Los Vencejos — Fernando Aramburu / Swifts by Fernando Aramburu (spanish book edition)

Mi proyecto para el 2019 es que me quitaré la vida en la noche del 31 de julio al 1 de agosto, no sé todavía dónde ni cómo. Llegado el momento, ya tomaré la decisión que corresponda.
Llega un día en que uno, por muy torpe que sea, empieza a comprender ciertas cosas. A mí me ocurrió mediada la adolescencia, quizá un poco más tarde, pues fui un muchacho de desarrollo lento y, según Amalia, incompleto.
A la extrañeza inicial siguió la decepción y luego ya todo ha sido un arrastrarse por los suelos de la vida. Hubo épocas en que me identificaba con las babosas. No lo digo por lo feo y viscoso ni porque hoy tenga yo un mal día, sino por la manera como estos bichos se desplazan y por la existencia que llevan, dominada por la lentitud y la monotonía.
No voy a durar mucho. Un año. ¿Por qué un año? Ni idea. Pero ese es mi último límite.

Trata de un profesor de instituto que decide poner fin a su vida. Le pone de fecha límite un año, y durante ese lapso de tiempo nos contará su vida desde que era un niño hasta el presente, a modo de crónica personal. Es un hombre que vivió en un entorno familiar disfuncional, violento, abusivo. Ahora, de adulto, se muestra como un hombre cansado de la vida, desubicado, algo inmaduro y sobre todo, harto de la gente. Con un matrimonio fracasado, un hijo que es una desgracia, un amigo que en lugar de disuadirlo de la idea, al contrario, lo alienta porque él también comparte su idea de suicidarse; este hombre nos va narrando sus vivencias desde el punto de vista de una persona que ha puesto fecha para su suicidio.
Cada capítulo es un mes del año. Empieza con el mes de Agosto y así sucesivamente, llega hasta Julio, mes en el que pondría fin a su vida. La novela es narrada en primera persona, por el protagonista. Al comienzo pensaba que se trataba de una especie de notas de suicidio que él escribía, pero en realidad se trata de textos que escribe para sí mismo. Por tanto, su relato es de una crudeza, una violencia y una sinceridad apabullantes.
De milagro terminé de leerlo. Demasiado recorrido de una crónica que al comienzo es interesante porque empezamos a conocer al personaje y a delinear su entorno. Pero conforme pasa la novela, es un repetir y repetir y repetir de situaciones del protagonista que me parece algo innecesario porque ya, para la mitad del libro, conocemos bien a Toni, su dinámica de vida, su dinámica familiar y también conocemos bien a los otros personajes.
¡Por momentos lectura aburrida! Fue un libro que no leí, sufrí.
A veces, pensaba que el autor se había ensañado con todos los personajes, porque ninguno fue de mi agrado, a excepción de la mascota del protagonista, la perra Pepa que es la única que nos muestra lo solo que está y también es la que logra chispazos de afecto en su amo. Personajes muy repelentes. Si el autor quería provocar ese efecto en el lector, lo logró.
Por otro lado, la estructura no me pareció acertada. No es el tipo de técnica que me agrade porque no tiene una cronología lineal, ni son varias líneas de tiempo; es una especie de mezcla confusa de recuerdos. No es un recurso que me agrade y creo que es un recurso del cual se abusa.
Fue un libro extremadamente tedioso, demasiado largo, le sobran páginas y le falta humor. Y cuando sucede eso con una lectura, el final debe ser memorable. No fue el caso. El punto de inflexión se da a dos páginas del final (estoy exagerando, claro), ¡y para todo lo que hemos sufrido…es muy poco! ¿Terminó bien? Sí. Y punto. No hay más.
Sí, hay reflexiones interesantes sobre muchos temas; política, vida, amor, matrimonio, eutanasia, amistad, etc. Pero ni con esos temas me hizo atractiva la historia como está contada.
Tenía demasiadas expectativas con este libro y creo que ese fue mi problema.
En conclusión, es un libro que se debe leer con mucha paciencia y así, tal vez, lleguen al final. Otro producto de excesiva mercadotecnia editorial.

