Sabiduría: Saber Vivir Al Pie De Un Volcán — Michel Onfray / Sagesse : Savoir Vivre Au Pied d’un Volcan by Michel Onfray

Onfray, a través de su visión del mundo hedonista y ateo, nos adentra en el filósofo romano. Y en menor medida griego. El objetivo de Onfray es destacar a la filosofía romana por sus virtudes y sus prácticas nobles. Poner al filósofo griego en oposición. Pero al final, podemos hacernos una pregunta “¿podemos adoptar una forma de vida filosófica y un pensamiento romano en nuestro siglo?” Sobre esto sin preguntas y respuestas, se puede pensar que Onfray se queda en esta expresión “era mejor antes”.
Onfray se aparta rápidamente del mundo contemporáneo para explorar la filosofía antigua. Su enfoque es descriptivo y educativo; advertido, juzgamos por tanto a la Sabiduría en función de su eficacia y de nuestra propia capacidad para aprehender el estoicismo, el cinismo o el epicureísmo después de esta lectura. El inventario es exhaustivo.
Agradezco al autor de esta lección porque no soy un estudiante de literatura. Pero, lamentablemente, es cierto que en realidad no quería escribir un libro de texto de filosofía antigua, y que algo de capital se perdió en la redacción del libro: su propia vida, nuestra propia vida, la vida de Occidente, en resumen, todo lo que nos hubiera permitido poner en práctica su enseñanza, si no discutirla de una forma distinta a la académica. Michel Onfray escribe más como profesor de filosofía que como filósofo, y el ejercicio me parece una pereza: pedir a sus lectores que vivan en 2019 como en 119 es inútil, tanto ha cambiado el mundo.
No tengo ninguna duda de que él no está de acuerdo conmigo, y que podría mostrarnos que estos preceptos se aplican a todos en el día a día: pero era este libro lo que esperaba de él, no Sabiduría …

Las gentes que huyen, chillan, gritan, se lamentan, se mesan los cabellos, quieren morir por miedo a la muerte pero no mueren por su insensato amor a la vida; todo lo reducen a su propia persona, y el duelo por los demás les dura tan poco que están dispuestos a pasar sobre el cadáver de los ancianos y los enfermos, de los niños y las mujeres, para salvar una vida que de todas formas está perdida y ya no vale gran cosa: la historia está escrita, no hay más que vivirla
Pero cuando deben ponerse en una balanza la contemplación y el saber, por un lado, y una buena acción, por el otro, es la buena acción la que pesa más: La amistad es más importante.
Hay que consolar al amigo, reconfortarlo, apaciguar su alma, darle la paz y la serenidad necesarias en un momento así. El ejemplo de un comportamiento sereno aporta sosiego. Si hay miedo, el amigo debe asumirlo y descargar de ese peso a quien nos honra con su afecto. Amar al amigo es un deber.

Roma adora las palabras y se las toma en serio. Por eso no frivoliza con los filósofos. Sería un error creer que no aprecia la filosofía, pues lo que desprecia en algunos de sus practicantes es su delirio verbal, el carácter inhabitable de sus castillos conceptuales en el aire.
Galeno, por ejemplo, que fue el médico de varios emperadores, afirma en Sobre el pronóstico que los romanos consideran la filosofía griega igual de útil que el arte de hacer agujeros en los granos de trigo. Se reafirma en ello cuando escribe que, en la casa de un romano adinerado, la presencia de un filósofo es simplemente signo de su estatus.
Para filosofar, hace falta una relación entre un maestro y un discípulo, entre un individuo que sabe y otro que no sabe. Nuestra época igualitarista confunde la desigualdad con la diferencia. No quiere que uno pueda saber cuando el otro sabe menos, sabe poco, sabe de forma distinta, o no sabe nada de nada. Ha decidido que el tullido y el campeón olímpico deben ser iguales en la línea de salida, que el ciego y el vidente son iguales cuando miran a través de un telescopio astronómico, que el daltónico y el que no lo es son iguales frente a los colores de una gama pantone, que el viejo decrépito es igual que el joven entrenado cuando se trata de escalar una montaña, que el sordo de nacimiento es igual que el ingeniero acústico una noche de concierto; considera, pues, que el niño que llora en la cuna es igual que el pediatra que lo cuida, piensa que en la escuela el niño es igual que su maestro, y a veces invierte por completo los valores, hasta el punto de considerar que el alumno sabe más que el enseñante, lo cual obligaría al que sabe a aprender del que no sabe.

