorondón, a word that in some parts of Murcia is used to talk about someone unreal, lavish and at the same time ridiculous.
One of my favorite expressions, which I learned from shepherds and people from the countryside with sheep, is to wash their mouths: that’s the name of those first times of the sheep that go out to graze that new grass that emerges after the expected rain afterwards of long days and heat.

Galiana and Cabañil: this is how the minor paths of transhumance are called. In Asturian they are called caleyas. Unique and key step for shepherds and their animals, these transhumant trails are to the territory what oxygen and nutrients to our blood system. An organic system to follow for survival, a tireless movement always in search of shelter and food. Like the brañas, those mountain areas in the Cantabrian Mountains where the cattle take advantage of the late summer pastures, which are usually communal and at the same time flocks where they keep the cattle.
The pergañas, those seeds that get caught in clothes and boots after walking through the fields. They can also refer to those little globs of mud that stay on our feet.
After work and moving around, you have to go home to calm down the zarzulla, that little bug in your stomach after work: that’s how you say “hunger” in chaste.
Sew. It means going for a walk to see if people, animals or the garden are well or need help or care. It involves more than just looking, watching, or checking. It is to be aware of what surrounds us.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/07/17/tierra-de-mujeres-una-mirada-intima-y-familiar-al-mundo-rural-maria-sanchez-women-land-an-intimate-and-family-look-at-the-rural-world-by-maria-sanchez-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/18/almaciga-un-vivero-de-palabras-de-nuestro-medio-rural-maria-sanchez-ilustraciones-cristina-jimenez-almaciga-seedbed-a-nursery-of-words-from-our-rural-environment-by-maria-sanchez/

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