El deterioro mental de mamá fue paulatino. Yo entiendo que el alzhéimer la exonera del llamado sentimiento trágico de la vida. No hay más que ver cómo se va apagando sumida en la apatía. Aunque me doliera reconocerlo, en lo tocante al trastorno incipiente de mamá, a Amalia no le faltaba razón. Me acabé de convencer el día en que, durante una celebración familiar, mamá me besó con brusquedad en los labios, mientras, sin el menor pudor y sin que pareciera importarle poco ni mucho que no estuviéramos solos, llevó su mano a mi bragueta. Me aparté de ella roto de pesar. No le dije nada. Me pregunto qué escena del pasado estaría reviviendo su fantasía en aquellos instantes. Doy por seguro que me había confundido con otro hombre, quizá con papá por la época en que fueron novios o con aquel dentista jubilado al que conoció cuando era viuda.

Apenas ha transcurrido un mes desde la muerte de papá y cuesta encontrar rastros suyos en la casa, como si no hubiera vivido nunca con nosotros. Qué fácil es borrar el paso de un hombre por la vida. Mamá se ha deshecho prácticamente de todas sus pertenencias.
Papá pegaba a mamá. No a todas horas ni con saña ni en presencia de sus hijos salvo raras excepciones. A menudo la culpaba de obligarlo a hacer lo que no quería. Le hablaba entonces como si se dirigiera a una niña díscola y no a una mujer adulta, y me parecía ver en mamá menos a una madre que a una hermana…

Lamentar que quienes se quitan la vida privan a la sociedad de una posible aportación me parece una chorrada, lo mismo que echar en cara a los suicidas que corroan «poco a poco los extremos del tejido social de nuestra civilización». Esto es naftalina moral.

Me agradan los días anodinos, de deliciosa monotonía. Son mis favoritos y el de hoy ha sido justamente uno de esos días incontaminados de noticias, de sorpresas, de aventuras.
Me dijo Amalia hace muchos años: «Tú sí que no sabes lo que es sufrir». No recuerdo en qué situación me disparó la frase, cargada de reproche y desdén a partes iguales. Ahora que lo pienso, mamá también podría haber pronunciado esas palabras.
Yo quería hoy sufrir un poco. Quería experimentar por última vez un dolor físico, siendo yo el dueño absoluto de mi sufrimiento: víctima, victimario y dosificador.
Repaso por última vez la lista de tareas. Vaciar el frigorífico: hecho. Nota a Nikita con instrucciones: también. Basura: sí. Cerrar grifos: sí. Borrarme de las redes sociales: sí. Móvil: desconectado. Aparatos electrodomésticos: también desconectados. El grueso fajo de hojas que abarca este escrito se lo dejaré a Nikita a la vista junto con la carta, las tarjetas bancarias, el reloj de pulsera, las llaves y la documentación del coche. Otras cosas ya las encontrará él por su cuenta cuando enrede en los cajones.
Sobre la mesa de la cocina está el botellín de plástico con la mezcla que me llevará al encuentro con papá.
Y eso es todo, amigos.
Hubo cosas buenas y cosas malas. El balance de mi vida está hecho y puesto aquí por escrito. El resultado es el que es y nada ni nadie podrá cambiarlo. Me voy sin amargura.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/14/patria-fernando-aramburu/

https://weedjee.wordpress.com/2018/03/28/autorretrato-sin-mi-fernando-aramburu-self-portrait-without-me-by-fernando-aramburu-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/12/los-vencejos-fernando-aramburu-swifts-by-fernando-aramburu-spanish-book-edition/

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My project for 2019 is that I will take my life on the night of July 31 to August 1, I still don’t know where or how. When the time comes, I will make the appropriate decision.
There comes a day when one, no matter how clumsy, begins to understand certain things. It happened to me in the middle of adolescence, perhaps a little later, as I was a boy of slow development and, according to Amalia, incomplete.
The initial strangeness was followed by disappointment and then everything has already been a crawling through the floors of life. There were times when I identified with slugs. I’m not saying it because of how ugly and slimy it is or because I’m having a bad day today, but because of the way these bugs move around and because of the existence they lead, dominated by slowness and monotony.
I’m not going to last long. One year. Why one year? No idea. But that’s my last limit.