Para filosofar, hace falta una relación entre un maestro y un discípulo, entre un individuo que sabe y otro que no sabe. Nuestra época igualitarista confunde la desigualdad con la diferencia. No quiere que uno pueda saber cuando el otro sabe menos, sabe poco, sabe de forma distinta, o no sabe nada de nada. Ha decidido que el tullido y el campeón olímpico deben ser iguales en la línea de salida, que el ciego y el vidente son iguales cuando miran a través de un telescopio astronómico, que el daltónico y el que no lo es son iguales frente a los colores de una gama pantone, que el viejo decrépito es igual que el joven entrenado cuando se trata de escalar una montaña, que el sordo de nacimiento es igual que el ingeniero acústico una noche de concierto; considera, pues, que el niño que llora en la cuna es igual que el pediatra que lo cuida, piensa que en la escuela el niño es igual que su maestro, y a veces invierte por completo los valores, hasta el punto de considerar que el alumno sabe más que el enseñante.
El otium es el arte de vivir plenamente la propia condición de ser mortal, sensual y voluptuoso. Supone la calma con el mundo para hacer las paces con uno mismo; o bien, la calma consigo mismo para hacer las paces con el mundo, lo cual viene a ser equivalente. Crea las condiciones de posibilidad para apartar lo accesorio y concentrarse únicamente en lo esencial. ¿Lo esencial? La construcción de sí como una fuerza que funciona. ¿Lo accesorio? Todo lo que no es esencial.
Ese arte de centrarse o volverse a centrar en uno mismo permite establecer un eje existencial a partir del cual se organiza el mundo para uno. Por lo tanto, hay que crear el vacío para encontrar el camino de la plenitud del ser. Apartar a los pesados y elegir a los amigos; poner el mundo a distancia y hacerse un mundo a la medida; elegir todo lo que hace de nosotros sujetos de nosotros mismos; acallar el ruido de los demás, de la gente, del mundo, para no oír más que el silencio entre uno mismo y el otro; abandonar las ciudades y preferir el campo.
El otium romano es el reposo del cuerpo que provoca el del alma, el reposo del alma que provoca el del cuerpo.
El otium es un arte atómico, materialista y hedonista. Supone el cuidado del alma por el cuerpo y el cuidado del cuerpo por el alma, puesto que se trata de dos maneras de ver una sola y misma cosa. El cuerpo romano está lleno de sí mismo y vacío de todas las ficciones griegas y, por lo tanto, cristianas. Ignora el pecado, la culpa original, la huella infamante de un crimen cometido por el primer hombre y la primera mujer.
Etimológicamente, existir es estar situado, es decir, haber encontrado su lugar. Es hacer surgir a sí mismo un ser atrapado en la arcilla de la materia, darle sentido y cuerpo, carne y alma. El otium hace posible el ejercicio de la existencia allí donde su carencia obliga a vivir nada más.

La preocupación por el otro se encarnará en el arte de la conversación, que permite no monopolizar la palabra, y por lo tanto la atención, y dar a cada uno la posibilidad de existir a ojos de la comunidad. Se procurará no hablar para no decir nada, no maldecir de otros en su ausencia, no cansar con un monólogo poco interesante, no alargar una discusión que está atascada, no hablar de uno mismo, y mucho menos para jactarse. Ese arte no es ni más ni menos que una práctica del respeto hacia el otro.
Según Panecio, el bien es lo útil, la virtud es lo útil. Y lo útil es el hombre hacia el cual deben tender todos los esfuerzos.
En Roma, los pitagóricos no interesan: son demasiado etéreos; los epicúreos tampoco: demasiado dados al placer; ni los sofistas: demasiado incívicos; ni los escépticos: demasiado nihilistas. Lo que sí resulta interesante es el estoicismo de Panecio, que baja a la escuela estoica griega de su pedestal para implantarla en la gleba romana.

El sabio es el que pone en práctica este cuidado personal y logra ese estado de impasibilidad. No se trata de un cuidado en la intersubjetividad, sino de un cuidado en la singularidad. Solo soy aquello que quiero ser, y los demás no pueden constituirme de una manera que yo no quiero ser, es decir, triste o desdichado, afectado o afligido, apenado o desesperado.
Templanza, sobriedad, frugalidad, virtud, economía, ponderación, moderación, calma: he aquí lo que construye un cuerpo que la vejez atacará con menos eficacia si se ha cuidado, si se ha cuidado bien. De lo contrario, al haberse consumido en su momento el vigor de la juventud, se carecerá de él cuando llegue el otoño o el invierno de la vida.
La ética de Catón es, por tanto, una dietética. Es demasiado tarde para aprender a envejecer bien cuando ya se es viejo. Al menos, el que empieza a buscar esa sabiduría parte de más lejos y acumula mayores desventajas que el que ha entrenado su cuerpo para envejecer algún día. No se trata, pues, de ser viejo antes de tiempo; pero para ser viejo cuando toque hay que prepararse durante toda la vida.

El suicidio sublime es la muerte que uno se da para recuperar una libertad perdida. Nada es más preciado para Séneca que la autonomía, en su sentido etimológico: el poder que tenemos sobre nosotros mismos. Es, en efecto, la condición que hace posible la sabiduría, el trabajo filosófico y, por lo tanto, la vida filosófica. Sin capacidad para ser uno mismo, ¿cómo podríamos serlo? Ahora bien, la libertad es la condición que posibilita el ser uno mismo. De ahí que un disgusto sentimental o económico, un duelo o el temor mismo a la muerte no tengan por qué hacer mella en la libertad de quien quiere luchar contra esas miserias.
En cambio, hallarse privado de libertad, pero también de dignidad o de honor, eso sí que hace mella en la libertad e impide el uso de la razón reflexiva y la práctica de una vida filosófica, que es fruto del ejercicio del pensamiento sanamente conducido.

El mitómano es un mentiroso que ignora que lo es. Está convencido de que al decir una cosa y luego la contraria, y después la contraria de las dos primeras, está diciendo lo mismo. Además, lo que dice aquí, allá y acullá está siempre condicionado por el interés que tiene en decir lo que dice. Sus palabras están al servicio de su toxicidad.
Una de las demostraciones de que es un mitómano es la negación que desencadena la prueba de su mitomanía. Pillado con las manos en la masa, negará que se trate de unas manos, que sean las suyas y que aquello sea una masa, y explicará que se trata de otra cosa, de una masa tal vez, pero con las manos de otro dentro.
Cuanto más radical es la desmitificación y más destruye la historia contada por el mitómano, más exagerada es la negación. Irá enseguida acompañada de agresividad y de ataques a quien haya afirmado simplemente que el rey está desnudo.
En la patología de la palabra hallamos también al charlatán: este habla para no decir nada o, mejor dicho, para no callar y colmar el vacío porque teme el silencio que lo inquieta, lo angustia y lo paraliza. Tapa los agujeros del silencio. En el torrente de su palabra, si hubiera una perla sería invisible, pues quedaría arrastrada por la verborrea.

La fides afecta a los contratos, la guerra, las relaciones internacionales, la palabra dada, la República, la solidaridad cívica, la ciudad, la hospitalidad, pero también al matrimonio y a la amistad. Sabido es que en Roma el matrimonio y las relaciones amistosas desempeñan un papel primordial.
¿Qué fidelidad le debe la esposa al marido? La fidelidad del cuerpo, por supuesto, pero también la del alma: no entregarse a otro hombre, lo cual conlleva el riesgo de un embarazo ilegal que perturbaría gravemente la transmisión hereditaria y, por tanto, el orden social; pero también no perjudicar al esposo robando y dilapidando sus bienes, fomentando intrigas contra él, o privándole de ayuda en momentos de debilidad o de grandes dificultades. La boda es el lugar y momento en que se intercambia esta promesa de fidelidad. Durante la ceremonia, los esposos se cogen de las manos.
La fides evoluciona con el tiempo. La austeridad de la época monárquica abre más espacio para la igualdad durante la República. Poco a poco, el matrimonio va uniendo no tanto los nombres, las fortunas y las familias como las personas que comparten sentimientos.
Esta virtud sublime que es la fides también tiene un papel importantísimo en la amistad. Supone la lealtad. Un amigo que no es leal se considera pérfido. ¿Qué es la lealtad? Implica prácticas como la constancia en las muestras de amistad, la exactitud en el cumplimiento de los deberes para con el amigo, un seguimiento escrupuloso de dicha amistad, el respeto a los intereses del amigo, la prohibición de recordarle los favores que se le han hecho, la sinceridad en los consejos, el apoyo indefectible, la protección de su persona y su familia, una ayuda mutua permanente, la benevolencia recíproca. Por consiguiente, la fides es crucial en el amor y en la amistad.