It’s about a high school teacher who decides to end his life. He sets a deadline for a year, and during that period of time he will tell us about his life from when he was a child to the present, as a personal chronicle. He is a man who lived in a dysfunctional, violent, abusive family environment. Now, as an adult, he appears as a man tired of life, out of place, somewhat immature and above all, fed up with people. With a failed marriage, a son who is a disgrace, a friend who instead of dissuading him from the idea, on the contrary, encourages him because he also shares his idea of committing suicide; This man narrates his experiences from the point of view of a person who has set a date for his suicide.
Each chapter is a month of the year. It begins with the month of August and so on, until July, the month in which he would put an end to his life. The novel is narrated in the first person, by the protagonist. At first he thought that it was some kind of suicide note that he wrote, but in reality it is about texts that he writes for himself. Therefore, his story is of overwhelming rawness, violence and sincerity.
By a miracle I finished reading it. Too much of a chronicle that is interesting at the beginning because we begin to get to know the character and delineate his surroundings. But as the novel goes by, it is a repeat and repeat and repeat of the protagonist’s situations that seems unnecessary to me because, by the middle of the book, we know Toni well, his life dynamics, his family dynamics, and we also know the children well. other characters.
What a boring thing! It was a book that I did not read, I suffered.
Sometimes, I thought that the author had been cruel to all the characters, because none of them was to my liking, except for the protagonist’s pet, the dog Pepa, who is the only one who shows us how lonely she is and is also the one who achieves sparks of affection in his master. Very repellent characters. If the author wanted to have that effect on the reader, he succeeded.
On the other hand, the structure seemed chaotic to me. It is not the type of technique that I like because it does not have a linear chronology, nor are there several timelines; it’s kind of a confusing mixture of memories. It is not a resource that I like and I think it is a resource that is abused.
It was an extremely tedious book, too long, with too many pages and a lack of humor. And when that happens with a reading, the ending should be memorable. It was not the case. The turning point is two pages from the end (I am exaggerating, of course), and for all that we have suffered… it is very little! It ended well? Yes and period. There’s no more.
Yes, there are interesting reflections on many topics; politics, life, love, marriage, euthanasia, friendship, etc. But not even with those themes did the story as told to me attractive.
I had too many expectations of this book and I think that was my problem.
In conclusion, it is a book that must be read with great patience and thus, perhaps, they will reach the end. Another product of excessive editorial marketing.

Mom’s mental deterioration was gradual. I understand that Alzheimer’s exonerates her from the so-called tragic feeling of life. You just have to see how she fades herself mired in apathy. Although it pained me to admit it, when it came to Mama’s incipient disorder, Amalia was right. I was just convinced the day when, during a family celebration, Mom roughly kissed me on the lips, while, without the slightest shame and without seeming to care much that we weren’t alone, she put her hand on my fly. I pulled away from her broken with regret. I did not say anything. I wonder what scene from the past was reliving her fantasy in those moments. I’m sure she had confused me with another man, maybe Dad around the time they were dating or that retired dentist she met when she was a widow.

Barely a month has passed since Daddy’s death and it’s hard to find traces of him in the house, as if he had never lived with us. How easy it is to erase a man’s passage through life. Mom has gotten rid of practically all of her belongings.
Dad beat Mom. Not at all hours or viciously or in the presence of her children with rare exceptions. He often blamed her for forcing him to do what she did not want. She spoke to him then as if she were addressing a wayward girl and not an adult woman, and it seemed to me that I saw in Mom less a mother than a sister …

Lamenting that those who take their own lives deprive society of a possible contribution seems like bullshit to me, the same as blaming the suicide bombers who “little by little corrode the extremes of the social fabric of our civilization.” This is moral mothballs.

I like dull days, of delicious monotony. They are my favorites and today has been precisely one of those days uncontaminated with news, surprises, and adventures.
Amalia told me many years ago: “You really don’t know what it is to suffer.” I do not remember in what situation she shot the phrase at me, loaded with reproach and disdain in equal measure. Now that I think about it, Mom could have said those words too.
I wanted to suffer a little today. I wanted to experience physical pain for the last time, being the absolute owner of my suffering: victim, victimizer and dispenser.
I go over the to-do list one last time. Empty the refrigerator: done. Note to Nikita with instructions: too. Trash: yes. Close taps: yes. Delete me from social networks: yes. Mobile: disconnected. Household appliances: also disconnected. I will leave the thick sheaf of sheets that this writing covers for Nikita, along with the letter, the bank cards, the wristwatch, the keys and the car documentation. Other things he will find on his own when he tangles in the drawers.
On the kitchen table is the plastic bottle with the mixture that will take me to meet Dad.
And that is all friends.
There were good things and bad things. The balance of my life is made and written here. The result is what it is and nothing and no one can change it. I leave without bitterness.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/09/14/patria-fernando-aramburu/

https://weedjee.wordpress.com/2018/03/28/autorretrato-sin-mi-fernando-aramburu-self-portrait-without-me-by-fernando-aramburu-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/12/los-vencejos-fernando-aramburu-swifts-by-fernando-aramburu-spanish-book-edition/

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