El amor verdadero es un querer libre, y no un determinismo biológico como el que se suele confundir con el amor; es un acto de voluntad y no un efecto de la fatalidad anatómica; es una construcción deliberada y no un andamiaje improvisado; es un proceso cultural y no un prurito natural. Amar es querer amar y no ser querido por el amor.

¿Hay que vengarse? Sí, por supuesto. ¿Cómo? No mediante el crimen o el asesinato, ni siquiera por la muerte voluntaria o cualquier otra solución que implique el derramamiento de la sangre propia o la de otras personas. Matar al asesino no va mucho más allá de lo que la etología nos enseña acerca de nuestra parte animal: la vendetta sanguinaria es el residuo bestial de una época en la que el cerebro reptiliano se imponía totalmente con las posturas de celo, el marcaje del territorio, la lógica de los machos dominantes, los combates para poseer a las hembras, las heridas y sangre derramada para hacer huir al macho dominado.
Uno se venga conservando la memoria de la ofensa y recordando cuál es realmente el trasfondo de la persona en cuestión; el que se ha deshonrado a sí mismo no merece que se le golpee, sino que se recuerde su deshonor.

«Conviene ser recto y no enderezado». En otras palabras, uno debe haber sido construido por los demás, por sus familias de sangre y de espíritu, y luego por sí mismo, gracias al uso del espejo ontológico, como un ser que muy pronto habrá comprendido que solo somos lo que hacemos de nosotros, pues no hay ninguna grandeza en vivir como cerdos que obedecen a su vientre, olvidando que disponemos también de un suplemento en nuestro ser que es una ventaja sobre ellos: un corazón y un alma, un espíritu y una voluntad. Sobre todo, una voluntad y no un deseo ciego, porque la voluntad es un deseo que sabe a dónde va. Y la voluntad se refleja y se captura en el espejo del ser.
La decencia de las gentes ignorantes y sencillas, la educación y los buenos modales, la honestidad y la corrección, la probidad y la modestia de las que dan prueba constituyen verdaderas lecciones de sabiduría. Hay que reírse de los que se las dan de filósofos pero cuya vida demuestra que no lo son.
Luciano de Samósata: lo que hace la filosofía no es el discurso filosófico sino la vida filosófica. La razón de la irrisión es la irrisión de la sinrazón.

El problema es que Roma se nos aparece bien en forma especializada, con estudios destinados a fabricar latinistas apasionados por el dativo, el ablativo y el acusativo, o bien de una manera popular y distorsionada, como escenario de un inmenso péplum con carreras de cuadrigas y combates de gladiadores, amores contrariados entre una bella patricia y un pobre plebeyo, imágenes patéticas de hombres envueltos en togas que huyen despavoridos de la erupción del Vesubio, escenas de películas hollywoodienses con romanos practicantes del bodybuilding y untados de aceite, panorámicas con gladiadores que se sublevan contra el poder de una Roma presentada como fascistoide, primeros planos de un banquete que reúne a Espartaco y a Nerón, a Adriano y a Salambó…
El péplum también se emplea en muchos filmes de propaganda cristiana; Jesús y los primeros cristianos tienen un papel importante en ellos. En este género, la película se hace a menudo para un público protegido: los romanos son malos, mataron a Jesucristo; los judíos no son simpáticos, pues hicieron causa común con los malos; los primeros cristianos se esconden en las catacumbas donde se reúnen, pero no sabemos de qué se protegen, pues nos los presentan como individuos deseosos del martirio.
El péplum nos dice, finalmente, que el bien siempre triunfa sobre el mal y que la Roma pagana estaba del lado oscuro de la fuerza, en tanto que la Roma cristiana trajo la luz a aquellos tiempos tenebrosos.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/01/el-sueno-de-eichmann-michael-onfray/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/07/pensar-el-islam-michel-onfray-penser-lislam-by-michel-onfray/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/08/freud-el-crepusculo-de-un-idolo-michel-onfray-le-crepuscule-dune-idole-laffabulation-freudienne-by-michel-onfray/

https://weedjee.wordpress.com/2021/09/09/sabiduria-saber-vivir-al-pie-de-un-volcan-michel-onfray-sagesse-savoir-vivre-au-pied-dun-volcan-by-michel-onfray/

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Onfray, through his hedonistic and atheistic worldview, takes us into the Roman philosopher. And to a lesser extent Greek. Onfray’s goal is to highlight Roman philosophy for its virtues and noble practices. Put the Greek philosopher in opposition. But in the end, we can ask ourselves a question “can we adopt a philosophical way of life and a Roman thought in our century?” On this without questions and answers, one can think that Onfray stays in this expression “it was better before”.
Onfray quickly departs from the contemporary world to explore ancient philosophy. His approach is descriptive and educational; Warned, we therefore judge Wisdom on the basis of its efficacy and our own ability to apprehend Stoicism, Cynicism, or Epicureanism after this reading. The inventory is exhaustive.
I am grateful to the author of this lesson because I am not a literature student. But sadly, it is true that he did not really want to write an ancient philosophy textbook, and that some capital was lost in the writing of the book: his own life, our own life, the life of the West, in short, everything. which would have allowed us to put his teaching into practice, if not to discuss it in a way other than academic. Michel Onfray writes more as a professor of philosophy than as a philosopher, and the exercise seems lazy to me: asking his readers to live in 2019 as in 119 is useless, the world has changed so much.
I have no doubt that he does not agree with me, and that he could show us that these precepts apply to everyone on a daily basis: but it was this book that I expected from him, not Wisdom …

People who flee, scream, shout, lament, rub their hair, want to die for fear of death but do not die for their foolish love of life; They reduce everything to their own person, and the mourning for others lasts so little that they are willing to pass over the corpses of the old and the sick, of children and women, to save a life that is lost in any case and it is no longer worth much: history is written, you just have to live it
But when contemplation and knowledge, on the one hand, and a good deed, on the other, must be balanced, it is the good deed that weighs more: Friendship is more important.
You have to comfort your friend, comfort him, soothe his soul, give him the necessary peace and serenity at such a time. The example of a serene demeanor brings calm. If there is fear, the friend must assume it and unburden the one he honors us with his affection. Loving your friend is a duty.

Rome loves words and takes them seriously. That is why she does not frivolize with philosophers. It would be a mistake to believe that she does not appreciate philosophy, since what she despises in some of its practitioners is its verbal delirium, the uninhabitable character of its conceptual castles in the air.
Galen, for example, who was the physician of several emperors, states in On Prognosis that the Romans consider Greek philosophy as useful as the art of making holes in grains of wheat. He reaffirms this when he writes that, in the home of a wealthy Roman, the presence of a philosopher is simply a sign of his status.
To philosophize, you need a relationship between a teacher and a disciple, between an individual who knows and another who does not know. Our egalitarian age confuses inequality with difference. He does not want one to be able to know when the other knows less, knows little, knows differently, or knows nothing at all. He has decided that the crippled man and the Olympic champion should be the same at the starting line, that the blind and the seer are the same when looking through an astronomical telescope, that the color blind and the non-color blind are the same in terms of color. from a pantone range, that the decrepit old man is the same as the trained young man when it comes to climbing a mountain, that the deaf from birth is the same as the acoustic engineer on a concert night; It considers, therefore, that the child who cries in the crib is the same as the pediatrician who cares for it, thinks that at school the child is the same as its teacher, and sometimes completely inverts the values, to the point of considering that the student knows more than the teacher, which would force the one who knows to learn from the one who does not know.

To philosophize, you need a relationship between a teacher and a disciple, between an individual who knows and another who does not know. Our egalitarian age confuses inequality with difference. He does not want one to be able to know when the other knows less, knows little, knows differently, or knows nothing at all. He has decided that the crippled man and the Olympic champion should be the same at the starting line, that the blind and the seer are the same when looking through an astronomical telescope, that the color blind and the non-color blind are the same in terms of color. from a pantone range, that the decrepit old man is the same as the trained young man when it comes to climbing a mountain, that the deaf from birth is the same as the acoustic engineer on a concert night; It considers, therefore, that the child who cries in the crib is the same as the pediatrician who cares for it, thinks that at school the child is the same as its teacher, and sometimes completely inverts values, to the point of considering that the student knows more than the teacher.
The otium is the art of fully living one’s condition of being mortal, sensual and voluptuous. It involves calm with the world to make peace with yourself; or, the calm with himself to make peace with the world, which comes to be equivalent. It creates the conditions of possibility to separate the accessory and concentrate only on the essential. The essential? Building yourself as a force that works. Accessory thing? Everything that is not essential.
This art of focusing or refocusing on yourself allows you to establish an existential axis from which the world is organized for you. Therefore, it is necessary to create the emptiness to find the way of the fullness of the being. To separate the heavy ones and to choose the friends; put the world at a distance and make a world to measure; choose everything that makes us subjects of ourselves; silence the noise of others, of people, of the world, to hear nothing but the silence between oneself and the other; abandon the cities and prefer the countryside.
The Roman otium is the rest of the body that causes that of the soul, the rest of the soul that causes that of the body.
The otium is an atomic, materialistic and hedonistic art. It involves caring for the soul for the body and caring for the body for the soul, since they are two ways of seeing one and the same thing. The Roman body is full of itself and void of all Greek and therefore Christian fictions. Ignore the sin, the original guilt, the infamous trace of a crime committed by the first man and the first woman.
Etymologically, to exist is to be situated, that is, to have found its place. It is to make a being trapped in the clay of matter emerge, to give it meaning and body, flesh and soul. The otium makes possible the exercise of existence where its lack forces us to live nothing else.

Concern for the other will be embodied in the art of conversation, which allows not to monopolize the word, and therefore attention, and give each one the possibility of existing in the eyes of the community. They will try not to speak to say nothing, not to curse others in their absence, not to tire with an uninteresting monologue, not to drag out a discussion that is stuck, not to talk about oneself, much less to brag. This art is neither more nor less than a practice of respect for the other.
According to Panecio, good is useful, virtue is useful. And what is useful is the man towards whom all efforts must tend.
In Rome, the Pythagoreans are of no interest: they are too ethereal; neither do the Epicureans: too given to pleasure; nor the sophists: too uncivil; nor the skeptics: too nihilistic. What is interesting is the stoicism of Panecio, who comes down to the Greek Stoic school from his pedestal to implant it in the Roman gleba.

The wise man is the one who puts into practice this personal care and achieves that state of impassivity. It is not about a care in intersubjectivity, but a care in singularity. I am only what I want to be, and others cannot constitute me in a way that I do not want to be, that is, sad or unhappy, affected or afflicted, sad or desperate.
Temperance, sobriety, frugality, virtue, economy, pondering, moderation, calm: this is what builds a body that old age will attack less effectively if it has been cared for, if it has been well cared for. Otherwise, the vigor of youth having been consumed in its time, it will be lacking in the fall or winter of life.
Cato’s ethics is therefore a dietetic one. It is too late to learn to age well when he is old. At least, the one who begins to seek that wisdom starts from further afield and accumulates greater disadvantages than the one who has trained his body to grow old one day. So it is not a question of being old before your time; But to be old when you play you have to prepare for a lifetime.

Sublime suicide is the death that one gives oneself to regain a lost freedom. Nothing is more precious to Seneca than autonomy, in its etymological sense: the power we have over ourselves. It is, in effect, the condition that makes possible the wisdom, the philosophical work and, therefore, the philosophical life. Without the ability to be oneself, how could we be? Now, freedom is the condition that makes being oneself possible. Hence, a sentimental or economic upset, a duel or the fear of death itself do not have to make a dent in the freedom of those who want to fight against these miseries.
On the other hand, being deprived of freedom, but also of dignity or honor, that does affect freedom and prevents the use of reflective reason and the practice of a philosophical life, which is the result of the exercise of healthy thought.

The mythomaniac is a liar who does not know that he is. He is convinced that by saying one thing and then the opposite, and then the opposite of the first two, he is saying the same thing. Furthermore, what he says here, there and there is always conditioned by the interest he has in saying what he says. His words are at the service of his toxicity.
One of the proofs that he is a mythomaniac is the denial that triggers the proof of his mythomania. Caught red-handed, he will deny that it is a question of hands, that they are his and that it is a mass, and will explain that it is something else, a mass perhaps, but with the hands of another inside .
The more radical the demystification and the more it destroys the story told by the mythomaniac, the more exaggerated is the denial. He will at once be accompanied by aggressiveness and attacks on whoever he has simply asserted that the king is naked.
In the pathology of the word we also find the charlatan: he speaks to say nothing or, rather, not to keep quiet and fill the void because he fears the silence that worries, anguishes and paralyzes him. He plugs the holes of silence. In the torrent of his word, if there were a pearl he would be invisible, because he would be carried away by verbiage.

Fides affects contracts, war, international relations, the word given, the Republic, civic solidarity, the city, hospitality, but also marriage and friendship. It is known that in Rome, marriage and friendly relations play a fundamental role.
What fidelity does the wife owe to her husband? The fidelity of the body, of course, but also that of the soul: not giving oneself to another man, which carries the risk of an illegal pregnancy that would seriously disturb the hereditary transmission and, therefore, the social order; but also not to harm the husband by stealing and squandering her assets, fomenting intrigues against him, or depriving him of help in moments of weakness or great difficulties. The wedding is the place and time when this promise of fidelity is exchanged. During the ceremony, the spouses hold hands.
The fides evolves over time. The austerity of the monarchical era opens more space for equality during the Republic. Little by little, marriage unites not so much names, fortunes and families as people who share feelings.
This sublime virtue that is fides also plays a very important role in friendship. It assumes loyalty. A friend who is not loyal is considered treacherous. What is loyalty? It involves practices such as constancy in the displays of friendship, the exactness in the fulfillment of the duties towards the friend, a scrupulous follow-up of said friendship, respect for the interests of the friend, the prohibition of reminding him of the favors that have been done him , the sincerity in the advice, the unfailing support, the protection of his person and his family, a permanent mutual help, reciprocal benevolence. Therefore, fides is crucial in love and friendship.

True love is a free will, and not a biological determinism such as that which is usually confused with love; it is an act of will and not an effect of anatomical fatality; it is a deliberate construction and not a makeshift scaffolding; it is a cultural process and not a natural itch. To love is to want to love and not to be loved by love.

Do we have to take revenge? Yes, of course. How? Not through crime or murder, not even through voluntary death or any other solution that involves the shedding of one’s own blood or that of other people. Killing the murderer does not go much further than what ethology teaches us about our animal part: the bloody vendetta is the bestial residue of a time when the reptilian brain was totally imposed with the positions of zeal, the marking of the territory , the logic of the dominant males, the fights to possess the females, the wounds and spilled blood to make the dominated male flee.
One takes revenge by preserving the memory of the offense and remembering what the background of the person in question really is; He who has dishonored himself does not deserve to be beaten, but to be remembered for his dishonor.

“It is convenient to be straight and not straight”. In other words, one must have been built by others, by their families of blood and spirit, and then by oneself, thanks to the use of the ontological mirror, as a being who very soon will have understood that we are only what we make of. us, because there is no greatness in living like pigs that obey their belly, forgetting that we also have a supplement in our being that is an advantage over them: a heart and a soul, a spirit and a will. Above all, a will and not a blind desire, because the will is a desire that knows where it is going. And the will is reflected and captured in the mirror of being.
The decency of ignorant and simple people, education and good manners, honesty and correctness, probity and modesty of which they testify are true lessons of wisdom. You have to laugh at those who pretend to be philosophers but whose life shows that they are not.
Luciano de Samósata: what philosophy does is not philosophical discourse but philosophical life. The reason for derision is the derision of unreason.

The problem is that Rome appears to us either in a specialized way, with studies destined to make Latinists passionate about the dative, the ablative and the accusative, or in a popular and distorted way, as the scene of an immense peplum with chariot races and gladiatorial fights, conflicted love affairs between a beautiful patrician and a poor commoner, pathetic images of men wrapped in robes fleeing in terror from the eruption of Mount Vesuvius, scenes from Hollywood movies with Romans practicing bodybuilding and smeared with oil, panoramas with gladiators revolt against the power of a Rome presented as fascist, close-ups of a banquet that brings together Spartacus and Nero, Hadrian and Salammbo …
Peplum is also used in many Christian propaganda films; Jesus and the early Christians have an important role in them. In this genre, the film is often made for a protected audience: the Romans are bad, they killed Jesus Christ; Jews are not nice, because they made common cause with the bad guys; The first Christians hide in the catacombs where they meet, but we do not know what they protect from, since they are presented to us as individuals desiring martyrdom.
The peplum tells us, finally, that good always triumphs over evil and that pagan Rome was on the dark side of force, while Christian Rome brought light to those dark times.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2016/06/01/el-sueno-de-eichmann-michael-onfray/

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